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LA FIESTA DEL "TORO DE SAN MARCOS" EN EL OESTE PENINSULAR (I)

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 80.

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I UN NUEVO DOCUMENTO

El 25 de abril de 1927, en el diario cacereño "Nuevo Día" apareció un artículo titulado "Los milagros de San Marcos" y firmado por don Vicente Moreno Rubio. Este es uno de los muchos trabajos de tipo tradicional que conservo del costumbrista extremeño, hoy prácticamente desconocido que, sobre todo, en la segunda década de siglo fueron viendo la luz en la prensa de la región. Algún día dedicaré mi tiempo al estudio de ese personaje y de su obra, ocupándome ahora solamente del mencionado trabajo por lo que tiene de aportación al conocimiento del "toro de San Marcos" en la Península.

Don Vicente Moreno obtiene información de la curiosa fiesta en el año 1899, hallándose en Valencia de Alcántara (Cáceres). Unos romeros procedentes de la fronteriza aldea de San Marcos le refieren "que todos los años entraba en la Iglesia un novillo, estando llena de fieles y sin hacerles daño". El rigor científico de don Vicente le impide aceptar de buenas a primeras las afirmaciones y decide ir a presenciar por sí mismo el festejo, a pesar de que los valencianos "me dijeron que era una tontería", lo que haré dos años después, en 1901. La aldea de San Marcos, que a la sazón contaba con unas "cuarenta o cincuenta casas", está situada a tres kilómetros de Marvao y a no más de seis de la frontera. A principios de siglo eran caminos carreteros los que llevaban a la población lusitana. Así describe el señor Moreno Rubio el festejo:

"La devoción de estos lugares a su Patrón debe ser muy grande, puesto que raro es el año que no le regalan dos o tres becerros al Santo, y la fiesta (está) muy concurrida de jóvenes de toda la comarca.
Las campanas y cohetes anuncian la fiesta, y el público empieza a tomar posiciones a la puerta por donde ha de entrar el animal, y que a pesar de la aglomeración yo debí madrugar, puesto que presencié la ceremonia...con alma y sentidos abiertos.

Quince o veinte hombres forzudos y altos, con el pantalón de paño de distintas clases, muy estrecho y terminado en forma de trabuco; chaqueta muy ceñida y corta; sombrero enormemente anchas las alas y diminuto el casco, unos, y gorro de lana terminando en borla y que al doblarse cae sobre la oreja, otros; y todos con unos garrotes más altos que ellos, hacen corro a las reses, que han traído junto a la puerta de la iglesia, para separar las que no son necesarias, quedando solamente la que ha de servir para la ceremonia, y asomando en ese instante por la puerta la venerable figura del sacerdote, con el hisopo en la diestra, al que le acompaña el sacristán, con el cacharro del agua bendita. Un silencio sepulcral y unos rezos del sacerdote (que yo presumo ser bautizo o bendición del animal), por cuando al terminar dice en voz grave: "entra Marcos, entra Marcos", nombre que sin dejar de echar agua bendita repite hasta que el becerro entra en el templo; esto, como es natural, lo hace desde una distancia prudencial y teniendo en cuenta que para entrar en la iglesia ha de subir un escalón. El becerro trata de escapar, pero los que le hacen corro le hacen desistir con sus garrotes, hasta que siguiendo al sacerdote penetra en el templo y por una calleja que forman los fieles sube hasta el altar mayor, volviendo enseguida a salir a la calle por el mismo sitio".

Partiendo de la anterior cita vamos a analizar ciertas peculiaridades del "toro de San Marcos", que han sido fuente de discusiones en el pasado y en el presente. Contamos con la suerte de que Vicente Moreno es uno de los pocos que describen la fiesta después de haberla presenciado, huyendo en sus líneas de todo carácter interpretativo y de los condicionantes religiosos que motivaron positiva y negativamente a los tratadistas de los siglos XVI y XVII. Sin embargo, a éstos que fueron atraídos por el "toro de San Marcos" no vamos a olvidarlos en los apartados que siguen.

II. LA VACADA DEL SANTO

Comienza nuestro costumbrista señalando la gran devoción que en la aldea portuguesa y en sus contornos, incluso a este lado de la raya fronteriza, se siente por San Marcos. Tal devoción se condensa en el ofrecimiento anual de dos o tres becerros al santo evangelista y en la máxima asistencia a su fiesta del 25 de abril. Los documentos que he podido cotejar referentes al "toro de San Marcos" de otros puntos de la Península hablan de una vacada propiedad de San Marcos. Fray Francisco de Coria al referirse al festejo de Brozas (Cáceres) apunta que éste se ha formado por los toros que "la gente muy honradas y devotas de la villa (han donado) por devoción y reverencia del Santo" (1). En términos semejantes se pronuncia Fray Juan de la Trinidad al tratar de la celebración de la misma población cacereña, diciendo que "suele tener la cofradía algunos (toros) que personas devotas de San Marcos le ofrecen". En un manuscrito que se guarda en el archivo parroquial de Casas del Monte, el Bª Lorenzo Miranda, cura párroco de este pueblo cacereño, hace un estudio histórico del "toro de San Marcos" en tal lugar. Señala que en el libro de la cofradía "se hallan en cuenta datas de boyería, conducción, daños y comercio con otros animales (pues algunas veces tenía muchos la cofradía, y aún el año 1717, acordó comprar una vaca para el aumento de crías; de modo que al Santo, por lo menos, le resultaba el beneficio de las ventajas de un ganadero)". Más adelante comenta la "condenación de la visita (pastoral) de 1752, contra dos cofrades que emplearon 200 reales en la compra de un toro so color de la festividad del santo". Aunque nada se saca de los archivos respecto de donaciones, el citado cura encuesta a dos que fueron testigos en su infancia, a mediados del siglo XVIII, quienes hablan de ofrendas de toros, incluso por personas de fuera de la localidad (2). Lo que ocurrió en Casas del Monte debió ser lo propio: donación de unos animales por parte de los devotos agradecidos y adquisición de otros por la cofradía con el fin de asegurar la reproducción, el festejo o ceremonia y los fondos para las atenciones del santo.

