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Revista de Folklore número

531



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Mito, leyenda y superación personal: percepción de la narrativa de la canción pop Isis (1984)

CUPUL MAGAÑA, Fabio Germán

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 531 - sumario >



De mitos, leyendas y canciones

En términos generales, los mitos corresponden a historias sagradas cuyos protagonistas son deidades o héroes civilizadores; en cambio, las leyendas relatan historias locales o regionales, presentes o pasadas y donde sus personajes pueden ser de naturaleza diversa[1]. Así, la gran cantidad de conocimiento, valores y tradición acumulada en ambos tipos de narrativas culturales, es y ha sido una fuente inagotable de inspiración para la creación artística.

Una de esas formas de expresión cultural es, sin duda, la música. Se le reconoce como una forma de expresión cultural que, no solo entretiene, sino que también desempeña un papel crucial en la formación de identidades sociales y en la cohesión comunitaria. Así, desde tiempos antiguos, las comunidades humanas la han utilizado como medio para comunicar valores, tradiciones y emociones compartidas[2].

Particularmente, la canción es considerada el lenguaje más directo del corazón humano. Es un espejo humano, una forma de acceder a la realidad y explicarse el mundo. Tiene unas características formales concretas: brevedad del texto, facilidad de memorización, poder emotivo, capacidad de comunicación, y surge de la unión de música y texto, de palabra y sonido[3].

Una experiencia personal

Como lo menciona el cantante, músico y compositor Toni Giménez Fajardo (Barcelona, 1959): «…toda canción queda en manos de quien la escucha, que se la hace suya y le añadirá algo propio. Las canciones muestran aquello que canta en nosotros, nuestras texturas personales».

La anterior sentencia la experimenté en carne propio entre los 17 y 19 años de edad, cuando me embarqué en un vertiginoso viaje espiritual que me llevó a recorrer innumerables asociaciones y cultos religiosos. Así, un domingo asistía a misa, el lunes pasaba la tarde en reuniones con estudiantes de la biblia, el martes me entusiasmaba la idea de convertirme en misionero, el miércoles asistía a pláticas sobre la desaparición de la Atlántida, el jueves no faltaba a la clase de lectura del café turco, el viernes mi corazón vibraba con el mantra …hare-hare… y la lectura del Bhagavad Gita. Finalmente, el viernes era el mejor día para lograr el tan anhelado viaje astral o para intentar superar el terror provocado por las apariciones de mis loas ancestrales.

El viaje espiritual fue fascinante, no por la experiencia sobrenatural como tal, sino porque éste se encontraba embebido en la atmósfera musical de la primera mitad de los años de la década de 1980. Sin duda, las notas emanadas de las interpretaciones de Isao Tomita, Vangelis, Jean-Michel Jarre, Chac Mool, Pink Floyd, The Alan Parsons Project, Kitaro, Black Sabbath, Andreas Vollenweider, Tangerine Dream y el mismísimo grupo mexicano Timbiriche, entre muchos otros artistas más que reflejan mis sesgadas preferencias acústicas, lograron con éxito inducir estados alterados en mi joven conciencia.

Alaska y Dinarama

Sin embargo, hubo un grupo, en especial una de sus canciones, que integró en su letra ese deseo de conocimiento personal del espíritu: Isis, del grupo pop Alaska y Dinarama (https://www.youtube.com/watch?v=S7eehGaTD_A; Fig. 1; grupo formado por Alaska, Nacho Canut y Carlos Berlanga). Aunque Isis es indudablemente un tema con cierto rollo siniestrillo, como lo dicen en el podcast JENESAISPOP, su ritmo no deja de electrizar el cuerpo incitándolo a saltar a la pista de baile.

Este sencillo fue compuesto por Ignacio (Nacho) Canut Guillén y Carlos García-Berlanga Manrique e interpretado magistralmente para mi gusto, por la cantante conocida como Alaska (María del Olvido Gara Jova). Se lanzó en 1984 dentro del exitoso álbum «Deseo Carnal» (producción de Hispavox, realizada y dirigida por Nick Patrick; Fig. 2). Retomando los comentarios del brillante músico español Charlie Mysterio, «Deseo Carnal» es un álbum que contiene letras y notas en perfecto equilibrio y modulación, una mezcla armónica y modulada, con ideas de toda clase entremezcladas, desde las más livianas a las puramente reflexivas, del pensamiento pop warholiano a la introspección castellana, de lo oscurantista a lo folclórico, además de bien sazonado de poesía cosmopolita[4].

Finalmente, casi cuarenta años después de mis extraordinarias vivencias espirituales, no me decidí por ninguno de esos caminos. Lo único que he hecho para llenar ese espacio es intentar, día con día, simplemente comportarme como un buen ciudadano, una buena persona. Pero, volvamos al tema de Isis, cuya letra exótica, apocalíptica, y oscurantista era perfecta para Alaska[4].

En las dos primeras estrofas, la canción liga los conceptos de transmigración, karma, nirvana y viaje astral embebidos en la cosmovisión de distintas doctrinas espirituales. En la letra se plasma la representación del ir y venir del alma entre planos existenciales, claro reflejo del vaivén de la vida real. Así, las acciones realizadas y decisiones asumidas a lo largo de nuestra existencia, producto de acontecimientos ordinarios o extraordinarios, deben ser tomadas como puntos de partida en beneficio del crecimiento espiritual personal y colectivo, y no sólo como un fin que inmoviliza, que estanca, que nos juzga y lleva a la infelicidad.

Rocas, cenizas y corderos

El estribillo de la canción, que resulta muy pegajoso y estimulante para sacudir frenéticamente el cuerpo, enlista elementos empleados en el sacrificio o inmolación (rocas, cenizas, corderos, rosas) y reliquias (clavos, grial). Las dos acciones tienen como propósito el fortalecer las convicciones personales de hacer lo correcto y estar preparado ante las adversidades venideras fuera de nuestro control (representada por la llegada de la Bestia) y aquellas derivadas de la vida construida a partir del comportamiento (el Juicio Final).

En la segunda parte del estribillo surge el nombre Isis para identificar a un personaje de luz, que impone nuevas formas de cultivar el espíritu y que es imperioso conocer (por eso la letra de la canción refiere a Isis con velo, velada u oculta; en relación al libro «Tras el velo de Isis»). Es posible que Isis corresponda a aquella diosa del antiguo Egipto, regente de la vida y la muerte, cuyo culto transcendió las fronteras del Nilo y que fue inspiración para la Teosofía (difundida por Helena Blavatsky a fines del siglo xix), una doctrina empeñada en lograr la sabiduría universal de los seres humanos. De hecho, tanto Carlos Berlanga como Alaska, en ese momento de trabajo en su álbum, manifestaban interés por el ocultismo y la Teosofía[4].

Ni Mitra ni nadie

La última estrofa de la canción, antes de la repetición del estribillo por segunda vez, remite a las caras de Belméz acalladas por la prensa amarilla. Estas caras (actualmente casi 3000 figuras) corresponden a la aparición, macabra y misteriosa, de unos rostros humanos de origen desconocido en el piso de una casa ubicada en Bélmez de la Moraleda (provincia de Jaén en Andalucía, España), un consumado destino turístico.

Cuando las caras se dieron a conocer en 1971, fueron acogidas como manifestaciones de lo divino, por lo que recibieron una gran atención. Sin embargo, fueron víctimas de su éxito al desbordar pasiones, pues las autoridades políticas y eclesiásticas las consideraron riesgosas al atentar contra el bienestar colectivo. Así, los medios de comunicación participaron en su desprestigio para acabar con ellas. Finalmente, se ha dicho que no lo lograron.

La anterior historia, continúa con la línea descrita en la canción de abrirse camino en contra de las adversidades. Asimismo, al mencionarse que «…ni Mitra ni nadie me van a engañar / espero sentada porque / yo sé la verdad / y voy / voy a gritar…», la cantante Alaska advierte el grado de sabiduría y plenitud espiritual que logró el personaje de la canción en su viaje de descubrimiento personal, pues ni la figura impoluta y brillante de Mitra, deidad de la honestidad y la pureza, lo hicieron dudar de sus convicciones, de su fortaleza para superar los miedos y de la elección del mejor camino para recorrer el resto de sus días.

Isis no es la primera ni la última canción en abordar temas esotéricos, mitológicos y de superación. Al menos en el rock en español, la mitología grecolatina, como el mito de Prometeo, se manifiesta como elemento integrante de la materia literaria de al menos parte de la música rock, como el caso de las agrupaciones Tierra Santa o Extremoduro[5].

En el caso de Isis, la canción es una forma creativa de concentrar conocimiento, sabiduría, terapia motivacional y buena música bailable en una grabación que tan solo se reproduce por 3 minutos con 36 segundos.




NOTAS

[1] VILLA, Eugenia. «La literatura oral: mito y leyenda». IADAP: Revista del Instituto Andino de Artes Populares del Convenio Andrés Bello no. 12, 1989, pp. 37-42.

[2] MEZA ARGUELLO, Danny Meliton, ESTRADA REALPE, Kelly Johanna, FRANCO VALDEZ, Jessica Lisbeth, PAZMIÑO GÓMEZ, Gisela Yajaira, LUZURIAGA PEÑA, Leydi Laura y RODRÍGUEZ PAREDES, Carlota Lissette. «La música como vehículo cultural: Impacto de las canciones en la identidad y cohesión social». Revista Científica Multidisciplinaria Ogma vol. 3 no. 3, 1989, pp. 55-68.

[3] GIMÉNEZ FAJARDO, Toni. «La canción como espejo humano». Ars Brevis nº. 22, 2016, pp. 96-117.

[4] GENDRE, Marcos. Deseo Carnal. Alaska y Dinarama, mil campanas. Valencia, España: Colección Elepé, Efe Eme, 2020.

[5] GARCÍA LÓPEZ, José Carlos. 2013. «Mitología grecolatina y rock. El mito de Prometeo en letras de Extremoduro, Tierra Santa y Kutxi Romero & Ja ta Ja». Tejuelo, Didáctica de la Lengua y la Literatura. Educación, vol. 17 no. 1, pp. 42-55.



Mito, leyenda y superación personal: percepción de la narrativa de la canción pop Isis (1984)

CUPUL MAGAÑA, Fabio Germán

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 531.

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