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La indumentaria tradicional en la comarca vallisoletana de la Churrería. Campaspero

MUÑOZ BLANCO, Iván / BLANCO DEL VAL, Alfredo

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 454 - sumario >

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Revista de Folklore número

454




Prólogo

Pasé la infancia de mi vida en grupos de danzas de la ciudad y provincia de Valladolid, en los que a medida que el tiempo transcurría veía como cada vez se degradaba más el vestir. En la mayoría de los casos no se respetaban ni los tejidos, ni las formas de las prendas que los integrantes de los grupos lucían haciendo gala de la ciudad de la que procedían. Valladolid, nuestro Valladolid, sí. Fueron muchas las veces en las que me pregunté ¿no tenemos ningún modo de vestir propio de Valladolid que nos represente? ¿Cómo vestían las personas que habitaban nuestros pueblos? Y tampoco fueron pocas las veces que me preguntaron ¿Esa ropa que llevas puesta es de Valladolid?

El afán por responder a alguna de esas preguntas, y la vaga imagen de un chaleco masculino que en algún momento vi reproducido, pero con escaso parecido al real, fueron los que me llevaron a acercarme a la figura de Don Oroncio Javier García Campo. Este vecino ilustre de Campaspero fue, sin duda, el que me hizo afianzarme en que algunos de nuestros pueblos tenían formas de vestir propias, pero que en la mayor parte de los casos son desconocidas por quienes hoy lucen a gala aquello que llaman «traje de jotas».

En palabras del propio Don Oroncio Javier García Campo «los grupos de bailes regionales, podían haber hecho una labor extraordinaria en este campo del traje regional, por desgracia ha ocurrido todo lo contrario. Algunos, muy pocos, llevan trajes auténticos y verdaderamente extraordinarios. Otros, también muy escasos, los llevan pobres y vulgares, pero al menos también son auténticos. Pero lo más grave es que la gran mayoría de grupos no se ha molestado en buscar o investigar nada sobre ellos y se los han inventado, presentando como traje castellano tradicional algo que nada tiene que ver con ello. Con lo que no sólo han perjudicado la autenticidad del traje, sino también al mismo baile que pierde con ello gran parte de su pureza».

Viajando por este camino marcado por Don Javier llegué al Museo de la Piedra de Campaspero, que, a buen recaudo, guarda alguno de los últimos testimonios de piezas de aquel vestir, que en nuestros días prácticamente ha quedado en el olvido o en el mejor de los casos en baúles cerrados bajo llave.

No fueron muchas las conversaciones mantenidas con Don Oroncio Javier, pero si las suficientes como para que, con licencia de su familia las siguientes páginas sirvan, por un lado, de recapitulación de diferentes textos y artículos publicados por este ilustre vecino de Campaspero. Y por otro, de punto de partida para el estudio de la indumentaria tradicional del pueblo de Campaspero, a través de un ligero recorrido por las diferentes piezas que componen el vestir de este pueblo de la comarca de la Churrería.

Haremos un recorrido por la vida de este afamado vecino, que sin duda por su trabajo y bien hacer se ha ganado el reconocimiento de todo un pueblo y un merecido hueco en las páginas de la tradición. Es motivo este por el que nos adentraremos en el tan honroso oficio del sastre, al que tantas horas de su vida dedicó Don Javier y que por otra parte de tradición familiar le venía dado.

Permítame, lector, que gran parte del negro sobre blanco que esté leyendo sean extractos de los textos ya publicados por Don Javier, y que me apropie del texto que ya escribiera él allá por el año 2003 para ejemplificarlo con fotografías que iluminen tan honrosas palabras. Pero que mejor forma de honrar a su memoria que esta.

Introducción

Hoy nos es imposible distinguir la nacionalidad, jerarquía o clase social de una persona por sus ropas, pues exactamente igual viste un americano que un ruso, el jefe del estado que un obrero, un catedrático de universidad que el último de sus alumnos. Hasta hace muy pocos años esto no era así, pues como todos sabemos no sólo era diferente la forma de vestirse en unas naciones que en otras, sino que dentro de la misma región y de la misma comarca había diferencia entre unas poblaciones y otras; a parte de las existentes entre las distintas clases sociales, jerarquías, profesiones, etc.

Opina García Campo que el saber vestirse adecuadamente es un arte, y una de las artes más nobles, pues no es un arte de ficción, sino real, y como la misma persona, única y diferente en cada caso. La forma más fiable para no caer en errores, en el arduo trabajo de la reproducción es buscar los trajes antiguos que, aunque inservibles para el uso, aún se conservan en muchas casas como recuerdo de familia, investigar sobre su antigüedad, usos, significados, comprobar la clase de los tejidos, adornos y hasta el más mínimo detalle de su corte y confección. Solamente en el caso de que no sea posible encontrar alguna de las prendas, porque materialmente no exista, podemos recurrir a alguna fotografía antigua, que siempre refleja la realidad mejor que la pintura o el dibujo. No faltará quien objete a todo esto que el corte y la confección son fáciles de repetir, pero que los tejidos y adornos ya no es posible encontrarlos iguales. Los que esto piensan están muy equivocados, pues, aunque parezca mentira, aún siguen haciéndose tejidos prácticamente iguales a los de hace un siglo. En cuanto a los adornos ocurre lo mismo.

Es muy habitual oir aquella frase de «en Valladolid no hay un traje típico», y es cierto. No existe un traje que represente a la provincia. Ello no quiere decir que en la provincia de Valladolid no haya trajes típicos de gran riqueza, sino todo lo contrario, pues es una de las que más variedad de trajes típicos tiene, ya que al estar conformada por varias comarcas naturales, que hasta hace pocos años tenían muy poco en común unas con otras, cada una tiene sus características propias que van desde el traje más sencillo y pobre, al más lujoso y rico. Lo triste es que la mayoría de los grupos de danzas, unas veces por ignorancia y otras por comodidad de las personas que los dirigen, al no querer molestarse, han elegido casi siempre el más sencillo, modesto y pobre de todos.

Localización de Campaspero

Es de crucial importancia para el estudio de la indumentaria tradicional el que hagamos referencia a la localizacion geográfica de Campaspero, dadas las inumerables similitudes que presenta con el vestir de Segovia, en modos y formas, en tejidos y cortes.

El término municipal de Campaspero está situado en el centro de la comarca de «LA CHURRERIA», localizada geograficamente al sureste de la provincia, en una meseta completamente llana, de unos veinte kilómetros de diámetro, que forman los llamados Altos de la Mula y a la que pertenecen, además de Campaspero otra docena de pueblos que están situados en las laderas de esta meseta, aunque el resto de pueblos sean segovianos. Campaspero pertenece a Valladolid desde 1833. Todos los pueblos de la Comarca de la Churrería pertenecen casi en su totalidad al sexmo de Hontalbilla de la comunidad de Villa y tierra de Cuellar, excepto Campaspero que pertenece al sexmo de Valcorba. Si bien estas diferencias, en la actualidad se ha creado la Mancomunidad de la Churrería, con una extensión muy superior a la de la comarca de la Churrería y con capitalidad en Campaspero.

El gentilicio de las gentes que pertenecen a esta comarca es el de Churros, término que en alguna ocasión se ha utilizado con carácter peyorativo, pero que sus vecinos lucen con buena gala.

Los vecinos de la comarca de la Churreria en general, o los Campasperianos en particular, son considerados como gentes tradicionalistas, costumbristas, ritualistas y poco dados a los cambios y modas superficiales. Sus gentes poseen la cualidad de saber permanecer y haber conservado su carácter firme y consistente. Este carácter ha hecho que hayan mantenido con cariño y reverencia el traje tradicional, las danzas y canciones, así como celebraciones tales como los Carnavales o los Quintos. En las siguientes páginas podremos ver algunas piezas del vestir tradicional de Campaspero, que son un buen ejemplo de haber sabido conservar su indiosincrasia y característica particular. De esta forma, aún en nuestros días, las mujeres el día de las Aguedas lucen el tradicional manteo enchorrado mientras bailan al son de la dulzaina del grupo Campo Aspero.

Por lo que respecta al nombre de Campaspero podemos señalar cuatro hipótesis sobre su origen:

Es menester señalar llegados a este punto, que en Campaspero está localizado el Museo de la Piedra, inagurado en el año 2013, y que es un buen reflejo del trabajo de la piedra como fundamento de la economía y tradicion de Campaspero. El espacio que en sus tiempos fueron las escuelas y su patio, nos muestra entre sus muros de piedra, el proceso de la trabajo de la piedra caliza, técnicas extractivas, técnicas de taler, labrados, acabados y colocación.

Uno de los elementos diferenciadores de las gentes de Campaspero es el apellido Garcia. En muchos de los casos este apellido incluso se duplica, apellidandose los vecinos Garcia Garcia. No podía ser de otra forma que nuestro amigo Don Oroncio Javier, tambíen se apellidara García viniéndole este por parte de padre.

Don Oroncio Javier García Campo

Sin lugar a duda, si tratamos la indumentaria tradicional de Campaspero es necesario hacer una reseña más que merecida para Don Oroncio Javier García Campo, quien por otra parte fue el motivo de que estas líneas tengan una realidad a día de hoy.

Nació en Campaspero un 22 de junio de 1933, donde vivió toda su vida hasta que falleció el 16 de diciembre de 2017. Fue hijo de Virgilio García sastre de oficio y que posteriormente heredó Don Javier y de Julia Campo que desempeñó el oficio de modista. A los ocho años dejó de ir a la escuela para ponerse a trabajar, a pesar de ello todas las noches pasaba varias horas leyendo toda clase de libros. Años más tarde, casi a punto de jubilarse se sacó el Graduado Escolar de libre. Durante esta etapa de su vida fueron bastantes los artículos que escribió sobre etnografía para entre otras la Revista de Folclore de la Fundación Joaquín Díaz y numerosas las narraciones cortas y cuentos que presentó a concursos y revistas como «Trigal», «El Usaño», «Resina».

Hombre de teatro, sin duda, muy ligado al grupo teatral «El Pedregal», del que fue uno de sus impulsores. Además participó en otros grupos de teatro como «Arlequin» y «Aguedas». Motivos no faltaron para que el 11 de julio de 2015 el pueblo de Campaspero rindiera homenaje a este Vecino, poniendo el nombre de Oroncio Javier García Campo al Teatro Municipal de la localidad Churra, descubriendo una placa a la entrada, con su nombre. Fue un homenaje realizado por sus compañeros del grupo de teatro Pedregal, al que acudieron convencinos, autoridades locales y provinciales y representantes de la cultura. Bajo el titulo «Así pasen 35 años», casi cincuenta actores representaron fragmentos de distintas obras del repertorio de Pedregal con guiños a la vida de Oroncio. Así mismo se lucieron vestidos confeccionados por el homenajeado, se escuchó la voz del etnógrafo Joaquín Díaz, la guitarra de su nieto Javier García Verdugo, la dulzaina y se proyectaron montajes multimedia.

Entre los premios que consiguió a lo largo de su vida destacan los siguientes:

Publicó el libro, «El trabajo en un Pueblo de Castilla», del que han sido extraídos textos relativos a oficios para dar vida a esta publicación y que fue editado en el año 1999 por la Diputación de Valladolid.

Escribió cuatro artículos para la revista de Folklore de la Fundación Joaquin Diaz:

En el año 1977 recopiló para la fonoteca de la fundación Joaquín Díaz temas cantados por su madre Doña Julia Campo Escolar, algunos de los cuales aparecen transcritos en los Catálogos Folclóricos de la provincia de Valladolid. Podemos señalar los siguientes:

En el año 1986, nuevamente para la fonoteca de la Fundación Joaquín Díaz recopiló la Misa Pastorela y villancicos de la Misa del Gallo de Navidad, interpretados por el coro de Campaspero y vecinos del coro acompañados de la pandereta, la botella de anís, las castañuelas y el triángulo. Podemos señalar los siguientes temas:

Fue un gran amante del deporte como nos contó en una charla que tuvimos, lo cual le llevaría a impulsar la Media Maratón de Santo Domingo de Guzmán de la localidad de Campaspero en la que su pasión por el atletismo le llevó a participar activamente.

Querido en Campaspero y gran amante de las tradiciones, sin cuyo trabajo no sería posible que en nuestros días podamos ver algunas de las piezas que en las próximas líneas se señalarán.

El vestir de un pueblo

El traje típico de esta comarca es el de «Churra». Algunas de las distintas prendas de este traje tienen un cierto parecido con las del traje segoviano, ya que esta comarca perteneció hasta 1833 a Segovia. No obstante, hay diferencias apreciables entre uno y otro.

El traje de Churra, de una gran sobriedad, era usado únicamente por las labradoras, mientras que las personas que no pertenecían a esta profesión usaban los vestidos corrientes de la época.

A las niñas se las vestía igual que a las mujeres. Los niños, hasta los cinco años, también llevaban manteo y demás prendas femeninas; a partir de esta edad se les vestía como a los hombres.

Algunas de estas prendas, enaguas, manteos y delantales, aún se conservan perfectamente, sin embargo de otras, como armillas, chalecos, chambras, jubones, refajos, basquiñas, mantillas, existen muy pocas. Y algunas, prácticamente, han desaparecido, como el dengue o los zapatos y las botas, conservándose de ellos sólo algunas fotografías. Pero lo que resulta más difícil de encontrar son las prendas masculinas; después de un gran trabajo de búsqueda se ha podido reunir un traje: chaqueta, chaleco, pantalón, capa y la pechera y los puños de una camisa, y aunque cada prenda es de distinta procedencia, todas juntas forman un traje completo. Lo que no ha sido posible encontrar son bragas, pues esta prenda hace ya muchos años que dejó de usarse y no se conserva ninguna. Mi afan por intentar reproducir exactamente un chaleco masculino, me llevó de la mano de Oroncio Javier Garcia Campo, hasta el Museo de la Piedra de este municipio, donde descansan algunos de los escasos ejemplos que aún quedan de estas prendas.

Casi todas estas prendas fueron realizadas hace más de un siglo y aún hay personas que usan algunas de ellas, por ejemplo el refajo y el manteo. La forma de conocer la antigüedad de las prendas es muy simple, las que fueron confeccionadas con anterioridad a 1880 tienen todas sus costuras cosidas a mano, mientras que las hechas con posterioridad a esta fecha llevan las costuras exteriores cosidas a máquina y las interiores a mano. La razón de ello es que más o menos alrededor de ese año se introdujeron en Campaspero las primeras máquinas de coser.

Prendas femeninas

Manteo

De todas las prendas femeninas el mateo es la más importante, variada y rica. Hay varias clases de manteos, desde el de gala al de trabajo. La forma del corte y la confección es la misma en todos ellos, pero hay una gran variación en los colores y sobre todo en los adornos. Los colores son: negro, azul, rojo, amarillo, morado..., con variedad de tonos en cada color.

El de diario o trabajo es de jerga, un paño de lana hilado y tejido a mano y tintado con rubia u otros tintes naturales, no lleva ningún adorno. El dominguero es también de jerga adornado con una tirana de terciopelo. El de las fiestas menores es de estameña, también de lana hilada y tejida a mano, va adornado con tirana de terciopelo, dos trenzados de plata u oro y dos de abalorios. Por último está el manteo de las fiestas mayores o de gala, éste es de pañete de Béjar, hay algunos azules, pero la mayoría de ellos son rojos, llevan dos tiranas de terciopelo negro adornadas con bordados o lentejuelas de oro, o ambas cosas a la vez (las tiranas son rectas o formando castañetas), de seis a diez trenzados de plata u oro y otros tantos engarces de abalorios de azabache negros o de colores, según el color del manteo. El primero de estos adornos está colocado a diez centímetros del bajo y los siguientes, alternándose unos con otros con una separación de dos a cinco centímetros, cubren toda la falda.

El adorno de las lentejuelas es una de las cosas que lo diferencian del manteo segoviano.

Debajo de este manteo solían ponerse varios de los de jerga superpuestos unos sobre otros. Cuentan que había algunas mozas que llevaban al baile hasta catorce manteos; hay que tener en cuenta que cada uno pesa de dos a tres kilos y que pasaban toda la tarde bailando.

El largo desde la cintura hasta el tobillo, tiene aproximadamente cinco varas de vuelo (más de cuatro metros) que va recogido en la cintura con pliegues dirigidos hacia el centro de la espalda; en la parte delantera sólo lleva cuatro y el resto del vuelo va todo recogido en la espalda. Lleva dos aberturas en los costados de veinte centímetros rematadas con adornos de terciopelo. Los pliegues de la cintura van rematados con cintas que en las caderas quedan sueltas, con un largo suficiente para atar la parte trasera adelante y la delantera en la espalda. El bajo va rematado con una cinta negra y lleva por el revés una franja de paño de otro color, generalmente verde, de un ancho de 8 centímetros, cortada a picos, denominada aldar. El manteo de paño de Béjar sólo lo usaban las labradoras de clase más elevada (las ricas), mientras que todas las demás usaban el de jerga o estameña.

Es reseñable la forma en que se guardaban los manteos y cuyo proceso se llama de enchorrado. Este consistía tal y como muestran las imágenes en doblar las tablas unas sobre otras de tal forma que la última envolvía todas las anteriores. El objetivo de esta técnica no era otro que el de que el tableado del manteo permaneciera inamovible, así como para su correcto almacenaje.

Delantal

El delantal es de raso o terciopelo negro con adornos de abalorios de azabache, terciopelo o trenzado de plata u oro, según los casos, a juego con el manteo. El largo es desde la cintura hasta 15 centímetros del bajo del manteo. El ancho es de aroximadamente 60 centímetros, lleva pliegues en la cintura, rematados con cintas que sirven para atarlo. Los adornos van en los bordes, todo alrededor y también lleva el mismo adorno a 15 centímetros del bajo. Todo él va forrado de satén.

Jubón

Se confeccionaba en raso o terciopelo negro, liso o labrado. El corte era ajustado al cuerpo, en la espalda lleva corte de costadillo, mangas muy amplias cosidas a la sisa con pliegues, puños ajustados de 15 centímetros de ancho adornados con agremanes y abalorios y cerrados con botones de plata; el borde de los puños, así como el escote, van rematados con puntilla blanca. Tiene aberturas en el centro de los delanteros y en el centro de todas las costuras, desde la cintura para abajo. El cierre delantero es de cintas o botones de plata. Va forrado de lienzo o satén. El largo es aproximadamente de 15 centímetros por debajo de la cintura.

Chaleco

Habitualmente estaban realizados con terciopelo labrado en colores muy vivos tales como verde, amarillo, granate e incluso con mezcla de varios colores. Se forraban con lienzo y se aderezaban con adornos de trencilla de plata y oro. El escote que terminaba en pico, las sisas y los cantos delanteros se remataban con cinta de distinto color. El corte era muy ajustado y ceñido al cuerpo y la espalda llevaba cortes de costadillos. Tenia aberturas desde la cintura para abajo en el centro de los delanteros y en todas las costuras. Por la parte delantera se cerraba con cintas. El largo era de hasta 15 centímetros por debajo de la cintura.

Armilla

Esta prenda es una chaquetilla muy ajustada y corta, de paño negro muy fino, forro de satén, lleva adornos de abalorios y agremanes en los puños. El cierre delantero es con botones de plata, al igual que el de los puños. El corte es muy ajustado, con espalda de costadillo, con un largo hasta la cintura. En la manga, a la altura del codo, llevaban una roseta de cintas de colores.

Bolso bajero

Es una faltriquera que se lleva debajo del delantal, sujeta a la cintura con cintas. Solia ser de terciopelo o raso, rematada con trencillas y adornada con bordados, agremanes y abalorios. En cuanto a las dimensiones media en torno a 20 centímetros de larga por 15 de ancho y la parte de abajo terminaba en forma redondeada.

Justillo

Era de lienzo blanco. El corte era completamente ajustado al cuerpo, abierto en la parte delantera con cintas para ceñirlo al cuerpo lo más posible. Llevaba forma en la cintura, pero no en el pecho. El largo es desde 15 centímetros por debajo de la cintura hasta la altura de las axilas, se sujeta con hombreras de cinta. Normalmente no lleva adornos.

Prendas interiores

Las enaguas eran de lienzo o hilo blanco y el largo iba desde la cintura hasta la mitad de la pantorrilla, siendo muy amplia de vuelo. En el bajo se adornaba con puntilla de bolillos o ganchillo.

El pantalón era de lienzo o hilo blanco. Largo desde la cintura hasta por debajo de la rodilla, bastante amplio, va fruncido en la cintura y en el bajo, se sujeta en ambos con cintas. En el bajo tiene un volante de puntilla o ganchillo.

El refajo era de jerga o punto hecho con hilo de lana hilado y tejido a mano. Es una especie de camisa de corte amplio y recto, sin mangas, larga hasta media pantorrilla. Normalmente no lleva adornos.

Chambra

Se confeccionaba en percal, satén u otros tejidos finos, blanca, en color o negra. El corte era muy ajustado y estaba abierta por adelante cerrándose con botones. El escote era ajustado y se remataba con un bies o puntilla. La manga era larga y amplia con puño, cerrado con botones. Normalmente no lleva bordados ni adornos.

Basquiña

Esta prenda es muy parecida al manteo. En tiempo de invierno se usaba para arroparse con ella el cuerpo. Las mujeres la llevaban sujeta a la cintura, lo mismo que el manteo, y cuando hacía frío levantaban la parte trasera hasta taparse con ella la cabeza, mientras la delantera caía de la cintura para abajo. Es de estameña de lana hilada y tejida a mano, tiene el mismo corte que el manteo y no lleva adornos.

Mantilla de tronco

Se trata de una prenda que se utilizaba exclusivamente para cubrir la cabeza de las mujeres en las ceremonias religiosas. Los materiales con los que se hacián era el terciopelo y el raso, ambos negros. La forma es triangular, con una equeña pinza en el vertice del triángulo, para dar la forma de la cabeza. Uno de los lados mide unos 125 centímetros de largo, y los otros dos aproximadamente 92 centímetro cada uno. Todo el borde exterior es una franja de terciopelo negro, mientras que el centro está formado por el raso. La únión del tercipelo y el raso la solía rematar una pasamanería realizada con abalorios de azabache.

Dengue

De esta prenda prácticamente no queda ninguna muestra en el pueblo, pues a principios de este siglo fue sustituido por el mantón de merino estampado o el de crespón negro bordado, o de Manila. Pero se conservan algunas fotografías en las que se puede apreciar perfectamente como era. Era de paño a juego con el manteo y con adornos de terciopelo, trencillas y abalorios. El corte es en forma de pico en la espalda, pasando por los hombros y cruzando por el pecho, para terminar anudado en la espalda a la altura de la cintura.

Mantón

A finales del siglo pasado se usaba el mantón de merino, liso o estampado. Este era de un tejido de lana merina, muy fino, con flecos también de lana, no muy largos. Eran de colores oscuros tales como el negro, marrón, morado..., aunque también los había estampados con flores de colores muy vivos. Era de dimensiones bastante reducidas.

A principios de este siglo se comenzó a usar el mantón bordado, de crespón negro, mucho más grande que el de merino. Todo él está bordado con hojas y flores (se le conoce como «manton de ramo»), tiene un fleco muy largo, también de seda.

Pero el mantón, tanto el de merino como el de crespón, y a pesar de ser una prenda muy elegante y bonita, hay que reconocer que no es propio del traje de churra, pues este traje es anterior al uso del mantón y llevaba jubón y dengue o chaleco y armilla, según los casos.

Lazos o colonias

Cuando se vestía la armilla, que era una chaquetilla muy corta, justamente hasta la cintura, se llevaba un gran lazo en la cintura anudado en la espalda, cayendo las puntas hasta el bajo del manteo. Este lazo solia tener una anchura de 8 a 10 centímetros, siendo de seda en tejido adamascado con dibujos de flores en colores combinados (amarillo, verde, rosa, morado, y en algunos casos negro sólo). Este mismo lazo se usaba en el pelo para sujetar el moño de picaporte (éste era una coleta trenzada de a ocho, que se doblaba por la mitad, uniendo el final con el principio por medio de este lazo). El lazo de colores lo usaban las solteras y el negro era propio de las casadas.

En la foto se muestran dos modelos de lazos de seda encontrados en Campaspero, los cuales únicamente se diferencian por los dibujos en ellos estampados. Estos dibujos es habitual que se repitan por diferentes zonas de la Comunidad y de España.

Medias y zapatos

Las medias eran de lana muy fina o lino hilado y tejido a mano, en unos casos blancas y en otros a rayas blancas y de otro color (morado, amarillo, verde...). Las medias de rayas se usaban preferentemente para las bodas.

Los zapatos eran negros de tafilete, abotinados y atados con cordones, excepto para las bodas, que eran de raso o terciopelo negro bordado. Tanto los zapatos como las medias para la boda eran siempre regalo del novio.

Respecto a los regalos de boda, ocurrían casos curiosísimos. Antes de la boda se firmaba un contrato por los padres de los novios en el que entre otras cosas, se especificaban los regalos que los novios se harían mutuamente. En cierta ocasión los padres de la novia exigieron que a su hija le regalaran dos pares de medias; como los del novio no estaban dispuestos a regalar más que uno, la boda se suspendió. O este otro caso en el que los padres del novio mandaron hacer los zapatos de la novia a un determinado zapatero del pueblo, el señor Tomás Mellizo, y como los padres de la novia querían que los hiciera otro, el señor Canene, no llegaron a un acuerdo y también se suspendió la boda. Este último caso fue muy celebrado en el pueblo, siendo cantado en coplas por las gentes del pueblo. Una de ellas decía así:

Los zapatos de la novia
ya no los hace Tomás
con ninguna condición,
porque dice la María
que les tome la medida

Canene, que es lo mejor...

A este aspecto de los regalos se le daba gran importancia, pues eran un determinante de clase y prestigio social para las familias.

Prendas masculinas

Chaqueta

Solia confeccionarse con paño de Béjar negro y se adornaba con trencilla también negra en los cantos, cuello y bolsos. El forro era de franela de cuadros en colores oscuros. El corte era muy ajustado, la espalda llevaba corte de costadillo, los bolsos iban en sentido vertical, no llevaba ojales pero sí dos filas de botones de plata o nacar, el cuello y puños eran de terciopelo y el largo era hasta la cintura.

Chaleco

Habitualmente era de terciopelo negro labrado. En la espalda lleva un adorno de piqué blanco en forma de pico en la parte de arriba y de ondas en la de abajo. El piqué tenia dibujos con forma de nido de abeja. El perimetro del chaleco se remataba con trencillas negras. El forro es de lienzo blanco. El cierre es de botonadura de plata. El corte de los chalecos era bastante ajustado, al igual que en otras provincias, característica bastante difícil de ver en los chalecos que actualmente utilizan los bailadores que danzan en los grupos de coros y danzas de nuestra provincia.

Es de reseñar la dificultad que existe en la actualidad para hacer reproducciones de este tipo de terciopelos labrados, aunque no es imposible conseguir replicas fidedignas de este tipo de tejidos. Gran similitud existe con los chalecos que utilizaban los mozos en Segovia, con espaldas también formadas por dibujos geométricos en tejidos blancos como el piqué o la loneta. Podemos señalar que también se utilizaban estos terciopelos labrados para la confeccion de los jubones de mujer con corte bastante ajustados.

Hay que destacar un modelo de chaleco que es, en gran medida, los que usan a día de hoy los dulzaineros y redoblantes para amenizar con su música en las festividades del pueblo. Se puede ver en las fiestas del pueblo o en las Aguedas. Este fue un modelo de chaleco que según nos cuenta Don Oroncio Javier fue diseñado por el mismo.

Bragas  y pantalón

Las bragas acostumbraban a ser de paño negro de Béjar, forro de lienzo. El corte es muy ajustado, largo hasta diez centímetros por debajo de la rodilla. Tenian aberturas en el bajo cerradas con botones de plata. El cierre delantero era com forma de trampa con abertura en los costados y bolsos interiores. Se usaban para las fiestas mayores.

El pantalon era de pana negra, de corte no muy ajustado, cierre delantero de trampa, bolsos interiores y se usaba para los domingos y el trabajo.

Capa

La capa poco se diferenciaba de la que se usaba normalmente en toda España, con algunas variaciones en los adornos, según la economía de cada uno. Normalmente era de paño negro de Béjar con los bozos de franela de cuadros o de rayas y se sujetaba en el escote con cintas. Los más adinerados llevaban los bozos de terciopelo o piel de colores como el negro o el granate y en el escote lucian un broche de plata.

Esta capa se usaba especialmente para las ceremonias religiosas: bodas, procesiones..., pero sobre todo en la Cuaresma para ir a confesarse. Para esta ceremonia de la confesión y comunión era imprescindible la capa, hasta el punto que si alguno no la tenía no iba a confesarse hasta que algún familiar o amigo se la prestaba.

Para el uso diario se usaba otra capa a la que llamaban «capa de sayal» que era de lana hilada y tejida a mano y del color natural de la lana negra sin teñir.

Faja

La faja habitualmente era de lana hilada y tejida a mano.Los colores podian ser blanco, negro e incluso a cuadros blancos y negros del color de la lana sin teñir. Tenía tres varas de larga por media de ancha y flecos en los lados.

Tapabocas

Era una prenda mitad manta, mitad bufanda, de tres varas de larga y una de ancha. Tejido de lana bastante grueso, a cuadros de colores y flecos en los extremos. Esta prenda la usaban preferentemente los mozos en los domingos de invierno.

Camisa

Eran de lienzo blanco (de hilo o de lino), cuello de tirilla con abertura hasta la mitad de la pechera, cerrada, al igual que los puños, con botones de nácar. Para la ceremonia de la boda solia utilizarse una camisa con la pechera y los puños bordados.

Según se pueden ver en las fotos es una camisa muy similar a la del traje segoviano. Muy característico de este tipo de camisas era el cuello, de gran amplitud, aproximadamente unos diez centímetros de ancho, a veces incluso exagerado y con copiosos bordados. Los bordados versaban en amplias flores que componían dibujos geométricos e integraban la pechera y el cuello. Este tipo de cuello de camisa, ha sido un modelo bastante repetido a lo largo de toda la geografía castellano leonesa, llamándose en Zamora «de cabezón». La parte superior del cuello se cerraba con un botón de plata, que en ocasiones podía ser el mal llamado botón charro.

Si en lineas anteriores deciamos que los zapatos de la novia solian ser un regalo del novio, esta camisa, así como los calzoncillos de la boda, eran regalo de la novia. En ella solían dejar reflejadas las iniciales del novio y en algún caso también las de la novia, como recuerdo de su buen hacer.

Montera

Se confeccionaban en paño negro. Lo únicos ejemplares que he podido ver de esta tipología de montera son el que está expuesto en el museo de la piedra de Campaspero y el que tuvo a bien enseñarme Don Oroncio Javier. Nos contó Don Oroncio que esta montera había sido confeccionada por él a través de unas ligeras ideas que tenía sobre como podía haber sido la montera original. Tiene forma alargada y sus bordes están rematados con pasamanería. El contorno de la montera lo remata una cinta de terciopelo negra y en ocasiones un botón.

Debajo de la montera se rodeaban la cabeza con un pañuelo de seda con dibujos adamascados de colores muy vivos. Para la ceremonia de la boda se usaba sombrero negro.

Calzado

Con las bragas usaban medias blancas de lana o hilado y tejido a mano con dibujos y calados y botas negras. Con el pantalón solian llevar calcetines de lana y botas. Para el trabajo diario se usaban peales de lino y albarcas.

Escasas son las piezas que en nuestros dias quedan como testigo del vestir de Campaspero de aquella época.. No obstante algunas de las casas de piedra de Campaspero seguro guardan importantes tesoros aun en sus arcas para todos aquellos que disfrutamos de la indumentaria.

Según recordaba Don Oroncio Javier Garcia Campo las escasas prendas que se salvaban de que se las comieran las polillas, por ser de lana, solian ser utilizadas por los jovenes para disfrazarse durante el Carnaval u otras fiestas a lo largo del año, y al ser de corte muy ajustado siempre acostumbraban a volver a casa rotas dehaciéndose de ellas.

Sirvan las siguientes dos fotos, de los maniquis que están en el Museo de la Piedra de Campaspero, como ejemplo del vestir de los hombres y mujeres de este pueblo de la Churrería.

Oficios

El libro « El trabajo en un pueblo de castilla – Campaspero 1870 -1970» escrito por Don Oroncio Javier García Campo, describe perfectamente cinco oficios que en muy buena medida están relacionados con los modos y formas de vestir de las gentes de Campapero.

Modista

Las primeras noticias de la existencia de modistas en el pueblo datan de principios del siglo xx.

En general la mayoría de las mujeres sabían coser, lo cual no quieren decir que fueran modistas, ya que este término proviene de la palabra moda y hasta bien entrado el siglo no llegó esta al pueblo.

Las prendas que se usaban se hacían al modo tradicional, copiando las antiguas y únicamente variando adornos tales como las puntillas, los bordados o las trencillas

En los primeros años del siglo xx había una modista en el pueblo llamada Juana Garcia y entre cuyos trabajos destacaban las chambras, delantales y camisas de hombre, haciendo muy pocos vestidos. En 1920 trabajaba Constantina y en 1925 Julia Campo, la madre de Javier Oroncio quien empezaría ya a elaborar prendas modernas como abrigos, o vestidos. Después se dedicarían al oficio, entre otras Ángeles Pérez, Teodora Hernando, o Romana García.

Las modistas tenían un taller, donde por una paga casi simbólica (cinco pesetas al mes) iban las jóvenes a aprender.

Sastre

Sin duda alguna, el oficio de referencia Don Oroncio Javier García Campo y al que dedicó más de medio siglo, habiendo sido su madre modista y su padre sastre. Define el propio Don Oroncio el oficio como el de aquel que se dedica a hacer prendas a la medida de cada persona, de una forma no industrial y que no se dedica meramente a cortar y coser, sino que ha de tener conocimientos de anatomía y estética y de asesoramiento de imagen. El sastre debía de escoger los tejidos adecuados para cada ocasión, el modelo de prenda que iba a realizar, y tomar unas adecuadas medidas. El oficio requería destreza hasta el punto de que si los patrones y medidas eran las correctas la prueba de la prenda casi no era necesaria; en caso contrario se harían dos pruebas, la primera para aplomar y ajustar la prenda, y la segunda la prueba normal. Lo más importante era la confección, es decir el cosido y remate de la prenda, quedando en segundo lugar el corte, hasta el punto de que una prenda bien cortada pero mal confeccionada se perdía. El cosido a máquina debía ser el mínimo, debiendo realizarse el cosido exterior siempre a mano.

Las herramientas del sastre eran la mesa para extender las telas y planchar, cinta métrica, reglas y cartabón; tijeras grandes para cortar y pequeñas para los hilos, aguja y dedal, y plancha. Esta última era de gran importancia ya que de ella dependía en gran medida el acabado final.

Antes de 1880, en Campaspero, los sastres trabajaban a jornal en casa de sus clientas. En torno a 1880 con la aparición de la máquina de coser, montarían ya su propio taller. Introduciendo nuevas técnicas tanto de corte como de costura. De esta forma, poco a poco, las prendas iban a ir perdiendo los cortes tradicionales y modernizándose.

Otra de las labores del sastre era la de efectuar remiendos en las piezas ya confeccionadas tales como los pantalones de pana cuando se rompían y había que ponerles rodilleras o culeras.

Según informa Don Oroncio Javier, el sastre más antiguo del que tenía memoria era Nemorio Soria, quien desempeñaría el oficio desde 1880 hasta 1915, siendo sucedido en primer lugar por sus hijos Andrés y Toribio, y posteriormente por sus nietos Alejandro y Ricardo. Desde 1932 hasta 1948, cuando ya solo quedarían cinco talleres en el pueblo, desempeñaron el oficio Virgilio García (el padre de Oroncio Javier); Onofre García, Domingo Domingo y Miguel Soria

Zapatero

En los últimos años del siglo xix y primeros del siglo xx, hubo en Campaspero tres zapateros, el Tío Tomás Mellizo, el Tío «Canene» y el Tío «Coto» y con bastante trabajo todos, al parecer. De este último heredarían el oficio su hijo Fermín y posteriormente su nieto Eladio. Hacían el zapato a medida de los clientes, además de arreglar todo lo demás hasta caerse de viejo.

Para los días de fiesta, el hombre usaba botas, mientras que para el trabajo, albarcas. Las mujeres para los días de fiesta utilizaban botas con botones y para el trabajo calzaban alpargatas. Para las bodas hacían unos zapatos de terciopelo con bordados, que normalmente regalaban los padres del novio a la novia.

Hilandera

Oficio conocido por prácticamente todas las mujeres de Campaspero, que en algún momento habrían hilado la lana de las ovejas para hacer medias, calcetines, bufandas y prendas de punto en general. Hilaban el cáñamo para talegas y el lino para sabanas y camisas. Alguna de estas mujeres tenía este por oficio hilando exclusivamente a jornal. Entre las herramientas utilizadas cabe destacar las cardas para ahuecar la lana; la rueca hecha con un palo de una vara de largo y el uso de aproximadamente un tercio de vara de largo con el que se torcía la lana y se enrollaba el hilo.

Tejedor

Basquiñas, manteos, mantillas, capas, fajas, tapabocas, camisas, alforjas, o talegas, son solo algunos ejemplos de piezas que quienes ostentaban el oficio de tejedor realizaban. El urdidor estaba compuesto por un cajón grande, dividido en doce departamentos donde se metían los ovillos para que fueran soltando los hilos todos a la vez. Se usaban dos bastidores de dos varas de alto por una y media de ancho, donde se cruzaban por el centro y a los que se hacían girar para enrollar en ellos los hilos de la urdimbre y en los que se daban tantas vueltas como varas de largo tuviera que tener la pieza a tejer.

El banco para enrollar canillas estaba compuesto por una rueda grande con una manivela y una correa de transmisión que hacia girar un pivote donde se ajustaban unas cañas de una cuarta de largo, en las que se enrollaba el hilo que se usaba para la trama.

El mecanismo del telar estaba formado por rollos, ruedas dentadas, peines de arrastre, peines para cruzar los hilos, movidos por pedales y poleas, lanzaderas. Los peines de arrastre o de cruzar la urdimbre estaban atravesados por unos hilos llamados Pezuelos, por donde se comenzaba el tejido. Finalizado el tejido, si este era de cáñamo había que lavarlo varias veces; si era de lino se curaba poniéndolo al sol para blanquearlo; y si era de lana había que batanarlo. Después, entre otras, las telas destinadas a los manteos se teñían, llevándolas al tintorero.

A mediados del siglo xix el bisabuelo de Don Oroncio Javier, que se llamaba Mariano García, era tejedor. A finales del siglo xix se dedicaban al oficio Felipe y Teófilo. A principio del siglo xx era tejedor Clemente García, hijo de Mariano, y desde 1940 hasta 1980 Alberto García, hijo de Clemente y nieto de Mariano.

Campaspero, un pueblo de Piedra, de costumbres y tradiciones arraigadas y con una forma de vestir propia y que ha perdurado durante el paso de los años para que nuestros contemporáneos podamos deleitarnos con los tesoros que las fachadas de caliza albergan en su interior, en arcas y baúles. El pueblo donde pasó sus años Don Oroncio Javier García Campo, sastre de oficio, literato por afición y al que una vez más queremos agradecer su dedicación y su esfuerzo por y para la tradición, el vestir de un pueblo, sus cantos, sus vocablos, en definitiva las tradiciones y costumbres de Campaspero. Queremos que estas últimas palabras sean también un agradecimiento para la familia de Don Oroncio Javier, que en todo momento nos han tratado con mucha hospitalidad haciéndonos sentir como un vecino más del pueblo. Desde estas líneas hacemos hincapié a instituciones y colectivos folclóricos, como ya lo hiciera Don Oroncio Javier, para que sepan mantener lo que nuestro informante denominó «La Identidad de un Pueblo».




BIBLIOGRAFÍA

Curiosidades históricas Camaspero, Bahabón, Cogeces del Monte, Torrescárcela, Aldealbar, Santibañez de Valcorba. / José María Viloria García.

El trabajo en un pueblo de Castilla: Campaspero, 1870 – 1790. / Oroncio Javier García Campo. 1999.

El traje de «Churra», Campaspero/ Oroncio Javier García Campo. Revista de Folklore, ISSN 0211-1810.

Etnografía de la imagen en Segovia. La colección del padre Benito de Frutos. / Carlos Porro.

Los pueblos del Sexmo de Valcorba: episodios antiguos de su historia y de su vida: Aldeabar, Bahabón, Campaspero, Cogeces del Monte, Santibáñez de Valcorba, Torrescárcela / José María Viloria García.

Museo de la Piedra de Campaspero.


Bibliografía Digital

https://www.tribunasalamanca.com

https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/201507/14/oroncio-javier-garcia-campo-20150714112448.html

https://esquelas.elnortedecastilla.es/valladolid/campaspero/fallecimiento/don-oroncio-javier-garcia-campo/52287894

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https://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/19/valladolid/1324293356.html

http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=20554

http://www.cervantesvirtual.com/obras/autor/garcia-campo-oroncio-javier-90695

https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20170331/pedrajas-valladolid-homenajea-a-los-comicos-de-la-legua-en-los-xiv-encuentros-moretti-de-teatro-5940778

http://www.diputaciondevalladolid.es/diputacion/modulo/dipva-noticias/dia-a-dia/160588/

https://www.salamanca24horas.com/texto-diario/mostrar/922221/exposiciones-decimo-aniversario-biblioteca-berta-pallares


Informantes:

Oroncio Javier García Campo

Familiares de Oroncio Javier García Campo.

Las fotografías 4, 5, 6, 7, 9, 10, 13, 14, 15,16, 17,27, 28, 29, 47, 48, 57, 69, son piezas propiedad de la familia de Don Oroncio Javier García Campo.

Las fotografías 8, 14, 25, 30, 33, 34, 35, 36, 39, 40, 54, 55, 56, 51, 62, 63, 64, 65, 66, 67, 68, 70 proceden de piezas depositadas en el Museo de la Piedra de Campaspero.



La indumentaria tradicional en la comarca vallisoletana de la Churrería. Campaspero

MUÑOZ BLANCO, Iván / BLANCO DEL VAL, Alfredo

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 454.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz