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En su última gira, sábado 22 de Noviembre de 1800, llega sobre las doce de la mañana a Quintanilla de Onésimo, acampando junto a le ermita de San Roque, la tejera y las eras. La cuadrilla del Chafandín que en ese momento la formaban: 1) Antonio Barroso, alias El Chafandín, (nacido en Almaraz); 2) Ángel Fernández Salamanca, alias El Pollo, (nacido en Villalba de los Alcores); 3) Pedro González, alias el Periquillo o Sanabrés, en su pueblo «el Cabriles» (nacido en Lobeznos, zona de Sanabria); 4) Antonio el Malagueño; 5) Martín Nodar, desertor de los Voluntarios de Valencia en el Regimiento de Zamora, condenado en el Consejo de Guerra de Salamanca a pena de horca y descuartizado; 6) Pascual García, alias Rechiles, vecino de Castronuevo (Zamora), condenado por la Real Chancillería de Valladolid y ahorcado en la Plaza Mayor de Valladolid y 7) el de Carbajales o Carbajalino (nada he encontrado de él). Muertos los dos jefes, Chafandín y Pollo, repartieron los seis caballos y una mula de reata y carga, junto con los demás enseres y dinero. Chafandín tenía 30 onzas de oro que se llevan y dejan en su faltriquera algunas monedas para pagar el funeral. Continuaron los seis hasta el día veintiséis que llegan al monte de la Santa Espina y Periquillo de un trabucazo mató a Ángel Fernández Salamanca, alias el Pollo. En este momento quedó disuelta la cuadrilla del Chafandín y resolvieron separarse e ir cada uno por donde Dios les dé a entender.
Muerte de los tres bandoleros principales: 1º.- Chafandín: El domingo 23 de Noviembre de 1800, entre las once y doce de la mañana moría de dos balazos Antonio Barroso, alias el Chafandín por su compañero el Pollo en el monte de la Hinojera, sito en Valbuena de Duero, propiedad de los monjes Bernardos de Santa de Valbuena. Enterrado el día 25 debajo del coro en la Iglesia monacal de los Bernardos de Santa María de Valbuena.
2º.- Pollo: el 26 de Noviembre de 1800 Ángel Fernández Salamanca alias el Pollo moría de un escopetazo por su compañero Periquillo en el pago Horno de Matalascarnes del monte de la Santa Espina, sito en término de Castromonte y propiedad de los monjes Bernardos de la Santa Espina. Recogido su cadáver el veintinueve y enterrado el día treinta debajo del coro en la iglesia monacal de los Bernardos en la Espina.
3º.- El 30-8-1802 moría el Sanabrés Pedro González, alias Periquillo, en el monte Rayaces, término de Ampudia y es llevado a Palencia donde se le entierra en la iglesia de San Lázaro.
Pericuco, pañero y vecino de Astudillo estando en el mesón de la hermana de Chafandín en Benavente, contó que el jueves día veinte, dos pañeros de su pueblo, a quienes no nombró, se habían encontrado con Chafandín y su cuadrilla a un lado de Valladolid, los habían hecho detener y comer con ellos y estando comiendo Chafandín había reprendido al que llaman el Pollo diciéndole que se fuese de su compañía que era un pícaro que tenía muertes hechas, que forzaba a las mujeres y no quería en ella hombre tan pícaro. El Pollo quería robarle pero había una norma, no escrita, que un bandolero no debe robar a un contrabandista. Esto demuestra la tensión que había entre ellos.
El día veintidós pasaron el día en Quintanilla, el Pollo, afligido por las fiebres tercianas, lo pasó tumbado en las eras. Por la tarde en seis magníficos caballos y el Malagueño en mula yeguata de carga con jalma, todos armados, atravesando el puente, pasaron por Olivares camino de Valbuena hasta llegar al Arrabal donde estaba la posada de «la Castaña» regentada por Feliciana Parga, ayudada por su ahijada Felisina de las Heras y su esposo José Daza. A las siete de la tarde se entraron en la casa-posada siete hombres de a caballo cargados de armas de fuego con trabucos y pistolas. Les recibió José porque Feliciana se escondió, muerta de miedo. Luego que se apearon, pidieron cebada para los animales y enseguida preguntaron qué había de cenar. Les dio la cebada para los animales y por no salir a buscar cena, mataron dos gallinas y las compuso Felisina y las cenaron. El Pollo cenó chocolate con bizcochos por no encontrarse bien. Acabada la cena salieron hacia el monte de la Hinojera a pasar la noche.
