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Revista de Folklore número

535



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Entre redes y molinos: la singularidad del léxico marinero en la comarca de Cartagena

ABRAHAM LOPEZ, José Luis

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 535 - sumario >



Resumen

Este artículo presenta un estudio lexicográfico del habla marinera de la comarca de Cartagena, analizando su carácter diferencial respecto al español normativo. El trabajo se estructura en diversos bloques que abarcan desde el refranero popular hasta subconjuntos léxicos específicos de la actividad pesquera y portuaria. Se destaca la importancia del refranero como vehículo de transmisión de saberes meteorológicos y astronómicos esenciales para la navegación. La investigación pone de relieve la porosidad del léxico local, que integra influencias históricas del catalán, valenciano y mozárabe, así como arcaísmos y creaciones semánticas propias. Uno de los hallazgos más notables es la polisemia de los términos, donde nombres de especies marinas se utilizan para designar realidades sociales, tipos humanos o conceptos abstractos. Asimismo, se documenta la fascinante analogía técnica entre el aparejo de las embarcaciones de vela latina del Mar Menor y el mecanismo de los molinos de viento de la zona, compartiendo una nomenclatura común en sus artes y cordelaje. El estudio concluye que el léxico marítimo de Cartagena no es solo un conjunto de tecnolectos, sino una manifestación cultural viva que refleja la adaptación del hombre a su medio y la riqueza creativa de un grupo social con una identidad marítima inquebrantable.

Palabras clave: Léxico marítimo; Cartagena; refranero marinero; vela latina; tecnolecto

Between fishing nets and windmills: the unique maritime vocabulary of the Cartagena region

Abstract

This article presents a lexicographical study of the seafaring vernacular of the Cartagena region, analysing how it differs from standard Spanish. The study is organised into several sections, ranging from popular proverbs to specific lexical sub-sets relating to fishing and port activities. It highlights the importance of proverbs as a means of transmitting meteorological and astronomical knowledge essential for navigation. The research highlights the fluid nature of the local lexicon, which incorporates historical influences from Catalan, Valencian and Mozarabic, as well as archaisms and original semantic creations. One of the most notable findings is the polysemy of the terms, where names of marine species are used to designate social realities, human types or abstract concepts. Furthermore, the study documents the fascinating technical analogy between the rigging of the lateen-rigged vessels of the Mar Menor and the mechanism of the windmills in the area, which share a common nomenclature in their rigging and cordage. The study concludes that Cartagena’s maritime lexicon is not merely a collection of technical terms, but a living cultural manifestation that reflects humanity’s adaptation to its environment and the creative richness of a social group with an unshakeable maritime identity.

Keywords: Maritime vocabulary; Cartagena; sailors’ sayings; lateen sail; technical jargon

1. Introducción

El objetivo principal de este trabajo es acercar la producción léxica de una zona marítima concreta para mostrar aspectos de la producción jergal condicionada por un grupo humano y los tecnolectos determinados por una actividad. A pesar de que la tendencia, cada vez más expansiva, de que el tecnolecto vaya penetrando en el vocabulario general, numerosos términos aquí recogidos no figuran en el DRAE; otros en cambio aparecen pero con un sentido bien distinto al que maneja esta colectividad.

Esta marcación diastrática y diatópica viene a refrendar la opinión de la riquísima producción léxica y creativa de cualquier grupo social.

Si establecemos un mapa filológico del dialecto murciano vemos que la parte Sur la compone el partido de Cartagena con el litoral de Mazarrón, zona que realiza su actividad pesquera en pequeña escala. Aunque abastece a la capital no proporciona exportación ni da lugar a industrias derivadas. Las actividades portuarias se reducen a dar salida a productos de la vega murciana. El hecho de contar con un departamento marítimo hace que las condiciones de vida dependan de él en gran medida. Las pesquerías artesanales pasan actualmente por una etapa de crisis debido a la degradación del litoral y al agotamiento de los caladeros. Sin embargo ciertas áreas de reservas marinas y la instalación de arrecifes artificiales en la franja litoral están comenzando a obtener resultados satisfactorios, para contrarrestar la acción destructora del arrastre ilegal de fondo, preservar el modo de vida tradicional de los pescadores artesanales de la zona.

