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Revista de Folklore número

536



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Acepción de los nombres de langosta en la profecía de Joel según el hebraísta Benito Arias Montano

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 536 - sumario >



Resumen:

Las voces hebreas, yeleq, hazzil, gazam y arbé, aplicadas por Joel a los devastadores, son nombres colectivos que designan a los estados epigeos del desarrollo ontogénico de la langosta: el de ninfa, con cinco estadios, para los tres primeros (N1, N2 y N3), yeleq; para los dos restantes (N4 y N5), hazzil; el de imago, en sus dos manifestaciones sexuales, inmaduro de color rosado, gazam, maduro de color amarillo brillante, arbé, el que realiza los llamativos vuelos de emigración y deja las ootecas repletas de huevos en el suelo.

Palabras clave: Acrididae, Acrídidos, Schistocerca gregaria, «langosta del desierto», plaga de langosta

Meaning of the locust names in Joel’s prophecy according to the Hebraist Benito Arias Montano

Abstract:

The Hebrew terms yeleq, hazzil, gazam, and arbé, used by prophet Joel to describe agents of devastation, are common terms that can be interpreted as referring to successive stages in the locust’s life cycle. Yeleq denotes the three early, ground dwelling nymph instars, characterized by intense feeding behaviour, while hazzil to the latter remaining two nymph instars. The adult stage (imago) is represented in two forms: an immature, pink-coloured stage, gazam, and a fully mature, bright yellow stage, arbé, which it is responsible for the dramatic migratory swarms and for depositing oothecae in the soil, completing the cycle of destruction and renewal.

Key words: Acridids, Schistocerca gregaria, «desert locust», locust plague

1. Introducción

La atención prestada desde muy temprano a la Profecía de Joel se acrecentó de tal manera al comenzar la andadura profesional, que durante los más de seis lustros dedicados a la langosta[1] y sus plagas[2]; aquende, por territorio peninsular y canario; allende, en misión de ayuda, por el noroccidental africano (Mauritania, Sahara, etc.), acudimos a ella con asiduidad, porque la secuencia de observaciones en naturaleza aparecía reflejada en los Cap. 1 y 2, respectivamente, del susodicho libro.

El primer impacto fue el sorprendente vuelo de innumerables adultos de dos conocidas especies: aquí, la «langosta mediterránea o marroquí», Dociostaurus maroccanus (Thunberg) (Orthoptera, Acrididae), allá, la «langosta del desierto», Schistocerca gregaria (Forskål) (Orthoptera, Acrididae), que con extremada voracidad causaban notorio menoscabo, sobre la flora presente, herbácea, arbustiva o leñosa; el afanoso discurrir de las hembras por el suelo, una vez fertilizadas en copula, a la procura de lugares apropiados, donde, agrupadas, dejar las ootecas repletas de huevos en orificios horadados con el consistente oviscapto al extremo abdominal, para al cabo rendir la vida.

La subsiguiente aparición de miríadas de ninfas, semejantes al imago, el cual alcanzarán estos insectos de metamorfosis sencilla[3] a la consecución de cinco estadios delimitados por sucesivas mudas que jalonan el paulatino acrecentamiento y desarrollo alar[4], al fin dejan una triste estela, el tapiz vegetal devastado. Ambas especies, no obstante, muestran disímil nocividad, la «langosta mediterránea o marroquí», es monovoltina, tiene una generación por año, la «langosta del desierto» es polivoltina, tiene varias.

La prosecución de estas escenas, a la viceversa, determina una plaga de langosta, la calamidad agrícola advertida desde la Antigüedad Remota, cuya primera descripción, a nuestro entender, se halla en la profecía de Joel, (Vázquez Lesmes y Santiago Álvarez, 1993, págs. 56-59); no obstante, el examen de la literalidad textual aguarda el preciso significado de los cuatro agentes nocivos denunciados en el mentado libro. En consecuencia, el presente estudio tiene como objetivo la singularización de cada uno de aquéllos ateniéndonos al sentido del nombre asignado por Joel, con la ayuda de la exégesis publicada en 1571 por el hebraísta Benito Arias Montano.

2. Prolegómeno

Los causantes de la devastación están señalados de manera explícita tanto en el 1º como en el 2º capítulo, dos traducciones ex hebreo propician el acceso a ellos[5] la renombrada griega de los LXX o Septuaginta (B.R. vol.4, pág. 769) aparecida hacia el 250 a. de C:

(Joel, 1,4)

«τὰ κατάλοιπα τῆς κάμπης κατέφαγεν ἡ ἀκρίς,

καὶ τὰ κατάλοιπα τῆς ἀκρίδος κατέφαγεν ὁ βροῦχος,

καὶ τὰ κατάλοιπα τοῦ βρούχου κατέφαγεν ἡ ἐρυσίβη,»

(Joel, 2, 25)

«καὶ ἀνταποδώσω ὑμῖν ἀντὶ τῶν ἐτῶν ὧν κατέφαγεν

ἡ ἀκρὶς καὶ ὁ βροῦχος καὶ ἡ ἐρυσίβη καὶ ἡ κάμπη,

ἡ δύναμίς μου ἡ μεγάλη, ἣν ἐξαπέστειλα εἰς ὑμᾶς.»

y, ya en la era cristiana, la latina, conocida por Vulgata (B.R. vol.4, pág. 768), realizada por San Jerónimo:

(Joel, 1,4)

«Residuum erucae comedit locusta,

et residuum locustae comedit bruchus,

et residuum bruchi comedit rubigo.»

(Joel, 2, 25)

«Et reddam vobis annos quos comedit

locusta, bruchus, et rubigo, et eruca;

fortitudo mea magna quam misi in vos.»

Los cuatro sustantivos, de ambas lenguas, guardan correspondencia unívoca: κάμπης/erucae, ἀκρίς/locusta, βροῦχος/bruchus y ἐρυσίβη/rubigo, se supone que refieran de algún modo a la langosta, aunque su significación resulta incierta, los tres primeros aluden a insectos fitófagos, el último a un hongo fitopatógeno, no obstante, el segundo la señala de manera clara; esta atávica situación ambigua ha perdurado dado que los comentaristas antiguos se refugiaron en el sentido alegórico para la interpretación (Dennefeld, 1925; Löss, 2004, etc.), sin ahondar en la importancia y valor de las voces hebreas.

