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Si es un milagro, cualquier testimonio es suficiente, pero si es un hecho, es necesario probarlo.
Mark Twain
Iglesia de los Santos Justo y Pastor (Museo de los Fueros de Sepúlveda)
Próximo a la puerta de Azogue, o del Ecce Homo, y frente al Postiguillo Viejo, se encuentra la iglesia románica de los Santos Justo y Pastor, en la villa de Sepúlveda. Hoy en día se encuentra desacralizada, cumpliendo la función de sede del Museo de los Fueros de Sepúlveda. Entre las numerosas piezas que atesora, se encuentra un interesante cuadro votivo, de los más antiguos que conocemos en nuestra provincia, procedente de la ermita de San Gil, y que posteriormente estuvo en la Iglesia de San Bartolomé, parroquia de la que dependía la susodicha ermita (figura 17). La advocación que aparece representada en la pintura es la del Buen Suceso, cuya imagen se encontraba en San Gil, y posteriormente llevada a la parroquial de San Bartolomé. La obra es un óleo sobre lienzo, de autor anónimo, fechada por el propio museo en la segunda mitad del siglo xviii. En la escena se representa el milagro de una niña despeñada desde la muralla, y milagrosamente sanada por la Virgen. En el centro aparece, en primer plano la madre sosteniendo en brazos a la hija desvanecida, en segundo plano una composición de la que forman parte la ermita de San Gil y los edificios anejos a la muralla desde donde se precipitó la niña, y al fondo un paisaje con árboles. En la parte superior de cuadro, y sobre la ermita, aparece la Virgen en un óvalo abierto entre las nubes. En la esquina inferior derecha, se incluye la siguiente leyenda:
En 5 días del mes de setiembre de 1636/ años Beatriz, hija de Andrés de Frías y M[aría] de Frías v[e[z[in]os/ de esta v[ill]a caio del corredor q[ue] está en la mvralla a espalda/ de s[an]to S. Gil sobre unas peñas y acudiendo su madre a socorrer/la la halló muerta a vista de P[edr]o Ballestero y Luis Monedero/ y ofreciéndosela a esta s[an]ta Ymagen quedó luego sana i sin/ lission alguna sie[n]do hermitaño Andrés de Castro y de la .
Santuario de Nuestra Señora de Soterraña
Situado en el pueblo de Santa María la Real de Nieva, este santuario fue un antiguo convento dominico erigido tras una milagrosa aparición mariana. Según narra la leyenda, en el año 1392, se le apareció la Virgen a un pastor llamado Pedro Amador, y le ordenó que fuera a Segovia y le dijera al obispo que viniera a sacar de entre las piedras una imagen suya, y que en el mismo lugar donde la hallase levantara un altar. La talla apareció en un hueco tapado con losas de pizarra, y allí mismo de dispuso el altar. Informada del milagro la reina Catalina de Lancáster, esposa del rey Enrique III, mandó reedificar una ermita que se encontraba bajo la advocación de Santa Ana para depositar temporalmente la imagen mientras se construía un santuario bajo su patrocinio. Hacia el año 1399 se acometió una reforma y ampliación del templo, muy probablemente motivada por su entrega a la Orden de los Predicadores (dominicos). En sucesivas ampliaciones se fue agrandando la iglesia y edificándose las diferentes estancias monacales, entre las que destacan los dos claustros. Durante la Guerra de la Independencia sufrió el saqueo de las tropas francesas, que se acuartelaron en el monasterio. Con la desamortización de Mendizábal, terminó la presencia de los dominicos, cuyos bienes fueron confiscados y los monjes exclaustrados. Tratándose de una advocación muy venerada en toda la zona de influencia del santuario, a la que se le atribuyen milagros e intercesiones benefactoras, se han depositado diversos exvotos a lo largo del tiempo. Empezando por el claustro principal, muy cerca de la entrada, se encuentran tres pinturas votivas colgadas en la pared de la crujía oriental (figura 18). La que se conserva en mejor estado hace alusión a la curación de un enfermo. La escena muestra en primer plano a un hombre encamado al que acompañan tres personajes, que son presumiblemente un médico de espaldas, un fraile dominico al fondo y un sacerdote a la derecha mostrándole un crucifijo. En la esquina superior derecha aparece la imagen de la Virgen, y por debajo de ella un personaje femenino que parece asomarse por detrás de una puerta. En la esquina inferior derecha se lee la siguiente explicación:
En 8 de setiembre de 1681 teniendo determinado Manuel Tejedor de yr a visitar a ntras sa. de la soterraña con toda la gente de su casa. Amaneció con una sincopal que visitado del doctor le desauzió y dándole a bien morir se ofreció a ntras sa i en breves días estuvo bien.
Los otros dos cuadros se encuentran en muy mal estado, aunque en uno de ellos todavía se puede leer, no sin esfuerzo, la siguiente leyenda:
Antonio Hernández Vno de la villa de Arévalo viendo una fiesta de toros en Santa Ma de Nieva lo coxio un toro y encomendose a Nª Sª de la Soterraña i no le yzo mal Año de 1704.
En el peor conservado de los tres apenas pueden distinguirse unos pocos elementos, como unas llaves cruzadas sostenidas por un personaje con apariencia de santo, que bien pudiera ser San Pedro Apóstol a quien Cristo entregó las «llaves del Reino de los Cielos». En la parte inferior del cuadro, se pueden leer fragmentos de un mensaje de texto en latín: «… notato …»; «… quique bene probas …»; «S.N. Reali d. A.». Podría tratarse de abreviaturas comunes en inscripciones devocionales. Así la frase «quique bene probas» podría traducirse como «tú que bien apruebas» o «tú que bien confirmas», dirigido en tono piadoso a una figura santa, presumiblemente a la Virgen titular del santuario.
Dentro de la iglesia se conserva una pintura votiva alusiva a la milagrosa salvación de una joven a la que le cayó un rayo (figura 19). En este caso, la mayor parte del lienzo la ocupa la leyenda, cuyo texto dice:
Antonia Caro yja de Franco. Caro y de Ana Ramos, de edad 12 as, fue a buscar una caballería al termino de Martín Muñoz caio un raio junto a la dicha y no le yso mal y sus padres en grasimiento de grasias pvsieron este milagro año. 1725.
En la escena propiamente dicha aparece una mujer arrodillada, en pose suplicante, y delante de ella un tosco trazo serpenteante semejando un rayo. En segundo término, hay un animal cuadrúpedo representando a la caballería extraviada. En la esquina superior izquierda, aparece una estampa de la Virgen de Soterraña.
Otros dos curiosos exvotos de animales exóticos que podemos ver en este santuario son una piel de ofidio y la mandíbula de un pez sierra (figura 19). Por los patrones del dibujo (círculos regulares) y por el color del fondo, la serpiente podría ser una boa, aunque otros la identifican con una anaconda. Tanto las boas como las anacondas son propias de América tropical, por lo que este tipo de pieles ocasionalmente eran depositadas como ofrendas o exvotos en santuarios. Así que lo más probable es que fuera traída por algún religioso procedente de las misiones dominicas del Nuevo Mundo.
