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La dulzaina en Tierra de Campos

GOMEZ PASTOR, Rafael

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 444 - sumario >

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Dedicado a José María Silva, dulzainero palentino fallecido en el año 2013, quien posiblemente haya sido el que más empeño puso en dar a conocer la figura del dulzainero palentino y sus melodías.

El interés que suscitó en algunas de las personas presentes en la disertación sobre la figura del dulzainero palentino, me ha llevado a publicar el texto de esta intervención y ponerlo al servicio de aquellos colegas o estudiosos de la dulzaina por si fuese de su interés. Dicha intervención versó acerca de esos músicos humildes y rústicos que son los que realmente están en conexión con la cultura del pueblo y se interpretaron algunas de las danzas y bailes que éstos ejecutaron en diversos pueblos o aldeas y que por ello irán unidos a estos músicos. Este artículo se presentó en las VIII Jornadas de Folklore de Palencia, celebradas en Paredes de Nava el 18 de noviembre de 2018, organizadas por el Archivo de la Tradición Oral de Palencia, junto a una muestra de dulzaina y los toques propios realizada por el dulzainero Francisco García y el percusionista Jaime Vidal.

Preámbulo

Quisiera comenzar mi intervención que tiene por objeto informar sobre la importancia que tuvo en el pasado la figura del dulzainero en el paisaje sonoro terracampino, y más concretamente en la zona palentina, precisando y puntualizando algunos datos:

En primer lugar, aunque hemos titulado la dulzaina en Tierra de Campos, me centraré más bien en la figura de ese músico tradicional en general y en dar a conocer la evolución del instrumento y el instrumentista desde el viejo tañedor de flauta y tamboril al dulzainero de la flamante dulzaina cromática. No hay que olvidar que para muchos los primeros maestros de los dulzaineros fueron los propios tamborileros.

También puntualizar que sería absurdo y poco riguroso, focalizar y reducir el campo de estudio a los límites provinciales como si presentasen elementos de carácter individual e independiente, pues existen mutuas relaciones y recíprocas influencias entre los músicos de distintas zonas e incluso, como veremos más adelante, con los de las provincias cercanas como Valladolid, Burgos, etc., teniendo un repertorio muy común.

El tamborilero

Estudiaremos primero la figura que parió al dulzainero, que no es otro que el tañedor de flauta y tamboril o salterio que se mantuvo en esta provincia hasta los años treinta del siglo xx, o incluso hasta más tarde, en la figura de Gregorio de la Fuente Bravo Tío Mariposo de Villamediana, otro tamborilero de Santillana de Campos, el Tío Mentiroso, etc.

Durante varios siglos, el tamboritero, fue el músico preferido para todo lo relacionado con la tradición como eran las romerías, fiestas de cofradías, «los paseos» con gigantones y cabezudos, las cucañas o las representaciones de Autos que se daban en el calendario festivo religioso. Solía acompañarse de una buena cuadrilla de danzantes, pues, igualmente se tenía muy en cuenta la destreza en las mudanzas, trenzados y esguinces de los bailadores y se requería que bailaran bien e hicieran bonitos lazos con la precisión y brío necesarios en su ejecución. En esta zona los danzantes más famosos en el siglo xvii sin duda eran los de Castromocho, a los que contrataba con frecuencia el Regidor de Villalón para que participasen en la fiesta del Corpus. Uno de esos contratos, el del 26 de enero de 1683 en el que Esteban Palencia y Francisco Requena, vecinos de Castromocho, se comprometen a: «traer danza que se ha de componer de ocho personas y el maestro tamboril la víspera y día del Corpus. Han de manifestar todas las habilidades y danzas con zancos, haciendo diversidad de lazos así zapateados como paloteados y paseos en la conformidad que estilan y acostumbran en festividades semejantes, trayendo todos medias de un color, zapatos blancos, enagüillas y valonas»[1]. Se les paga 400 reales y el refresco ordinario que estos requerían que no era otro que el de una cordera y una cántara de vino. Así mismo se les proporcionan las libreas para la dicha danza. Se describe por tanto en este documento una indumentaria y un repertorio de las danzas similares a los que se pueden ver en la actualidad.

