Joaquín Díaz

CIEGOS ZANFONEROS EN GRABADOS DEL SIGLO XIX


CIEGOS ZANFONEROS EN GRABADOS DEL SIGLO XIX

Revista de Dialectología y Tradiciones populares

Sobre ilustraciones en que aparece la zanfona

02-08-2001



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El ciego, como músico vocal e instrumentista de carácter popular, tuvo durante el siglo XIX un tratamiento casi privilegiado por parte de pintores y grabadores (1); se continuaba así una tradición pictórica iniciada siglos antes (2) y se llegaba a incluir al personaje en galerías pintorescas de tipo peculiares o diferentes. Vamos a selecccionar, para su estudio, tres grabados aparecidos a lo largo del siglo pasado en los que aparecen el músico callejero acompañandose de zanfona, dejando para otra ocasión las ilustraciones en que se le muestre tañendo distintos instrumentos (3).

La zanfona es, como bien se sabe, una derivación evolucionada del antiguo organistrum, pieza medieval desechada paulatinamente por los inconvenientes que ofrecía su ejecución, al tener que ser tocada por dos personas, una de las cuales se ocupaba de dar vueltas a un manubrio (por medio del cual giraba una rueda que rozaba las cuerdas), mientras que la otra tiraba de las teclas o clavijas para "cortar" la longitud de las cuerdas en el punto deseado y conseguir que cantaran la melodía. Como la mayoría de los instrumentos siguió dos vías de desarrollo, la cortesana y la popular, yendo a quedar circunscrito en España, finalmente, sólo a la última, aun después del impulso recibido en la corte francesa durante el siglo XVIII que, sin duda, tuvo su repercusión también en nuestro país. Quedó así la zanfona en manos de los músicos callejeros, especialmente los ciegos, y ello se reflejó en distintas estampas decimonónicas, de las que hemos seleccionado tres para su comentario.

La primera, dibujada por Antonio Rodríguez y grabada por Joseph Vázquez, pertenece a la Colección general de los trages que en la actualidad se usan en España (4) en la que ocupa el número 31.

Aparece el ciego cubierto con una capa un tanto andrajosa y tocado con un sombrero de alas vueltas en mal estado. Quiso Rodríguez, probablemente, representar un apunte tomado del natural; y se puede llegar a tal conclusión, tanto porque la colección anterior de tipos en la que él se solía basar para realizar algunos de sus dibujos no incluye ninguno de ciego con zanfona (5), cuanto porque se aprecia un esfuerzo evidente por representar al instrumentista con postura y maneras verosímiles: Pierna izquierda adelantada, mano izquierda colgada sobre el teclado para que los dedos lleguen con la misma facilidad a unas y otras clavijas, y mano derecha empuñando el manubrio en forma de "ese" a cuyo extremo un pomo loco gira libremente sobre su misma espiga para permitir al ejecutante dar la vuelta completa a dicho manubrio. El instrumento (siguiendo la costumbre de los violeros dieciochescos franceses de adaptar otras piezas caídas en desuso -laúd renacentista, viola, etc- para convertirlas en zanfonas) podría haber sido un violencello; así parece desprenderse tanto de su gran tamaño como de su forma, con esas grandes muescas en la caja armónica cuya utilidad sólo se explicaría si el instrumento fuese a ser sujetado entre las rodillas. Por la posición en que está realizada la figura no se aprecia el clavijero, aunque se podría suponer, por las líneas dibujadas entre la rueda y el puente inferior, que tiene cuatro cuerdas; éstas solían ser de tripa e ir recubiertas, en la zona que rozaba a la rueda, con una vedija de lana o de algodón impregnada en colofonia o polvo de resina; con el objeto de impedir que los dedos, generalmente con partículas de grasa o suciedad, tocasen esa rueda, se protegía con una especie de puente de madera que, siguiendo la forma de aquélla, la cubría completamente. En el grabado se aprecia que es de distinta madera que el resto del intrumento.

En esta colección el ciego está incluido entre los personajes de Madrid y colocado sobre un suelo de tierra sin ningún paisaje a su espalda. Lleva una leyenda, como casi todos los tipos dibujados por Rodríguez, alusiva a su oficio: "Que viva la Pepa. Ciego que toca la chinfonía y su lazarillo". La frase primera podría parecer ociosa o gratuita si no tuviésemos documentación varia sobre el papel jugado por los ciegos en la difusión de ideas, patrióticas o liberales, según los momentos, pero en cualquier caso de ideas cuya exposición pública podía implicar un peligro para su libertad o su integridad física (6). En la obra de García Tejero El pilluelo de Madrid dice uno de los ciegos refiriéndose a la censura impuesta por los invasores franceses sobre sus coplas: "Estas que vamos a entonar no las podemos arrojar por los aires ni en la Puerta del Sol ni en la Calle de Carretas, por la sencilla y poderosa razón de que no hay libertad de canto. Has de creer, que desde que no entonamos patrióticas, nos vemos fastidiados y mohinos. El cólera francés, como en el día se dice por el pópulo, no ha perdonado ni a los pobres voceadores de proclamas, estraordinarios y suplementos. Nuestras gargantas están oprimidas y no falta más que nos cuelguen de un árbol como a los perros" (7).

