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Revista de Folklore número

535



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El traje popular de Trujillo (Cáceres): revisión histórico-antropológica y análisis técnico-textil

RAMOS RUBIO, José Antonio

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 535 - sumario >



El estudio de la indumentaria tradicional constituye una vía privilegiada para comprender las dinámicas sociales, económicas y simbólicas de las comunidades históricas. En el caso de la ciudad de Trujillo, situada en la actual provincia de Cáceres, el traje popular representa un sistema complejo de significados que articula influencias regionales, transformaciones técnicas y procesos de diferenciación social desde, al menos, el siglo xviii. La indumentaria tradicional trujillana, tanto femenina como masculina, no puede interpretarse como un conjunto estático de prendas, sino como una construcción cultural dinámica, moldeada por intercambios económicos, modas externas y prácticas artesanales locales.

El presente trabajo ofrece una reinterpretación académica del traje popular de Trujillo, estructurando el análisis en torno a su evolución histórica, tipologías textiles, técnicas de confección y dimensión simbólica. Se adopta una perspectiva interdisciplinar que integra la historia social, la antropología cultural y la tecnología textil.

Durante el siglo xviii, Extremadura experimentó transformaciones demográficas y económicas vinculadas a la reorganización agraria y al fortalecimiento de redes comerciales interregionales. La posición estratégica de Trujillo como núcleo urbano de relevancia histórica favoreció la circulación de mercancías textiles y de modelos estéticos procedentes de territorios limítrofes, especialmente de La Mancha y de la Baja Extremadura pacense.

Este contexto explica la presencia de elementos estilísticos híbridos en el traje femenino, particularmente en las combinaciones cromáticas y en la estructuración de las prendas de cintura hacia abajo. La indumentaria se convirtió así en un marcador identitario que, sin perder su arraigo local, incorporó rasgos compartidos con otras áreas peninsulares.

Desde el siglo xviii, la base del atuendo femenino estuvo constituida por la saya o refajo, prenda de cintura amplia, confeccionada tradicionalmente en tejidos de lana. Una de las características más distintivas fue el uso de rayas horizontales en tonos azules y otros colores vivos, cuya distribución cromática evidencia tanto influencias manchegas como pacenses.

En poblaciones cercanas, como el arrabal de Belén, se documentan variantes ornamentales con aplicaciones denominadas «fenefas» –bandas decorativas de colores contrastantes– que enriquecían visualmente el borde inferior de la prenda. Estas cenefas podían ejecutarse mediante bordado a realce o aplicaciones textiles superpuestas.

La morfología del refajo se caracterizaba por su amplio vuelo, fruncido o plegado en la cintura, lo que otorgaba volumen y movilidad. Este rasgo no sólo respondía a criterios estéticos, sino también a consideraciones prácticas relacionadas con el clima y las labores cotidianas.

La pollera, coexistente con el refajo tradicional, mantuvo una estructura similar, aunque incorporó variaciones decorativas más complejas. Alternaba rayas horizontales con motivos florales y vegetales, predominando gamas de blanco, negro, verde y morado. Estos diseños no deben entenderse únicamente como ornamentación, sino como expresiones simbólicas vinculadas a ciclos naturales y festividades.

En algunos casos, los motivos se organizaban en composiciones repetitivas que revelan un conocimiento avanzado del diseño textil y de la planificación del telar.

Uno de los aspectos más singulares del traje trujillano es la técnica denominada «deshilado». Este procedimiento consistía en manipular los hilos de la trama del telar manualmente, prescindiendo de la lanzadera convencional para facilitar el conteo y la disposición ornamental. Tal técnica exigía una elevada destreza y permitía crear efectos decorativos complejos a partir de la propia estructura del tejido.

Los materiales empleados incluían lana merina, raso y, en ocasiones festivas, terciopelo. La elección del tejido respondía tanto a la disponibilidad económica como al carácter de la ocasión (uso diario o celebración).

La faltiquera, bolsillo externo situado generalmente en el lado derecho, reproducía los mismos motivos y colores del refajo. Confeccionada en paño y decorada con aplicaciones recortadas, mantenía coherencia estética con el conjunto. Además de su función práctica, constituía un elemento de exhibición ornamental.

El jubón –frecuentemente denominado jugón en la tradición local– era predominantemente negro, generando un contraste marcado con la camisa blanca. Sus mangas largas podían adoptar la modalidad de «manga seguida», y el puño solía rematarse con encajes blancos de raso. Esta prenda estructuraba visualmente el torso y reforzaba la verticalidad del conjunto.

El delantal, generalmente de terciopelo negro o raso sin cortes, se caracterizaba por su amplitud, similar al denominado tipo «libanés». En contextos festivos se enriquecía con encajes, agremanes, cordones y azabaches, evidenciando una dimensión ceremonial y de prestigio.

La antigua prenda norteña conocida como «dengue» fue progresivamente simplificada hasta transformarse en un pañuelo cruzado sobre el pecho y anudado en la espalda o la cintura. Se utilizaban pañuelos de lana o seda estampada con flecos, incluyendo los denominados «alfombrados» y los de Manila, estos últimos incorporados tardíamente y asociados a celebraciones.

Las medias constituían un elemento cromático fundamental. En el uso cotidiano predominaban combinaciones de blanco y amarillo en rayas o cuadros. Para las festividades se empleaban medias blancas labradas con técnicas como el punto de conchitas, labores de confite o motivos de espigas, que revelan un alto grado de especialización artesanal.

El traje femenino de Trujillo funcionaba como un sistema de comunicación visual. La calidad del tejido, la riqueza de la ornamentación y la intensidad cromática indicaban estatus socioeconómico y ocasión ritual. Las prendas festivas, especialmente los refajos de paño amarillo o rojo con bordados contrastantes, constituían auténticos emblemas de identidad comunitaria.

La persistencia de determinadas combinaciones cromáticas y técnicas artesanales demuestra la continuidad de una memoria colectiva transmitida generacionalmente.

La indumentaria masculina se articulaba en torno a la zamarra, también llamada pellico. Esta prenda de cuero constaba de dos faldones: uno posterior redondeado y otro delantero más corto, unidos lateralmente. En ocasiones adoptaba la forma de chaquetilla corta con mangas.

La zamarra no sólo protegía contra las inclemencias climáticas, sino que constituía un soporte para elaboradas labores de marroquinería.

Los zahones, especie de calzón abierto con perniles sueltos, permitían la movilidad en tareas ganaderas y agrícolas. Fabricados igualmente en cuero, presentaban aplicaciones geométricas en mosaico sobre piel blanca de oveja, lo que evidencia una tradición artesanal refinada.

La coordinación estética entre zamarra, zahones, manta, alforjas y zurrón conformaba un conjunto coherente que integraba funcionalidad y ornamentación.

La labor decorativa aplicada a las prendas masculinas revela un conocimiento especializado de técnicas de repujado, aplicación y mosaico. El uso de piel ovina blanca como base para diseños geométricos generaba contrastes visuales de gran impacto.

Estas técnicas situaban al traje masculino dentro de una tradición pastoril más amplia, compartida con otras regiones peninsulares, aunque adaptada a la identidad local trujillana.

A lo largo del siglo xix y comienzos del XX, la industrialización textil y la homogeneización de la moda urbana provocaron una progresiva reducción del uso cotidiano del traje tradicional. Sin embargo, su permanencia en celebraciones festivas permitió la conservación de elementos estructurales esenciales.

Actualmente, el traje popular de Trujillo subsiste como símbolo patrimonial, exhibido en eventos culturales y reconstruido a partir de fuentes etnográficas y testimonios orales. Las mozas siguen vistiendo este traje tradicional en fiestas como «El Chíviri», el Domingo de Resurrección.

El traje popular de Trujillo constituye una manifestación compleja de identidad histórica y cultural. Su análisis revela:

1. La existencia de influencias interregionales integradas creativamente en un modelo propio.

2. Un elevado nivel técnico en tejido, bordado y marroquinería.

3. Una clara diferenciación entre uso cotidiano y festivo.

4. La función simbólica del color y la ornamentación como marcadores sociales.

Lejos de ser una mera reliquia folclórica, esta indumentaria representa un documento material que permite reconstruir aspectos fundamentales de la vida social extremeña desde el siglo xviii hasta la actualidad. Su estudio sistemático contribuye no sólo a la conservación del patrimonio cultural, sino también a la comprensión de los procesos históricos de construcción identitaria en el ámbito rural peninsular.

BIBLIOGRAFÍA

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De Hoyos, N: «El traje regional en Extremadura», en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, tomo IX, cuad. 1-3, 1955.

García Jiménez, M. L: «Estudio etnográfico y lingüístico del vestido en Trujillo», XVI Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 1987.

Hurtado, P: «Recuerdos cacereños del siglo xix», Revista de Extremadura, tomo XI, 1909.



El traje popular de Trujillo (Cáceres): revisión histórico-antropológica y análisis técnico-textil

RAMOS RUBIO, José Antonio

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 535.

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