Allá por el Medievo comenzaron las traducciones de la Biblia a las lenguas modernas, un audaz intento en el que se aborda, con mayor o menor acierto el traslado de los nombres dados por Joel a los cuatro causantes de la devastación. Un análisis, en modo alguno exhaustivo, de las traducciones al romance, en su mayor parte ex hebreo, resulta lo suficientemente ilustrativo a este respecto, por lo que obviamos el recurso a las traducciones en otras lenguas.

3. Las biblias medievales romanceadas

3.1. La fazienda de ultramar (Almerich, s. xii)

(1,4) «Remasalla de [oruga] comio la langosta, [e remasalla de la langosta] comio el brugo[6], e(l) la remasalla del [fol. 71r] brugo comio […], e ço es dicho de la destruction.» (Moshé Lazar, 1965; pág. 186)

Esta es una traducción ex hebreo, un documento de finales del siglo xii, pero Almerich no se aleja de la de San Jerónimo sin embargo aporta a nuestro léxico la voz brugo; por otro lado, mantiene el uso del pretérito simple para la actividad alimenticia de los cuatro de lo que se desprende que la realizan de manera consecutiva.

3.2. General estoria Parte tercera (Ms.6. RAE) (Alfonso X el Sabio, 1270)

(1, 4) «lo que finco ala oruga[7] comio la langofta,

y lo que fobro a la langofta comiolo el bruco[8]

que fon los fus fijos dela langofta,

y lo que al bruco la rroviga[9]» (fol. 307v)

(2, 25) «y darvos he los años que comio la langofta

y el bruco, que son los fijos della, y la rroviga

y la oruga la mi fortaleza es grande, la que yo enbie en vos,» (fol. 309v)

se trata de una traducción ex latín, la única que vamos a considerar, no se aparta de la de San Jerónimo, pero nos enriquece el léxico con tres términos, oruga, bruco y rroviga, además de resaltar la conexión que existe entre ellos, al menos entre dos elementos de la tétrada: «el bruco que fon los fus fijos dela langofta»; por otro lado, mantiene el pretérito simple, la acción alimenticia de los cuatro se realiza de manera consecutiva.

3.3. Biblia de Alba (Arragel, 1422-1433)

El Rabi Mosé Arragel de Guadalfajara la traduce del hebreo al romance a petición del Maestre de Calatrava D. Luis de Guzmán por ello se dice que es la «traducción de un rabino, en sentido católico»; el primer libro comienza con el controvertido aserto «DE UNA GRANDE LANGOSTA QUE OUO EN TIEMPO DESTE PROFETA».

(1,4) «El remanente que dexare el erute[10] comera

la langosta, e lo que remaniere de la langosta

comera los brucos, e lo que remaniere de

los brucos comeran los rubigos[11].»

(2,25) «E pecharvos he los años que comio la langosta,

e bruscos e rubigo e erucha[12], la mi gran fuerça

e hueste que enbiado vos oue.»

aunque el rabino Arragel realiza una traducción ex hebreo, tampoco se aparta de la de San Jerónimo, encontramos tres voces, erute, rubigo y erucha; sin embargo, emplea el futuro de subjuntivo para los verbos, «dexar» y «remanir», y el de indicativo para el verbo «comer», por eso en la Glosa nos dice que se trata de cuatro especies de langostas que actúan en años sucesivos.

3.4. Biblia E3 (s. xv) (Escorial I.i.3)

(1,4) «Lo que sobro al gazam, comio el arbe;

& lo que sobre al arbe, comio el yaleque;

& lo que sobro al yaleque, comio el haçil.»

(2,25) «E pechare avos otros los annos que comio el arbe

& el yeleque, & el heçil e el guasam, la mi hueste grande

que enbie contra vos otros»

en esta traducción ex hebreo, aparecen transliterados los nombres hebreos de los cuatro agentes devastadores sin ninguna otra información; emplea el pretérito simple.

3.5. Santillana (BN, mss 10288 y 9556); (s. xv)

(1,4) «Lo que quedo de la langofta, dicha gazam,

comiolo la langofta, dicha arbe; e lo que quedo

de arbe, comiolo la langofta, dicha yalech; e lo que

quedo de la langofta yalech, comiolo la langofta haçil».

(2, 25) «E pagar vos he los años que comió la lagosta

dicha arbe, & yelech, & açil, & gazam,

mi grand hueste que envié en vós.»

3.6. RAH 87 (s. xv)

(1, 4) «Lo que quedo de la langofta dicha gagam comio la langofta dicha arbe, i lo que quedo de arbe comiolo la langofta dicha yalech, i lo quedo de la langofta yalech comiolo la langosta haçil.» (fol. 227v)

(2,25) «E pagar uos he los años que comio la langofta dicha arbe, i yelech, i haçil i gasara mi grand hueste que enbie en uos.» (fol 229v)

pero en estas dos ex hebreo, también del s. xv, que son idénticas, hallamos una valiosa constatación, el sustantivo langosta precede a los cuatro nombres hebreos.

Los nombres dados por Joel a los cuatro causantes de la devastación trasladados al romance en el limitado conjunto de las biblias medievales romanceadas analizado, aunque en general hacen referencia a la langosta, no responden con certeza a las preguntas: ¿se trata de diferentes especies de langosta o de los diferentes estados del desarrollo ontogénico de la misma?; no obstante, hallamos un atisbo de respuesta a esta segunda en la General Estoria.

4. Las biblias renacentistas en romance

Dos renombradas biblias en romance de la segunda mitad del siglo xvi atraen nuestra atención, pero nada provechoso hallamos en ellas:

4.1. Biblia de Ferrara (1553)

(1,4) «Refto de la langofta comio el lagoftin

y refto del lagoftin comio la langosta

y refto de de la langofta comio la langosta.»

(2, 25) «Y pagare a vos los años que comio

el lagoftin la langofta y el lagoftin y la langosta

mifonfado el grande que embie en vos»

La traducción de los versículos Jl 1,4 y Jl 2,25 nos parece descuidada, los cuatro devastadores quedan reducidos a dos nombres, langofta y lagoftín que no aportan nada para nuestro objetivo; por otro lado, lagoftín es un término cuestionado sobre el que no procede ahondar en este momento, enviamos al lector a lo expuesto en un trabajo anterior (Santiago-Álvarez, 2017, pág. 16).

4.2. Biblia del Oso (1569)

(1,4) «Loque quedó de la langofta, comió el pulgon,

y loque quedó del pulgon, comió la langofta,

y loque quedó de la langofta comió el pulgon.»

(2, 25) «Y reftituyroshé los años que comió

la langofta, el pulgon: el pulgon, y la langofta,

mi grande exercito que embié contra vofotros.»

La misma consideración hacemos a esta traducción en la que solo aparecen, langosta y pulgón, este término también resulta cuestionado, además de confuso; no obstante, el lector puede acudir a otro de nuestros trabajos (Santiago-Álvarez, 2021, pág. 97 ss) para ilustrarse.

5. La irrupción de Benito Arias Montano

El estudio exegético escrito en latín, «Commentaria in Duodecim Prophetas», publicado en el último tercio del siglo xvi en Amberes, donde se hallaba su autor Benito Arias Montano (1571) ocupado en la impresión de la BIBLIA POLIGLOTA de AMBERES o BIBLIA REGIA, vino a poner orden en la reinante confusión semántica del susodicho libro; pero hasta donde se nos alcanza, nadie ha parado mientes en el comentario al v. Jl. 1,4 «In Ioelis Vaticiniorum Commentaria, págs. 221-284».

Arias Montano destaca el difícil género de oratoria que practica Joel, caracterizado por el constante uso de metáforas y alegorías, para realzar el mensaje y llamar la atención del lector u oyente hacia la gravedad de la situación[13]; por eso nos dice que en el comienzo de la profecía:

«quatuor bestiolarum, ex iis quibus agri atque fruges infestari nimium solent, effigies ita graphice depinxit, (pág. 227, 49-51)»

[«pintó imágenes tan gráficas de cuatro pequeños animales, de esos que suelen infestar en exceso campos y cosechas,»]

en estas líneas, a modo de introito, nuestro autor, de manera explícita, ya discurre por los considerandos de plaga, una abundancia de animales fitófagos que asuela los campos; no obstante apostilla:

«ita ad vivum earum notamenta expressit, ut multi ex commentatoribus id sibi solum negotii dari crediderint, ut quam optime has, quae primo occulis oblatae sunt, immagines lectoribus indicarent, et rem ipsam ad simplicem famem et sitim, (pág. 227, 49-54)»

[«y expresó tan vívidamente sus características, que muchos de los comentaristas creyeron que su única tarea era mostrar a los lectores lo mejor posible estas imágenes, que primero se presentaban a los ojos, y comparar la cosa en sí con la simple hambre y sed.»]

sin embargo, como él tiene una firme convicción al respecto, estos comentarios en nada le empecen para proseguir en su empeño, por eso a renglón seguido arguye:

«Nunc vero antequam rem ipsam explicemus, nominum ratio ipsa aperienda est (pág. 228, 1-2),»

[«Ahora bien, antes de explicar el asunto en sí, debemos aclarar el significado de los nombres,»]

algo que resulta fundamental para llegar a su conocimiento[14]; además lo realiza de manera deliberada:

«(cum nos latina nomina ad singulas res accommodata fugiant) (pág. 228, 1-2)»

[«(ya que nosotros evitamos los nombres latinos adaptados a cada uno)»]

porque no se siente plenamente autorizado para hacer una traslación directa; por eso dice que:

«quam descriptione potius & efficientiae notis quam verbis reddemus; quae ratio ab hebraicis verbis, ex quibus nomina singulis generibus facta sunt, nobis est petenda. (pág. 228, 2-4)»

[«lo explicaremos más bien mediante descripciones y características de su naturaleza que con palabras exactas, y esta razón debe ser buscada en los vocablos hebreos a partir de los cuales se han formado los nombres para cada género.»]

Arias Montano recurre a la Biblia Hebrea porque para él «la lengua hebrea es la lengua de la creación, la “lengua natural” en la que los seres animados e inanimados del universo han recibido sus nombres, y la que responde a la naturaleza misma de las cosas». En ella busca «las propiedades de esas cosas, su naturaleza y esencia». (Belda Plans, 2017, pág. 52; Sáez-Badillos, 1997, págs. 347-348) pero, además, acude a la observación, por eso proclama con firmeza:

«Igitur quatuor insectorum naturas, hoc in loco appellat, Gazam, Arbe, Yeleq, Hhazzil, quorum nomina non tam figuras, quam efficientiam, & nocendi vim explicant. (pág. 228, 4-6)»

[«pues bien, en este lugar se refiere a cuatro naturalezas de insectos, a saber, Gazam, Arbe, Yeleq y Hhazzil, cuyos nombres no explican tanto sus formas, como su eficacia y poder de dañar,»]

aquí deja aclarada la primera cuestión, se trata de insectos. Las palabras hebreas nos las proporciona en nota marginal en el texto, por otro lado, las transliteradas ya las inserta, en letra cursiva[15], en la Biblia de Santes Pagnino por él enmendada dispuesta en el vol. 7 o Apparatus de la BIBLIA REGIA, publicada bajo su dirección:

(1,4) «Refiduum Ghazam comedit locufta,

& refiduum locuftae comedit, Ielec,

& refiduum bruchi comedit chasil (pág. 139)»

(2,25) «Et reddam vobis annos quos comedit

locufta, bruchus, & chasil, & Ghazam,:

exercitus meus magnus, quem mifi in vobis.(pág. 140)»

pero además, por sus muchas lecturas y los amplios conocimientos adquiridos hasta la fecha, completa el aserto con una irrefutable afirmación:

