Catalina Ulfsdotter (literalmente “hija de Ulf”), nacida en 1331, fue uno de los ocho hijos que tuvieron Santa Brígida y Ulf Gudmarsson, juez de Ulvåsatten. Aunque fue educada en el monasterio de Riseberga por la propia abadesa, sus padres, siguiendo las costumbres de la época, la destinaron desde muy temprana edad a desposarse con un aristócrata, a quien la joven Catalina hizo prometer que respetaría su virginidad en el matrimonio. En el año 1350 realizó su primera peregrinación a Roma siguiendo los pasos de sus padres, fervorosos viajeros y visitantes de los lugares sagrados. En Roma vivió con su madre observando una vida de piedad y socorriendo a peregrinos y necesitados. Su existencia discurría entre ayunos y mortificaciones. Uno de los hechos más conocidos y divulgados por la tradición es que ambas dormían en el suelo pero que Santa Catalina siempre esperaba a que su madre se durmiera primero para poner bajo su cabeza una almohada. Al fallecer Santa Brígida en 1373, Catalina tomó a su cargo no sólo las tareas hospitalarias y de beneficencia que había venido desarrollando su madre sino la empresa de conseguir su canonización. En 1378 consiguió que se aprobaran los estatutos de la orden de las Brígidas del Santísimo Salvador y en 1380 regresó a Suecia donde tomó a su cargo el monasterio dúplice de Vadstena (el primero en que se instalaría una imprenta en Suecia y en el que estaba la famosa “iglesia azul”, llamada así por estar pintado su interior de ese color), en el que dio sepultura a los restos de su madre que lo había construido, y del que fue la primera abadesa. Catalina murió el 24 de marzo de 1381 después de larga y penosa enfermedad en la que tuvo que soportar no sólo las molestias físicas sino la angustia de no poder recibir la eucaristía debido a sus repentinos y violentos vómitos.
CREENCIAS
Como defensora de la castidad y la virginidad es venerada en toda Europa, invocándose su nombre contra el aborto. A veces, la iconografía la representa junto a un ciervo, probablemente tomando la imagen de uno de los hechos legendarios que se cuentan sobre su vida en el que Catalina quiso defender su virginidad de un pretendiente –un noble italiano que quiso raptarla durante su estancia romana- quien, primero fue apartado de la santa por la aparición de un ciervo al que quiso dar caza y después, al intentar de nuevo su deshonesto propósito, perdió la vista milagrosamente hasta que pudo recuperarla merced a los ruegos y oraciones que dirigió a la santa. Muchos milagros se le atribuyeron en vida y después de su muerte. Durante su estancia en Roma, libró a la ciudad de una gran crecida del Tíber con sólo tocar con sus pies las aguas del río. El mismo día del fallecimiento de la santa salvó de perecer a un joven molinero, según los relatos legendarios que se difundieron sobre su vida, que había caído por accidente en la presa del molino y vio cómo le prestaba auxilio una dama vestida de blanca túnica.