El domingo veintitrés se despertaron y lo primero que hicieron fue echar cebada a los caballos. Luego Antonio Barroso, alias Chafandín, dijo que no había podido dormir por causa del rocío de la noche pero ahora que el sol está claro y sereno, arrimado a este matorral he de echar una buena siesta, otros le siguieron y se echaron a dormir. Ángel Fernández, el Pollo, se puso a acondicionar el trabuco, como hacía siempre que se quedaban en el campo, poniendo un recebo nuevo y seco y tiró un trabucazo a Chafandín y volvió a repetir, al oírlo se incorporaron los que estaban echados y vieron herido a Chafandín, se interpuso el Carbajalino que le preguntó porqué lo hacía y se fue a atender a Chafandín, le cogió las manos, abrió los ojos y expiró, humeando todavía los tacos del tiro recibido. Muerto ya, le registraron y en la faltriquera encontraron treinta onzas de oro que se repartieron entre todos, la calderilla de los catorce reales y cuartillo se lo dejaron es su bolso. Le quitaron las hebillas y charreteras. En una de sus faltriqueras, en su lado izquierdo, dejaron un papel escrito que decía « muy señores el que hallare en el monte de los frailes de Valbuena aquí ha venido a morir el famoso Antonio Barroso, alias el Chafandín que de una refriega ha venido a morir aquí Chafandín». Le colocaron en un barquito y chorro donde corre el agua de las lluvias para que le encontraran fácilmente. Recogidos todos los enseres, los seis se encaminaron a la granja del monasterio, titulada de Castrillo. La cuadrilla afirma y lo deja por escrito que ha muerto Chafandín.
A las tres de la tarde de ese mismo día, el Prior de la granja de Castrillo Fray Gerónimo de Ágreda, monje Bernardo, vio venir por los sembrados a dos hombres y a alguna distancia venían otros cuatro, todos en sus caballos y cargados de armas. El Pollo se adelantó y de forma reservada dijo al Prior que había matado al famoso Chafandín de dos balazos y que estaba muerto en el monte de la Hinojera, quitándole las hebillas y charreteras y quedaba vestido con sus ropas. Inmediatamente, sin que sus compañeros lo advirtiesen, escribiese para que le recogiesen antes que las aves o animales le desfigurasen, pues le había muerto para ver si se podía indultar y quería por lo mismo le conociesen y diesen parte a esta Chancillería. Sin que el resto se diera cuenta, el prior mandó, con un criado de quince años, al cura de Valbuena este escrito:
Mi don Santiago acaba de decirme el Pollo, cómo en este instante ha muerto a Chafandín en una hondonada de ese monte así dice de su orden que le vayan a buscar antes de que las aves le coman la cara y se desfigure, que den parte a la Sala antes de enterrarle y no ofreciéndose otra cosa mande V. a su justicia, aquí hay seis que van a merendar. (ARCHVA, pleitos criminales caja 686,4)
El resto de compañeros se apearon a la puerta de la casa y quitando los aparejos y las armas de los caballos, que eran bastantes, como también las mantas, frenos y cabezones y los ataron fuera de ella. Inmediatamente pidieron se les hiciera chocolate, aunque solo lo quisieron dos, que bajase cebada para los animales y les dispusiera la merienda. El monje temeroso de algún insulto y con el mayor miedo y desconsuelo mandó a sus criados que así lo ejecutaran, franqueándoles cuanto tenía en su casa, el ama compuso dos capones, los seis hombres comieron y estuvieron hasta las nueve de la noche que marcharon. En el priorato esa noche reinó el miedo.
En Valbuena al recibir la noticia el cura D. Santiago Ortega reunió al alcalde y al fiel de hechos para comunicárselo y enviaron noticia al alcalde de San Bernardo. Hasta el día siguiente no van a la búsqueda por miedo y temor porque había hombres facinerosos en el monte. El día veinticuatro comenzaron la búsqueda, los de Valbuena vieron que no estaba en su jurisdicción y se retiraron. El alcalde de San Bernardo, Nicolás Repiso recibió la noticia, entre siete y ocho de la tarde del día veintitrés, de que
[…] en la dehesa del monasterio de encina y roble y pago de la Hinojera había un hombre muerto y por ser horas intempestivas y tener noticias que había por el lugar gentes de mal vivir y no tener personas de quien valerse por componerse esta granja de Monviedro de cuatro vecinos y además receloso de algún insulto, no pasé al registro del terreno hasta hoy día veinticuatro que a las siete y media de la mañana, con un carro tirado por bueyes, salimos al monte de la Hinojera. Me acompañaban mi alguacil, el Escribano Rafael Miguel de la Fuente, P. Damián Cáceres, cirujano del Monasterio y Andrés Martín, cirujano de Valbuena y seis criados del monasterio.
