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Revista de Folklore número

532



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Gérticos, Wamba y Simancas

CARRIEDO TEJEDO, Manuel

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 532 - sumario >



I. Gérticos, Bamba y el ‘monte Caure’

El obispo Julián de Toledo (680-690) situó de forma muy exacta el lugar de la diócesis salmantina donde aconteció la muerte del rey Recesvinto (649-672) y la elección de su sucesor Wamba (672-680): «Sucedían en efecto estas cosas en la villa a la que la antigüedad dio el nombre de Gérticos, la que distante casi ciento veinte millas desde la ciudad real [Toledo], está situada en territorio Salmaticense»[1]. Un corto pasaje que naturalmente ha llamado la atención de la crítica moderna, que por regla general viene ubicando la ‘villula’ de Gérticos en el curso del río Jerte (afluente del Alagón y subafluente del Tajo) en la actual provincia de Cáceres:

– Para José Orlandis Rovira: «Recesvinto y la Corte dejaron la angostura del valle del Tajo en busca de las abiertas tierras salmantinas… la villa de Gérticos… a orillas del río Jerte… y sin que pudieran impedirlo los cambios de aires o la cura de aguas… falleció en el mismo Gérticos»[2].

– Luis Agustín García Moreno dice que «Recesvinto lograría morir en paz en su finca de Gérticos, situada en el valle del Jerte, sobre la calzada que unía Toledo con Salamanca»[3].

– Pablo de la Cruz Díaz Martínez se refiere a «una villa de nombre Gerticos, que el obispo de Toledo sitúa en el ‘territorium’ de Salamanca y a unos 180 kilómetros de Toledo. La toponimia y la distancia podrían estar apuntando a la actual comarca extremeña del Jerte»[4].

– Y Rafael Barroso Cabrera, Jesús Carrobles Santos y Jorge Morín de Pablos, apuntan que «casi todos los autores identifican Gérticos con Jerte, no lejos de Plasencia y Yuste… en algún punto del valle del río homónimo, quizá la misma Plasencia o un punto entre ésta y Galisteo, un lugar que se acerca bastante a las 120 millas (unos 190 km) de Toledo que informa la crónica… perteneciente al territorio salmantino»[5].

No deja de sorprender, pues, que justo 200 años después tres fiables crónicas de finales del siglo ix divergieran entre sí en relación con Gérticos: la ‘Crónica Albeldense’, que en 881 se ajustó a la noticia juliana (uilla Gerticos territorio Salamanticesi[6]); la redacción culta (‘a Sebastián’) de la ‘Crónica de Alfonso III’, que introdujo el nombre de un ‘monte Caure’ (Gerticos, que nunc *** in monte Caure dignoscitur esse[7]); y la redaccion vulgar o ‘rotense’, que identificó Gérticos con una Bamba sita junto a dicho ‘monte Caure’ (Gerticos, quod nunc a bulco appellatur Bamba qui in monte Caure esse dignoscitur[8]). Una desconcertante identificación que luego fue asumida por tres textos plenomedievales:

A) La ‘Crónica Najerense’ [post 1173] que copió casi a la letra: Gerticos, que nunc a uulgo vocatur Bamba, que in monte Cauriensi esse dinoscitur[9]. Pues convierte por primera vez el monte ‘Caure’ en ‘Cauriense’.

B) Lucas de Tuy [† 1249], que únicamente aludió al ‘monte Cauriense’ (uilla nomine Gerticos, que in monte Cauriense sita est[10]).

C) Y don Rodrigo de Toledo [† 1247], que sólo aludió a la ‘villa’, y que al inscribirla en la diócesis de Palencia (Gerticos, nunc Bamba dicitur in territorio Palentino[11]), vino a apuntar directamente a la actual Wamba (vallisoletana[12]), que en el siglo xiii sí pertenecía a la jurisdicción palentina[13].

Alterando así definitivamente el sencillo testimonio juliano, lo que también ha sido objeto de análisis por parte de la crítica, pero ahora con desigual resultado, según puede observarse en los siguientes autores:

– José Luis Moralejo Álvarez, que después de referir cómo la identificación de Gérticos con Wamba le «parece bastante razonable», puntualiza que en tal caso: «habría que admitir que el ‘mons Caure’ corresponde a los actuales Montes Torozos [Valladolid], lo que no cuadraría muy bien con la verosímil posibilidad de que Caure corresponda a la antigua ‘Cauria’, actual Coria, en Cáceres, favorecida por el hecho de que ‘Gerticos’ hace pensar en el río Jerte, cercano a la mencionada sede episcopal extremeña»[14].

– Justo la argumentación contraria expuesta por Carlos Manuel Reglero de la Fuente, que después de recordar cómo «en el siglo xiii la identificación entre Gérticos y el Wamba vallisoletano era aceptada sin discusiones», refiere en relación con el ‘mons Caure’ de la ‘Crónica de Alfonso III’ que «aunque puede tratarse del monte de Coria, creo que lo más probable es que se refiera a Torozos, ya denominado ‘monte Kauriense’ en el 927»[15].

– Pues Rafael Barroso Cabrera, tras reafirmarse en la ubicación juliana de Gérticos (en la diócesis ‘salmantina’) concluye incorporando a su análisis el ‘mons Caure’ que también cita (sin añadir villa alguna) la versión culta de la ‘crónica alfonsina’ (‘a Sebastián’), asumiendo su identificación «con la línea de sierras situadas al norte de Coria… la comarca Las Hurdes y Las Batuecas, esto es, la línea que forman la Sierra de Gata, la Sierra de la Peña de Francia y la Sierra de Béjar. En este último punto se encuentra la población de Jerte y el río homónimo que habría dado nombre a la ‘uillula’»[16].

II. Vestigios y topónimos ‘antiguos’

Ahora bien. Es sabido que los topónimos se repetían (igual que hoy) en muy variados ámbitos geográficos, como la pontevedresa Lalín (y su homónima en el bracarense río Cávado: ripa Catauo villa Lalini[17]); la orensana Allariz (y la situada entre los ríos Duero y Támega: uilla Alarizi inter duo flumina Durio et Tameca[18]); la berciana Cacabelos (en tierra portucalense: illo casal de Cacavelos… territorio portugalense[19]); Astorga (en tierra lucense: discurrente rivulo Sarria, super castro Astorica[20]); y la zamorana Moreruela (in uilla quam dicunt Morariola, suburbio ciuitatis Zamora[21]) en la costa portuguesa: uila que dicent Morerola rriba de mar… teredorio portukalensis[22]). De modo que no es necesario acudir necesariamente a la vieja Coria para ubicar el ‘monte Caure’ traído en las dos versiones de la ‘Crónica de Alfonso III’. En realidad son muchos los topónimos menores anteriores a la caída de la monarquía toledana que ignoramos, y la ‘crónica alfonsina’ es una buena vía para conocer (junto a las viejas sedes episcopales) los nombres de algunas plazas tomadas por los musulmanes (incluida Simancas) que fueron atacadas muy temprano por el astur Alfonso I de Cangas (739-757) a fin de hacerse con todos los recursos posibles, también los humanos, para revitalizar su pequeño reino cantábrico (desde Iria, pasando por el norte de Galicia, Asturias, Liébana, Transmiera, Álava, y hasta Sopuerta y Carranza), antes de que los muslimes se replegaran (a partir de 754) tras el Sistema Central, abandonando a su suerte todo el territorio:

Tomó por la guerra muchas ciudades, a saber: Lugo, Tuy, Oporto, Anegia [Eja, Duero portugués], Braga la metropolitana, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca… Zamora, Ávila, Astorga, León, Simancas, Saldaña, Amaya [N.E. de Burgos], Segovia, Osma, Sepúlveda, Arganza [junto a Osma], Coruña [del Conde, S. de Burgos], Mave [N.E. de Palencia], Oca [E. de Burgos], Miranda [de Ebro], Revenga [N. de Burgos], Carbonárica, ‘Abeica’, Cenicero y Alesanco [riojanas], y los castillos con sus villas y aldeas, matando además por la espada a los árabes, y llevándose consigo a los cristianos a la patria[23].

Así pues, durante el siguiente proceso de ‘ocupación’ meridional, los ‘repobladores’ de Ordoño I (850-866) y su hijo Alfonso III (866-910) se encontraron un siglo después con variados vestigios, como la tumba del rey Rodrigo en Viseo («en nuestros rudos tiempos, cuando la ciudad de Viseo y sus alrededores fueron poblados por nuestro mandato, en cierta basílica de allí se encontró un sepulcro en el que está escrito encima un epitafio de este tenor: ‘Aquí descansa Rodrigo, último rey de los godos’»[24]); el cenobio fundado en Braga por el ínclito Frucuoso (quod fuit edificatum a beato Dei uiro Fructuoso… quod ab antico cognoscitur fore in Sancti Saluatoris fundatus honore[25]); el sanabrés de San Martín de Castañeda (hic locus antiquitus diu mansit dirutus); el berciano de San Pedro de Montes, asimismo fructuosiano (insigne meritis beatus Fructuosus, postquam Complutense condidit cenobium, et nomine sancti Petri, brebi opere in hoc loco fecit oratorium); los leoneses de San Miguel de Escalada (hic locus antiquitus… post ruinis abolitus, diu mansit dirutus[26]) y San Cipriano de Valdesaz (baselica antiqua et monasterio fratrum constructum… super crepidinis aluei Estula[27]). Y es seguro que conocieron buen número de topónimos en los que también se entretuvieron en constatar su ‘antigüedad’:

A) Como hizo la propia ‘crónica alfonsina’ al referir las ‘repoblaciones’ Ordoño I (en León, Astorga, Tuy y Amaya) en 850-866: ciuitates ab antiquitus desertas, id est, Legionem, Astoricam, Tudem et Amagiam Patriciam muris circumdedit, portas altitudinem posuit[28].

B) Y la ‘Crónica de Sampiro’, al aludir a Zamora, Simancas y Dueñas ‘asimiladas’ por el rey Magno en 899 (vrbes desertas ab antiquitus, populare iussit[29]); y la vieja Salamanca ‘ocupada’ por Ramiro II en 940: ad ripam Turmi ire disposuit, et ciuitates desertas ibidem populauit. Hee sunt: Salamantica sedes antiqua castrorum, Letesma[30].

C) Por no hablar de arcaicas presas (ad populacionem de Legione… laborauerunt presa, de stirpe antiquo[31]); hidrónimos como el Esla (super crepidinem aluei antiquitus Extula nuncupata[32]); recintos amurallados (in Legione… duas turres in murum antiquissimum[33]); y pretéritas edificaciones (in Astorica… carcer antiquus… ut putamus, fuit templum paganorum[34]).

Y hasta viejas calzadas (como la que pasaba por Sahagún: secus strata ab antiquisimis ominibus fuit fundata[35]) conducentes a lejanas plazas que habían mudado su nombre (incluso al árabe) después de las centurias transcurridas desde la hecatombe de 711, según recogieron varios textos de los siglos x, xi y xii:

D) El ‘Anónimo continuador de Alfonso III’, al referirse a Ordoño II (911-924): castrum Colubri [Culebra], quod nunc a caldeis Alhanze [Alange] nominatur, inuasit[36].

E) El citado Sampiro: [Ordoño II] cepit supradictam Nagaram [Nájera], que ab antiquo Trucio uocabatur [Tricio][37].

F) Y la ‘Historia Legionense’, cuando refiere que Fernando I (1038-1065): siquidem ad ciuitatem Complutensem [Compludo], que nunc Halcala vocatur pertingens [Alcalá de Henares], depopulatis ferro et flamma undique eiusdem prediis, circumvenit menia castris[38].

El primero de cuyos autores cometió el error de identificar la toledana Talavera con la lusitana Évora (Ordonius belliger exercitum rursus movens, in Elboram civitatem Toletani regni, que nunc Talavera vocatur, profectusi est[39]). Pues sabemos que Ordoño II se lanzó (en 913) contra dicha plaza portuguesa, según puso de manifiesto el cordobés Ibn Hayyan al aludir a «Ordoño, hijo de Alfonso… el que conquistó Évora»[40]. Un error similar al que cometió en dos ocasiones la versión ‘rotense’ de la ‘Crónica de Alfonso III’ al identificar Gérticos con la Bamba del ‘monte Caure’ (recordemos: Gerticos, quod nunc a bulco appellatur Bamba qui in monte Caure esse dignoscitur[41]); y al confundir luego Zamora con la remota Numancia (Numantia qui nunc uocitatur Zamora[42]), cuyas ruinas sí fueron bien ubicadas en una carta riojana de 1016 (sin saber muy bien lo que eran) junto a la actual Garray soriana: Garrahe, antiqua civitate deserta, et ad flumen Duero[43].

III. El ‘monte Cauriense’ y Rioseco

Pues bien. Por lo que respecta a la extraña identificación de la otrora ‘villula’ de Gérticos (sita en el actual solar cacereño) con la villa de Wamba (hoy vallisoletana), cree Reglero que «surgiría a fines del siglo ix o inicios del x, en el mismo momento en que Alfonso III asienta su poder en estos montes donde se encuentra Wamba»[44]; o sea, durante la ‘repoblación’ del territorio de Rioseco:

1º) Porque al oeste de Wamba se localiza una elevación montañosa que en los siglos altomedievales era conocida con el nombre de ‘monte Cauriense’, sito entre el río Bajoz (que pasa por San Cebrián de Mazote) y el río Sequillo, en cuyas proximidades se ubicaba el monasterio de San Pedro de Cubillos (hoy extramuros de Urueña[45]), según una donación particular a favor del monasterio de Sahagún:

1013, abr., 22: Ad domno et glorioso et post Deum fortissimo patrono sanctorum apostolorum Petri et Pauli, loquo que est baselica fundata uel cenobio confirmato in Monte Kauriense, quorum principatus tenet regimene Servandus abba uel preposit Habzon… uel sociorum eius qui seruiunt sanctorum apostolorum Petri et Pauli uocitatum locum Couellas inter flumen Muzghod et Rigum Sicci[46].

2º) Y porque en otro testimonio del mismo fondo monástico, consistente en una carta de arras, se sitúan también las aldeas de Villagarcía de Campos y Tordehumos, ambas junto al río Sequillo, en las cercanías de dicho ‘monte Cauriense’:

1088, feb., 28. Hereditate mea propria… in territorio de Tauro, uilla quam dicunt Garcia [Villagarcía de Campos] et Uilla Godesteo, subtus monte Caurens, discurrente rio Sicco, iuxta Autero de Fumos[47].

Un monte ‘Cauriense’ de características muy semejantes, pues, al monte ‘Tarsa’, situado asimismo junto al río Sequillo, donde se ubicaba el monasterio de San Salvador de Villacete (hoy Belver de los Montes) que aparece como donatario de una heredad en Casasola de Arión, en el río Bajoz, territorio de Toro:

1040, sep., 1. A domno glorioso… patrono Sancti Saluatoris, logo qui es scito uel ecclesie fundato in monte Tarsa, flubio discurrente Ribu Sico, corum principatus tenet Ermegildus aba et Ioanes prepósito… ereditate nostra que abemus in territorio Taremse, in uilla quos uocitant Kasasola, discurrente ribu Mozaudi[48].

Un reducido territorio, en fin, regado de oeste a este por los ríos Valderaduey, Sequillo, Bajoz, y Hornija, que fue ‘ocupado’ por orden de Alfonso III a finales del siglo ix, poco después de afrontar la ‘repoblación’ de Zamora en 893, según Ibn Hayyan («en este año dirigióse… a la ciudad de Zamora… la constituyó y urbanizó y… restauró todos sus contornos»[49]), pues en efecto:

a) Sampiro refiere que en 899 el rey Magno ya había ‘asimilado’ Zamora, Simancas y Dueñas, con todos los ‘Campos Góticos’: sub era DCCCCXXXVII, vrbes desertas ab antiquitus, populare iussit. Hec sunt Çemora, Septimancas et Donnas uel omnes Campi Gotorum; además de la importante plaza de Toro, confiada a su primogénito García: Taurum namque dedit ad populandum filio suo Garseano[50].

b) En un documento leonés de 4 de enero de 904 se dice que otro infante llamado Gonzalo había recibido ya junto al castillo de Monzón de Campos una iglesia destruida por los paganos (in suburbio de kastro quod dicitur Monteson… ecclesia… quod fuit dirupta a paganis et ego… restauraui eam[51]).

c) Y por otra carta de 28 de abril de 909 sabemos que a estas alturas el rey Alfonso tenía una propiedad en Tordesillas (in ripa de flumine Durio de termino de Autero de Sellas… secundum nos illut de squalido de gente barbarica manu propria cum pueris nostris adprehendimus[52]).

Así que fue en este mismo contexto cuando se produjo también la ‘repoblación’ de Rioseco, según puso de manifiesto el obispo legionense Cixilia en una escritura expedida el 12 de abril de 934, en la que rememora:

d) Cómo había ‘ocupado’ dicho territorio con su padre Recafredo y otros muchos: Nos iam dicto Cixilani episcopo et genitor noster Recafredus, memoria illi fuit, eo quod habuerit in tempore tunc adprehensione in Riuo Sicco, cum alios plures [siempre antes de 905[53]].

e) Y cómo el rey García (910-913) confirmó la posesión de Rioseco a su propio claustro leonés de Abellar en 911: Postea uero, discurrente era DCCCC[XL]VIIII… fuit conpunctum, diue memorie, domno Garseani rex, fecit de ipsum locum Riuo Sicco testamentum ad monasterio Sanctorum Cosme et Damiani et uobis domno Cixilano[54].

