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Torneados, esqueuomorfismo y determinismo geográfico en las gaitas de fuelle del noroeste peninsular

CARPINTERO, Pablo

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 448.

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En el noroeste peninsular durante el siglo xx las gaitas de fuelle aparecen vivas en la parte más occidental de Cantabria, en toda Asturias y Galicia; en la provincia de León en las comarcas del Bierzo y más al sur en la Cabrera, continuando por las comarcas zamoranas de Sanabria y Aliste, donde el río Duero hace de frontera con Sayago, lugar donde la gaita de fuelle ya no vivió en este siglo. En Portugal las gaitas habitan con mucha vitalidad las zonas de entre Minho e Douro, todo Trás-os-Montes, tanto Miranda como Braganza, y sobre todo a las afueras de la ciudad de Coímbra, el único lugar del noroeste donde la gaita de fuelle mantiene actualmente su uso tradicional antiguo sin casi interferencia: aportar la música a las fiestas patronales y a los rituales religiosos. Ya en el extremo sur, las gaitas de fole viven en la Extremadura, es decir, a las afueras de Lisboa, donde el río Teixo conforma aproximadamente la frontera sur de su distribución actual.

Debemos destacar aquí como son precisamente accidentes orográficos los que delimitan las zonas habitadas por las gaitas; ríos y montañas hacen de límite a estas diferentes culturas, y generan, al mismo tiempo, espacios liminares que muchas veces poseen a su vez sistemas culturales propios, maneras diferentes de entender y expresar la gaita: al sur de los Picos de Europa ya no hay gaitas de fuelle, las motañas Eo-Naviegas provocan la transición entre Galicia y Asturias, mientras que sus dos ríos, el Eo y el Navia, encierran una zona con una personalidad diferencial muy marcada. Las sierras de los Ancares y el Courel, también entidades culturales en sí mismas, alejan Galicia y León. El río Miño separa Galicia de Portugal en el extremo occidental de su frontera, pero el Baixo Miño gallego y portugués comparten tantas características comunes en el referente a las gaitas de fole que podríamos decir que forman también una entidad propia. La sierras surorientais gallegas alejan Galicia de Bragança, Miranda y de la Sanabria zamorana, mientras que ésta aparece separada de la comarca Alistana por la Sierra de la Culebra. Más al sur, como ya dijimos, es el Duero el que marca el límite meridional a las gaitas de fuelle, que ya no aparecen entre los sayagueses.

Esta circunstancia de estar los accidentes orográficos en la base de la delimitación de culturas que se tienen por diferentes, demuestra claramente la influencia del paisaje en la cultura humana, pero no tiene nada de nuevo: el gran arqueólogo Barry Cunliffe, por cierto poco sospechoso del rancio determinismo geográfico decimonónico, opina hablando sobre la península europea:

Such is the growing complexity of the subject that there will be as many very different early histories of Europe as there are authors prepared to write them. I have chosen to emphasize what seems to me to be the underlying drive -the determining effect that the geographie of the peninsula has had on the way in wich the human population has developed. Geography provides the stage with all its constrains and opportunities. [1]

También cuando diserta sobre la reconstrucción del pasado por los arqueólogos, este mismo autor escribe:

At the base of it all is the environment, wich results largely from the interaction of climate with geomorphology. It has its own dynamic of change wich may be deflected or exacerbated by human intervention. The environment lays down the basis rules of behaviour, facilitating human action in some ways but constraining it in others. [2]

Un poco más adelante aún reconoce:

It is difficult not to accept that geography is sometimes a major determinant in history. [Id., p. 421] [3]

Como vemos, Barry Cunliffe opina que el entorno establece las reglas básicas de comportamiento siendo un importante determinante en la historia; no es nada nuevo, pues lo hace con todos los seres vivos y, además, de manera muy patente, lo descubrió Darwin. Muchos humanos, actuando con nuestra proverbial sobervia, hallamos que somos más libres de las influenzas del entorno que otros ser vivos, así que está bien que recordemos que no es así. El entorno influye a nivel psicológico y cognitivo: la geografía cognitiva es un campo explorado por psicólogos y geógrafos en estrecha colaboración desde hace tiempo, uno de los textos más conocidos es el de Gärling y Golledge [4].

Vamos a hablar aquí de los torneados de las gaitas de fuelle en el noroeste de la península Ibérica, gaitas que pese a ser culturalmente diferentes, comparten también un substrato común, exactamente el mismo caso que las lenguas que habitan esta zona, por cierto separadas por exactamente los mismos accidentes geográficos que acabamos de mentar. Todas las gaitas de fuelle que habitan en el noroeste peninsular siguen un modelo básico, primeramente documentado con certeza en la época medieval, compuesto de roncón y puntero cómo únicos tubos sonoros. Las gaitas de fuelle con más de un bordón solo aparecen bien documentadas y establecidas en Galicia. Todas estas gaitas, a vista de pájaro, son idénticas; sin embargo, es en los detalles finos donde aparecen las diferencias culturales. Estos pequeños detalles organológicos son los que precisamente hacen percibir a una gaita como propia por cada una de estas culturas. Así, los pequeños detalles organológicos se convierten para los actores culturales en muy importantes características diferenciales, los torneados de las diferentes piezas de las gaitas de fuelle caen en esta categoría y veremos que están relacionados con los accidentes geográficos.

Como venimos de decir, todas las gaitas del noroeste se componen por lo menos de un bordón largo (ronca, roncón, ronco) y un tubo cantor (el puntero, ponteira, punteiro o puntera). El roncón está compuesto de tres piezas, que llamaremos aquí primera, segunda y tercera, conteniendo ésta una parte final engrosada que vamos a llamar copa. Puntero, roncón y el tubo de insuflación (soplillo, soplillo, assoplillo o soplete) encajan en el fuelle mediante unos tubos de madera denominados buchas, buxas, asientos, etc. Los torneados de estas piezas responden en todo el noroeste peninsular a un modelo básico, muy sencillo, un patrón de torneado probablemente muy antiguo, quizás medieval (Fig. 1).

Este modelo surge durante el proceso de taladro y torneado de las diferentes piezas de las gaitas merced a la conjunción de la lógica, de las propias necesidades del instrumento y de una característica muy propia del noroeste que denominaremos ruptura de continuidad (Fig. 2):

El proceso de creación del torneado antiguo o básico del noroeste se puede resumir en unas pocas fases. Nos vamos a referir a las líneas como cóncavas o convexas siempre tomando cómo referencia el interior de la pieza:

En el noroeste peninsular, en este proceso de eliminación de madera sobrante y elaboración del torneado se siguen tres normas culturales de índole puramente estética:

Curiosamente, cuanto más el torneado se aproxima la este modelo sencillo, más recargado es el torneado del soplillo cómo se puede apreciar en la figura 3. Este tipo de soplillos altamente ornamentados aparecen con muchísima frecuencia en las gaitas de fuelle asturianas, tanto es así que es considerado por esta cultura como característica propia de sus gaitas de fuelle, a pesar de aparecer también en las gaitas de fuelle más antiguas del resto del noroeste, como se puede apreciar en la figura 3. Esta ornamentación puede resumirse en un patrón de anillos que alternan con formas engrosadas semejantes a tonelillos de vino; un patrón que, para abreviar, vamos a denominar como «ornamentación en anillos». Hemos observado que este tipo de diseño aparece en una grande cantidad de gaitas de lengüeta sencilla, bien sean sopladas directamente con la boca o insertadas en un fuelle, gaitas que aparecen distribuidas por toda Eurasia (Fig. 4). También lo podemos ver claramente en una iconografía medieval peninsular, una gaita de fuelle, probablemente de lengüeta sencilla, sin roncón, esculpida con mucho detalle en la portada sur de la Catedral de León (Fig. 5); incluso se conservan restos materiales de gaitas de los siglos xiii y xiv donde se aprecian este tipo de ornamentos (Fig. 6), por esta razón podemos afirmar que este tipo de ornamentación en anillos tiene más de ochocientos años de antigüedad.

La Rosca del Baixo Miño, con una morfología totalmente medieval, es un caso paradigmático a este respeto, pues en esta gaita de fuelle la ornamentación en anillos aparece en todas las piezas: asientos, tubo cantor y soplillo (Fig. 7). Fue precisamente esta gaita la que nos dio la llave para explicar el fenómeno de la ornamentación en anillos de los soplillos. Para una revisión completa sobre la Rosca se pueden consultar publicaciones previas del autor [5] y [6].

Nosotros pensamos que este tipo de ornamentación puede ser un caso de esqueuomorfismo: cuando un objeto derivado conserva señales de diseño ornamentales que provienen de estructuras que son inherentes y funcionales en el objeto original. Así, la conservación de determinados diseños originales es solo el resultado de una costumbre y no una necesidad funcional. Es, por ejemplo, el caso del clic que hacen los móviles al hacer una fotografía: en el objeto original, las cámaras réflex, el clic corresponde al ruido del obturador, pero en los móviles éste no existe, y el clic se conservó simplemente por asociación entre «hacer foto» y «clic», por la costumbre de escuchar un clic al hacer una foto. En nuestro caso, la conservación de la ornamentación en anillos en los punteros de gaitas de lengüeta sencilla y después en los soplillos, pensamos que podría deberse a la conservación de una costumbre visual que tiene, probablemente, varios milenios de antigüedad. Veamos por qué.

Entre los instrumentos musicales tradicionales gallegos hallamos muchos ejemplos de tubos de lengüeta simple o doble, hechos con paja de centeno o avena, corteza de castaño, caña o madera de saúco, instrumentos muchos de ellos con los que los niños iniciaron su camino musical, camino que sigue con las gaitas de caña o saúco con fuelle y que culmina con las gaitas de fuelle con punteros de lengüeta doble que empleaban los adultos [7]. Es muy notable que esta sucesión de instrumentos musicales rememore con tanta exactitud la historia conocida de los instrumentos de lengüeta. Muchos indicios, que no vamos a discutir aquí, indican que estos instrumentos infantiles son extremadamente antiguos, igual que sus maneras de ser construidos.

En Galicia hay dos maneras de practicar los agujeros para los dedos en estos sencillos aerófonos soplados directamente con la boca: en los tubos de paja, corteza de castaño, tallos de cebolla o pedúnculos de cucurbitáceas, debido a su naturaleza fibrosa, se cortan los agujeros con una navaja, bien sea de forma cuadrada (muy escasos), o practicando dos cortes en direcciones contrarias que es el método más frecuente (Fig. 8). Esta forma de practicar los agujeros digitales se emplea actualmente poco para tubos de caña o saúco, donde a menudo se practicaban los orificios de los dedos quemándolos con un hierro calentado en el fuego, pero tengamos en cuenta que el fuego es un desarrollo humano muy posterior al corte y aun así, en nuestra tradición, observamos aún instrumentos de caña o saúco con los agujeros cortados a navaja (Fig. 9). Los agujeros quemados y los cortados con una navaja producen efectos visuales absolutamente diferentes: los cortados aparecen en el centro de una depresión creada por el ángulo de los dos cortes (Figs. 9 y 11), mientras que los quemados no (Fig. 10).