Hallado el cadáver, el alcalde mandó a los cirujanos que le pulseasen y vieren si estaba muerto y expresaron en voz alta: sí lo estaba. Le registraron y hallaron dos huecos de balas de arma de fuego en forma de aspa. Revisaron las inmediaciones donde vieron bastantes granos de cebada y huellas de caballerías mayores donde habían pasado la noche. Puesto en el carro el cadáver le condujeron al monasterio por ser el sitio más seguro. Llegaron a las once de la mañana al monasterio y se colocó, bajo vigilancia, en la portería para ver si alguna persona le conocía o podía dar razón del Chafandín.
Ya en la portería, los dos cirujanos hacen un nuevo reconocimiento aflojándole sus vestiduras exteriores e interiores y le hallaron con dos heridas penetrantes hechas con arma de fuego, que podía ser trabuco de boca grande. La una al lado izquierdo del cuello por debajo de las clavícula penetrando el esternón y cavidad del pecho, destrozando sus partes contenidas como son el corazón y los grandes vasos hasta salir por la parte posterior de las costillas falsas rompiendo sus ropas y por dilaceración de las partes, reconocen ser de balas o postas. Y la otra al lado derecho de la misma parte un poco más alta, con la misma dirección y destrozo y saliendo a las vértebras de los lomos, se extrajo una bala formando las dos balas un aspa y fueron mortales. Acabado el registro médico pasan a describir su figura y vestimenta: el cadáver es de dos varas escasas, pelo castaño rufo, rostro blanco que pica en rojo, lo mismo la barba y cejas, cara ancha, lo mismo la nariz, frente espaciosa, pecho ancho y bien proporcionado y una cicatriz en la mano izquierda. Describen también su vestimenta: se hallaba vestido de chupa de paño negro, especie de chaqueta, chaleco de pana negra con botones negros, otro chaleco de cotonia blanca con botones y ojales negros, calzones de pana negra sin charretera (arrancadas por Pollo), medias negras teñidas, calcetas de hilo delgado, zapatos negros de dos cosidos sin hebillas (arrancadas por Pollo), botas cortas de baqueta anteada, camisa y calzoncillos de tela, pelo castaño largo atado con una cinta negra e inmediato a él un sombrero de 3 picos fino y una redecilla de seda, negra, vieja y rota. Al cuello dos escapularios de Nª Sª del Carmen, uno bordado y otro llano, en la faltriquera o bolsillo del lado derecho del citado chaleco de pana catorce reales en tres pesetas, un realillo y otro de diez cuartos y medio, en la faltriquera izquierda de los calzones una la esquela escrita por los compañeros, es Chafandín. El Alcalde y varios testigos afirman, sin lugar a dudas, que se trata de Antonio Barroso, alias Chafandín.
Recogidos todos los datos por el escribano, el alcalde el día veinticuatro los envía a la Real Chancillería de Valladolid y el día veinticinco nombran al Receptor Blas Fernández Guerra para que vaya inmediatamente al monasterio de Valbuena y recoja autos y toda información sobre la identidad del cadáver de Antonio y cuanto en forma proceda hacer y se le dé sepultura eclesiástica y de que ha sido el autor el Pollo y demás conducente y evacuado, se dé cuenta a la Sala. El veinticuatro por la noche le guardaron en el salero, bajo llave, que tenía el P. Damián Cáceres, (médico del Monasterio). Estuvo muerto desde las doce del día veintitrés hasta las cuatro de la tarde del día veinticinco. Siempre con la debida vigilancia. No querían darle sepultura hasta que llegara resolución del Gobernador y Alcaldes de la Sala del Crimen de la Real Chancillería pero por los síntomas de corrupción y que ya empieza a exhalar algunos hálitos que podían contagiar al monasterio, en donde al presente hay bastantes enfermos de la epidemia general, se le dé sepultura en este día en la Parroquial Iglesia de este monasterio. Pasan recado al P. Abad que ordena se entierre con la debida solemnidad.