Don Vicente Moreno no menciona en su corto escrito a la "cofradía de San Marcos", tan unida a rito del toro en estas latitudes. ¿No había existido en ese pueblo portugués o, tal vez, se había ya disuelto en los primeros años del siglo XX? Podría pensarse que el rescripto de Clemente VIII, al que posteriormente nos referimos, pudo minar los pilares de la hermandad. Sin embargo, yo me inclino en ver en esos "quince o veinte hombres forzudos y altos", portadores de estacas, a los miembros de la Cofradía de San Marcos, los encargados de conducir al toro desde la dehesa hasta el templo. Son precisamente las varas unos de los atributos de los cofrades de las hermandades de San Marcos en Extremadura, varas más pequeñas que las portuguesas si nos fijamos en lo que dicen eruditos y cronistas. "Varillas" las llama el Padre Coria y Fray Juan de la Trinidad las cataloga como "varas delgadas de cuatro o cinco cuartas de larga, con que no pudieran defenderse si algún toro les acometiese (3). El ya citado documento de Lorenzo Miranda es más explícito. Dice que cuando los cofrades iban a la búsqueda del astado "llevaban la vara de la cofradía, en cuya cabeza estaba pintado por un lado el Santo y el toro por el otro (cuya vara aún hoy existe y sirve de mástil a una manga pequeña)". -Este "aún existe", se refiere al año 1813, fecha en que Lorenzo Miranda redacta su estudio.

Sorprende un tanto que ni el Padre Coria ni Fray Juan de la Trinidad pasen por alto la manipulación sagrada que sufren las varillas previa utilización por los cofrades. En otro documento del siglo XVII, casi con seguridad del año 1616, también de Casas de Monte, se pormenoriza sobre el particular. En esa fecha se instaura la cofradía de San Marcos y el cura pide información a sus colegas de Pozuelo de Zarzón y Mirabel, lugares en los que había rito del toro. Así expone la respuesta que recibió sobre la liturgia a emplear con las varas: "Las palabras y oración, dijo el cura que él había compuesto las que decía y no sabía las palabras que decían sus antecesores; y yo las bendije con la oración del Santo y otras de las del misal, como hacemos el día de San Blas, que bendecimos los cordones, aunque no hay bendición de cordones: mas ¿cómo se dice? por una cosa de las bendiciones del misal decimos cordulas y aquí virgal, y benditas; trado nobis virgas has in signum, y se las di. Pº hay otras ceremonias; y yo no me acuerdo las palabras que dijo el cura de Mirabel; mas sé que dije otras...". Está claro que no existían unas normas unitarias en cuanto a la liturgia de las bendiciones de las varas, lo que resulta lógico si tenemos en cuenta la oposición de la jerarquía eclesiástica al "toro de San Marcos" y el que sean estas autoridades episcopales las componedoras de las correspondientes oraciones para toda la diócesis. La no celebración del toro es una causa inherente para la aprobación de la cofradía de San Marcos en Casas del Monte, según se desprende del manuscrito del Bachiller Lorenzo Miranda: "El Lic. D. Jacinto Venegas de Figueroa, Provisor de la vicaría general del Obispado (de Plasencia), por decreto de 25 de marzo y 15 de abril de 1669 dio facultad para la creación de la cofradía y aprobó las ordenanzas que le propusieron; pero ni en sus decretos ni en las ordenanzas que hicieron los solicitantes se advierte una sola palabra relativa al rito del toro".

III. LA TRAIDA DEL MACHO A LA IGLESIA

Hay cofradía, cofrades con sus distintivos en forma de vara, aquiescencia del párroco, devotos venidos de puntos donde no se da el singular festejo y toros del santo a celebrar. El animal llegará al pueblo siguiendo un ritual o unas normas distintas para los lugares de los que tenemos conocimiento.

En la portuguesa aldea de San Marcos el ceremonial es de gran sencillez como se coteja por el párrafo que copiamos en un principio. Los cofrades marchan a la vacada para traer el becerro elegido, acompañado por las demás reses del santo que actúan como cabestros, acorralando luego al animal con sus propios cuerpos a la misma puerta de la iglesia. Posteriormente saldrá el sacerdote, que hasta ese momento no ha hecho acto de presencia y, tras rezar unas oraciones, le dice con voz grave al cornúpeta: "Entra, Marcos; entra, Marcos". Y no dejará de echarle agua bendita hasta que el toro entra en la iglesia empujado por los fuertes mozarrones. El animal sólo penetrará en el templo tras recibir lo que el señor Moreno Rubio presume bautizo, es decir, cuando se convierte en un fiel recibiendo el nombre del santo. La estancia del becerro en la iglesia es por breve tiempo, saliendo de ella antes de que comience la misa.

En las postrimerías del siglo XVI, Luis de Zapata describe la búsqueda y traída del toro hasta el pueblo de Brozas. La víspera de la fiesta va el mayordomo, equivalente al hermano mayor de la cofradía "a esos montes por él, donde no se le para hombre que vea, y llegando en su asnillo ante el embajador de San Marcos, le dice: "Marco, amigo, ven conmigo a las Broças, que de parte de San Marcos te llamo para su fiesta". El toro deja sus pastos y, manso, vase delante de él; entra a las vísperas en la iglesia como un cordero manso, y pónenle en los cuernos rosas y guirnaldas las mugeres; y sin hacer mal a nadie, sálese acabadas las vísperas al campo allí cerca. Otro día va en procesión suelto entre las gentes... y toda la misa se está en pie, delante de las gradas del altar mayor, y acabada de alzar la hostia postrera y de consumir alguna vez, sálese de la Iglesia a todo correr... volviendo a su bravura natural" (4). Zapata no olvida resaltar la bravura del cornúpeta, sobremanera cuando dice que en Brozas se tiene por costumbre regalar al santo el "espantable y temeroso toro, y que de fiero no se pueden con él averiguar".

