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Revista de Folklore número

447



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El Vino y el humor

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 447 - sumario >



El humor –ese laxante que nos da la vida– tiene también que ver con el vino; y más concretamente con quienes lo beben. El humor –sobre todo el buen humor– suele acompañar las rondas y trasiegos de los tertulianos en las tabernas, nombre que resulta más lustroso que bar. Incluso tasca y cantina suenan mejor. Al menos a mí, qué quieren que les diga. Y aunque no voy a entrar aquí en disquisiciones sobre el humor, sus orígenes y demás zarandajas académicas –ahí esta Freud para ello–, sí quiero hacer una recopilación –no sé si abrumadora o no– de ese gracejo popular y dicharachero de tantos chistosos anónimos que nos alegran la vida. Vaya por ellos.

Ciertos mancebos, estando cenando, con las demasiadas viandas y abundancia de vino, dispararon las lenguas en decir mal de su rey sueltamente, y no fué tan secretamente que el rey no lo supiese. El día siguiente mandóles llamar á todos ante sí; y preguntándoles si era verdad que ellos habían dicho mal dél, apuntándoles las palabras conoscidas, respondió uno muy avisado:

-Rey, de todo lo que dijeron que dijimos de ti es verdad; y cuenten por cierto que más dijéramos si no se nos acabara el vino[1].

Un caminante entró en una viña para comer uvas. Estándolas comiendo vino la guarda, y pidióle prenda[2]. Respondió el caminante:

-Hermano, yo no soy entrado aquí para comer, sino para cagar.

Dijo la guarda:

-Pues mostrad dónde habéis cagado.

Cansados los dos de ir por la viña, encontraron con un depósito de buey; dijo el caminante:

-Heis aquí donde cagué.

Respondió la guarda:

-No es verdad, porque esa mierda es de buey.

Dijo el caminante:

-¡Fuerte cosa es! Si quiero cagar mierda de buey, heis?[3]

Era un caballero á quien no sabía mal el vino, y estando en conversación con otros, después de haber comido, parescióle á él que fue afrentado del otro caballero, y por esto le desafió que se mataría con él con las armas que quisiere; respondió su contrario que él aceptaba el desafío con tal que no fuese en cueros[4].

Convidado á comer cierto alcalde en Castilla por un grande amigo suyo, y por causa que había de juzgar cierto negocio después de haber comido, bebió muy templadamente. Conociéndolo el huésped, dijo, ya después de comer:

-Si tan comedidamente bebiesen todos los hombres del mundo, barato saldría el vino.

Respondió el alcalde:

-Antes os digo de verdad, que más caro, si cada uno bebiese lo que quería, como yo he bebido lo que he querido, y nada más[5].

Bebía un filósofo en una taberna, y de tal manera, que le vió otro amigo suyo que pasaba por la calle. El que bebía, por no ser visto, se escondía hacia dentro. Visto por el que pasaba, dijo:

-Eso es ponerte más en ella[6].

Había un tabernero, muy diestro en baptizar el vino, con lo cual allegó á tener quinientos ducados, y tomó la dicha cantidad envuelta en un paño colorado, se fue a comprar vino fuera de la ciudad, y por el gran calor que hacía le fue forzado apearse junto á una fuente, á do se asentó y sacó los dineros, y púsolos cabe sí. [7] Viendo una águila que iba volando el paño colorado con que estaban atados, pensando que era algún pedazo de carne, apañó súbitamente dellos[8]. El tabernero, siguiéndola de rastro, vino que se cayeron con el peso tan grande en medio de una laguna de agua, do probó por diversas veces de entrar por ellos. Y por ser tan sobrada de agua determinó dejarlos, diciendo:

-Vaya en buena hora mi bien, que donde salió se volvió[9].

El Cisma de Occidente – que dividió a la Iglesia desde 1378 a 1417– tuvo su origen –como se sabe– en una doble designación papal.

Pues bien. Cuentan que por aquellos años del cisma cierto monarca europeo daba un banquete a sus nobles príncipes. En el transcurso del ágape surgió el tema de los monarcas que no sentían el menor escrúpulo en apoyar ora al papa aviñonense, ora al papa romano, ora al surgido de Pisa[10]. En un momento de la discusión, uno de los presentes preguntó al monarca:

-Y vos, señor, ¿qué decís?

A lo que respondió el aludido:

-Más vino.

Cuentan en San Martín de Trevejo que en una ocasión estaba un vecino del lugar –llamado tío Faustino– en la taberna de Liberato. Y dio la casualidad de que acertó a pasar por la puerta la tía María, su mujer. Al verlo en tal lugar, se le subió el genio a la cabeza y entró en el establecimiento.