El segundo ejemplo es un dibujo de José Ribelles y Helip, grabado al aguafuerte y buril por Juan Carrafa para la Colección de Trages de España todavía existente en la Calcografía Nacional (8). Ribelles toma, sin duda, algunos datos del dibujo antes comentado de Antonio Rodríguez (como, por ejemplo, la botonadura de la bragueta, la capa, el sombrero, etc) y añade algún otro detalle. Pero de quien creemos que toma más elementos es del "Ciego Jacarero", de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (9); en realidad, el titulado "Ciego de la Zampoña", de Ribelles, es casi una imagen especular de la figura ideada por Cano, con idéntica postura, parecido bastón y capa muy similar. Sólo varía, naturalmente, el instrumento, que en Cruz es una guitarra de 5 órdenes y en Ribelles una zanfona, lo que constituye la aportación más original del artista valenciano.

Muestra la zanfona una cabeza sin ningún adorno notable y en ella cuatro clavijas. Es de cuerpo pequeño y del tipo de las llamadas "de guitarra", de la forma de su caja, a diferencia de las de tipo "laúd", cuya caja suele tener, habitualmente, forma de media pera como el instrumento renacentista. El manubrio es de codo de cigüeña, lo que parece indicar que se trata de una pieza poco evolucionada -también el antiguo organistrum lo tenía- y de origen español (posiblemente gallego, pues fue en aquella región donde más zanfonas de tipo "guitarra" se construyeron). El puente protector cubre la rueda, pero aun así no parece observarse ninguna "cuerda-bordón" de las que normalmente iban por fuera de la caja del teclado y hacían sonar una nota pedal.

El personaje está solo en la escena y, aunque Ribelles ha intentado vestirle más aseadamente que Rodríguez, introduce el detalle, apenas perceptible, del deshilachado de la capa.

El tercer dibujo, debido a la pluma de J. Cuevas y publicado en "La Ilustración Cantábrica" bajo el título "Tipos y Costumbres de Asturias" y el pie "El tañedor de zanfona", nos muestra una escena distinta. El personaje parece ciego, como los dos anteriores, pero está situado dentro de un ambiente rural, lo que devuelve a la zanfona al medio en que se desarrolló durante varios siglos y al estereotipo con cuya imagen jugaron artistas plásticos y musicales para poner de moda el instrumento en la corte francesa del XVIII, lo que no es de extrañar, dado el interés y la admiración cortesanos por todo lo campestre y bucólico. Se trata en este caso, como el anterior, de una zanfona-guitarra, aunque su manubrio es plano y en forma de "ese", con pomo giratorio oculto bajo la mano del tañedor. Sigue así el instrumentista una de las normas dictadas por Michel Corrette en su obra La belle vielleuse; en el capítulo primero y al hablar de la colocación del instrumento, añade: "Se ata con un cinto alrededor del cuerpo de modo que no se mueva, colocando la cabeza del instrumento sobre el muslo izquierdo que ha de estar más bajo que el derecho, situándose la zanfona de manera que las teclas están colocadas hacia abajo y puedan caer fácilmente" (10). En efecto, a falta de muelles u otro sistema mecánico, las teclas caían por su propio peso una vez pulsadas, volviendo a su situación original. La posición que ostenta el ciego de la xilografía no es exactamente la recomendada por Corrette pero se aproxima: La cabeza del instrumento oscila hacia atrás por lo que no es necesario que repose sobre la pierna izquierda del músico; así, ésta aparece incluso más elevada que la derecha, aunque, siguiendo una norma clásica, avanza el pie correspondiente mientras que el derecho se retrasa ligeramente.

La tapa del teclado está abierta, costumbre bastante frecuente en algunos instrumentistas que, de ese modo, podían afinar mientras tocaban con un simple movimiento de la mano izquierda sobre las espadillas; éstas eran orientadas con un giro leve e incidían perpendicularmente sobre la cuerda, acortando su longitud y provocando, por tanto, un sonido más agudo. Que es una zanfona de tipo español se ve también en el número de cuerdas (tampoco en este caso hay bordones) que atraviesan la caja del teclado, que son tres. Las francesas suelen tener seis en total: Cuatro bordones de dos en dos y otras dos "trompetas" o cantoras.

Finalmente, dos lazarillos -en este caso dos niñas- acompañan al invidente. Una de ellas toca una pandereta (la misma que solía servir al final de la interpretación para allegar una limosna de la audiencia), mientras la otra, adormecida, sostiene aún en su mano izquierda los hierros, yerrillos, fariñas, furriñas o ferriños, tantas veces adjudicados como instrumento característico para acompañamiento de ciegos (11).

¿Por qué fue la zanfona, asimismo, instrumento unido a la figura del músico ambulante? Se podrían aventurar algunas hipótesis; el hecho de poder producir música -no una melodía, pero al menos notas constantes sobre las que construir una estructura melódica- con el simple movimiento de un manubrio debió, probablemente, facilitar no poco la ejecución del repertorio a los ciegos. Tal repertorio, como todos sabemos, no era muy exigente por lo general, basándose sus melodías, ya en recitativos de dos notas, ya en cantinelas sencillas y monótonas de ámbito reducido. En cualquier caso, siempre fue el instrumento un soporte más o menos armónico para la historia narrada cuya temática era lo que realmente llamaba la atención del público. Tal vez la obtención fácil de unas notas tenidas a las que, con un poco de suerte y práctica, se le podía añadir una frase musical ajustada a la melodía principal, fue un punto básico a la hora de decidirse los ciegos por un instrumento de sencillo manejo y aparente rendimiento musical, sobre todo si se tiene en cuenta que en tal decisión, dada su falta de preparación o de condiciones, pesaban muy poco las normas del Arte de Euterpe.






NOTAS.
(1). Véanse "La romería de San Isidro" de Goya (1820); el ciego que enseña el "tutti li mondi", grabado por Juan Toro para las Escenas matritenses (1832); las tres obras de Leonardo Alenza tituladas "Ciego tocando la guitarra", "Ciego, declamando un romance" y "Dos ciegos tocando la guitarra y el violín" (1840); el dibujo de J. Cuevas titulado "Los pobres de oficio en el mercado", grabado por Antonio Manchón; y la ilustración de Darío de Regoyos para España Negra, De Emile Verhaeren (1899), por citar sólo algunos ejemplos, además de los tres que ofrecemos.

(2). Brueghel, El Bosco, De la Tour, Lancret, Holbein, Lückelburger, Bayeu, Cruz Cano y un etcétera imposible de reseñar aquí.

(3). Tales referencias iconográficas podrían ilustrarse con menciones literarias o poéticas al ciego, también muy abundantes en el siglo XIX.

(4).Colección publicada a partir del año 1801 en Madrid, en las Librerías de Castillo frente a las gradas de San Felipe, y de la Viuda de Carro en la Red de San Luis.

(5). Antonio Rodríguez basa algunos de los dibujos en la Colección de trajes de España tanto antiguos como modernos que comprehende todos los de sus Dominios. Dividida en dos Volumenes con ocho quadernos de a doze Estampas cada uno. La colección, grabada por Juan de la Cruz Cano y Olmedilla y pintada por varios autores tenía originalmente dos personajes ciegos del que sólo se grabó uno, el "Ciego Jacarero", dejándose el "Ciego de la Cayta y las furriñas. En el grabado que pasó por el tórculo aparece un ciego tocando una guitarra de conco órdenes (o sea de nueve cuerdas) con un perro a sus pies.

(6). En el diario local de Valladolid El Norte de Castilla hay, por ejemplo, material abundantísimo que confirmaría lo expuesto: 25-XII-1870, 17-I-1871 (Ciegos que cantan contra Amadeo de Saboya), 6-XI-1874 ("El papelito nuevo que acaba de salir ahora con la derrota de los Carlistas"), 3-IV-1875, etc, etc.

(7). Alfonso García Tejero: El pilluelo de Madrid. Dedicada a don Wenceslao Ayguals de izco, s.l.,s.a.,p.40.
La expresión "Viva la Pepa" es, como se puede suponer, anterior a la Constitución de 1812 y, aunque en esa fecha y en épocas posteriores adquiriera un sentido netamente político, no puede descartarse que tuviera previamente alguna connotación ideológica.

(8). Varían las opiniones sobre la fecha de publicación de la Colección; mientras Juan Carrete Parrondo la data en 1825 (La Real Calcografía de Madrid. Goya y sus contemporáneos. R.A. de B.B.A.A. de San Fernando, Madrid, 1984), Elena Páez da como probable el año 1832 (?) (Repertorio de grabados españoles, Ministerio de Cultura, 1981).

(9). Coleccion de trajes de España...

(10). Michel Corrette: La belle vielleuse. Methode pour apprendre facilement à jouer de la vielle, contenant des leçons on les doigts sont marqués pour les commençans; Avec des jolis Airs et Ariettes en Duo, Deux Suittes avec la Basse et deschansons. Par Mr .Paris. Chez Melle Castagnery, s.a. c. 1780-85).

(11). Véanse la Tonadilla "La jardinerita" de Castel donde aparece un coro tocando "unas fariñas o aquellos hierros que tocan los ciegos". Faustino Santalices reproduce en La Zanfona, método para el instrumento aparecido en Lugo en 1956, un texto exhumado por Pérez Constanti de los archivos de Santiago donde se refleja un contrato entre Pedro de Coiro, maestro de zanfona, y Juan Vázquez, niño ciego, mediante el cual se obliga aquél, por seis ducados al mes a enseñar el oficio al aprendiz, "para lo cual le ha de dar sanfonia que toque con yerros tocantes a dicho oficio como se acostumbra".