«omnia autem in locustarum genere contineri constans omnium Hebraeorum sententia est. (pág. 228, 6-7)»

[«pero es opinión unánime entre los Hebreos que todos se incluyen en el género de las langostas.»]

por medio de la cual, certifica con rotundidad a qué insectos nos enfrentamos. Estos en modo alguno resultaban extraños para él pues nuestro territorio peninsular goza del notable privilegio de haber padecido plagas de langosta con acusada frecuencia desde los tiempos más remotos. La primera de la que tenemos constancia documental ocurrió hacia el año 846 de nuestra era (Vázquez Lesmes y Santiago-Álvarez, 1993, pág. 60); ahora, Arias Montano, a modo de coda, añade una valiosa aportación personal fruto de la sagaz observación:

«Commune autem id omnium locustarum ingenium est, ut motu suo ulterius semper procedant, & obvia quaeque pascendo devastent, sed nocendi tamen genere singula inter se differunt, (pág. 228, 7-9)»

[«sin embargo, es común a todas las langostas la condición de avanzar siempre más allá con su movimiento, y devastar todo lo que encuentran a su paso, comiendo; pero difieren entre sí en el tipo de daño que causan.»]

en suma, completa la caracterización con la inherente movilidad que las anima en su afán devastador, por otro lado, indica que para la discriminación de cada uno de ellos debemos prestar atención al tipo de daño que originan; esto unido a toda la información desvelada, nos facilitará comprender el significado de los nombres asignados por Joel a cada uno de ellos para así singularizarlos.

Antes de seguir adelante es necesario, no obstante, añadir un apunte biográfico para afirmar que nuestro autor no está desprovisto de autoridad en la materia. Benito Arias Montano nació en 1527 en Fregenal de la Sierra (Badajoz), con apenas 18 años, en 1546, comienza los estudios de Humanidades (Artes) en Sevilla (Belda Plans, 2017, pág. 8); año en el que se vio en esta ciudad «tanta multitud de langoftas que fe tuuo por grandífsimo temor que afolaran toda aquella tierra. (Illescas, 1583)[16]», la visión de tan calamitosa situación causó en el joven fregenalense una indeleble impronta que ahora, cuando frisa la cuarentena, la rescata y plasma en el comentario al controvertido versículo Jl 2.20[17]:

«Locustarum natura est, ut perpetuo motu procedat; & ubicunque insederit, omnia vastet, neque antea quiescat, quam aut in vastam solitudinem, aut in obiectum mare devenerit, ubi aut fame pereat, aut aquis demersa intereat.» (pág. 254: 10-13)

[«La naturaleza de las langostas es avanzar en perpetuo movimiento; y dondequiera que se posen, todo lo devastan, y no descansan hasta que llegan a un vasto desierto o al mar, donde perecen de hambre o se ahogan en las aguas.»]

de igual modo constata el impresionante espectáculo que de manera inesperada tuvo ante sus ojos:

«vidimus nostro tempore huius rei exempla, cum superioribus diebus harum bestiarum copia ingens Bethicam nostram summa cum agrorum pernicie invasisset, annis a Chrifto nato 1547.1548. quae tandem Deo iam hominibus placato in occidentali periit Oceano, sed bona etiam pars agricolarum diligentia & civitatum industria capta flammisque exusta fuit, quemadmodum & paulo ante in Africa & Fessae regno accidisse, ex Clenardi qui tunc Fessae agebat, literis & aliorum relatu accepimus.» (pág. 254: 13-18)

[«Hemos visto ejemplos de esto en nuestro propio tiempo, cuando en días pasados una gran multitud de estas bestias invadió nuestra Bética con gran destrucción de los campos[18], en los años posteriores al nacimiento de Cristo, 1547-1548 que, finalmente, aplacado Dios con los hombres, pereció en el océano occidental, pero también una buena parte fue capturada por la diligencia de los agricultores y la actividad de la ciudadanía y fue quemada, como también ocurrió un poco antes en África y en el reino de Fez, según nos informan las cartas de Clenardo[19], que entonces gobernaba en Fez, y de los informes de otros.»].

Los conocimientos adquiridos sobre la langosta por nuestro autor los hallamos sintetizados de manera correcta en su obra póstuma, la magna Naturae Historia (Arias Montano, 1601; pág. 307):

«Locustarum complura, uti dicebamus, genera sunt, in iis quae nomen certum habent adscriptae, omnibus turmatim incedere commune est, & contento itinere ulterius procederé ad extremum usque vitae, quae brevis esse solet: studium vero & ingenium non rodendi ac devorandi tantum, sed quoquomodo absumendi & vastandi plantarum genus omne quacumque iter fiat: idque nullius ducis exemplo aut iussu; sed certo singulorum consensu, magnaque pertinacia.»

[«Hay muchas clases de langostas, como decíamos, y en aquellas que tienen asignado un nombre determinado, es común que se muevan en escuadrones y continúen su marcha tranquilamente hasta el final de su vida, que suele ser corta: pero el empeño y la índole no es solo de roer y devorar, sino de consumir y arrasar de cualquier modo todo género de plantas por dondequiera que pase, y eso sin ejemplo ni orden de ningún jefe; sino por acuerdo firme de cada una, y con gran obstinación.»]

habla de abundancia poblacional y de la agregación, recrea el cuadro que se observa en la naturaleza, el avance continuo de las bandas de efectivos hasta la culminación final de su corta vida; por otro lado, durante esa marcha ordenada, sin jefe a la cabeza[20], se consuma la acción devastadora, la plaga. Una vez superado el inciso, retomemos el discurso en el punto donde lo habíamos dejado, vayamos por tanto a la explicación del sentido de cada uno de los nombres:

Gazam (גזם):

«nam gazam durioribus dentibus valet, ita ut arbores etiam corrodere possit, sicut scriptum apud Amos[21] est: Et olivas vestras comedet gazam. (pág. 228, 9-10)»

[«porque el gazam es fuerte con dientes muy duros, de modo que también puede corroer árboles, como está escrito en Amós: Y el gazam comió vuestros olivos.»]

La voz Gazam considerada una palabra hebrea tardía (Bodenheimer, 1928, pág. 37), la registramos tan sólo tres veces en los Textos Sagrados: en Joel 1:4; 2:25 y Amos, 4:9, (Tabla 1), lo que sugiere presencia efímera en campo del insecto así nombrado, por lo que de manera fortuita causó sorprendente impacto visual a Joel quien le adjudicó este nombre, y también a Amos.

El carácter de individuo fornido con las piezas del aparato bucal masticador endurecidas («durioribus dentibus»), con capacidad para alimentarse no solo de plantas herbáceas, sino también de las de porte leñoso («arbores etiam corrodere possit») o arbustivo, señala a ejemplares que han completado el desarrollo, imagos; todo lo cual queda afirmado con la cita del Profeta Amos, además de advertirlo la etimología del término[22].

Los imagos recién emergidos de la «langosta del desierto», S. gregaria, la que tradicionalmente ocasiona estragos por el territorio de Judea (Avidov y Harpaz, 1969; Bodenheimer, 1950-1951), permanecen con limitada actividad mientras se endurecen los tegumentos, poco a poco comienzan a caminar, aletear localmente y saltar, luego realizan vuelos sostenidos a lugares alejados del punto de emergencia, e incluso pueden emigrar muy lejos; pero todo ello, a la procura de alimento para la acumulación de reserva grasa, así como explorar un hábitat con las condiciones ecológicas propicias para la reproducción, tan pronto como las encuentran, estos inmaduros sexualmente que muestran color rosado (Fig. 1A), desencadenan los procesos conducentes a la madurez sexual de tal modo que, en un considerable número de individuos, de manera sincronizada, desaparece el color primigenio. Los dos profetas fueron sorprendidos in situ por los adultos recién emergidos de S. gregaria, pero en el lapso de algunos días, sin comprender el cómo ni el porqué, observan que por el espacio se movía una abundante cantidad de individuos de otro color que mostraban una actividad totalmente diferente.

Arbe (אדבה):

«Arbe vero, pro quo, locusta, vertit Latinus, id genus est, quod in Aegiptios agros Mosis tempestate immissium fuit, quod & multitudine innumerabile est, segetesque depascitur, atque radicibus & calamis ipsis maxime insidiatur; nam ipsa vox tum insidiatricem[23], tum multitudinem[24] copiamque sonat, iuxta quam rationem scriptura est[25]: instar locustarum universa complebant, innumera multitudo hominum & camelorum, quicquid tetigerant devastantes. (pág. 228, 11-16)»

[«Pero el Arbe, para el cual el latín traduce locusta (langosta), es ese tipo que fue enviado a los campos egipcios por la tempestad de Moisés, porque es multitud innumerable, y se alimenta de las cosechas, y especialmente ataca las raíces y los tallos; pues la misma palabra denota tanto la idea de insidiar como la de multitud y abundancia, por lo que la Escritura dice: “como langostas llenaron toda la tierra, una multitud incontable de hombres y camellos, devastando todo lo que tocaban”.»]

La voz Arbé, en latín locusta (langosta), aparece veinticuatro veces en los Libros Sagrados (Tabla 1), la primera en el episodio de la octava plaga de Egipto (Ex. 10.4 ss), cuando Moisés hizo venir desde el oriente al territorio por el aire, en vuelo, una innumerable multitud de adultos voraces en extremo que arrasó los campos; por otro lado, cabe destacar su presencia en Lv. 11.22 entre los insectos puros[26] que se pueden comer.

El recordatorio está acompañado por un breve comentario de Arias Montano en el que hallamos el significado de la palabra Arbeh: langosta adulta alada, insidiatricem, emboscadora, dañina, multitudinem, devoradora de cosechas en enjambre, multitud; porque deriva de los verbos arab insidiar, y rabah: multiplicar, crecer (v. n. 24). El fenómeno se emplea como símbolo en otros pasajes de la Biblia, tal en Jc 6.5: «como langostas llenaron toda la tierra una multitud incontable de hombres y camellos, devastando todo lo que tocaban.»

Estos son los adultos maduros sexualmente (Fig. 1B) de color amarillo brillante, que suelen salir volando y descansar en formaciones de compacto escuadrón en tan gran número, que a veces oscurecen la tierra a modo de nube, y a donde quiera que se dirijan con ánimo hostil, arrasan y devastan todo (Arias Montano, 1601, pág. 295); para luego dejar los huevos que darán lugar a una nueva generación y así concluyen su vida.

Yeleq (ילק):

«Yeleq autem ex eodem genere cum fit, praeter copiam & numerum volatu etiam praestat celeriore, & latius hoc genus quam caetera extenditur, pluresque agros celerius conficit: sic enim apud Jeremiam[27] legimus: Adducite equos quasi Yeleq aculeatum, & apud Nahum[28]: Yeleq expansus est, et volavit.» (pág. 228, 16-19)

[«El yeleq, en cambio, siendo del mismo género, además de su abundancia y número, también sobresale por su marcha rápida, y este género se extiende más ampliamente que los demás, y devasta mas campos con mayor rapidez: así es como leemos en Jeremías: llevad caballos como yeleq dañino: y en Nahum: El yeleq se desplegó y desapareció veloz.»]

La voz Yeleq, considerada una palabra hebrea tardía (Bodenheimer, 1928, pág. 37), con elocuente ausencia en Lev. 11.22[29], no obstante hay nueve registros en las Sagradas Escrituras (Tabla 1), el primero en el Salmo 105.34[30] junto con Arbé (langosta), el adulto que deja los huevos en tierra; un acertado comentario (s. iv-v) de San Agustín[31], con conocimiento de causa pues vive en territorio (Numidia) castigado por la langosta, ofrece luz para abordar la interpretación: «Él habló, y vinieron langosta y bruco (yeleq) innumerables. Hay una sola plaga de langosta y de bruco; porque una es la madre, el otro es la cría.».

