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Revista de Folklore número

531



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Los grupos de jotas. Trozos y des-trozos del repertorio de la Sección Femenina. El caso de Segovia

ALVAREZ, Fuencisla

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 531 - sumario >



Introducción

Podríamos empezar con, incluso, la denominación: no todo son jotas. ¿O sí? Porque hasta que al 5/8 del baile corrido no le hemos acortado las cuatro últimas corcheas (convirtiéndolas a semicorcheas) para que suene ternario (3/8), y lo hemos convertido en jota, no hemos parado. Y las danzas lo mismo: no son jotas ni El Arado, ni La Cruz, ni El Arco.

Quizás no somos conscientes de los errores heredados ni de los transmitidos. Que una cosa es la recreación y el patrimonio vivo y cambiante, y otra muy distinta eliminar lo que no hay en ningún sitio para hacer lo que hay en todos. Que la identidad es otra cosa, es lo que sentimos como nuestro y no el invento del último que ha querido «coger» el grupo de jotas de cualquier pueblo de la provincia, que mayoritariamente ni sabe de tradición, ni de repertorio de danza, ni de dulzaina…Y ahí andamos inventando sin saberlo y con trozos de aquí y de allí que ni sabemos lo que son, deshaciendo esos trozos (des-trozos) y destrozando lo poco que queda, sin conocer ni lo uno ni lo otro. Y no será por personal dispuesto a seguir manteniendo la tradición, al que se le vende un sucedáneo por ella.

Ahora bien, caso aparte son los ballets folklóricos, eso sí, ahí cabe de todo, como en las innumerables recreaciones que se hagan de El lago de los cisnes de Tchaikovsky. Pero diferenciemos entre la tradición heredada, y el derecho a la recreación de los ballets formato que al pueblo segoviano gusta, como el teatro. Los ballets son escenificación y no tradición. Aunque beban de ella, no es lo mismo. Y los grupos de jotas deben tener claro que están más cerca del mundo del ballet y el teatro, que de ser salvaguardeses de la tradición, y que, dependiendo de su calidad, se acercan más a las actividades extraescolares de la infancia que a otro producto. Una pena, con lo mucho y bueno que aún queda por mantener.

Los errores del repertorio de la Sección Femenina (SF)

Como punto de partida debemos diferenciar qué es repertorio de baile y qué es repertorio de danza. Y ahí empieza el primer error. Como baile (tradicional) entendemos los diferentes géneros que daban forma al baile de rueda (entrada de baile, jota, fandango, seguidillas, baile corrido, o habas verdes) o bailar al son del almirez en una matanza o en un corro, etc. Y es que no todo el baile tradicional es «jota», como no todos los agarraos son pasodobles. Y es ahí donde, desde el primer momento, el repertorio de la Sección Femenina empieza a bautizar cada pieza con nombres que no les corresponde, como la Jota Respinguera[1] que de llamar «respingona» a las habas verdes del baile de rueda, pasamos a llamarla «jota» y «respinguera». Y respingar sí respinga, no nos vamos a engañar, pero jota no es. La jota tiene una estructura y un ritmo diferenciados que no únicos. Y lo mismo con la Jota de las Seguidillas de las Vegas de Matute. Si es jota no es seguidilla, como si es pasodoble no es un vals.

Pero tampoco diferenciaban la danza. Los primeros errores los encontramos en la información que las chicas de la Sección Femenina le proporcionan a Antonio Granero[2]. Pongamos como ejemplo la Jota de la Cruz:

Y si profundizamos en el repertorio de la Sección Femenina (Álvarez, 2018) encontramos este ejemplo claro y conciso:

Los grupos de jotas como herederos de los coros y danzas de la Sección Femenina

Los grupos de Sección Femenina recogieron un repertorio de baile y danza con más o menos acierto, y decimos esto porque no supieron, bien porque quien transcribía no sabía toda la música que debía saber, o porque ya desde entonces se quería homogeneizar todo bajo ritmos ternarios. O, incluso, quizá el pueblo ya tampoco las distinguía y todo era entendido como jota y ya nadie diferenciaba los géneros del baile de rueda, porque hacía años ya que los agarraos y los nuevos repertorios de baile habían arrasado con el baile más antiguo. Pero además de que el repertorio en origen presentaba muchos errores de concepto, si de lo tradicional hablamos, seamos conscientes que sobre ese repertorio se realizaron coreografías que nada tenían que ver con los pasos de copla y estribillo, por ejemplo, de las jotas que se bailaban en las localidades.

Y esos errores se tomaron como referentes y se han ido manteniendo en el tiempo en manos de los grupos de jotas. Porque tengamos claro que el formato de los grupos de jota sigue el modelo de los coros y danzas de la SF, con sus aciertos y sus errores, y siguen con su repertorio y sus coreografías, con calidades, eso sí, de 1ª y de 2ª. Porque, aunque sus formatos se acerquen más al ballet, como ocurre con estos, hay grupos con mayor y menor perfeccionamiento escénico. Y de ahí que cojan trozos, los deshagan o recreen según muchos, y entonces, ya, el destrozo de la tradición es mayúsculo. Eso no es tradición, porque no parte de una tradición heredada y recreada por sus protagonistas. Parte del formato de SF, que ya de por sí eran recreaciones sobre una inspiración tradicional. Si queremos realmente ser los salvaguardeses de la tradición, hay que acudir a otras fuentes.

El repertorio de los grupos de jotas

El primer error lo encontramos en el término «jota» donde además deberíamos diferenciar entre repertorio de canto y de baile.

La jota de baile tiene una estructura muy concreta a base de estrofas y estribillos o dobles estribillos que se van sucediendo. La melodía de las estrofas del repertorio para dulzaina es la misma y la del estribillo también. Y aquí es donde se recoge el fracaso de los grupos de jotas. Nos hemos dedicado a acompañar melodías de dulzaina con coreografías más cercanas al ballet, que a la propia estructura tradicional y el pueblo ya no diferencia los pasos de copla y los de estribillo y eso que muchos manifiestan haber «ido a jotas». Creo que hay espacio para todos porque al pueblo segoviano también le gusta el producto de ballet folklórico, pero no estaría de más que nos preocupáramos un poco más de la tradición. Pero diferenciemos la danza escénica de la danza tradicional.

Dentro del repertorio de los grupos de jotas vemos la reutilización de melodías de baile tradicional que, cayendo en desuso, se incorporan como danzas rituales. Valga como ejemplo la melodía de las Habas Verdes popularizada, recreada y coreografiada por los coros y danzas y los grupos de jotas tanto en melodía como en coreografía, y denominada La Rueda (la Rueda era todo el conjunto de bailes, mientras que las Habas Verdes era el último, el que cerraba el baile, vaya) y que aprendida en clase de jotas se mete donde nos apetezca: vale para meter a la imagen de cualquier pueblo para tocarla cuando la Virgen de la Fuencisla pasa por debajo del Acueducto. Y es que las Habas Verdes (hay muchas melodías, no solo la de SF) era un baile más del baile de rueda (y no es una jota). Ahora bien, cierto es que otras melodías como las mudanzas, arrasadas quizás por repertorios contemporáneos como los que sustentan los paloteos, al caer en desuso también se han reutilizado. Pero para ello hay que ser conscientes de lo que es tradición heredada, y lo que es tradición recreada y sobre todo de quién la recrea.

Pero debemos reconocer que hay ocasiones en las que los grupos de jotas salvan el adorno de las procesiones. Porque Segovia, eso sí, adorna sus procesiones con danzas desde hace 500 años. Las adorna el pueblo de manera espontánea, como en la procesión del Niño de la Bola o de El Henar en Cuéllar; las adornan los danzantes del lugar, como en Tabanera del Monte por San Juan; los danzantes que van a otras localidades, como San Pedro de Gaíllos a Valdesaz; o incluso el «grupo de jotas» del pueblo, que adorna la procesión salva la procesión, porque igual si no fuera por «las de las jotas» la gente ni iría. Pero ya el súmmum es que un «grupo de jotas» foráneo, cuyo repertorio se basa en la recreación de errores, inhiba la danza de los vecinos del lugar y la expresión del pueblo ¿o es que quizás el pueblo ya no danza? O incluso que algunos de esos grupos introduzcan repertorios de radio, como El Candil, y se alejen del saber tradicional, de lo nuestro, del que silbarían las piedras de la torre de la iglesia si pudieran.

Y la misma reflexión valdría para la función del repertorio y los códigos de saber estar en un ritual, que no todo vale, y van sonando las Habas Verdes por doquier, que es lo mismo que si sonara Paquito el Chocolatero. En definitiva, un repertorio de baile social, no de ritual.

El derecho a la recreación: los ballets folklóricos

Los grupos de jotas, más cercanos al divertimento escénico que a la tradición, en ese camino pueden hacer y deshacer lo que les plazca, como Manuel de Falla en su jota de El Amor Brujo o la multitud de jotas y seguidillas que se compusieron para la música escénica. Pero una cosa es la escena y otra, muy distinta, la tradición.

Y lo mismo se puede aplicar a la recreación de la indumentaria que hizo Sección Femenina y que los grupos de jotas han tomado como referencia. Y es que no hay «traje de segadora». No. Había manteos amarillos, rojos, azules, negros, morados… los había picados, o con cintas, pero tengamos claro que la Sección Femenina inventa unos modelos alejados de la tradición que han quedado erróneamente fijados en los grupos de jotas. Y no solo ese manteo amarillo con picados rojos y cintas negras nunca existió en la tradición ese formato, sino el mal llamado traje de danzante para la mujer, con una enagua más redondeada que las que la tradición nos muestra, adornadas con cintas de seda bordada, que tampoco es que fuera un modelo a seguir en la tradición. Y ya no hablamos de la recreación del «traje de segoviana».

Conclusiones

Hay y debe de haber sitio para todos. Cada uno en su contexto. Los grupos de coros y danzas se crearon para la escena, y ahí tienen su lugar. Cierto es que tienen errores de base (al repertorio de dulzaina le ocurre lo mismo) que además están polinizando la provincia.

Es mucho el potencial de los recursos humanos, materiales, temporales y económicos dedicados a una tradición que no es tal, mientras lo poco que queda de «lo nuestro» se muere año tras año con la memoria de los últimos habitantes de los despoblados pueblos de Segovia. No estaría de más, que esos recursos humanos, las jotas, recurrieran a las fuentes documentales[5] que tiene la provincia para seguir difundiendo el saber tradicional con rigor técnico, sin abandonar, si quieren eso sí, las recreaciones.




BIBLIOGRAFÍA

Álvarez Collado, M.F.

________________(2015): Las danzas de paloteo en la provincia de Segovia: estudio etnomusicológico y repertorio para dulzaina. Diputación de Segovia. Segovia.

________________(2018): Danza y Rito en la provincia de Segovia. Diputación de Segovia. Segovia.

Maganto Hurtado, E.(2015): Los danzantes de enagüillas en la provincia de Segovia. Diputación de Segovia. Segovia.

Porro Fernández, Carlos:

_______________ (2001): «Denominaciones locales y nombres de bailes y danzas tradicionales de Castilla y León en el siglo xx (II)». Revista de Folklore, n.º 248.

_______________ (2012): Repertorio Segoviano para Dulzaina. Tonadas y bailes recogidos por Manuel García Matos en 1951. Bernardos, Abades y Nava de la Asunción. Fundación Joaquín Díaz. Valladolid.

_______________(2010): »Los registros sonoros de Alan Lomax en Castilla y León: Segovia. Octubre de 1952«. Revista de Folklore, n.º 346 , pp. 111-123.

_______________(2012): «El baile en Castilla y León. La rueda como formación habitual para el baile». Jentilbaratz. Cuadernos de folklore, 14.

_______________(2015): Etnografía de la imagen en Segovia: la colección del Padre Benito de Frutos. Diputación de Segovia.

_______________(2017): Archivo Segoviano de Folklore. Vols. VII y VIII. Diputación de Segovia. Segovia.

________________(2018): coord. Indumentaria de Segovia. Diputación de Segovia. Segovia.




NOTAS

[1] Antonio Granero la anota con esa denominación como recogida a las «chicas de la Sección Femenina».

[2] Antonio Granero aparece en el CSIC como investigador del repertorio de danza y baile en Segovia, donde en Segovia capital se ciñe a las informaciones de las «chicas de la Sección Femenina» que es donde recoge errores de concepto. ¿Se consideraba en aquel momento que realmente la Sección Femenina había recogido material por los pueblos y, por tanto, sus componentes eran informantes fidedignos? En otras piezas recogidas aparecen informantes de diferentes pueblos sin que sepamos con seguridad si Granero estuvo en los pueblos o son informantes residentes ya en la capital.

[3] Llamamos caracoles al movimiento de los danzantes en forma de serpenteo, haciendo «caracolas» en disposición de fila de a uno.

[4] El error puede derivar de que es entendida como danza porque forma parte de un ritual y no es espontánea; y como jota por tener un ritmo ternario. Pero no todos los ritmos ternarios son jota.

[5] Segovia es una provincia muy documentada. No podemos decir si la más documentada o la mejor documentada, pero documentación hay, y mucha. Y aquí merece especial mención la creación del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana «Manuel González Herrero», entregado a la investigación y difusión de la cultura tradicional, especialmente a través de sus becas de investigación. https://www.institutogonzalezherrero.es/becas-de-investigaciÓn



Los grupos de jotas. Trozos y des-trozos del repertorio de la Sección Femenina. El caso de Segovia

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