No obstante, existe otra versión, popular y legendaria, acerca del origen de este singular exvoto, que cuenta que un pastor había domesticado a una gran serpiente alimentándola con leche. El pastor tuvo que marchar a milicias durante dos años, pero a su vuelta el reptil no reconoció al amo, por lo que éste tuvo que recurrir a un cazador, que al comprobar el tamaño de la bestia se encomendó a la Virgen de Soterraña, y gracias a su intercesión, con un disparo atinado de su rifle acabó con el problema[1]. La presencia de reptiles exóticos en las iglesias españolas suele explicare por medio leyendas arquetípicas, que hablan más bien de lagartos, dragones o sierpes, cuando en realidad se trata de caimanes si proceden de América, o de cocodrilos si son originarios de los ríos de Asia o de África, como el Nilo o el Níger. La bestia en cuestión fue abatida inverosímilmente por algún cazador, soldado o vecino del lugar, cuando estaba causando estragos en el pueblo, logrando el éxito tras invocar a la Virgen. No obstante, el hecho seguramente tiene una explicación más prosaica, pues se debe al depósito como exvoto realizado por algún conquistador, explorador o misionero que quiso dejar testimonio de agradecimiento una vez regresó sano y salvo a su localidad de origen. En cuanto a la mandíbula del pez sierra, probablemente corresponda a un ejemplar procedente del Caribe o del Golfo de México. Entre ambos despojos animales se encuentra colgado lo que parece el cañón de un arma de fuego larga, supuestamente la que sirvió para dar muerte al reptil (figura 19). Como refuerzo de la estrecha relación que este santuario siempre ha mantenido con las colonias y misiones españolas en América, se encuentran también depositadas en la iglesia unos objetos ceremoniales pertenecientes a un chamán peruano entregados al párroco de Santa María la Real de Nieva por el párroco jesuita de una iglesia homónima de Perú en el año 2003, en agradecimiento a un donativo y una visita (figura 19).
El exvoto más complejo que se conserva en este santuario es un cuadro votivo encargado por algún descendiente del alférez Alonso del Canto y Ocampo, que fuera conquistador de Manila en el año 1563 y Vicario General de las Reales Armadas (figura 20). En su testamento, dado en 1612, mandó que se construyera una capilla en honor a la Purísima Concepción en la iglesia de Santa María la Real de Nieva, y en ella se colocó el cuadro. Esta capilla, que hacía las veces de sacristía, fue eliminada en la década de los ochenta del pasado siglo, y la pintura trasladada al presbiterio. En el centro de la escena se encuentra la imagen de la Virgen titular, y debajo el oferente en postura piadosa. A cada lado aparecen dos escenas representado otros tantos milagros, acompañados de la correspondiente leyenda explicativa. Siguiendo el orden de las agujas del reloj, comenzando por la situada en la parte superior derecha, leemos lo siguiente:
HIRSE A PIQue EN VN BARCO Que SE MANTVBO SOB[R]E LOS REMOS HASTA Que LLEGº EL BOTE DEL NAVIO
HAVER AR[R]OGADA POR LA VOCA VNA POSTEMA CON TanTA FILISIDA[D] Que SEGVN LOS MEDICOS VIERON FVE MILAGRO QueDAR CON VIDA
EL NAVFRagio EL Año Ð 1724 COn DOS TORMENtas POR BIENTos OPVESTos SIN ESPERAnzas Ð VidA SINº Io Que ESPeRaVA En MI PROTECTORA
VN TRAVUCASO A QVEMA ROPA ENSENDIO EL FOGON I NO SALIO EL TIRO
En su parte inferior, otra leyenda en latín da cuenta de promotor del exvoto:
SALVE VERSICOLOR CęLVM YRIDI[s] INSTAR AMENAS. VIRTVTVM FORMAS FLORIGERANS QVE FERIS. SALVE DEI PARA UIRGO MEA Que SEMPER TVTELLA; PER TE ILD[EP]HONSE VIVIT TECVM Quem INęTER[N]VM REQVIESCAT. DoN ALONSO ÐL CANTO I OCAMPO, VICARIO GENERAL Ð LAS RealeS AR […]ENTO
Que traducida al castellano viene a decir lo siguiente:
Salve, cielo multicolor, que llevas como arco iris las bellas y floridas formas de las virtudes. Salve, madre de Dios, Virgen, que eres siempre mi protección. Por ti, san Ildefonso, vive contigo quien descansa en la eternidad. Don Alonso del Canto y Ocampo, vicario general de las Reales Armadas […]ento.
Suponemos la fecha de factura de este lienzo se sitúa en la primera mitad del siglo xviii, a tenor del año 1724, señalado en el milagro del naufragio. Llama la atención que se trate de un exvoto para perpetuar la memoria de una persona fallecida hacía más de cien años.
Santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla
Se trata del Santuario más conocido de la provincia, erigido bajo la advocación de la Virgen de la Fuencisla, patrona de la capital. Se ubica en un lugar de honda significación religiosa, pues en sus proximidades se encuentran el convento carmelita que fundara San Juan de la Cruz, y la iglesia de la Vera Cruz, que algunos atribuyen a la Orden del Temple y que hoy es propiedad de la Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta.
El culto a la Virgen de la Fuencisla en este lugar, al pie de las llamadas Peñas Grajeras, tiene sus orígenes en un milagro acaecido aquí en tiempos del reinado de Fernando III el Santo. Cuenta la historia que una mujer judía de nombre Esther había manifestado su intención de abandonar el judaísmo para abrazar la fe cristiana. Por ello, fue acusada falsamente de adulterio y condenada a morir despeñada desde la Peñas Grajeras. Por aquel tiempo, se encontraba enfrente la antigua catedral, en cuya puerta había una imagen de la Virgen. Cuando la condenada fue arrojada al vacío, ésta se encomendó a la Virgen, resultando ilesa tras la caída. Tras este extraordinario suceso, el propio obispo le administró el bautismo, poniéndole el nombre de María, al que el pueblo añadió «del Salto», en conmemoración del milagro. María falleció en 1237, y su sepulcro se encuentra en el claustro de la Catedral de Segovia.
Tratándose de una Virgen tan venerada, han sido numerosos los exvotos depositados en el santuario a lo largo del tiempo. Por ejemplo, cuenta el cronista Francisco de San Marcos en su Historia del origen y milagros de Nuestra Señora de la Fuencisla de Segovia, publicado en 1692, que los padres de un niño de año y medio moribundo por padecer erisipela, prometieron a la Virgen que si sobrevivía le traerían a su Bendita Casa una cantidad de trigo equivalente al peso de niño, a lo que el enfermo comenzó a mejorar. El mismo cronista refiere la ofrenda de un cuadro votivo a la Virgen de la Fuencisla, con motivo de la salvación de una tempestad en el mar de dos personas que volvían de Indias, a finales del siglo xvii, y también la promesa de ofrendas a la Virgen para la liberación de dos mujeres poseídas por el demonio[2].
Los exvotos que quedan actualmente son de época reciente y se conservan en el museo del santuario. Tras la Guerra Civil, el 24 de septiembre de 1939 se le impuso a la Virgen de la Fuencisla la Medalla de Oro de la Ciudad por los favores otorgados a Segovia durante la contienda. En el interior de una urna de cristal se pueden ver un bastón y un fajín militares como atributos de los honores de capitán general concedidos a la Virgen de la Fuencisla conforme a decreto del 22 de septiembre de 1941, promovido por el general José Enrique Varela, ministro del ejército[3] (figura 21). Junto a estos objetos, se muestra el documento rubricado por el propio Francisco Franco:
Por el fervor que la ciudad y provincia de Segovia tuvieron siempre a su excelsa patrona la Santísima Virgen de la Fuencisla, bajo cuya divina protección resistieron los segovianos, invocándola, los ataques del ejército rojo durante la guerra de liberación, dirigidos contra la capital, a la que nuestros soldados salvaron a costa de sangre y heroísmo, y teniendo en cuenta las peticiones unánimes formuladas, tanto por las autoridades eclesiásticas, militares y civiles, como por el pueblo de Segovia y su provincia; a propuesta del Ministro del Ejército, vengo en disponer:
Artículo único. Se conceden honores de Capitán General, siempre que salga procesionalmente, a la santísima Virgen de la Fuencisla, patrona de Segovia. Siendo en el Pardo a veintidós de septiembre de mil novecientos cuarenta y uno.
Los ataques a los que alude el texto del decreto se refieren a los de la ofensiva republicana sobre Segovia, llevada a cabo entre el 30 de mayo y el 2 de junio de 1937, conocida como la Batalla de la Granja. Al mando de las fuerzas desplegadas por el ejército sublevado para contrarrestar el avance republicano se encontraba precisamente el general Varela. También la propia imagen de la Virgen, colocada en el centro del retablo mayor de la iglesia, luce un bastón de mando y un fajín donados por el general Ricardo Serrador (figura 21). El bastón había sido regalado previamente al militar por el ayuntamiento en 1937, durante la novena del mes de septiembre. La corporación municipal había acordado homenajear al coronel Serrador, ascendido a general, por la exitosa toma del Alto del León el 22 de julio de 1936, pues a su mando se encontraban las fuerzas intervinientes en las operaciones. La mencionada novena fue retransmitida por Radio Segovia, predicada por el Magistral de la Catedral D. Fernando Sanz Revuelta, y en ella se pidió la pronta terminación de Guerra Civil.
En un armario del museo se encuentran una camiseta, un banderín y una bufanda del equipo de fútbol de la Gimnástica Segovia, depositados como ofrenda en agradecimiento por un ascenso de categoría (figura 21). Finalmente, en un cajetín colgado en la pared se muestran nueve condecoraciones militares, dejadas como exvotos (figura 22), cuyo resumen cronológico y contextual sería el siguiente:
|
Condecoración |
Época principal |
País/Régimen |
Contexto |
|
Cruz de María Cristina |
1836–1870s |
España (Isabel II) |
Guerras Carlistas |
|
Gran Cruz Laureada de San Fernando |
1811–actualidad |
España |
Valor heroico |
|
Cruz de Guerra |
1938–1975 |
España (Franquismo) |
Méritos de guerra |
|
Medalla de Ex-Cautivo |
1940-1950 |
España (Franquismo) |
Ex presos de guerra |
|
Medalla de Sufrimientos por la Patria |
1830/1942 |
España |
Sacrificios por la patria |
|
Escuadrilla García Morato |
1939–1945 |
España |
Aviación Nacional |
|
Medalla de la Campaña 1936–39 |
1939 |
España (Franquismo) |
Combatientes nacionales |
|
Cruz Roja al Mérito Militar |
1938–1975 |
España |
Mérito no combatiente |
|
Cruz de Hierro |
1939–1945 |
Alemania nazi |
División Azul |
Ermita del Santo Cristo del Caloco
Se trata de un santuario situado en el término municipal de El Espinar, a los pies del Cerro del Caloco, a unos cuatro kilómetros de la localidad, junto a la carretera N-VI, en dirección a las Navas de San Antonio. El edificio actual es del siglo xvi, construido sobre los restos de un templo románico anterior, que probablemente sería la iglesia de un antiguo núcleo de población, completamente desaparecido. Primitivamente estuvo bajo la advocación de Santa María del Caloco, trocándose en 1618 a la actual del Santísimo Cristo del Caloco, desconociéndose los motivos del cambio de culto. En el mes de septiembre, coincidiendo con la fiesta mayor de El Espinar, se celebra una concurrida romería en la que se traslada la imagen del Cristo desde la ermita hasta la parroquial de San Eutropio.
Por la gran devoción que le ha profesado al Cristo del Caloco el vecindario del El Espinar, fueron numerosos los exvotos expuestos en su santuario, si bien, en el año 1970, con motivo de la nueva liturgia, se suprimieron y se ofrecieron a las familias del pueblo, cuyos antepasados los habían depositado, quemándose los que no fueron reclamados[4]. En la actualidad solo quedan dos mensajes escritos, enmarcados y colgados en una pared de la sacristía (figura 23). Uno de ellos alude a la salvación de un niño tras sufrir un accidente doméstico. Dice así:
Ojo de un perrito de felpa que se tragó José Mª de Tárrega y Martínez el 28 de agosto de 1946, expulsándolo milagrosamente a las 26 horas gracias a la intercesión del venerado Cristo del Caloco. Sus padres agradecidos.
Bajo el texto, se encuentra enganchado con grapas el propio objeto que provocó el accidente. El otro exvoto hace alusión a la curación de una grave enfermedad padecida por un niño de siete años. Así reza el mensaje:
Paco-Luis Borrero y Roldán. Por gracia divina de Nuestro Señor curó radicalmente de gravísima enfermedad, padecida a los 7 años de edad y en la que la ciencia declaró estériles cuantos esfuerzos hizo por salvar su vida. La familia agradecida a la suprema bondad, dedica este recuerdo al Sto Cristo del Caloco. 15 = septiembre = 1913.
Sobre el texto, se encuentra colocada una pequeña fotografía del niño beneficiario del milagro.