Posterior al escritor Zapata, pero más extenso aunque sin grandes variantes a destacar, es el de Fray Francisco de Coria. El autor de Descripción e historia general de la provincia de Extremadura no menciona la presencia única del mayordomo en la vacada ni el silencio sepulcral durante el trayecto, lo que puede explicar un desconocimiento más que una no existencia. Según el Padre Coria son el mayordomo y seis cofrades los que, la víspera de la fiesta, marchan "en busca del toro que para aquel año está ya señalado, y llegados el mayordomo y cofrades a la boyada, con unas varillas en sus manos, acercándose al toro con mucha fe y devoción, en nombre de Dios y del Santo, dice el mayordomo estas palabras: "Anda acá, Marcos, que ya es tiempo y hora de ir a hallarte a la celebración y fiesta del evangelista San Marcos"; el cual oyendo esto, con ser un toro el más feroz y bravo que hallan, se muda y amansa, y da lugar para que le saquen solo de la vacada, y le guían y traen a la villa, como si fuera una mansa oveja". Fray Francisco, al igual que Zapata, con grácil pluma nos retrata al toro, ya mansurrón, asistiendo a vísperas, a la misa y a la procesión del santo, y soportando los adornos que las hembras ponen sobre su cuerpo. Cuando los actos religiosos concluyen "le hacen (al toro) señal con unas varas el mayordomo y cofrades dándole con ella, y hecha esta señal sale de allí tan feroz y desosegado, corriendo con tanta braveza y furia que espanta...".

Casi con seguridad el texto que más nos pueda interesar sea el de Fray Juan de la Trinidad, ya que tiene a su favor, como él mismo indica, el haber sido "testigo de vista" del festejo. De esta manera, actualizada la grafía por nuestra parte, nos lo cuenta el culto franciscano: "La víspera de la fiesta, después de haber confesado y comulgado el mayordomo y oficiales de la cofradía, van de ellos tres o cuatro a la vacada del lugar a pie (5), con unas varas delgadas... se acercan al toro que aquel año determinan traer, y sin temor alguno de la ferocidad, siendo así que en aquel tiempo, por estar en celo, suele ser mayor, le dicen: "-Anda acá, Marcos, que ya es hora". Con sólo esta diligencia se aparta el toro de las vacas y vacada, y se viene, paso a paso, siguiendo a los cofrades, más manso que un cordero doméstico. A la entrada de la villa le aguarda mucha gente, pero de nadie se esquiva ni nadie le embravece, y entre la multitud de hombres y mujeres y muchachos, va como si fuera capaz de razón y de modestia. Aquel día asiste a las vísperas, que canta en la ermita la clerecía, y dichas, le llevan los cofrades diputados por las calles sin violentarle de ninguna manera, ni llevarle atado, porque siempre en estas ocasiones anda suelto y libre, dejándose gobernar por los que dicen: "Ven acá y vuelve acá, Marcos". Entranle en las casas, donde piden limosna para el santo, sin que el aprieto de las gentes, ni lo estrecho de algunos pasos, le detengan. El día siguiente, que es el de la fiesta del glorioso Evangelista, por la mañana le traen a nuestro convento de la Luz la clerecía en procesión, y allí entra en el claustro, sacristía e iglesia, y para poder pasar por algunas puertas tuerce la cabeza, porque no pudiera de otra suerte. Yo le he visto subir al dormitorio y claustro alto del convento, y lo que más me admiro fue que subiese y bajase la escalera, por ser tan estrecha y agria, esto tan paso a paso y con tanta facilidad como si anduviera por llano. Continúase la procesión, yendo en ella el toro junto a las andas donde va la imagen del santo, hasta que llega a su ermita. Cántase con solemnidad la misa y se predica, y siempre está el toro con tanto sosiego cerca de las gradas del altar, que provoca a suspensión y devoción. Concluída la misa, le sacan los cofrades diputados del concurso de la gente, y diciéndole: "-Vete, Marcos", se vuelve corriendo a la vacada con muestras de tanta fiereza, que nadie se atreve a acercarse a él. Nunca se trae un mismo toro, sino tan solamente una o dos veces, o tres cuando más".

También sobre el "toro de San Marcos" de Brozas escribe Benito Jerónimo Feijoo en el Tomo VII, discurso VIII, del Teatro Crítico Universal, publicado en 1737. Nada nuevo aporta a lo dicho por autores anteriores, así como por otros que le sirven de fuente (6). Aunque por esas fechas aún seguía vigente la costumbre en Extremadura, Feijoo no la conoce directamente. Su escrito se halla jalonado de frases tales como "lo que comúnmente se dice", "hay quienes dicen", "la voz más común es", "a alguno, o algunos, oí decir", "un testigo ocular me dijo", "a testigo ocular oí", "oí hablar a dos testigos oculares"... De los escritos de sus antecesores y de las informaciones recabadas de personas que presenciaron el festejo el Padre Feijoo se percata, por la que respecta a Extremadura, que el ritual del "toro de San Marcos" varía de unos lugares a otros y que "puede ser que la variedad no esté precisamente en la relación, sino en el hecho; esto es, que en diferentes lugares de aquella Provincia, a orden a una u otra circunstancia, sea la práctica diferente". Pero la diferencia la halla Feijoo solamente en lo que respecta a la búsqueda y traída del toro hasta la iglesia. Apunta dos modalidades. La primera es la usual en Brozas, siendo el relato de la misma casi un reflejo del escrito del Padre Coria: " ...los Mayordomos de una cofradía instituída en obsequio del Santo, van al Monte, donde está la Vacada, y escogiendo con los ojos el toro que les parece, le ponen el nombre de Marcos, y llamándole luego en nombre del Santo Evangelista, el toro sale de la Vacada...". ¿El le ponen el nombre de Marcos equivale a un "bautizo" del animal previa conducción a la iglesia, como en el toro portugués? En el segundo de los casos no es el mayordomo de la cofradía, "sino el Cura de la Parroquia, vestido y acompañado en la forma misma que cuando celebra los Oficios Divinos (el que) va a buscar y conjurar el toro. Este puede hallarse tanto en la boyada como en las proximidades de la iglesia. Esto último fue también lo observado por Vicente Moreno y parece era lo normal cuando la donación de un toro se efectuaba el mismo día de la fiesta.

En el manuscrito del siglo XVII, del archivo parroquial de Casas del Monte, firmado por el Doctor Miguel Ximén, no encontramos paralelos con los rituales de traída del toro mencionados por Feijoo, aunque el comportamiento del astado es similar a los referidos anteriormente. El cura-doctor apunta que en Mirabel y Pozuelo de Zarzón, pueblos de los que la cofradía de San Marcos trata de imitar el festejo, "que lo que hacían siempre es que el concejo, juntamente, nombraba dos diputados con el mayordo, y éstos comulgaban el día de la víspera del santo, en otro día antes, y el cura bendecía unas varas y se las entregaba a todos tres, y iban a istalle a la boyada y le trahían, aunque fuere con algún ganado, y a veces solo, y después de puesto en el lugar, dándole con las varas le trahían por todas las casas y procesión; ansí lo hicimos y el toro estuvo muy obediente a todo y entró en quantas casa quisieron". En los dos pueblos de la Alta Extremadura el concejo y la cofradía, es decir, lo civil y lo eclesiástico, se unen en el festejo, lo que no es único en este tipo de celebraciones. Al mismo tiempo la cita precedente pudiera hacernos caer en la opinión de que en Pozuelo, Mirabel y Casas del Monte el toro sólo se exhibía procesionalmente y en el recorrido de casa en casa para solicitar limosnas. Sin embargo los documentos, al menos en el último de los lugares, mencionan "datas de dos reales por la licencia de meter al toro en la iglesia".

De los testigos, en número de tres, que informan a Lorenzo Miranda en 1813 se desprende que el ritual presenta aspectos distintos a los de los pueblos que toman por guía y también difieren de las variantes expuestas por el Padre Feijoo. Aunque estas informaciones, dadas las peculiaridades de los encuestados, hay que tomarlas con reserva. Los informantes fueron Miguel Gil (76 años) y Juan Rojo (70 años), únicos testigos oculares, y Rumesindo García, que lo oyó de su padre y abuelo. El primero contaba 16 años cuando fue suspendido el "toro de San Marcos" y asegura haberlo presenciado en cuatro ocasiones.

Juan Rojo sólo lo vio una vez, contando ocho años, viniendo con su padre desde Gargantilla. Por ellos se sabe que "los mayordomos se confesaban y comulgaban la víspera de San Marcos: iban al campo acompañados del cura y llevaban la vara de la cofradía... El cura bendecía el animal (que era propio de la cofradía, por limosna o por compra; pastaba de valde y servía muchos años para la función, hasta que por viejo o por otro motivo lo vendían y compraban otro). En seguida le traían al pueblo; le metían en la iglesia a vísperas y a misa; le llevaban en procesión; le entraban en los portales de las casas, donde le ponían cintas, y últimamente le daban libertad para volverse al campo. Dábanle el nombre del Santo y se susurraba (bien que no por todos) que la casa donde no había querido entrar estaba amenazada por algún peligro, que nunca jamás se verificó". Esta creencia en augurios es una de las dos supersticiones que Feijoo señala como leída en los escritos de los Padres Salmanticensis (7). La otra es la que achaca la desobediencia del toro a la "prosapia judaica" del mayordomo. También se pensaba que el pecaminoso estado del cura que busca dulcificar la aptitud del astado, en los lugares donde el clero toma parte directa, es suficiente para no reducir al animal. Así lo confirmaron a Fray Benito algunos testigos de un hecho semejante ocurrido en tierras de Zamora.

IV. LA MANSEDUMBRE DEL TORO

Abundan los escritos que ven en el amansamiento del bravo "toro de San Marcos" un milagro patente atribuible a la cuenta del santo evangelista. Luis de Zapata participa de esta creencia, al igual que el Padre Coria. Para el cronista extremeño, que debió pasar algún tiempo en el convento franciscano de Nuestra Señora de la Luz, de Brozas, el comportamiento sumiso del toro es un "milagro manifiesto, con el cual quiere Dios manifestar la grandeza y santidad de su coronista San Marcos, pues en su día y fiesta amansa un animal tan bravo y feroz". En el Libro sobre el Toro de San Marcos, manuscrito del siglo XVI citado por Vicente Barrantes (8) y que parece basarse en el festejo de Brozas, se emplean cinco de sus ocho capítulos en demostrar el milagro. La titulación de los mismos no precisa comentarios:

"Cap. II. Persuádese con ejemplares de otros milagros que Dios concedió a los santos, y hoy subsisten, quiso honrar con éste de amansar aun toro al evangelista San Marcos, todos los años, en el día de la fiesta.

Cap. IV. Establécese que es milagro amansarse el toro el día de San Marcos.

Cap. V. Pruébase con autoridad que amansarse el toro el día de San Marcos es milagro. .

