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La literatura universal está plagada de polémicas entre escritores, cuyas vidas estuvieron marcadas por diferencias irreconciliables, cuando no por una inquina ferozmente particular que se iba acrecentando con el tiempo y las mismas circunstancias de la disputa. Célebres fueron las diatribas cruzadas entre Quevedo y Góngora que salpicaron buena parte del siglo XVII y no menos célebres, aunque más cercanas en el tiempo y más ideológicas, las sostenidas entre Jorge Luis Borges y Pablo Neruda. El número de la revista del mes de septiembre nos recuerda el enfrentamiento entre Antonio Machado y Álvarez, el «padre» del folklore español, y el crítico leonés Antonio de Valbuena, escritor muy cercano a las ideas carlistas y bien lejano del krausismo en el que militó Demófilo.
En el fondo de la polémica que, como bien nos muestra Joaquín Serrano se prolongó en el tiempo gracias a los periódicos de la época, subyace la manía tan española de llevar las disputas al terreno personal, atendiendo más a las ideas y a los gustos que a los hechos objetivos. Se observa asimismo en la agria controversia un motivo que sigue vivo hasta nuestros días y que siempre fue causa de diferencias: el anonimato o la identidad de la creación en el amplio universo de la tradición. Probablemente la cuestión se debatió durante el Romanticismo también en otras culturas y sirvió finalmente para destacar la importancia del intérprete, que no era un mero transmisor de hechos o expresiones folklóricas sino que intervenía a veces de forma determinante en el repertorio que usaba y comunicaba. Esa intervención aportaba un nuevo problema, que era la existencia de las variantes en las versiones, a menudo acrecentado por la facilidad del intérprete para manejar el material que constituía su legado y que a veces quedaba alterado por su propia autoría. El investigador o el estudioso se enfrentaba en ocasiones a diferentes versiones del mismo intérprete quien, a causa de su propia inventiva o por fallos en su memoria, era capaz de cantar o contar dos o tres versiones de un mismo tema sin preocuparse de un patrón fijo. Diferentes autores elevaron el tema a la categoría de debate científico y, a partir de la conferencia pronunciada por don Ramón Menéndez Pidal en el All Souls College de la Universidad de Oxford en junio de 1922 («Poesía tradicional y poesía popular en la literatura española»), sus aportaciones a la diferenciación entre tradicional y popular sentaron las bases de un nuevo enfoque.