
Todos sin excepción, a lo largo de nuestra vida, hemos sido de una u otra manera enajenadores o adquirientes, compradores o vendedores en un mundo que habitualmente se sintetizaba en el inmenso mercado del pensamiento o la imaginación.
La publicidad, particularmente aquella que propició el siglo XIX con sus avances e ideologías, nos inclinó hacia posturas vitales que fuimos convirtiendo poco a poco en el sustrato de nuestras existencias: nos hicimos liberales, conservadores, ahorradores, derrochadores, inversores, apátridas, nacionalistas, patriotas, solidarios o abnegados, gracias a los consejos que nos llegaban en forma de mensajes periodísticos, habitualmente en la última página de los diarios o semanarios. Esos mensajes venían acompañados de imágenes más o menos sugestivas, pero también —y esto les confería un toque especial y casi siempre elegante— de poesías.
La prensa vallisoletana, tan abundante como irregular, nos ayudará a descubrir a través de dos siglos, en esta exposición, la originalidad de los vates, el capricho de los poetas, la oportunidad de los versos diletantes, la musicalidad del tiempo y la efectividad de una estructura —la de mercado— que creaba una oferta de ideas y una demanda de comunicación.