Cap. VI. Pruébase que en la acción de amansarse el toro el día de San Marcos no hay superstición.

Cap. VII. Respóndese a los argumentos que dicen que el amansarse el toro el día de San Marcos es superstición".

Hay que tener presente que algunas de las opiniones sobre la acción milagrera de San Marcos fueron escritos con posterioridad al rescripto de Clemente VIII, fechado el 10 de marzo de 1598. En esta misiva al obispo Civitatense el pontífice condena la costumbre del "toro de San Marcos", tachándola de supersticiosa, idólatra y de no tener nada que ver con lo milagroso (9). El portugués Valle de Moura, que no puede negar el amansamiento del toro, lejos de aceptar la intervención divina, ve en ello la mano diabólica, aunque tampoco deja en el olvido la posible embriaguez del animal (10). Estas opiniones son igualmente compartidas por Francisco de Torreblanca Villalpando (11) y por Thomás y Martín del Río.

El rescripto no sirvió para terminar con el "toro de San Marcos, aunque las afirmaciones en él vertidas, difundidas sobre todo por los teólogos que no veían con buenos ojos el festejo, llegaron a los más apartados rincones. Así el Doctor Miguel Ximén, cura de Casas del Monte a finales del siglo XVII, casi un siglo después de firmado el rescripto, llega a decir que "opinión hay que en esto hay algún pacto y que no es por virtud divina; mas yo digo que creo que Dios quiere por este camino que se aumente la devoción del Santo; y con esta intención de que es servido de Dios lo haré siempre que se ofreciere, si mi superior no me mandare otra cosa". Y ciertamente por esas fechas, pero también con posterioridad, el obispo de Plasencia, diócesis a la que pertenecía Casas del Monte, se mostraba tolerante.

Al lado de las dos razones expuestas de amansamiento del toro, cuales son el hecho milagroso defendido entre otros por los cronistas franciscanos y de la intervención diabólica, nos topamos con alguna hipótesis más realista que es necesario analizar. La teoría de la embriaguez del astado fue expuesta por el Dr. Laguna y tomada en consideración por varios teólogos que copian en este punto al autor del Dioscórides. Apunta Laguna que "en algunas partes, la víspera de San Marcos suelen tomar un ferosísimo toro y emborracharle con el más fuerte vino que hallan, no dándole a comer ni beber cosa; de suerte que por esta vía le reducen a tanta mansedumbre y blandura..." (12). Curiosamente es Laguna, me temo que sin haber sido testigo ocular del hecho, el primero que menciona la embriaguez del toro, copiándolo en este punto algunos cronistas conocedores de su obra. Sin embargo, los ignorantes de sus escritos jamás señalan la borrachera como el método de reducir al astado, a pesar de que bastantes de ellos hubieran echado mano de tal teoría para desprestigiar el ridículo de la fiesta. No pretendo negar la veracidad del argumento del Dr. Laguna, sacado a colación en apoyo de un discurso discutido, pero creo que tal costumbre quedaría reducida a puntos muy concretos de la Península y nunca generalizables. En Extremadura no hay pruebas de la ingestión de vino por el toro y dudo que se llegara a actuar de esa manera.

Feijoo se hace eco, e incluso le presta cierta credibilidad, a otro mecanismo para sosegar al bravo toro, que parece de lo más peregrino y sorprendente. Aunque la observación es de la cosecha de Eliano, Feijoo piensa que en Extremadura pudo tomar carta de naturaleza. Para quitar la fiereza del toro basta con atarle un fajín a la rodilla derecha. ¿De la pata delantera o de la trasera? Por simple curiosidad nosotros hemos llevado a la práctica la receta y el resultado ha sido inverso al apetecido.

Aún nos queda otra hipótesis y, a tenor de lo que se puede sacar de la documentación que poseemos, cabe aceptarla como la más certera. Se trata sin más de la mansedumbre innata del toro utilizado para el ritual de San Marcos. Publio Hurtado al hablar del "toro de San Marcos" que se hacía en Casas de don Gómez dice que algunos años, al ser el animal novato y estar poco amaestrado, arremetía contra el clero y los fieles, convirtiendo la iglesia en un improvisado ruedo (13). En San Marcos de Portugal eran becerros, más fáciles de dominar que un toro, los empleados en el ceremonial y conducidos a la fuerza por los mozos de la aldea. En Brozas, al decir de Fray Juan de la Trinidad, algún animal repetía la función dos o tres veces, con lo que acabaría aprendiendo cuál era su cometido en la fiesta. Dos testigos oculares informan a Feijoo sobre la mansedumbre del cornúpeta. El uno le "dixo había visto un toro, que era un Buey Manso, y que lo llevaban con tanto cuidado y prevención que era imposible hiciese mal a nadie". El otro testigo estimaba que todo era "patarata" y que al toro "lo criaban manso desde becerrillo". La mansedumbre no lleva implícita la obediencia y de ahí que el toro, según cuenta el propio benedictino, a veces se niega a hacerle caso al cura que lo conjura para que le siga. Por introducir animales de cierta casta, o tal vez porque el toro se encabritase o asustase, la tragedia rondó en ciertos momentos de la ceremonia. El mismo Feijoo nos refiere que en Almendralejo, "yendo ya en la Procesión, se alteró súbitamente el toro, acometió a las andas en que iba la imagen de San Marcos, las echó a tierra, y rompiendo por medio de la gente, aunque sin hacer daño a nadie, se escapó". En otro párrafo de Fray Benito se insiste nuevamente en el amansamiento en relación también con Almendralejo, donde "sucedió aquel desmán la primera vez que, por imitar a otros lugares, se animaron a hacer la Fiesta del Toro. Es de creer que como novicios, no estaban bien instruidos en el manejo, ni el Toro o Buey lo estaría". En otro pueblo indeterminado "el toro mató o hirió gravemente a muchos de los asistentes". En 1752 el "toro de San Marcos" escapa espantado y mata en plena calle a un tal Tomás. El suceso tuvo lugar en Salamanca. Dos siglos antes en el pueblo cacereño. de Guijo de Caria la beata María Jesús, con fama de santa entre sus paisanos, detiene al toro escapado en el transcurso de la ceremonia y hace que se arrodille a sus pies, en lo que es un remedo de las hazañas de San Pedro Regalado y de San Juan de Sahagún.

En lo que atañe a la nula fiereza del "toro de San Marcos" también tiene su palabra el tantas veces citado Lorenzo de Miranda. "En quanto a su mansedumbre -dice refiriéndose a sus informantes-, oyeron decir que la solían tener de suyo aquellos que se destinaban a la fiesta y que vendían y no usaban de los feroces. Miguel Gil, riéndose de esta materia, añadió con mofa enérgica que un toro que dio su padre Juan, y otro que dio María la Carrasca de Aldeanueva, no quisieron hacer la función de puro bravíos; que no entendían de música, tamboril ni campanas, y que se escaparon". El dicho popular "has nacíu más mansu qu'el güe (buey) de San Marcos", que tantas veces he oído en Ahigal, se reafirma en esta opinión de mansedumbre del toro que hasta hace unos tres siglos hacía la función el día de la fiesta del santo evangelista.

V. LA GEOGRAFIA DEL FESTEJO

Resulta complejo llegar a hacer un mapa de la distribución exacta de los lugares en los que se llevó a cabo el rito del "toro de San Marcos" en un momento dado, como pudieran ser los siglos XVII y XVIII. Caro Baroja (14) hace un primer intento de síntesis en lo que él denomina "área de difusión", pero a su lista cabe aplicarle el dicho de que "aunque son todos los que están, no están todos los que son", y el primer "son" siempre sujeto a ciertas matizaciones.

Ha habido coincidencia general en señalar a Extremadura, la actual Extremadura, como centro del ritual taurino. Así lo creemos también nosotros y por las investigaciones realizadas observamos que, conforme nos alejamos de la región, más en concreto de la provincia de Cáceres, el "toro de San Marcos" pierde intensidad y acaba desapareciendo.

Sin duda alguna el festejo cacereño más conocido fue el de Brozas, tal vez popularizado por los frailes franciscanos del convento de Nuestra Señora de la Luz, algunos de los cuales lo reflejaron en sus crónicas. Esta excesiva popularidad repercutió negativamente en la difusión de otros toros de la provincia. A lo largo del trabajo hemos nombrado poblaciones que participaron en la festividad del evangelista con el ritual del toro. Pozuelo de Zarzón y Mirabel son dos de estos lugares, ambos con una celebración muy anterior al siglo XVII. De ellos, como ya vimos, copian a su manera la cofradía y clero de Casas del Monte toda la liturgia de la ritualización en el año 1669, fecha en que se instaura la fiesta. En un artículo de José María Sbarbi de 1885, citado por Caro Baroja (15), se afirma que la Fiesta del Toro se ejecutaba en muchos pueblos "y aun ciudades de nuestra España, a cuyo frente figuraban Ciudad Rodrigo, en el antiguo reino de Castilla la Vieja, y Trujillo, en el de Extremadura". Queda por saber si el nombre de Trujillo no se debe a un error del articulista, poniéndolo en lugar de Brozas. Investigaciones en sus archivos servirían para verificar o rechazar la afirmación de Sbarbi.

La existencia del "toro de San Marcos" en Talayuela, si no confirmada por la documentación, sí está manifiesta en la tradición más antañona. Los cantares hablan de ello, como es el recogido por Antonio Rodríguez Moñino en sus Dictados Tópicos de Extremadura:

"Ven conmigo a Talayuela
a la feria de San Marcos;
allí verás un torito
arrodillado ante el Santo" (16).

Junto a los anteriores pueblos hay constancia del ritual del toro en Casas de don Gómez (17) y en Guijo de Coria. En Alía tuvo larga vida la cofradía de San Marcos y parece probable que los festejos taurinos descritos eran el principal objetivo de las hermandades puestas bajo la advocación del evangelista. Con la imagen de San Marcos de Alía se realizó un curioso rito de inmersión hasta tiempos muy recientes. Hubo igualmente toro en la ermita de San Marcos de Guijo de Granadilla y en Pasarón de la Vera. En Holguera aún se escucha el "vas más acompañao qu'el torito de San Marcos", en lo que parece una clara alusión a la vieja costumbre de este pueblo que tiene a tal santo como patrono. En Ahigal, como se indicó anteriormente, hubo su "toro de San Marcos" y la cofradía encargada de los festejos gran pujanza en los siglos XVI y XVIII (18).

Estoy seguro, por lo que respecta a la provincia de Cáceres, que la lista puede alargarse considerablemente. En este proceso de descubrimiento se han de tener presente algunas manifestaciones populares actuales que, como en el "toro de San Marcos", tienen por protagonista a los astados y a las mujeres que se comportan lúdicamente con él. Sirvan como ejemplo las danzas de la vaca-moza en Carcaboso, Montehermoso, Valdeobispo y Galisteo, que casi con seguridad responden a una transmutación de fecha y a una derivación de lo que sería una dramatización singular. Al mismo tiempo conviene estudiar si los santones no se potenciaron con los desfiles de becerros transferidos a esta fecha de enero tras prohibirse su presencia en las procesiones de San Marcos.

Respecto a la provincia de Badajoz sólo poseo información del "toro de San Marcos" en Almendralejo merced al Padre Feijoo. Dice el benedictino que la primera vez que se sacó al toro en procesión, "lo que se hacía por imitar a otros lugares", el acto estuvo a punto de terminar en tragedia. Ignoro si el festejo tuvo continuidad. Es importante que la celebración de Almendralejo nazca por imitación de otras que, presumiblemente, se darían en pueblos próximos, lo que no es nuevo en Extremadura. Queda por saber cuáles son los núcleos que sirven de modelo a Almendralejo, aunque seguramente se hallen, como ya apuntara Caro Baroja, entre los que pertenecieron a los prioratos de Mérida y de Llerena.

Si de Cáceres pasamos hacia el norte nos encontramos con que únicamente en tres provincias se rastrea la celebración del "toro de San Marcos". Sbarbi señala a Ciudad Rodrigo. También en Salamanca capital se llevó acabo la ritualización. Por Feijoo conocemos del mismo festejo "en un lugar poco distante de Zamora", posiblemente Perdigón. Es de suponer que en las dos provincias los pueblos que ritualizaron de esa manera la celebración de San Marcos fue mucho mayor, a pesar de que los datos no hayan trascendido, puesto que no en vano estamos analizando aspectos festivos desaparecidos hace más de doscientos años. Lo mismo ocurre en la provincia de Avila. Algunos pueblos, sin que sepamos sus nombres concretos, tenían la costumbre del "toro de San Marcos" con la vista gorda de la jerarquía. Otros quisieron introducir el espectáculo con posterioridad al rescripto y, como no olvida Feijoo, "su Ilustrissima se lo prohibió". Fuera de los puntos señalados solamente, por lo que atañe a la Península, cabe añadir el de San Marcos, la aldea visitada por don Vicente Moreno Rubio a principios de siglo. Tampoco creo que este lugar sea una isla en Portugal y confío que las oportunas investigaciones en el vecino país nos lleven a completar un mapa lo más amplio posible del ritual del "toro de San Marcos". También convendría volver los ojos hacia celebraciones semejantes que se dan en otros países mediterráneos, puesto que, huyendo del vicio etnocentrista, hemos de reconocer que el festejo tan popular en otros tiempos no es exclusivamente extremeño.

VI. UNA FIESTA QUE SE RESISTIO A MORIR

Con toda seguridad el rito del "toro de San Marcos" hunde sus raíces en tiempos lejanos y una buena parte de su celebración obedece a un proceso sincrético. Pero no vamos a buscar ni analizar vestigios, lo que dejamos para mejor ocasión. Si difícil resulta buscar orígenes, no lo es tanto el saber cuándo llega a desaparecer la ceremonia en su conjunto.

Durante la Baja Edad Media la fiesta del "toro de San Marcos" se venía celebrando en algunos puntos de la geografía europea. El escaso número de lugares no había supuesto la menor preocupación para la Iglesia, a pesar de que la práctica no era considerada demasiado ortodoxa. A partir del siglo XV la efervescencia de la religiosidad popular se materializa en un auge de hermandades y cofradías, copias exactas de otras ya existentes, muchas de ellas dramatizadoras de rituales extraños y sorprendentes. Las cofradías de San Marcos se multiplican y las ceremonias del toro, antes aisladas en lugares muy específicos, acaban siendo festejos generalizados y obligan a la jerarquía eclesiástica a pronunciarse sobre la práctica "supersticiosa e idolátrica". Desde esta perspectiva se puede comprender el rescripto de Clemente VIII, por el que a finales del XVI condena la costumbre del "toro de San Marcos".

La letra del Pontífice no fue tenida muy en cuenta, al menos en la Península, donde los curas parecían ignorarla y participaban en los festejos junto a las gentes del pueblo. En Extremadura se siguen creando cofradías de San Marcos, como ocurre con la de Casas del Monte, fundada en 1669. Sin embargo la aprobación episcopal lleva implícita la no celebración del festejo taurino, según se desprende del escrito del susodicho Lorenzo Miranda cuando apunta que el Vicario general del obispado de Plasencia "dio facultad para la creación de la cofradía y aprobó las ordenanzas que le propusieron; pero ni en sus decretos ni en las ordenanzas que hicieron los solicitantes se advierte una sola palabra relativa al toro". Una cosa son las reglas aprobadas y otra muy distinta es lo que posteriormente haga la cofradía. En Casas del Monte se celebró el "toro de San Marcos" y los documentos reflejan una cierta tolerancia por parte del gobierno diocesano. De todas maneras el rescripto de Clemente VIII iba dirigido hacia unos festejos concretizados y ello no iba a suponer jurisprudencia.

Si las condenas eclesiásticas no sirvieron de mucho, mayor fortuna en lo que se refiere a la suspensión del "toro de San Marcos" tendrían las corrientes de la Ilustración, que cargarían sobre manifestaciones externas de piedad tachadas de supersticiosas. Tras la firma del Concordato de 1753 los reyes borbones procederán a lo largo de todo el siglo XVIII a la abolición de una serie de tradiciones seculares que a los ojos de sus asesores estaban cargadas de cierta heterodoxia. Con el "toro de San Marcos" pasan a mejor vida bastantes romerías, empalados y disciplinantes de las procesiones de cuaresma, danzas de Corpus... A la cuenta de Fernando VI hay que apuntar el mazazo al "toro de San Marcos". Su orden de supresión del festejo está fechada en Madrid el 3 de febrero de 1753. José Luis Yuste en el libro Tradiciones Urbanas Salmantinas (19) inserta la carta enviada por el rey al obispo de Salamanca don José Zorrilla de San Martín, carta extensible a los responsables de las diócesis de Extremadura. La misma no tiene desperdicio:

"Ilmo. Sr .

Haviendo sido servido S.M. remittir al Consexo escritta representtación a fin de que diesse la providencia conveniente a que cessasse enteramente, y se quitase de raiz la ceremonia supersticiosa observada de ms as en los Pueblos de Estremadura, y en algunos de la Provincia de essa Ciudad, en los qe la Vispera, o dia de sn Marcos por las cofradías de estta Advocación, Cura, Religioso, y escribano se saca un Toro de la Bacada, llamandole Marcos, y llebandole despues a la Igla en procession, y ahun a las casas para lograr maiores limosnas, y conviniendo remediar semexante abuso ttan perjudicial a las buenas costtumbres, mal sonantte a la Veneración y decencia ttan debido a las Iglesias, además de resistirlo y esttar prevenido por ley del Reyno, que no entrren en ellas Bestias algunas: Ha acordado el Conxeso qe los Corregidores de Estremadura, y essa Ciudad con las mas grabes penas, y multas a las Justicias, y Cofrades de los Pueblos de su distrito, y donde hay estte pernicioso abuso no saquen ni lleben en manera alguna la Vispera, en dia de sn Marcos el Toro de las Bacadas, ni de ottra parte, no enttre en la Iglesia para Processión ni monstrarlo en manera alguna en las Casas, ni ahun emmaromado, y ha mandado prebenga a V. I. qe como en estta escandalosa funcion, se mezclan Clerigos y Religiosos, para que mas bien ttenga obserbancia la providencia, disponga V.I. se contengan las PerS de su fuero, que con demasiada ignorancia, no han reflexionado los engaños que hai en esttas maniobras ni gravissimos perjuicios, que de su Concurrencia se siguen a los Pueblos, que ttienen por milagro lo qe no es ni hai mottivo de qe sea por ser solo una Diabolica invencion...".

La orden de suspensión es llevada a Extremadura por Luis Josef Velázquez, que en 1753 estuvo en la región "bajo decreto de S. M. para que no se ejecutase la procesión del toro en el Día de San Marcos". Obispos, corregidores y gobierno se habían puesto de acuerdo para prohibir "semejantte abuso ttan perjudial a las buenas costtumbres", sin una ferrea oposición de las cofradías, a pesar de que algunas hubieron de ser llamadas a capítulo. Así consta que los cofrades de Casas del Monte, lo que no es novedad, en 1753 fueron citados "a Pasarón por el Corregidor de Plasencia para intimarlos la orden del Rey, que prohibió la superticiosa manía del Toro". A partir del señalado año no me constan en Extremadura nuevas celebraciones de San Marcos en las que tubiera cabida la ritualización con los toros. Y sin el toro las cofradías, las animadoras de la fiesta y casi todas ellas nacidas por causa del festejo taurino, pierden su razón de ser y acaban autodisolviéndose. Las ruinas de algunas ermitas de San Marcos, como la de Guijo de Granadilla, hablan del abandono a que fueron sometidas desde la segunda mitad del siglo XVIII. El espíritu que guiaba a las cofradías de San Marcos nos lo indica Lorenzo Miranda cuando dice, refiriéndose a la de Casas del Monte, que quienes instituyeron la fiesta tenían "más de bufones que de beatos...De otro modo no hubieran pretendido sus sucesores en 1763, extinguida ya la ceremonía ridícula, desentenderse por sí y por sus descendientes del culto del Santo, agregando la cofradía a la fábrica de la Iglesia, de modo que luego que cesó la licencia de olganza y de concurso, se acabó también la devoción y la piedad".

En Portugal, como vimos por el informe de Vicente Moreno Rubio, la ceremonia del "toro de San Marcos" seguía vigente, al menos en una aldea fronteriza, a principios de este siglo. Los ilustrados y los gobernantes de la vecina nación no actuaron de manera tajante y permitieron que llegara hasta tiempos muy cercanos a nosotros una costumbre de gran valor etnográfico.

____________
(1) Descripción e historia general de la provincia de Extremadura (1608).

(2) Estos documentos de Casas del Monte fueron transcritos por M. García Matos: "Curiosa historia del toro de San Marcos en un pueblo de la Alta Extremadura", en R.D.T.P., IV (1948), pp. 600-610.

(3) Crónica de la provincia de San Gabriel, de los descalzos de San Francisco. Libro II, cap. XLI.

(4) "Miscelánea", en Memorial Histórico Español, XI. Madrid, 1859, pp. 273-274.

(5) Zapata indica que el trayecto se hacía a lomos de un asno.

(6) Ver Caro Baroja: "El toro de San Marcos", en Ritos y Mitos Equívocos. Madrid, 1974. pp. 84-85. Los escritos que sirven de guía a Feijoo son los de Juan de Santo Tomás, Tomás Hurtado, Carlos Casnedi, el P. Leandro, Clemente VIII y el Dr. Laguna.

(7) Tomo V. Curs. Moral. Tract. 21, cap. II, punct. 12.

(8) Aparato bibliográfico para la Historia de Extremadura, I, Badajoz, 1977 (reedicción).

(9) El rescripto lo copia Feijoo en el Teatro Crítico Universal, Tomo VII, disc. VIII.

(10) De incantationibus sev ensalmis. Evora, 1620.

(11) Ivris spiritualis praticabilium. Lib. XV. Cordubae, 1635. Citado por Caro Baroja.

(12) En Feijoo, Tomo VII, disc. VIII.

(13) "Supersticiones extremeñas", en Revista de Extremadura, III (1901), p. 554.

(14) Op. cit., pp. 96 ss.

(15) Op. cit., pp. 87, nota 52.

(16) Badajoz, 1933.

(17) Hurtado, Publio: Op. cit., pp. 554.

(18) Sobre el ritual del "toro de San Marcos" en estos pueblos me referí en Rev. de Folklore, IV (1984), pp. 17 ss.

(19) Salamanca, 1986, pp. 55-56.



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LA FIESTA DEL "TORO DE SAN MARCOS" EN EL OESTE PENINSULAR (I)

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 80.