El tamborilero solía ser además maestro de danzas ya que éstos se ganaban su sustento mediante contratos que les ajustaban con los mozos de los pueblos para amenizar los bailes dominicales del año y enseñarles a danzar. Como pequeña muestra de lo que requería el oficio de tamborilero es este ejemplo de Sebastián Salvador, tamborilero de Frechilla, que es contratado por los mozos de Guaza en 1626 para que les enseñara a bailar por espacio de un año (estos contratos se solían dar comienzo el día de Pascuilla) todas las fiestas y domingos, dando lecciones entre las que entrarían las danzas y bailes públicos.

Cada domingo y día festivo le daría de comer por turno un pupilo de los que aprendían a bailar. Los domingos terceros de cada mes, en que se decía la misa del Santísimo, daría dos vueltas por las calles del pueblo, tocando la caja o el salterio para avisar a los cofrades del Santísimo (normalmente requerían que llevase el salterio para tocar durante la elevación en el interior de la iglesia). No podía tocar ningún baile sin licencia de los mozos que le contrataban, y tampoco podía sacar a bailar a moza alguna, pena de un real cada vez. Por todo ello recibiría de los mozos seis cargas de trigo y por cada domingo o festivo que faltare pagaría ocho reales[2]. Similar es el del tamborilero Roque Pastor en Castil de Vela y los de otros pueblos de la provincia.

Desde finales del siglo xviii comienza su etapa de decadencia, primeramente, con las absurdas prohibiciones de los obispos de eliminar las danzas y bailes públicos de juventud que consideraban profanos, que hicieron mucho daño al gremio de los tamborileros, e igualmente las Reales Cédulas dictadas también por el rey Carlos III, prohibiendo los gigantones y todo tipo de baile delante de alguna imagen en las procesiones, acabaron de un plumazo con tradiciones muy arraigadas y por consiguiente con los músicos que las mantenían.

El requinto

Si hubiera que fijar una fecha podríamos decir que fue a mediados del siglo xix cuando comienza a aflorar la figura del dulzainero en la provincia de Palencia, fundamentalmente en la zona de Campos, primero con una dulzaina corta o requinto que era muy utilizada por el ejército como instrumento para transmitir órdenes, y luego con la llegada de la flamante dulzaina de llaves que colocó al dulzainero en el escaparate más demandado de la sociedad palentina. Las fiestas y romerías tomaron un nuevo realce con el potente sonido de la dulzaina, y los acontecimientos más importantes son anunciados ya por dulzaineros, como pueden ser las corridas de toros, las dianas mañaneras anunciadoras del principio de los festejos locales y otros actos importantes para la población.

En principio la dulzaina no está exenta de cierto rechazo social, pues no todos aceptaron con agrado la presencia de este rudimentario instrumento y el impulso arrollador que había adquirido. El baile de dulzaina en un principio se ubicó, un poco sin ningún orden establecido en apacibles plazuelas y glorietas donde los dulzaineros comenzaban a tocar improvisadamente, pero no faltan las quejas para que se trasladen a las afueras o parte baja de los ríos donde no se levantaría tanto polvo producido por los bailadores. Así vemos como en el año 1900 en Carrión se acordó imponer al dulzainero Ángel Aparicio la multa de cinco pesetas por tocar sin permiso del señor alcalde en el paseo de la bajada del río.

Los concursos

Llegaron también los grandes concursos que se daban en las ferias y mercados de ganados y maderas –muy de moda a finales del siglo xix– como las de Villada, Carrión, Astudillo, Villarramiel y Palencia donde se hacían grandes transacciones de grano, y congregaban a buenas cuadrillas de dulzaineros de la región por su atractivo programa de festejos donde había música por todas partes, cucañas, bailes y concurso de dulzaina con jugosos premios. Los duelos solían ser entonces entre los considerados dos mejores dulzaineros del momento: Ángel Velasco al que acompañaba Fernando Santarén El Tuerto, y Esteban de Pablos El Patillas también con un muy buen redoblante como era Segundo Valle, de Cubillas de Cerrato. Se interpretaba una pieza obligada y otra de su propio repertorio. Como muestra este diploma concedido en Villarramiel en 1892 al maestro Velasco en el que se le acredita como mejor dulzainero.

Estos concursos fomentaron también cierta rivalidad sobre la supremacía del instrumento y se adulteró sustancialmente el repertorio del dulzainero, introduciendo otro tipo de melodías que eran realmente antagónicas al repertorio de la dulzaina en esa época, y donde primaba lo virtuoso sobre lo tradicional. Estas obras de difícil ejecución para dulzaina con las que los participantes tratan de impresionar al personal habían calado en el repertorio de los dulzaineros con melodías de zarzuelas populares, cuyas obras más famosas rápidamente se transcribían para llevarlas a estos concursos como cuplés y fox-trot de moda. Es el caso de «Mimitos» que fue pieza obligada en un concurso de 1923 celebrado en la Plaza Mayor de Palencia, donde el jurado al parecer favoreció dando como ganadores a Los de Pampliega en detrimento de Los Pluses y Los Adrián que según el público asistente habían sido los ganadores, produciéndose un gran altercado.

Los Ayuntamientos, ante el auge del instrumento comienzan a tener en su nómina a un dulzainero. En este caso, Paredes de Nava será uno de los pueblos pioneros en la provincia y me voy a detener para mencionar dos dulzaineros contratados por la villa. El primero es Malaquías Primo San José quien será uno de los buenos músicos que ha dado Adalia (Valladolid) y cuñado de Lopé Bernal quien dio comienzo a una gloriosa saga de dulzaineros como fueron Los Bernales. Accedió a la vacante dejada por Pascual Vergara un dulzainero de Amusco. Malaquías nació el 14 de enero de 1881 y recién casado con Teodomira Presa, decide probar fortuna y se traslada como barbero a Mota del Marqués donde ve una comunicación en el periódico El Norte de Castilla de una vacante de dulzainero municipal que se anuncia en un bando del Ayuntamiento de Paredes de Nava, garantizándole un buen sueldo (375 pesetas), casa y asistencia facultativa completa. Las pruebas debían de ser muy exigentes, pues de los presentados en la primera convocatoria habían sido rechazados todos los aspirantes, pero Malaquías se hizo con el puesto al ganar el segundo concurso por unanimidad del jurado.

Pedro Pablo Abad publica un interesante artículo sobre los dulzaineros como funcionarios o alguaciles tan al uso en algunos pueblos de la Tierra de Campos palentina, y da cuenta del contrato: «... sea por dos años, con la obligación de prestar servicios todos los domingos y fiestas de primera clase, los días primero y segundo de año nuevo, Candelas, Reyes, San Sebastián y funciones del Señor; procesiones del Corpus y Octava Mayor. Exceptuándose los domingos de Cuaresma y los comprendidos entre el día de San Pedro y San Antolín patrono de la diócesis. Los demás servicios serán objeto de contratación especial»[3].

Malaquías, al que acompañaba su hermano Fausto Primo con tan solo ocho años como redoblante, no parece estar muy satisfecho con su nuevo puesto y a pesar de tener algunos extras por tocar la dulzaina fuera de las fechas acordadas pronto pide aumento de salario o cesa en el cargo. La categoría como músico debía de estar fuera de toda duda, pues su antecesor ante esta misma amenaza había sido despedido, pero en este caso el Ayuntamiento accede a las exigencias de Malaquías y aumenta a 530 pesetas anuales su salario, aunque un año después éste decide ausentarse de la localidad sin la licencia del Ayuntamiento y se le cesa del cargo.

Después de su paso por Paredes, Malaquías decide embarcar en busca de fortuna, recalando en Argentina donde fallecerá en el año 1943. En este país siguió tocando la dulzaina pues solicitó a Bruno Ontoria que residía en Mota del Marqués que le facturase algunas.

El otro caso es el de Pedro Torres que era dulzainero y barbero en Baquerín, al que se recurre para que sustituya interinamente la vacante de Malaquías con los mismos emolumentos del anterior, hasta que en 1906 saca la plaza de dulzainero municipal de Paredes de Nava. Acompañan a Pedro sus hijos Julián y Darío con los que forma cuadrilla dotándoles de unas nuevas dulzainas cromáticas y haciendo que aprendan música. En la foto se puede observar el cambio de instrumento, mientras el padre toca con dulzaina corta sin llaves, los hijos ya tienen la dulzaina cromática. En 1926 se trasladan a Saldaña donde Julián instala una peluquería (La higiénica) y son los músicos oficiales del pueblo.

A comienzos del siglo xx, los tamboriteros ya habían desaparecido o se habían pasado al manejo de la dulzaina, y raro era el pueblo o aldea que no tuviera su dulzainero y caja local. Estos solían tocar las bodas, cofradías y fiestas menores; pero comenzaban a aparecer músicos muy virtuosos cuya fama trascendía más allá de los límites de la propia población como los mencionados Ángel Velasco y El Arandino, Agapito Marazuela, Los Adrián, Mariano Encinas, Modesto Herrera, etc..., cuyos servicios eran muy solicitados para las fiestas mayores, reservándose los mencionados músicos locales para los bailes del domingo y las fiestas de menor importancia.

Rondón de dulzaineros palentinos

Todo este ambiente hizo que aflorase un buen ramillete de dulzaineros palentinos de primer nivel y fue sin duda la época más gloriosa de la dulzaina en la provincia de Palencia que puede abarcar de 1902 a 1930. Vamos a citar algunos de ellos durante estas fechas:

Mariano López Tío Plus de Frómista era un dulzainero sin rival en sus buenos tiempos, que causaba admiración solo con verle el ritual de calentamiento ejecutando una serie de arpegios a ritmo vertiginoso para calentar el instrumento en el tiempo que su redoblante Ramón Macho tensaba el tambor. Empezó con Hermógenes Pérez El cieguito o Alhigí, un buen dulzainero formado en Valladolid. Este personaje fue uno de los últimos ciegos copleros de la provincia. Era natural de Villalpando, pero vivió temporadas en Villalón de Campos y otros lugares como Paredes de Nava donde tocaba a finales del xix y principios del xx en el corro de los toros el Papudo, y el baile más típico y antiguo de toda la Tierra de Campos que era el Cazurro. Según palabras del folklorista Gonzalo Castrillo[4]: «Un dulzainero conocidísimo en Castilla, llamado Hermógenes, alias Alhigí me explicó como inventó una introducción tocando en Astudillo y Amusco donde estuvo contratado. Puesto el dulzainero y redoblante en medio de la plaza y junto a ellos un mozo de buena voz, canta la introducción que viene a ser una invitación al baile. Las parejas que han de salir a bailar se colocan en corro alrededor de estos. Bailan las coplas que cantan y tocan los dulzaineros al unísono, y al fin de cada copla o cantar toca solamente el dulzainero con su redoblante el estribillo, mientras las parejas corren en círculo bailando. Al terminar éste bailan quietos la segunda canción y así sucesivamente». Alhigí tocaba muy bien la dulzaina y algo el violín y tenía la habilidad ser muy chistoso y ocurrente para cantar tonadas picantes y amorosas a las mozas y así ganarse la vida. Comenzaba con esta cuarteta:

Soy Hermógenes el ciego

que en Villalpando nací,

aprendí a dulzainero

y ahora toco el violín.

En 1907 fallece este dulzainero y el Tío Plus coge de compañeros a Santiago Barrio que había trasladado su residencia a Frómista desde Herrera de Pisuerga y a Leopoldo Manzanal (los tres, como dulzaineros profesionales figuran en un censo de Frómista de 1917). Terminada la guerra de África y para dar las fiestas y celebraciones a los licenciados de la guerra, forma grupo con Juan Rojo El uvas de Aguilar de Campoo que dirigía la banda de su pueblo y era su pareja en actuaciones de cierto caché, y con quien solía asociarse en esos duelos al sol que tenían los dulzaineros de alto rango. Le dará continuidad su hijo Gregorio y los hijos de Santiago Barrio. Con ellos sin duda brilló como nunca la fiesta del Ole y los danzantes de su pueblo, al igual que los de Villamediana, y Saldaña hasta la llegada de Los Torres. También eran asiduos en Herrera de Pisuerga, Ribas de Campos, Amayuelas y Frechilla donde tocaban primorosamente la Redondilla.

Otros músicos también de categoría eran Segundo Adrián González (nacido en 1874) y sus hijos que eran muy solicitados y se desplazaban desde Baltanás a la Ribera del Duero, Bilbao, Burgos o Salamanca donde competían con los excelentes músicos de la zona como Pepe Taratatí, Alejandro Perucha Pichilín, Ceferino Zapatero, etc.

Poco a poco los hijos fueron saliendo para adelante y formaron una familia de músicos grandiosos. Nos explica el veterano dulzainero abulense Aureliano Muñoz Polilo –quien mantiene aún hoy en día una buena relación con los descendientes de esta familia– en una entrevista que le hicimos recientemente, que tenían que tocar muy bien, pues su padre era muy recto y tenía sometidos a los hijos que incluso casados les obligaba a ensayar un mínimo de dos o tres horas diarias.

En 1910, Segundo, recuperado de una grave enfermedad que le había alejado del instrumento, se anuncia y dice que cuenta con una segunda dulzaina tocando a dúo con su hijo Antonio, posiblemente el mejor músico de todos ellos, un seleccionado repertorio. En el año 1923 ante un numerosísimo público se celebró en la plaza Mayor de Valladolid un concurso de dulzainas de categoría. Algunos de los dulzaineros inscritos eran Modesto Herrera, Francisco García vecino de Bercero y Antonio Adrián Vega vecino de Baltanás, ejecutando primero la jota La Bruja y después la pieza de libre elección. Dice el Diario Regional que:

El primor con que las obras fueron interpretadas por todos los ejecutantes, hizo que el público ovacionara a los dulzaineros, parte de cuyas ovaciones correspondieron al joven redoblante Jesús Adrián, hermano y acompañante de don Antonio Adrián, que hizo con la caja verdaderos prodigios que le revelan como un gran artista [5].

Tras la guerra de Cuba, en el año 1925, toda la familia dio un concierto memorable en su pueblo a los soldados que regresaban a España en un acto patriótico interpretando La canción del soldado y Los repatriados con distintos instrumentos. Eran muy famosos, pero les gustaba estar especialmente en Soto de Cerrato donde tocaban a la danza y además les requerían que tocasen algunas piezas de su amplio repertorio que tenían para acompañar al cura en misa.

Tras la Guerra Civil al venir de una actuación, todos los hermanos fueron fusilados a excepción de Ramón que luego se dedicó a investigar y mejorar el instrumento. Se dice con mucho desconocimiento que, por negarse a tocar el Himno Nacional en misa, cosa dudosa por lo antes expuesto. El padre fue condenado en consejo de guerra a doce años de prisión y cien pesetas de sanción como autor de auxilio a la rebelión, lo que no podrá pagar pues se valoran sus propiedades de una casa en quince pesetas y unas tierras por el también valor de cincuenta céntimos.

Segundo, muy afectado por la muerte de sus hijos, fallecería en 1941 al caerse de un tejado en el que estaba trabajando. Solían tocar a tres voces con dulzainas de distinto largo y afinación.

Muy renombrados fueron también los de Cevico de la Torre, Lucio Pérez Curiel que tocaba a los danzantes en 1890, y su hijo Eusebio (segundo premio concurso de Carrión 1899) que falleció en 1908 a los 39 años dejando nueve hijos huérfanos. Compañero habitual fue Juan Zamora, un excelente músico, alumno del Arandino y durante algunos años su segunda dulzaina. Cuando fallece Emiliano González, que era el dulzainero local por entonces, Juan se establece en Osorno y Cevico de la Torre donde busca compañero para primera o segunda dulzaina que sepa música. Durante algún tiempo se le unieron los afamados dulzaineros de Amusquillo, Modesto Herrera y sus hijos, que habían ido a residir a Población de Cerrato formando un grupo potentísimo pues Modesto Herrera que además tocaba maravillosamente el acordeón y otros instrumentos era asiduo en Antigüedad y Cevico Navero donde tocaba en la iglesia con el sacristán. Durante las fiestas de Nuestra Señora de Garón, en Antigüedad, tocaban la procesión y durante los tres días daban conciertos de acordeón, pito y flauta en el Círculo del Sindicato y los distintos cafés de la población. Aunque de la mayoría de la música popular se desconoce su autor, en el caso de la danza o jota de Nuestra Señora de Garón, se especula con la posibilidad de que pueda ser de Modesto Herrera o su antecesor Esteban de Pablos.

Otro hombre de gran cultura musical y extraordinario dulzainero era Jacinto Sanz Ojero natural de Medina del Campo, y que luego se establece en Osorno como dulzainero y profesor de la banda La Cultural y director también de la rondalla de este pueblo. En 1935 le contrata la Academia Nacional de Música belga a fin de coleccionar Aires y Costumbres Regionales Españoles. También a este pueblo se trasladó uno de Los Franquines de Melgar de Abajo que vino desde Villaprovedo, Modesto Franco que construiría algunas dulzainas y se unió a Sanz y sus hijos.

Muy conocidos fueron también Los Elías o Los de Pampliega. Los dulzaineros de Pampliega (Burgos) tenían mucha fama en el siglo xix, eran Elías Cuesta y sus hijos Heliodoro y Julio. Desde este pueblo se trasladan a San Cebrián de Campos y posteriormente en el año 1927 a Palencia, y serían los dulzaineros más demandados en la capital. Se dice que no tenían muy buena relación con los dulzaineros palentinos del momento porque les veían como unos intrusos e incluso la opinión que tiene Marazuela sobre ellos dice que eran buenos músicos, pero muy «estirados» y les gustaba alojarse en buenos hoteles, algo que no encajaba en el perfil que se tenía del músico popular. Luego les sucederían Julio y José Antonio Cuesta.

Julián Pardo Pérez era un afamado dulzainero de Castromocho y se acompañaba de sus hijos Paco y Julián. Había nacido en Tariego de Cerrato donde aprendió ya de joven a tocar la dulzaina junto a su hermano Rufino. Se traslada a Castromocho y se casa con María Pérez con la que tendría nueve hijos. Serían los dos pequeños, Paco y Julianín los que seguirán la trayectoria de su padre como dulzaineros. En el año 1922, Paco hijo se traslada a Tariego de Cerrato para tocar en compañía de su tío Rufino, Teodoro y Eusebio Soler Los Rojos y Cecilio Antolín, para volver tiempo después a Castromocho como un músico de primer nivel y mantenedor de muchas danzas de esta zona. Se perfeccionó en casa de Los Adrián y junto a su hermano Julianín fueron unos dulzaineros de los más admirados haciendo un dúo superior. Componente durante un tiempo de la famosa banda de Isabel II de Valladolid de la que tantos y tan buenos dulzaineros formaron parte de ella, sin duda inducidos por su director el maestro Tomás Mateo. Nos cuenta también Polilo que estando en Madrid, había un baile muy popular al que acudían las asistentas y chicas de servicio los fines de semana y lo tocaban algunos dulzaineros, destacando entre ellos Paco Pardo, al que le perdía a veces su afición a la bebida. Además de los danzantes de su pueblo se encargaron de las danzas de otros como Herrín o Baquerín donde tocan a los danzantes los lazos típicos en 1909 durante los actos de beatificación del Padre Capillas que congregó a miles de invitados que acudieron a la ceremonia.

Rufino Pardo también fue un rutilante dulzainero de Tariego. Tocaba en los pueblos del entorno a la capital como Villalobón y Baños de Cerrato, donde en 1908 se produjo una reyerta entre los mozos por haber bajado los quintos de Tariego, capitaneados por Rufino, a altas horas de la noche provocando escándalos sin la autorización del alcalde y empezaron a tocar la dulzaina por las calles entendiéndolo en Baños como una provocación.

Solía acompañarse también este dulzainero con un piano de manubrio.

Aunque ya en 1883 cuando en Grajal inaugura el Obispo de León el Convento de Carmelitas toman parte en los actos los danzantes de Villada y un dulzainero, el más conocido de este pueblo es Juan Cuevas Gago «Galindo» que ya tocaba de muy joven el baile de los domingos en su pueblo. A la edad de 22 años, estando aún soltero, tocando el baile, ocurrió un incidente entre los mozos de Villada y una cuadrilla de segadores gallegos y fueron apuñalados varios segadores, falleciendo posteriormente uno de ellos a manos de su propio redoblante Julián Nieto Lin, teniendo que declarar el dulzainero como testigo del suceso y detallando minuciosamente lo sucedido. Como Galindo vacila y se contradice, el presidente del tribunal le espeta: «Que no se equivoque la dulzaina, aquí necesitamos la verdad pura y es preciso no confundir los toques, vengan aires del país o sea toques estrictamente verdaderos».

Galindo, estuvo muy vinculado a Valladolid y su provincia ya que además de ser el músico acompañante de los danzantes de Villafrades de Campos y Villacarralón, hizo el servicio militar en el cuartel de San Quintín formando parte de su banda. Gracias a sus conocimientos musicales hizo buen acopio de tonadas y danzas antiguas de las que luego formó su repertorio el grupo de Coros y Danzas de Villada con el que adquirió mucha fama. Se hacía acompañar por un buen grupo de voces femeninas y el panderetero Fructuoso Verano, además de su sobrina Catalina de la Cava, y como redoblante su hijo Benito. Estuvo preso durante unos años y cuando fue puesto en libertad presentaba una visible cojera que se acentuó cuando un día al tomar el tren en Palencia se cayó sobre las vías, por lo que a veces se le hacía imposible seguir el ritmo de los jóvenes danzantes y los «volvía» con una zapateta. Sin duda estos últimos años fueron sus mejores como dulzainero.

El caso de Simón de la Rosa es otro ejemplo de los dulzaineros que ejercían la profesión de dulzainero municipal, y quizás por ello han sido tan poco conocidas sus dotes de excelente músico. Era hijo de un dulzainero de Villalón que ejercía de zapatero de viejo en Herrín y la panderetera de este mismo pueblo. Simón sacó la plaza muy apetecida de voz del pueblo o alguacil y pregonero en Villarramiel, donde además dirigía la banda. Recibía de salario 456,25 reales por tocar la dulzaina los días festivos, los toros y pregonar, corriendo de su cuenta el redoblante que solía ser Natalio Cuadrado o cuando este no podía por algún motivo se cogía de caja al alguacil de Herrín Tío Cornetín o a Curro El Redoblante de Villarramiel. Como ya entonces se habían perdido las danzas en Villarramiel, para la Fiesta de Nuestra Señora de las Angustias solía llevar a danzantes de Villafrades, Guaza o Gatón a los que tocaba para animar la romería.

Antonio Andrés, que falleció en el año 1955, fue un dulzainero de lo mejorcito que había en esta tierra entre Torozos y Campos a principios del siglo xx. Había nacido en Villerías de Campos el año 1870 y se dedicaba al cuidado de las viñas y faenas del campo en Montealegre donde se trasladó de joven. Ensayaba con una flauta dulce que se había fabricado él mismo y era buen tocador de pandereta. Toda la vida tocó con una dulzaina sin llaves muy antigua que luego cambió por otra de las que se habían puesto de moda que tenía dos llaves. También era bastante mañoso para fabricarse sus propias cañas y componer cualquier membrana que se había roto de los instrumentos. Los domingos tocaba en la plaza el baile, nunca los encerraos, porque en Montealegre no querían ese tipo de bailes y en su repertorio no faltaban las danzas punteadas o entradillas de Campos y las Habas Verdes. Acudía a todas las funciones de los pueblos limítrofes de los vecinos como Villalba, Villerías o La Mudarra y tocaba las danzas que aún existían en otros como Ampudia, Fuentes, Torremormojón, etc. Cuando se fue a vivir a Palencia tocó también en Grijota la fiesta de la Cruz. Pero donde nunca faltaba era a la Virgen de Serosa, patrona de Montealegre, donde hacían la danza y el paloteo con los lazos de la localidad. Le acompañaba siempre a la caja Celestino Bajo El Redoblante, su amigo íntimo y natural de Montealegre.

Otro dulzainero que pateaba la Tierra de Campos palentina era Raimundo Sánchez de Palacios que regentaba la cantina y salón de baile. Un entusiasta de las danzas de palos de la zona como Valdenebro, Valverde, Gatón, Villabaruz, Autillo o Guaza, y procuraba no faltar a ninguna, en cambio cuando solicitaban sus servicios para el baile si podía se lo pasaba a su primo Fausto del Río Maltoca. Cuando decide dejar la dulzaina hace que su hijo Emiliano aprenda el instrumento y será sin duda, junto a sus hermanos Eutiquiano y Miguel, uno de los mantenedores de muchas de las tradiciones que se pudieron conservar en Tierra de Campos en los años cincuenta e interpretó la danza, como lo había hecho también su padre en décadas anteriores. Fue un dulzainero con fama de gran resistencia en el toque. Raimundo dejó el instrumento en el año 1962.

Análisis final

Hemos querido con esta aportación de datos del músico popular palentino, poder contribuir a enriquecer el trabajo del mencionado José María Silva sobre la dulzaina en Tierra de Campos. También señalar que otro de los temas que le apasionaba era el de las danzas tan típicas de la zona, pues no solo había buenos dulzaineros, también existían excelentes cuadrillas de danzantes en cualquier festejo o solemnidad religiosa, pues si hoy día todo el mundo tiene como referente a los danzantes de Cisneros y en los años 30 y 40 lo fueron los de Villamediana, Ampudia y Becerril, en los años 20 unos de los más afamados de la zona eran los de Pedraza y Baquerín que atraían a gran número de forasteros de los pueblos colindantes a verles danzar. No reparaban en gastos y así vemos como los de Pedraza cuando fundan la Cofradía de San Roque se traen al dulzainero de Peñaflor de Hornija, Florentín Rodríguez, que tenía mucha fama entonces. De los danzantes de estos pueblos serían estas melodías que tocaran Baudelio de Blas y Eloy Herreras aprendidas del Tío Repica de Baquerín y que encontramos en la fonoteca de Urueña[6] de un tarareo de Eloísa La Tamborilera, hija de excelente redoblante de Cigales, el mencionado Eloy Herreras.

Tras la Guerra Civil, durante algunos años la dulzaina enmudeció hasta la llegada de la Sección Femenina, y es en este momento histórico donde debemos de situar a una serie de dulzaineros palentinos como Los Barato, Los Melgos, Agustín de Castro, Mariano Gutiérrez etc. que son los que frenan el deterioro tan brutal que se estaba produciendo en las tradiciones del mundo rural. Estos dulzaineros que por entonces existían en escaso número, estaban alejados de la participación festiva por la pujanza de las pequeñas bandas u orquestinas que habían arrinconado al instrumento, y gracias a ellos nos han llegado melodías del repertorio antiguo de esta provincia. Por ello, vamos a cerrar esta charla con una pieza de estos dulzaineros, concretamente de Mariano Gutiérrez que había nacido en Mazariegos en 1902, quien, para poder subsistir montó, junto con sus hijos, su propia orquesta.




NOTAS

[1] Archivo Histórico Provincial de Valladolid. Protocolo 12286, folio 139 y vuelto.

[2] Archivo Histórico Provincial de Palencia. Protocolo 4480, folio 155 y siguientes.

[3] Pedro Pablo Abad Hernán. REVISTA FOLKLORE Nº 42. La profesión de Dulzainero a comienzos de siglo en Paredes de Nava.

[4] Gonzalo Castrillo Hernández. PUBICACIONES TELLO TELLEZ DE MENESES, Nº 8. Trabajo Folklórico Castellano.

[5] Diario Regional, 20 de septiembre de 1923

[6] Fundación Joaquín Díaz. Fonoteca. Soporte 210. Recopilador: Antonio Sánchez del Barrio, 22 de agosto de 1987.



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La dulzaina en Tierra de Campos

GOMEZ PASTOR, Rafael

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 444.