A las cuatro de la tarde del día veinticinco prepararon el cadáver tres criados del monasterio, le sacaron los calzones de pana, botas, medias, calcetines y zapatos y no la chupa por no poderse, sin embargo de las diligencias que se hicieron y se quedó con ella y con los dos chalecos de pana y cotonia, escapularios, camisa y calzoncillos y puesto en un tablero, habiendo salido a recibirle el monje-párroco P. Santiago del Valle, revestido y con su cruz parroquial, asistido de los PP. Ángel Salmón, Aledo de Ibarguen e Isidoro Nuño, con sus luces, rezándole sus exequias, fue conducido a la parroquial de este monasterio con la mayor solemnidad y se le dio sepultura en la iglesia de los seglares, bajo el coro, según se entra por la puerta principal de la iglesia a la izquierda con lo que se concluyó. Blas Fernández Guerra llega al monasterio el mismo veinticinco a las siete de la tarde, después de celebrado el funeral.
Las ropas quitadas se reservaron como testigo. El alcalde las recogió y guardó para dárselas al Receptor de la Real Chancillería donde se guardaron. El párroco levanta acta en el libro de difuntos que literalmente dice:
(al margen) Antonio Barroso, alias Chafandín. ( texto) En 25 de Noviembre de 1800 di sepultura eclesiástica en la Iglesia Parroquial de este Monasterio a Antonio Barroso (alias Chafandín) a quien se halló muerto en el término y jurisdicción de este Monasterio llamado la Hinojera el día 24 de dicho mes y año en virtud de noticia reservada que el Sr. Nicolás Repiso, Alcalde Mayor de esta jurisdicción, tuvo el día inmediato antecedente. Por ser verdad lo firmo a 26 días de dicho mes y año. Fr. Santiago del Valle. Rubricado.
Pero añade una NOTA:
El día 23 del referido mes y año, tuvo el P. Abad una carta de D. Santiago Ortega, cura de la villa de Valbuena, en que avisaba reservadamente a su Paternidad, cómo en el monte y jurisdicción de este Monasterio, había un hombre muerto. En vista de esto avisó su Paternidad a Nicolás Repiso, alcalde Mayor de esta jurisdicción, quien con las insignias de Justicia, acompañado del Alguacil y otros varios sujetos halló en el lugar que expresa la partida de su entierro. Se llamaron a Andrés Martín y a Fr. Damián Cáceres, cirujanos aquel de la villa de Valbuena y este de este Monasterio para que le registrasen, por lo que efectuado por ante los susodichos y Rafael Miguel Núñez, escribano de Piñel de Abajo y de esta jurisdicción, declararon haber muerto de dos balazos que le dieron en el pecho y lo trajeron a la portería de este Monasterio, en donde estuvo todo el día, se recogió por la noche y al otro día se volvió a poner en el mismo puesto hasta las cuatro y media de la tarde en que se le dio sepultura y en cuyo intermedio se hizo la correspondiente información judicial, la que Blas García Guerra, Receptor de la Chancillería de Valladolid, enviado por esta parte por la información del caso, del que se le había dado parte, unió a la que hizo en los días 26 y 27 de dicho día, mes y año, llevando consigo las bragas, botas, medias y redecilla del difunto y 14 reales y cuartillo que se le encontraron en una faltriquera el día 24 del dicho día, mes y año. La Justicia de Valbuena, avisada por el referido D. Santiago Ortega, salió para la raya de la jurisdicción de este Monasterio para ver si estaba en su término y viendo que no estaba, no hizo más diligencia. A esta NOTA se debe dar la misma fe que a las partidas antecedentes. Por ser verdad lo firmo Noviembre 29 de 1800. Fr. Santiago Valle. Rubricado.
Estos documentos demuestran con toda claridad la muerte de Antonio Barroso, alias Chafandín por su compañero Ángel Fernández Salamanca, alias Pollo. Así se informa igualmente a la Sala del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid. El día veintiséis el Receptor presenta sus credenciales al alcalde del monasterio que se da por enterado y que le ayudará en todo. El día treinta es entregada en las Salas del Crimen por el Receptor toda documentación adquirida. Su Majestad el Rey Carlos IV ordena a todas las justicias, concejos, comunidades y personas particulares a quienes pidiereis orden, hagan dar el que menester hubiereis, cárceles, prisiones seguras, posadas que no sean mesones y los mantenimientos necesarios con justos y moderados precios, traer y llevar vara alta de nuestra real justicia, armas ofensivas y defensivas excepto puñal. Se da comisión a Bernabé Fernández de Velasco, abogado y vecino de Tudela de Duero para que pase por el Monasterio de Valbuena y demás partes a tomar los correspondientes informes de las personas que tengan conocimiento de Antonio Barroso, alias Chafandín y hacerles comparecer en el mismo monasterio para que puedan identificarle y así se perfeccione el sumario para la mejor comprobación de su identidad y autor de su muerte. Recibido el correo por el abogado de Tudela, aunque deseoso de dar el más exacto cumplimiento, adjunta certificado médico de que lleva cuarenta y dos días en cama postrado con una grave enfermedad hemorroidal y se halla sacramentado desde el día tres.
Comienzan las declaraciones para estar ciertos de que el muerto y enterrado es Antonio Barroso, alias Chafandín y si ha sido muerto por Ángel Fernández Salamanca, alias Pollo.
Los primeros en declarar son todos los asistentes del monasterio: Alcalde, médicos, obreros del monasterio, Prior y obreros de la Granja de Castrillo, Cura y autoridades de Valbuena. Un criado del monasterio, que había andado al carboneo, vio tres veces en la casa del guarda de la Sinova a seis o siete hombres con sus caballos y muchas armas de fuego que llegaban al anochecer y marchaban al amanecer y entre ellos iba uno que los mismos compañeros llamaban Chafandín por lo que y tener noticia de lo muy temible que era pos sus muchos robos, le puso especial cuidado y miró con atención y respeto, sin quedarle duda era el mismo que ya cadáver había visto expuesto en las cercanías del monasterio. Fernando Barrio, criado del Monasterio de Moreruela, que estaba de paso ese día, reconoció que el cadáver expuesto por su rostro, señas y estatura no le quedaba la menor duda era el llamado Antón, cuyo apellido ignora, por mote Chafandín que le parece era natural de Rioseco y se crio en la venta de Almaraz donde estuvo su padre llamado el Palomo y desde ella pasó a la nombrada de Costilla donde le trató y le sirvió aguardiente, hará como tres años poco más o menos.
También son citados el guarda de la Sinova, su mujer y familia y demás personas que tuvieren noticia del Chafandín. Ante el escribano declaran que de medio año a esta parte han entrado bastantes veces no hace memoria cuántas diferentes hombres trayendo cada uno su caballo con muchas armas de fuego, unas veces al anochecer y otras a media noche pidiendo con mucha fuerza e insistencia se les abriese la puerta y si no lo hacían por bien seria por mal y darles de cenar y beber y temerosos de recibir algún insulto, yendo unas veces tres y otras cuatro finalmente hasta seis. Salían antes de amanecer y de día, nosotros nunca les oímos sus nombres, apellidos ni apodos, pues solo lo hacían de hermanos, criados y tíos y no puede dar razón de quienes eran, que eran pequeños de estatura a excepción de uno que era muy alto, tiene, por voz pública, que ha aparecido uno muerto diciendo que es Chafandín y que desde alrededor de los Santos no les ha vuelto a ver ni sabe dónde está ni le conoce a Chafandín.
También debe personarse el montaraz o montanero del monte de Almaraz cerca del monasterio de Hueso. Inmediatamente parta un escopetero con la competente certificación para que, sin la menor escusa, se venga en su compañía dicho montaraz, apremiándole a ello la justicia en caso necesario por todo rigor y se presente a dicho comisionado para igual reconocimiento y declaración. El guarde era nuevo y nada sabía, pasaron por todas las casas del pueblo y en el mesón y nadie dio información alguna. En Urueña preguntaron en todas casas y no le conocen porque hace más de diez y seis años que falta de Almaraz donde se crio.
Otra certificación debe enviarse al alcalde mayor de Benavente para que haciendo comparecer ante si a los padres, hermanos, parientes y conocidos del mismo Antonio Barroso que parece viven en el lugar de Otero de Sariegos, haga que den razón circunstanciada de las señas que este tuvieren y se pueda formar cabal idea de su identidad, extensiva su declaración a si saben, han oído o tienen alguna noticia del citado Antonio Barroso. Comparecen su padre Manuel Barroso, alias Palomo, su hija Antonia Barroso y su marido José Antonio Castellanos que tienen el mesón en Benavente y dicen que ellos se han enterado por el Pericuco, pañero de Astudillo. Que hace tres o cuatro años que no saben nada de él, que podrá tener veinticuatro años, poco más o menos, de dos varas, grueso, blanco de color, pelo cortado acastañado, la nariz ancha, la boca pequeña y que ha muerto en un lado de Valladolid.
