LA ERA DEL BIEN Y DEL MAL

Cuarto mandamiento: Honrarás al padre y a la madre



Lámina con cuatro cuadros: la última franja, ligeramente más estrecha, se subdivide en dos.

1. En la parte superior, una representación del rezo del ángelus, que recuerda al cuadro de Millet, del mismo título. Idéntico ambiente rural, idéntica actitud de recogimiento, aunque cambien algunos detalles de la escena. Por encima de ella aparece en latín el comienzo de la plegaria: “Angelus Domini nuntiavit Mariae, et concepit de Spiritu Sancto”.

2. La escena que le sigue, en orden descendente, es la resurrección del muchacho que llevaban a enterrar junto a la ciudad de Naím (Lc. 7, 11-17). Jesús resucita al muchacho, apenado por la situación de aquella viuda, cuyo único hijo ha fallecido también: el desamparo más absoluto se cernía sobre ella.

3. En el último nivel de la lámina, el dibujo de la derecha muestra a dos campesinas que vienen de faenar en la era, y el amo les está pagando la jornada trabajada. No es posible olvidar la severa advertencia cuando las cosas no suceden así y no se cumple con la justicia: “Mirad, el salario de los obreros que segaron vuestros campos y que no habéis pagado está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos” (St. 5, 4).

4. Por último, a la derecha, un maestro instruye a sus alumnos, mostrando el respeto a Dios, cuando les señala con la mano un pequeño crucero, con una cruz de hierro, sobre un pedestal. El acatamiento de los superiores, y en particular del maestro aparece tanto en esta lámina, como en la anterior.

Luis Resines










1. Una madre enseña a rezar a su hijo. Es enternecedor el cuadro que contemplo. Hay armonía en el ambiente: el paisaje, bucólico; los elementos destilan orden por todas partes; la luz suave; el recogimiento en los personajes... y un resplandor al fondo y arriba que me sugiere la mirada complaciente de Dios. Sí, todo es muy ejemplar, pero no sé si es real. Ciertamente yo he querido a mis padres mucho por instinto y porque lo merecían; también porque me inculcaron el amor filial, a través de su ejemplo con el comportamiento hacia sus padres, mis abuelos... Pero en mi niñez yo necesitaba más cosas para ser feliz. Y lo fui porque no me resigné a lo que se me daba y procuré desear y hacer muchas más cosas... 2. Jesucristo ejerciendo obras de caridad. Miro el segundo cuadro, menos armonioso y plácido, por cierto; me sobra autoridad en la figura de Jesucristo; veo excesiva tensión y hasta miedo en dos figuras. A la caridad debieran sobrarle los gestos grandilocuentes.

3 y 4. Dar la justa paga al que trabaja y El maestro enseñando el temor de Dios. Me reconcilio con la doctrina cristiana en los dos cuadros inferiores. Porque hay una atmósfera apacible, una actitud amable en los personajes que ejercen el poder y los que reciben la paga en un caso y las enseñanzas del maestro en el otro, no están renunciando a su dignidad.

La nostalgia me ha invadido un poco en esta mirada distanciada al mundo de mi niñez. Quisiera no haber renunciado demasiado a los rasgos de mi identidad que nacía entonces, pura y valiente. No sé... Pero recuerdo que entonces yo no quería tantos “buenos ejemplos”.

Juan Antonio Quintana. Actor y director de teatro



Exposición