El sentido de Yeleq expuesto por Arias Montano en el conciso párrafo no se atiene a la etimología de la palabra hebrea[32] porque es consciente de que ese modo de alimentación, «lamer, chupar», no se corresponde con el de este insecto de aparato bucal masticador; él, apoyado en la consideración agustiniana, consciente de la prolificidad[33] de la langosta describe la asombrosa estampa observable en naturaleza. La copia de diminutos individuos surgidos por doquier en el terreno, que se despliegan en marcha veloz sobre el sustrato vegetal del que se nutren, crecen durante el trascurso sin perder su similitud (Fig. 1C) ni abandonar la agregación, así, se expanden por una vasta extensión, aunque a la zaga queda la triste estela de devastación realizada en un corto lapso de tiempo. Nuestro autor refuerza su explicación con dos citas: la primera, Jr 51.27, reafirma la abundancia y el daño; la segunda, Na 3.16, la vastedad y rápida desaparición.

En suma, Arias Montano aplica Yeleq para designar el desarrollo de la ninfa desde que sale del huevo hasta que allá, en la avanzada, en un corto lapso de tiempo ocurre algo incomprensible, porque aun no se tiene pleno conocimiento del proceso metamórfico de insectos; el reemplazo de la multitud de los individuos que marchaban a peón, con pequeños saltos, por otros disimiles, hace suponer que aquéllos desaparecieron veloces, aunque no por el vuelo pues carecen de alas.

Hhazzil (חסיל):

«Porro hhazzil a verbo hhazzall deducitur[34], quod devorare significat, sicut scriptum in lege (Dt. 28) est[35]: Sementem multam sparges in terra, & modicum congregabis, quia locustae iehhazzilu omnia, hoc est, devorabunt. ex quo verbo hhazzil locustae genus voracissimum interpretamur; quod non solum obvias quasque praescindat plantas, sed devoret & absumat. de qua etiam legimus (1R 8)[36]: Fames in terra si oborta fuerit, & locusta & hhazzil (pág. 228, 19-24)».

[«Además, hhazzil se deriva de la palabra hhazzall, que significa devorar, como está escrito en la ley: «Esparcirás mucha semilla en la tierra y recogerás poco, porque la langosta, es decir, iehhazzilu, lo devorará todo». De esta palabra, hhazzil, interpretamos una especie de langosta muy voraz; que no solo corta las plantas que encuentra, sino que las devora y las consume. De lo cual también leemos: Si surgiera una hambruna en la tierra, tanto la langosta como el hhazzil.»]

La voz hhazzil, también considerada palabra hebrea tardía (Bodenheimer, 1928), sin presencia en Lev. 11.22, deriva del verbo hhazzal que significa devorar (v. n. 34), aparece en las Sagradas Escrituras 6 veces (Tabla 1), la primera en 1R 8.37, junto con Arbé (langosta), la gran devastadora así señalada en Dt 28.38 por la forma verbal (v. n. 35), «quia locustae iehhazzilu omnia» [«porque la langosta lo devorará todo»], de donde, Arias Montano, entiende que aquélla denomina a individuos voracísimos que devoran y consumen todas las plantas que encuentra en su camino por el territorio infestado.

La presencia de estos individuos en el medio causa impacto visual, porque entregados a la acumulación de reserva grasa resulta llamativa la voracidad que los caracteriza; además, muestran acentuada disimilitud con los precedentes, de mayor tamaño, con movimiento por salto más espectacular, carentes de alas funcionales, aunque están guarnecidos con unas formaciones, las evaginaciones tegumentarias alares que poco a poco cubren el abdomen (Fig. 1D); al final cuando culmina su desarrollo dan paso al siguiente estado.

Nuestro autor después de haber aclarado el significado de los nombres de los cuatro agentes devastadores desvela la intención del profeta Joel:

«Quare magnam ac diuturnam famem & annonae difficultatem, summamque rei frumentariae inopiam ab his locustarum generibus afferendam praedicit, quae sibi ordine succedentes omnes agrorum fructus funditus erant perditurae. (pág. 228, 24-26)»

[«Por lo tanto, predice que una gran y prolongada hambruna, dificultad para obtener alimentos y una extrema escasez de grano serán causadas por estos tipos de langostas, que, sucediéndose unas a otras en orden, destruirán por completo todos los frutos de los campos.»]

6. Conclusión

Las cuatro voces empleadas por el Profeta Joel, gazam, arbé, yeleq y hazzil, para designar a los causantes de la hambruna que vendrá sobre Judá, hicieron su aparición en los Libros Sagrados de manera asincrónica, a medida que la presencia de cada uno de ellos en la naturaleza originaba impacto visual a la población por su abundancia numérica y consecuentes perjuicios. El primero arbé, en el impactante episodio del Ex. 10.4 &c., el segundo, hazzil, en 1R.8.38 junto con arbé, el tercero, yeleq, en Sal. 105.34, junto con arbé, y por último, gazam, en Jl. 1.4 junto a los otros tres, (Tabla 1): no obstante, la ordenación dispuesta en Joel 1.4 sugiere que cumplen con sus cometidos biológico y ecológico de manera consecutiva pero sin establecer competencia entre ellos ni por espacio, ni por alimento.

El hebraísta Arias Montano (1571) desvela que las susodichas voces son nombres colectivos que en realidad aluden a los estados epígeos (del gr. ἐπί, encima, sobre; γῆ, γῆς, tierra) del desarrollo ontogénico de la langosta, ninfa e imago, en consecuencia, queda por tanto descartado que se trate de cuatro especies distintas que vienen a ocupar el espacio a medida que va quedando vacio.

El estado de ninfa (N), que guarda semejanza con el de imago, tiene encomendado el crecimiento pero, como es de tipo discontinuo, progresa por la sucesión de cinco estadios (N1-N5), con desprendimiento del tegumento externo de uno a otro, cuyo despojo se denomina exuvio (e); el proceso se realiza en dos etapas bien diferenciadas, en la primera están implicados los tres primeros estadios (N1,e1 N2, e2 N3, e3)[37] concluye con el desprendimiento de tres exuvios sin pérdida de la similitud de origen (Fig. 1C), salvo el tamaño, reciben el nombre colectivo Yeleq; la segunda da comienzo desprendido el tercer exuvio (e3), implica los dos restantes estadios (N4, e4 N5, e5)[38], desemejantes con los anteriores (Fig. 1D) pero mucho más semejantes al imago, concluye con el desprendimiento de dos exuvios reciben el nombre colectivo Hhazzil.

El imago aparece tras la quinta muda (e5), o muda imaginal, tiene dos manifestaciones condicionadas por el estado sexual: inmaduro, Gazam, de color rosado (Fig. 1A), o maduro, Arbé, de color amarillo brillante (Fig. 1B), este tiene encomendada la extensión y perduración de la especie en el tiempo y el espacio, facultado para emigrar por el vuelo en enjambres compactos, ocasionar daños y realizar la puesta de huevos.

La singularización de los nombres hebreos nos permite afirmar que las secuencias de Jl 1.4: Gazam, Arbé, Yeleq y Hazzil y de Jl 2:25: Arbe, Yeleq, Hazzil y Gazam son equivalentes; la traslación de Gazam del primero al último lugar en nada afecta a la valoración entomológica atribuida. Esto quedará aclarado en nuestro próximo trabajo en el que abordaremos, con sentido entomológico, el estudio sobre la literalidad textual de la Profecía de Joel.

Agradecimientos

El autor expresa su agradecimiento por los comentarios y ayuda prestada en la confección de las ilustraciones que enriquecen el texto, al Profesor, Catedrático de Universidad, Dr. Enrique Quesada Moraga, a la Profesora, Titular de Universidad, Dra. Inmaculada Garrido Jurado, en el Departamento de Agronomía de la ETSIAM, Universidad de Córdoba (España).

Cándido Santiago Álvarez
Catedrático emérito de Entomología Agrícola
E. T. S. I. A. M. Universidad de Córdoba (España)




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NOTAS

[1] Langosta: voz patrimonial (del lat. locusta), que en insectos se emplea de manera exclusiva para un reducido número de ortópteros acrídidos, con antenas cortas, oviscapto de dimensiones reducidas, comportamiento de agregación, emigración en bandas por el vuelo, y voracidad extrema.

[2] Plaga: abundancia de una cosa nociva que ocasiona un gran perjuicio.

[3]Llamados Heterometábolos (del gr. ἕτερος, otro; μεταβολή, cambio, transformación) porque alcanzan el estado de adulto por medio de una sucesión de estadios activos que se le asemejan; cuando todos estos viven en el mismo ambiente que el adulto, como es el caso, se dice Paurometábolos (del gr. παῦρος, poco; μεταβολή, cambio, transformation)

[4] También se llaman Exopterigotos (del gr. ἒξω, fuera; πτέρυξ, υγος, ala) por el crecimiento alar externo; expansiones tegumentarias que afloran lateralmente por evaginación.

[5] Para las citas bíblicas recurrimos a la BILIA POLIGLOTA de AMBERES o BIBLIA REGIA (B.R.)

[6] brugo: pulgón, especie de gorgojo (glosario); 1ª documentación

[7] oruga: del lat. eruca, 1ª documentación

[8] bruco: ídem. brugo

[9] roviga: robigo, voz latina (añublo de las mieses)

[10] erute, quizá eruga: oruga, voz antigua DRAE

[11] rubigo: voz latina (añublo de las mieses)

[12] erucha: la asimilamos a erute

[13] Las citas textuales las tomamos de Arias Montano (1571), entre paréntesis indicamos pág. y líneas, además, van acompañadas de una traducción libre al romance; también hemos recurrido a la segunda edición, Arias Montano (1583), para la corroboración de las citas y términos hebreos.

[14] Está en consonancia con la sentencia de San Isidoro «Nisi enim nomen scieris, cognitio rerum perit (Etim. I,7», «Si ignoramos el nombre, el conocimiento de las cosas desaparece»

[15] Morreale, 2007 (pág. 232)

[16] Illescas (1583) Segunda parte de la Historia Pontifical y Católica: «En la ciudad de Seuilla, fe vio en efte mifmo año (1546) tanta multitud de langoftas que fe tuuo por grandífsimo temor que afolaran toda aquella tierra. Pero fue tanta la diligencia que fe tuuo en matarlas, y tan continuas las procefiones y plegarias, y otras obras pias que sfe hizieron, que quifo nuestro Señor, que ceffaffe aquella plaga. Quedaron con todo effo los campos llenos de aquella mala fimiente, pero remediofe que no tornafen a nacer langoftas, cogiendo y enterrando hueuos dellas en el Inuierno. (fol. 390v-391r)»

[17] «Et eum qui ab Aquilone est, procul faciam a vobis: & expellam eum in terram inviam & desertam: faciem eius contra mare orientale, etc. ( pág. 252: 30-34)» [«Y yo alejaré de vosotros al del norte, y lo echaré a una tierra intransitable y desierta: su rostro hacia el mar oriental, etc.»], sobre el que no procede detenernos en este trabajo.

[18] La invasión de “nuestra Bética” podría hacernos pensar en una plaga de la «langosta del desierto», S. gregaria, llegada por vuelo desde el Norte de África, no obstante, Illescas (vide supra, n. 16) señalaba a la «langosta común o mediterránea», D. marocanus; lo que nosotros corroboramos de inmediato porque, «en el mes de mayo de 1546 se manifestó en los Pedroches (Córdoba) tanta langosta, que el Cabildo, y Ciudad nombraron sus diputados, para conferir con el Obispo el remedio del mal, que amenazaba a todo el Obispado;» (Gómez Bravo, 1778); la cual tuvo persistencia y expansión como refiere Ramírez de las Casas Deza (1948, pág. 122) pues , en el año 1547 «Fué horrorosa la plaga de langosta que asoló los campos de Andalucía.»