Todas las informaciones son necesarias y por eso recurren a Gregorión y Rechiles que están en la cárcel. El día seis de diciembre toman declaración en la cárcel a Gregorio Leonardo, alias Gregorión, que afirma le conoce desde pequeño, que es hijo de Manuel Barroso a quien conoció ventero en la venta de Villafáfila con el nombre de «Costilla», por llamarse así su dueño, que en dicha venta siendo el testigo muchacho comió muchas veces en compañía de él y de sus padres, que su edad es de veintitrés años poco más o menos, estatura dos varas menos dos dedos, fresco de rostro y rojo, pelo castaño y crespo, no puedo asegurar en cuanto a los ojos tiran como a garzos, cara redonda, con una cicatriz de bala o posta en el carrillo derecho cerca de la boca, cuerpo proporcionado a la altura, más bien grueso que delgado. Que comúnmente iba vestido de pana negra, con botones negros. Que todo lo que dice es la verdad.
Rechiles se halla preso por formar parte de la cuadrilla que andaba por toda esta tierra de Zamora, la de Toro, Salamanca y otras partes de forma que desde tierra de Ávila iban hasta cerca de Burgos parte de la provincia de León y Valladolid y tenían asilo en todos los pueblos de corto vecindario pero con particularidad la Alquería de la dehesa de Villalpando en donde entraban y circulaban. Que a pocos días de preso el Rojo, que ahorcaron en Zamora, que fue en la dehesa o casería de la Torre, tierra de Salamanca, tomaron todos la dirección hacia tierra de Valladolid y murió en el monte del monasterio de Valbuena.
Ya solo queda examinar la nota aparecida en la faltriquera por lo que citaron a dos peritos que determinaron si la letra correspondía a la de Periquillo.
Todos estos datos contradicen lo escrito tanto en el Compendio Histórico de Salamanca de D. Bernabé Dorado como en la Historia de Salamanca de M. Villar y Macías. Hablan de las cuadrillas de Chafandín, Periquillo, Cubero, Corneta, Patricio y Serrano, que sembraban el espanto y la desolación por donde pasaban; pues llenos de armas, rompiendo puertas y ventanas con pértigas de carros, vigas y otros instrumentos, allanaban las casas, profanaban los templos, violentaban doncellas y maltrataban sacrílegamente á los párrocos. Los unos en los pueblos y el Corneta en la ciudad eran inmunes hasta que el 27 de Diciembre de 1797 D. Antonio Tavira, Obispo de Salamanca, ante el abandono y ayuda de ciertas autoridades informó al Rey.
A primeros de Abril de 1800 llegaba a Salamanca el joven teniente de veinticuatro años Pedro Villacampa Maza de Lizana, con veinte soldado voluntarios del ejército de Aragón, con el mandato oficial de acabar con contrabandistas y bandoleros en toda Castilla la Vieja (se incluía Salamanca y Zamora del reino de León) y acabar con las muchas cuadrillas que la infestan. Rápido apresó al Corneta y Cubero con sus pandas. Cuentan, de una forma muy legendaria, que en el caserío de la Granja Villacampa encontró en una vivienda a Chafandín que disparo pero Villacampa que iba al descubierto lo salvó y volvió a repetir y no le tocó, en cambio Villacampa le respondió y herido le hizo prisionero y le entregó a la Justicia que le condenó a morir ahorcado. Todo esto se escribe para ensalzar a Pedro Villacampa como héroe que salvó de este dolor que tenían los ciudadanos. Chafandín, vivo, huyó al otro lado de Valladolid con seis de su cuadrilla. En Salamanca, con tantos presos, había que tomar una solución: En 1801 se nombra a José Urbina, Conde de Cartojal, como Gobernador Político y Militar de Salamanca, Intendente del Consejo de Indias, con una Real Orden para juzgar a los malhechores en Consejo de Guerra formado por un batallón de catalanes llamados «Blanquillos» y un catedrático de la Universidad de Salamanca. El lunes once de Febrero de 1802, fueron ajusticiados 16 de los facinerosos que por largos años aterraron no solo a Salamanca y su provincia sino a muchos pueblos limítrofes.
Unos familiares de Villacampa escribieron sus memorias para resaltar los méritos de su familiar y dicen que Chafandín murió ahorcado en Zamora.
Chafandín murió el 23 de Noviembre de 1800 en el monte de la Hinojera y su cuerpo está enterrado en el cementerio de seglares de la iglesia del Monasterio de Santa María de Valbuena, según se entra a la izquierda (hoy han desaparecido la señal de las sepulturas).