-¡Ladrón, más que ladrón! En vez de estar atendiendo al ganado, te estás aquí gastando los cuartos, chupando vino. ¡Que desgracia tengo con este hombre, madre!

Y sin pensárselo dos veces, le cogió la botella y la tiró al suelo. La botella se rompió y el vino se esparció por el suelo.

-Bueno, Liberato, hasta otra –dijo el viejo Faustino sin inmutarse–. Ya conoces el refrán: El que rompe, paga.

Y salió de la taberna, dejando a la mujer con dos palmos de narices.

Cuenta Carlos Fisas[11] que un Viernes Santo el poeta satírico francés Alexis Piron –que decía de sí mismo que no era ni siquiera académico– andaba bebido y dando traspiés por la calle, y un amigo le dijo:

-¿Y no te da vergüenza dar este espectáculo en un día como éste?

-No, pues no es extraño que el día en que la Divinidad sucumbe la humanidad se tambalee.

Según cuenta Emilio Díaz Díaz[12] que hace bastantes años –en el pueblo badajocense de Oliva de la Frontera– vivió un vecino –maletero de profesión– que un día en que estaba algo embriagado, fue invitado afablemente por el tabernero a que se marchase derechito a casa. Entonces el beodo –recordando las curvas y eses que en tal estado se suelen hacer– le repuso:

-A mi casa me iré, pero derechito, no.

Algo semejante sucedió en el pueblo cacereño de Guijo de Coria. Una mujer –ante la tardanza de su marido en acudir a comer– se presentó en la taberna, donde el tal estaba ya con una pítima de primera. La mujer –ni corta ni perezosa– cogió al hombre –poca cosa, por cierto– por el brazo y encaminándolo a la calle, le dijo:

-¡Ala, venga! ¡A dormir a casa!

Y cuentan los que le oyeron, que el marido le replicó:

-A casa me mandarás, pero a dormir, no.

-¿No te da vergüenza venir como vienes? –recrimina la mujer al marido, un día en que éste llega borracho a casa.

-Pues mañana –contestó él– vas a acompañarme... A ver cómo vienes tú.

Un cliente asiduo llega al bar y el dueño –solícito –le dice:

-¡Qué, Luis! ¿Te desabrocho una cerveza?

Dos amigos van por la calle y tienen que apartarse para dejar paso a un borracho:

-Ése –dice uno de los amigos –lleva bien engrasados los ejes...

-Será para que no le llamen abandonao...

Luis Antonio de Vega[13] cuenta que un amigo suyo –Jenaro Palacios–, refiriéndose a un señor que aguantaba poco y mal el vino, le dijo que si dicho señor recibía un telegrama de Valdepeñas, tenían que darle amoníaco...

El mismo Luis Antonio dice[14] que, siendo mozo, Manolo Aranaz Castellanos refirió en la tertulia literaria del Lyon d’Or –de Bilbao– la visita que habían hecho dos vecinos de Arratia a un señor que se llamaba don Celestino Pagazaurtundúa, que era director de una Compañía naviera.

Uno de los aldeanos – prosigue de Vega– hijo del aña[15], hermano de leche de don Celestino, presentaba a uno de sus vecinos, de la anteiglesia de Elejabeitia, que deseaba colocarse en Bilbao:

-Acuático es, don Seles, yo le garantizo. Acuático.

-Eso, ¿qué es?

-Que no está nada tabernizado. Agua sólo bebe.

Don Celestino le miró con desprecio, y preguntó:

-Entonces, ¿para qué sirve?

-Como no está nada tabernizado, para un cargo de confianza o así. Acuático es. Acuático del todo.

Don Celestino exclamó:

-Tú estás loco, ¿verdad?... Quieres que le dé un cargo de confianza a un hombre que no bebe. ¡A la calle!

El señor Pagazaurtundúa –continúa de Vega–, que era un poco bastante partidario de los Fueros, se lamentó:

-¿Y que estas cosas ocurran en Vizcaya!

También cuenta Luis Antonio de Vega [16] que Álvaro Cunqueiro le refirió una anécdota relativa a unos monjes gallegos, el nombre de cuya orden había olvidado. Los frailes deseaban tener el Espasa, pero carecían de numerario para adquirirlo. Quedaron en arbitrar algún recurso que les permitiera comprar a plazos la Enciclopedia. Y uno lo halló. Bastaba con que se privaran del vaso de vino que tomaban en la comida del mediodía.

