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Fundación  Joaquín Díaz

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Editorial

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Podría afirmarse que el Patrimonio de un pueblo, de una comunidad, está en relación directa con el interés que los habitantes de ese pueblo muestran hacia la historia y la vida de quienes les precedieron. Del mismo modo, puede decirse que el futuro de ese Patrimonio -monumental, cultural, artístico- está íntimamente ligado a la atención y respeto que sintamos por él. La valoración positiva y el cariño hacia objetos, canciones, cuentos, construcciones populares, etc. llegarán con la predisposición a considerarlos como parte -y parte decisiva- de nuestro pasado y con la tendencia a conocerlos y estudiarlos por ser una parte muy rica de nuestra herencia. Esto, que puede parecer una obviedad, se hace necesario recordarlo en momentos como el actual en el que, a continuación de una actividad frenética por destruir lo antiguo, se observa una peligrosa pasividad hacia todo aquéllo que nos vincula a un pasado o a unas raíces seculares

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Colecciones de la casona
marzo-mayo 1999: 2.984 visitas
Total general: 103.805 visitas

Colección de campanas
junio-agosto 1999: 2.567 visitas
Total general: 41.404 visitas

Aula arqueológica "Mercedes Rueda"
junio-agosto 1999: 1.395 visitas
Total general: 13.183 visitas

Sala exposiciones: "Alfarería antigua"
junio-agosto 1999: 2.726 visitas
Total general: 6.305 visitas


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-La Cátedra de estudios sobre la Tradición organizó en el Castillo de La Mota, entre los días 23 y 25 de junio, el simposio "Aleluyas: literatura para ver" en el que intervinieron: Joaquín Díaz, Jean François Botrel, Salvador García Castañeda, Joaquín Alvarez Barrientos, Ana Pelegrín, Susana Paun y Antonio Sánchez del Barrio. En el mismo marco, entre los días 29 de junio y 2 de julio, se celebró en III Curso de Patrimonio Cultural, dedicado al mundo de los museos, interviniendo: Jordi Vives, Mercedes Martín de la Torre, Roberto Valle, Jesús Moreno y Juan Agudo Torrico.

-La Fundación organizó, junto con la McGill University y la Universitas Castellae, el congreso internacional "La representación de la mujer en la cultura hispánica". Se celebró en Valladolid entre los días 7 y 9 de julio, participando más de medio centenar de profesores y ponentes.

-La novena edición del Curso práctico de artesanía tradicional dedicado al encaje, dirigido por Natividad Villoldo, tuvo lugar en Urueña entre los meses de junio y julio. El día 18 de julio se celebró el "Día del Encaje en Castilla y León", reuniéndose un buen número de encajeras en los diferentes talleres de técnicas textiles situados en la plaza mayor

-Entre el 25 y 28 de agosto se celebró en Viana de Cega la "VIII Muestra de música tradicional Joaquín Díaz" dedicada este año al mundo de las campanas. Fue organizada por la Escuela de Instrumentos Musicales del mismo nombre y con la colaboración, entre otras instituciones, de la Fundación y la Cátedra de Estudios sobre la Tradición. Los profesores que intervinieron en el simposio fueron: Miguel Angel Marcos Villán, Fernando Miguel, José Ignacio Palacios, José Luis Alonso Ponga, Antonio Sánchez del Barrio y Héctor Luis Suárez. Las mesas redondas fueron moderadas por Joaquín Díaz y los conciertos de campanas estuvieron a cargo de los campaneros de Villabante y Cillanueva, Joaquín Alonso y Salvador López Pérez, y de Luis Delgado y Javier Coble. Asimismo, se abrieron al público: una exposición monográfica titulada "La campana, bronce sonoro", proyecciones audiovisuales y un taller infantil de aprendizaje de toques y repiques.

-Joaquín Díaz ha realizado una grabación sobre el Romancero del Cid, que la Junta de Castilla y León ha editado junto con un libro del que son autores el profesor Julio Valdeón y el propio Joaquín Díaz. Esta grabación, editada por el sello Pneuma, fue presentada en el Congreso sobre El Cid, celebrado en Burgos, el pasado 12 de julio.

-Con una asistencia récord de público, se celebraron los conciertos de verano en el patio de la Casona, en los que intervinieron Carlos Montero, Amancio Prada, Quarteto de Urueña y Eliseo Parra.