Los aerófonos de lengüeta sencilla o doble soplados directamente con la boca, denominados gaitas o pipas en gallego, son instrumentos musicales muy antiguos, quizás deberíamos decir extremadamente antiguos, un sencillo oboe compuesto por una paja aplastada en la punta, como el que los niños y niñas gallegos construian, podría tener incluso millones de años de antigüedad debido a la sencillez de las acciones necesarias para su construcción (aplastar una paja y soplar), nadie lo sabe. Los primeros tubos sonoros datados con seguridad son los de hueso y marfil hallados en Isturiz, Hohle Fels, Vogelherd y Gleissenklösterle (entre 43,000 y 11,000 años atrás) y los estudosos dicen que fueron probablemente flautas, labrosones o aerófonos de lengüeta [8], lo que no es decir mucho pues en realidad no cabe ninguna otra posibilidad. Por otra parte, claro está que si se construyeron tubos de marfil y hueso, con total seguridad también se emplearon tubos de caña, saúco, corteza o paja para fabricar tubos musicales; pensamos como otros investigadores, que estos tubos vegetales deberían ser mucho más frecuentes que los de hueso o marfil, tal y como sucedía hata no hace mucho en la cultura musical infantil gallega. Reflexionando sobre las herramientas paleolíticas, claro está que los agujeros para los dedos en los tubos vegetales fibrosos debieron ser cortados con una hoja de sílex, bien fuera dándoles forma cuadrada o con dos cortes en sentido contrario, exactamente de la misma manera que hacían los niños gallegos, la otra posibilidad de perforación, girar una punta de sílex, conduciría a astillar los bordes del agujero y no funciona no siendo en hueso, marfil o maderas muy duras. Algunos tubos óseos y ebúrneos de Isturiz, Gleissenklösterle y Hohle Fels, con los agujeros digitales realizados con este procedimiento de girar una hoja de sílex, muestran los agujeros en el centro de una depresión (Fig. 11); según Iain Morley [9] esta depresión facilitaría el sellado del agujero al poner el dedo encima. En nuestra opinión, estas depresiones no se labraron para facilitar el sellado hermético de los agujeros: para los que construimos instrumentos musicales es evidente que un agujero digital funciona perfectamente sin esta depresión; por el contrario, nosotros creemos que se trata de un caso patente de esqueuomorfismo debido a la costumbre de ver los agujeros para los dedos en el centro de una depresión creada por dos cortes en los tubos vegetales de los que los óseos o ebúrneos eran imitación (Figs. 9 y 11).

Pero no solo algunas pipas o gaitas paleolíticas muestran estas depresiones en los orificios para los dedos, pensamos que la actual ornamentación en anillos, tan frecuente hoy en gaitas de lengüeta sencilla sopladas directamente con la boca o con un fuelle (pensemos en gaitas de fuelle de la Europa oriental), es consecuencia de la conservación de la antigua costumbre de practicar orificios para dedos mediante la técnica de dos cortes, es decir, un caso de esqueuomorfismo: ver como los agujereados aparecen en medio de depresiones cuando son cortados en tubos vegetales (Fig. 12 A), llevó a la gente a tallar alrededor de los agujeros practicados en tubos de madera depresiones que imitan los cortes y que producen una ornamentación en anillos ( Fig. 12 B), se pueden comparar estos diseños con los hallados en tubos sonoros de la Edad Media (Fig. 6). Finalmente, estas depresiones talladas intencionalmente alrededor de los agujeros, acaban estilizándose para producir ornamentaciones en las que anillos alternan con formas planas o en forma de barril (Fig. 12 C). De este modo, la ornamentación en anillos sería una costumbre extremadamente antigua, probablemente enraizado en tiempos paleolíticos, si pensamos que las «depresiones en forma de cráter» de las que habla Iain Morley son también casos de esqueuomorfismo.

Toda vez que la tendencia en la historia es la conservación, y que hoy en día la ornamentación en anillos es muy típica de los aerófonos de lengüeta sencilla (con o sin fuelle); si pensamos que algunos tubos de hueso o marfil paleolíticos muestran los primordios de este tipo de ornamentación, entonces sería posible que tales tubos con depresiones alrededor de los orificios para los dedos hubiesen podido ser también gaitas de lengüeta sencilla e incluso tener cuernos como resoadores, como tan frecuente es en las gaitas (con o sin fuelle) de lengüeta sencilla. Esta posibilidad es, por cierto, una de las más frecuentemente sugeridas para los tubos sonoros Isturiz.

El caso es que la ornamentación en anillos se conservó hasta hoy estrechamente ligada a aerófonos de lengüeta sencilla, soplados directamente con la boca o insertados en un fuelle. Sin embargo aparece también en algunos aerófonos de lengüeta doble, caso de las palhetas de la Beira Baixa portuguesa (Fig. 13) y también, de forma muy estilizada en forma de anillados óseos o ebúrneos, en algunos punteros de gaitas de fuelle gallegas muy antiguas (Fig. 14).

Si la ornamentación en anillos fuese realmente un caso de esqueuomorfismo muy primitivo, la pregunta sería: por que se conservó en los soplillos de nuestras gaitas de fuelle? Se nos ocurre esta posibilidad:

1. Los aerófonos primitivos de lengüeta sencilla soplados directamente con la boca y fabricados en madera fueron ornamentados desde tiempos muy primitivos con anillos, simplemente debido a la costumbre de ver los agujeros de estos aerófonos, fabricados en caña o saúco por medio de dos cortes en direcciones contrarias, en medio de depresiones.

2. Cuando estas primitivas gaitas o pipas de lengüeta sencilla se convirtieron en gaitas de fuelle mediante su introducción en un pellejo (lo que a juzgar por la iconografía medieval seguramente aconteció al principio sin la presencia de ningún bordón), simplemente por coerencia estética la ornamentación en anillos se extendió del tubo cantor al soplillo y a los asientos. Este es exactamente el caso de la Rosca del Baico Miño. Habida cuenta tanto de la abundancia de iconografía como de su cronología, en la Europa occidental este proceso debió acontecer por primera vez, o por lo menos tomar muchas fuerza, en la península Ibérica y en la Edad Media, pues es el lugar y momento histórico donde aparecen por primera vez y con fuerza más gaitas de fuelle de todo tipo. Es posible entonces que fuera en esta época cuando quedó fijada la ornamentación en anillos para los soplillos de las gaitas de fuelle con cantores de lengüeta sencilla.