Los frailes rechazaron la propuesta... Y de Vega añade: «Aun reconociendo la enorme importancia del ‘Espasa’ [...] Pero es que la ausencia del vino español en el convento hubiera mermado la alegría que se debe procurar que haya en todas partes, incluso en las Órdenes más austeras».

Un amigo salmantino me contó lo siguiente:

En un pueblo próximo a la capital charra – del cual no recordaba el nombre– vivió un sastre muy borracho. En cierta ocasión llevó a una casa principal un traje. Cuando se despedía del ama, vio a un lado de la cocina un garrafón de vino. Y como el ama no le ofreciera un vaso, miró hacia donde estaba el recipiente, y dijo:

De aquel rincón

saltó un ratón:

y vino... y vino...

y vino al sastre.

La señora no se daba cuenta de las insinuaciones del sastre, por lo cual el maestro dijo:

-Señora ama. ¿Y vino..., y vino..., y vino anoche el amo?

-No –repuso ella –..., Agua... agua..., aguardándole estuvimos, pero no vino.

Con lo cual desapareció dentro de la casa dejando al pobre sastre en ayunas.

Dicen que un borrachín comió cierto día en un restaurante. Llegados los postres, le llevaron uvas.

-¡Camarero! –exclamó indignado–. ¡Yo no tengo por costumbre tomar el vino en píldoras!

Cierto tipo se encontró en la calle con un amigo que llevaba una mosca de campeonato.

-¡Vaya, Pepe! ¡Hoy sí que la has pescado buena!

-¿Verdad? ¿Pues ya verás como mi mujer todavía le pone alguna pega!

Un sábado Pepe se cogió una castaña de pronóstico reservado, por lo que tuvo que llegar a su casa arrastrándose por las aceras. A la mañana siguiente, le dice un vecino:

-¡Menuda tranca pillaste anoche, ¿eh?

-¿Yo? ¡Qué va! Normalita.

-¿Normalita? ¡Y ha venido esta mañana el dueño de la tasca a traerte la silla de ruedas que te habías dejado olvidada!

Dice un borracho a otro:

-¡Fíjate! ¡Y pensar que yo me casé para así poder tener sexo tres o cuatro veces a la semana!

-¡Toma castaña! –responde el otro– ¡Pues ésa fue la misma razón por la cual me divorcié yo!

Un borracho iba por la calle. Haciendo todo género de malabarismo logró acercarse a la puerta de una casa y tocar el timbre.

-¿Quién es? –preguntaron desde dentro.

-Perdone, señora... ¿Tiene usted marido?

-Si. ¿Por qué?

-Es que... ¿Tendría inconveniente en abrir la puerta y ver si soy yo?

Se encuentran dos amigos que hacía mucho tiempo que no se veían. Y para celebrarlo, decidieron meterse en la taberna más próxima. Cuando tuvieron la botella frente a ellos y las copas dispuestas, uno de ellos dijo:

-¡Brindemos por nuestro encuentro!

-¡Oye! –replicó el otro– ¡A qué hemos venido aquí! ¡A hablar o a beber!

Se dice que el sabio Nostradamus recibió la visita de un alto personaje que pensaba emprender un largo viaje. Debido a las dificultades que este desplazamiento entrañaba, acudía a él en busca de consejo.

–Cuidaos del agua –le advirtió Nostradamus–, pues en vuestro entierro vais a beber mucha agua.

El gentilhombre partió, y en sus desplazamientos procuró no probar más que vino. Pero cierto día, cuando atravesaba un vado, su caballo tropezó y él se vio arrastrado por la corriente. Lo encontraron dos días más tarde... ahogado.

Luis Antonio de Vega[17] cuenta que en uno de sus viajes a Sevilla, un grupo de escritores jóvenes le convidaron a una venta, donde le pusieron un vino «de muy buena madre».

Se lo sirvieron –según dice de Vega– con prodigalidad y lo bebieron sin recato.

–¿Pero es que este vino no emborracha? –preguntó.

-Sí, señor, que emborracha –le respondieron–, pero no tiene prisa; no es galguero.

Según cuenta la Historia, el emperador romano Marco Aurelio Antonino –más conocido como Heliogábalo–, en su corto mandato fue famoso por las orgías desenfrenadas y por los exquisitos manjares que hacía servir en los banquetes que organizaba. Sólo que el bueno de Heliogábalo era algo guasón, pero un guasón poco común, pues –según se dice– en uno de estos banquetes tuvo la feliz ocurrencia de soltar fieras salvajes en el comedor cuando sus invitados estaban ya borrachos...

No se sabe –empero– cuántas bajas se registraron aquel día en el censo romano de los amigos de Baco.