PALABRAS PRONUNCIADAS POR JOAQUIN DIAZ EL DIA DE LA BENDICION DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ANUNCIADA REALIZADA EN PIEDRA POR EL ESCULTOR MIGUEL SOBRINO



Uno de los tesoros más grandes con que cuenta Urueña es la imagen de la Virgen de la Anunciación. Los Urueñeses la veneran con cariño y los forasteros admiran el maravilloso templo en el que está entronizada. Muy pocas personas, sin embargo, saben a ciencia cierta su antigüedad -hasta hace poco se habló de que era una talla del siglo XVIII- y pocas personas también se han preocupado por estudiar y completar su historia.
Abro aquí un paréntesis para decir lo que pienso sobre si la Virgen debe de estar vestida con los mantos que actualmente la cubren o si, por el contrario, sería interesante dejar la imagen tal y como la concibió su primer escultor, hace más o menos, seiscientos años.
La costumbre de vestir a las Vírgenes es muy antigua (ya hay documentación sobre tal hecho en el siglo XV) y parece que procede del deseo de los feligreses de adornar a las imágenes con las mejores galas, dado su cariño hacia ellas, o de la necesidad de cubrirlas porque se habían deteriorado con el tiempo o las malas condiciones de conservación. Hay que decir que esta costumbre no siempre estuvo bien vista por la Iglesia, que intuía en esa práctica el peligro de adornar a la Virgen demasiado a la moda de cada época o con prendas inadecuadas y que además deseaba firmemente que los fieles reconocieran y apreciaran el valor artístico de las imágenes. Una buena talla de un buen escultor que hubiese plasmado con realismo un Cristo crucificado, por ejemplo, no sólo movía a devoción y a meditar sobre la Pasión y muerte de Jesús sino que permitía a cualquiera que se colocase ante la imagen mejorar su sentido estético y disfrutar con una auténtica obra de arte.
En Urueña, la costumbre de vestir a la Virgen se inicia en el siglo XVIII. Previamente, y en concreto en 1677, el obispo del Burgo de Osma Antonio de Isla, urueñés ilustre, quiso arreglar a sus expensas la iglesia del antiguo Monasterio de San Pedro y San Pablo de Cubillas, para entronizar en ella a la imagen de la Anunciación a la que él veneraba particularmente y que en ese momento estaba en la llamada Ermita Vieja, pequeño edificio situado a tres kilómetros de Urueña en el mismo valle donde está el llamado prado de la Villa o prado comunal.
Seguramente Antonio de Isla mandó repintar la imagen y situarla en el altar mayor del presbiterio para demostrar su cariño por esta talla antigua. En 1684 visita Urueña para comprobar el resultado de su encargo y toda la población le rinde público homenaje. Tres décadas más tarde, y siguiendo probablemente el ejemplo de don Antonio, Luis Pérez Minayo crea un mayorazgo perpetuo en favor del santuario de la Anunciada. Tanto él como su hermano, Blas Pérez Minayo, fallecido un año antes, contribuyeron con donaciones testamentarias a realzar la veneración hacia la imagen y fueron con toda probabilidad quienes costearon la construcción del camarín y de la espadaña, que se lleva a cabo a mediados del siglo XVIII. La devoción por la Anunciada aumenta más aún en la Villa a partir de ese momento y creo que de esta época procede la costumbre de vestir la imagen, ya que en el libro de visitas que comienza en 1771 se pueden observar varias anotaciones aconsejando que "se quiten las cintas [de la imagen] que la ridiculizan" o que se evite vestirla pues se la da un aire demasiado "mundano".
Estamos, pues, ante dos formas de respeto y veneración distintas, basada la primera -la de la Iglesia- en la admiración por la talla artística y la segunda -la del pueblo- en el cariño por esa pequeña imagen a la que todos los años pedían salud y buenas cosechas. Creo que contribuimos hoy a la solución de este problema, permitiendo con esta reproducción que, quien así lo desee, contemple la imagen tal y como el artista medieval la quiso realizar y dejando la talla primitiva con los atuendos que sus devotos le han ido ofreciendo en distintas épocas.
Y esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Por qué hace seiscientos años se le ocurre a un escultor tallar esta imagen?.
Bastará recordar, para no hacer excesivamente larga esta intervención, que la Iglesia se preocupaba en esas fechas y desde hacía mucho tiempo, por combatir las herejías que trataban de negar la virginidad de María después del nacimiento de Jesús. Una de las formas de erradicar esas ideas era ir creando una corriente de amor y devoción hacia una imagen que representara el misterio de la maternidad de María. Esa imagen se llamó, respondiendo a lo que simbolizaba, Theotokos, es decir, Madre de Dios, y la Iglesia se encargó de que reflejara alguno de los siguientes aspectos:
1.Que Madre e Hijo estuviesen juntos en la talla.
2.Que se pareciesen físicamente.
3.Que la Virgen y el Niño llevasen una serie de atributos cuya significación hiciese reflexionar a los devotos. Para la Virgen esos atributos eran:
a)Una manzana en su mano derecha que recordaba su intervención en la redención del género humano. Eva hizo caer a Adán con esta fruta y la nueva Eva, la Madre de Dios vino a remediar esa falta con su amor y su entrega.
b)El trono o silla sobre la que estaba María tenía que representar a todos los conocimientos humanos, respondiendo así a una de las invocaciones de las letanías en la que se denomina a la Virgen "sedes sapientiae" (asiento de la sabiduría).Algunos escultores sentaron a la Madre de Dios sobre cuatro libros, que unos decían representaban los Cuatro Evangelios y otros las disciplinas del Cuatrivium (aritmética, geometría, música y astronomía).
c)A partir del siglo XII y por influencia francesa la Virgen siempre llevaba corona como correspondía a su condición de Regina o reina.
d)El resto de la indumentaria coincidía con la moda medieval y solía ser una túnica o brial con el escote ajustado al cuello y un manto.
Para el Niño, el principal atributo era una bola (o un libro) que le presentaba como Pantocrator, es decir creador y dueño del universo al que sostenía en su mano. Respecto a la indumentaria solía imitar la de la Virgen con la única diferencia que a veces se le mostraba sin corona y con un peinado también de época.