Tal vez coincidiendo con el ascenso de Cixila a la silla legionense, que ya consta en un instrumento real (del fondo de San Isidro de Dueñas) fechado 15 de febrero de 911: Garcia… rex, cum coniuge Moniadomna regina… commorantes… in ciuitate Legionense… Seyxila episcopus[55]. El mismo obispo Cixila que (ya dimisionario) declaraba en un diploma de 5 de noviembre de 927 poseer dos iglesias y varias tierras en el ‘monte Cauriense’ (episcopus Cixila… in monte Kauriense, ecclesias duas et terras per terminos suos), en presencia de varios habitantes de Simancas (omnes Septimance[56]).

IV. Wamba y el ‘monte Cauriense’

Desde luego no vemos motivos para pensar que el ‘monte Cauriense’ (próximo a Rioseco y a Wamba) guarde relación directa con la vieja sede episcopal visigoda de Coria. Es verdad que en una carta compostelana de 899 (entre otras) se muestra un obispo ‘in partibus infidelium’ llamado Iacob Cauriensis episcopus[57]. Y es muy probable que de Coria deriven, es verdad, los ‘Coreses’ documentados en la margen derecha del río Duero, tanto en el ámbito zamorano (in Caureses iuxta carrale que discurrit a Zamora[58]) como en Tierra de Campos (in Gotibus Campis, inter riuulo Sicco et Aratoi, prope Auctario de Fumus ad occidentalem partem Uilla Arnales quam nuncupant uulgi Caurieses[59]). Junto a otros como ‘Toldanos’ (sub territorio Legione… in Toletanos[60]) y la villa de Cordobeses próxima a Sahagún[61].

Pero obsérvese que en la propia ciudad de León se muestra además el término ‘Cauriense’ referido (al menos desde 950) a una de las puertas de la ciudad (karrale qui discurret ad Portam Kauriensem[62]). Y que a las afueras había (en 977) un sendero que conducía a unos molinos en el río Torío pertenecientes a un monasterio de San Miguel ‘Cauriense’ (per semitario que discurrit de Legione ad molendinos Sancti Michaelis Cauriense et per rivo Turio[63]). De modo que resulta muy problemático asociar los nombres de un monte, de la puerta de una importante ciudad, y de un humilde cenobio (de la plena meseta norte) a la muy meridional ciudad de Coria (aún musulmana). No conocemos ejemplos equiparables en el reino cristiano durante los siglos ix-xi. Y aunque don Pelayo de Oviedo (1101-1130) trató de dar una explicación erudita al nombre de la puerta leonesa, lo cierto es que no hizo más que empeorarlo todo:

1º) Al imputar la iniciativa al rey Alfonso V (999-1028): «reconstruyó todas sus puertas… y abandonó todos los últimos nombres antiguos que estaban sobre las valiosas murallas de la ciudad y les puso nombres de su agrado»[64].

2º) Y al tomar como referencia (por simple homofonía) una simple aldea situada al sur de León (otrora cercana a Valdevimbre) llamada ‘Coreses’, bien documentada: in territorio Leonense, locum quos nunccubant in Corieses[65].

3º) Pues concluyó diciendo que: «a la puerta occidental la llamó Puerta Cauriense, porque por un camino recto lleva más allá del Bernesga a la ciudad [-ad villam-] que llaman Cureses»[66].

Dejando así bien claro que en el siglo xii todos ignoraban en realidad el origen de la ‘puerta Cauriense’. Y es que, según se ha advertido, los topónimos se repetían (como hoy) en espacios geográficos muy distantes sin que mediara relación directa entre ellos. También los territoriales, como la Castilla de tierra orensana (iuxta flumen Minei, territorio Castelle[67]) y la Sanabria sita en el portugués río Paiva (prope ribulo Pauia terridorio Senabria[68]). E incluso antiquísimos topónimos ubicados en aquel entonces (al igual que Coria) en tierra musulmana, como el Monte Córdova sito (antaño y hogaño) junto a Santo Tirso (en Oporto), traído en 942 (monte Corduba[69]) y en 1021 (monte Corduua teredorio portugalenis[70]).

Y por lo que respecta a la propia Wamba, ¿cómo es posible que el autor de la versión ‘rotense’ de la ‘crónica alfonsina’ identificara durante la ‘repoblación’ del Duero (ca. 900) la Bamba del ‘monte Caure’, o sea, la Wamba del ‘monte Cauriense’ (en plena meseta), con la antigua Gérticos ‘salmantina’, escenario de la muerte del rey Recesvinto y de la elección ‘in situ’ de su sucesor Wamba? Probablemente debido a una suma de causas:

– Reglero pensó que la inclusión de Wamba en la ‘crónica alfonsina’ «se inscribe en los afanes legitimistas neogóticos del monarca, quien así habría recuperado el lugar donde yace un rey visigodo (Recesvinto) y donde fue elegido el primer rey ungido (Wamba)»[71].

– Y Barroso cree que «guiado por la aclamación de Wamba en este lugar, el autor de la Rotense identificó erróneamente Gérticos con la población de Bamba… de ahí que autores posteriores como el Toledano, yendo aún más lejos, fosilizaron el error suplantando el territorio salmanticense por el palentino»[72].

Unas conjeturas (legitimación y homofonía, complementarias en realidad) que desde luego cabe tener muy en cuenta, y que además pueden apoyarse en otros indicios materiales, pues parece muy probable que los ‘repobladores’ del rey Magno se encontraran en Wamba con un vetusto cenobio:

– Porque como apunta Reglero: «no sería ajeno el hecho de tratarse de un monasterio implantado allí desde la época visigoda, sin solución de continuidad, como se deduce de las excavaciones arqueológicas[73] […] Una necrópolis tardorromana y abundantes restos visigodos»[74].

Aunque ya no podemos secundar a Barroso cuando sugiere a renglón seguido una suplantación por el Toledano de «la Bamba de Zamora por la de Valladolid»[75]. Pensamos mejor con Moralejo que «hay una Bamba a unos 15 kms. al S.E. de Zamora» que no parece «que pueda satisfacer plenamente las exigencias»[76]. Y además, Pascual Riesco Chueca ha mostrado con qué insistencia «se repite el topónimo Bamba en la provincia de Zamora. Por un lado el pueblo homónimo en tierra del Vino» (al que acabamos de aludir, municipio de Madridanos); y por otro lado, al noreste de Zamora «una heredad llamada Bamba, que pervive actualmente como paraje entre Tapioles y Revellinos» [8/16 km O. de Villalpando]; muy cerca de la actual «Laguna Bamba» [6 km O. de Tapioles][77]. Por no hablar de otras a las que también alude Riesco: A) Una Bamba (portuguesa hoy) en la margen derecha del río Duero, municipio de Mesão Frio (20 km N. de Lamego); B) La ‘Torre de Vamba’ leonesa situada en el río Esla, a la que se refiere una carta de 954 (uineam nostram… in Torre de Uamba… carrale qui discurrit a flumine Extela[78]); 3º) Y por supuesto la Wamba (vallisoletana) que aquí nos ocupa.

V. La sede-monasterio de Santa María de Wamba

En efecto, sabemos que durante la primera mitad del siglo x se muestra en los documentos leoneses un prelado llamado Frunimio (917-948), inconfundible con su coetáneo Frunimio Olemúndiz legionense (915-924), que primero es traído en calidad de obispo ‘in partibus infidelium’ de la yerma Segovia (130 km S.), antes de ser mencionado en calidad de ‘bambense’:

[Ordoño II: 914-924]

* 917, junio, 26 [orig.]:

In ciuitate Legione… sub ara sancti Cipriani et sancte Marie, ante altares sedis antique. Ego… Fronimius aepiscopus… offero… corte in Legione…

[…] ytem Frunimius, Dei gratia episcopus conf [79].

* 918, enero, 8:

Hordonius… rex, uobis domno Frunimio episcopo. Facio cartam donaciones de nostro monasterio qui est fundatus ad honorem Sancti Iacobi Apostoli, in territorio Legionensi, infra castello et castello, Luna et Gordone, in loco uocabulo in Vinayo…

[…] Frunimius, Legionensis sedis episcopus [80].

[Alfonso IV: 926-931]

* 927, noviembre, 5:

Frunimius episcopus legionensis sedis… conf.

[…] Frunimius episcopus Secouiensis sedis… conf.[81].

* [927]:

Frunimius, Secobiensis episcopus[82].

* 928, enero, 12 [orig.]:

In ciuitate que uocitatur Legio… ego… Frunimius, licet indignus episcopus…

[…] Frunimius item, Dei gratia episcopus[83].

* [928], febrero, 20:

Frunimius episcopus bambensi sedis confirmans[84].

[Ramiro II: 931-951]

No mucho después fue cuando el rey Alfonso IV decidía abdicar en su hermano Ramiro II (residente en Viseo) a fin de ingresar en el claustro de Sahagún, aunque enseguida, según Ibn Hayyan, «algunas personas enemistadas con el rey Ramiro lo maliciaron en su contra y lo hicieron arrepentirse de haberle dejado el reino; de forma que movido por la ambición salió del monasterio en que estaba y entró en Simancas»[85]. Lo que a la postre provocó su ruina, pues terminó siendo apresado y condenado a la pena de ceguera a finales de 931. Nada de lo cual afectó directamente al obispo Frunimio, que en este misma década se mostrará ya a las claras en su residencia monacal de Santa María de Wamba, cuya comunidad era dirigida por un abad llamado Nuño:

* 938, junio, 15:

Explicit liber canonum Deo iubante sub die XVII kalendas iulias die VI feria hora secunda LXXVI ter terna cencies era. Conpletusque in monasterio Ubambe a Nunno diacono licet indigno sub regimine Frunimii episcopi regnante Ihesu Xristo eterno et cathedra residens Ranimirus in regno inperante paterno anno autem regni sui VI menses VIII dies XII [86].

Y fue casi de inmediato cuando ambos clérigos (obispo y abad) vivieron un situación muy peligrosa en su sede durante el verano de 939, cuando Abdarrahmán III puso sus ojos, al decir de Ibn Hayyan, en la cercana «Simancas, capital infiel y lugar de reunión del cristianismo, en que descansaba el enemigo de Dios a salvo de ardides y fiado de su inexpugnabilidad»[87]. Según Sampiro, el califa «se apresuró hasta Simancas con gran ejército»[88]. Y como anotó el autor de los ‘Annales Castellani Antiquiores’:

El octavo día antes de los idus de agosto [6 de agosto], en el día en que se celebra entre los cristianos la fiesta de los santos Justo y Pastor, en el tercer día de la semana [martes], llegaron los cordobeses hasta Simancas con su abominable rey Abderramán y con todo su ejército, y allí levantaron sus tiendas. Allí mismo se encontraron con el rey Ramiro y los condes que estaban con él, tras ser convocados junto con sus huestes[89].

Una comprometida situación, pues, en la que según añade Ibn Hayyan el «señor de Zaragoza […] cruzado el río de Simancas, llamado Pisuerga, que está cerca de la ciudad, encontró al enemigo al otro lado del río, congregado en el llano que hay entre la ciudad y el Pisuerga»; tomando entonces una decisión de gravísimas consecuencias para él y los suyos, pues «el ejército pasó a las puertas de Simancas el día siguiente miércoles, y presentó combate en la mañana que siguió a la noche del jueves [8 agosto]… en un violentísimo encuentro… y los rechazaron en vergonzosa desbandada»[90]. Sin que la grave derrota sufrida por los cordobeses ante Ramiro II alterara gravemente el entorno de Wamba, cuya sede-monasterio muestra al fin su advocación de forma expresa durante los años posteriores:

* 945, marzo, 29:

Nunus abba Sancte Marie Bambe[91].

* 945, abril, 3:

Nunus abba Sancte Marie Bambe[92].

* 948, mayo, 25 [orig.]:

Frunimius Dei gratia episcopus Banbense sedis[93].

* 949, abril, 24:

In Melgar de Foracasas… iuxta… fratres de Bamba[94].

VI. El obispado de Simancas

Y de Wamba a la cercana Simancas (20 km S.), pues a la muerte de Frunimio bambense (poco después de 948[95]) su sucesor fue trasladado por el monarca a la cercana fortaleza del Pisuerga, al frente de la cual ya es mencionado el obispo Ilderedo junto a Ramiro II en una magna asamblea del palacio celebrada en la ‘urbe regia’ leonesa en 950 (in ipso concilio ante rex et episcopus… Alderedus de Septimanca[96]).

[Ordoño III: 951-956]

Aunque es seguro que fue en los días de Ordoño III (951-956), quizá durante la estancia del propio monarca en Simancas durante el pleno verano de 952 (perrexerunt ad Septemanka in presentia imperatoris[97]), cuando la silla septimancense pasó a ser contada oficialmente entre las diócesis del reino (elegit rex domnus Hordonius prolis domni Ranimiri diue memoriae aepiscopum in ciuis Septimanze nomine domnum Ylderedum, et hordinabit eam erigere et epulatam facere ex diocensios de cunctis sedibus), descubriendo a la vez que hasta entonces (y con Frunimio de Wamba) la sede había sido dependiente de la de León (tunc sane iussu regis adimpleuerunt quam non erat in pontificalis hordo electa nec inter cunctarum sedibus prenonata sed domestica sedis Legione[98]). Un nuevo pastor Ilderedo cuyos primeros años corrieron paralelos al abad Nuño bambense:

* [951], mayo, 15:

Nunnus abba Sancte Marie Bambe[99].

* 952, noviembre, 11:

Ilderedus episcopus[100].

* 952, diciembre, 5:

Elderedus nutu Dei episcopus[101].

* 953, julio,11:

Ylderedus, Dei gratia episcopus[102].

* [953], septiembre, 12:

Ilderedus episcopus[103].

Entre 952 y 953 hay que situar una dádiva otorgada un día 11 de septiembre por el noble leonés Olemundo Aresíndiz (Olimmundus, filius Aresindi) y su esposa Heznona a favor del monasterio leonés de San Cosme y San Damián de Abellar, confirmada por un tal Rapinatus de Septemmankas y Hendera de Legione junto a un sugerente Martinus, abba Cordouensis[104]. Coincidiendo con el comienzo de una laguna documental de Ilderedo de Simancas, pues no volverá a mostrarse hasta un lustro después luciendo incluso (como antes hizo su antecesor Frunimio bambense) el título de la todavía abandonada Segovia:

[Sancho I: 956-966]

* 959, octubre, 30:

Ilderedus nutu Dei episcopus[105].

* 959, diciembre, 1:

Ildefredus episcopus in Septemankas[106].

* 959, diciembre, 1:

In Roteros… per terminos de fratres de Bamba…

[…] Ildredus episcopus in Septemancas[107].

* 960, enero, 1:

Ilderedus episcopus[108].

* 960, diciembre, 1:

Ildefredus episcopus in Septemankas[109].

* 960, diciembre, 6 [orig.]:

Ego Ilderedus, hac si indignus aepiscopus,… uobis dominus noster adque confrater, Gundisalbus, gratia Dei Legionum sedis aepiscopus… uilla nunccupata quam digunt Sancti Claudii, qui est fundata super ripam alueum Aratoy… Ilderedus, Dei gratia aepiscopus, Segouiense sedis aepiscopus[110].

* 963, septiembre, 3:

Ilderedus episcopus de Septemancas[111].

* [964/966], diciembre, 4:

Eodem die obiit Ilderedus, Secobiensis episcopus[112].

Y es seguro que tras el óbito de Ilderedo le sucedió un fugaz obispo llamado Teodisclo (et post eum domnus Teodisclus[113]) que apenas ha dejado huellas documentales:

[Ramiro III: 967-985]

* 967, julio, 14:

Teodisclus, gratia Dei episcopus[114].

* 969, octubre, 8:

Nos Teodisclus nec inmerito aepiscopus damus… sanctorum Facundi et Primitibi [Sahagún]… duas portiones in eclesie Sancti Claudio[115].

A cuya muerte poco posterior (970/973: defunctus quidem domnus Theodisclus aepiscopus) la cátedra fue suprimida (según una carta original que ha llegado hasta hoy) en un concilio celebrado el 29 de julio de 974 en la propia Simancas (in ciuis Septimanza), presidido por el joven Ramiro III y su tía (la regente Elvira), con asistencia de todos los pontífices y los magnates del palacio (in presentia… domni Ranimiri principis et gloriosa eius amita et omnes pontifices… atque cunctorum bene recti magni palatii), en el transcurso del cual se ordenó devolver las aportaciones diocesanas hechas en su día a la diócesis septimancense por el obispado de León (la propia ciudad de Simancas) y por el de Astorga (las decanías de Toro):

Hordinamus tornare ipsam ciuitatem cum suis adiacentiis post partem sedis legionensem… et deinceps tornamus etiam post partem sedis asturicensem… ipsas decaneas de Tauro ab omni integritate[116].

VII. Destrucción de Simancas en 983

Pero la situación de Simancas (sita en la confluencia del Pisuerga y el Duero) era demasiado importante para la defensa del reino, y no parece casualidad que fuera precisamente tras la coronación en Santiago de Compostela de un pretendiente al trono, llamado Vermudo Ordóñez (el 15 de octubre de 982) esto es, durante la consiguiente guerra civil, cuando la ciudad pasó a convertirse otra vez en objetivo del ejército califal corriendo ya el año 983 (in era T.XXI. prendiderunt Setmancas[117]), en el transcurso de la llamada campaña de Simancas emprendida por el temible Almanzor entre el 16 de junio y el 17 de julio, en la que, según añade al-Udri: «hizo perecer al tirano»[118]. Una alarmante expedición cuyas graves consecuencias fueron anotadas más explícitamente por el texto anónimo conocido como ‘Dikr bilad al-Andalus’:

La decimoctava, la de Simancas, que conquistó por la fuerza el mismo día que acampó ante ella; arrasó sus murallas y destruyó la ciudad, tomando cautivos a sus habitantes… en esta algazúa realizó tan gran matanza entre los cristianos que las aguas del río se tiñeron de rojo por la sangre vertida[119].

Entre los cuales el ‘tirano’ aludido por al-Udri, o sea, el magnate Nepociano Díaz, según una carta samonense en la que se recuerda la catástrofe: venit vox… qualiter obsiderant mauros Septemmankas et mortuus fuit ibi Nepotianus et alii plures cum eo[120]. Entre otros muchos, como el lucense Tructino Vermúdez (ipse iam factus Tructinus Ueremudiz ab hysmahelitis Septimanca in urbe gladio interemptus est[121]). Por no hablar de numerosos prisioneros, como el zamorano Sarrazino Iohánniz, que fue conducido a Córdoba (donde finalmente murió), según una escritura compostelana coetánea:

La gente ismaelita… vino armada hasta la ciudad de Simancas y… derribando los muros… a todos los cristianos que encontró allí los mató a filo de espada. Y una vez destruida la ciudad, los pocos que quedaron… fueron llevados cautivos a la ciudad de Córdoba… entre los cuales había un hombre… llamado Sarracino, hijo de Juan… que dejó una heredad… en la ciudad llamada Zamora… el impetuoso príncipe don Ramiro la tomó de forma vergonzosa y se la quedó de por vida[122].

Pero por poco tiempo, pues Ramiro III moría el 26 de junio de 985 dejando abierto el camino a León a su primo gallego y competidor Vermudo II (985-999), en cuyos días la tragedia se generalizó en todo el reino (desde Galicia a Castilla) a niveles desconocidos, con motivo de las insistentes expediciones cordobesas contra no pocas plazas, tambien en la meseta (entre las cuales: Sahagún en 986; Astorga en 988; y León en 994), que sin duda volvieron a inquietar a Simancas, especialmente la emprendida contra San Román de Hornija (también en la línea del Duero) según el anónimo ‘Dikr’: «la cuadragesimoquinta, la de San Román, en la que realizó una gran matanza y obtuvo muchos cautivos, regresando posteriormente»[123]. De la cual llegó a hacerse eco el ‘Pseudo-Turpin’: «llegó a la villa que vulgarmente se llama Orniz, en la que había una bellísima y muy buena basílica de San Román… el inicuo Almanzor robó cuanto en ella encontró y de igual suerte devastó la villa»[124].

Y por lo que respecta a Wamba, las huellas del viejo claustro desaparecerán durante todo un siglo, hasta el testamento otorgado por la infanta Elvira Fernández (hermana de Alfonso VI) el 11 de noviembre de 1099, en cuya virtud dispuso dejar (los tres monasterios de) Tábara, Wamba y San Miguel (de Escalada) a su sobrina-nieta Sancha (hija del conde Raimundo de Galicia y de la futura reina Urraca Alfonso): Hec est ordinatio quam ordino ego Geloira magno uinculo infirmitatis constricta in loco Tauara… et mando a mea nepta Sancia que crio Tauara et Bamba et Sancto Micael cum adiuntionibus suis de Scalata[125]. Coincidiendo con la mención paralela al frente de Simancas del conde Martín Flaínez el 7 de febrero de 1092 (comes Martinus Flainez dictus, dominante in Setmantica et in Cabezone), y de Gómez Martínez el 23 de marzo de 1093 (Gomez Martiniz, in Septimancas)[126]. Pero para ese entonces el recuerdo del fugaz obispado de Simancas estaba ya muy distorsionado, incluso en la misma capital del reino. Veamos.

VIII. Evocación episcopal en el s. xii

Como es bien sabido, la ciudad de León había sido ‘ocupada’ por el primer Ordoño en 854 (in era DCCCLXLIIII populauit domnus Ordonius Legione[127]); en 860 ya se documentaba el rey junto a su primer pastor (Hordonius. Patri Fronimio episcopo[128]); y en 865 se consagraba su nuevo templo catedralicio (dedicatio altaris Santae Mariae sub era DCCCCIII[129]). Pero lo cierto es que la doble coincidencia onomástica entre el ovetense Ordoño I (850-866), su hijo Alfonso III (866-910) y el obispo Frunimio I de León (854-874), de un lado, y del legionense Ordoño II (914-924), su hijo Alfonso IV (926-921) y el prelado Frunimio II (915-924), por otro, resultó fatal durante los siglos siguientes a la hora de situar cronológicamente la creación de la propia sede de Santa María de León[130].

En efecto, la confusión entre unos y otros ya era un hecho en la segunda mitad del siglo xi, según puso de manifiesto el pastor leonés Pelayo Tedóniz (1065-1085) en una carta de su autoría fechada en 1073, en la que rememora cómo la fábrica de su propia iglesia, considerada por algunos como palacio real, y aún antes templo de los gentiles destinado al culto de la ídolos, por otros, quedó abandonado después de que los hombres recibieran el signo de la fe, hasta los días de un rey Ordoño (que él tuvo por) legionense y, que según creía, fue el primero en convertir la ciudad en ‘cabeza de su reino’ y en nombrar en ella por primera vez un obispo, al que cedió el viejo edificio a fin de que lo convirtiera en sede de Santa María, que no tardó en dotar generosamente:

Hoc quippe edifitium quod nunc apparet a quibusdam estimati regale palatium, a quibusdam uero fanum gentilium et antiquis idolorum cultibus inseruisse diutius, postea, cum iam idola defecissent et ydolis homines renuntiantes signum fidei accepissent, uacuum usque ad tempora digne memorie Ordonii regis Legionensis. Hic primus regum istius prouintie fertur in hac ciuitate episcopum promonuisse cum usque ad hec tempora sine episcopo et sine sede fuisset. Tunc istud hedifitium quia congruum uidebatur et mirabile, in honorem Dei et Sancte Marie pro sede abtauit, urbem quoque hanc caput regni sui esse constituit; quo facto, tantis donis et possessionibus hunc locum ampliauit ut qui legere uoluerit series testamentorum ab eo factas[131].

Y por otro lado, es bien sabido que durante el pontificado de Diego Euláliz de León (1112-1130) ya se había completado el 26 de julio de 1124 el célebre ‘Tumbo Legionense’[132], a cuyos folios 3v-5r se trasladó una rara escritura relativa a la supresión del obispado de Simancas (datada en 974 pero redactada más de un siglo después: «su redacción hace pensar en un diploma trazado con bastante posterioridad a los sucesos que refiere», advierte Claudio Sánchez-Albornoz[133]) en la que también se rememoró a un rey Ordoño (el primero en realidad: 850-866) que había erigido la sede de Santa María:

Hac Domini aulam uel regiam edem et sedem, quam rex serenissimus Ordonius cum cetu fidelium edificuauit, et in nomine genitricis et Uirginis Domini cuncta obtulit urbes, oppida uel pretoria mancipauit subuert Domini in stipendia morum et corporum in alimonia contulit.

Y a su hijo y sucesor Alfonso (necesariamente el tercero: 866-910), esto es, el ‘repoblador’ de la ciudad de Simancas, en la que había nombrado un pontífice contra la norma canónica que prohibía nombrar obispo donde nunca lo había habido, y ordenar dos obispos en una misma sede[134]. Pues en efecto, cabe recordar que hasta 952 la cátedra septimancense (como su antecedente bambense) había sido ‘dependiente’ de la de León:

Unde filius eius rex Adefonsus post discessum eius ciuitatem Septimancam audacter abrogauit et episcopum in ipsa urbe contra instituta maioris et canonica censura subrogauit, quoniam ut ubi insertum est inter plura ut in una cathedra duo episcopi nullatenus ordinentur et ad uno episcopo due non obtineantur. Istam uero memoratam urbem Septimancham nusquam repperitur in cronica uetustas et cathedram manere precipuam[135].

Pues bien. Teniendo en cuenta que las plazas fuertes de Zamora y Simancas fueron ‘asimiladas’ al reino por el rey Magno, corriendo el año 899, la pregunta es obligada: ¿Fue el propio Alfonso III quien promovió a Frunimio a la nueva cátedra instituida en el monasterio de Santa María de Wamba, al mismo tiempo que san Atilano era elevado en 900 a la silla de Zamora, también erigida ‘ex novo’? Quizá no lo sepamos nunca. Pero cronológicamente sí es posible la hipótesis, primero, porque los testimonios de la primera década del siglo x son escasísimos; y luego, porque la primera noticia (segura) de Frunimio ‘bambense’ corresponde a 917, esto es, pocos años después de morir el Alfonso III (en 910). Y además no sería la primera sede-monasterio existente en el reino (ahí estaban la vetusta Dumio bracarense y la gallega de Mondoñedo, unidas por el monarca desde 877).

Pero lo que sí parece seguro es que en el primer cuarto del siglo xii ya se había borrado de la memoria la existencia de la cátedra de Santa María de Wamba (primera mitad del siglo décimo), absorbida en el confuso recuerdo de un obispado de Simancas surgido antes de 910 (con Alfonso III), pero solo visible desde 950 (con Ramiro II) y suprimido en 974 (con Ramiro III). Pues por lo que respecta a las insólitas alusiones a la yerma sede episcopal de Segovia, que hoy conocemos a través de sendas cartas fechadas en 927 (de Frunimio bambense) y en 960 (de Ilderedo septimancense), no vendrían más que a mostrar la legitimidad canónica que a buen seguro esgrimieron los sucesivos pastores de Wamba-Simancas en pleno siglo x.




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NOTAS

[1]JULIÁN DE TOLEDO, Historia Wambae, III, 37-39 (s. VII): José Ignacio MARTÍNEZ MELÓN, «El vocabulario de los asentamientos rurales (siglos I-XI de C.). Evolución de la terminología», en Villas tardoantiguas en el Mediterráneo occidental (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2006), 127-126, n. 174: «Gerebantur enim ista in uillula, cui antiquitas Gerticos nomen dedit, quae fere centum uiginti milibus a urbe regia distans in Salamanticensi territorio sita est».

[2]José ORLANDIS, La vida en España en tiempo de los godos (Madrid: Rialp. 1991), 85.

[3]Luis Agustín GARCÍA MORENO, Historia de la España Visigoda (Madrid: Cátedra, 1989), 169.

[4] Pablo de la Cruz DÍAZ MARTÍNEZ, «La Hispania visigoda», en Hispania tardoantigua y visigoda (Madrid: Istmo 2007), 584.

[5] Rafael BARROSO CABRERA, Jesús CARROBLES SANTOS, Jorge MORÍN DE PABLOS, «‘Vrbs, praetorivm, svbvrbia’. Centros de poder en la civitas regia toledana y su territorio en época visigoda», Antigüedad y cristianismo, Revista de estudios sobre antigüedad tardía (Nuevas contribuciones a la historia de Begastri), núm. XXXV-XXXVI (2018-2019): 414.

[6]Crónica Albeldense (s. IX): Juan GIL FERNÁNDEZ y José Luis MORALEJO y Juan Ignacio RUIZ DE LA PEÑA, Crónicas asturianas: Crónica de Alfonso III (Rotense y ‘A Sebastián’), Crónica Albeldense (y ‘Profética’) (Oviedo: Universidad, 1985), 170.

[7]Crónica de Alfonso III, versión ‘a Sebastián’ (s. IX): GIL FERNÁNDEZ, 115.

[8]Crónica de Alfonso III, versión ‘rotense’ (s. IX): GIL FERNÁNDEZ, 114.

[9]Crónica Najerense (s. XII): Antonio UBIETO ARTETA (Valencia: Anubar, 1966), 33.

[10]LUCAS DE TUY (s. XIII): Emma FALQUE, Lucas Tudensis, Chronicon mundi. (Turnholt: Brepols, 2003), 171. Como precisa Carlos Manuel REGLERO DE LA FUENTE, Espacio y poder en la Castilla medieval. Los montes de Torozos (siglos X-XIV) (Valladolid: Diputación Provincial, 1994), 16: «La última referencia aparece en el Chronicon Mundi (siglo XIII), dentro de la Continuación de la Crónica de San Isidoro atribuida a San Ildefonso de Toledo, donde también de nuevo se señala que Gérticos está in monte Cauriensi».

[11]RODERICUS XIMENIUS DE RADA (s. xiii), Opera (Valencia: Anubar, 1968), 45.

[12]El Ayuntamiento cambió oficialmente el nombre de Bamba por Wamba en 1910.

[13]Se prolongaba por el sur hasta Tordesillas, Portillo y Peñafiel: Gonzalo MARTÍNEZ DÍEZ, «Restauración y límites de la diócesis palentina», Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, núm. 59 (1988).

[14]MORALEJO, 195, n. 5 [acotación nuestra].

[15]Carlos Manuel REGLERO DE LA FUENTE, Los señoríos de los montes Torozos: De la Repoblación al Becerro de las Behetrías (siglos x-xiv) (Valladolid: Universidad, 1993), 154. Como advierte en otra parte, REGLERO 1994, 18: «sólo a partir de 1333 se mencionan los Montes de Torozos».

[16]Rafael BARROSO CABRERA, Etnicidad vs. Aculturación. Las necrópolis castellanas de los siglos v-vi d.C. y el asentamiento visigodo en la Península Ibérica: una mirada desde la meseta sur (Oxford: Archaeopress 2018), 169.

[17]En carta de 1059: Portugaliae Monumenta Historica. Diplomata et Chartae, I (Lisboa: Typis Academicis, 1867) [= PMH], doc. CCCCXX.

[18]En carta de 1046: PMH, doc. CCCXLV.

[19]En carta de 1049: PMH, doc. CCCLXXIII.

[20]En carta de 785: Manuel LUCAS ÁLVAREZ, El Tumbo de San Julián de Samos (Santiago de Compostela: Caixa Galicia, 1986), doc. 137.

[21] En carta de 951: Emilio SÁEZ y Carlos SÁEZ. Colección diplomática del monasterio de Celanova: 2 (943-988) (Madrid: Universidad Complutense, 2000), doc. 93.

[22]En carta de 1079: PMH, doc. DLXXI.

[23]Crónica de Alfonso III, ‘rotense’: MORALEJO, 206 [acotaciones nuestras].

[24]Crónica de Alfonso III, ‘rotense’: MORALEJO, 200. Etiam GIL FERNÁNDEZ, 122: «rudis namque nostris temporibus quum ciuitas Uiseo et suburbis eius iussum nostrum esset populatus, in quadam ibi baselica monumentus inuentus est, ubi desuper epitafion huiusmodi est conscriptus: ‘Hic requiescit Rudericus ultimus rex Gotorum’».

[25]En carta de 883: Manuel LUCAS ÁLVAREZ, La documentación del Tumbo A de la catedral de Santiago de Compostela (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1997), doc. 10.

[26]Inscripciones: Manuel GÓMEZ-MORENO, Iglesias mozárabes (Madrid: Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Centro de Estudios Históricos, 1919), 169-170 y 215 y 141, respectivamente.

[27]En carta de 912: Emilio SÁEZ, Colección documental del Archivo de la catedral de León: I (785-952) (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1987), doc. 27, trasladando bien el año 902 («era DCCCCXL») a 912.

[28]Crónica de Alfonso III, ‘rotense’: GIL FERNÁNDEZ, 144.

[29]Crónica de Sampiro (s. XI): Justo PÉREZ DE URBEL, Sampiro, su crónica, y la monarquía leonesa en el siglo X (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1952), 305.

[30]Crónica de Sampiro: PÉREZ DE URBEL, 325-327.

[31]SÁEZ 1987, doc. 34.

[32]En carta de 950: SÁEZ 1987, doc. 220.

[33]En carta de 1011: José Manuel RUIZ ASENCIO, Colección documental del Archivo de la catedral de León: III (986-1031) (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1987), doc. 701.

[34]En carta de 1120: Irene RUIZ ALBI, La reina doña Urraca (1109-116). Cancillería y colección diplomática (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 2003), doc. 109 [BN, Ms., 712, ff. 87v-88r.].

[35]En carta de 983: José María MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, Colección diplomática del monasterio de Sahagún (siglos IX y X) (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1976), doc. 316.