2. Refranero

Uno de los materiales ineludibles cuando se trata de un trabajo lexicográfico es el refranero, porque además de mostrarnos ciertas particularidades lingüísticas, fija sus observaciones para preservarlas del olvido mediante la construcción de pareados o aleluyas como método nemotécnico, la mayoría de las veces intuitivo. A pesar de ello es una manera de translucir las distintas circunstancias geográficas, climatológicas y económicas; en el caso que nos ocupa las fases de la luna, las estrellas, el mar y sus vientos condicionadores de la navegación primitiva, etc.

2.1. Carácter total-autónomo

Hemos creído conveniente tomar en consideración el carácter total-autónomo del léxico, aunque no hemos pasado por alto un contraste con el léxico normativo de la RAE para acentuar, más si cabe, su carácter diferencial. Así me he encontrado con fórmulas que son comunes a otras geografías marítimas como por ejemplo:

Como vemos, el léxico marítimo de Cartagena posee una entidad propia y autónoma, cuya singularidad se hace más evidente al contrastarlo con el registro normativo de la RAE. Esta independencia lingüística no implica aislamiento; al contrario, la pervivencia de fórmulas y refranes compartidos con otros departamentos navales (Cádiz, Ferrol) y puertos mediterráneos (Génova, Mahón) demuestra que Cartagena es un nodo vital de una tradición oral marinera supra regional. En definitiva, el uso de dichos históricos, como los recogidos por Correas o atribuidos a figuras como Andrés Doria, confirma que el habla local es un depósito de memoria colectiva que conecta la geografía cartagenera con la historia compartida de la navegación mediterránea.

2.2. Fórmulas

Cartagena al ser zona portuaria está abierta a influencias extrañas. Se puede comprobar en la Semana Santa y las Veladas Marítimas –máximos festejos populares– donde el vocabulario no difiere con respecto al castellano meridional. De esta forma los giros populares al carecer de medios apropiados para asegurar su conservación son muy escasos, a no ser mediante cantos, recitales. De la expresividad popular repetida he recogido las siguientes fórmulas:

En otros casos, sin llegar a constituirse refranes, se construyen fórmulas para designar cierta cualidad de un individuo.

El análisis de estas fórmulas permite concluir que la condición de Cartagena como ciudad portuaria facilita una apertura a influencias externas, integrando su léxico en el marco del castellano meridional, especialmente visible en festejos como la Semana Santa. La escasez de medios para la conservación de giros populares otorga un valor antropológico fundamental a los cantos, recitales y rimas meteorológicas, que actúan como vehículos de preservación de la memoria oral. Estas sentencias no solo funcionan como herramientas predictivas basadas en la geografía local –como las referencias al Roldán, Carrascoy o Maribáñez–, sino que también reflejan la idiosincrasia social a través de fórmulas irónicas y cantos infantiles que definen la identidad de los grupos locales frente al otro.

3. Palabras que difieren de su sentido primero

Hay que destacar una serie de palabras que difieren en su sentido a lo que una primera impresión pueden insinuar, referentes en cambio al ámbito marítimo:

Además de conservar términos técnicos, vemos cómo el habla de Cartagena ejerce una potente labor de resignificación donde el léxico puramente biológico se traslada al plano social, afectivo y sexual. La comunidad marinera ha creado un código propio basado en la analogía física –como en el caso de bacalá o jibia– y en la metáfora del destino –lo mismo que en la expresión perdió que una caballa–, lo que demuestra una creatividad léxica que desborda las definiciones normativas de la RAE. En definitiva, estas voces evidencian cómo el entorno marítimo sirve como base conceptual para interpretar toda la realidad cotidiana, otorgando al dialecto una expresividad única y marcadamente diferenciadora.

4. Vocabulario contrastivo

Muchas palabras están incluidas en el Diccionario general, pero ofrece un significado diferente. Esta actividad contrastiva sirve, sobre todo, para acentuar aún más el carácter peculiar de cualquier zona.

El análisis del vocabulario contrastivo nos permite comprobar hasta qué punto el habla de Cartagena se diferencia por la creación de términos nuevos, pero igualmente por la apropiación y resignificación de unidades léxicas existentes en el castellano general. Esta colisión semántica con el DRAE –donde términos como buzo, mula o gato abandonan sus acepciones terrestres o profesionales para integrarse en la taxonomía ictiológica local– demuestra la fuerza con la que el mar moldea el pensamiento de la comunidad.

Asimismo, la presencia de etimologías mozárabes (alacha) y catalanas (bol, fítora, gallineta) confirma que el léxico cartagenero actúa como un estrato donde sedimentan siglos de intercambios culturales mediterráneos. Finalmente, casos como el del marrajo evidencian cómo la identidad marinera trasciende el muelle para configurar el imaginario religioso y social de la ciudad, convirtiendo un término zoológico en un pilar de la antropología cultural de Cartagena.

5. Subconjuntos diatópicos

Existen numerosos subconjuntos léxicos desde un punto de vista diatópico que tienen una manifestación escrita.

Boga, chufla y caramel;

bonito y albacoreta.

Sardina, lecha y jurel;

rascasa y gallineta,

breca, besugo y pajel.

La albacoreta se documenta en Almería, pero lo más común es hallarlo como bacoreta (catalán bacora) en el litoral granadino (árabe bakûra), cuyo sufijo diminutivo se debe a que el pez es más pequeño que la albacora. Además, el sufijo -eta, diminutivo en catalán, llegó al litoral granadino desde las costas catalanas o levantinas. Por su parte, el caramel se puede encontrar en Murcia, Almería, Adra, Almuñécar y Algeciras como una variedad de sardina.

Esta hibridación léxica en los conjuntos diatópicos nos deja a las claras una conclusión: el habla marinera de Cartagena es un sistema lingüístico de altísima precisión, capaz de nombrar cada matiz de la actividad pesquera, desde la anatomía de las capturas (botones, alirón, pajuelo) hasta las artes y maniobras más específicas (abujera, flucha, trasluchar). Esta precisión técnica convive con una notable capacidad metafórica y humorística, como se observa en denominaciones populares como bicicleta, mataquintos o guardia civil, que humanizan y dotan de carga social al entorno laboral.

Por otro lado, la presencia masiva de catalanismos y valencianismos (lobarro, sorel, yus, palaya) junto a arabismos y arcaísmos, confirma que el litoral cartagenero ha funcionado históricamente como una frontera lingüística porosa. En definitiva, estos subconjuntos diatópicos demuestran que el léxico de Cartagena no es una mera variante del castellano, sino un archivo vivo de la navegación mediterránea, donde la tradición oral y el conocimiento empírico de los pescadores han creado un código de comunicación tan complejo como esencial para la identidad de la comarca.

6. Polisemia

Existen otras palabras que, partiendo de una raíz estrictamente náutica o biológica, expanden su radio de acción hacia otros dominios de la experiencia humana. La polisemia en el habla cartagenera no es un fenómeno accidental, sino una herramienta de economía lingüística y expresividad popular.

Observaremos cómo el pescador proyecta su entorno de trabajo sobre la realidad social, utilizando el nombre de las especies para categorizar comportamientos, estados de ánimo o incluso fisonomías. Esta capacidad del lenguaje para doblar su significado permite que términos como canario, moro o sipia funcionen como puentes entre el mundo sumergido y la vida de barrio, dotando al dialecto de una profundidad metafórica que trasciende la mera descripción técnica.

Como vemos, el habla de Cartagena utiliza el mar como un espejo de la condición humana. La recurrente transposición de términos biológicos hacia el ámbito antropológico y social –donde canario, moro o tordo abandonan su origen marino para designar hábitos de consumo, estados civiles o rasgos físicos– demuestra que el pescador cartagenero interpreta su entorno social bajo las mismas claves que su entorno natural.

Asimismo, la fuerte carga metafórica presente en las analogías de carácter sexual (capucha, chucho, pescao de ajo) revela una jerga desinhibida y vitalista, típica de los grupos profesionales cerrados. Por último, la conexión detectada entre el léxico de la costa y el del Noroeste de la región (hijuela, salao) concluye que, pese a su especialización técnica, el habla marinera de Cartagena forma parte de un ecosistema lingüístico regional más amplio, donde la tierra y el mar comparten raíces semánticas comunes.

7. Oralidad

En las voces que no cuentan con una manifestación escrita, su univocidad es más que difícil, puesto que esta oralidad primaria es más fugaz, espontánea e improvisada que no alcanzan el estatus de norma, cuyo grado de aceptación es sumamente relativo.

8. Temporales

Con respecto a temporales el predominante es el Levante y el mastral. El Poniente figura bajo la apelación de socorrío, así como al viento de verano que viene del sudeste jaloque, jaloquico, morisco o viento de la cruz (seguramente del catalán xaloc; en italiano siroco). Las lebechás (lebeche, del hispanoárabe labâg o del catalán llebetx) que vienen de la tierra reseca, de los cabezos mineros son endemoniás.

Los vientos pueden ser más o menos punteros y bocaneros y se precisa por las referencias de islotes, pedruchos, cabezos, lomas. Tam bien se alevantan y amagan y caen o desaparecen. El lebeche es jornalero, es decir diurno, tomando como referencia la posición del sol. Con la nortá fea se entiende un viento duro, procedente del Norte, mientras que la levantera es el viento de Levante. Se puede ir a la buena o ir a la mala, esto es, la vela latina sin apoyar, o apoyada sobre el palo; ir peneando el viento (posiblemente de pernear) «llevar el viento la misma dirección del barco»; filenado el viento, ir a torzar («con el viento en contra, ir casi derecho a él»).

9. Artes de pesca

En cuanto a las artes de pesca destaca el tresmalle trasmallo (latín trimaculu «triple red»).

La moruna sardinal «red moruna o sardinera» y del langostino son artes de calamento.

La sorta o tena blanca es un trozo todo tresmallao desde los plomos hasta las zurás o hileras de corchos.

La pantasana (red) son los tres barcos de vela que la sirven compuestas de cinco hombres cada uno, mientras que la pantasaneta es un barco de vela y un bote dedicados a la pesca roqueo. La jabega se emplea para recoger el chirrete.

La pesca más rudimentaria es la del hacho o pesca el sable y pesca el yerro. Se conoce como galafate a aquel que se ocupa de hacer los barcos, botes y las buceticas. Galafate «el oficial» está recogido en el área occidental granadina desde Salobreña, y en la oriental como calafate.

El ancla es conocida como el yerro, el pedral y el muerto. La acción de anclar se sustituye en Calahonda y Salobreña por hierro.

Aunque actualmente ya no existe ninguna encañizá. Antes se destinaba a la venta de pescado entero, a la curta del güevo de mújol hueva. Se entendía por paranza al corral utilizado para pescar en las golas del Mar Menor (DRAE).

10. Mar-molino

Es curioso observar la analogía existente entre la parte exterior del mecanismo del molino con el aparejo de los barcos de vela. Un ejemplo lo constituye la vela latina (embarcación pesquera típica del Mar Menor) que tiene la misma forma de la vela de los molinos, así como los nudos marineros con el cordelaje de los molinos de viento. De esta forma los distintos repertorios léxicos coinciden tanto en la denominación de los vientos, como en el nombre de los aparejos. Por ejemplo antenas por entenas: «palos que sostienen las velas»; trapos, velas, velamen como conjunto de estas; velas o trapos arrollaos o rizaos; la escota «cuerda que sujeta al extremo de la vela»; el botalón «eje inclinado de las velas».

Un estudio del léxico deja bien claro la riqueza de creación de términos en el habla marinera. En ocasiones la etimología popular da lugar a una serie de construcciones que no están recogidas en un diccionario general. Otra muestra evidente de la mencionada riqueza es la habitual circunstancia de existir varios nombres para un mismo concepto, cuyas formas quedan perfiladas según se hable de una manera más técnica o próxima a cualquier individuo que no cuente con los conocimientos pertinentes sobre nombres de peces.

Llama la atención que el catalán esté presente en multitud de términos recogidos, así como el valenciano y áreas de la costa granadina, siendo frecuentes los castellanismos y algún que otro arabismo.

11. Declaración metodológica

Dada la naturaleza técnica y la extensión del repertorio léxico aquí presentado, y con el fin de agilizar la lectura eliminando la reiteración de referencias cruzadas en cada entrada, se hace constar que para la fijación de acepciones y el contraste terminológico se han consultado de manera sistemática las obras de GARCÍA SORIANO (1980) y GÓMEZ ORTÍN (1991) en lo referente al dominio lingüístico murciano y andaluz. Para el estudio comparativo con otras áreas costeras se han tenido presentes los trabajos de MARTÍNEZ GONZÁLEZ (1992) sobre el litoral granadino y de ALVAR (1975) sobre la terminología canaria.

Para la identificación ictiológica y técnica han sido fundamentales los trabajos de LOZANO CABO (1963), LOZANO Y REY (1952) y MUUS (1977), cotejados con el PLAN DIRECTOR DE ACONDICIONAMIENTO DE LA FRANJA COSTERA (1997), así como el contraste con fuentes históricas del litoral sur, entre las que destaca la obra de MEDINA CONDE (1879) por su temprana documentación de la fauna marina mediterránea».

El sustrato del habla local cartagenera se ha contrastado con las aportaciones de GARCÍA MARTÍNEZ (1960), GARCÍA COTORRUELO (1959) y SERRANO BOTELLA (1997), tomando como base normativa el imprescindible DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA (RAE, 2025). Finalmente, las fuentes paremiológicas se asientan en los repertorios de CORREAS (1906), SBARBI (1943) y GELLA ITURRIAGA (1944).

CONCLUSIÓN

El análisis del léxico marítimo cartagenero revela una estructura lingüística compleja donde convergen múltiples influencias históricas y culturales. La presencia de términos procedentes del catalán, valenciano y mozárabe, junto con castellanismos y arabismos, configura un mapa filológico único que sitúa a Cartagena como un nodo de intercambio cultural en el Mediterráneo.

La investigación demuestra que la riqueza de este lenguaje reside en su capacidad de adaptación y en la polisemia de sus términos, donde la fauna marina y las maniobras náuticas se entrelazan con la vida cotidiana y la espiritualidad local (como se observa en el léxico de las cofradías). Asimismo, la notable analogía entre el aparejo de las embarcaciones de vela latina y los molinos de viento subraya una coherencia técnica y cultural profunda en la comarca. En última instancia, la preservación de este vocabulario es esencial no solo para la lingüística, sino para la salvaguarda de la memoria colectiva de un pueblo que ha hecho del mar su razón de ser.

José Luis Abraham López
Doctor en Filología Hispánica
https://orcid.org/0009-0000-7632-0746




BIBLIOGRAFÍA

BIBLIOGRAFÍA

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Entre redes y molinos: la singularidad del léxico marinero en la comarca de Cartagena

ABRAHAM LOPEZ, José Luis

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 535.

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