Revista de Folklore • 45 años

Fundación Joaquín Díaz

Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

Revista de Folklore número

531



Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede leer el artículo completo descargando la revista en formato PDF

Carrascal, carrascal

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 531 - sumario >



Según la Academia carrascal es un sustantivo alusivo a un terreno o monte poblado de carrascas, que son un tipo de encina adaptada al clima mediterráneo, bosque que también puede llamarse encinar, o pedregal en Chile.

¿Y cómo este tipo de arbolado –este sustantivo que no se aplica directamente a una canción, y que sí se usa como metáfora– terminó utilizándose para designar el estribillo de algunas canciones populares y danzas folklóricas?

Sencillamente porque dicho sustantivo tiene una cadencia particular, una aliteración, una musicalidad pegadiza que se presta a ser repetida como parte de una melodía por las posibles evocaciones que de ella se deprenden y como nexo de unidad y cohesión de la pieza.

¿Pero dónde surgió esta adopción lingüística por parte del folklore? No se sabe con exactitud, aunque bien pudo nacer en la localidad oscense de Chimillas, llamada también Carrascal debido a que el lugar se asienta sobre o cerca de un terreno que históricamente estuvo poblado por carrascas, en la margen derecha del río Isuela, que discurre por las provincias de Soria, y Zaragoza, principalmente.

Y es que Chimillas se sitúa muy cerca del lugar donde durante la Guerra Civil estuvo situado el frente conocido como Carrascal de Chimillas, y que las tropas de uno y otro bando se lanzaban para fastidiar al contrario; puyas que en forma poética acabaron convirtiéndose en populares –a veces absurdas– como los de la vieja que comió judías o el albañil que mientras caía del andamio iba escuchando la radio, como comentario social o como una sátira humorística de la sociedad, letras con doble sentido que, como podrá apreciarse en la recopilación siguiente, terminarían agrupándose bajo el estribillo:

¡Carrascal, carrascal,

qué bonita serenata!

¡Carrascal, carrascal,

que me estás dando la lata!

ANTOLOGÍA SOBRE DIVERSOS TEMAS

Relacionadas con viejas en general

Una vieja se peyó

en una saca de harina,

fue tan grande la explosión

que enjalbegó la cocina.

Una vieja se comió

cuatro kilos de tomates

y toda la noche estuvo

con el papel en el wáter.

Una vieja muy revieja

se lo miraba y decía:

¡cuántas veces ha pasado

el tubo de la alegría!

Una vieja se meó

en un vaso reluciente

y otra vieja lo bebió

pensando que era aguardiente.

Una vieja se cagó

detrás de un confesionario

y otra vieja lo cogió

creyendo que era un rosario.

Una vieja se cagó

(o una abuela)

en lo alto de una higuera,

(o debajo)

y bailaban los higuillos

(o y los higuillos le caían)

al son de la pedorrera.

Una vieja se comió

cuatro kilos de manzanas,

y toda la noche estuvo

con el culo en la ventana.

Una vieja se comió

veinte kilos de judías,

y a la noche parecía

un camión de artillería.

Una vieja muy revieja

más vieja que San Antón,

se echaba la teta al hombro

y le arrastraba el pezón.

Una vieja muy revieja

se lo miraba y decía,

que seco te estás quedando

saca perras de mi vida.

Una mujer y una burra

se apostaron a correr;

a correr ganó la burra,

la burra de la mujer.

De suegras

Mi suegra como es tan fea,

quiere operarse el rostro;

pero los doctores dicen

que no ‘tié’ remedio el monstruo.

Cuando se muera mi suegra

que la entierren boca abajo,

por si se quiere salir,

que se meta más abajo.

De viejas y viejos

Una vieja y un viejo

van p’Albacere

y en la mitad del camino

el viejo va y se la mete.

Una vieja, seca seca

seca seca se casó,

con un viejo seco, seco

y se secaron los dos.

Sobre jovencitas

Las chicas de este pueblo

(o de mi pueblo)

llevan bragas de hojalata,

pero sus madres no saben

que llevamos abrelatas. (o llevo)

Desde que vino la moda

de fugarse las artistas,

ha decidido mi padre

el no perderme de vista.

Desde que vino la moda

llevar polvos en la cara,

parecen las señoritas,

sardinas enharinadas.

Desde que vino la moda

de los polvos y el corsé,

con una caña de escoba

pronto hacen una mujer.

Las mocitas de este pueblo,

tienen el mear espeso,

y el médico les receta,

jarabe de rabo tieso.

Una niña muy bonita,

por muy bonita que sea,

Los pelos de su chumino,

se le mojan cuando mea.

Las chiquillas de mi pueblo,

ya no van a la piscina,

desde que dicen que han visto,

una polla submarina.

Si Jesús murió en la cruz,

con tres clavos solamente,

¿cómo no muere tu prima

si la clavan tantas veces?

De noviazgos y matrimonios

En tu puerta me cagué

creyendo que me querías

y ahora que ya no me quieres

dame la mierda que es mía.

En tu puerta me cagué

creyendo que me querías,

y ahora que ya no me quieres

dame la mierda que es mía.

En mi puerta planté un pino

creyendo que me querías,

y ahora que ya no me quieres

no puedo sacar el tractor.

Si quieres que nos casemos

ha de ser con condición:

que si al año no te mueres

te tiro por el balcón.

Si quieres que nos casemos

ha de ser con condición:

que lo tuyo será mío

y lo mío tuyo no.

El día que yo me case

me casaré con la churrera,

para estar todas las noches

churro dentro, churro fuera.

Si quieres que te la metan

que te la meta el peluquero,

que yo no meto la brocha

allí donde hay tanto pelo.

De pequeñitos

Cuando yo era pequeñito,

me limpiaban el culito,

ahora que soy grandecito,

me lo limpio yo solito.

Cuando era pequeñito,

me daban la leche en bote,

ahora soy mayorcito,

me la sacan del cipote.

Cuando yo era pequeñito

me daban la leche en teta

y ahora que soy mayorcito

me la dan en bicicleta.

De asuntos varios

La Tomasa y la Cirila

fueron a coger bellotas,

la Tomasa se agachó

y tenía las bragas rotas.

Veinticinco policías,

con veinticinco escopetas,

no pudieron dar alcance,

a un cojo con dos muletas.

Un albañil se cayó,

de lo alto de un andamio,

y en mitad del camino

(o y al pasar por el tercero)

se puso a escuchar la radio.

Un mañico se miraba

en un espejo y se decía:

«¡Qué cara de burro tiene

ese maño que me mira!»

Los ratones de mi casa

tienen la fea costumbre,

de rascarse los cojones

con el gancho de la lumbre.

Asómate a la ventana,

saca medio cuerpo fuera,

luego saca el otro medio

verás qué torta te pegas.

Yo conocí a un beato,

un beato sin igual,

que pa’ afeitarse lo hacía

con la Hoja Parroquial.

El día que yo nací,

nacieron todas las flores;

el día que naciste tú,

todos los alcornoques.

Cuando un hombre se emborracha

con un rico en compañía,

lo del pobre es borrachera,

lo del rico es alegría.

Con los dedos de la mano,

Con los dedos de los pies,

Con la picha y los cojones,

Todos suman veintitrés.

Son mis huevos dos maracas,

y mis manos dos pezuñas,

anda y ponte a cuatro patas,

que te pongo a veinte uñas.

Si quieres ver lotería

bájame los pantalones,

y verás salir al gordo,

con dos aproximaciones.

Una monja iba corriendo,

por la puerta de un convento,

y un cura estaba detrás,

con un palmo de instrumento.

Si tienes el pito malo,

úntatelo con aceite.

si no se te pone bueno,

se te pone reluciente.

Que es aquello que reluce,

en lo alto del castillo,

son los huevos de tu padre,

que le están sacando brillo.

En Extremadura, sin embargo, las canciones populares como sátiras sociales humorísticas o como letras con doble sentido, existen o han existido, pero sin utilizar ‘carrascal, carrascal’ como estribillo, o al menos no han llegado al pueblo extremeño con ese sonsonete. Así, según analiza José M.ª Domínguez Moreno («El retrato erótico femenino en el cancionero extremeño». Revista de Folklore, número 307, pg. 3 y siguientes), existen canciones populares en la comunidad «que utilizan la metáfora del regar o de la albahaca –o del jardín– para aludir al contacto íntimo» o acto sexual. Por ejemplo, en Malpartida de Plasencia cantan:

Todas las quinceañeras

llevan una linda flor,

que cuando un hombre la riega

se convierte en coliflor.

O en Navalmoral de la Mata:

Una moza me pidió

regarle la clavelera.

Y yo, como un buen mandao,

le vacié la regaera.

Igualmente existen en Extremadura otros piques de temática crítica o de contenido socioeconómico carentes del consabido carrascal. Por ejemplo, en Cilleros aún se sigue haciendo referencia al villamelano Torcuato… que el año de su mayordomía con San Blas no quiso hacer función, es decir se negó a ofrecer el convite al pueblo, obligación que iba adscrita al cargo, así como atender a cuantos mozos acudían a su casa buscando un refrigerio cualquier día u hora del año. Por ello los mozos sentenciaron: «¡Silencio y no digo más! Por la puerta (de la casa) de Torcuato no vuelve a pasar San Blas», rechazo popular que aún subsiste hoy día.

Otro tipo de pique hace referencia a las distintas clases sociales, como puede apreciarse a la popular jota cacereña de El Redoble:

Los señores de levita

se mueren por las del moño,

por eso a las señoritas

se las llevan los demonios.

O:

Vale más una jerteña

con una cintita al pelo

que toda la serranía

vestida de terciopelo.

También las hay del típico humor extremeño de diversa catadura:

Mi amor me pidió la mano

y yo no se la negué

como estaba en la cocina

le di la del almirez.

Un pastor me da voces,

qué querrá el tío bruto:

Que se le ha muerto un chivo,

p’a que me ponga de luto.

En mi vida he visto yo

lo que vi esta mañana:

Una gallina en la torre

repicando las campanas.

Los ratones de mi casa

han cogido la costumbre

de bajarse por los llares

a calentarse a la lumbre.

En El Testamentu de Calzadilla de Coria sigue ese humor:

Apúntelu usté, señor escribano…

Le deju a mi hiju

un gran colchón,

que por cá agujeru

le cabi un melón.

Le deju de a mi hiju

un gran olivar

que no s`a plantau

ni se plantará.

Otros versos picarescos –picantes– aluden discretamente a la sexualidad humana. Así, en Piornal:

Qué contenta está la novia

porque tiene cama nueva!

¡Más contento está el novio

porque va a dormir en ella!

En El Torno en las rondas nocturnas:

Tu madre tuvo la culpa

por dejar la puerta abierta,

yo, por meterme p’a dentro

y tú por estalti quieta.

Y como era de esperar no podían faltar las referentes a las suegras:

Si me caso y tengo suegra

ha de ser a condición

que si al año no se muere

el tiro por el balcón.

Mi suegra p’a que la quiera

me ha regalado un rosario,

teniendo yo con su hija (hijo)

corona, cruz y calvario.

A mi suegra la llevé

a la feria de Trujillo

y no la pude vender

por faltarle un colmillo.

A mi suegra la maté

y la enterré en la cocina

y de lástima que me dio

me puse a bailar encima.

Y ya fuera de contexto y a modo de conclusión:

Tener una hija traviesa,

el colmo de un carpintero;

tener un hijo «soldao»

es el del hojalatero.



Carrascal, carrascal

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 531.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz