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Rojo y Azul. Fiesta popular tradicional en Majagua

DE LA CRUZ PEREZ, Meyci

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 444 - sumario >

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Introducción

América Latina, desde el punto de vista de cultura popular, es una región bien diferenciada. Tanto si se comparan entre sí los países que la integran, como si se analizan internamente cada una de las naciones latinoamericanas. Amplia es la lista de autores latinoamericanos que han analizado extensamente el marco referencial de la cultura popular, por lo que sólo hacemos mención sintéticamente en este artículo, a partir de la compilación realizada por Colombres (1982).

Para Eduardo Galeano (1982) la cultura es un complejo sistema de símbolos de identidad que el pueblo preserva y crea; Margulis (1982), plantea que la cultura es de los de abajo, fabricada por ellos mismos en respuestas a sus propias necesidades, que es una cultura solidaria pues sus propios productores y consumidores son los mismos individuos que la crean y ejercen, puede ser apenas un conjunto de símbolos y gestos, costumbres, rituales de comunicación o elementos de tipo narrativo o musical: un poema, una canción, un mito. Para Estavenhagen (1982), es en gran medida, la cultura de las clases subalternas; es decir, una cultura de clases, es la expresión cultural de grupos étnicos minoritarios. Para García (1982), las culturas populares son el resultado de una apropiación desigual del capital cultural, una elaboración propia de sus condiciones de vida y una interacción conflictiva con los sectores hegemónicos; y para Bonfil (1982) en una relación de dominación/subordinación, será posible distinguir en la cultura del grupo subalterno, la presencia de elementos culturales que corresponden a cada una de las cuatros categorías de cultura: autónoma, apropiada, enajenada e impuesta y estas cuatros categorías pueden ser propias y/o ajenas.

Stavenhagen (1982), afirma muy acertadamente, que las culturas pueden diluirse y desaparecer irremediablemente o bien pueden rescatarse, recuperarse y transformarse en una herramienta de las clases y etnias populares para defender su identidad y fortalecer su conciencia. En este último caso las culturas populares no pueden ser consideradas solamente en términos amplios y abstractos, sino que deben considerarse en sus contextos específicos a nivel de comunidad y localidad concreta.

Lo esencial de la cultura popular es su autogestión, el ser libre expresión de la creatividad popular; sin paternalismo, ni dirección por parte de los sectores dirigen el conocimiento, la técnica y la difusión, ella no puede ser planificada, dirigida, encuadrada o guiada desde ningún sector; lo que si puede hacerse es contribuir a remover obstáculos para que la libre creación popular pueda manifestarse. La cultura popular es también un mecanismo muy legítimo y natural de defensa de una comunidad y sus valores, una cultura de resistencia.

La cultura popular tradicional se reconoce como el conjunto de expresiones y manifestaciones generadas, creadas y preservadas en una sociedad o grupo humano específico, con un condicionamiento histórico dado. Se transmite y difunde de una generación a otra, fundamentalmente por vía oral y re-creación. Constituye un proceso dinámico y la caracterizan: historicidad, continuidad, transmisión, empirismo, anonimato, habilidad, destreza, espontaneidad y vigencia por extensos períodos de tiempo.

Afirma Bonfil (1991) que en el mundo contemporáneo las sociedades tienden a ser cada vez más complejas y diversificadas culturalmente. Esta diversidad obedece a factores de distinta naturaleza: contrastes geográficos regionales, desniveles económicos, educativos, y variables como la edad, el sexo, la ocupación, el sitio de residencia y pertenencia. En conjunto estos factores propician la formación y reproducción de redes de relaciones sociales, más o menos estables o delimitadas, que desarrollan elementos culturales distintivos a partir de los cuales refuerzan los vínculos sociales internos y construyen su propia identidad colectiva, contrastante y excluyente respecto a otras identidades del mismo género. Así se diversifican modos de hablar, patrones de conducta, valores y símbolos propios, habilidades, creencias y conocimientos que conforman contornos identitarios en el seno de las sociedades nacionales. Esta tendencia a la diversificación cultural tiene su contraparte en el conjunto de factores que actúan a favor de la unificación o la uniformidad cultural. El sistema escolar y los medios masivos de comunicación, los mecanismos de movilidad social, tanto en sentido horizontal como vertical, así como muchas acciones de política gubernamental, empresarial, religiosa o partidaria, tienden en la mayoría de los estados nacionales a eliminar la diversidad cultural con algún propósito declarado o implícito: crear un mercado, reforzar la unidad nacional, realizar la justicia social o divina, alcanzar la democracia, etc.

Ahora bien, desde este marco analítico centraremos nuestra atención en el evento más representativo de las culturas populares. Nos referimos a la fiesta.

La fiesta es el crisol de distintas tradiciones, creencias y ritos religiosos, la música, las danzas, los juegos o competencias, las comidas y bebidas relacionadas con ellas, la ornamentación, expresiones de literatura oral, vestuario, medios de transporte y otros aspectos de la cultura espiritual y material del pueblo. Estas pueden estar vigentes o no y poseer un contenido religioso o laico. Su realización puede ocurrir en el medio urbano o rural. Es, por tanto, una manifestación de la cultura tradicional que resulta básica para el estudio integral de un núcleo social, toda vez que muestra las principales costumbres, hábitos y comportamientos sociales (Feliú, 2003).

La fiesta popular tradicional es parte de la memoria histórica de la comunidad, constituye un símbolo de su identidad. Trasmite formas de organización, estructuras sociales y comunitarias. Ejerce, además, una función cohesionadora, al viabilizar iniciativas colectivas. También estimula la creación y activa la participación de los más jóvenes, su apropiación de símbolos y valores aceptados por la comunidad. Eso resulta indispensable. La tradición que no pasa a la nueva generación, muere (Feliú, 2003).

Para el desarrollo del presente estudio han sido considerados varios trabajos publicados en libros, artículos, monografías y ponencias en Cuba, los cuales tratan sobre actividades festivas, sus orígenes, motivaciones, así como los elementos que las integran. El Atlas Etnográfico de Cuba constituye la investigación más amplia y abarcadora hasta ahora realizada sobre la cultura popular tradicional expresada en sus diferentes formas y manifestaciones (materiales y espirituales). Partiendo del estudio y recopilación del acervo de expresiones y manifestaciones de la creación popular, mantenidas, recreadas y trasmitidas en un proceso secular que las hace tradicionales y en el que se emplean como vías de transmisión la palabra y el ejemplo, el trabajo abarcó en el campo de la cultura las fiestas populares tradicionales, la música popular tradicional, danzas y bailes populares tradicionales y las tradiciones orales.

El caso particular que nos ocupa es la fiesta popular de los bandos Rojo y Azul que tiene lugar en el municipio de Majagua, provincia de Ciego de Ávila en Cuba. Esta festividad ha sido abordada desde un planteamiento puramente descriptivo, y se ha centrado en los orígenes de la tradición y su desarrollo histórico, lo cual no le resta valor, sin embargo existen etapas de la misma que aún no han sido tratadas o valoradas, desde una perspectiva antropológica.

Es por ello que nos hemos planteado el siguiente problema científico:

¿Qué significados poseen los bandos Rojo y Azul en la actualidad para los majagüenses?

El trabajo persigue dar respuesta a este problema mediante los siguientes objetivos generales:

1. Caracterizar el estado actual y las perspectivas de desarrollo de los bandos Rojo y Azul de Majagua.

2. Conocer el sentido y significado que poseen los bandos Rojo y Azul en la actualidad para los majagüenses.

Se utilizaron las técnicas de la entrevista en profundidad y la observación participante para la recolección de la información, una muestra pequeña no probabilística que se seleccionaron intencionalmente por sus conocimientos, función en las instituciones culturales y su participación en las fiestas. La perspectiva general de la investigación fue cualitativa.

Desarrollo

Debemos comenzar por un análisis diacrónico, trasladándonos a un punto remoto que se tenga noticia, para seguir desde ahí objetivamente, el hilo de la historia, de los hechos y circunstancias que fueron definiendo la tradición.

Majagua se fundó a partir de la construcción del ferrocarril central en 1902, luego se urbanizó oficialmente en 1907. Fue un pequeño pueblo que tuvo su florecimiento en la etapa de la danza de los millones[1]; su desarrollo socioeconómico y cultural fue incipiente en las primeras décadas. Su economía se redujo a la explotación forestal, la ganadería en pequeña escala y la industria azucarera a partir de la construcción del central azucarero Algodones en 1914 por compañías privadas y extranjeras.

En el terreno cultural no hubo mayor preocupación por parte del gobierno, sólo la burguesía criolla (pequeños y medios burgueses), con fines comerciales fundaron un teatro, sociedades de instrucción y recreo, centros de enseñanza públicas y privadas.

En el caso de las sociedades de instrucción y recreo se crearon dos destinadas a españoles, criollos y mestizos y una para los negros.

A finales de la década del veinte, debido a la crisis capitalista o período de las vacas flacas[2], se deja sentir en el pueblo las consecuencias funestas de la misma. La pequeña burguesía en ascenso, los comerciantes y otros sectores minoritarios tratan de aunar esfuerzos para enfrentarla; debido a ello se fusionaron las sociedades de blancos Unión Club de criollos y la Colonia Española y se forma así la Unión Latina, en cuyo locales sus socios podían disfrutar de pasatiempos y distracciones como; juegos lícitos, veladas, tertulias, bailes y otras clases de fiestas.

Es en el año 1927, cuando Escarnita Martínez y su esposo Leovigildo Díaz, habitantes del poblado, organizan un baile en su casa con el propósito de recaudar fondos por la difícil situación económica que afrontaban, este baile contó con un elemento diferente: se organizó un guateque[3] al estilo de los que se desarrollaban en las zonas rurales; en él se bailó, se cantó música campesina y contó además con otros elementos característicos como las comidas, bebidas típicas y ambientación campesina.

