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El mote, el tradicional lenguaje rural

HERNANDO PRIOR, Àngels

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 444 - sumario >

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El poner motes,[1] apodos,[2] cognomentos[3] o sobrenombres[4] a las personas no es una novedad. Desde épocas remotas de la historia universal se conocen personajes importantes con un sobrenombre: Atila el azote de Dios, Vladimir Drácula el empalador, Luis II de Francia el tartamudo, Pedro I de Castilla, el cruel, Alfonso X el sabio, Juana I de Castilla la loca, Felipe I de Castilla el hermoso, Felipe IV el rey planeta, y así sucesivamente, un sinfín de personajes que sus apodos han pasado a formar parte de la idiosincrasia histórica. Esta singular forma de renombrar a un individuo debe su razón de ser a factores sociológicos.

Alrededor del siglo xi, la necesidad de distinguir a las personas con el mismo nombre de pila motivó la creación del primer apellido y, a partir del siglo xix, el aumento demográfico de la población propició la creación de un segundo apellido, como en el caso de España o el middle name,[5] en el caso de otros países.

En el ámbito rural castellano la denominación común más conocida es el mote, que, además de diferenciar a personas o familias, en la mayoría de los casos tiene un carácter socializador y fuertemente institucionalizado en la localidad, hasta el punto de que para algunas personas el mote ha pasado a ser su nombre de pila.

En las poblaciones que forman la mancomunidad Alfoz de Lara (Burgos)[6] destacamos algunos de los motes más significativos:

Familiares, se hereda de generación en generación como signo identificativo familiar:

Barriles, brunos, candilejas, castilla, chavalines, chinches, caguines, cagaliebres, cotolos, foros, guindillas, manguanes, pelusos, porrones, ranos, rojos, rompepiedras, rostrizos, ru, tomasones, etc.

Todos ellos se usan indistintamente para nombrar a algún hombre o mujer de una misma familia, por ejemplo: el cañamon y la cañamona, el huevo y la hueva, etc.

Personales, sirven para designar a una persona debido a su cualidad, condición, virtud o defecto:

Algarrobo, algo, aspirino, cordera, chache, chato, chicharra, cochinillo, gaseosa, garzo, jai, marujo, mellizo, millonetis, more, multiusos, ne, pacha, pegahostias, peluso, petron, ponderosa, ratita, ru, soplamocos, titi, ventosilla, zarracacha, etc.

Toponímicos, propios de un lugar:

La andaluza, el catalán, el francés, el moro, etc.

Oficios y profesiones:

Panadero, cacharrero, chispa, músico, churrero, sastre, etc

En general y en todas las poblaciones, los motes femeninos son más escasos que los masculinos. A las mujeres se les llamaba por el nombre propio, pero con el artículo delante: la Juana, la Puri, la Jacin, etc, según los testimonios era por respeto y porque las mujeres tenían «mucha mala hostia», según un vecino de Carazo, por eso, solo se dejaban identificaban con el mote familiar «porque no les quedaba otra».

Como demostración del arraigo que tienen los motes en estas poblaciones, transcribo textualmente una conversación que tuve con el lacas, de Huerta de Rey[7], y esposo de la pisapiedras de Arauzo, cuando buscaba la casa del Sr. A. C. identificada con un grabado en la fachada y, finalmente me dediqué a dar vueltas hasta que encontré la casa.

- ¿Por favor la casa de A. C.?

-¿A.C.? ¿Quién es ese?

- Si, ese señor que en la fachada de su casa tiene grabada una cruz.

- Ahhh si el de la cruceta!!! Es el hermano de la Chinchina.

- Perdón ¿quién es la Chinchina?

- La mujer del Tachuelas.

- Disculpe, pero no soy de aquí, ¿quién es el Tachuelas?

- Es el hermano de Arturito El pulgoso.

Unos son evidentes, otros, debido a su antigüedad, se desconoce el origen o el significado y otros se prestan a equivocaciones. Sin embargo, pueden parecen ofensivas, satíricas o peyorativas para las personas de las ciudades, ya que en el ámbito urbano es prácticamente inexistente este tipo de costumbre. Pero la mayoría de los habitantes de los pueblos de la comarca tienen perfectamente asumido con cariño y orgullo el mote, dejando de lado su significado real.




NOTAS

[1] Mote, sobrenombre que se da a una persona por una cualidad o condición suya. Diccionario de la Real Academia Española [En línea] http://dle.rae.es/?w=apodo#/?id=Pvbc6Xe|PvcQkdT|PvdCHkh (consulta 20/09/2016).

[2] Apodo, nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia. Diccionario de la Real Academia Española [En línea] http://dle.rae.es/?w=apodo#/?id=3DuTrZ7 (consulta 20/09/2016).

[3]Cognomento, renombre que adquiere una persona por causa de sus virtudes o defectos, o un pueblo por notables circunstancias o acaecimientos Diccionario de la Real Academia Española [En línea]

http://dle.rae.es/?id=9fmZSrB (consulta 17/11/2016).

[4] Sobrenombre, nombre que se añade a veces al apellido para distinguir a dos personas que tienen el mismo. Diccionario de la Real Academia Española [En línea] http://dle.rae.es/?w=apodo#/?id=Y8Z0Niy (consulta 20/09/2016).

[5]Middle name (en idioma inglés: nombre medio o, mejor, nombre intermedio); en algunas culturas, como en la inglesa, se insertan nombres entre el first name o given name (primer nombre) y los apellidos. Wikipedia [En línea] https://es.wikipedia.org/wiki/Middle_name (consulta 11/10/2016).

[6] Diputación de Burgos [En línea] http://mancomunidades.burgos.es/node/13 (consulta septiembre 2018).

[7] Población donde se encuentran los nombres más raros de España. Huerta de Rey [En línea] http://huertaderey.org/nombres-raros.aspx.



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El mote, el tradicional lenguaje rural

HERNANDO PRIOR, Àngels

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 444.