¿Para qué templo se hace esta imagen?.Recuerdo que en el siglo de que estamos hablando Urueña, perteneciente a la diócesis de Palencia, tiene las iglesias siguientes:
-Tres parroquias, la de Santa María del Azogue, la de San Andrés y la de San Juan, detrás de las actuales escuelas.
-Tres monasterios, el antiguo de San Pedro y San Pablo de Cubillas, el de Villalbín y el más reciente del Bueso.
-Cinco ermitas, la de Santiago (en los pedregales), la de la Magdalena (en el pago que hoy se llama de la malena), la de San Cristóbal (al lado del camino de Tiedra y por encima de lo que hoy son las ruinas del Bueso), la de San Lázaro (que sería hospital de apestados y tal vez por su alejamiento y su situación podría coincidir con lo que después se llamó la ermita vieja) y la de San Martín.
De estos once recintos sagrados sólo uno estaba dedicado a la Anunciación que era el monasterio del Bueso. En efecto, según conocemos por documentación del Archivo Histórico Nacional, un personaje llamado Bueso y otros hermanos que vivían en el medio arruinado convento de Villalbín, deciden trasladarse a mediados del siglo XIV a las huertas de la ermita de San Cristóbal; allí construyen un pequeño beaterio que ponen bajo el patrocinio de la Anunciación, apareciendo algunos datos sobre ellos hacia 1390.Casi un siglo más tarde un visitador del obispo de Palencia bendice la tierra sobre la que se edificará el monasterio cuyos beatos, a partir de ese instante, ya no estarán bajo la regla de San Leandro sino bajo la de San Benito.
¿Por qué esa imagen de la Anunciada que los beatos entronizaron en su pequeño monasterio aparece doscientos y pico años después en la ermita vieja?.Aventuro dos hipótesis: La primera ya la he esbozado antes; lo que conocemos como ermita vieja pudo ser el hospital de San Lázaro o de leprosos a cuya capilla, en un momento de especial virulencia o de peste generalizada, los monjes llevan a su imagen más venerada para que interceda por los enfermos, quedándose allí a partir de ese momento. La segunda posibilidad es que los monjes crearan un pequeño priorato en alguna finca de su propiedad llevando allí a su imagen más querida para que bendijera y protegiera su actividad. En el Catastro de la Ensenada de mediados del siglo XVIII todavía podemos encontrar numerosas posesiones del Monasterio del Bueso en el pago de la Ermita Vieja.




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