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Autos de Navidad en León y Castilla

Joaquín Díaz • José Luis Alonso Ponga

Edición digital de la Fundación Joaquín Díaz. 2019

265 páginas

Reedición digital del libro publicado con el mismo título en el año 1983

Puede descargarse gratuitamente en formato PDF - 5,6MB



Prólogo

Primera Parte. LOS AUTOS DE NAVIDAD

Algunas fuentes
Las representaciones
Los actores
Los textos


Segunda Parte. AUTOS DE PASTORES

Zona Occidental

Ribera de la Polvorosa
Castroponce
Quintanilla de los Oteros
Laguna de Negrillos I
Laguna de Negrillos II
Zotes del Páramo
Alcuetas I

Zona Oriental

Valverde Enrique
Izagre
Terradillos de Templarios
Villamarco
Rucayo
Mansilla de las Mulas
Pastorada facticia
Bercianos del Real Camino

Zona Mixta

Villabraz
Alcuetas II
Matadeón de los Oteros


Tercera Parte. COMENTARIOS

Occidente

Materiales principales
Materiales secundarios

Oriente

Materiales principales
Materiales secundarios

Mixtos

Materiales principales



Los Autos son obras dramáticas de breves dimensiones, en un solo acto donde intervienen por lo común personajes bíblicos y que se llevan a cabo en determinadas festividades como el Corpus y Navidad.

La costumbre de organizar representaciones del Nacimiento de Nuestro Señor es muy antigua en España; hay algunos testimonios de ello no demasiado abundantes, por desgracia, pero suficientes para poder afirmar con certeza que en iglesias y catedrales se escenificarón desde hace siglos algunos episodios de la Natividad. Sabemos también que, habitualmente, tales dramas fueron interpretados por clérigos o actores profesionales disfrazados de pastores; el pueblo acudía para juzgar, y aprobaba o rechazaba de acuerdo con sus gustos. Se observaba siempre, no obstante, un esquema formal característico para cualquier alegoría: un autor componía una farsa, unos actores la representaban y un auditorio la comentaba. A esta estructura podría al hablar de nuestros Autos, un par de ingredientes mas: la temática era fija y, para colmo, conocida; la tradición y la leyenda habían ido transmitiendo durante siglos relatos que amplificaban y daban vida al Misterio, desvelando una cadena de anécdotas en gradual aumento cuyos pormenores completaban y retocaban detalles demandados por la humana curiosidad.

El pueblo, pues, había llegado a perfeccionar progresivamente su imagen del acontecimiento; había llegado a tener de él una visión específica y excluyente.
Suponemos que resultó difícil para cualquier escritor dramático de cualquier época luchar con tantos frentes críticos: la propia conciencia, la censura eclesiástica, el favor popular y el análisis de los colegas. Y a pesar de todo, hubo valientes que prefirieron arrostrar todos esos peligros antes que renunciar a empresa tan sublime.

Cervantes nos da noticia de uno de ellos; y, por cierto, noticia interesante. Según su descripción estamos ante un autor peculiar: un pastor-estudiante que participa de la herencia tradicional y de unos conocimientos universitarios. Grisóstomo —que tal era el nombre del personaje—, «fue grande hombre de componer coplas; tanto, que él hacía los Villancicos para la Noche del Nacimiento del Señor... que los representaban los mozos de nuestro pueblo» (D. Quijote, cap. XII).

Curiosa coincidencia: en breves palabras, Cervantes nos ha definido el objeto de nuestro estudio: unos Autos, denominados Pastoradas, Corderadas o Villancicos, puestos en escena por pastores en pequeñas iglesias rurales y atribuibles, seguramente, a un escritor cuyas cualidades podrían aproximarse bastante a las enunciadas en la descripción cervantina.
El singular teatro, los actores no profesionalizados y la inclusión de la obra entre los materiales tradicionales (con su correspondiente deterioro al transmitirse oralmente y por escrito) convirtieron a esas piezas en ejemplares dignos de atención.

Al estudio y puntualización de gran número de versiones recopiladas dedicaremos este volumen, dejando para posteriores intentos el examen cuidadoso de otro tipo de Auto, el de los Reyes, diferente en muchos aspectos al que va a ser objeto de nuestro libro.

Joaquín Díaz y José Luis Alonso Ponga

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