3. A juzgar por la gran cantidad de iconografía de gaitas de fuelle con cantores de lengüeta sencilla que aparece en la península Ibérica, parece claro que el nuevo instrumento tuvo mucho éxito. Sabemos que en la época medieval fueron también muy conocidos en la península las gaitas dobles sopladas directamente con la boca, aerófonos heredados de tiempos muy antiguos y denominados por griegos y romanos como aulòs y tibias respectivamente, que podían consistir en dos tubos cantores o en un tubo cantor acompañado de un bordón, ambos de lengüeta doble (Fig. 15). El éxito conseguido por el nuevo invento del fuelle que evitaba la respiración circular, es decir por las nuevas gaitas de fuelle de lengüeta sencilla, pudo empujar la conversion de los aulòs en gaitas de fuelle de lengüeta doble, bien fuera añadiendo un pequeño fuelle interpuesto en el fuste del oboe (Fig. 16), o disponiendo un gran fuelle para apretar bajo el brazo que inicialmente fue dotado de sistemas de insuflación variados, como lo de la Cantiga 350 (Fig. 17) que parece de nuevo una simple interposición de un gran fuelle en el fuste del oboe, o como el que sobrevivió hasta hoy en el que soplillo y tubo cantor ya son independientes (Fig. 18). Así, a partir de los antiguos aulòs pudieron surgir las gaitas de fuelle con dos cantores de lengüeta doble o con un cantor y un bordón ambos de lengüeta doble, ambas morfologías muy abundantes en la Edad Media.

Esta muy amplia variedad de gaitas de fuelle que hallamos en la iconografía medieval peninsular es en sí misma un potente indicativo de que el origen de la gaita de fuelle de la Europa occidental está en la península Ibérica y en la Edad Media, pues al principio de cualquiera proceso de creación las opciones siempre son muchas, después simplemente, con el paso del tiempo, se seleccionanse las más útiles o adaptadas, tendiéndose siempre a la selección de un único modelo. Pensemos por ejemplo en el invento de la bicicleta y en todos los modelos diferentes y que hoy se nos antojan extravagantes, que existieron al principio y que acaban homogenizados en la bicivleta actual de dos ruedas iguales; o también en el invento del tornillo y la tuerca, con su enorme variabilidad incial que acaba en unos pocos modelos actuales.

Los aulòi o tibiae aparecen con mucha frecuencia en nuestra iconografía medieval hasta aproximadamente el siglo xiv, mostrando sus tubos cónicos dobles introducidos en la boca del ejecutante, pero declinan justamente cuando las gaitas de fuelle se hacen frecuentes, indicando claramente que ocuparon su lugar. A partir del s. xiv ya no hallamos ninguna iconografía de gaitas dobles sopladas directamente con la boca. Es posible entonces que estas nuevas gaitas de fuelle con cantores de lengüeta doble pudieran copiar la ornamentación en anillos de los soplillos de las gaitas de fuelle de lengüeta sencilla que les sirvieron de patrón, de manera que los soplillos con anillos quedaron asociados también a las gaitas de lengüeta doble hasta el día de hoy. A juzgar por la iconografía medieval, parece que los cantores y bordones de las gaitas de lengüeta doble no llevaban ornamentaciones en anillos, tampoco las tibias romanas que se conservan los llevaban, ni aparecen en las representación de los aulòi griegos. Así que, por lo menos en un primer momento, las gaitas de fuelle de lengüeta doble quedaron compuestas por soplillos ornamentados y cantores y bordones cónicos y lisos (ver por ejemplo la gaita de fuelle de la cantiga 350, Fig. 17). Este fue el modelo que llegó hasta hoy mismo. Debió ser en un momento posterior a la Edad Media, quizás en el Barroco, cuando la ornamentación en anillos de los soplillos pasó, por simple coerencia o equilibrio estético, en alguna zona y solo en pocos casos, a los punteros de las gaitas de fuelle e incluso a sus roncones, como se aprecia en las figuras 14 y 19.

Así pues, esta podría ser una posible explicación de la ornamentación en anillos de los soplillos del noroeste peninsular. En todo caso, sea cuál fuera su origen, los hechos son que algunas iconografías medievales muestran anillos en los tubos cantores, y que estos aparecen en la Rosca del Baixo Miño, un instrumento descaradamente medieval, en soplillo, buxas y cantor. Así pues, siendo los soplillos ornamentados con anillos una parte fundamental del torneado básico del noroeste, tenemos un indicativo de que este tipo de torneado, con soplillos muy ornamentados y resto de tubos con diseños muy sencillos, podría ser medieval. Otros indicios que apuntan en este sentido serían:

-Este torneado sigue unas normas constructivas muy sencillas, utilitarias y elegantes, lo que cuadra bien con los criterios estéticos románicos.

-Las gaitas de fuelle más antiguas, presumiblemente con siglos de antigüedad, siempre muestran este tipo de torneado.

-Aparece en todo el noroeste, si bien con diferentes frecuencias.

-Es tanto más frecuente cuanto más conservadora es la cultura, mostrando, un incremento de frecuencia de sur a norte.

Vamos a denominar a este torneado muy sencillo como Tipo A; resumiendo sus características: fuste de la prima del roncón cilíndrico o ligeramente cónico incrementándose el diámetro hacia la copa; topes y finales de hembras de la segunda y la tercera con un único anillo, por veces aún sin trabajar como tal (Fig. 3 B por ejemplo); soplillos muy trabajados con ornamentación en anillos. Hemos hallado este Tipo A en los siguientes lugares:

-En Trás-ós-Montes, sobre todo en las gaitas de fuelle más antiguas documentadas.

-En toda Galicia, siendo especialmente frecuente en las gaitas de barquín del Baixo Miño y entre las más antiguas documentadas en todo el territorio, destacando las gaitas de Pontevedra (gaitas de Manuel Villanueva, Perfecto Feijoo y Xan de Campañó entre otras muchas).

-En la zona Eo-Naviega.

-En toda Asturias, donde es prácticamente exclusivo y tenido por los asturianos como identificativo de sus gaitas.