Dos borrachos se entretenían encendiendo y apagando una linterna. Al fin, uno de ellos dirigió el haz de luz hacia el techo y dijo al otro:

–¿A que no eres capaz de trepar por ese rayo de luz?

-¿Crees que no te conozco? –exclamó el aludido–. Tú eres muy capaz de apagar la linterna cuando me veas allí arriba.

Un borracho contempla una noria y exclama:

-¡Qué aparato tan asombroso!

–No le veo el mérito –arguye su compañero.

–Sí, hombre... Si con agua da tantas vueltas, figúrate las que podría dar con vino.

Un borracho lleva parado frente a su casa más de una hora, a la vez que no deja de hacer girar la cabeza. Un curioso que lo lleva observando largo tiempo se le acerca y le dice:

–¡Oiga, amigo! ¿Por qué no entra de una vez en casa?

–Porque estoy esperando que deje de dar vueltas –repuso el otro.

Un borrachín llega a su casa a altas horas de la madrugada, y aunque hace todo lo posible porque su mujer no lo descubra, ésta se despierta y le pregunta:

–¿De donde vienes?

–Según Darwin, del mono –repuso el hombre sin inmutarse.

Al pasar un borracho junto a una casa donde tenía lugar el velatorio de un difunto, se le cayó la botella que llevaba en la mano, rompiéndosele en mil pedazos. Afectado por tan sensible pérdida, arrancó a llorar, y una señora que salía en ese momento del duelo, le preguntó:

–¿Familiar?

A lo que respondió el borracho:

–No. De tres cuartos.

Un borracho lleva tiempo intentando que su mujer le abra la puerta, sin conseguirlo.

–Ábreme, que traigo una flor para la mujer más linda.

La esposa, enternecida, le permite la entrada.

–¿Y la flor? –inquiere.

–¿Y la mujer más linda? –responde el borracho.

Del vocabulario de la Irreal Academia de la Lengua

*Ebrio. Nombre que dan los borrachos al río que pasa por Zaragoza.

*Racismo. Discriminación practicada por algunos vendimiadores que se niegan a recoger de los viñedos los racismos de uva negra.

*Tabernícola. Individuo de aspecto troglodita que no sale de las tabernas.

Pensamientos

*El camello es el animal que más aguanta sin beber: no seas camello.

*El vino mejora con la edad. Cierto. Cuanto más viejo me hago, más me gusta.

*El colmo de la botella es resfriarse por dormir destapada.

*Los borrachos ponen cubitos de hielo encima del televisor para congelar la imagen.

*Un borracho y un árbol se parecen en que el árbol empieza por el suelo y acaba por la copa. El borracho empieza por la copa y acaba por el suelo.

*El buen amigo –cuando celebramos una fiesta en casa– nos trae una botella de excelente vino. El gran amigo llega antes de la hora, nos ayuda a prepararlo todo y se queda luego para ayudarnos a recoger los restos de la juerga. ¡Ah! Y no nos trae una botella de excelente vino... ¡Nos trae una caja!

¿Qué le dice un borracho a su hijo recién nacido?

–Bebe[18].

Un borracho dice al tabernero:

–¡Oiga! El agua de este vaso tiene poco vino.

En las últimas elecciones municipales de un pueblo badajocense apareció en una pared la siguiente pintada:

P K B (Partido de los Kurrantes del Bar).

Dos borrachos van por la calle dando tumbos cuando se cruzan con una señora bastante obesa. Uno de ellos dice al otro:

–¡Mira, tú! ¡Un tanque!

La señora, indignada, se vuelve y exclama:

–¡Tanque lo será tu abuela, so borracho!

El borracho añade:

–¡Mira tú! ¡Y es de guerra!

Un borracho va por la calle y se detiene ante una farola y comienza a golpear en él. Un viandante se detiene junto a él y le pregunta:

–Oiga, ¿qué hace?

–Estoy llamando para que mi mujer me abra la puerta.

–Si ahí no vive nadie –le replica el otro.

–Será aquí abajo –repuso el borracho–, porque arriba veo luz.

Otro borracho llega a su casa con un pedo impresionante e intenta abrir la puerta. Su mujer se asoma a la ventana y le dije:

–¿Quieres que te tire la llave?

A lo que responde el marido:

–La llave la tengo yo. Lo que tienes que tirarme es la cerradura.

Dos borrachos salen de un bar y uno dice al otro:

–¡Oye! ¿Tomamos un taxi?

–No, chico. Será mejor que no mezclemos...

Están dos borrachuelos en un bar y uno dice al otro:

–Manooolooo... ¡Deja ya de beber, que te estás poniendo borroso!

Una mujer dice a su vecina:

–Oye, Felisa. Anoche llegó borracho tu hijo y escribió con orina su nombre en la pared de mi casa.

–Sí, Carmela... Pero la letra era de tu hija...

Está un borracho apoyado en una esquina para no caerse. Pasa una muchacha y el borracho le dije

–¡Fea!

–¡Borracho! –le espeta la mujer.

–¡Síii...! Pero lo mío se pasa...

Entra un borracho en una tasca y grita:

–¡Feliz año nuevo!

–¡Pero si estamos en abril! –exclama uno de los presentes.

–¿En abril? ¿Ya estamos en abril? ¡La paliza que me va a dar mi mujer va a ser chica! ¡Nunca había llegado a casa tan tarde!

–Señor –dice un cliente al dueño del restaurante–: Hace como quince minutos que le pedí al camarero una botella del vino de la casa.

–Pues tendrá que esperar al menos otros quince minutos –replicó el otro–, porque el camarero vive bastante lejos.

A altas horas de la madrugada llega un borracho a casa, cantando a todo pulmón.

–¡Cállate! ¿No ves que se va a enterar todo el vecindario?

–¿Y qué? –replicó el marido–. Prefiero ser borracho conocido que alcohólico anónimo.

Un borracho está sentado en una carretera. Un coche de la Guardia Civil se detiene junto a él y le dice:

–¿Qué hace usted aquí?

–Esperando que pase mi casa.

–¿Se burla de nosotros? –le reprende uno de los guardias.

–No, señor. ¿No dicen que la tierra da vueltas? Pues si es así, en algún momento tendrá que pasar mi casa, ¿no cree?

Un policía detiene a un conductor ebrio y le dice:

–¿No se ha dado cuenta de que iba en sentido contrario? ¿Es que no vio la flecha?

–¡Ah! ¿Pero es que hay indios por aquí?

El hombre entra en casa en completo estado de embriaguez a altas horas de la madrugada.

–¿Dónde has estado hasta ahora, mal hombre? ¿Por qué no viniste a dormir?

–Porque no tenía sueño.

Un borracho sube al tren de cercanías. En el mismo compartimiento, una mujer joven amamanta a su bebe a pecho descubierto.

–¡Señora! –dice el beodo–. No se si se lo va a creer, pero su hijo me invitó a desayunar...

Entra un borracho en un bar y dice en voz alta:

–Doy mil euros a quien me lleve a mi casa.

–Yo mismo le llevo, que tengo el coche a la puerta –responde uno de los clientes–. ¿Dónde vive usted?

–¿Usted se cree que si yo supiera donde vivo le iba a dar mil euros por llevarme?

Sube un hombre totalmente borracho al autobús y se fue a dejar caer junto a un sacerdote.

–Hijo mío –le reprende el religioso–. De seguir así irás directamente al infierno

–¡Vaya, hombre! –exclama el ebrio levantándose– ¡Ya he vuelto a equivocarme de autobús!

Dos borrachos se han perdido en una montaña nevada y de pronto ven a un perro San Bernardo con su tonelito de güisqui.

–¡Mira! –dice uno de ellos–. ¡Ahí viene el mejor amigo del hombre!

–¡Sí, es verdad! –exclama el otro–. ¡Y viene con un perro!

Efectos del alcohol, causas y soluciones posibles

1. Si tiene los pies fríos y húmedos, es que tiene agarrado el vaso de forma incorrecta. Para solucionarlo, basta con que gire el vaso de modo que su boca quede mirando hacia arriba.

2. Si siente los pies calientes y mojados es posible que usted se haya orinado. Vaya al baño más próximo y arregle el desaguisado, dentro de lo posible.

3. Si ve el suelo borroso, lo más probable es que usted lo está mirando a través del fondo de un vaso vacío. Pida que se lo llenen de nuevo.

4. Si ve que el suelo se está moviendo, es posible que esté siendo desplazado de su sitio. Pregunte dónde le llevan.

5. Si ve reflejada muchas veces su cara en el agua de la taza del váter, es que está intentando vomitar. Termine su tarea lo antes posible, para dejar sitio a otro ebrio.

6. Si la gente habla produciendo un extraño eco, es que tiene la jarra de cerveza ocultándole la oreja. Deje de hacer estupideces y pida que se la llenen.

7. Si se mueve mucho el local donde se halla y la música es muy repetitiva, es que está en una ambulancia. Evite moverse mucho para no echarse la propia vomitera encima.

