De San Valentín, mártir degollado en la Vía Flaminia en el año 270, poco podría decirse que lo relacionara con la creencia actual de su patronazgo sobre los enamorados. Por buscar un nexo algo forzado, algunas investigaciones afirmaron que uno de los hechos más destacados de su actividad como benefactor de los pobres y apóstol de la caridad, consistía en realizar, por su condición de obispo, matrimonios entre jóvenes romanos contraviniendo la idea general imperante en la época de que los jóvenes varones debían dedicarse al ejército. Claudio II lo condenó a muerte. Enterrado en un lugar cercano a aquél en que había sido sacrificado, pronto se convirtió su tumba en un enclave de peregrinación al haber edificado allí una iglesia el Papa Julio I.
CREENCIAS
En el calendario ateniense, las fechas iniciales del año se llamaban mes de Gamelión, y se dedicaban a los esponsales y a las uniones amorosas. De modo similar, entre los romanos, era la fecha del 15 de febrero cuando los lupercos, jóvenes cazadores, se reunían en un lugar determinado para realizar unos sacrificios de animales y salir después, manchados de sangre y con unas tiras de piel de esos mismos animales, fustigando a todo el que veían. La relación de esos azotamientos con otros relatos sobre la época en que las mujeres de Roma se volvieron estériles, asimila estas creencias con la fertilidad. En cualquier caso, pese a la pretendida antigüedad de la fiesta del amor y la creencia de que fue el papa Gelasio quien cambió esa celebración pagana por la de San Valentín, esta costumbre, tan comercializada en la actualidad, ha tenido su mayor desarrollo en tiempos recientes y en la cultura anglosajona.