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Revista de Folklore número

531



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El último pastor. Prácticas ganaderas y declive del pastoreo ovino tradicional de La Cistérniga

MOSTAZA PRIETO, Abel

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 531 - sumario >



Introducción

El pastoreo ovino constituyó uno de los pilares económicos y territoriales del espacio que hoy forma La Cistérniga. La articulación entre la vega del Duero y los páramos del sureste de Valladolid generó un sistema agrario basado en el cereal de secano y en una ganadería extensiva que aprovechaba rastrojeras, eriales y pastos temporales. Este equilibrio configuró la vida del territorio desde época medieval y mantuvo continuidad hasta el final del siglo xx, cuando los procesos de urbanización alteraron de manera definitiva la relación entre agricultura, ganadería y paisaje.

El presente estudio examina esa trayectoria desde una doble perspectiva. Por un lado, utiliza documentación histórica, cartografía pecuaria y normativa ganadera para contextualizar la organización del término y el papel de las vías pecuarias en la configuración del espacio. Por otro, integra el testimonio de Albino Fernández Sanz, entrevistado en 2023 y considerado el último pastor en activo del municipio. Su experiencia permite observar cómo perviven hoy procedimientos, recorridos y ritmos de trabajo heredados de generaciones anteriores, y constituye un registro privilegiado para comprender la transición entre el manejo tradicional y la situación contemporánea.

La combinación de ambas líneas de análisis ofrece una visión completa del pastoreo local, atendiendo a su dimensión histórica, etnográfica y territorial. El objetivo es situar la actividad ovina dentro del patrimonio cultural inmaterial del municipio y explicar las razones que motivaron su desaparición como oficio cotidiano en las primeras décadas del siglo xxi.

Marco histórico del pastoreo ovino en La Cistérniga

La actividad ganadera desempeñó un papel decisivo en la economía tradicional del territorio que hoy constituye La Cistérniga hasta finales del siglo xx. El municipio, ubicado al este de Valladolid y asentado en una franja de transición entre la vega del Duero y los páramos del sureste, configuró una estructura agraria basada en el cultivo cerealista y en una ganadería extensiva de ámbito local. Dentro de este modelo, el ovino fue un recurso fundamental por su adaptabilidad a los suelos del secano y por la posibilidad de aprovechar rastrojeras, eriales y pequeñas franjas de pasto (Fig. 1).

La normativa del Honrado Concejo de la Mesta fijaba para las cañadas una anchura de noventa varas castellanas, equivalentes a unos setenta y cinco metros actuales. Esta dimensión garantizaba un corredor amplio para el tránsito del ganado y prevenía conflictos entre agricultores y pastores. La documentación histórica confirma que, antes de la regulación alfonsí, algunos propietarios desplazaban mojones para incorporar a sus fincas parte del dominio pecuario[1]. La existencia de este tipo de abusos explica la necesidad de una normativa precisa que fijara límites verificables y sanciones eficaces.

La protección jurídica de las vías pecuarias quedó recogida en privilegios confirmados por la monarquía castellana, entre los que destaca el otorgado por Carlos I al Honrado Concejo de la Mesta. Este documento, consultable a través del Portal de Archivos Españoles (PARES), expone con claridad las penas para quienes alterasen una cañada sin autorización real y subraya la importancia territorial que la Corona atribuía a estas rutas ganaderas (Fig. 2). El siguiente fragmento, adaptado al castellano actual, recoge el pasaje donde se especifican las multas a quienes cerrasen o labrasen una cañada:

[Otrosí vi[…] otra carta de dicho señor rey Don Alfonso que fue dada en Zamora trece días de enero, era de mil e trescientos e veinte y dos años, en la cual se contienen ciertas leyes, en las cuales hay tres leyes en tenor de las cuales es este que se sigue: cualquier que labrare las cañadas o las cerrare peche cien maravedís desta misma moneda; e que cualquier o cualesquier que ficiesen de estas de nuevo sin mandato del rey peche cien maravedís de los buenos; que la dehesa sea desecha; e que el entregador e los entregadores partan los aquellos que hubieren menester seguro que entendieren que cumple a cada uno […]

En La Cistérniga puede observarse de manera precisa la pervivencia de este ordenamiento histórico: la distancia entre el mojón conservado en el Parque del Cercado y el eje del antiguo recorrido coincide con los setenta y cinco metros reglamentarios, un indicador material de la vigencia de estas delimitaciones (Fig. 3). Este elemento, unido a las referencias históricas y a la tradición oral transmitida por quienes conocieron o practicaron el tránsito de rebaños externos, así como a la presencia de descansaderos que formaban parte de la red ganadera, confirma la relevancia que estas rutas tuvieron en la organización del territorio. Aunque los rebaños locales no practicaban trashumancia de largo recorrido, sí existía una movilidad comarcal basada en un uso estacional del paisaje ajustado al ciclo agrícola.

En cuanto a la composición ganadera, la localidad concentraba razas ovinas plenamente adaptadas al secano: la churra, vinculada a la producción lechera, y la castellana, de doble aptitud. Documentación de mediados del siglo xx recoge cifras significativas de ovino; en 1960 se registraban seiscientas cincuenta y cinco cabezas, dato que confirma la importancia del ganado en la economía doméstica[2]. Esta persistencia se explica por su integración en explotaciones familiares que combinaban autoconsumo, venta estacional de corderos y comercialización de productos lácteos en mercados cercanos como Medina del Campo y Medina de Rioseco.

Durante el siglo xix, las transformaciones derivadas de la desamortización redujeron de forma notable los espacios comunales y modificaron la estructura del término. La venta de bienes del clero y de terrenos de aprovechamiento colectivo limitó la flexibilidad en el uso de los pastos tradicionales[3]. La crisis del comercio lanero y el avance de la mecanización textil afectaron a la rentabilidad del ovino y alteraron la función económica del pastoreo. La privatización creciente de los terrenos obligó a reorganizar los accesos y restringió un aprovechamiento amplio que había caracterizado al territorio en siglos anteriores.

El siglo xx acentuó estas dinámicas. La Cistérniga experimentó un crecimiento demográfico acelerado y un proceso de expansión urbanística que transformó de manera irreversible el paisaje agrario. La urbanización del casco y la creación del polígono de La Mora fragmentaron los espacios de tránsito ganadero. A ello se sumaron normativas municipales que limitaron la presencia del ganado en zonas próximas a áreas habitadas. Estas tendencias explican la desaparición gradual de los rebaños locales y la progresiva excepcionalidad de figuras como la de Albino Fernández Sanz, último pastor aún en activo en La Cistérniga, que mantiene el pastoreo en el municipio.

Espacio de pastos y redes pecuarias en La Cistérniga

El territorio municipal combina la vega del Duero, las laderas arcillosas que ascienden hacia el páramo y una red de caminos rurales que articulaba la movilidad del ganado hasta fechas recientes. La alternancia de estas unidades ambientales definía los ciclos de pasto y organizaba los desplazamientos cotidianos de los rebaños.

Los cerros testigo delimitaban el caserío y ofrecían pastos tempranos durante la primavera gracias a la humedad retenida en sus suelos arcillosos. Las zonas próximas a la vega proporcionaban alimento durante el verano y el comienzo del otoño, momento en que las rastrojeras quedaban libres tras la siega. Dentro de este paisaje, el trazado histórico de la Cañada Real Leonesa Oriental se identifica con claridad en la cartografía pecuaria donde se observa su recorrido por el término y su relación con antiguos descansaderos (Fig. 4). La explotación de estos recursos seguía un patrón de rotación ajustado al calendario agrícola y a la disponibilidad de agua, aspecto esencial en un territorio donde los cauces menores y las cunetas acumulaban humedad en situaciones de escasez.

La tradición mantuvo durante décadas la identificación del trazado pecuario que atraviesa La Cistérniga con la llamada «Cañada Real de Soria», aunque tal nomenclatura es errónea ya que su recorrido pertenece, en realidad, a la Cañada Real Leonesa Oriental. Esta denominación popular se explica por la existencia de un cordel que unía el antiguo enclave de Fuentes de Duero con Renedo de Esgueva en línea recta, un itinerario secundario que enlazaba la cañada principal con la vía hacia Soria y que generó la confusión terminológica. La cartografía pecuaria y los inventarios territoriales confirman de manera precisa que el camino documentado en la localidad pertenece al sistema leonés, mientras que el cordel Fuentes–Renedo constituye el origen del nombre soriano transmitido de manera generacional. La presencia de este cordel, junto con la concentración de mojones conservados en distintos puntos del municipio y visibles en la Fig. 5, permite comprender tanto la complejidad de la red pecuaria histórica como el arraigo que estos topónimos han tenido en la interpretación del territorio[4].

Las vías pecuarias condicionaron el uso del territorio. Sirvieron como ejes de circulación para rebaños locales y comarcales, actuaron como referencia para los límites de cultivo y facilitaron la entrada y salida del casco urbano. En momentos de mayor actividad ganadera, estas rutas formaban parte del abastecimiento de pastores procedentes de localidades cercanas, lo que explica su presencia continuada en la cartografía histórica.

La estructura del término, influida por la desamortización y por procesos de parcelación posteriores, redujo progresivamente los espacios de pasto flexible y obligó a fijar itinerarios precisos. Los pastores aprendieron a adaptar el manejo del rebaño a la fragmentación del paisaje y a un uso intensivo de parcelas privadas que exigía vigilancia constante. Este marco espacial explica tanto la organización del pastoreo tradicional como los desafíos que experimentaron las últimas generaciones dedicadas al oficio.

Del pastoreo tradicional al cambio contemporáneo: análisis etnográfico y pérdida ganadera en La Cistérniga

El análisis de las prácticas ganaderas en La Cistérniga adquiere precisión gracias al testimonio directo de Albino Fernández Sanz, entrevistado en julio de 2023. Conocido como Bini, dedicó toda su vida activa a la ganadería ovina y representa la última generación que mantuvo el oficio de forma continuada en el municipio. A sus 67 años continúa cuidando alrededor de sesenta ovejas. Su manejo diario conserva procedimientos transmitidos por su padre, don Tanis, y reproduce un sistema de trabajo que hunde sus raíces en el pastoreo tradicional del secano vallisoletano. Esta continuidad permite observar con claridad cómo las formas actuales de Albino proceden de un modelo que estructuró el territorio y la vida agrícola hasta finales del siglo xx.

Actualmente la presencia ganadera del término se concentra en tres explotaciones: la suya, la explotación vaquera de La Társila y la Granja Conchita. Este contexto refuerza la relevancia de su testimonio como fuente para comprender el funcionamiento del pastoreo local en el siglo xx y las transformaciones que han marcado su declive. Albino reflexiona con claridad sobre la distancia entre la vida real del pastor y la imagen bucólica difundida en medios contemporáneos, especialmente desde el éxodo rural iniciado en la década de 1960. Ante esos discursos idealizados, afirma que «es un oficio de 365 días al año y una media de entre diez y doce horas diarias», frase que sintetiza la intensidad de un trabajo sin descansos prolongados y difícilmente compatible con celebraciones familiares o vacaciones. Expresa también que «eso de dormir la siesta a la sombra de un pino es mentira», una observación que subraya la atención constante que el pastor debe mantener sobre el rebaño y sobre los cultivos colindantes.

Albino identifica además un segundo factor que complica la continuidad del oficio: el incremento de las exigencias sanitarias y administrativas. Explica que, mientras en su juventud bastaba con disponer del rebaño, una zona de pasto y una nave adaptada, las normas actuales exigen inversiones que él calcula en torno a ciento cincuenta mil euros. A su juicio, estas condiciones han desincentivado el relevo generacional y han erosionado la identidad ganadera de la zona.

Durante el invierno, el ganado permanece cerca del caserío. Los apriscos situados en corrales familiares o en pequeñas naves adosadas ofrecían refugio durante los periodos de peor tiempo, y Albino mantiene todavía esta forma de manejo. La alimentación depende de la paja almacenada tras la recolección y de pequeñas cantidades de pienso destinadas a la salud de las ovejas gestantes. La atención a los partos concentrados en estos meses requiere vigilancia constante. Para evitar confusiones cuando coincidían varios rebaños, las corderas se identifican mediante las melas, marcas tradicionales documentadas desde época moderna en la ganadería ovina castellana.

Con la llegada de la primavera, el rebaño recorre las laderas del sur y los cerros que delimitan la localidad, aprovechando la humedad retenida en sus suelos arcillosos. Durante el verano, las rastrojeras se convierten en el principal recurso alimenticio, lo que organiza un ciclo estacional que combina conocimiento del terreno y acuerdos con los propietarios de las fincas. Estas dinámicas siguen siendo visibles en el paisaje contemporáneo.

El perro pastor ocupaba un lugar central en este sistema. Albino lo define como «una extensión de mis manos y mis pies», expresión que refleja su papel decisivo para mantener unido el rebaño, dirigirlo y controlar la distancia respecto a los cultivos. La importancia de este animal aparece reflejada en numerosos estudios históricos y etnográficos dedicados a la ganadería extensiva castellana, entre ellos los trabajos de Julio Caro Baroja[5].

El ordeño, característico de los rebaños orientados a la producción lechera, seguía una rutina diaria previa a la salida al campo. La leche se destinaba al consumo doméstico y a la elaboración artesanal de queso, práctica que complementaba la venta estacional de corderos. Su manejo requería regularidad horaria y procedimientos cuidados para evitar infecciones o lesiones.

El ciclo anual concluye en otoño, cuando el ganado regresaba a los alrededores del núcleo urbano. En esta época se limpian y preparan los corrales y se almacena la paja necesaria para el invierno. Algunos apriscos conservan todavía parte de su estructura original, con muros de adobe o piedra y techumbres ligeras, lo que constituye un testimonio material del manejo invernal del ganado y de la estrecha vinculación entre vivienda, corral y explotación (Fig. 6). La reparación de estos espacios formaba parte de las tareas finales de campaña.

Este conjunto de prácticas refleja un modelo ganadero que integraba las necesidades del rebaño, los ritmos agrícolas y la estructura del territorio. La experiencia de Albino Fernández Sanz permite reconocer cómo este sistema se mantuvo hasta fechas recientes y cómo dependía de un acceso continuo al espacio agrícola. Su testimonio se complementa también con elementos que otros vecinos han contado, como la costumbre de introducir a los niños pequeños entre los rebaños para favorecer su salud, creencia extendida en la comarca hasta bien entrado el siglo xx.

Transformaciones de espacios y el declive del pastoreo ovino en La Cistérniga

La organización territorial de La Cistérniga experimentó cambios profundos desde la segunda mitad del siglo xx. El crecimiento demográfico, la expansión de Valladolid hacia el este y la creación de nuevas áreas industriales modificaron de forma decisiva la continuidad de los espacios agrarios. Berzal señala que el municipio pasó de tener un caserío compacto a convertirse en una localidad en expansión desde la década de 1980[6], proceso que supuso la urbanización de superficies tradicionalmente dedicadas al tránsito y alimentación del ganado. La construcción del polígono de La Mora y la apertura de nuevas vías de acceso fragmentaron caminos rurales empleados durante generaciones por los pastores locales.

Esta reconfiguración territorial afectó directamente a los itinerarios ganaderos. Testimonios recogidos en 2023 recuerdan la interrupción de antiguos caminos —como el de Fuentes de Duero o el de Aldeamayor— que habían articulado la movilidad comarcal del ovino. La parcelación intensiva, el cierre de fincas y la sustitución de caminos de tierra por trazados urbanos redujeron de manera notable el acceso a zonas de pasto que formaban parte del ciclo anual de los rebaños.

Las ordenanzas municipales introdujeron además limitaciones a la presencia de ganado en zonas próximas al casco urbano, con el fin de adaptar el municipio a su creciente función residencial. Estas medidas afectaron a los apriscos adosados a viviendas, habituales hasta las últimas décadas del siglo xx. Muchos de estos espacios fueron transformados posteriormente en plazas, viviendas o equipamientos urbanos: los antiguos bebederos del rebaño de Paco Marazuela se integraron en una jardinera junto a la plaza mayor y corrales localizados en la zona de las Bodegas o junto a la actual calle Cañada Real se reconvirtieron en espacios de uso público. Esta transformación de estructuras ganaderas tradicionales en elementos del paisaje urbano contemporáneo constituye uno de los indicadores más visibles de la desaparición del oficio y la adaptación de sus espacios a la vida urbana (Fig. 7).

A la fragmentación territorial se añadió la ausencia de relevo generacional. La proximidad de Valladolid ofreció alternativas laborales estables que redujeron el número de familias dispuestas a mantener la actividad ganadera. Albino Fernández Sanz recuerda cómo los rebaños vecinos desaparecieron de forma escalonada entre los años ochenta y los primeros años del nuevo milenio, hasta quedar el suyo como única explotación ovina en activo. La disminución de pastores redujo la cooperación habitual en tareas como el intercambio de pastos o la atención a partos complicados, elementos clave para la viabilidad de las explotaciones familiares.

La estructura económica del sector reforzó este declive. La producción lechera artesanal perdió competitividad frente a los circuitos industriales, mientras que la comercialización de carne de cordero exigió condiciones cada vez menos asumibles para pequeñas explotaciones. La intensificación de los controles sanitarios añadió obligaciones que aumentaron los costes de mantenimiento y adaptación de las naves ganaderas, tal como me señalaba Albino en la entrevista realizada en 2023.

Estos factores explican que la desaparición del pastoreo ovino no respondiera a una única causa, sino a la convergencia de transformaciones territoriales, normativas y económicas que alteraron el equilibrio entre agricultura, ganadería y paisaje. La trayectoria de Albino Fernández Sanz constituye el último testimonio completo de un sistema que dejó de practicarse de forma estable a comienzos del siglo xxi.

La conversión de antiguos ejes pecuarios en vías urbanas refleja con claridad este proceso. El actual Paseo Zorrilla ocupa el trazado de una de esas rutas y conserva un monumento dedicado a la trashumancia, recordatorio de su antigua función en la entrada suroeste a Valladolid. Este fenómeno resulta comparable al que se documenta en otros municipios del entorno, donde las vías pecuarias se utilizaron como base para la planificación urbana contemporánea.

Conclusión

El estudio del pastoreo ovino en La Cistérniga confirma la importancia que esta actividad tuvo en la configuración económica, social y territorial del municipio. La documentación histórica revela un modelo flexible basado en el aprovechamiento estacional de los recursos agrícolas y en la existencia de vías pecuarias que estructuraban la movilidad comarcal. Estos elementos permitieron integrar la ganadería en un paisaje agrícola dinámico que, hasta bien entrado el siglo xx, sostuvo un número significativo de rebaños familiares.

La transformación del territorio a partir de la segunda mitad del siglo pasado alteró este equilibrio. La expansión urbanística, la fragmentación de caminos rurales, el cierre de fincas y el aumento de los requisitos administrativos modificaron de manera decisiva las condiciones del oficio. La ausencia de relevo generacional y la pérdida de rentabilidad de las explotaciones pequeñas aceleraron un proceso que culminó con la práctica desaparición del pastoreo ovino como actividad estable.

En ese contexto, la figura de Albino Fernández Sanz adquiere un valor singular. Su testimonio documenta la continuidad de un sistema de trabajo que se transmitió de forma hereditaria y que subsiste hoy en prácticas concretas, adaptadas a un territorio profundamente transformado. Su experiencia ofrece un puente entre la memoria ganadera del municipio y la realidad contemporánea, y permite comprender cómo se organizaron durante décadas los recorridos, las labores diarias y la relación entre el rebaño y el paisaje agrícola.

El análisis conjunto de fuentes históricas y trabajo de campo sitúa al pastoreo ovino como un elemento esencial del patrimonio cultural inmaterial de La Cistérniga. Reconocer su relevancia favorece una lectura más completa de la evolución del territorio y contribuye a preservar una memoria que forma parte de la identidad histórica de la localidad.




BIBLIOGRAFÍA

Berzal de la Rosa, Enrique (2004). Historia de La Cistérniga. Valladolid: Ayuntamiento de La Cistérniga.

Caro Baroja, Julio (1974). Los pueblos de España. Madrid: Istmo.

Mangas Navas, Juan Manuel (1993). Las vías pecuarias: historia, legislación y régimen jurídico. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Portal de Archivos Españoles (PARES) (s. f.). Privilegio de Carlos I al Honrado Concejo de la Mesta. Ministerio de Cultura. Disponible en: http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/6050942




NOTAS

[1] Mangas Navas ha analizado este problema y la función de la normativa medieval en la consolidación de las lindes pecuarias: Mangas Navas, José Manuel. Vías pecuarias. Madrid: ICONA, 1992.

[2] Enrique Berzal de la Rosa. Historia de La Cistérniga (Valladolid). Valladolid: Ayuntamiento de La Cistérniga, 2004, 201–206.

[3]Ibid.

[4] Mangas Navas, Vías pecuarias.

[5] Caro baroja, Julio. La transhumancia en España. Madrid: Istmo, 1986.

[6] Berzal, Historia de La Cistérniga, 230–240.



El último pastor. Prácticas ganaderas y declive del pastoreo ovino tradicional de La Cistérniga

MOSTAZA PRIETO, Abel

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 531.

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