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Revista de Folklore número

532



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Las ciringoncias del fraile en la Sierra de Montánchez y Tamuja

RAMOS RUBIO, José Antonio / FERNANDEZ SALAS, José

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 532 - sumario >



Los romances cantados, los bailes, las fiestas populares y los juegos infantiles retratan a los pueblos. Nada mejor para conocer su idiosincrasia, antes de que se pierdan los rasgos diferenciales que aún sobreviven frente a la irresistible tendencia a la uniformidad despersonalizada y el mundo feliz de las redes sociales. Siempre es importante saber a dónde vamos, pero nunca debemos olvidar de dónde venimos, si no queremos perder nuestras señas de identidad acuñadas durante siglos.

Dice Menéndez Pidal que «España es el país del Romancero. El extraño que recorre la península debe tener en su maleta, según consejo de cierto viajero entendido, un Romancero y un Quijote, si quiere sentir y comprender bien el país que visita. ¿Por qué pues de tal modo los romances son una creación literaria original y representativa del pueblo donde nacieron mucho más, que lo puedan ser los cantos épico-líricos de otros países?»[1] El relato de los romances es menos épico y más costumbrista a partir del siglo xvi en tiene lugar la estimación profunda de la poesía popular como consecuencia esencial del Renacimiento, de modo que «…el Romancero se saturó de las esencias poéticas más, naturales, a la vez que más, refinadas del arte hispánico y adquirió esa trabajada sencillez esa difícil facilidad por la que es admirado hoy (…) Y así el Romancero es popular en el alto sentido de la palabra, no vulgar y bajo».

Las canciones, bailes que aquí se describen, son parte del romancero particular de Almoharín y pretenden mantener estos hitos de la memoria colectiva del pueblo antes de que se pierdan definitivamente. Algo así ocurre con los juegos infantiles en la calle cuando no había tabletas electrónicas y el modo habitual de divertirse era en grupo y al aire libre. Quienes tenemos ya cierta edad, también recordamos otras vivencias colectivas desaparecidas, como los pregones en las esquinas anunciando «sardinas gordas, frescas y buenas…»; la feria de ganado en mayo; las parvas y trillos en la Vega esperando a que soplara el aire gallego; los toros en la plaza con los carros alrededor; los dulceros junto a la iglesia vendiendo caramelos a perra gorda y las garrapiñas y confites a perra chica; los mozos jugando a las perras en la plaza; las mozas bailando de dos en dos en La Pirulina hasta que dos mozos se acercaban a partir pareja; tio Valeriano en los portales de la plaza contando historias imposibles a los niños; tio Alonso Borreguero repentizando versos; María la Solana y sus vivas a la Virgen de Sopetrán; la procesión del Nazareno, un Miércoles Santo de los años cuarenta y tantos, conducido por dos grotescos muñecos de fabricación casera disfrazados de soldados romanos con enormes bigotes, uniforme y cartucheras de la Guardia Civil; Jacinto Pirulo con saxofón y Cantalicio con violín, interpretando la Marcha Real durante la consagración en la misa mayor el día de la Virgen de Sopetrán. Así podríamos continuar con un sinfín de historias, personajes y chascarrillos inolvidables que darían para unas cuantas películas de Berlanga y para llenar muchas páginas. Nada mejor para ello que conservar los recuerdos en la inmortalidad de los libros.

I.- Las ciringoncias del fraile

1.- Apuntes semánticos

El nombre de ciringoncia es una de las muchas variantes de jerigonza y jerga, germanías del Siglo de Oro que abundan en autores como Cervantes y Quevedo, y perviven en lenguajes como el cheli madrileño del siglo xx que utiliza palabras como: abrirse, basca, madero, mogollón, muermo, rollo, sobar, etc.[2]. Según Torner, la girigonza es un tema del siglo xvi que «… persiste en la tradición actual con un área de extensión que abarca la mayor parte de la geografía peninsular… uno de los casos que mayor interés pueden ofrecer al folclorista.» con un extraordinario número de variantes, alguna de las cuales recuerda la forma antigua[3]. Considera que, la jerigonza está presente en la tradición lírica actual y cita un antecedente, compuesto en Sevilla (1554) para vihuela de 6 cuerdas[4]. Curiosamente, el motivo es religioso, en este caso, para bailar ante la Virgen:

Así así, cuerpo de nos / aquí veré yo /cómo bailaréis vos /a la Girigonza;/ aquí veré yo/ cómo bailaréis vos / a la Girigonza./ Saltar y bailar/ con voces y grita / y vos renegar /serpiente maldita / la Virgen bendita / os hace danzar / a la Girigonza,/ a la Girigonza, a la Girigonza [5].

Por su parte, Francisco Gómez Ortiz dice que este baile ha recibido diferentes nombres: «la jerigonza con sus variantes polimórficas: jeringonza, jeringosa, caringosa, jirigonza, jiringoncias, agencias jirigüencias, ciringoncias del fraile, el zarandillo, las zarandillas, el zarangollo, las zaramandillas». Indica que «las jerigonzas difieren grandemente de las zaramandillas en cuanto al contenido ya que estas muestran un subido tono lúbrico, no así aquellas». También sitúa este baile a principios del siglo xvi, sin ninguna mención de fraile que, según él, se añadiría en el siglo xvii para favorecer la rima con baile, o por mera inserción satírica[6]. Además, apunta el carácter religioso-mariano posiblemente surgido en las polémicas de exaltación de la Inmaculada por aquellos tiempos. Asimismo, señala la amplia difusión de este baile con sus numerosas variantes en Asturias, La Rioja, Burgos, Zamora, Salamanca, Extremadura, Madrid, Toledo, Ciudad Real, Gerona, Lérida, Tarragona, Sevilla y Jaén y por el sureste en Ayora, Villena, Yecla, Cehegín, Murcia y Cartagena[7].

Cervantes, se refiere a la jerigonza en boca su personaje Pedro de Urdemales, en la comedia del mismo nombre:

Fuime, y topé con un ciego, / a quien diez meses serví, / que, a ser años, yo supiera / lo que no supo Merlín. / Aprendí la jerigonza, / y a ser vistoso aprendí, / y a componer oraciones / en verso aire y gentil [8].

Se deduce del relato que la jerigonza era parte del curriculum en el provechoso aprendizaje de las muchas habilidades que adquirió Pedro con el ciego, lo que permite suponer que en la sociedad de entonces los invidentes ofrecían una cierta variedad de atracciones, más allá de las coplas, a la numerosa concurrencia que concitaban en mercados, plazas y romerías. Por su parte, Covarrubias considera a la jerigonza «Un cierto lenguaje particular de que usan los ciegos con que se entienden entre sí»[9]. Pero, como hemos visto, también se denomina con el mismo nombre un tipo de canto y danza, por lo que es posible que los invidentes incorporasen a su repertorio de coplas ciertas jerigonzas de baile, sustituyendo la germanía por el castellano en los pliegos de cordel para poder vendérselos a los presentes después del espectáculo, como era costumbre. En cuanto a la presencia del fraile en las Ciringoncias, encontramos una letra iconoclasta en la versión de Valverde de Majano3 (Segovia) con alusiones de mofa al fraile que van más allá de la rima o la sátira a las que se refiere Gómez Ortiz, veamos:

Anda fraile cornudo / cornudo fraile / que desnudo, desnudo / sale a la calle. / Que lo quiero ver / correr, saltar /y brincar por el aire / contri más chicharrones / más pringue sale»[10].

El texto sugiere una bufonada colectiva de duro escarnio por mera diversión, o como escarmiento a los supuestos excesos de la víctima: un fraile bigardo, seboso, y tal vez borracho, al que los paisanos correrían desnudo por el pueblo, saltando, brincando y haciendo ridículas piruetas o ciringoncias mientras soportaba todo tipo de burlas y humillaciones de los presentes. ¿Simple episodio o costumbre? En todo caso, podría formar parte de cualquier relato de novela picaresca, en tiempos de escasa delicadeza, cuando era habitual mofarse, con mordacidad y risas gruesas, de personas grotescas por su aspecto físico o vestimenta, pero también de ciegos, cojos, mancos, tartamudos, gordos, flacos y deficientes mentales. Tampoco se puede descartar como causa del maltrato humillante referido, la hostilidad de ciertos sectores hacia el clero, exaltada durante las guerras carlistas, que provocaría la matanza de frailes ocurrida el 17 de julio de 1834 en Madrid, cuando se corrió el rumor de que los frailes habían envenenado el agua de las fuentes públicas[11].

Sea como fuere, consideramos que la letra de Valverde de Majano da sentido a la presencia del fraile en las Ciringoncias o Gerigonzas extendidas en tantas localizaciones geográficas. La costumbre acabaría sustituyendo la chanza inmisericorde contra el clérigo, por unas Ciringoncias veniales, más civilizadas que las anteriores, como medio bromista de diversión colectiva en donde todos pueden reírse de todos en igualdad de condiciones. De este modo, en las que conocemos de Almoharín, cada cual puede reírse de sí mismo cuando baila, como fraile sin hábito, en medio del griterío y reírse de los demás o gritar lo que le plazca cuando se encuentra de espectador. Así, todo el mundo queda igualado.

2.- Las ciringoncias de Almoharín

Las Ciringoncias de Almoharín son un baile bufo que se desarrolla cuando se reúne un grupo numeroso de gente dispuesta a divertirse con las piruetas de los que bailan al ritmo de una canción, transgresora y festiva, cantada por los asistentes, que se agrupan en corro de modo espontáneo para que bailen en medio una o dos personas como máximo. No se necesita orquesta, aunque ayuda cualquier instrumento musical, sobre todo si es de viento: saxofón o trompeta, por ejemplo y, por supuesto, un buen tambor para marcar el ritmo. De todos modos, lo más habitual era la interpretación a viva voz por parte de las mujeres que, en este como en otros menesteres, solían llevar la voz cantante. Las Ciringoncias que hemos conocido hasta hace poco constituían una expresión multitudinaria, muy popular, que concitaba unánime e inmediata adhesión en cuanto alguien empezaba a cantar. Todo el mundo dejaba lo que estaba haciendo para incorporarse al grupo. Era muy popular en fiestas o concurrencias multitudinarias del pueblo, aunque también lo era en muchas localidades próximas y lejanas, con distintas variantes de la letra, según el lugar, mientras que estribillo suele ser siempre es el mismo:

Cantar y bailar/ saltar por el aire /

que estas son / ciringoncias de un fraile.

Las Ciringoncias tenían lugar siempre en lugares festivos muy concurridos, donde las mujeres adoptaban un especial protagonismo y solían organizar la concurrencia, llamando a la gente para formar corro en el que ellas siempre tenían mayoría. Contaban los mayores, que en Almoharín las Ciringoncias eran propias del Jueves de Comadres, en vísperas del Carnaval, esa especie de Matronalia[12] en que las damas mandaban y se soltaban el pelo. Pese a la prohibición del Carnaval, después de la Guerra Civil, las Ciringoncias solían interpretarse de modo espontáneo y así permanecieron, hasta finales del siglo pasado, en determinadas fiestas o celebraciones especiales: la Velá, la Virgen de Agosto, un baile de boda, o en cualquier ocasión en que se juntara gente con humor para formar un corro.

Durante el baile se producía un enfrentamiento sano entre la valentía de las mujeres y la timidez de los hombres[13] en donde ellas solían salir ganadoras. Era la finalidad irreverente del baile y el mejor modo de provocar la sonora hilaridad de la multitud. Con las Ciringoncias desaparecían las inhibiciones. En sus distintos lances se solía buscar el efecto más sorprendente. Se solía elegir como pareja a gente tímida o estrafalaria: grandullones, bajitos, miopes, gordos, flacos, forasteros, etc. Tampoco se libraba la gente mayor, aunque anduviera con bastón y, en alguna ocasión, hasta el cura o la pareja de la Guardia Civil. Solía decirse que ni los cojos podían estar seguros de que no los sacaran a bailar las Ciringoncias. Los distintos lances durante el baile se sucedían entre el regocijo y griterío ensordecedor de los concurrentes, que subía de tono, con mofas y vituperios, si alguien se negaba a participar, puesto que no se podía estar allí de mero espectador. Por eso, había quien contemplaba el espectáculo desde un discreto alejamiento, que nunca era suficientemente seguro porque los danzantes, llegado el caso, salían del recinto a buscarlos, lo que aumentaba el griterío y la hilaridad a niveles ensordecedores.

El baile se iniciaba cuando el corro empezaba a cantar y una moza sin complejos se atrevía a iniciar el baile en medio de la multitud, dando rodeos en el espacio disponible, mientras el grupo cantaba la letra de la canción. La postura de baile es con los codos a la altura de los hombros, como en la jota, chasqueando los dedos mientras los brazos oscilan a izquierda y derecha, siguiendo el ritmo que marcan los asistentes batiendo palmas. Cuando el corro dice: «… busque pareja…» elige entre los presentes a un compañero con quien compartirá algunos compases del baile, por separado y mirándose a la cara, hasta que se canta: «...déjale solo…» Entonces abandona la pista la mujer y el hombre baila sin pareja repitiendo la rutina hasta que se dice de nuevo: «…busque pareja…» y el que baila consigue que salga una mujer y así sucesivamente, repitiendo el ciclo y la letra una y otra vez, hasta que nadie sale a bailar o se decide acabar. Sólo puede haber una pareja en la pista o un solo danzante mientas busca pareja. Así, se va turnando para que todos participen. Se repite el ciclo y la letra una y otra vez, de modo que el baile dura lo que quieran los participantes, reiterando la letra y los pasos de baile hasta que se decide acabar. En las Ciringoncias, los danzantes concentran la atención de los asistentes y, por supuesto, atraen todos los comentarios, aplausos, chanzas y gritos imaginables.

Por lo que sabemos, en Almoharín se mantuvo la costumbre de bailar las Ciringoncias hasta finales del pasado siglo. Por eso es importante su recopilación como parte de la historia del pueblo, para mantener la memoria en el futuro y tal vez alguna interpretación festiva de recuerdo.

a. Letra y modo de baile de las Ciringoncias de Almoharín

La letra de las Ciringoncias que figura más adelante la encontramos, escrita en papel cuadriculado, dentro del cajón de un mueble familiar. El resto lo recuerda bien porque nunca se perdió unas Ciringoncias cuando era mozo. Es posible que haya otras versiones, puesto que en romances y canciones populares las hay para todos los gustos. Aún dentro del mismo pueblo o del mismo barrio, cada cual tiene su propia letra, pero todas valen, según Victoria Morera porque: «En su origen, hay un autor, pero la obra es cantada y musicada por la gente y la obra acaba siendo una obra popular en la que cada intérprete introduce sus propias variaciones, de ahí las diferentes versiones de un mismo poema»[14]. Algo similar afirma Manuel Machado en unos versos:

Hasta que el pueblo las canta,

las coplas, coplas no son,

y cuando las canta el pueblo

ya nadie sabe el autor[15].

En resumen, podríamos decir, que la única letra buena de una canción es la que nos sirve para cantarla.

Se inicia el baile formando un corro, casi siempre de modo espontáneo, que empieza a cantar y, enseguida, sale a bailar una mujer (habitualmente una moza, pero podría ser un mozo). Se sitúa en el centro de la pista y la recorre dando vueltas sin dejar de bailar mientras cantan los concurrentes:

Saltar, saltar y brincar

(Inicia el baile una mujer, habitualmente)

y andar por el aire

que estas son

ciringoncias de un fraile

Que la quiero ver bailar,

Saltar y brincar

Y andar por el aire

Que estas son

ciringoncias de un fraile

Sola la dejen,

déjenla sola,

por lo bien que lo baila este moza:

Déjala sola,

sola bailando,

que a mi niña le gustan los tangos.

Que la quiero ver bailar…

Busque pareja,

pareja busque

que a mi niña le gustan los dulces

Que los quiero ver bailar ...

(entra el invitado y bailan en pareja)

Solo lo dejen,

déjenlo solo,

por lo bien que lo baila este mozo

(sale la mujer al final de la estrofa)

Que le quiero ver bailar…

(baila solo el hombre)

Busque pareja,

pareja busque

que a mi niño le gustan los dulces

Que los quiero ver bailar…

(entra la invitada, bailan en pareja y continúa el ritual hasta que no hay más danzantes o se decide acabar).

b. Partitura de las Ciringoncias de Almoharín

A continuación, se indican unas breves referencias de la Ciringoncia de Alcuéscar y la Gerigoncia de Albalá en las que encontramos algunas semejanzas con las Ciringoncias del Almoharín.

3.- La Ciringoncia de Alcuéscar

La versión de Alcuéscar, en la parte recopilada por Bonifacio Gil[16], coincide prácticamente con la de Almoharín.

Saltar, saltar y brincar

y andar por el aire

qu’estas son ciringoncias de un fraile

Que siga saltando,

bailando y brincando,

que a mi niña le gustan los tangos

Que busque compaña,

que a mi niña le gustan los dulces

(busca la moza)

Que solo lo dejen

que lo dejen solo

por lo bien que lo baila este mozo

4.- La geringoncia, baile de piñata de Albalá

La alusión a la Piñata en la recopilación de M.ª Pilar Barrios Manzano[17], sitúa a este baile en las fiestas de Carnaval, como ocurre con las Ciringoncias de Almoharín. En ambos casos se trata de composiciones laicas, sin referencias religiosas. La música es similar a la de las Ciringoncias de Almoharín, aunque la letra tiene variaciones significativas. Veamos:

Que la quiero ver bailar,

saltar y brincar

y andar por el aire

que a mi niño le gustan los frailes

Saltar y brincar

y andar por el aire

que estas son ciringoncias de un baile

Baile sin duda

que a la calle se sale desnuda.

Pobre la Inés

que a la calle se sale otra vez.

Que busque compaña

que compaña busque

que a mi niña le gustan los dulces.

Que déjala sola

que sola bailando

que a mi niña le gustan los tangos.

Engánchela usted

a saltar y brincar

que estas son ciringoncias de un baile

Baile sin duda

que a la calle se sale desnuda.

Pobre la Inés

que a la calle se sale otra vez.

Que déjala sola

que sola bailando

que a mi niña le gustan los tangos.

Si a ti te duele el culo

de estar sentada

a mí me duele la mano de la aguijada

Engánchela usted

a saltar y brincar

y andar con un pie

con gracia y primor.

Llama la atención que en el cuarto verso se diga: «a mi niño le gustan los frailes», en lugar de «a mi niña» como debiera ser si tenemos en cuenta que es la expresión más común a las versiones conocidas. Este cambio de género sugiere algún tipo de censura de urgencia que, por cierto, empeora el significado. Además, es la única alusión al fraile porque cuando repite: «saltar y brincar …» termina la frase diciendo: «…que estas son ciringoncias de un baile» con rima asonante forzada. Se alude al desnudo, como en Valverde del Majano, cuando dice: «…baile sin duda que a la calle se sale desnuda...». Más, adelante, se exige en lenguaje castizo:

Si a ti te duele el culo / de estar sentada / a mí me duele la mano de la aguijada.

También hay que señalar un paso de baile peculiar con un solo pie y ayuda del acompañante:

Engánchela usted / a saltar y brincar y andar con un pie / con gracia y primor.

Como podemos observar, en las distintas Ciringoncias (o Gerigonzas, etc.) se repiten algunos versos y varían otros pero el fondo del relato es recurrente. Sin duda, el texto de Albalá sugiere situaciones más atrevidas y transgresoras que el de Almoharín.

Desde la Edad Media hasta el Siglo de Oro era habitual la mofa irreverente con una mezcla de ingenuidad y descaro, como vemos en el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita en donde Don Carnal, amante de los placeres de la vida, se enfrenta a Doña Cuaresma que le advierte el memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris del Miércoles de Ceniza. Aún en la literatura picaresca y en el Quijote podemos encontrar muestras de esta desvergüenza desinhibida y creativa. Tal vez, en tiempos menos tolerantes y oscurantistas fueran modificadas algunas de estas manifestaciones transgresoras para hacerlas compatibles con las exigencias del comportamiento social imperante. Sabemos que las Ciringoncias, Cirigoncias, Jerigonzas, Jiringoncias, etc. ya se cantaban y bailaban en el siglo xvi, aunque seguimos sin saber cuándo y cómo llegaron a Almoharín.

5.- La sarabandilla y el demonio del calderero

Estas canciones se solían cantar junto a la lumbre y a la luz del candil en las largas noches de invierno próximas a la Navidad, aunque sus relatos nada tienen que ver con la festividad religiosa. Formaban parte del repertorio de cánticos de todo tipo que acompañaban al romance de la Noragüena y a otros villancicos. Para marcar el ritmo, se utilizaban zambombas, almireces, botellas de anís a las que se raspaba con cualquier objeto metálico y demás instrumentos improvisados que hicieran ruido. Estos cantos colectivos eran un modo peculiar sacro-profano de celebrar la Buena Nueva, en donde podían convivir lo trágico, lo cómico, lo rudo y lo sublime. La devoción era compatible con cierto sarcasmo para reírse de las penas, que no eran pocas. Como ejemplo, véase la adaptación de la letra en un conocido villancico:

Esta noche es Nochebuena / y mañana hay cañamones / ha parido la estanquera / un celemín de ratones / uno blanco, uno negro / y otro con el rabo tieso. Tal vez no sea exclusiva de Almoharín:

5.1.- La Sarabandilla

El nombre de sarabandilla podría referirse a una modalidad menor de la zarabanda: danza lenta y sensual de los siglos xvi y xvii, poco apta para gentes bien pensantes y a la que Cervantes se refiere en El celoso extremeño como «...endemoniado son de la zarabanda»[18]. Es posible que se sustituyera «z» por la «s» en zonas en donde se cambia la pronunciación de la primera por la segunda, como ocurre en algunas zonas de Andalucía y en Canarias. Así tendríamos: la Zarabandilla o la Sarabandilla que en el caso que nos ocupa no es exactamente una danza lenta, aunque lo hubiera sido alguna vez. Lo que nos ha llegado con ese nombre es un relato truculento y tragicómico que bien pudo ser originalmente una canción de ciego en pliego de cordel, que vendían los invidentes después de sus actuaciones en plazas y mercados. La Sarabandilla es una canción con estribillo que se canta en grupo. Puede haber una voz solista que canta las estrofas, mientras los demás cantan el estribillo o, sencillamente, todos cantan todo.

Según nos cuenta la Sarabandilla, dos hermanas: la grande y la chica, oyen unos ruidos cuando iban a acostarse. Deciden averiguar lo que pasa y encuentran al sacristán escondido por los rincones. El encuentro acaba de mala manera para el intruso. Veamos la letra:

Esto eran dos hermanas, la sarabandilla

que se iban a acostar.

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

La grande dice a la chica, la Sarabandilla:

se oye ruido en el zaguán.

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

La grande coge una estaca, la sarabandilla,

la chica luz p’alumbrar.

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

Y al mirar por los rincones, la sarabandilla,

encuentran al Sacristán,

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

Le pegan una paliza, la sarabandilla

y lo tiran al corral.

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

Y tuvo tan mala suerte

que cayó en un barrizal

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

la grande le daba palos, la sarabandilla

y la chica mucho más,

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

Y le sonaban los huesos, la sarabandilla

como nueces en costal.

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

al otro día las campanas, la Sarabandilla,

doblan por el Sacristán

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

La grande se pone el luto, la sarabandilla

y la chica mucho más.

La sarabandilla andilla, la sarabandilla andán.

5.2.- El demonio del calderero

Se trata de la historia divertida de un calderero peculiar con un ojo de cristal. La moza a la que ronda quiere casarse con él a toda costa y no le importa que tenga el ojo de cristal o no lo tenga. Cuando se casan surgen todo tipo de problemas porque el demonio del calderero lo hace todo al revés: cuando va a misa se lava con el agua bendita no le importa que al hincarse de rodillas se le vaya el punto de atrás en medio de toda la concurrencia, lo que provoca un cierto alboroto.

Un calderero me ronda,

un calderero me ronda

por la tapia del corral, toma y ven.

Un calderero me ronda

por la tapia del corral,

Que le den usted, que le van a dar,

por la tapia del corra.

El demonio el calderero,

el demonio el calderero,

tiene un ojo de cristal, toma y ven.

El demonio el calderero,

tiene un ojo de cristal.

Que le den usted, que le van a dar,

tiene un ojo de cristal.

Si lo tiene o no lo tiene,

si lo tiene o no lo tiene,

yo con él me he de casar, toma y ven.

Si lo tiene o no lo tiene

yo con él me he de casar.

Que le den a usted, que le van a dar,

yo con él me he de casar.

La primer noche de bodas,

la primer noche de bodas,

no tenían que cenar, toma y ven.

La primer noche de bodas,

no tenían que cenar.

Que le den usted, que le van a dar,

no tenían que cenar.

Hizo una ensalada verde,

hizo una ensalada verde,

sin aceite y poco pan, toma y ven.

Hizo una ensalada verde,

sin aceite y poco pan, toma y ven.

Que le den a usted, que le van a dar,

menudita y poco pan.

A la mañana siguiente,

a la mañana siguiente,

a misa fue el animal, toma y ven.

a la mañana siguiente,

a misa fue el animal.

Que le den a usted, que le van a dar,

misa fue el animal.

Al tomar agua bendita,

al tomar agua bendita,

la cara quiso lavar, toma y ven.

Al tomar agua bendita,

la cara quiso lavar.

Que le den a usted, que le van a dar,

la cara quiso lavar.

Y al jincarse de rodillas,

y al jincarse de rodillas,

se le fue el punto de atrás, toma y ven.

Y al hincarse de rodillas,

se le fue el punto de atrás.

Que le den a usted, que le van a dar,

se le fue el punto de atrás.

Al oír tanto alboroto,

al oír tanto alboroto,

salió el cura y sacristán, toma y ven.

Al oír tanto alboroto,

salió el cura y sacristán

Que le den a usted, que le van a dar,

salió el cura y sacristán.

Le metieron en la cárcel,

le metieron en la cárcel,

le hincharon de bofetás, toma y ven.

Le metieron en la cárcel,

le hincharon de bofetás.

Que le den a usted, que le van a dar.

Le hincharon a bofetás.




NOTAS

[1] MENÉNDEZ PIDAL: Flor nueva de romances viejos, pp. 11-12. Espasa Calpe, 1938. Edic. 2010.

[2] DI PINTO ELENA. Univ. Complutense. Madrid. Germanía. El habla de los delincuentes en la literatura del Siglo de Oro (despertaferro-ediciones.com). consult.9.10.2023.

[3] TORNER E. M.: La canción tradicional española, en F. CARRERAS Y CANDI (dir) folklore y costumbres de España II. Primera edición 1944. Ed. facsímil 1988 p.101.

[4]Ibídem, p. 101.

[5] Gómez Ortiz, F: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1290609 P. 101.

[6]Ibídem, p. 113.

[7]Ibídem, pp. 100 y 101.

[8] Miguel de Cervantes Saavedra. Comedia de Pedro de Urdemalas | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

[9] COVARRUBIAS, Sebastián de: Tesoro de la Lengua Española. Edición de Martín de Riquer de la RAE. 1611. Edit. Alta Fulla, Barcelona 1993/1943.

[10] MARAZUELA, A. Cancionero de Castilla, Diputación de Madrid, 1981. (lapalabramasnuestra.blogspot.com). Consult. 9.10.2023.

[11]Fontana, 1977, pp. 99-100. Matanza de frailes en Madrid de 1834 - Wikiwand. Consult: 8.102023.

[12] En la religión de la Antigua Roma, la Matronalia (o Matronales Feriae) fue una fiesta que se celebraba, desde 268 aC. en honor de Juno Lucina, la diosa del parto .Las mujeres recibían regalos de sus maridos e hijas y también podían llevar el pelo suelto (contrario al decoro romano, que requería llevarlo recogido). Wikipedia. Consult: 9.10.2023

[13] Recuérdese la vieja letrilla popular que dice: « En este pueblo no hay mozos / y si los hay no se atreven, / que vienen los forasteros / y se llevan las que quieren»

[14] . LOS ROMANCES. Consult: 9.10.2023

[15] Manuel Machado. Copla - Wikiwand. Consult: 10.10.2023

[16] DRUMMOND, H.: La Ciringoncia. Fondo de Música Tradicional IMF-CSIC. Edic. Ros Fábregas. http://musicatradicional.eu/piece/25949. Consult: 29.03.2020.

[17] BARRIOS MANZANO, M.P.: Danza ritual en Extremadura. Biblioteca Virtual de Extremadura, pp. 90 y 91.

[18] Zarabanda - Wikiwand. Consult: 10.10.2023.



Las ciringoncias del fraile en la Sierra de Montánchez y Tamuja

RAMOS RUBIO, José Antonio / FERNANDEZ SALAS, José

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 532.

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