Ermita de San Frutos
Esta ermita, situada en territorio perteneciente al término de Carrascal de Río es, sin lugar a dudas, la mas conocida de la provincia, por tratarse el santo titular del patrón de Segovia. A su sacralidad ha contribuido, indudablemente, su espectacular emplazamiento, al borde del abismo de la hoz del río Duratón, en un paisaje con alto poder hierofánico. San Frutos ha sido un santo especializado, en lo que a curaciones milagrosas de refiere, en la sanación de hernias. En el tramo medio de la capilla de San Frutos, situada en el lado de evangelio, a la derecha de la cabecera del templo, los curados de esta dolencia dejaban colgados sus bragueros como exvotos[5]. Bajo el sotabanco o mesa del altar de esta capilla, se encuentra una piedra a la que, según la tradición, los herniados o potrosos debían dar varias vueltas para conseguir la curación (figura 24). Se entra en el reducido habitáculo a través de dos pequeñas puertas laterales que dan acceso a la parte inferior del ábside. La piedra tiene forma de paralelepípedo, con unas dimensiones aproximadas de 60 cm de largo en la base, 45 cm de ancho y 75 cm de altura. Como la maniobra puede resultar dificultosa para personas de avanzada o edad o con movilidad reducida, la Hermandad de San Frutos informa por medio de un cartel colocado en la pared que la plegaria llega igualmente hasta Dios, siempre que se haga con fe. Los bragueros fueron retirados hace ya bastantes años, pero se conserva como recuerdo y testimonio de esta costumbre un cuadro votivo en el que se expone la curación de un herniado (figura 24). La mayor parte del lienzo la ocupa un personaje infantil elegantemente vestido con una levita roja, portando un sombrero de ala ancha en su mano izquierda. En la imagen superior izquierda aparece la imagen de San Frutos, dentro de una luminaria, provisto de su báculo, y en la esquina inferior izquierda la siguiente leyenda expositiva:
Luis de Tinaquero hijo de Luis Tinaquero y de María Vermexo Vos de Segovia siendo dicho niño potroso de ambos lados se le ofrecieron a San Frutos y por brebe tiempo fue Dios serbido por yntercesion del Santo darle salud y en agradecimiento regalaron este retrato al conbento del Mismo San Frutos Año de 1702.
Ermita de Nuestra Señora de la Aparecida
Esta ermita se localiza a unos tres kilómetros y medio de Valverde del Majano, en un pequeño cerro junto a la carretera CL-605. En dicho lugar parece que existió una aldea conocida como «Mazuelos», desaparecida con motivo de la invasión musulmana, y tal vez relacionada la leyenda fundacional del templo, que una vez más responde a la historia arquetípica de la ocultación, y posterior aparición milagrosa, de una imagen de la Virgen. En siglo xiv se reedificó una ermita dedicada a Santa María Magdalena, que tras el paso del tiempo se fue arruinando. En 1623 un albañil que trabajaba en el entorno de las ruinas encontró una sepultura en la que estaba oculta una talla de la Virgen, hecha de madera de pino, sedente y con el niño sostenido en brazos. Primeramente, recibió el nombre de Nuestra Señora del Sepulcro, que luego fue cambiado al de La Aparecida. El templo actual fue construido en el siglo xvii, acudiendo a él los vecinos de Valverde del Majano en una concurrida romería.
La Virgen de La Aparecida ha tenido una extendida fama de milagrera, por lo que su templo ha sido receptáculo de exvotos diversos. En la actualidad solo quedan dos cuadros votivos (figura 25). En uno de ellos se agradece la curación de un discapacitado, apareciendo en la escena tres personajes masculinos. Dos de ellos se sitúan a la derecha, observando al tercer personaje, que se muestra en postura danzante. Aparecen también dos muletas y dos horquetas en el suelo, y en el lado derecho un altar presidido por la imagen de la Virgen. Toda la parte inferior de la pintura la ocupa la siguiente leyenda:
Frutos de la Monja vecino del lugar de Hontoria, estaba tullido y andava con orcones para los pies, y muletas para las manos por más tiempo de tres años y haciendo grandes Remedios, viendo que no aprovechavan ofrecio ir a tener una novena a nuestra Señora de la Aparecida, y el tanto en ella, el segundo día por la mañana se sintió sano y bueno, y soltando los orcones y muletas empeço a bailar de goço en la Yglesia y dar gracias a Nuestra Señora por el beneficio, publicando a voces el milagro, y vino a su lugar por su pie causando a todos admiración la repentina salud: hiço pintar el milagro en testimonio de la verdad Año de 1624. Provose y Calificose por el Ordinario.
En el otro, aparece representada una procesión de clérigos y seglares, posiblemente cofrades, todos ellos personajes masculinos, portando una imagen de la Virgen bajo palio. En la leyenda, situada en la parte inferior de la pintura, se lee:
Creciendo mucho la devoción de Nuestra Señora Aparecida por los prodigios y milagros que obraba determino el Licenciado Antonio García Vela cura de Valverde se le hiciese un festividad y traxese en procesión alrededor de la hermita puxose en execución asistiendo mucha gente lucida de la ciudad lugar de Valverde y los comarcanos: dixose una misa cantada con toda solemnidad que celebró el dicho cura predico un Religioso Mercedario llamado fray Bernardo del convento de Segovia asistieron los canónigos Juan Díaz de Arellano y Tome Sanchez anduvo la precesión hasta la cruz que está en el Camino Real de Segovia a Valverde hiço la Virgen este día muchos milagros: fue el segundo día de Pascua del espíritu sancto A 27 de mayo de el año 1624.
Vista la fecha de 1624, coincidente con la señada en la primera pintura, uno de los milagros aludidos debió de ser el de la curación del tullido Frutos de la Monja. A estos dos cuadros, hay que añadir tres muletas de madera guardadas en la sacristía (figura 26).
Ermita de Nuestra Señora de la Cuesta
Se trata de un templo situado en un pequeño cerro, a unos quinientos metros del pueblo de Escobar de Polendos, con el cementerio adosado en su lado norte, bien visible desde la carretera CL-603. El edificio original se remonta al año 1500, arreglado y reformado sucesivamente en 1769 y 1946[6]. Con respecto al tema que nos ocupa, en su interior se conserva una pintura votiva motivada por la curación milagrosa de una mujer aquejada de tabardillo, que es como antiguamente se denominaba a la enfermedad del tifus exantemático (figura 27). En la escena representada aparece, ocupando la mayor parte del lienzo, una mujer sentada en una cama en posición orante, con la mirada dirigida hacia la esquina superior izquierda en la que se encuentra la imagen de la Virgen dentro de una nebulosa. Completan la escena una mesilla de madera con un vaso y una botella, junto a la cama, y una ventana enrejada en la parte superior del cuadro. En la parte inferior izquierda, y a considerable tamaño, está escrito el siguiente texto:
María Marinas allandose con tabardillo a la muerte su marido Manuel Garido la encomendó a esta imagen y milagrosamente diola salvad. i en agradecimiento puso este cuadro año de 1739. Bezinos de Escobar de Polendos.
Ermita de Nuestra Señora del Otero (Castrillo de Sepúlveda)
Se trata de un sencillo templo situado en lo alto de un altozano, sobre el pueblo de Castrillo de Sepúlveda, dominando un amplio paisaje en todas las direcciones. No se dispone de muchos datos con respecto a esta ermita, pero su culto ya era conocido desde 1643. En el interior, cuelgan de las paredes de la nave numerosos cuadros y carteles nominados con el año correspondiente, pues es costumbre que el mayordomo de la cofradía, cargo que se ejerce por duración de un año, pinte un cuadro, haga un cartel o utilice una fotografía para recordar el evento de la fiesta anual, que tiene lugar el primer viernes de septiembre, cuando se baja la Virgen desde la ermita hasta la iglesia del pueblo, volviéndose a subir en romería en el mes de mayo, el sábado después de la Ascensión[7]. Refiere la tradición, que esta Virgen protege al pueblo de las tormentas y pedriscos, desviando los nublados hacia la localidad de Urueñas, con la que ha rivalizado desde antiguo Castrillo de Sepúlveda. En la pared del lado del evangelio, e inmediato al presbiterio, se encuentra un sencillo cuadro votivo de la ermita, dejado como exvoto por una señora en época reciente, en agradecimiento a la Virgen del Otero, tras salir sana después de pasar un tiempo hospitalizada, según me comunicaron unos informantes locales (figura 28).
Ermita de Nuestra Señora del Otero (Balisa)
Como su nombre indica, se sitúa en lo alto de un otero dominando el pequeño pueblo de Balisa, entidad local menor dependiente de Santa María la Real de Nieva. De origen románico, hoy se encuentra bastante transformada al haber sido objeto de varias restauraciones. El edificio se compone de una única nave, con acceso por el lado meridional y con ábside semicircular precedido por presbiterio recto, cuyas cornisas reposan sobre canecillos igualmente rectos. La fábrica de los muros es de mampostería, con refuerzo de sillarejo en las esquinas y de ladrillo en la unión entre la nave y la cabecera. En el interior destaca un aguabenditera de mármol tallada a partir de un capitel visigodo reconvertido y de una estela funeraria discoidea. Remata la cabecera un retablo barroco del siglo xvii presidido por una talla de la Virgen, recientemente restaurada, provista de túnica y manto. El primer domingo de agosto se baja la Virgen a la parroquial del pueblo, donde permanece hasta el día 15, cuando es retornada a su templo. En una pared de la nave, frente a la puerta de ingreso, se encuentra colgada una pintura votiva en la que aparece un niño elegantemente vestido, de pie y con las manos en posición orante, al que acompaña la imagen de la Virgen incluida en una nube luminosa, en la esquina superior izquierda (figura 29). En la parte inferior izquierda, una leyenda informa de una curación milagrosa:
Juan Martín hijo de Juan Martin vecinos del lugar de Oyuelos estando enfermo le ofreció su padre a Ntra Sra del Otero por cuya intercesión cobro salud y en acción de gracias ofreció poner este retrato en su vendita casa el año de 1703 para Honra y Gloria de Dios y de María Santissima.
Iglesia de San Clemente
La Iglesia de san Clemente es un templo románico situado en el centro de Segovia, en la confluencia de Avenida del Acueducto con la calle Gobernador Fernández Jiménez. Actualmente carece de culto, perteneciendo a la iglesia parroquial de San Millán. Forma parte del interesante y valioso elenco de iglesias románicas que se encuentra repartido por la ciudad. En el interior, se conserva un exvoto pictórico (figura 30), procedente de la iglesia de San Millán, dedicado a la Virgen de la Piedra, cuya imagen tallada en roca caliza en el siglo xii, se encuentra expuesta sobre un pedestal del mismo material litológico, en la referida iglesia. Protagoniza la escena representada en el lienzo un niño, pomposamente vestido, portando tres amuletos colgando de su cintura, y sosteniendo con su mano derecha un ave por las patas, aparentemente una gallina. Dicha mano la apoya sobre una mesa en la que hay varios objetos de pequeño tamaño, difíciles de identificar. En la esquina superior izquierda se muestra la imagen de la Virgen incluida en una nebulosa. En el lado inferior del cuadro una leyenda explicativa, muy deteriorada, cuenta el milagro ocurrido en 1709, cuando el niño Felipe Fernández de Fuensalida, de la parroquia de San Millán de Segovia, tras caer al pozo de su casa, fue rescatado sano y salvo por su padre, después de haberle encomendado a la Virgen de la Piedra.
Ermita de San Antonio de Padua o de Juarrillos
Se encuentra esta ermita en el antiguo término de Hontoria, hoy barrio incorporado a la capital de la provincia. Aunque dedicada a San Antonio de Padua, es conocida popularmente como de «Juarrillos», pues ese es el nombre del paraje donde se ubica, proveniente de una antigua aldea así llamada, hasta que se despobló en torno al siglo xiii. Etimológicamente, «Juarrillos» procede del euskera «juarros», que significa olmos, es decir, lugar pequeño donde abundan los olmos, lo que sugiere que los repobladores de este espacio fueron vascos. El edificio es de planta cuadrangular, con los muros de mampostería y el tejado a dos aguas, puerta de ingreso en el muro occidental, protegido por un atrio sostenido por dos columnas de granito y con el hastial coronado por una espadaña horadada por dos troneras y culminada con un frontón triangular. En el interior destaca el altar barroco de la cabecera y una pila bautismal románica. En la parte sur está adosada la capilla de San Antonio de Padua, que alberga la imagen del santo titular. En la pared del lado de la epístola, a ambos lados de la entrada a capilla de San Antonio, cuelgan numerosos exvotos de variada tipología (figura 31). Podemos ver una amplia panoplia de muletas y bastones, rosarios, figuras anatómicas de cera (piernas, pies, cabezas, corazón), escayolas, una trenza de pelo y unos grilletes. La costumbre de depositar exvotos en este templo comenzó en 1844, cuando se habilitó una barra para colgar las figuras de cera de los devotos, aunque con el tiempo la costumbre se generalizó hasta el punto de que en un reportaje periodístico de 1934 se llamaba la atención al estado de los muros de la capilla del Santo, por entonces cubiertos de exvotos de cera, y a la situación de la puerta de ingreso, orlada de muletas, mortajas, artefactos ortopédicos, etc. entregados en agradecimiento al Santo por curaciones inexplicables para la medicina. En el reportaje se pormenorizan varios ejemplos, como el caso de «Chacurra», vecino de La Granja, que estando inválido tenía que andar con dos muletas, hasta que un día, en la ermita, mientras se oficiaba la misa, sintió una dulzura muy agradable en el pecho y rompiéndose a llorar se puso en pie, tiró a un lado las muletas y gritando de gozo salió al campo bailando al son del tamboril y de la gaita.
De las dos muletas, una de ellas la dejó como exvoto en la ermita. La otra no porque era prestada[8].
En la sacristía se conserva un cuadrito con una inscripción impresa que da cuenta del regalo a San Antonio de Padua de un armonio por parte de dos devotos:
Se regaló es Armonium a S. Antonio de Padua, el año de 1886, a devoción de los vecinos de S. Yldefonso Nicasio Sastre y Margarita de Andrés.
El armonio es un instrumento de viento con teclado, de la familia del órgano, pero carente de tubos y de menor pequeño, propio de salón y también de uso litúrgico en las iglesias. Del referido en la ermita de Juarrillos, no conocemos su paradero, aunque se sabe que en el año 1900 aun estaba en uso en la ermita, pues consta el desembolso de cinco pesetas para la compra de cuatro lengüetas.
Ermita del Padre Eterno
Este santuario, muy conocido en todo el alfoz de la Sierra de Ayllón, se ubica en un bonito soto, a orillas del arroyo Cobos, a unos cuatro kilómetros del pueblo de Estebanvela y a dos de Villacorta. Es probable que la actual ermita tenga su origen en la iglesia de una pequeña aldea llamada Arahuetes en un principio, y más tarde San Martín, que debió despoblarse en torno a los siglos xiv o xv. En 1542, el obispo de Sigüenza, en cuya diócesis se encontraba este enclave, ordenó al cura construir un humilladero para que no fuera profanado el lugar sagrado de San Martín de Arahuetes en el que se habían encontrado numerosos restos óseos humanos. No mucho después, el obispo ordenó utilizar las piedras que quedaban del desaparecido caserío para la construcción de una ermita bajo la advocación de la Santísima Trinidad o Padre Eterno. En el siglo xviii, comenzaron las ampliaciones del viejo templo, y a lo largo de los siglos siguientes se fueron añadiendo nuevos elementos, como un retablo para la Virgen en 1813, y la implementación de diversas reformas en los años 1952 y 1959. El entorno de la ermita se complementa con otros edificios, como el destinado a caballerizas, y que hoy en día sirve de bar durante la celebración de la romería, y la casa del santero. En el soto adyacente, se ha habilitado una zona recreativa con mesas y parrillas. El edificio religioso consta de una sola nave, con la puerta de ingreso abierta en el muro meridional, precedida de un atrio porticado apoyado sobre tres arcos de medio punto, constando inscrito sobre el central el año de 1898.
En el interior se conservan varios e interesantes exvotos (figura 32), confirmando la honda devoción suscitada por este santuario en su área de influencia. Uno de ellos es una pintura votiva, óleo sobre lienzo, alusivo a una sanación milagrosa después de un accidente. En la escena aparece un joven sentado en el suelo y con expresión doliente, acompañado en segundo plano por un asno y por el edificio de la ermita del Padre Eterno, y flanqueado por dos mujeres a ambos lados del cuadro, ataviadas con manto y pañuelo en la cabeza, en posición orante. En la esquina superior izquierda aparece la imagen sedente del Padre, y en paralelo a todo el lado inferior la siguiente leyenda, parcialmente tapada por el marco:
Santiago González hijo de Franco Gonzalz y d Barbara Pérez Vecs de Estebanvela d edad de diez años le ēviarō sus Ps pr un azadón qles les havia olvidado ē esta ermita del Pe Eterno y de vuelta le derrivo la pollina se le metio el azadn pr el muslo qle puso ē peligro de muerte le encomendaron al P Eto y luego sano y pra memoria d este milagro mandaron pintar y ofrecer esta obra (…) año de 1758.
Otro de los exvotos que podemos ver es una estampa que combina un texto y dibujos, algo inocentes en cuanto su diseño, dispuestos alrededor del mensaje escrito, a modo de orla. Comenzando en la esquina superior izquierda, y siguiendo la dirección de las agujas del reloj, tenemos la imagen de la Santísima Trinidad, el escudo de su Santidad Venerable el Papa Pio XII, el escudo de Segovia, una imagen de la Virgen en oración, el rostro de San Juan de Dios y el rostro de la propia Virgen. En cuanto al mensaje escrito, dice así:
En homenaje de adoración, fe y amor rindo este pequeño tributo, cumpliendo una sagrada promesa a la Santísima Trinidad, que se venera en este santuario. Sirva, así mimo para dar gracias por su asidua protección y favores concedidos a este siervo y devoto. Pedir una bendición copiosa para mis padres, hermanos, allegados y bienhechores vivos y difuntos; para la Iglesia, para España, para su predilecto pueblo de Estebanvela y para el mundo entero. Viva y muera con tu nombre en los labios y en el corazón y que en el cielo me una a los Coros Angélicos para alabarte eternamente con el: santo, santo, santo… Palencia, 17 de octubre de 1953. H. Mariano Prieto Bermejo de Sagrados Corazones SS.CC.
Finalmente, encontramos un tercer exvoto consistente en dos condecoraciones militares del ejército de la Alemania nazi, colgadas en la pared dentro de una pequeña urna. Concretamente, una Cruz de Hierro de Segunda Clase y una Cruz al Mérito de Guerra de Segunda Clase con Espadas, dejadas inequívocamente por algún combatiente de la División Azul a su regreso de Rusia (figura 33). Dicha unidad militar, llamada más propiamente en España División Española de Voluntarios y en Alemania 250 Infanterie-Division, formó parte del ejército alemán (Wehrmacht) destinado a la invasión de la Unión Soviética. Desde su alistamiento, en 1941, hasta su repliegue, en 1943, formaron parte de ella unos 45.000 soldados españoles, combatiendo principalmente en el sitio de Leningrado. Por su meritoria actuación en el campo de batalla, la División Azul recibió 17 Cruces al Mérito de Guerra de Primera Clase con Espadas, 2208 Cruces al Mérito de Guerra de Segunda Clase con Espadas, 138 Cruces de Hierro de Primera Clase, 2359 Cruces de Hierro de Segunda Clase, 2 Cruces Alemanas de Oro y 2 Cruces de Caballero de la Cruz de Hierro, una de ellas con Hojas de Roble impuesta por el propio Hitler al General Agustín Muñoz Grandes, primer comandante de la División. Las dos condecoraciones que nos ocupan aparecen acompañadas de un papel con un texto escrito, casi borrado por el tiempo, en el que a duras penas puede leerse lo siguiente:
División. Postrado a tus pies un día Santísima Trinidad oré con fervor de capilla para a la guerra marchar. Mis trabajos y laureles te quise ofrendar por los que en Rusia cayeron por un sagrado ideal. Vuelvo triunfante a tus pies. Mi trofeo dejo en tu altar y una plegaria en silencio por aquellos que se fueron. Dios.
Ermita de Nuestra Señora de la Estrella
Situada a medio kilómetro del pueblo de Casla, la Virgen de la Estrella es la patrona de la localidad. Su origen, una vez más, se debe a la arquetípica aparición de una imagen de la Virgen. En este caso, el milagro ocurrió sobre una jara o estepa, y el testigo fue un pastor, cuyos intentos por trasladar la imagen una vez tras otras daban al traste, al regresar siempre al lugar de la aparición. Finalmente, se decidió construir una ermita allí mismo. El primitivo edificio disponía de una única nave, con un solo cuerpo y la puerta de ingreso en el lado de poniente. Las posteriores reformas y ampliaciones consistieron en la construcción de la bóveda en 1669, de la sacristía en 1695 y del camarín y de la casa del santero en 1725, todo ello gracias a las limosnas de vecinos y devotos. La advocación original recibió el nombre de Nuestra Señora del Estepar, cambiándose a Nuestra Señora de la Estrella a mediados del siglo xvii, poco antes de llevarse a cabo las reformas. El edificio actual consta de nave y cabecera, más alta y cubierta con la bóveda anteriormente mencionada, decorada con frescos que representan motivos vegetales. La puerta de acceso conserva su emplazamiento original, y sobre el muro de los pies se eleva una espadaña con una única tronera y campana. En el interior se encuentra el retablo mayor, de estilo barroco, y seguramente coetáneo a las reformas, cuya hornacina central alberga la imagen de la Virgen.