-En la única gaita de fuelle aparecida en la Maragatería.

En un hermoso proceso de equilibrio estético parece que con el paso del tiempo los torneados de las piezas de los roncones se fueron complicando algo, mientras que los de los soplillos, en muchas zonas, se simplificaron. Parece como si los diseños en forma de barril que se intercalaban entre los anillos de los soplillos pasaran de aquí a las piezas de los roncones. Así aparece otra variante de torneado muy frecuente en todo el noroeste con un desarrollo algo más complejo que vamos a denominar como Tipo B, siendo su única diferencia respeto al Tipo A la factura de un engrosamento después de los anillos de la primera y de las hembras de la segunda y tercera (Fig. 20); este engrosamento pasa a hacerse también después del anillo del tope del soplillo, substituyendo a la ornamentacion en anillos (Fig. 21) y constituyendo el modelo de soplillo más frecuente en todas las áreas del noroeste excepto en Asturias y equilibrando el torneado del conjunto de las piezas. Si, efectivamente, la ornamentación en anillos de los soplillos fuera tan antigua como proponemos, y puesto que este torneado Tipo B tiene un desarrollo más barroco y ya muestra como la ornamentación de las piezas del roncón y el soplillo se equilibraron más, estaríamos hablando de un modelo de torneado seguramente posterior en el tiempo al Tipo A. Abundando en este proceso de equilibrio ornamental, o sea de trasvase de anillos o figuras del soplillo al resto de piezas, muchas veces se observa en este Tipo B de torneado una proliferación de anillos en las piezas del roncón, también muy típico de muchas gaitas antiguas del noroeste (Fig. 22).

El Tipo B, como venimos de decir, aparece también en todo el noroeste, desde Lisboa hasta el Navia-Eo: es casi exclusivo en las gaitas más antiguas de la zona de Coímbra y, curiosamente, es muy raro en Asturias, donde solo tenemos documentada una gaita de fuelle con este tipo (aquí no tenemos en cuenta las gaitas de la zona Eo-Naviega, donde este Tipo B aparece con cierta frecuencia).

A partir de los años 40 aproximadamente comienzan a aparecer torneados algunas veces muy complejos que no corresponden con estos dos tipos. Un caso notorio acontece en la zona de Coímbra donde hallamos diseños muy alejados de la estricta funcionalidad de los diseños antiguos, con dibujos claramente muy barrocos (Fig. 23).

Otro caso patente a este respeto son las gaitas fabricadas en la emigración gallega, especialmente en Argentina, donde aparecen torneados y ornamentaciones muy alejados de los propios del noroeste y muy característicos.

Volviendo por fin al paisaje y a la influenza de los accidentes orográficos en la cultura, en este caso cultura material, existen en los torneados de las gaitas de fuelle del noroeste peninsular tres características que parecen variar con el paisaje: el diseño de las copas de los roncones, los diámetros exteriores de las piezas y los diámetros de los anillos de las mesas de los punteros. Si pensamos en el noroeste como una gradación continua desde los entornos llanos y abiertos de Portugal hasta los muy montañosos y cerrados de la zona oriental asturiana, veremos que existe una notoria continuidad, un caso extraño que nos permitió descubrir como muchas características de las gaitas de fuelle de esta zona, aparte de los torneados, variaban conforme lo hacía el paisaje.

El diseño de las copas de los roncones

El diseño del torneado de las copas tiene, como ya hemos mencionado, un aspecto funcional, pues debe albergar entre sus líneas el vaciado interno de las copas, pero tiene también dos aspectos puramente estéticos: primero, el gran anillo tan típico de nuestras gaitas de fuelle, que, como ya vimos, es fruto del proceso de ruptura de la continuidad, y, segundo, el diseño de las dos líneas que caminan desde este anillo hasta el final engrosado de la copa. Estas dos líneas que forman la copa pueden diverger básicamente de tres maneras diferentes respeto al interior: de forma cóncava, recta o convexa (Fig. 24). Hallamos estos tres patrones en el noroeste y, puesto que su diseño exacto no tiene relación ninguna con la funcionalidad de la pieza, es decir con el vaciado interior, más allá de darle cabida, podría deberse al capricho del constructor diseñarlas de una manera o de otra, sin embargo, esto no es así, y la distribución de estos tres diseños muestra una variación ligada el paisaje muy clara y llamativa:

Los diseños convexos solo aparecen en las zonas más montañosas, es decir en Asturias oriental y central. Hasta tal punto sucede esto, que en el resto del noroeste nunca hallaremos una gaita antigua con este diseño en la copa.

Los diseños rectos aparecen con muchísima frecuencia en la Asturias occidental, en la zona Eo-Naviega y en la zona nororiental de Galicia, pudiendo aparecer algún caso en el resto de Galicia, anque son escasos. Sin embargo, este diseño de líneas rectas nunca aparecerá ni en Portugal ni en Zamora.

Por último, el diseño en líneas cóncavas, redondeadas hacia el exterior, aparece como exclusivo en Portugal y Zamora, donde no hallamos ningún otro modelo de copa que no sea este. Aparece también en casi toda Galicia, excepto en la zona nororiental, donde es rarísimo.

Denominamos a los diferentes modelos de copas como Tipo I, II e III. Se pueden ver junto con sus variantes y distribuciones en el noroeste peninsular en la figura 25:

-Tipo I, muestra las líneas cóncavas respeto al interior:

Es el tipo que más variantes presenta. Puede aparecer sin anilla ornamental al final de la copa o con ella; también sus líneas pueden tender a ser rectas, caso que denominamos Tipo I-II con diferentes tipos de finales: con anilla o romos. Es pues un modelo que presenta muchas variantes.

-Tipo II, presenta las líneas rectas, muy rara vez aparece anillado y sólo tiene una variante muy barroca que es característica de la Terra Chá apareciendo también en las Mariñas Luguesas, en la zona Eo-Naviega e incluso algunas veces en el occidente asturiano. Esta variante la denominamos por esto Tipo II-Mariñas.

-Tipo III, con líneas convexas, una tipología que se fabricó solo en Asturias central y oriental. No presenta ninguna variante a excepción de que puede ser anillada pero únicamente en gaitas asturianas modernas.

Lo más destacable sin duda es que estos tipos de torneado de las copas no se distribuyan al azar y que se hallen perfectamente distribuidos por zonas. La pregunta es: por que los diseños varían con el paisaje? Pensamos que la respuesta es muy simple: porque imitan el perfil de las montañas, algo que los habitantes de una zona ven cada día. En las zonas planas, que son las más abundantes en Portugal y Zamora, los perfiles en el horizonte son siempre muy redondeados, las montañas son muy viejas y desgastadas sobre todo en las cumbres; este tipo de perfiles redondeados acontecen también en la mayor parte de Galicia. A medida que las montañas se hacen más jóvenes y cobran más altura, llegamos a ver en el horizonte perfiles rectos, como los de las montañas orientales gallegas y los de la zona Eo-Naviega, donde las cumbres ya aparecen apuntadas, poco desgastadas; este tipo de perfil nunca aparece en Portugal, Zamora o en otras zonas de Galicia, tampoco lo hacen las copas de los roncones de paredes rectas. Más al oriente de la zona Eo-Naviega, vemos ya montañas muy jóvenes, con paredes escarpadas, cumbres muy apuntadas y con perfiles que pueden llegar a ser convexos, como las copas de los roncones que se fabrican en estos valles. Estos perfiles montañosos nunca aparecen en el resto del noroeste, como tampoco lo hacen las copas de Tipo III de paredes convexas.

Esta covarianza tan clara y marcada creemos que podría indicar que el paisaje nos influye a nivel subjetivo. Sus formas podrían hacernos escoger inconscientemente esos diseños para trazar líneas de torneado que nada significan. Por otra parte, si observamos la distribución de las variantes de los torneados también veremos que los entornos más cerrados, con montañas más altas y gente viviendo en valles más estrechos, hacen a la gente más conservadoras, es decir, en estas zonas más cerradas aparecen los torneados más antiguos como muy frecuentes e incluso cómo exclusivos y, además, vemos que en estas zonas aparecen muy pocas variantes del mismo tipo de torneado, tanto en los torneados generales como en las líneas de las copas en particular. Este fenómeno de conservación, de cerrarse las personas sobre un mismo modelo, se aprecia muy claramente en Asturias. Así, simplemente con los datos numéricos en la mano, podemos afirmar que cuanto más abierto es el paisaje, mayor número de variantes en el mismo tipo de diseño hallamos, signifique eso lo que signifique o interpretémoslo como queramos interpretarlo.

Otra característica de los torneados que parece variar con el paisaje son los diámetros exteriores de las piezas. En la Tabla 1 indicamos el diámetro alcanzado en el extremo distal de las hembras de la segunda y tercera de los roncones de las gaitas analizadas, es decir, el diámetro medido justo antes del anillo que rompe la continuidad. La medida está expresada en mm y representa el promedio hallado en las gaitas de fuelle antiguas completas analizadas (cuyo número indicamos entre paréntesis después del nombre de la zona); acompañando a esta medida, y también entre paréntesis, se expresa el máximo y el mínimo diámetro que alcanzan estas piezas en la zona correspondiente.

ZONA (número de gaitas analizadas)

Media (mínimo y máximo) del diámetro máximo del fuste de la segunda en mm

Media (mínimo y máximo)

del diámetro máximo del fuste de la tercera en mm

Asturias Oriental y Central (12)

34 (30,5-37)

35 (31-38)

Asturias Occidental y Navia-Eo (16)

33,5 (28-37)

34,7 (31-39)

Terra Cha y Mariñas Luguesas (24)

33,7 (25-41)

35,2 (20-51)

Resto de Galicia (62)

31,8 (27-40)

32,8 (27,5-41,5)

Entre Minho e Douro (2)

30 (30-30)

31,7 (31,5-32)

Sanabria y Aliste (5)

36,5 (36-37)

39 (37,5-41)

Planalto Mirandes (15)

41 (30-51)

46,2 (40-54)

Coimbra (19)

38 (32,5-44)

41 (33-49)

Estremadura (7)

36 (34-38,5)

36,5 (35-39)

Tabla 1: Diámetro máximo medio hallado en las segundas y terceras de los roncones de gaitas de fuelle de diferentes zonas del noroeste. En la primera columna se indica el origen de las gaitas y el número de ellas analizado entre paréntesis; en la segunda columna, el diámetro medio máximo del fuste de las segundas, indicando entre paréntesis el rango de variación; en la tercera columna, lo mismo pero para las terceras de los roncones.

Tanto en la Tabla 1 cómo en la Gráfica 1 se puede ver cómo hacia el sur los diámetros aumentan considerablemente, siendo en los lugares del noroeste donde las planicies alcanzan un mayor desarrollo, es decir, Sanabria y el Planalto Mirandes, donde las piezas del roncón alcanzan también mayores diámetros. A este respeto, es muy curioso observar cómo dentro de Galicia es en la Terra Cha (literalmente «Tierra plana») la donde las piezas de los roncones consiguen diámetros más grandes, llegando en los ornamentos de los torneados propios de esta zona (Fig. 26), a valores semejantes a los conseguidos en Sanabria o Miranda, por más que en la tabla los datos de este torneado propio de la zona se hallen enmascarados al hacer el promedio con otros que también aparecen en esta zona (obsérvense los máximos de 41 y 51 mm).

Otra curiosa característica del torneado que sigue este patrón norte-sur es el diámetro de los anillos de las mesas de los punteros respeto al diámetro de la propia mesa, que representamos en la Gráfica 2. En general observamos que cuanto más al norte nos movemos, más pequeños son estos anillos, siendo los anillos finos y de muy poco diámetro una característica que presentan todas las gaitas de fuelle asturianas analizadas (Fig. 27), mientras que en zonas sureñas y planas hallamos anillos que se aproximan mucho al diámetro de las mesas, siendo curiosamente, en la mayor planicie de Galicia (la Terra Cha) donde hallamos unos enormes anillos que sobrepasan el diámetro de la mesa, algunas veces en mas de cinco o seis mm, siempre asociados al torneado característico de esta zona (Fig. 26) que se extende hasta el Navia-Eo, apareciendo también por veces en la Asturias Occidental.

Las gaitas de fuelle en el noroeste peninsular aparecen a veces policromadas y talladas. Si consideramos éstas como características que aporta variación y por lo tanto «apertura» en el sentido que estamos empleando esta palabra aquí, es decir, como características generales de entornos abiertos, es curioso que las policromías solo aparecen en las más abiertas áreas portuguesas, sobre todo en Trás-ós-Montes, aunque también en Coimbra y en Aliste a pesar de que con mucha menos frecuencia. Mucho más curioso es observar que las tallas solo aparecen cómo característica frecuente en las gaitas antiguas en las dos únicas zonas del noroeste que incluyen en su nombre el indicativo de una llanura: el Planalto Mirandes y la Terra Cha, donde la ornamentación con surcos policromados en rojo (con lacre) es absolutamente propia del torneado chairego (Fig. 26).

Sobre el determinismo geográfico

Que el medio influye en los ser vivos es absolutamente evidente, lo hace en tal medida que es uno de los factores determinantes en la evolución biológica. Este es uno de los motivos por lo que a finales del siglo xix surge una escuela geográfica denominada Determinismo Geográfico, que define una tendencia determinista en las ciencias sociales, es decir, llevada a un extremo, esta escuela proponía que la posición de un país en el espacio geográfico determinaría la capacidad de desarrollo y expansión de sus habitantes. Esta doctrina llevada a un extremo enfermizo estuvo en la base del fascismo: un territorio originó una raza superior, los humanos somos diferentes por cuestiones de donde nacemos, etc… Cuando finalizó la segunda guerra mundial cualquier cosa que oliera a esto se descartó completamente. Ni tanto, ni tan poco. Hoy las cosas parecen estar en su punto: el medio donde se desarrolla una población no determina nada de manera absoluta, pero indudablemente influye en el desarrollo de su cultura, tanto en sus aspectos materiales como inmateriales. Lugares fríos y lluviosos tienen construcciones adaptadas la estas condiciones, con soluciones que suelen ser semejantes sea en Finlandia o en Siberia; la agricultura humana surgió varias veces en la antigüedad, en lugares diferentes, pero siempre al lado de grandes ríos; montañas y ríos actúan de separadores de culturas, ya lo vimos; incluso se pueden documentar influencias a nivel psicológico: lugar floridos en accidentes geográficos (como Galicia o Japón) producen lenguas y maneras de comunicarse también floridos, con muchas referencias y con mucha demanda de información, como el gallego o el japonés por ejemplo, lo explica muy bien el psiquiatra Santiago Lamas en su libro Galicia Borrosa [9], muy recomendable para entender la influencia subjetiva que ejerce el paisaje en las personas.

Ordenando la información sobre las casi 300 gaitas de fuelle y punteros antiguos que hace un par de años teníamos medidas y fotografiadas, descubrimos que el dibujo de los torneados de las copas de los roncos tenía una relación directa con el lugar de donde procedían, la solución a tal enigma se resistió hasta que leímos el libro de Santiago Lamas: y si las formas de las copas, igual que nuestras lenguas, fueran influídas por el entorno geográfico?

Como ya dijimos, las zonas del noroeste peninsular donde aún viven las gaitas de fuelle muestran una curiosa característica: si viajamos de sur a norte, desde Lisboa al extremo occidental de Cantabria, observamos que, como proceso general, sucede que la planicie que conforma prácticamente todo Portugal se convierte poco a poco en las suaves y viejas montañas que nos separan de los vecinos lusos, siendo un río y una cadena montañosa quien nos hace de frontera. Dentro de Galicia, según progresamos hacia el norte, estas montañas van creciendo en altura hasta convertirse en las grandes montañas Eo-naviegas, que nos separan de los vecinos asturianos. Siguiendo hacia el oriente este proceso no se detiene: en Asturias hallamos montañas cada vez mas altas, escarpadas y jóvenes, de perfiles muy diferentes a las gallegas y a las Eo-naviegas: es el macizo asturiano de la Cordillera Cantábrica que separa Asturias de León y que finaliza en las impresionantes alturas de los Picos de Europa. Así, de sur a norte las montañas se hacen cada vez más altas, menos suaves y más escarpadas, de manera que sus perfiles, los perfiles de los valles donde habita la gente, pasan de ser, en general, muy planos en Portugal, a redondeados en Galicia y con forma de V en Asturias. Mirando para el simple dibujo de los perfiles de las copas de los roncos que mostramos en la figura 24, se nos ocurrió que podían reflejar simplemente lo que la gente ve en el horizonte al caminar por sus entornos: perfiles redondeados cóncavos, rectos o mismo apuntados y convexos, así que investigamos si había más elementos en las gaitas de fuelle que tuvieran relación con este fenómeno. Lo primeiro que nos preguntamos fue qué sensación psicológica es diferente de vivir en un entorno llano o en uno montañoso o muy montañoso, la respuesta vino en seguida porque todos la experimentamos: un entorno llano produce un característico efecto de amplitud, de apertura, mientras que uno montañoso, en el que la gente habita en valles, produce una sensación de recogimiento, de protección, porque las montañas rodean, cierran las aldeas en valles estrechos. Los que nacimos entre las montañas echamos de menos esa sensación de recogimiento y los que nacieron al lado del mar, muchas veces no llevan bien estos paisajes cerrados. Más tarde averigüé que incluso los psiquiatras tienen una opinión formada sobre los diferentes caracteres de la gente en Galicia: identifican inmediatamente una clara diferencia entre gente de la costa y gente de las montañas, los de la costa son en general gentes de caracter fuerte, quizás impredecible por momentos y muy «abierto», mientras que los de las montañas son más comedidos pero también más retraídos, más «cerrados». La clave a nivel psicológico parecía resumirse precisamente en estas dos palabras: abierto y cerrado, simplemente una oposición entre algo estrecho y algo ancho, algo que nos deja pasar o algo que nos lo impide (una puerta o mismo el caracter de una persona), si podemos ver en la lejanía está abierto, si no está cerrado… Así, los ibéricos aplicamos abierto y cerrado para definir cosas muy diferentes: un caracter, un paisaje, el estado de un paso, el diámetro de un tubo, etc. Tenemos la suerte de que en el noroeste peninsular hay una variación continua casi perfecta entre los paisajes abiertos de Portugal hasta los muy cerrados de la Asturias oriental, así que en el preciso momento en el que nos dimos cuenta de que los adjetivos abierto y cerrado resumían a la perfección a sensación psicológica del paisaje, tuvimos la curiosa sensación de que muchos de los diferentes aspectos de las gaitas de fuelle del noroeste se organizaron para mostrar como esta sensación paisajística se reflejaba en ellas de manera muy notoria, porque variaban inexplicablemente ligadas al paisaje y hasta eran designadas por la gente con esas mismas palabras. No vamos aquí analizar otros aspectos diferentes a los torneados, eso será en otra ocasión, pero en realidad pocas son las características de las gaitas de fuelle que escapan la esta influencia del paisaje.

En este trabajo presentamos algunas evidencias de que el entorno no sólo influye en las reglas básicas de comportamiento a un nivel alto o general, como es bien sabido, sino que podría influenciar a los humanos a un nivel psicológico y cognitivo profundo y muy fino, determinando o, si se quiere, influyendo en detalles organológicos muy sutiles, lo que en el fondo significa simplemente que la geomorfología prende muy hondamente en las mentes humanas, cosa que tampoco nos debe extrañar. Así, a falta de otra explicación mejor, creo que es una buena hipótesis de trabajo considerar la covarianza de aspectos organológicos y musicales con la profundidad o apertura del paisaje de la siguiente manera:

Ambientes abiertos, planicies o colindantes con el mar, provocarán expansión, ensanchamiento, dilatación, crecimiento, apertura, etc. de características musicales y organológicas; por el contrario, entornos montañosos cerrados provocarán decrecimiento, disminución, contracción, reducción, retraimento de las características organológicas y musicales. Las oposiciones básicas relacionadas con el paisaje serán entones: abierto contra cerrado, bajo contra alto y cóncavo contra convexo.

Clave

Por último, sea cierto o no que el torneado varía respeto al paisaje, simplemente este detalle ornamental permite identificar con bastante precisión tres lugares de fabricación si hablamos de gaitas de fuelle antiguas, es decir, anteriores aproximadamente a los años 40:

Gaitas de fuelle de la Asturias central y oriental: torneado Tipo A, copas de los roncones tipo II o III, diámetros de las piezas no mayores de 38 mm. Anillos de las mesas de los punteros siempre pequeños, siempre con un diámetro 4 mm, o menos, menor que el máximo de la mesa. Soplillos con profusa ornamentación en anillos. Nunca talladas ni policromadas. Si una gaita cumple todas estas características fue fabricada en Asturias casi con total probabilidad.

Gaitas de fol de la Terra Cha y Mariñas Luguesas. Si una gaita presenta un torneado Tipo B, la copa del roncón presenta un perfil tipo II-Mariñas, es tallada con surcos policromados en rojo, superando los anillos de las mesas los diámetros de las propias mesas, fue fabricada en la Terra Chá. Si presenta estas mismas características, pero no aparece policromada, puede pertenecer a la Terra Te la, a las Marinas Luguesas o a la zona Eo-naviega u occidental de Asturias.

Gaitas de fole del Planalto Mirandes: aquí son típicos los torneados tipo A o B, pero pueden aparecer otros muy diferentes, son frecuentes las tallas incisas con surcos con dibujos muy característicos y también son frecuentes las gaitas de fuelle policromadas, sin embargo, simplemente si una gaita de fuelle presenta una segunda con un diámetro máximo superior a 40 mm, será casi con toda seguridad Mirandesa.

Para finalizar diremos que todas las gaitas de fuelle de las diferentes zonas del noroeste pueden ser identificadas por características particulares, es decir, el conjunto de características que definen las gaitas de cada zona son únicos y permiten identificarlas sin duda. Estas características son: el tipo de vestido del fuelle, el labrado interno de las piezas, la escala musical del puntero, su extensión, el diámetro de su garganta, el tipo de pajuela, la digitación, el repertorio y la morfología de los acompañantes de la gaita en el conjunto típico (tambor y bombo si existe). El análisis de estos aspectos y su covarianza con el paisaje, que existe y es patente, quedará para otra ocasión.




BIBLIOGRAFÍA

[1] Cunliffe, B. Europe Between the Oceans, Yale University Press 2011, p. viii.

[2] Op. Cit. p. 18.

[3] Op. Cit. p. 421.

[4] Gärling, T. y Golledge, R.G. Behavior and environment. Ed. Elsevier, 1993.

[5] Carpintero, P. The Rosca. Chanter. The Journal of the Bagpipe Society. Números de primavera y verano de 2018.

[6] Carpintero, P. Os Instrumentos Musicais na Tradición Galega. Ed. Difusora, 2009, p. 335.

[7] Op. cit. p. 321 y siguientes.

[8] Morley I. The Prehistory of Music. Oxford 2013.

[9] Op. cit. id. p. 42.

[10] Lamas, S. Galicia Borrosa. Publicaciones del Seminario de Estudios Gallegos, 2004.



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Torneados, esqueuomorfismo y determinismo geográfico en las gaitas de fuelle del noroeste peninsular

CARPINTERO, Pablo

Publicado en el año 2019 en la Revista de Folklore número 448.