8. Si un enorme foco le ciega los ojos, no es que esté usted en una discoteca, sino en plena calle y a pleno sol. Lo mejor que puede hacer es pedir un taxi e irse a dormir.

Se encuentran dos borrachos en la calle.

–¿Sabes? –dice uno–. Acabo de caerme de las escaleras de mi casa con dos litros de vino.

–¡Qué pena que se te derramaran!

–respondió el otro.

–¡Qué va! No abrí el pico para nada...

Un borracho entra en una taberna y pide un chato de vino. El encargado le pone un posavasos, el vaso y se lo llena. Poco después, el borracho pide otra copa y cuando el camarero va a repetir la operación, el ebrio le dice:

–El vino sí me lo ponga, pero no la galletita. La que me puso antes estaba ya rancia...

Está un borracho cantando a pleno pulmón en la calle a altas horas de la madrugada. Los vecinos –molestos– llaman a la policía. Un agente se acerca al alborotador y le dice:

–¡Haga el favor de acompañarme!

–Por supuesto. ¿Qué instrumento toca usted?

Un borracho sube a un tren. En el mismo coche va una joven madre amamantando a su hijo, y le pregunta:

–Perdone la pregunta... ¿Qué le da a su hijo de comer para que esté tan regordito?

–Leche y zumos.

–Perdone de nuevo... –dijo, y añadió, mirando hacia el escote de ella–. ¿Y podría decirme cuál es la que da leche y cuál la que da zumos?

Va un borracho siguiendo por la calle a una morena y a una rubia impresionantes. Cansada de oír las impertinencias del beodo, una de ellas se vuelve y le dice:

–¿Me puede decir qué quiere usted?

Y el borracho responde:

–¡Ah! ¿Pero se puede elegir?

Dos compañeros de juerga llegan a la casa de uno de ellos.

–¿Crees que con lo borracho que estás podrás meter el llavín en la cerradura? –pregunta el más despejado.

–¡Claro que sí! –replica el otro–. Tú, párame la puerta y verás.

Al acostarse, dice un borracho a su mujer:

–¡Qué cosa más extraña me ha sucedido! Al abrir la puerta del cuarto de baño se ha encendido la luz automáticamente....

–¿Serás idiota? ¡Otra vez has vuelto a mear en el frigorífico!

Un borracho está bebiendo con unos amigos en la taberna y tiene necesidad de salir a orinar. Detrás del establecimiento había un oscuro callejón y en él se puso a hacer sus necesidades. El caliente chorro cayó sobre un gato, que se perdió maullando en la oscuridad.

–Miauuu...

–¡Claro que es miao! ¿Qué querías que fuese, vino?

La policía –que va persiguiendo a un ladrón– lo pierde de vista en una encrucijada. En una de las esquinas hay un borracho agarrándose a una farola.

–¿No vio a alguien doblar esta esquina? –le pregunta uno de los agentes.

–No, señor guardia –responde el borracho–. Cuando llegué aquí ya estaba doblada.

Un sacerdote es nombrado para una de las parroquias de cierta ciudad de provincias. Dado su carácter abierto y dicharachero no tarda en hacer amistad con un grupo de tertulianos que acuden diariamente a una taberna próxima a su iglesia. Desde el primer momento, el joven pastor no deja de alabar ante el resto de contertulios sus cualidades como catador de vinos. Tanto insiste, que un día sus amigos deciden someterlo a prueba. Le vendan los ojos y le van pasando distintas clases de vinos que el eclesiástico va catalogando con total precisión. Como se les terminan los caldos que ofrecer al catador, uno de ellos se asoma a la calle y ruega a una muchacha que en ese momento pasa junto a la puerta de la taberna, que orine en un vaso. Luego, se lo pasa al sacerdote, que lo huele, lo cata, lo vuelve a catar y dice sin inmutarse:

–Muchacha rubia, de dieciocho años... Y no es de mi parroquia.

Un joven llega por primera ver ebrio a casa. El padre –al verlo en tal estado– le recrimina:

–¡Hijo mío, no sabes beber! Al vino, como a las mujeres, hay que darle coba, pero mucha coba...

Dice uno:

–Yo, cuando me pongo a beber vino, tiro siempre la primera copa, porque es la que peor me sienta.

Un inglés chapurreando en español:

–Vino sin alcohol ser como mujer sin chocho.

Era un tío tan borracho, tan borracho, que como se llamase Eusebio, sus amigos y convecinos lo llamaban Eusebrio. Y en cierta ocasión en que le hicieron un análisis de sangre, el analista le dijo:

–Aún le queda un poco de sangre en el alcohol...

Luis Antonio de Vega cuenta[19] que, en un viaje a Canarias, Ramón Sierra le contó una anécdota referente al chacolí –txakolín, en legua vascongada–. Un día almorzaba con Ramón Resa, navarro, presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla, y éste le dijo que nunca había bebido el chacolí, y que podían pedirlo en aquella comida.

–¿Es posible que siento usted de Pamplona no lo haya probado?

–No, nunca.

Lo pidieron, y Sierra preguntó a Resa:

–¿Qué le ha parecido?

–Que es un buen vinagre de salón.

Un tambaleante beodo se dirige a un señor con el que se cruza en la calle:

–Por favor, señor, ¿me puede decir cuántos bollos llevo en la frente?

–Tres –le responde, sorprendido, el interpelado.

–Entonces... Entonces aún me quedan dos farolas para llegar a casa...

Un aldeano entra en un bar y tras pedir un vaso de vino, añade mientras lo levanta en gesto de brindar:

–Cuando Juan Pérez bebe, bebe todo el mundo...

Los parroquianos allí presentes –algunos con fama de gorrones–, al oír esto, se apresuraron a pedir tal un vino, cual una cerveza, el otro un cubalibre...

El aldeano bebió plácidamente su vino y cuando pidió la cuenta, el camarero le dijo una cantidad bastante elevada.

–¿Tanto por un vaso de vino? –exclamó el buen hombre.

–Es que usted dijo que cuando Juan Pérez bebe, bebe todo el mundo... Y lo que le he dicho es el precio de una ronda completa.

–¡Un momento, un momento! –repuso con parsimonia el hombre–. He dicho eso. Pero también digo que cuando Juan Pérez paga, paga todo el mundo.... Así es que ya me estás diciendo cuánto te debo de mi chato... Y que cada cual te pague lo que haya consumido.

El escritor y pintor catalán Santiago Rusiñol, durante su luna de miel pernoctó cierta noche en una ciudad próxima a la frontera francesa. Una vez en su habitación –después de haber cenado– se percató de que no tenía puros, por lo que decidió bajar a recepción para comprarlos. Allí se encontró con un viejo amigo suyo y, hablando, copa tras copa, fue pasando el tiempo, hasta que se dio cuenta de que eran las tres de la madrugada.

Cuando volvió a su habitación, se encontró a su mujer llorando.

–Perdona, Luisa –le dijo arrodillándose frente a ella–, pero se me olvidó que estaba casado. Te juro que no volverá a suceder.

Rusiñol era un gran bebedor. Y de mucho aguante. En cierta ocasión formó parte del jurado –junto con Falla y Zuloaga– que había de calificar un concurso de cante jondo en la Alhambra granadina. El certamen se prolongó durante tres largas noches que –sin embargo– estuvieron acompañadas de manzanilla, jerez, cazalla, montilla... Cuando se acercaba el momento de emitir el fallo, propuso Rusiñol:

–Me parece que deberíamos anunciar que se ha hecho trampa y volver a empezar...

Igualmente cuentan de Santiago Rusiñol que, en cierta ocasión, en Sitges, le pidió una limosna un pobre borracho, con la cara y la nariz congestionadas por el alcohol.

–¡Toma! –dijo al pedigüeño mientras le daba una peseta–, ¡Y ahora no la malgastes en pan.

Cuentan que una vez, paseando por la Plaza de Armas de Santiago de Chile don Domingo Santa María –Presidente de la República– se topó con un borracho que dormía la mona en uno de los bancos de la plaza. Con la contera de su bastón, trató de despertar al durmiente, quien –sin abrir los ojos– exclamó:

–¿Quién osa molestarme?

–Santa María –repuso el Presidente.

–Ora pro nobis –replicó el borracho.

Y –sin más– continuó durmiendo la mona.

Alejandro Sela debe de ser –o debió de ser, pues no sé si aún vive–, una persona de buen humor, como buen amigo que es –o era –de vino. Lo demuestra a lo largo de todo el libro que escribió tras recorrer las regiones vinícolas españolas.

En el capítulo titulado El vino y el mar[20], don Alejandro –hombre de buen humor, como digo–, plasma algunas perlas con el paralelismo vino–mar que son todo un ejemplo de donosura. No me resisto a reproducir algunas de ellas para quienes no tengan la posibilidad de hacerse con la obra. Helas aquí:

*En todos los puertos hay «estaciones de servicio», tabernas en abundancia. Y el marino tiene siempre prisa en llegar a esos puertos para quitar la sed y «repostar».

*El vino más marinero es el vino de bota. Tiene un ligero sabor a pez...

*La vida, para que sea algo que tal, hay que calafatearla con vino.

*A veces, a los marineros, por los efectos del vino se les ve un poco escorados.

*Cuando se cha un barco al agua, se rompe en su casco una botella de champán. Que es vino.

*¿No será esto un «aviso a los navegantes»?

*Botadura viene de bota...

*Los borrachos van por la calle de babor a estribor.

*Hay marineros que cuando se tercia se «atracan» de vino.

*El marinero quiere llegar a puerto para sacarse... la espina. Cuando el marinero empina el codo, si es de noche, ve las estrellas. ¡Hay que orientarse!

*Los marineros siempre están contentos cuando van a Barlovento.

*En los barcos hay una vela que se llama trinquete. Y un palo que recibe el mismo nombre.

*Por eso los marineros, los pobrecillos, para «cumplir con su deber» tienen que trincar...

Páginas más adelante –en el capítulo titulado Pepitas[21]– don Alejandro –haciendo gala de nuevo de su buen humor– recoge una serie de pensamientos o meditaciones a caballo entre las greguerías de Ramón Gómez de la Serna y la jocosidad más delirante. He aquí una pequeña muestra:

*Se dice en algunas partes: «la madre cría al vino». Si es así, no queda otro remedio que reconocer que hay vinos de «mala madre».

*Los podadores son los «peluqueros» del viñedo.

*Los pisadores de uva tienen una profesión divertida. Pueden pisar... bailando el tango. Y, en la bodega, «a media luz».

*En todo tiempo se vio y se ve que el vino, en invierno, se usa como calefacción. Y, en verano, para apagar la sed.

*Es un elemento de doble efecto.

*Los moquitos dicen «de Montilla al cielo». ¡Y van!

*En las tabernas hay vinos bastos. Por eso, en ellas, los jugadores de tute cantan en copas... y en bastos.

*La uva no es materia madre para hacer el vino. Es materia «prima».

*El que toma mucho vino de pasto corre el riesgo de sentirse... «vaca».

*En Sevilla y otros pueblos andaluces, por Semana Santa, el vino es el carburante de ese «motor» que se llama costalero.

*En la provincia de Cádiz se produce y se bebe mucho vino. Es para apagar la sed que produce tanta... sal.

*Los vinos «enyesados» ocultan, tal vez, alguna lesión.

*He podido comprobar que a las mujeres les gusta con preferencia el vino de aguja. Ellas, las pobres, ¡siempre tan laboriosas!

*Las cepas tienen sus «lloros». En Málaga hay vinos de «lágrima».

*Los vinos de Andalucía se venden en todas partes. Y, por ello, los bodegueros se ponen... las botas.




NOTAS

[1] Juan de Timoneda. El sobremesa y alivio de caminantes. Parte 1ª, cuento XLI, pág. 190.

[2] Prenda. Fianza.

[3] Timoneda. Ibid. Parte 1ª, cuento LXV, pág. 199.

[4] Timoneda. Ibid. Parte 1ª, cuento LXXXI, pág. 205.

[5] Timoneda. Ibid. Parte 2ª, cuento XIV, págs. 213-214.

[6] Timoneda. 2ª parte. Cuento XVIII, pág. 215.

[7]Cabe sí. A su lado, junto a él.

[8]Apañó súpitamente dellos. Se apoderó rápidamente de ellos.

[9] Timoneda. Ibid. Parte 2ª, cuento XLVIII, págs. 226-227. Por qué se dijo: De donde salió se volvió.

[10] Algunos investigadores han creído ver en este rey a Juan I de Aragón, cuando se sabe que durante su reinado se mantuvo siempre fiel al papa de Aviñón y que al morir en 1396 no pudo conocer el que ha dado en llamar Cisma de Pisa, que se inició en 1409.

[11] Historias de la historia, II, pág. 66.

[12]Refranero popular extremeño, pág. 178.

[13]Guía vinícola de España, pág. 18.

[14] Obr. cit., págs. 28-29.

[15]Aña. Ama.

[16] Obr. cit., pág. 62.

[17]Guía vinícola de España, pág. 183.

[18] Juego de palabras, ya que bebe, beba –en Argentina, Honduras, Perú y Uruguay– es niño/niña de pecho.

[19]Guía vinícola de España, pág. 93. Editora Nacional. Madrid, 1967.

[20]Vino, amor y literatura, págs. 64–66. La Nueva España, Oviedo, 1971.

[21] Ibid., págs. 70–72.



El Vino y el humor

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 447.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz