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Revista de Folklore número

533



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La industria corchera en el oeste de la provincia de Cáceres. El caso de la localidad de Valencia de Alcántara

VAZQUEZ CABRERA, Álvaro

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 533 - sumario >



A Manuel Cabrera Leitón, mi abuelo

Introducción

El alcornocal en España se distribuye por diferentes zonas, siendo Andalucía y Extremadura las regiones españolas con el arbolado mejor cuidado. En la zona de Huelva existen bastantes zonas descuidadas, con abundante monte bajo pero con una producción de buena calidad, mientras que en Sevilla sus alcornocales se encuentran en buen estado de conservación, al igual que en Córdoba, Cádiz, Málaga y en Jaén. En el caso de la provincia de Badajoz, posee un arbolado de gran calidad, con dehesas limpias y con arbolado joven, donde destaca las zonas del suroeste (Jerez de los Caballeros), zonas que limitan con Huelva y la Sierra de San Pedro.

Por su parte, la provincia de Cáceres, objeto de nuestro estudio, va a predominar terrenos bien cuidados debido a la alta calidad de sus corchos. Zonas destacables son el centro de la provincia hasta el Puerto de Miravete y la zona de la Sierra de San Pedro desde la comarca de Valencia de Alcántara hasta la sierra de Montánchez (una amplia franja de terreno desde el oeste hasta la zona este con Guadalupe como límite).

El alcornoque es un árbol perteneciente a la familia de las Fagáceas, en donde se incluyen otras especies como la encina, diversos robles, castaños y hayas; siendo su nombre científico el de Quercus suber L. siendo un árbol productor de bellota, al igual que las encinas, el roble melojo, el quejigo o la coscoja, por citar algunos ejemplos.

Suelen ser árboles no excesivamente altos, ya que en edad adulta puede llegar a unos 25 metros de altura, por lo que los especialistas consideran que se trata de una especie de mediana altura, con una amplia copa y maleable para ser objeto de podas y un diámetro de tronco que puede llegar hasta el metro, o más, y una circunferencia de unos 10-12 metros.

Su corteza es una de las características más singulares y la más valiosa en términos económicos. Esta compuesta por corcho, gruesa, poco densa, relativamente blanda y esponjosa, de poco peso y con numerosas grietas a lo largo del tronco (en el caso de los árboles que no han sido descorchados nunca o desde hace tiempo). A esto se le conoce como bornizo, siendo de color gris y con unos grosores de hasta 25 cm. En el caso de los árboles que ya han sido objeto de descorche, se queda al descubierto la corteza interior, denominada casca, que produce el crecimiento del corcho, siendo de color amarillento para, posteriormente, ser rojizo o negro, hasta el siguiente descorche[1].

El corcho, como tal, de un material de excelentes cualidades de elasticidad, resistencia y aislamiento que es destinado para un gran número de usos industriales.

Las hojas de los alcornoques son perennes, con forma oval y borde algo dentado, midiendo unos 2,5-10 x 1,2-6,5 cm, con un rabillo corto. El fruto es una bellota, de color castaño, de tamaño variable, con una floración que comienza entre los meses de abril y mayo. Las bellotas maduran antes de llegar al año, entre los meses de octubre y noviembre, aunque en ocasiones aparecen en los meses de septiembre a febrero[2].

Ni que decir tiene que el fruto de la bellota es apreciado por su uso para alimentar al ganado, aunque son algo más amargas que las de la encina, pero maduran de manera escalonada a lo largo de los meses de otoño e invierno.

Por su parte, la madera del alcornocal, es pardo o rojiza, muy dura y pesada, irregular y de fácil agrietamiento en el secado.

1. El corcho

El corcho es un tejido vegetal constituido por células en las que la celulosa de su membrana ha sufrido una transformación química y ha quedado convertida en suberina. Se encuentra en la zona periférica del tronco, de las ramas y de las raíces, generalmente en forma de láminas delgadas, pero puede alcanzar un desarrollo extraordinario, hasta formar capas de varios centímetros de espesor, como en la corteza del alcornoque[3].

El corcho se forma como consecuencia del crecimiento en grosor del árbol, siendo la zona donde se produce compuesta por un conjunto de células (felógeno) que se mantienen vivas hasta que, tras la saca del corcho, mueren. Tras cortar, transversalmente, el tronco del alcornoque, el anillo situado entre el corcho y la madera, recibe el nombre de casca o capa madre, por donde circula la savia elaborada. En esa capa madre, hay dos zonas que producen células, por lo que el felógeno va produciendo corcho hacia el exterior, y en la parte interna, el cambium vascular produce madera o xilema hacia el interior.

Al corcho virgen se le conoce como bornizo, el cual al dejarlo en el tronco y en las ramas, puede llegar a alcanzar un grosor considerable. El cambium separa la corteza de la madera, a la vez que se multiplica, formando hacia el interior una serie de estratos de haces leñosos que engrosan la madera, mientras que hacia afuera origina haces liberianos. Por su parte, el felógeno produce felodermis hacia el interior y el tejido suberoso hacia el exterior. Por tanto, el liber, felodermis, felógeno y suber son las cuatro capas que componen la corteza. Ese primer descorche se realiza a los 25 años de vida del árbol, obteniendo un corcho con una estructura irregular y alta dureza.

Tras el bornizo, encontramos el corcho segundero, el cual se obtiene en la segunda extracción del alcornoque. A pesar de presentar una calidad inferior al de la tercera saca, se utiliza para la producción de granulado de corcho y aglomerado. Este segundo descorche se produce 9-10 años más tarde, siendo ya a partir de la tercera saca, cuando el alcornoque tiene una edad de más de 40 años, momento en el que se obtiene un corcho idóneo para la fabricación de tapones, lo que se denomina como corcho de reproducción[4].

El corcho natural aglomerado se produce por aglutinar el triturado del corcho natural, el cual procede de las dos primeras sacas, siendo utilizado como aislante acústico y término en la construcción, ya que este material no es apto para tapones. Ese corcho que sobra, en el momento que se fabrican tapones, es triturado y aprovechado para productos innovadores de alto componente técnico. Ni que decir tiene que los tapones también se pueden reciclar y reutilizar[5].

Las propiedades del corcho son su baja densidad, que oscila entre 0,10-0,20 kg por dm³; su elasticidad debido a sus membranas celulares y el tejido suberoso con su gran capacidad para recuperar el volumen inicial a pesar de soportar enormes presiones; su gran adherencia y dificultan su deslizamiento; su alta impermeabilidad; su gran capacidad para generar calor; es fácilmente manejable, tiene bajo contenido en agua, falto de toxicidad, su aislamiento término, acústico y vibratorio; su resistencia ígnea y su estabilidad dimensional.

Sobre la calidad del corcho, indicar que existen dos factores fundamentales que van a intervenir en su calidad, que son el calibre y el aspecto. Sobre el primero, se mide en líneas (dividida en tramos separados por 2,25 mm), pudiendo ser afectado mediante factores ecológicos (precipitaciones, temperaturas y/o suelos), genéticos y tratamientos (una silvicultura mal aplicada, alargar la saca de nueve a diez años, la disminución de la altura del descorche...).

El otro factor que determina la calidad del corcho es el del aspecto. En este sentido, podemos incluir la porosidad, la densidad, el estado en el que se encuentra la barriga y la espalda sin ningún tipo de arrugas o abultamientos, el color y los crecimientos.

Tras realizar el proceso de transformación, la materia prima da lugar a manufacturas del corcho natural como son los casos de los tapones, discos para tapamientos, plantillas, papel de corcho; y manufacturas de corcho aglomerado: aislantes térmicos, acústicos, vibráticos, aglomerados de revestimiento, tapones con parte de corcho aglomerado y/o discos de tapamientos.

Estos productos manufacturados van a ir destinados a la industria embotelladora (tapones de corcho natural, aglomerado o mixto, discos y anillas de corcho natural o aglomerado, para el taponamiento de vinos, champagne, cava o licores), la construcción (aglomerados de corcho para aislamiento término, acústico y vibratorio, decoración, impermeabilización y/o moquetas), industrias del frío (aglomerados y granulados de corcho, para aislamiento térmico y vibratorio), industrias de accesorios del automóvil y la aeronáutica, construcción naval, maquinaria, industria del vidrio y la cerámica, industria textil, química y farmacéutica, embalaje, industria del calzado, pesca, imprenta, fabricación de artículos deportivos, material didáctico, artesanía...

2. El descorche tradicional

La saca[6], que debe realizarse sin afectar la capa madre, tiene efectos favorables ya que descorchar un árbol por primera vez de su bornizo, pasa a producir corcho de reproducción de mejor calidad, se aumenta de manera notable la producción de materia corchera a lo largo de la vida del alcornoque; además de recibir beneficios económicos del propio árbol antes de llegar a una edad determinada.

Sin embargo, existen efectos menos favorables como que la saca reduce el crecimiento del diámetro del árbol y lo hace más sensible al fuego y al ataque de enfermedades y plagas.

La época de descorche se sitúa en el periodo comprendido entre los meses de junio y septiembre, aunque se puede adelantar o retroceder en función de las condiciones del medio. En el caso particular de Extremadura[7], según la legislación, la saca se produce entre el 1 de junio y el 1 de septiembre, aunque en ocasiones se puede finalizar un par de semanas antes.

Durante los meses de invierno, aparece en el árbol una delgada capa protectora de corcho que le va a aislar del frío, mientras que a finales de verano, se detiene la formación de células nuevas; por lo que la pela si se retrasa, la capa madre no queda lo suficientemente protegida de cara a los meses invernales.

Hay ocasiones en las que pueden aparecer heridas en el tronco debido a que la saca ha empezado demasiado pronto o, incluso, tarde. También puede ser porque el descorche se realiza después de días con vientos fuertes, secos y cálidos; los árboles son muy viejos, poco vigorosos, han sido podados de manera excedida durante el invierno anterior o han sufrido un ataque de orugas[8].

El primer descorche se debe realizar después de que el alcornoque alcance 60 cm de circunferencia sobre bornizo, y la altura a la que puede llegar el descorche no debe exceder como máximo de dos veces la longitud de la circunferencia. Si la saca se produce antes, los descorches son poco productivos en kilos de corcho, reduciendo la producción total a lo largo de la vida útil del árbol. Sin embargo, si se retrasa esa primera saca, el bornizo se traba cada día más, pudiendo causar graves perjuicios al árbol durante el descorche. En definitiva, el árbol no debería alcanzar los 80 cm de circunferencia sin ser descorchado por primera vez.

Por su parte, el segundo descorche debe realizarse entre los 2,5-3 metros de altura y no sobrepasar 2,5 veces la longitud de su circunferencia.

La saca se realiza con un hacha de mango acabado en bisel, como herramienta fundamental, el palo largo en bisel, como herramienta auxiliar, al igual que el mango del hacha. También, se utilizará la escalera destinada a subirse a los árboles o, en ocasiones, es sustituida por entalladuras hechas en la corteza; a lo que hay que sumar la cuchilla de rajador para realizar una primera partición.

A la hora de organizar un descorche, se pone al frente una cuadrilla formada por un capataz, destinado a dirigir la operación y dirigir a la vez a cuatro-seis cuadrillas. En esos grupos aparecen personal especializado como los hacheros, peladores o sacadores, buenos conocedores del oficio que trabajan por parejas. De estos dos peladores, el más especializado es el que realiza el corte, mientras que le otro realiza la pela. En total del jornal, pueden sacar unos 400-800 kg de corcho al día, aunque puede oscilar. En estas cuadrillas puede haber, también, recogedores que se dedican a amontonar el corcho (en ocasiones suele ser un hombre y un joven, o dos jóvenes que están de aprendices).

3. Evolución histórica de la industria del corcho

El corcho es un material que se ha utilizado por el ser humano desde tiempos inmemoriales, ya que hemos podido constatar este material para taponar vasijas y ánforas, tanto egipcias, como griegas y romanas. Por su parte, el mundo islámico lo va a utilizar para aislar sus viviendas, para ornamentar y para diversos utensilios domésticos.

Pero habrá que esperar a la segunda mitad del siglo xvii, cuando el monje benedictino D. Pierre Perignon al descubrir el vino de champagne, era necesario taponar las botellas de vidrio donde se introducían dichos caldos y, así, evitar la evaporación del líquido. A partir de ese momento, se convertirá en una industria en desarrollo que se va a extender no solo por Francia, sino por Europa.

En el caso español, esta industria aparece a finales del siglo xviii, cunado aparecen los primeros productores que se van a dedicar a fabricar, de manera artesanal, el tapón de corcho. Algunos han considerado que aparece por primera en la provincia de Gerona, en la zona del Ampurdán, al introducirse desde territorio francés (Rangel Preciado, 2020).

En los primeros años (mediados del siglo xviii), el corcho se extraía de manera rudimentaria, en pequeños pedazos, arrancándolos de manera violenta del alcornoque. Con el paso del tiempo, y la práctica, se empezó a extraer de mejor manera realizando una incisión anular en el tronco a una altura determinada y otro corte vertical descendente a partir de la primera, que atraviesa todo el grueso de la capa del corcho. Después se quemaba la parte exterior, se apilaban las planchas en habitaciones húmedas y se les echaba agua, de vez en cuando, para trabajar mejor con él. Con el paso de los años, se añadió la operación de hervido para aumentar su elasticidad.

Todas esas actividades se realizaban en el ámbito doméstico, por lo que estaríamos hablando de artesanía pura y dura pero, con el paso del tiempo, se fue introduciendo jornaleros que aprendían el oficio, obteniendo como contraprestación un jornal por ese trabajo realizado.

Ya en el siglo xix se experimenta un avance en la industria corchera y un auge en las exportaciones que va a repercutir en el aspecto forestal, y un aumento en el comercio exterior de tapones causado por el aumento del consumo de vino en Francia y la cerveza y otras bebidas alcohólicas en Inglaterra.

El auge de esas exportaciones aparece en regiones como Cataluña[9], que buscan nuevas fuentes de aprovisionamiento de materia prima, consiguiendo alcornocales en Extremadura y Andalucía mediante contrataciones a largo plazo y unos precios bajos (Parejo Moruno, 2013), por lo que se van a asegurar un monopolio corchero durante un largo tiempo. A esto se suma la instalación de industrias, por parte de empresarios catalanes, destinadas a transformar el corcho en Andalucía (a partir de 1840) y Extremadura (a partir de 1845).

A lo largo de la segunda mitad del siglo xviii, el precio del corcho aumenta y su comercio continúa en auge, exportándose el corcho de plancha al mercado inglés, mientras que los tapones irían a Francia. No solo se va a fabricar en Cataluña, sino que la transformación del corcho se produce en otras regiones, como las ya mencionadas Extremadura y Andalucía, que exportan a mercados exteriores ya citados, más el alemán o el estadounidense. Como avance industrial, vamos a destacar el empleo del corcho para aislamiento.

Ya a principios del siglo xx, se introduce mecanización por lo que se deja de realizar de forma manual para ser elaborada por máquinas, aunque este progreso necesita un mayor capital para trabajar. Aparece la máquina de rebanar, provista de una cuchilla circular movida por un motor eléctrico, la lijadora, la extensión de la fabricación de tapones de dos piezas, la fabricación del disco de corcho y el empleo de parafinado de tapones[10].

A la altura de 1912, en Andalucía había 30 localidades que se dedicaban a la industria corchera, mientras que en Extremadura había 18 localidades (López Quero, M, 1995). Por tanto, se aprecia un incremento notable en el número de industrias dedicadas a fabricar corcho aglomerado, destinado a construir de cámaras frigoríficas, cubiertas para tubos, losas para pavimentación, etcétera.

Aparecen organismos como la Asociación General de Industriales Corcheros de España (1928), Federación Española de Productores de Corcho (1929), Compañía General del Corcho (1929), Unión Corchera de Sevilla (1932) y Comisión Mixta del Corcho (1932).

En los últimos años, la industria corchera se concentra en regiones como Cataluña, Extremadura, Andalucía, Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana y Madrid. En el caso que nos ocupa, en territorio extremeño, destacan las localidades de Jerez de los Caballeros y su entorno, San Vicente de Alcántara y Alburquerque (en la provincia de Badajoz), y Alcuéscar, Aliseda, Cañaveral, Montehermoso y la propia capital de provincia (con varias empresas que disponen de materia prima en su entorno y alrededores).

4. El sector industrial del corcho

Existen diferentes tipos de industria corchera, en función de los procesos desarrollados a la hora de transformar el corcho en tapones. Estos se pueden clasificar en industria preparadora, en industria aglutinadora y en industria taponera. El primer grupo, la preparadora, consiste en preparar el corcho extraído del árbol y ofrecérselo a las industrias transformadoras. En este momento, el corcho apenas sufre transformaciones, tan solo se convierte en planchas para la posterior fabricación del tapón en corcho. Las fases serían el de apilar (apilar para evitar el contacto directo con el suelo para favorecer la buena circulación del aire) y refugar (separar las piezas de refugo del resto del corcho), el cocido y el raspado (cocer durante una hora, en calderas revestidas de cobre o de acero inoxidable, con leña para, posteriormente, tras cocerse, se limpia y se extrae sustancias hidrosolubles, aumenta el espesor, reduce la densidad y mejora la flexibilidad y elasticidad).

Tras la cocción, el corcho debe pasar un periodo de reposo de entre 2-4 semanas para que la plancha se aplane y se seque, siempre en un lugar cubierto, limpio, ventilado y libre de olores que puedan adherirse a las piezas; las cuales deben, tras el tiempo estipulado, eliminar bordes irregulares con una cuchilla y dejar, así, un corte listo que permite realizar el calibrado (medir las planchas, con la medida de 2,25 mm como medida tradicional) y el escogido (clasificar las planchas según su calibre). Por último, tras escoger el material, se prensan y se enfardan las planchas para su posterior transporte a las fábricas transformadoras[11].

Por lo que respecta a la industria aglutinadora, esta se dedicará a fabricar aglomerados negros y aglomerados de corcho blanco. Los primeros, tras recibirlos y apilarlos, son separados de todas aquellas impurezas que presenten para, posteriormente, triturar, tamizar, secar, cocer y enfriar en bloques. En cambio, para el corcho blanco se emplea refugos hervidos, bornizos, recortes y desperdicios de preparación, los cuales hay que separar de impurezas, tamizar, secar, encolar, prensar y cocer para ser destinados a bloques, barras y/o planchas, o para productores destinados a decoración, parquet o tapones.

Por último, la industria taponera va a ser la más importante y de la que mayor beneficio económico aporta al sector corchero. Esta industria produce tapones diversos, como de corcho natural, con cabeza de plástico, tapones de dos piezas, tapones especiales y/o tapones colmatados. El proceso productivo es el siguiente: se fabrican rebanadas tras ser hervida la materia prima (a unos 100º C) y reposada durante dos semanas, se perfora para realizar el tapón mediante la gubia y su movimiento rotatorio, se seca la pieza y se realiza varias operaciones como el colmatado, el secado, el pulido y el lijado, el biselado, el lavado, el marcado o el suavizado para tener terminado los tapones.

5. El corcho y su industria en Valencia de Alcántara

La localidad de Valencia de Alcántara se encuentra en el oeste de la provincia de Cáceres, siendo cabecera de comarca (Sierra de San Pedro - Los Baldíos) y Cabeza de Partido Judicial. El municipio se encuadra sobre un relieve donde predominan los batolitos graníticos y donde aparecen las últimas estribaciones de la Sierra de San Pedro, concretamente Sierra Fría y la Sierra de San Mamede.

El entorno natural de Valencia de Alcántara se encuadra en la, ya mencionada, Sierra de San Pedro, que fue declarada como Zona de Interés Regional (ZIR) en 2006, Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) en 1989 y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en 1989; además de situarse dentro del Parque Natural Tajo Internacional, un espacio protegido en 2006, que comparte frontera con otro parque declarado en Portugal (de ahí ser un Parque Transfronterizo) y que fue declarado como Reserva de la Biosfera en 2016.

En cuanto a la flora de la zona, siendo un término municipal muy amplio (el tercero más extenso de la provincia cacereña), nos encontramos con una diversidad paisajística única, condicionada por la importante influencia de un clima característico debido a su situación en el interior de un valle entre las dos sierras mencionadas, los ríos, los riberos y los manantíos que surcan el territorio. Por tanto, podemos contemplar dehesas (alcornoque y encina), bosques de castaños, robledales, sotos de ribera, madroños, pinares, nogales, almendros, olivos, eucaliptos, jarales, arbustos silvestres, higueras, fresnos, retamas, torviscos, candilillos y/o dedaleras; además de una variada fauna (zorros, conejos, meloncillos, garduñas, ginetas, águilas culebreras, águilas calzadas, milanos negros, cernícalos comunes, mochuelos, cigüeñas blancas, lagartos verdinegros, culebras de herradura, culebras bastardas, etcétera) y una gran riqueza cinegética (Vázquez Cabrera, 2016).

Sobre el trabajo del corcho en Valencia de Alcántara, nos podríamos retroceder a la Edad Media, momento en el que las viviendas de lo que hoy es el Conjunto Histórico-Artístico[12] de la localidad, eran techadas con corcho, tanto es así que ha perdurado que una de las calles se llame «Cortizada», un vocablo que procede de la palabra cortiça que significa corcho en portugués[13].

No obstante, tan solo vamos a anotar noticias de comerciantes de madera y aserradores de este material, documentados a mediados del siglo xviii, con la existencia de cuatro comerciantes y cuatro aserradores, con unos salarios de 800-4000 reales los primeros y de 5 reales al día, los segundos[14]. Y ya finales de dicha centuria, según la Real Audiencia de Extremadura, se van a citar cultivos arbóreos como los alcornoques y las encinas utilizados para maderas de construcción de casas (además de castaños[15] y berguerales)[16].

En la primera mitad del siglo xix, encontramos en la documentación, noticias de ventas de terrenos con alcornoques, como por ejemplo con la escritura de venta otorgada por D. Fernando Cid Morujo, presbítero, a favor de Pedro Eugenio Díez, en el sitio de la Zafra, a cambio del pago de 800 reales de vellón[17]. Otro ejemplo será la compra, por parte de D. Manuel Rojas, de un cercado de olivos y alcornoques a Francisco Fariñas, en abril de 1848, por la cantidad de 3.250 reales[18]. Otro, será la venta de un alcornocal, propiedad de D. Gonzalo Barrantes, a Juan Morán por 1000 reales[19].

Aquí tan solo unos ejemplos, pero no se menciona qué utilidad iban a tener esos alcornocales. Es por ello que, tras la consulta de numerosos protocolos notariales en archivo, hemos encontrado referencias acerca del trabajo del corcho, de manera productiva e industrial, es decir, empresas dedicadas al trabajo de esta materia prima.

Desde 1838 existen escrituras de arriendos que otorgan vecinos de localidades cercanas a Valencia de Alcántara, vecinos de pedanías de Valencia de Alcántara o, incluso, vecinos de la propia localidad, a ingleses, tales como la familia Reynolds.

El primero localizable es el arriendo que otorga Juan Carnerero, vecino del Pino (pedanía de Valencia de Alcántara) a favor de Roberto Reynolds[20], ante el notario Juan Duarte Santos, el 29 de noviembre de 1840, por un periodo de tiempo de seis años, a cambio de 1.000 reales[21].

Unos años después, en septiembre de 1861, Antonio Reyes, natural y vecino de Valencia de Alcántara, venderá corcho a Santiago Rodríguez, apoderado de Don Guillermo Bucknall, ubicado en una tapada llamada el Alcornocal, durante nueve años, a cambio de 10.000 reales[22]. Esta cantidad se pagaría en cuatro plazos.

Ya en julio de 1872, Francisco Román Morán, vecino de Valencia de Alcántara, otorgará a empresarios catalanes como los señores Forgas, Caner y Ferrer (con sede social en Alburquerque), el arriendo de la producción corchera en la tapada de la Pancha, por un tiempo de nueve años, a cambio de 720 pesetas[23].

Estos empresarios ingleses, y catalanes más tarde, arrendaban fincas y porciones de dehesas para la saca de corcho, muchas de ellas situadas en el término municipal de Valencia de Alcántara, el lugares tales como la Torre de Albarragena (cuyos propietarios eran, en ese momento, Don Víctor Izquierdo y Don Vicente Maestre), en las cuadrillas de los Lapones, en Alcorneo, Jola y el Pino (pedanías de Valencia de Alcántara), en la dehesa de Casillas (propiedad de Doña Mercedes García Vallecillos)[24], en la Cabeza de la Morera (propiedad de Doña Jacoba Cid de Ribera), en la Virgen de la Cabeza, en el Valle de los Higueros o en la Sierra de la Venta, por citar algunos ejemplos.

Por otra parte, nos interesa conocer y saber el origen de las primeras empresas (o arriendos) que se realizan en la propia localidad de Valencia de Alcántara.

La primera referencia que hemos podido localizar en documentación de archivo es una escritura de arriendo y renta[25], fechada el 16 de mayo de 1861, para la corcha del arbolado, situado en las cercas del Cortiñal, Higueral, Atalaya, Juderías y Tapadas Chicas, todas propiedad de Don Alonso María Peñaranda, a favor de Don Enrique Corfield Bucknall, natural y vecino de la ciudad de Londres, socio y apoderado de la casa de comercio de dicha ciudad. Esta firma tenía las siguientes condiciones:

De ese mismo día, el mismo notario[26] (José María Francisco de Hevia) realiza otra escritura de arriendo y venta, por parte de Don Eleuterio Peñaranda a favor del mismo comerciante de corcho (denominado Don Enrique Bucknall e hijo), de toda la corcha ubicada en las tapadas de las Naves, tapado del Carral, de la Barca grande y de los alcornoques de la Huerta de Pascual García (este último ubicado en el sitio de Nuestra Señora de la Cabeza). Las condiciones de este contrato son:

Otra escritura de venta, realizada el mismo día[27], a favor del mismo comerciante, que compraría corcha de las tres fincas de Caín, otra en el Macheral en Valdeposadas, toda la corcha de los alcornoques que había en la huerta y vega de dichas tapadas y de toda la que había en el tapado de Morujo, todas propiedad de Don Manuel Sandoval, bajo las condiciones siguientes:

Habrá una cuarta escritura de arriendo y venta[28], firmada el mismo día 16 de mayo, donde Don Pedro León Sandoval va a vender toda la corcha del arbolado de las cercas de Macheral, tapada de Domínguez (al sitio del Avellano) y de la tapada de Marta (en el sitio de San Pedro) al empresario inglés, con las siguientes condiciones:

Un año después, en 1862, firmada el 13 de febrero[29], hemos hallado una escritura de arriendo de corcha, por un tiempo de diez años, entre D. Fernando Nafria, vecino de Valencia de Alcántara, a favor de D. Santiago Rodríguez, natural y vecino de Alburquerque, como apoderado[30] de D. Guillermo Bucknall, vecino de la ciudad de Londres, por la cantidad de 2.000 reales que se pagarían en dos plazos, de mil reales cada uno. Esta corcha era de los alcornocales de las fincas de los señores Sandovales y la dehesa de Casillas, todas ellas ubicadas en el término municipal de Valencia de Alcántara. Las condiciones eran:

El 21 de mayo del mismo año se firmó otra escritura de arriendo y venta de corcha, por tiempo de nueve años, de los alcornocales de una tapada del sitio, denominado como, Tapada de Vargas, hecha por D. Antonio María Magallanes, vecino de la localidad, a favor de D. Santiago Rodríguez, apoderado, del mismo comerciante inglés, anteriormente mencionado, por la cantidad de 14.000 reales, los cuales serían pagados en tres plazos. Se estipuló que la saca de la corcha fuera los meses de junio, julio y agosto de cada año[31].

El 3 de octubre de ese año, D. Bonifacio López, natural de Brozas y vecino de Valencia de Alcántara, apoderado de Doña Mencía del Desconsuelo Ulloa y Ovando, vecina de Cáceres, vende a D. Santiago Rodríguez, apoderado de D. Guillermo Bucknall, la corcha de los alcornocales que poseía la cacereña en las tapadas de Garabato y Alcornocal. Este contrato sería por nueve años a 1.000 reales cada año[32].

Habrá que irse a dos años después, concretamente al 4 de febrero de 1864, para encontrar otra escritura de venta que otorgó D. Andrés Loustau a favor de D. Santiago Rodríguez que, como hemos podido observar anteriormente era el apoderado de D. Guillermo Bucknall, para disfrutar de la corcha del sitio de la Marisoma, por nueve años, a cambio de 6.300 reales (abonando en el momento de la firma, 1.305 reales)[33].

El 12 de junio de 1866[34], el mismo notario procederá a una escritura de arrendamiento en la que D. Francisco Muñoz Bejarano[35], vecino de Valencia de Alcántara, arrendará a D. Pedro Moreno González y D. Francisco Ros Tejedor, ambos con el oficio de corchero y vecinos de la villa de San Vicente, el aprovechamiento de la corcha situada en la dehesa de Ballesteros[36] (en la jurisdicción de la villa de Valencia) durante nueve años, por una cantidad de 50.000 reales que tendrán que pagar los segundos en varios plazos: 20.000 reales en el momento de la firma, 3.500 reales en el mes de mayo de cada año y el resto se pagará en el último año.

Un año después, el día 30 de junio[37], Pedro Rodríguez Melo, vecino de la villa de Valencia, y Santiago Rodríguez, vecino de la de San Vicente, apoderado del señor D. Enrique Corfield Bucknall[38], acuerdan la compra de un toril con alcornoques, ubicado en el sitio de la Chumbera[39], dentro del término municipal de Valencia de Alcántara, con el objetivo de la producción de corcho de ese alcornocal, estableciendo un tiempo de ocho años, con la posibilidad de ampliar el contrato por dos años más. El pago era de 2.800 reales, recibiendo 1.000 en el momento de la firma del contrato, 800 reales en el mes de septiembre de 1871 y los 1.000 restantes al finalizar dicho acuerdo.

Hemos podido comprobar que son los empresarios ingleses, predominantemente, los que compran terrenos con alcornocales para aprovechar la materia prima que ofrecen. Sin embargo, hemos podido localizar y documentar a vecinos portugueses con la misma intención. Un ejemplo de esto, será la compra de la corcha de la Encomienda de Casillas[40] (se está refiriendo a una antigua Capellanía, ubicada en la iglesia arciprestal de Nuestra Señora de Rocamador, de Valencia de Alcántara, que poseía numerosas rentas, entre ellas, esta dehesa), por parte de José Francisco Brito de las Viñas, vecino de Portugal, a D. Antonino Espárrago y Cuéllar, Licenciado en Jurisprudencia. Este acuerdo será por diez años, en cuyo tiempo se realizará tres sacas de la corcha (en el presente verano, otra en el verano de 1875 y otra en el verano de 1877), momentos en el que el comprador se compromete a limpiar, por su cuenta, la corcha virgen de todo el arbolado que tengan troncos con un diámetro grueso. Este corcho virgen se la podría quedar el dueño del terreno para destinar a corchos colmeneros o para otros usos[41]. Se negoció una cantidad de 24.000 ducados, pagando 10.000 en el mismo año de la firma (concretamente 6.000 en el mes de junio y principios de julio, y 4.000 en agosto), 8.000 en 1870 (de los cuales, 4.000 el 24 de junio y 4.000 el 30 de agosto), pagando 6.000 en 1875 (pagará 4.000 el 24 de junio de ese año y 2.000 el 30 de agosto)[42].

Conclusiones

El trabajo del corcho en la localidad cacereña de Valencia de Alcántara es una práctica realizada desde tiempos inmemoriales, ya que en esta zona, situada en el extremo occidental de la provincia de Cáceres, existe presencia de alcornocales desde tiempos prehistóricos. Si bien, estos primeros pobladores, posiblemente, aprovecharan sus frutos para el consumo para, posteriormente, ser destinados a la alimentación de animales.

En tiempos donde habitaron pueblos prerromanos, estos utilizarían las bellotas para realizar pan, además de para su dieta, al igual que los romanos.

Ya durante la Edad Media, la práctica del descorche debería ser habitual ya que los tejados de las viviendas eran realizados en corcho, tal y como aparecen en las Ordenanzas medievales, realizadas por el propio Concejo y promulgadas por Don Juan de Zúñiga, en 1489, las cuales van a empezar a prohibir a techar las viviendas de ese modo.

Durante la Modernidad, el descorche y el uso del corcho seguiría adelante ya que aparecen licencias a vecinos, ubicados en aldeas de la propia Valencia de Alcántara, para vender esa misma casca de los alcornocales de la zona. Por supuesto, esa saca no estaba destinada a fines comerciales ni industriales. Además, aparece documentación relativa a antiguos parajes pertenecientes al término municipal de Valencia de Alcántara y a su jurisdicción, desde tiempos de la Reconquista en 1221, donde aparecen topónimos relacionados con este material, como son los casos de la Corcha de abajo y la Corcha de arriba (en este caso en la dehesa de Mayorga)[43].

Como hemos podido comprobar, con la labor de archivo, la documentación, sobre todo protocolos notariales, ya sean escrituras de venta, arriendo, inventarios y/o testamentos, han reflejado una dedicación al descorche, de manera ya industrial, en la segunda mitad del siglo xix, al igual que otros lugares de la región, donde aparecen contratos, sobre todo de comerciantes extranjeros, que van a comprar tierras con alcornocales que van a destinar a la saca del corcho, ya que tradicionalmente, esos comerciantes van a ser ingleses, como ha sido el caso que nos ocupa, y franceses (y a su vez, catalanes, como pioneros en el caso de España, por influencia francesa).

En definitiva, con este trabajo hemos pretendido encontrar cuáles eran los orígenes de la industria corchera de Valencia de Alcántara, la cual va a tener un protagonismo durante la segunda mitad del siglo xix y durante gran parte del siglo xx (sobre todo el segundo tercio y parte de la segunda mitad del siglo), en donde la presencia de empresas dedicadas al descorche, el cocido de corcho, corte/despiece de este material fue muy importante y elevado.

Álvaro Vázquez Cabrera
Historiador
Técnico de Turismo
Guía Oficial de Turismo Junta de Extremadura




NOTAS

[1] José Manuel BLÁZQUEZ CARRASCO, La industria del corcho en Extremadura: pasado, presente y futuro, Cámara Oficial de Comercio e Industria de Cáceres, Cáceres, 2007, p. 14.

[2] Según el momento de maduración, las bellotas tienen distintos nombres, como brevales o primerizas (entre los meses de septiembre y octubre), las segunderas o medianas (entre octubre y noviembre) y las palomeras o tardías (entre diciembre y febrero).

[3] Félix CURIEL PEÑA, José Luis CARBALLO GONZÁLEZ, «El corcho y el alcornoque en Extremadura», Revista de estudios económicos y empresariales, Plasencia, nº 4, 1994, pp. 101-158.

[4] Fernando PÉRE MARQUÉS, María Celestina PÉREZ GONZÁLEZ, El Alcornoque y el corcho, Instituto de Ciencias de la Educación, Badajoz, 1982.

[5] José Manuel BLÁZQUEZ CARRASCO, ob. cit. pp. 29-36.

[6] VVAA, «El aprovechamiento del corcho: Revisión del descorche tradicional y del descorche mecanizado», Revista Montes, Madrid, nº 145, 2021, pp. 22-28.

[7] José M. COBOS BUENO, «La industria del corcho en Extremadura», Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, La Rioja, Vol. 30, nº 66, 2007, pp. 231-256.

[8] Isabel CAÑELLAS REY DE VIÑAS, Gregorio MONTERO GONZÁLEZ, «Influencia de la poda en la producción de corcho en alcornocales adehesados de Extremadura», Revista Montes, Madrid, nº 68, 2002, pp. 12-20.

[9] Francisco Manuel PAREJO MORUNO, Carlos Manuel FAÍSCA, José Francisco RANGEL PRECIADO, «Los orígenes de las actividades corcheras en Extremadura: el corcho extremeño entre catalanes e ingleses», Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, Vol. 69, nº 1, 2013, pp. 461-490.

[10] VVAA, «Producción e industrialización del corcho en Extremadura», La agricultura y la ganadería extremeñas, Fundación CB, Badajoz, nº 2012, 2013, pp. 147-159.

[11] Pablo VIDAL GONZÁLEZ, «Estudio etnológico sobre la saca del corcho: Costumbres y tradiciones en relación con el proceso de extracción», Revista valenciana de etnología, Valencia, nº 5, 2010, pp. 97-118.

[12] Declarado como tal el 18 de marzo de 1997. DOE, nº 36, 38/1997. Este barrio, conocido como Barrio Gótico que era en realidad la Valencia de Alcántara medieval, rodeada de murallas y puertas, se encuentra en el sector noroeste de la localidad, formado por más de una veintena de calles, con entramado característico de calles estrechas, largas y sinuosas, donde van a destacar su arquitectura popular y, sobre todo, la conservación de portadas ojivales/apuntadas (cerca de unas sesenta portadas de este estilo, donde más se conservan en toda la Península Ibérica). En este tejido urbano, en torno a la cerca medieval, convivieron y habitaron musulmanes, cristianos y judíos durante todo el Medievo. Álvaro VÁZQUEZ CABRERA, «Entre lo popular y lo palaciego. El Barrio Gótico de Valencia de Alcántara», VII Jornadas de Historia en Jerez de los Caballeros, Jerez de los Caballeros, 2024.

[13] En las Ordenanzas, elaboradas por el propio Concejo de Valencia de Alcántara, de 1489, se menciona esta costumbre de hacer los techos con corcho, aunque tras la promulgación de estas, se empieza a prohibir techar con este material y cambiar por teja, bajo multa de 600 maravedíes, y así evitar fuegos. Domingo BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ, Ordenanzas del Concejo de Valencia de Alcántara, Institución Cultural El Brocense, Diputación de Cáceres, 1982, p. 23. En las mismas ordenanzas se hace referencia al modo en el que se debían de cortar y guardar las hojas de los carrascos y encinas, y cortar la madera. Ordenanzas del Concejo de Valencia de Alcántara, 1489, fols. 27r-30v.

[14] En esos momentos, las dehesas dedicadas a solo pasto, estaban pobladas de monte de encina y alcornoque, con un total de 10.185 fanegas. Álvaro VÁZQUEZ CABRERA, «Valencia de Alcántara a mediados del siglo xviii. Una villa fronteriza según el Catastro de Ensenada (1753)», Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, Tomo LXXVI, Nº III, 2020, pp. 977-1009.

[15] Grandes plantaciones de castaños hemos podido documentar, en la primera mitad del siglo xix, en Las Lanchuelas (una de las pedanías de Valencia de Alcántara), en Puerto Roque (zona cercana a la frontera con Portugal, donde predomina un crestón cuarcítico que separa físicamente los dos países), el Pino (otra de las pedanías de la localidad), en Sierra Fría (sierra cercana a la frontera con Portugal)...

Tan solo citaremos algunos ejemplos de los muchos que aparecen en la documentación. Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante, AHPCC), Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1836, fols. 30r-31v. Íbidem, 1836, fols. 61r-62r. Íbidem, 1840, fols. 3r-4v. Íbidem, 1840, fols. 67r-68v. Íbidem, 1840, fols. 86r-87v. Íbidem, 1842, fols.131r-132v.

[16] AHPCC, Sección Real Audiencia, Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, 1791, Leg. 33, fol. 8r.

[17] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1846, fols. 9r-10v.

[18] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1848, fols. 100r-101r.

[19] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1849, fol. 163r-164v.

[20] Este estaba avecindado en la localidad de Alburquerque.

[21] Archivo Histórico Provincial de Badajoz (en adelanta AHPB), Protocolos Notariales de Alburquerque, 1840, leg. 4809, fols. 99r-99v.

[22] AHPB, Protocolos de San Vicente de Alcántara, 1861, leg. 4951, fols. 271r-272v.

[23] AHPB, Protocolos de Alburquerque, 1872, leg. 4885, fols. 572-575.

[24] AHPB, Protocolos de Alburquerque, 1872, leg. 4884, fols. 452-463. Íbidem, 1877, leg. 4896, fols. 480-499.

[25] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1861, fols. 242r-243v.

[26] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1861, fols. 244r-245v.

[27] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1861, fols. 246r-247v.

[28] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1861, fols. 248r-249v.

[29] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1862, fols. 68r-69v.

[30] El poder se lo concede el 9 de septiembre de 1861.

[31] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1862, fols. 402r-403v.

[32] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1862, fols. 825r-827v.

[33] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1864, fols. 49r-54r.

[34] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1866, fols. 594r-597r.

[35] Estos terrenos los adquirió con otras por herencia de Doña María de Jesús de Tejedor y Muñoz, en mayo del mismo año.

[36] Esta dehesa linda con la dehesa de Casillas por el este, con la cuchilla de la Sierra que divide el terreno de D. Pedro Sandoval y D. Alonso Peñaranda por el sur, con la cuadrilla de los Lapones por el oeste y por la rivera de Aurela y la cuadrilla de Chaves, por el sur.

[37] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1867, fols. 999r-1004r.

[38] En esos momentos el empresario inglés se encontraba residiendo en la ciudad de Sevilla.

[39] Lindaba por el norte con camino concejil y viña de D. Fernando Nafria, por el sur con otra viña del mismo vecino, por el este con tapado denominado «Corral de D. Eleuterio Peñaranda» y al oeste, por camino público.

[40] Con una capacidad de 2.800 fanegas de alcornoques, lindando con la dehesa de Benfayán (este), la del Millarón (sur), dehesa de Ballesteros y Chaves (oeste) y con la de Clavería (norte).

[41] La corcha brava restante sería para el comprador que debería sacar y amontonar fuera de los árboles para evitar peligro de los fuegos.

[42] AHPCC, Protocolos Notariales de Valencia de Alcántara, Protocolos de José María Francisco Hevia, 1867, fols. 1069r-1073v.

[43] Fue sede de Encomienda desde 1335, cuyo castillo fue destruido en la Guerra de Restauración portuguesa. A pesar de la destrucción de su castillo, siguió perviviendo con muy poca población durante el siglo xviii. Álvaro VÁZQUEZ CABRERA, «Mayorga y Piedrabuena. Dos Encomiendas de la Orden de Alcántara a finales del Antiguo Régimen», El Hinojal. Revista del MUVI, Villafranca de los Barros, nº 24, 2025, pp. 8-25.



La industria corchera en el oeste de la provincia de Cáceres. El caso de la localidad de Valencia de Alcántara

VAZQUEZ CABRERA, Álvaro

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 533.

Revista de Folklore

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