En lo que concierne al tema que nos ocupa, en un muro de la nave cuelga una pintura votiva donde se da cuenta de la milagrosa salvación de cuatro hombres a los que les cayó un rayo, gracias a la intercesión de la Virgen de la Estrella (figura 34). La escena muestra cuatro personajes masculinos ataviados a la usanza campesina, con sombrero en la cabeza, tres de ellos sentados y el cuarto de pie y apoyado en un bastón, todos bajo un árbol. Junto a ellos, un perro yace en el suelo, alcanzado por un rayo inocentemente representado por una estrecha línea en zigzag. Completan la escena otros dos árboles en segundo plano, presumiblemente enebros, un arbusto en la parte inferior izquierda, y la imagen de la Virgen, de pequeño tamaño, flotando en el aire en el lado izquierdo a media altura. En el lado inferior del lienzo se lee la siguiente leyenda:
El día 12 de julio de 1885 estando acobijados debajo de un enebro Alejandro Ramos, Tomás Sanz, Gabriel Vega y Marcos Martín Vs. todos de este lugar de Casla cayó sobre ellos una exalación sin ocasionarles daño alguno, si bien la muerte de una perrita, que estaba al pie de ellos, invocaron a la Virgen de la Estrella y la Virgen les escuchó.
Ermita de la Nuestra Señora de la Adrada
Este templo se localiza en el término municipal de Otero de Herreros, a unos 1500 m del núcleo urbano, en un agradable emplazamiento junto a un arroyo. Su origen es difícil de precisar, suponiéndose hacia finales del siglo xv, por la estructura de su bóveda, de traza gótica. El edificio actual consta de una nave principal a la que se adosaron otra nave menor en el lado de la epístola y la casa del santero en el lado norte. Sobre la puerta de ingreso se eleva una espadaña provista de dos troneras y de un frontón triangular como remate. En el interior, destaca el retablo mayor del siglo xvii, en cuyo centro se encuentra la imagen de la Virgen, sedente y sosteniendo al niño con su brazo izquierdo. En las paredes de las naves cuelgan varios cuadritos con bordados, firmados y dejados como ofrenda, pero sobre todo destaca un curioso exvoto consistente en dos garras de oso disecadas dentro de una urna de cristal, colocada en la nave adyacente (figura 35). Su presencia se debe al conocido como «El Milagro del Leñador», que se explica mediante una leyenda escrita en verso junto a la urna:
Ante tus ojos contemplas
Metidos en este fanal
Las dos manos de un gran oso
Que ahora te voy a explicar.
Cuentan los antepasados
Que un leñador de esta villa
Fue atacado por un oso
Cuando hacía su gavilla.
En esta difícil situación
A esta Virgen le imploró
Realizándose el milagro
De salvarse este leñador.
Librado fue de la fiera
Que seguía acometiendo
Pues de un árbol con el hacha
Sus dos manos logró cortar.
Fue la bestia mal herida
A esconderse a un matorral
Encontrándose más tarde
Desangrado el fiero animal.
Llamado el leñador Pedro
Y la fiera ser un oso
A este lugar donde ocurrió
Se empezó a llamar «Pedroso».
Agradecido a la Virgen
Y en testimonio de su amor
Las manos que cortó al oso
Con gran cariño ofrendó.
No consta la fecha en la que ocurrió el suceso, ni ningún otro dato que nos permita contextualizarlo. También se conserva un pequeño cuadro votivo (figura 35), dentro de un marco repujado de hojalata, en el que se representa la imagen de la Virgen, con la siguiente leyenda: N. S.ª DIO A TOMAS SANZ AÑO DE 1731. Debajo de la imagen hay un papel con un texto ilegible, en el que seguramente se daría explicación del motivo del exvoto. Podemos ver otros exvotos depositados en este templo, como un cuadrito de la propia ermita, «pintado por Lorenza Prieto a la edad de 89 años 24 de junio de 2015», según reza escrito en el mismo lienzo, y dos lazos de primera comunión enmarcados y acompañados de una etiqueta que dice: «Recuerdo de la primera comunión de P.B. y L.B.»
Iglesia de los Santos Justo y Pastor
Se trata de la iglesia parroquial de Otero de Herreros. Sus inicios se remontan al siglo xv, coincidiendo por el nuevo emplazamiento del pueblo. En 1524 el arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón tuvo que dejar su obra principal, la Catedral de Segovia, y reorientar su trabajo a la ampliación y reforma de otros templos, como esta iglesia y otras del entorno, destacando la de San Eutropio en El Espinar y la de San Sebastián en Villacastín. Las obras no finalizaron hasta el año 1615, con la conclusión del brazo sur del transecto y de la sacristía, obras del maestro Pedro de Brizuela. La iglesia tuvo adosado el cementerio, hasta que Carlos III promulgó la pragmática que obligaba a desplazar los camposantos fuera de las poblaciones. En el interior destaca el retablo mayor del siglo xvii, obra del taller de la familia del Prado, que eran los más prestigiosos entalladores de Segovia en aquellos años.
En cuanto la presencia de exvotos en este templo, tenemos que hacer referencia ineludible al conocido popularmente como el «Cristo de las Melenas», aunque su nombre oficial sea el del Cristo de Crucero (figura 37). Se trata de una talla de Cristo crucificado que ocupa el centro de un retablo situado en el crucero, en el brazo del evangelio. Cuenta la historia que, con motivo de la Guerra de Cuba, un joven recién casado fue movilizado para formar parte de la milicia a las órdenes del General Martínez Campos. Su esposa, de nombre Juana, afligida y preocupada por la suerte que pudiera correr su esposo, acudió a la iglesia y postrándose ante el Cristo del Crucero, le prometió su cabellera como agradecimiento si intercedía para que su marido, de nombre Doroteo, volviera sano y salvo de la guerra. Como así ocurrió, Juana cumplió con lo prometido y se cortó su hermosa cabellera, que todavía puede verse lozana sobre la cabeza del Cristo, sin que nada se haya hecho para facilitar su conservación, lo que también forma parte de la milagrosa historia.
Otros objetos votivos, de los que no hemos encontrado información acerca de su origen, por ser anepigráficos, son una talla de madera del busto del Cristo de Limpias acompañada de dos pesas de granito (figura 38). La historia del Santo Cristo de la Agonía de Limpias se remonta a los inicios del siglo xviii. La talla original, que es un cristo crucificado de 1,80 m colocado sobre una cruz de 2,30 m de altura, se encontraba en la iglesia de los Padres Franciscanos de Cádiz, donde ya tenía fama de milagrero, sacándose en rogativa para prevenir sunamis. Sin embargo, no pudo evitar el derrumbe de la iglesia con motivo de unas inundaciones, de modo que la imagen se trasladó al oratorio de Don Diego de la Piedra, caballero de la Orden de Santiago. A su muerte, acaecida en 1755, disponiéndose lo establecido en su testamento, la imagen del Cristo se trasladó a la villa de Limpias, en Cantabria, localidad natal de Don Diego, convirtiendo a la parroquia de San Pedro de Limpias en el Santuario del Santísimo Cristo de la Agonía. A partir del año 1919 empezaron a correr noticias acerca de los extraños fenómenos que tenían lugar en Limpias, como el movimiento de los ojos, el sangrado y la sudoración del cuerpo tallado, propagándose su fama por todo el mundo y atrayendo la llegada de peregrinos. También se han atribuido a este Cristo sanaciones milagrosas que ocurrían cuando los peregrinos regresaban a sus casas y se ponían en contacto con objetos que habían tocado la talla. En junio de 1920, se reportaron más de 1.000 curaciones certificadas por los médicos. En 1921, el obispo de Santander otorgó indulgencias plenarias por un periodo de siete años a todos aquellos fieles que fueran a visitar al Santo Cristo de Limpias. Desafortunadamente, no hemos podido conocer el origen de este peculiar exvoto debido a la falta de colaboración de las autoridades eclesiásticas a la hora de permitirnos acceder a los archivos parroquiales.
A modo de epílogo: presente y futuro de los exvotos
Los exvotos cristianos comenzaron a utilizarse en España en la Edad Media, adquirieron importancia durante el Renacimiento y el Barroco, y alcanzaron su punto álgido entre los siglos xvii y xix. Su depósito ha sido más habitual en los santuarios, por ser en éstos donde la divinidad está presente, lugar sagrado, por tanto, que atrae a los seres humanos para adorarla o venerarla, y también para buscar la salud, tanto física como espiritual. Por el contrario, es menor la presencia de exvotos en parroquias y catedrales, erigidas más bien con motivo de la traída de reliquias de ciertos mártires[9].
Con los cambios culturales llegados de la mano de la modernidad, incluido el proceso de secularización de las costumbres y las creencias, se ha ido relegando a la religión votiva a poco más que una supervivencia antropológica. En mi observación participante, he podido constatar que tanto los devotos como los que no lo son tanto, desconocen el origen y la motivación, o los conocen muy vagamente, de los exvotos que perviven en los santuarios de su localidad. Este desconocimiento alcanza incluso a los propios párrocos y sacristanes. Durante el siglo xx, la mayor parte de los exvotos que colgaban de las paredes de los templos fueron retirados, quemándose muchos de ellos. Solamente una pequeña parte ha llegado hasta la actualidad, la mayoría de las veces en aquellos santuarios que ostentan la categoría de grandes centros de espiritualidad. Las razones de su desaparición hay que buscarlas, por una parte, en las reticencias de la propia Iglesia hacia unas manifestaciones de religiosidad que quedaban al margen de su control, sospechosas de superchería y superstición, y por otra en el aspecto desagradable de ciertos objetos votivos. En cuanto a la primera cuestión, digamos que al hecho puramente cristiano se le unen otros rituales anteriores a la instauración del cristianismo y relacionados con el agua, el fuego, los montes los árboles y las piedras. Recordemos a este respecto la tradición de las vueltas a la piedra de la ermita de San Frutos para la sanación de las hernias, que es sino uno más de otros ritos similares[10]. Tras el Concilio Vaticano II, se asentó una religiosidad renovada, basada en la simplificación litúrgica y la desornamentación, en la que los exvotos ya no tenían lugar. La higienización y restauración de templos fueron aprovechadas como excusa para llevar a cabo la eliminación, consumándose la pérdida de un patrimonio ya irreparable. También fue causa de la desaparición de exvotos el proceso de desamortización eclesiástica de Mendizábal, pero sobre todo lo fueron los episodios bélicos, en particular la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil. Durante la invasión napoleónica, las tropas francesas saquearon e incendiaron cientos de edificios religiosos, destruyendo innumerables obras de arte y por supuesto exvotos. En los primeros meses de la contienda civil, e incluso antes de la sublevación militar que originó la guerra, el anticlericalismo y la barbarie imperantes en la zona bajo dominio de la República condujo, aparte de al asesinato de religiosos, a la destrucción del patrimonio eclesiástico. Los exvotos que mejor han resistido, y de los que aún se conserva una buena muestra, han sido los pictóricos, y a ello han contribuido sin duda su condición artística y la ausencia de atributos que los hagan antihigiénicos o rechazables a la vista. A través de los exvotos, sobre todo de estos cuadros votivos, nos ha llegado una fuente de información valiosa para estudiar y conocer diversos aspectos históricos, religiosos y antropológicos de las sociedades agrarias tradicionales de las últimas centurias. De su valor, ya se percató, a mediados del siglo xx, el hispanista inglés Gerald Brenan, que en una de las cartas que se intercambió con Julio Caro Baroja, le comenta lo siguiente: «y los exvotos, que van desapareciendo hoy, son algunas veces interesantes».
Sirva este modesto trabajo para vindicar el valor patrimonial de esta singular manifestación de religiosidad popular, y apelar a una llamada de atención hacia su estudio, protección y conservación. Instamos, por tanto, a la Iglesia y a las Administraciones a prestar la atención debida a este capítulo del patrimonio etnográfico y documental. Si no es posible la conservación in situ de los exvotos, al menos que se depositen en museos etnográficos, de arte popular o diocesanos.
NOTAS
[1] CALLEJO, J. 2025. El gabinete de las maravillas y los misterios. Los 101 objetos más asombrosos de la España insólita. Editorial Almuzara S.L. Córdoba, pp. 208-211.
[2] MARTÍN CRIADO, A. 2020. Opus cit., pp. 269.
[3] ESPINOSA SARMIENTO, J.M. 2018. Crónica de la Virgen de la Fuencisla (1916-2018). Cofradía de Nuestra Señora de la Fuencisla. Segovia, pp. 42-44.
[4] SÁNCHEZ SANZ, E. 2019. Opus cit., pp. 751.
[5] HERRERO GÓMEZ, G. 2021. San Frutos. Un eremita en el barranco sagrado del Duratón. Librería Cervantes. Segovia, pp. 242-245.
[6] ANGULO, J.M. 2004. Las ermitas en la provincia de Segovia. Diputación de Segovia, pp. 113.
[7] SACRISTÁN, N.; VICENTE, F. 2018. Las piedras y los paisajes en la cultura tradicional de la provincia de Segovia. Primera aproximación a la etnogeología segoviana. Instituto de Cultura Tradicional Segoviana Manuel González Herrero. Diputación de Segovia, pp. 248-250.
[8] HERRERAS DÍEZ, A. 2021. Juarrillos. Despoblado, ermita y devoción. La provincia de Segovia al detalle nº 3. Diputación de Segovia, pp. 99-100.
[9] FUENTES ALENDE, J. 2024. Los exvotos en Galicia. Su significación en la religiosidad popular: de la cera a los cuadros votivos. Museo de Pontevedra, pp. 72-73.
[10] CHOCHO DE JUAN, F. 2008. A romaría de San Bieito de Cova dos Lobo. En Vázquez González, B (coord.) Tempos de festa en Galicia. Tomo II. Entre o Corpus e o mes de agosto: 142-145. Fundación Caixa Galicia. A Coruña.