[36]Anónimo continuador de Alfonso III (s. X), apud Historia Legionense (s. XII): Francisco SANTOS COCO, Historia Silense (Madrid: Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Centro de Estudios Históricos, 1921), 38 [acotaciones nuestras]. Sobre esta temprana fuente véase: Claudio SÁNCHEZ-ALBORNOZ, «El Anónimo continuador de Alfonso III», en Investigaciones sobre historiografía hispana medieval, siglos VIII al XI (Buenos Aires: Instituto de Historia de España, 1967), 217-223.

[37] Crónica de Sampiro: PÉREZ DE URBEL, 317-318 [acotaciones nuestras].

[38]Historia Legionense: SANTOS COCO, 79 [acotaciones nuestras].

[39]Anónimo continuador de Alfonso III, apud Historia Legionense: SANTOS COCO, 37 y 39.

[40]IBN HAYYAN: María Jesús VIGUERA y Federico CORRIENTE. Crónica del califa Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis-V) (Zaragoza: Anubar, 1981), 85.

[41]Crónica de Alfonso III, ‘rotense’: GIL FERNÁNDEZ, 114.

[42]Crónica de Alfonso III, ‘rotense’: GIL FERNÁNDEZ, 132.

[43]Antonio UBIETO ARTETA, Cartulario de San Millán de la Cogolla (Valencia: Anubar, 1976), doc. 166.

[44] REGLERO 1993, 154-155, n. 27.

[45]Carlos Manuel REGLERO DE LA FUENTE, «Los testamentos de las infantas Elvira y Sancha», en Mundos medievales. Espacios, Sociedades y Poder, I (Santander: Universidad de Cantabria, 2012), 839, donde alude al «monasterio de San Pedro de Cubillas o Cubillejas, cuya iglesia se conserva hoy como ermita de Nuestra Señora de la Anunciada a los pies de Urueña».

[46]Marta HERRERO DE LA FUENTE, Colección diplomática del monasterio de Sahagún: II (1000-1073) (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1988), doc. 400.

[47]Marta HERRERO DE LA FUENTE, Colección diplomática del monasterio de Sahagún: III (1073-1109) (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1988), doc. 840.

[48]HERRERO DE LA FUENTE 1988a, doc. 459. Según REGLERO 1994, 17, n. 9: «El monasterio de San Salvador de Villacete, hoy Belver, aparece situado in monte Tarsa (1040)».

[49]IBN HAYYAN [trad. Miguel Asín Palacios], Claudio, SÁNCHEZ-ALBORNOZ, «Desarrollo de la vida civil y religiosa», en Orígenes de la nación española. El reino de Asturias, III (Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos, 1975), 843, n. 50.

[50]Crónica de Sampiro: PÉREZ DE URBEL, 305.

[51]SÁEZ 1987, doc. 17.

[52]MÍNGUEZ, doc. 9.

[53]SÁEZ 1987, doc. 99 (rehecho). Antes de su ascensión a la silla leonesa, Cixila estuvo al frente de San Cosme y San Damián de Abellar, junto a León, según dos cartas reales, una de Alfonso III fechada en 905: «Adefonsus rex. Cissilani presbitero uel ad omnem congregationem fratrum de monasterio Sanctorum Cosme et Damiani, cuius baselica fundata esse dinoscitur super ripam de fluuio Turio, territorio legionense» (SÁEZ 1987, doc. 18); y otra del todavía infante García del año 909: «Garsea tibi Cixilani abbati et ceteros fratres monasterio Sanctorum Cosme et Damiani» (SÁEZ 1987, doc. 24).

[54]En carta de 934: SÁEZ 1987, doc. 99, rehecho.

[55]Carlos Manuel REGLERO DE LA FUENTE, El monasterio de San Isidro de Dueñas en la Edad Media: Un priorato cluniacense hispano (911-1478). Estudio y Colección documental (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 2005), doc. 1.

[56]SÁEZ 1987, doc. 75.

[57]LUCAS 1997, doc. 18.

[58]En carta de 936: MÍNGUEZ, doc. 60.

[59]En carta de 987: RUIZ ASENCIO 1987, doc. 521.

[60]En carta de 994: RUIZ ASENCIO 1987, doc. 555.

[61]En carta de 941: MÍNGUEZ, doc. 80.

[62]SÁEZ 1987, doc. 230.

[63]MÍNGUEZ, doc. 290.

[64]PELAYO DE OVIEDO: José Miguel de TORO VIAL, «Pelayo de Oviedo y su compilación histórico-geográfica: el Corpus Pelagianum del manuscrito 1513 de la Biblioteca Nacional de España», Autoctonía. Revista de Ciencias Sociales e Historia, vol. IV, núm. 1 (2020), 24: etiam 21-22 [Anexo n° 2]: «reedificavit omnes portas… et dimisit omnia nomina obtima antiqua que erant super taxata menia, et inposuit alia nomina sibi».

[65]En carta de 1030: RUIZ ASENCIO 1987, doc. 866.

[66]PELAYO DE OVIEDO: TORO VIAL, 24 (traduciendo ‘villa’ por ‘ciudad’ al creer tal vez, como es corriente, que don Pelayo se estaba refiriendo a la vieja Coria); y 21-22: «occidentalem portam appellavit Cauriensem portam, ideo quia recto tramite vadit ultra flumen Vernisgam ad villam que dicitur Quoreses».

[67]En carta de 936: Emilio SÁEZ y Carlos SÁEZ. Colección diplomática del monasterio de Celanova: 1 (842-942) (Madrid: Universidad Complutense, 1996), doc. 50.

[68]En carta de 1067: PMH, doc. CCCCLIX.

[69]SÁEZ 2000, doc. 183.

[70]PMH, doc. CCL.

[71]REGLERO 1993, 155

[72] BARROSO 2018, 169, n. 492.

[73]REGLERO 1993, 154, n. 27.

[74] REGLERO 1994, 28, n. 18: «Me baso en los informes de las excavaciones realizadas en 1988 por Pedro Matesanz Vera y Yolanda González-Campos Baeza»; y 34: «Matesanz y González-Campos apuntan en su informe la continuidad entre el hábitat tardorromano y el de la repoblación, encuadrando el referido nivel entre principios del siglo viii y fines del x».

[75] BARROSO 2018, 169, n. 492. Sabemos que en 1122 la reina Urraca donó a la iglesia de Zamora dicha villa de Bamba; reg. Cristina MONTERDE ALBIAC, Diplomatario de la reina Urraca (1109-1126) (Zaragoza: Anubar, 1996), doc. 170.

[76] MORALEJO, 195, n. 5.

[77]Pascual RIESCO CHUECA, «Nombres personales germánicos en la toponimia de Zamora», Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos ‘Florián de Ocampo’, núm. 29 (2012-2024): 351-352.

[78]Emilio SÁEZ y Carlos SÁEZ, Colección documental del Archivo de la catedral de León: II (953-985) (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1990), doc. 284.

[79]SÁEZ 1987, doc. 43 [orig.]. Es la primera vez que aparecen juntos Frunimio II de León (915-924) y nuestro Frunimio.

[80]SÁEZ 1987, doc. 44, quien considera interpolado el diploma, y dirigido a Frunimio II legionense.

[81]SÁEZ 1987, doc. 75. El Frunimio leonés ya era dimisionario a estas alturas (sucedido por Oveco), pero fue llamado ‘legionense’ para ser claramente diferenciado del ‘secoviense’. Como es bien sabido, Segovia no sería restaurada hasta el siglo XII, con la ascensión de Pedro de Agen (1119-1148).

[82]Confirmación posterior en una carta leonesa de Ordoño II (914-924), mal fechada en 906 (Tumbo, ff. 467r-468r), que sin embargo sí luce bien el año 916 en otra copia del s. XVII (BN, Mss, nº 773, f. 73r-v): SÁEZ 1987, doc. 62, quien la considera falsa, aunque redactada sobre una auténtica, que confirmó ‘a posteriori’ Frunimio junto a Alfonso IV. En efecto, ambos aparecen con otros diez, y hasta en el mismo orden, en la carta de 5 noviembre 927 acabada de registrar.

[83]SÁEZ 1987, doc. 76 [orig.]. Se trata de una dádiva del que ya era dimisionario Frunimio legionense («testamentum quam fecit Frunimius Olemundi») que también suscribe nuestro Frunimio.

[84]MÍNGUEZ, doc. 70, en el año 938 que trae la carta, en la que copista añadió una ‘X’, pues el año 928 sí es sincrónico con la mención de Alfonso IV (926-931). Aunque la considera una ‘falsificación integral’, creemos que quizá procede de una auténtica en la se mencionaba a Frunimio en calidad de ‘bambense’, como lo hará luego en sendos testimonios de 938 y 948 (vid. infra).

[85]IBN HAYYAN (s. XI): VIGUERA y CORRIENTE, 259.

[86]Noticia en un códice canónico de San Juan de la Peña, hoy perdido: GÓMEZ-MORENO 1919, 195-196 y n. 3.

[87]IBN HAYYAN: VIGUERA y CORRIENTE, 329.

[88]Crónica de Sampiro: Manuel GÓMEZ-MORENO, Introducción a la Historia Silense (Madrid: Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Centro de Estudios Históricos, 1921), CIV.

[89]Annales Castellani Antiquiores (s. X): José Carlos MARTÍN-IGLESIAS, «Los Annales Castellani Antiquiores y Annales Castellani Recentiores», Territorio, Sociedad y Poder, núm. 4 (2009): 211.

[90]IBN HAYYAN: VIGUERA y CORRIENTE, 325.

[91]MÍNGUEZ, doc. 97, sospechoso.

[92]MÍNGUEZ, docs. 98 y 99, sospechosos.

[93]Pedro FLORIANO LLORENTE, Colección diplomática del monasterio de San Vicente de Oviedo (Oviedo: Diputación de Asturias. Instituto de Estudios Asturianos, 1968), doc. XI [orig.].

[94]MÍNGUEZ, doc. 94 (4).

[95]Las menciones de un «Frunimius nutu Dei episcopus et confessor» junto a Ilderedo en cartas de 952 y 953 correspondientes a Castañeda (registradas más abajo) creemos que corresponden ya al dimisionario legionense Frunimio Olemúndiz (914-924), cuya última mención conocida es de 953 («Frunimius episcopus»: SÁEZ 1990, doc. 263).

[96]Documento de Odoyno [año 982]: SÁEZ 2000, doc. 191, donde se rememora la magna asamblea celebrada en León por Ramiro II († enero 951), durante el segundo semestre de 950, según creemos: Manuel CARRIEDO TEJEDO, «Los títulos Dumiense, Britonense y Mindoniense (ss. VI-XI)», Estudios Mindonienses, núm. 38 (2025): 59, n. 153.

[97]En carta de 1 agosto 952: SÁEZ 1990, doc. 256.

[98]En carta de 974 [orig.]: Claudio SÁNCHEZ-ALBORNOZ, «El obispado de Simancas», en Miscelánea de Estudios Históricos (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1970), 392-396 [Archivo catedral de Astorga]. Etiam José María FERNÁNDEZ CATÓN… [et al.]. Documentos de la monarquía leonesa. De Alfonso III a Alfonso VI (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 2006), doc. 10.

[99]MÍNGUEZ, doc. 132, que traslada a 951 el imposible año 970 que trae la copia.

[100]LUCAS 1997, doc. 44.

[101]Ángel RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, El Tumbo del monasterio de San Martín de Castañeda (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1973), docs. 3 y 4. Confirma un «Theodisclus diaconus» que probablemente fue el sucesor de Ilderedo.

[102]SÁEZ 1990, doc. 260.

[103]RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, doc. 5, trasladando a 953 el erróneo año 923 que trae la carta.

[104]SÁEZ 1990, doc. 276, que sitúa en 937-954 esta carta sin data. En otra de 953 (SÁEZ 1990, doc. 260) aparecen juntos «Olemundus, filius Arosindo» y un «Rapinatus Conantii».

[105]MÍNGUEZ, doc. 165.

[106]MÍNGUEZ, doc. 167. El abad Nuño de Bamba ya no es traído aquí entre los numerosos abades coterráneos que confirman la carta.

[107]MÍNGUEZ, doc. 168.

[108]MÍNGUEZ, doc. 171.

[109]MÍNGUEZ, doc. 183, sospechoso.

[110]SÁEZ 1990, doc. 333 [orig.].

[111]MÍNGUEZ, doc. 215.

[112]Mauricio HERRERO JIMÉNEZ, Colección documental del Archivo de la catedral de León: X. Obituarios medievales (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1994), 558.

[113]En carta de 974 [orig.]: SÁNCHEZ-ALBORNOZ 1970, 392-396. Etiam FERNÁNDEZ CATÓN 2006, doc. 10.

[114]SÁEZ 1990, doc. 403.

[115]MÍNGUEZ, doc. 253.

[116]En carta de 974 [orig.]: SÁNCHEZ-ALBORNOZ 1970, 392-396. Etiam FERNÁNDEZ CATÓN 2006, doc. 10.

[117]Annales Castellani Antiquiores: MARTÍN-IGLESIAS, 216.

[118]AL-UDRI (s. XI): José Manuel RUIZ ASENCIO, «Campañas de Almanzor contra el reino de León (981-986)», Anuario de Estudios Medievales, núm. 5 (1968): 62, n. 18 (etiam 51, n. 33).

[119]Dikr bilad al-Andalus (ss. XIV-XV): Luis MOLINA, «Las campañas de Almanzor a la luz de un nuevo texto», al-Qantara, núm. 2 (1981): 231.

[120]En carta de 997: LUCAS 1986, doc. 6.

[121]En carta de 995: José Luis LÓPEZ SANGIL y Manuel VIDÁN TORREIRA, «Tumbo Viejo de Lugo (transcripción completa)», Estudios Mindonienses, núm. 27 (2011): doc. 141.

[122]En carta del rey Vermudo II [986]: LUCAS 1997, doc. 52, trasladando a 986 el erróneo año 985 que trae la carta: «Hismahelitica gens… pergens armata uenit usque ad Septimancensem ciuitatem et… diruptis muris… quos ibi christianos inuenit, in ore gladii interemit. Et diruta ciuitate pauci qui remanserunt ad… Cordubensem urben ducti in captivitatem… inter quos fuit vir… nomine Sarracinus, proles Iohannis… qui dimisit hereditatem… in ciuitate… Zamora nuncupatur… accepit ea seuissimus princeps domnus Ranemirus indecenter et tenuit usque obitum suum».

[123]Dikr bilad al-Andalus: MOLINA, 234 y 260, aludiendo al testimonio posterior del Pseudo-Turpin.

[124]PSEUDO-TURPÍN: Liber Sancti Iacobi ‘Codex Calixtinus’, Libro IV. Transcripción latina de K. Herbers y M. Santos Noia. Traducción al castellano realizada por los profesores A. Moralejo, C. Torres y J. Feo (Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 2001), 142; y 59: «pervenit ad villam que vulgo dicitur Orniz, in qua beati Romani basilica obtima ac pulcherrima erat… ad quam cum iniquus Altumaior venit, rapuit quicquit in ea invenit, et villam similiter devastavit».

[125]Encarnación MARTÍN LÓPEZ, Patrimonio cultural de San Isidoro de León: Documentos de los siglos X-XIII, (León: Universidad, 1995), doc. 11.

[126]Manuel MAÑUECO VILLALOBOS y José ZURITA NIETO. Documentos de la iglesia colegial de Santa María la Mayor (hoy metropolitana) de Valladolid. Siglos XI y XII (Valladolid: Imp. Castellana, 1917), docs. IV y V, respectivamente.

[127]Annales Castellani Antiquiores: MARTÍN-IGLESIAS, 208.

[128]SÁEZ 1987, doc. 2.

[129]Martirologio legionense (s. XIII) citado por el P. Manuel Risco: España Sagrada, XXXIV (Madrid: Imprenta de Pedro Marín, 1784), 147.

[130]Manuel CARRIEDO TEJEDO, «Los orígenes de la iglesia de León: De Decentio (s. III) a Frunimio I (s. IX)», Studium Legionense, núm. 49, (2008): 251-278 (concretamente el capítulo: ‘temprana confusión en León’).

[131]José Manuel RUIZ ASENCIO. Colección documental del Archivo de la catedral de León: IV (1032-1109) (León: Centro de Estudios e Investigación ‘San Isidoro’, 1989), doc. 1190.

[132]José María FERNÁNDEZ CATÓN, «El ‘Tumbo legionense’: Notas sobre su origen, redacción, estructura, contenido y utilización», en Actas del IV Congresso Internacional de Latim Medieval Hispânico. Lisboa, 12-15 de outubro de 2005 (Lisboa: Universidad, Centro de Estudos Clássicos, 2006).

[133]SÁNCHEZ-ALBORNOZ 1970, 389.

[134]Concilio Toledo XII [681, Ervigio], can. IV: «In locis ubi episcopus non fuit, numquam episcopus ordinetur […] Item ex concilio Niceno titulo octavo ubi inter cetera praecipitur ut in civitate una non videantur duo episcopi esse»; José VIVES, Concilios visigodos e hispano-romanos (Barcelona-Madrid: Instituto Enrique Flórez, 1963), 390.

[135]SÁEZ 1990, doc. 436.



Gérticos, Wamba y Simancas

CARRIEDO TEJEDO, Manuel

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 532.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz