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Historia natural y etnozoología del cocodrilo americano en la «Crónica miscelánea de la sancta provincia de Xalisco» (1653) de Fray Antonio Tello

CUPUL MAGAÑA, Fabio Germán

Publicado en el año 2020 en la Revista de Folklore número 456 - sumario >

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Tello y la Crónica miscelánea

El sacerdote franciscano Antonio Tello (Santiago de Compostela, España, 1590 - Guadalajara, México, 1653), fue el autor de la monumental obra «Crónica miscelánea de la sancta provincia de Xalisco» (fig. 1). En ella describe acontecimientos ocurridos durante la primera centuria del que fue el reino de la Nueva Galicia (1531-1821) de América Septentrional, territorio localizado en lo que hoy es el centro occidente de México (fig. 2). Tello arribó a esta región a la edad de 26 años (De la Torre 1998, 530; Murià 2001, 244; 2006, 36).

La obra se terminó de escribir en 1653 y consta de seis libros. El segundo, editado por primera vez en 1891, es el más valioso para el estudio del pasado del estado de Jalisco, la antigua provincia franciscana de Santiago de Xalisco. En el libro se describe el espacio físico y a los pobladores, pero se destaca la conquista y la colonización española, así como los milagros de los padres provinciales y frailes destacados. Por estos últimos hechos, se ha dicho que el libro es particularmente «un tratado de la conquista espiritual y temporal de Jalisco» (Murià 2001, 245).

La fauna y los cocodrilos

A pesar de ello, la obra ofrece en algunos pasajes de sus 271 capítulos, valioso conocimiento sobre la historia natural de la flora y fauna de la región. Con relación a la fauna nativa, se citan una variedad de aves y peces, crustáceos, moluscos, ciervos, conejos y liebres, corales, coyotes, tigres[1], leones[2], venados, hormigas, jabalíes, langostas, mosquitos, sapos, tigrillos[3], serpientes, zorras, así como lagartos y caimanes (Metcalfe 1946, 78, 80-85, 88-94, 97, 99-103, 105, 106, 108, 113).

En cuanto a lagartos y caimanes, estos nombres aún son de uso común en la región para llamar específicamente al cocodrilo de río o americano, Crocodylus acutus[4] (fig. 3); especie ampliamente distribuida en la costa occidental de México (Casas-Andreu y Guzmán-Arroyo 1970, 25; Méndez-de la Cruz y Casas-Andreu 1992, 126; Cifuentes y Cupul 2004, 108; Gómez Encarnación 2019, 78). Con relación a la palabra «caimanes», esta se menciona en las páginas 7, 119, 126 y 132 del libro; mientras que «cocodrilo» y «lagarto», se citan solamente en las páginas 7 y 132 (Tello 1891, 7, 132; Metcalfe 1946, 93).

Cocodrilo americano

En esta nota[5], se retoman fragmentos de la crónica de Antonio Tello donde menciona al cocodrilo americano, con la finalidad de realizar una interpretación de su historia natural y el tipo de relaciones que mantenía con los pueblos originales del México antiguo. Así, lo primero que se observa es que Tello no hace mención sobre el nombre de este reptil en alguna lengua nativa, solo cita que «los caimanes son a modo de cocodrilos y de la hechura de un largarto» (pág. 7).

Por lo que dice más adelante (pág. 132), es probable que Tello utilizara las palabras lagarto y caimán indistintamente para referirse al cocodrilo americano de la región:

…salieron unos indios desnudos con unos garrotillos en las manos, los cuales, bulléndose, en lo más profundo del agua, sacó cada uno un lagarto ó caimán abrazado con él, y con gran destreza y gallardía se le subía en los lomos y espinazo, y lo rendía á palos hasta sacarlo á tierra, donde los toreaban como en coso y lo mismo hacían en el agua…

En cuanto a la palabra cocodrilo, el sacerdote deja muy en claro que para él los cocodrilos son los del Viejo Mundo, específicamente los africanos, pues relata con relación al caimán que «…no llora como los cocodrilos del Nilo[6], aunque es muy semejante a ellos…» (pág. 7). Sobre el llanto de los cocodrilos, este se refiere al «ronroneo» que producen las crías y sus madres para localizarse y a la particularidad de expulsar sales a través de glándulas localizadas en sus ojos (Cifuentes y Cupul 2004, 27).

Un gran depredador

Por otra parte, Tello destaca características interesantes del cocodrilo americano sobre su abundancia en la costa, su morfología y comportamiento depredador (pág. 7):

…de ahí va caminando entre peñas y quebradas[7] á Tierra Caliente [donde ya está lleno de caimanes, (…). Es el caimán animal de cuatro piés, (…) y de una increíble grandeza; tiene uñas, y en el lomo, espaldas y cabeza, una concha tan dura[8], que resiste una bala de mosquete; (…), y tiene sus propiedades de ser voraz y carnicero, y así come y despedaza cualquier cosa viviente…

Sobre su gran tamaño, se sabe que hace más de medio siglo aún era posible observar en México ejemplares de no menos de seis metros (Álvarez del Toro 1974, 14). Por su parte, la mención de una piel resistente a la perforación por una bala de mosquete, no es ninguna exageración del cronista (fig. 4). Se ha documentado que la mayoría de las armas utilizadas hasta antes de 1870, difícilmente podían atravesar la piel y matar a un cocodrilo. Sin embargo, con el desarrollo de mejores armas de fuego y balas endurecidas la situación cambió. Este cambio generado en la cacería la expresó el explorador del Nilo Sir Samuel Baker, al referirse a las balas, en su memorable frase: «pueden atravesar a un cocodrilo como a una hoja de papel» (Pooley 2016, 428).

De presas y reproducción

Interesante es la mención sobre su preferencia de alimentarse de perros (fig. 5) y de tener por depredador al tigre o jaguar (pág. 7): «…en particular apetece los perros para comérselos; un enemigo se le conoce, que es el tigre, animal feroz que se mete tras él en los ríos y lagunas, y abriéndole por la barriga, le despedaza con las uñas…». Se ha documentado que el cocodrilo americano se alimenta de animales domésticos como cabras y perros; además de ser depredado habitualmente por el jaguar (Gorzula y Seijas 1989, 54, 55; Magnusson 1989, 106; Throbjarnarson 1989, 249, 254).

En la misma página 7, continúa el autor enumerando aspectos sobre su biogeografía, hábitat, fisiología y reproducción:

…no se cría este animal sino en tierras calientes ó templadas y no entra en el mar, porque no puede sufrir el golpe de sus olas; su habitación ordinaria es en el agua, aunque muchas veces sale á tierra para que el sol le caliente y para poner sus huevos en las arenas, les hace un hoyo á donde los entierra y cubre con arena; y cuando salen del huevo los hijos, se ponen á la orilla del agua y se les ponen encima y, yendo nadando con ellos, da una zambullida y los que caen se traga y los que quedan asidos se crían].

En México, se ha establecido que el límite norte de distribución para el cocodrilo americano es la isoterma de 18 oC (casi mil kilómetros al norte de la Provincia de Xalisco), debido a sus requerimientos corporales de altas temperaturas (Cupul-Magaña et al. 2017, 58). El religioso, aunque acertado en la explicación del comportamiento de termorregulación[9] del cocodrilo al observarlo salir a tierra a calentarse con los rayos del sol (fig. 6), carece de datos de campo al descartar su incursión al mar; pues la habilidad para hacerlo está documentada plenamente (Throbjarnarson 1989, 229; Cupul-Magaña et al. 2005, 46; Cupul-Magaña 2012, 480).

Sobre la reproducción de la especie, sus observaciones son claras, pues en poblaciones de cocodrilo americano de la costa de Jalisco, los huevos (entre nueve y 54) son puestos en hoyos cavados en la arena (Fig. 7), principalmente durante la estación seca (marzo-abril) para que eclosionen al inicio de la temporada de lluvias (junio-julio) (Casas-Andreu 2003, 126; Cupul-Magaña et al. 2004, 34-36). Asimismo, notable es la descripción de los cuidados parentales o maternales que ofrecen las hembras a las crías (fig. 8) y del canibalismo que se puede presentar ocasionalmente en la especie cuando la densidad poblacional es alta (Throbjarnarson 1989, 254). También, es muy probable que Tello confundiera los cuidados de una madre, cuando toma con su hocico a una cría para transportarla de un lugar a otro, con canibalismo (Throbjarnarson 1989, 242; Cupul-Magaña et al. 2004, 39).

Juegos con reptiles

Además de la biología, Tello aborda la etnozoología en su crónica. Párrafos arriba se citó su descripción de un tipo de espectáculo de lidia con cocodrilos, que un grupo de indígenas desnudos montó para dar la bienvenida al conquistador español Nuño Beltrán de Guzmán y su ejército (pág. 132); como si se tratara de una atracción turística de entretenimiento, lo que recuerda los espectáculos actuales de cocodrilos en Tailandia (Cohen 2009, 112).

Lo relatado a continuación (pág. 132), destaca la abundancia de la especie, así como su uso en celebraciones y el desarrollo de habilidades, estrategias e implementos de caza por parte de los naturales:

…los toreaban como en coso, y lo mismo hacían en el agua, lo cual causó gran susto y admiración al ejército, y al pasar el río, ya que el general llegaba en medio, rompieron el bosque, y fue tanta la multitud de lagartos que salieron de él, que se cubrió el río, y los indios con gallardía y presteza los flechaban y lanzaban, y á los nuestros les pareció un muy vistoso torneo…

Otro pasaje donde se narra el uso de cocodrilos por el señor de Aztatlán para el entretenimiento de los conquistadores españoles, que recuerda el uso de estos reptiles durante los juegos romanos (Jennison 2005, 64), se encuentra en la página 119:

…A la entrada de la casa del cacique y señor, tenían dos tigres mansos atados hermosísimos, y teníanlos cebados con un caimán atado á un árbol, y así como llegó el gobernador, soltaron los tigres y el caimán, y hubo entre ellos una batalla y pelea muy vistosa, y al cabo el más fuerte de aquellos dos tigres, saltó encima del caimán y le comenzó a comer, y estando forcejeando, el otro tigre dio una manotada al caimán en la cabeza, que se la partió como quien parte un nabo…

Seguramente la «partida de cabeza» del caimán, propinada por el manotazo del tigre que observó Tello, fue resultado último de mordeduras previas que le asestó el felino; pues una de las formas de depredación más afectivas del jaguar, documentada en pecaríes, consiste en la aplicación de su fuerza de mordedura en el cráneo, provocándole un estrés altamente compresivo que deviene en su posterior fractura con una muerte rápida (Del Moral Sachetti et al. 2011, 771).

Etnozoología

Es probable que los cocodrilos o partes de ellos estuvieran asociados a rituales, ofrendas o consumo directo de los grupos culturales nativos de la región. Evidencia de esto puede ser el hallazgo de huesos en depósitos arqueológicos del occidente de México; principalmente huesos y osteodermos carbonizados, así como dientes con perforaciones que forman parte de un collar (Olay Barrientos et al. 2015, 21; Carballal Staedtler y Moguel Cos 2017, 86).

Aunque, es necesaria mayor investigación etnozoológica que vincule al cocodrilo en festividades como la arriba descrita, ya que se ha propuesto que lo escrito al respecto puede ser una interpretación del autor de tradiciones muy distantes a la suya (Galván 1982, 160-162); lo que sí es evidente en el relato de Tello, es el uso de la piel del reptil como accesorio para definir el alto o importante estatus social de un personaje. Así, en la página 126 el sacerdote menciona lo siguiente sobre la vestimenta de un cacique que recibió en sus tierras a Nuño Beltrán de Guzmán: «…á una legua del pueblo y río de Chiametla[10], salió á recibir á Guzmán el señor y cacique de aquel pueblo, con más de cinco mil indios de guerra muy galanes, y traía un coselete de cuero de caimán…».

Tello no menciona nada sobre el nombre con que los indígenas llamaban a la prenda de piel de cocodrilo y que él sólo atinó a reconocer como un coselete de cuero de caimán. Este accesorio, cuyo nombre dado por el cronista es un galicismo que hace referencia a la indumentaria militar (Rost Bagudanch 2009, 965), es una armadura del cuerpo que se compone de gola, peto, espaldar, escarcela, brazaletes y celada (Cotelo García 2012, 311).

La crónica de Antonio Tello reúne un número significativo de observaciones precisas sobre la historia natural del cocodrilo americano. Pero, en cuanto a los aspectos etnozológicos de los cocodrilos, me parece que es necesario cotejar sus observaciones con resultados de futuros estudios antropológicos sobre las costumbres de los descendientes de los pueblos originarios que habitaron esta región y con nuevos hallazgos arqueológicos. De hecho, se ha dicho que el cronista, a pesar de tener una pluma muy bien cortada (es decir, que se expresa bien por escrito), ante lo sorpresivo y distante de la realidad americana, le costaba aún más discernir entre lo que podía ser verdadero o falso de las informaciones que fue obteniendo (Galván 1982, 169; Murià 2001, 249).




BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

[1] Nombre con que aún se sigue llamando al jaguar, Panthera onca.

[2] Nombre utilizado para nombrar al puma o león de montaña, Puma concolor.

[3] Nombre asignado al margay, Leopardus wiedii.

[4] En México, actualmente existe otra especie de cocodrilo, el cocodrilo Moreletii (Crocodylus moreletii) en la costa del Golfo de México, así como una de caimán de anteojos (Caiman crocodilus chiapasius) en el estado de Chiapas.

[5] El autor agradece a Mariela Bárcenas Yepis y Herlinda López Nuño de la Biblioteca Miguel Mathes de El Colegio de Jalisco, A.C. su invaluable apoyo con material bibliográfico.

[6] Seguramente se refiere a la especie africana Crocodylus niloticus.

[7] Se describe al río Grande de Santiago que desemboca en la costa del actual estado de Nayarit, bañado por las aguas del océano Pacífico, conocido en aquel entonces como Mar del Sur.

[8] Estos son los osteodermos, placas de hueso recubiertas de piel, presentes en el lomo y nuca del cocodrilo.

[9] Es un proceso fisiológico donde el cocodrilo toma el calor del sol para aumentar su temperatura interna, pues ésta no es estable como en los mamíferos (por eso a los reptiles, como los cocodrilos, se les llama de sangre fría). Cuando siente calor, entonces lo disipa al sumergirse al agua o abrir su hocico para eliminar el exceso como si de un radiador se tratase.

[10] Chametla, se encuentra en la costa sur del actual estado de Sinaloa.



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Historia natural y etnozoología del cocodrilo americano en la «Crónica miscelánea de la sancta provincia de Xalisco» (1653) de Fray Antonio Tello

CUPUL MAGAÑA, Fabio Germán

Publicado en el año 2020 en la Revista de Folklore número 456.

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