Este baile tuvo mucho éxito; resultó ser el marco apropiado para el recuerdo de los más viejos y aun jóvenes que, procedentes del campo, habían fundado el pequeño poblado casi veinte años antes y a la vez algo novedoso e interesante para los que habían conocido los guateques. Este tipo de fiesta o baile en casas particulares era cosa acostumbrada, pero Escarnita y Leovigildo tuvieron la idea del que suyo fuera diferente, lo que determinó que al año siguiente organizaran el guateque en forma de comparsa y para entonces los bailadores debieron asistir vestidos con trajes guajiros; es decir, las mujeres con vestidos adornados con vuelos, lazos, flores en el cabello, collares, abanicos, y los hombres usando guayaberas, sombrero de guano, pañuelo anudado al cuello y con machete. En el año siguiente, es decir, en 1929, cuando se conformaron dos comparsas guajiras: surgen los bandos Rojo y Azul, que toman sus nombres y colores del equipo de pelota que los fines de semana celebraban sus encuentros deportivos y que constituían uno de los escasos momentos de esparcimiento con que contaba la población.

En el hecho de organizarse en comparsas intervienen figuras como las de Pedro García Menéndez, que procedente de Sancti Spíritus se había radicado en el poblado de Majagua años atrás, quien conjuntamente con Escarnita, Leovigildo, Pablo Sarmiento y Paula Acosta, las dirigen para su primer encuentro competitivo, teniendo lugar así el nacimiento de la tradición cultural de Majagua.

Esta situación fue aprovechada por la directiva de la sociedad Unión Latina, la que comienza a patrocinar cada año, a partir de 1930, el denominado Baile Guajiro en sus salones, introduciendo la presentación y competencia de los bandos como elemento característico de la misma. Por su éxito financiero motivó su celebración los días posteriores a la terminación de la zafra azucarera (segunda quincena de abril), por lo que se puede entender que no sólo tenía una finalidad cultural o religiosa por el coincidir con el sábado de gloria de la semana santa, sino también económica porque permitía solventar los gastos que ocasionaban los bailes de reglamento, es decir, los bailes que debían celebrarse de manera obligatoria en determinadas fechas por la sociedad; además, realizar inversiones en el mejoramiento y ampliación de sus locales, adquisición de mobiliario y otros gastos para proporcionar instrucción y recreo a sus asociados.

Fue el amor del pueblo, mayoritariamente de origen campesino, el gusto de crear y recrear cantos y bailes, el apego a sus costumbres y situaciones suyas o de sus antecesores, el móvil que echó a rodar esta tradición.

Si bien es cierto que lo anteriormente expuesto completa la cadena de hechos que propiciaron el nacimiento de una tradición, la conservación y mantenimiento de la tradición campesina en la zona, no menos verdad es que surgieron limitaciones de tiempo en la presentación de los Bandos dentro de la sociedad que ocasionaron la eliminación paulatina de diferentes cantos y bailes, conservándose solamente los de mayor participación colectiva y de hecho más populares.

Así se celebraron cada año hasta 1956 el Baile Guajiro con las competencias de los bandos. En los mismos se conformaba un jurado, generalmente integrado por músicos de la orquesta, miembros de ambos bandos y personalidades invitadas, que dictaban su veredicto. Cada bando llevaba una pareja de Viejos y la pareja de Cuba y Liborio, personajes protagonistas y que han quedado como elementos imprescindibles de la fiesta hasta nuestros días, el resto de la comparsa se componía de 25 a 30 parejas. La representación se realizaba dentro del local de la sociedad y sólo eran admitidos en el salón los asociados a la institución e invitados de otras sociedades (personas de moral, buenas maneras y posición económica, nunca personas de reputación dudosa y negros). Se adornaban las calles principales del poblado con el apoyo de los comerciantes, toda la comida, dulces y bebidas que se vendían eran criollas. Se cerraba la calle donde estaba enclavada la sociedad con pencas de palma muy tupidas, que casi no permitía la visibilidad de los que no podían acceder a la sociedad.

El bando Azul lo integraban las personas más pudientes del pueblo, así mismo sus vestuarios y accesorios eran muy lujosos y costosos, el bando Rojo contaba más con el favor popular. Luego de la presentación de las comparsas, la orquesta invitada (Barbarito Diez, Benny Moré, entre otras orquestas afamadas del país) amenizaba la fiesta y se peleaban los gallos en el parque de la localidad.

El Baile Guajiro se desarrollaba un solo día, se realizaban juegos de pelota, torneo y encuentro de grupos de parranda de la zona central, la dirección de cada bando era propuesta por sus miembros, efectuaban rifas, concursos, ventas para su autofinanciamiento y días posteriores de finalizada la fiesta realizaban una gira por diferentes localidades del territorio para celebrar su triunfo.

Con el triunfo de la Revolución Cubana, se disuelve la Sociedad Unión Latina y con ella la tradición que por más de 20 años habían acariciado los majagüenses, en la década del sesenta (1966 y 1967) hubo un intento de reorganizar las fiestas pero con un carácter más popular, con la participación de todo el pueblo. Se organizan dos bandos apadrinados y solventados por los sindicatos de la Alimentación y el Petróleo (Rojo y Azul, respectivamente), este movimiento no alcanzó suficiente apoyo popular para la continuidad de la fiesta y tubo una duración muy efímera.

Con el asesoramiento metodológico del Centro Nacional de la Cultura Cubana Juan Marinello y como parte de la política cultural del país se llevó a cabo una labor de revitalización de las tradiciones populares. En el municipio de Majagua en 1980 por decisión del gobierno local se designan dos directores para cada comparsa, ambos integrantes del Conjunto Artístico XX Aniversario: del bando Rojo sería Rafael de la Cruz Hernández y por el bando Azul José Luis Ballón Rouco, la presentación de los bandos se realizó en el mes de junio teniendo en cuenta los mismos elementos de El Baile Guajiro que se realizaba en la sociedad, sin embargo, tuvo sus peculiaridades: 1) El paseo de la comparsa con mucho colorido y entusiasmo hasta el lugar del desarrollo del espectáculo (Paseo Martí), escoltada por una caballería que enarbolaba la enseña nacional. 2) La ejecución de seis bailes básicos (caringa, papalote, zapateo, anda Pepe o doña Joaquina, sumbantorio y gavilán). 3) Las iniciativas del bando Rojo de presentar un baile que se le denominó Rescate que para ese año fue La Culebra y un guión del espectáculo muy sencillo, estos tres elementos son muy fuertes y de carácter imprescindible en la actualidad. Ese año el bando Rojo fue el ganador.

En 1981 el bando Azul añade a los personajes protagónicos diálogos y una participación en el baile más activa, de esta forma aparecen nuevos personajes en cada espectáculo siempre a tono con la motivación y época que serían tratados en la fiesta, el bando ganador fue el Rojo. Este nuevo elemento fue cobrando mucha importancia hasta nuestros días.

En 1982 el bando Azul no se presentó y en 1983 vuelven a competir los bandos ininterrumpidamente hasta 1989.

Igualmente que en la etapa de su surgimiento, se realizaron los juegos tradicionales, pelota y torneo, se decide formar una comparsa infantil en cada bando que ejecutaría sus bailes ese día sábado por la mañana, con el tiempo se decide que estas comparsitas desarrollen sus danzas una semana antes del día de la fiesta grande, es decir al inicio de la semana de la Jornada de la Cultura.

La fecha de celebración de las fiestas varió en los primeros años (junio, octubre, noviembre), siempre fuera del marco de los carnavales, en la segunda mitad de la década del ochenta se decidió que los bandos se insertaran en la Semana de la Cultura del municipio, que posteriormente se fusionó con la celebración de los carnavales.

En los cinco primeros años de la década de los ochenta la tradición se fue consolidando, rebasado este lustro la tradición ocupa un lugar privilegiado, vive sus mejores años, es el momento clímax de la misma, surge entonces el más amplio y variado espectáculo de promoción y animación cultural nunca antes visto, donde el pueblo es el sujeto promotor y participante activo de su cultura; ensayos en secreto, retos, congas en las calles, salidas de ambos bandos, adornos, colocación de propaganda y cuanto medio disponible para hacerse sentir; todo ello culmina con el encuentro competitivo de los bandos, en noche llena de colorido, alegría y emociones. Allí se mostraban los resultados de tanto esfuerzo pues las sorpresas eran innumerables: modelo de vestuario, escenografía, coreografías, personas que interpretarían los personajes protagónicos, trabajos de rescate y argumento de las comparsas.

El pueblo participaba de manera más activa y entusiasta en estas fiestas: unos organizaban, otros fungían como músicos, dirigentes, bailadores; se confeccionaban vestuarios, complementos, adornos, propagandas y escenografías, se aseguraban los más mínimos detalles, todo ello mediante la movilización festiva y cultural sin precedentes en la historia local, primando la rivalidad y la competencia.

Todos los majagüenses tenían su bando, Rojo o Azul; niños, ancianos o jóvenes, mujeres u hombres, negros o blancos, todos colaboran en la medida de sus posibilidades para que su bando fuera el ganador.

En 1989 el bando Azul, nuevamente, no se presentó a la competencia. A partir de 1990 hasta 1997 comienza una nueva etapa en la tradición popular de Majagua, el bando Azul cambia su dirección con la intervención de los directivos de Cultura y el gobierno, la condición es que no se compita más.

Otro elemento importante lo constituyó el inicio del período especial[4] en Cuba, la curva comienza a descender rápidamente, elementos imprescindibles del espectáculo se desvirtúan (competencia, rivalidad, calidad del baile, la música, el rescate), la participación popular en la fiesta era muy escasa, los simpatizantes de cada bando sentían vergüenza por la baja calidad del espectáculo; en 1998 la lluvia impidió que el bando Azul se presentara. Desde 1999 hasta el 2002 se restablece la competencia y en ese mismos año (2002) el bando Rojo elige una nueva dirección con la participación exclusiva de los rojos, en el 2003 el bando Rojo se presenta el domingo porque se enferma el personaje de la vieja, en el 2004 y 2005 gana consecutivamente el bando Azul; en el 2006 no se celebran las fiestas populares por decisión del gobierno local.

Estamos en presencia de una tradición que tuvo sus orígenes bien definidos a finales de la década de los años veinte, que se arraigó y consolidó, a pesar de su carácter elitista; se suspendió al triunfo de la Revolución Cubana con el cambio que provocó la misma en la estructura social; hubo un intento de rescatarla en la década de los sesenta que no resultó; hubo un renacer de la tradición a inicios de los ochenta con un marcado carácter popular, y comienza a ascender para alcanzar la cúspide y permanecer en un período de meseta hasta 1990, en que desciende vertiginosamente hasta 1998 como resultado del período especial que vivió el país y la falta de competencia entre los bandos. Desde este año hasta la actualidad, la fiesta está marcada de muchas irregularidades que la situarían en un período de estancamiento.

Majagua, para los majagüenses, es un pueblo muy arraigado a sus tradiciones, sus pobladores son entusiastas, solidarios, humanos, bailadores, pertenecen y defienden al bando Rojo o al bando Azul. Sus símbolos son: arquitectónico: El Palacio, construido en 1913 y que hoy cae en pedazos; geográfico: el río que rodea al poblado y lleva su mismo nombre; el lugar de mayor movilidad social es el Paseo Martí donde se concentran el comercio, el parque, el ferrocarril, el centro del pueblo, donde además tiene lugar la fiesta.

La identidad cultural más importante de la localidad es la fiesta de los bandos Rojo y Azul, el sentimiento de amor, pertenencia y deseo de preservar la tradición de un grupo de majagüenses, a decir de los entrevistados, son los únicos elementos que en la actualidad viabilizan la tradición y constituyen barreras la falta de apoyo institucional y la celebración de las mismas con los carnavales.

Existe consenso en las respuestas de los sujetos que las cuestiones que eran importantes e imprescindibles en la primera etapa de la tradición han ido variando, lo cual no quiere decir que se haya desvirtuado la misma, sino que han aparecido nuevos significados, para nuevos elementos que se modelaron y consolidaron en las dos últimas décadas del siglo pasado como son: el paseo de la comparsa hasta la plataforma central, el rescate, las escenificaciones y dramatizaciones, la escenografía y el guión del espectáculo. Por otra parte, existen características comunes que mantienen unidas todas las etapas como son: el baile, la música y los personajes protagónicos; a nuestro entender la capacidad del pueblo de reconstruir su tradición, renovándola y adaptándola a las situaciones que enfrentaba en cada uno de los momentos por los que transitó, es una cuestión medular en el mantenimiento de esta tradición, que al ser un hecho eminentemente social, como la sociedad evoluciona, cobrando nuevos sentidos para el pueblo, sino hubiese desaparecido.

¿Cuáles son las características de las fiestas de los bandos Rojo y Azul en estos momentos y su significado para los majagüenses? No tiene un orden jerárquico.

Alto sentido de pertenencia de los que participan en la fiesta

«Tradición auténtica y autóctona del pueblo», «Es parte importante de Majagua, de nuestra idiosincrasia», «De trascendencia nacional porque preserva la cultura popular tradicional», «Tradición de las más importantes del país», «Capital de la cultura campesina, no se importa la música como en la fiesta del Cucalambé»[5]. Hay un sentimiento de amor, de felicidad al hablar de los bandos, la conversación sobre el tema siempre es emotiva (lágrimas en los ojos en muchos de los entrevistados) y existe sobre todo un compromiso y una obligación de defender su bando y darlo todo por él. En la fecha de celebración de la fiesta acuden a Majagua muchas de las personas que se fueron del pueblo y a su regreso ayudan y siguen siendo de un bando o de otro.

Presencia de la música típica campesina. Se interpreta el punto de parranda[6] y sones con motivaciones de la vida rural. Ejecución de bailes tradicionales campesinos

«Donde mejor se baila es en Majagua», «La mejor caringa la baila Tico», «Ese no sabe bailar zapateo sino arrastra los pies», «Los grupos danzarios de otras partes creen que están bailando bien». Los majagüenses sienten que su punto de parranda es único, que la forma de bailar el zapateo es peculiar en esta zona por su ejecución rápida y difícil, se considera un gran bailador el que domine la técnica del zapateo y realice improvisaciones durante el baile. Existe la creencia entre los pobladores de que son muy buenos bailadores, que tienen mucho ritmo y desde un niño a un anciano no existe resistencia al movimiento cuando se escuchan los sones que interpretan los bandos. Algo singular es la crítica severa, por parte de los majagüenses, a grupos de aficionados a la danza que cuentan en su repertorio con estos bailes, para ellos nunca lo hacen bien y desvirtúan las letras de las canciones y los pasos de los bailes. Entre los bailes campesinos cubanos más conocidos nacional e internacionalmente se encuentran: Gavilán, Sumbantorio, Caringa, Zapateo, Papalote, Doña Juaquina y Anda Pepé.

Realización de juegos tradicionales: pelota y torneo. Identificación y alteridad

La tradición de los bandos es básicamente local, pero estos juegos son la oportunidad de medir fuerza y enfrentamiento entre ambos bandos, con la participación de competidores de otras zonas en los mismos. Aunque los resultados de los juegos no determinan en el triunfo final, crea en los simpatizantes de cada bando una condición desde el punto de vista subjetivo de estimulo, impulso y confianza en la victoria. «Este año barrimos en tres cosas», «No da punto para la competencia grande pero se gana también».

Pérdida de tradiciones culturales hacia el interior de la fiesta

Comidas, dulces, bebidas, iniciativas y adornos en las calles eran frecuentes muchos años atrás, la participación activa de todo el pueblo caracterizó estos años. La memoria colectiva nos dice que a todo el mundo le importaba y sentía lo que pasaba, el carnaval impide que se realicen estas actividades con la presencia de merolicos en las calles, de música grabada y foránea y la afluencia de personas de otras localidades que no llegan a Majagua interesadas en la fiesta campesina. «En mi casa siempre se puso un cartel del bando, ahora ni tela hay para poner uno», «La dirección de los bandos se preocupaba porque todo simpatizante de su bando pusiera un adorno en su casa», «Yo recuerdo los muñecones, el cañón, los papelitos volando, los animales que se construían, eran muchas las iniciativas».

Política cultural. Bajo nivel de convocatoria social

«Existe desinterés y desmotivación», «Ya nadie quiere ir a romper zapatos en los ensayos», «Como antes ya no es el bando, es complicado». A pesar del arraigo de la tradición en Majagua, la participación popular ha disminuido, a nuestro entender, en el mes previo a la celebración de las fiestas la participación popular se reduce a los que están involucrados directamente con su bando (bailadores, músicos, utileros, vestuaristas, entre otras funciones), hecho este que tenía una convocatoria masiva; sólo en el día de la presentación se suman simpatizantes para apoyar al bando «desde la barrera». La tradición ha pasado por etapas que han hecho mella en su mantenimiento como por ejemplo cuando se dejó de competir lo cual «No tiene sentido, se pierde el interés», «Sin competencia no hay bandos».

Rescate. Presentación de un baile nuevo e inédito todos los años, por cada bando

El rescate para los bandos es como el hijo pródigo, la obra mayor, es la creación cada año de un número musical y danzario que se realiza de forma secreta y que los integrantes de las comparsas tratan de robar a su adversario para tocarlo y bailarlo; generalmente su momento de ejecución es clímax dentro del espectáculo, los espectadores gritan, aplauden eufóricamente y la canción que se baila y tararea al terminar la presentación de cada bando es el rescate, lo que significa que: «Se pegó, gustó y se quedó», «Es como un parto», «Yo estoy seguro que no hay en Cuba repertorio de música y baile campesino como el de Majagua».

Guion, escenificaciones y escenografía

Estos elementos requieren de un trabajo de muchos meses, son elaborados nuevos todos los años. Fueron cobrando importancia a partir de la década de los ochenta, del pasado siglo, e incluso ganando mayor cantidad de puntos en la metodología de la competencia, son como retos que se imponen ambos bandos para rivalizar, para demostrar quién es mejor, nuevas ideas aparecen en cada presentación para sorpresa del público y de la propia comparsa porque tiene carácter secreto. «Años tras año yo hago lo que sea para mi bando, lo me pidan». «Yo pienso que se pasan con la creatividad, hay que cuidar los anacronismos», «Hay que apegarse más a la historia, no se puede estar inventando, el pueblo sabe evaluar», «Hay personas que trabajan como verdaderos artistas».

Decisión del resultado final por un jurado foráneo integrado por cinco miembros del Consejo Nacional de Casas de Cultura de Ciudad de la Habana. «Afinidad por el color azul de los industriales»[7], «No conocen como nosotros la tradición», «Han sugerido el teatro callejero, que los personajes no sean una caricatura, esa es otra tradición». «¿Quién represente mejor la tradición o quién aprecie mejor el jurado». Que el jurado sea de otra provincia, representa para los majagüenses una derrota, reclaman la necesidad de un jurado local; es el sentimiento colectivo hacia el «ajeno, el intruso, el que no le corre por las venas», que viene a decidir en algo que pertenece sólo a ellos, que no conocen y que costó meses de trabajo y esfuerzo. Además existe una metodología de evaluación rígida, llena de penalizaciones, que se ha convertido en una camisa de fuerza, que regula una expresión cultural tan dinámica y espontánea como si fuera un juego de pelota; se ha arraigado de alguna manera la idea en las personas del lugar de que quien gana es el pueblo y la cultura, en el afán de educar a las personas y no se cometan excesos, lo que ha hecho que se pierda de vista la rivalidad de los bandos que son los que realmente compiten.

Lugares simbólicos de la fiesta

La presentación comienza en un punto que se marca en la calle principal (a- calle Independencia), haciendo un recorrido que se denomina paseo hasta la plataforma ubicada en la Pista Joven (b- calle Paseo Martí) donde se desarrolla el espectáculo. El paseo constituye para la comparsa la oportunidad de contacto físico con su público, con sus simpatizantes y con los que lamentan el no haber hecho nada por su bando y ahora «lo ven tan lindo», estos la van custodiando, cuidando de las personas que por desconocimiento o a propósito atentan contra ella (gritos, ofensas, derrumbar la escenografía) van cantando, gritando, bailando, dando ánimo y victoreando a su bando. Este recorrido tiene un peso importante en la metodología evaluadora, es por ello que tiene que ser con mucha fuerza, iniciativas, entusiasmo, limpieza, para llevarse la puntuación. Existe un momento crucial en este paseo y es cuando las comparsas doblan una esquina (c- entre calles República y Paseo Martí) para luego seguir recto hacia la plataforma central (d- Pista Joven), ese es el primer momento en que el público aprecia si su bando va a ganar o no «Viene como un tren», «Qué fuerza coge cuando dobla por la esquina».

La fecha de celebración de la fiesta está enmarcada en la semana de la cultura y de los carnavales

«Falta promoción», «Se han mercantilizado las fiestas», «Las calles se llenan de merolicos, termos de cerveza, personas de otros lugares que lo menos que vienen a ver son los bandos y la música que se escucha es grabada». Estas cuestiones externas han atentado contra la calidad del espectáculo (no permite el paso de las comparsas por las calles, la música grabada impide que se escuche el acompañamiento musical de los bandos), han restado importancia a la fiesta popular (ahora son más importantes los carnavales porque económicamente recaudan más) y ha hecho que desaparezcan manifestaciones tradicionales de la fiesta (comidas, bebidas, adornos y juegos tradicionales).

Existe desinterés y falta de apoyo por parte del gobierno local

Cuestión importante teniendo en cuenta que los bandos no se autofinancian y al ser solventados por el presupuesto municipal, cultura y el gobierno local intervienen en las decisiones de los bandos, existe control cultural, el recurso económico decide el destino de las fiestas. «En el 2006 los bandos no salieron y a nadie le importó». «No se puede permitir que los bandos no salgan, es la única fiesta del pueblo».

Los personajes protagónicos de la fiesta son: Cuba, Liborio, Doña Joaquina y Anda Pepe

Estos cuatro personajes se han mantenido desde el origen mismo de la tradición. Cuba y Liborio respondieron en sus inicios a un significado patriótico y de crítica a la situación política y social. En la actualidad son símbolos de los bandos y no tienen una participación activa en la comparsa, ni su puntuación en la metodología es notable, sin embargo, hay un efecto en los bandos y en el público cuando se hace un silencio total, se escuchan las notas de nuestro Himno Nacional, Cuba y Liborio declaman sus versos emotivos alegóricos a la fiesta y a su bando, si son bien recitados y sin equivocación, este es el segundo momento donde el bando percibe que ha ganado y el público, junto con los integrantes de la comparsa, vuelven a romper el silencio eufóricamente gritando y aplaudiendo.

Doña Joaquina es el símbolo del bando Rojo ¿Cómo es vista por su bando?, como una anciana bajita, que fuma tabaco, que usa falda negra, blusa blanca, manta, espejuelo y un abanico; es alegre, pícara, enamorada de su esposo, bailadora, se enfrenta al bando azul y guía a su bando. En cambio Don Pepe es el símbolo del bando azul, un viejo zalamero, que fuma tabaco, usa bastón, enérgico, alegre, bailador, defiende y guía su bando. Ambos son el hilo conductor del espectáculo, donde recae el mayor peso de los diálogos.

Otras expresiones de la tradición

La personas del lugar cuando se aproxima la fecha de celebración de la fiesta se visten con los colores alegóricos de su bando, se puede apreciar mucho color rojo o azul en diferentes maneras de vestir (pañuelos, pulóver, cintas en sombreros, gorras, camisas, entre otras), en la fachada de sus casas colocan banderas o carteles, son formas de demostrar a que bando pertenecen; todo esto ocurre principalmente en el centro del poblado. Luego que las fiestas pasan queda todavía en Majagua por varias semanas, las polémicas, discusiones sobre el ganador, el perdedor, el jurado y el juramento de salir el próximo año y ganar.

El director de cada bando para esa fecha, cobra liderazgo, es un personaje importante, luego de celebrada la fiesta queda en el recuerdo hasta el próximo año, en nuestra opinión se debe a su cambio frecuente; aunque existen algunos personajes símbolos en cada bando como antiguos directores, las personas de más edad, los mejores bailadores, familias que han participado año tras año en las fiestas, que al calor de la competencia constituyen un estímulo para la comparsa.

Los majagüenses perciben que su tradición está en un período de estancamiento y las perspectiva de desarrollo son de retroceso

Las respuestas que exponen se pueden agrupar en factores externos e internos: su amor, su sentimiento de identidad, pertenencia, el reconocimiento de su símbolo cultural con trascendencia nacional, fortalece la tradición, el elemento económico, la intervención foránea, el desinterés del gobierno local, la obstaculizan.

Captar el espíritu de las cosas es tarea difícil, lo que entraña cada acción, su intencionalidad, el significado que tiene para unos y otros, sin prejuicios requiere de oficio, esta es una tradición de resistencia ante cada uno de los obstáculos que se ha tenido que vencer. Para los majagüenses, la tradición no ha tomado un nuevo sentido, sólo el desinterés y la desmotivación se han apoderado de ella, algunos elementos han cobrado más importancia que otros, han desaparecido algunos, creados otros, pero la esencia de la misma que es gozar su bando, disfrutar del baile haciendo gala de buen bailador, amanecer parrandeando, polemizar y rivalizar en la calle del tema que sea en representación de su bando, eso no ha muerto.

Conclusiones

Recomendaciones

Las recomendaciones se realizaron con base en los resultados obtenidos en las entrevistas y encuestas aplicadas y en consideración de la visión emic de la autora, aunque consideramos que la fortalezas de la comunidad en relación con esta tradición identitaria majagüense es la base del futuro de la misma.




BIBLIOGRAFÍA

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Bonfil Batalla, Guillermo. «Lo propio y lo ajeno: Una aproximación al problema del control cultural». En La cultura popular, editado por Adolfo Colombres, 79-86. México, Premiá, 1982.

Colombres, Adolfo. La cultura popular. México, Puebla: Premiá, 1982.

Feliú Herrera, Virtudes. Fiestas y tradiciones cubanas. La Habana: Instituto cubano de insvestigaciones culturales Juan Marinello, 2003.

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Margulis, Mario. «La cultura popular». En La cultura popular, editado por Adolfo Colombres, 41-66. México, Premiá, 1982.

Stavenhagen, Rodolfo. «La cultura popular y la creación intelectual». En La cultura popular, editado por Adolfo Colombres, 21-40. México, Premiá, 1982.




NOTAS

[1] En 1903 Cuba y Estados Unidos firmaron el «Tratado de Reciprocidad», donde los productores cubanos de azúcar comprometían el 20 por ciento del mercado de los EE.UU, sin pagar impuestos de importación estadounidenses. A cambio, Cuba reducía los impuestos diseñados para proteger a sus industrias de las importaciones de Estados Unidos. El azúcar siempre fue una las principales exportaciones de Cuba, pero entre los años de 1909 y 1920 tuvieron un crecimiento exagerado. Este período en Cuba entre 1909 y 1920, es el que conocemos como la Danza de la Millones.

[2] El período de las vacas flacas se inició en 1921 con el brusco descenso del precio del azúcar a nivel internacional. Numerosos bancos quebraron, capitales que parecían consolidados cayeron de un modo estrepitoso, el dinero volvió a escasear y no pocos inmigrantes retornaron a su país de origen.

[3] Una de las tradiciones campesinas, de ascendencia española, y de mayor arraigo en los campos de Cuba son los llamados guateques. El guateque es sinónimo de celebración pero de monte, su típico ambiente es a la sombra de las palmas, en el patio de cualquier casa a la cual todos están invitados. Los motivos para su celebración son diversos, desde una boda, el fin de la cosecha, el nacimiento de un niño, o aún sin que exista algún evento importante en la vida de quienes lo organizan. Basta escuchar las claves, el tres, el laúd, el güiro, o los coros a veces inmersos en una pícara controversia.

[4] Período especial es un concepto político-económico que expresa la disposición para combatir la crisis económica con el esfuerzo y energía propios del país, para afrontar las difíciles circunstancias y hallar alternativas eficaces de solución.

[5] En 1964, Jesús Orta Ruiz, José Ramírez Cruz, Ramón Veloz y Manuel Fernández, pensaron en una fiesta representativa de la cultura campesina que tomara a Juan Cristóbal Nápoles Fajardo «El Cucalambé» como figura principal. Durante varios años esta fiesta se celebró con carácter nacional en El Cornito, Las Tunas. En cada una se fueron agregando nuevos elementos hasta convertirla en un evento que reúne lo más representativo de la cultura popular, espiritual y material del cubano.

[6] Género cantable del ámbito campesino, de marcada raíz hispánica. Fueron los canarios asentados en Cuba quienes crearon este género una vez que asimilaron elementos de la música andaluza. Una pizca de sustancias africanas le dieron su carácter criollo, teniendo vida propia desde el siglo XVII. Esta forma del cantar campesino, andando el tiempo, se constituyó en una parte integrante de nuestra música nacional. Son conocidos el punto vueltabajero, pinareño, espirituano, camagüeyano y otros. En las provincias de Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Cienfuegos (aquí también se utiliza el punto fijo) y las provincias orientales, el punto libre; mientras que en Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila y Camagüey, es característico el punto fijo, que entre sus modalidades estilísticas se encuentra el punto en clave o cruzado. En el punto de parranda lo más característico son las figuraciones estables y solo en ocasiones se ejecutan ritmos independientes en el bongó que es, además, la guía métrica del conjunto. La parranda tienen diferencias: en la de Sancti Spíritus, es fiesta de carnaval, en la de Ciego de Ávila, es diversión en las que participan varias agrupaciones y solo se canta punto.

[7] Equipo de béisbol de la provincia La Habana. Es el elenco más antiguo de los que participan en las series nacionales de béisbol y el que más admiradores y detractores tiene en el país. También se les dice Los Azules, por su tradicional color a la hora de vestir.



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Rojo y Azul. Fiesta popular tradicional en Majagua

DE LA CRUZ PEREZ, Meyci

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 444.