[19] Clenardo (1566). Da cuenta de una plaga de la «langosta del desierto», S. gregaria, de la que fue testigo presencial en Fez en abril de 1541. «Nam hoc anno nobis cum locustis res est, quae multis in locis omnia sata deuorant: vidisses nuper caelum totum obductum agminibus locustarum, ulciscuntur rustici, ut possunt: nam saccos plenos locustis in foro venditant. nam hoc genus hostium hic mos est comedere. Fesae, XII Aprilis, Anno M. D. XLI (pag. 67:4-9)»

[«Este año tenemos un problema con las langostas, que en muchos lugares devoran todos los sembrados: hace poco habrías visto todo el cielo cubierto de enjambres de langostas, los campesinos se vengan como pueden: pues venden sacos llenos de langostas en el mercado. Porque aquí es costumbre comer esta clase de enemigos. Fez, 12 de abril del año 1541.»]

[20] «Regem locusta non habet, et egreditur universa per turmas suas; Pr. 30, 27»

[21] «Percuffi vos in uredine, & in rubigine, multiplicando hortos veftros, & vineas veftras, & ficeta veftra, & oliveta veftra comedit ghazam: & non rediftis ad me dixit, Dominus» (Amos, 4, 9. B.R, vol. 7; pág. 143)

[22]Gazam. Genus locuftae: Joel 1:4 Gazaz* quod fruges tondeat, et excidat. Tharg. Vermis. Hierony. Eruca. [Gazam. Género de langosta: Joel 1:4 de Gazaz, que siega las cosechas, y las arrasa] (B. R, vol. 6, pág. 14a.);

*Gazaz, tondere, succidere, excidere: {Gazaz, segar, cortar, arrasar} (B.R, vol. 6, pág. 14b.)

[23] Del verbo arab in cal & piel Infidiari (B.R. vol, 6, pág. 6.)

[24] Del verbo rabah multiplicari, augeri, crefcere (B.R. vol.6 pág.115a); Hinc etiam arbé, locufta, fic appellata, quod fit species multa: Ex. 10, 4 &c. (B.R. vol.6 pág.115b)» [«De ahí también arbé, locusta, así llamada porque es una especie numerosa: Ex. 10.4 &c.»].

[25] «Ipsi enim & universo greges eorum veniebant cum tabernaculis suis, & instar locustarum universa complebant, innúmera multitudo hominum, & camelorum, quidquid tetigerant devastantes. (Jc 6.5; B. R. vol. 2, pág. 136)»

[26] Es una referencia específica a insectos: Lev. 11: 20-22. (B. R. vol. 1, pág. 368). Se permite comer a la langosta (arbé) porque vuela y salta con las largas patas posteriores.

[27] (Jer 51.27) Leuate signum in terra, clangite buccina in gentibus; sanctificate super eam gentes, annuntiate contra illam regibus Ararat, Menni & Ascanez: numerate contra eam Taphar. adducite equum quafi bruchum* aculeatum. (B.R. vol. 4, pág. 244) * en el texto hebreo encontramos la voz Yeleq

[28] (Nah 3.16) Plures fecisti negotiationes tuas, quam stellae sint caeli, bruchus* expansus est, & auolauit. . (B.R. vol. 4, pág. 842) * en el texto hebreo encontramos la voz Yeleq

[29] Con patas posteriores saltadoras pero carente de alas, no cumple los requisitos de insecto comestible (v. n. 26)

[30] (v. 34) Dixit, et venit locusta, et bruchus* cuius non erat numerus; (B.R. vol. 3, pág. 468) *en el texto hebreo aparece la voz yeleq

[31] «(v 34.) Dixit, et venit locusta et bruchus, cuius non erat numerus. Una plaga est locustae et bruchi; quoniam altera est parens, altera est fetus.» Enarrationes in Psalmos. S. Aurelii Augustini OPERA OMNIA-editio latina “PL 36” Enarrationes in Psalmos

[32] (yeleq) Species locuftae, bruchus: Nah. 3.15. Ioel. 2.25. a id eft, lamberé, lingere, quod herbas lambat. (B.R. vol. 6, pág. 39.)

[33]Ouorum autem numerus ac ratio fic habet. Quibus animantibus poft partum nulla prorfus alendae, fouendae, ac tutandae prolis cura impofita fuit, innumerae fufficiendae fobolis virtus & facultas contigit. [….]. Ceteris vero ouiparis, quae aquatilium negligentiam imitantur, vt locufiis, mufcis, crabronibus, cantharidibus, & fimilis farinae reliquis (in quibus apum exceptam familiam nouimus) abunde copiofa progignendi faecunditas conftat. (Naturae Historia, pág. 305) [El número y razón de los huevos es asi: A los animales que después del nacimiento no se les ha impuesto ninguna preocupación por alimentar, calentar y proteger la prole, les corresponde la virtud y facultad de tener una descendencia incontable. […]. A los demás ovíparos, que imitan la negligencia de los seres acuáticos, como las langostas, las moscas, los tabarros o avispones, las cantáridas, y los demás de harina semejante (entre los que sabemos hay que exceptuar la especie de las abejas) tienen una fecundidad abundante a la hora de procrear (pág. 415)].

[34]hhazzal: Excidit, consumpsit: Cal, Deut. 28.38. Et a consumendo vocatur hhazzil genus locustae, bruchus: 1. Reg. 8.37 sic Joel 1.4. ubi Hieron. Rubigo. (B.R. vol. 6, pág. 31.)

[35] (Dt 28.28) Sementem multam iacies in terram, & modicum congregabis; quia locuftae *deuorabunt omnia. (B.R. vol. 1, pág. 712) * en el texto hebreo aparece la forma verbal iehhazzilu

[36] (1R 8.37) Fames si oborta fuerit in terra, aut peftilentia, aut corruptus aër, aut aerugo aut locufta, vel rubigo*; & afflixerit eum inimicus eius portas obfidens, omnis plaga, vniuerfa infirmitas: (B.R. vol. 2, pág. 530). * en el texto hebreo encontramos la voz hazzil

[37] Ahora se llaman neánidas, (del gr. νεάνις, -ιδος, joven, doncella) (Grandi, 1945; Messina, 1973 y Tremblay, 1991)

[38] Ahora se llaman ninfas s. str. (del gr. νύμφη, novia, mujer joven)



Acepción de los nombres de langosta en la profecía de Joel según el hebraísta Benito Arias Montano

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 536.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz