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Según la Academia carrascal es un sustantivo alusivo a un terreno o monte poblado de carrascas, que son un tipo de encina adaptada al clima mediterráneo, bosque que también puede llamarse encinar, o pedregal en Chile.
¿Y cómo este tipo de arbolado –este sustantivo que no se aplica directamente a una canción, y que sí se usa como metáfora– terminó utilizándose para designar el estribillo de algunas canciones populares y danzas folklóricas?
Sencillamente porque dicho sustantivo tiene una cadencia particular, una aliteración, una musicalidad pegadiza que se presta a ser repetida como parte de una melodía por las posibles evocaciones que de ella se deprenden y como nexo de unidad y cohesión de la pieza.
¿Pero dónde surgió esta adopción lingüística por parte del folklore? No se sabe con exactitud, aunque bien pudo nacer en la localidad oscense de Chimillas, llamada también Carrascal debido a que el lugar se asienta sobre o cerca de un terreno que históricamente estuvo poblado por carrascas, en la margen derecha del río Isuela, que discurre por las provincias de Soria, y Zaragoza, principalmente.
Y es que Chimillas se sitúa muy cerca del lugar donde durante la Guerra Civil estuvo situado el frente conocido como Carrascal de Chimillas, y que las tropas de uno y otro bando se lanzaban para fastidiar al contrario; puyas que en forma poética acabaron convirtiéndose en populares –a veces absurdas– como los de la vieja que comió judías o el albañil que mientras caía del andamio iba escuchando la radio, como comentario social o como una sátira humorística de la sociedad, letras con doble sentido que, como podrá apreciarse en la recopilación siguiente, terminarían agrupándose bajo el estribillo:
¡Carrascal, carrascal,
qué bonita serenata!
¡Carrascal, carrascal,
que me estás dando la lata!
ANTOLOGÍA SOBRE DIVERSOS TEMAS
Relacionadas con viejas en general
Una vieja se peyó
en una saca de harina,
fue tan grande la explosión
que enjalbegó la cocina.
…
Una vieja se comió
cuatro kilos de tomates
y toda la noche estuvo
con el papel en el wáter.
…
Una vieja muy revieja
se lo miraba y decía:
¡cuántas veces ha pasado
el tubo de la alegría!
…
Una vieja se meó
en un vaso reluciente
y otra vieja lo bebió
pensando que era aguardiente.
…
Una vieja se cagó
detrás de un confesionario
y otra vieja lo cogió
creyendo que era un rosario.
…
Una vieja se cagó
(o una abuela)
en lo alto de una higuera,
(o debajo)
y bailaban los higuillos
(o y los higuillos le caían)
al son de la pedorrera.
…
Una vieja se comió
cuatro kilos de manzanas,
y toda la noche estuvo
con el culo en la ventana.
…
Una vieja se comió
veinte kilos de judías,
y a la noche parecía
un camión de artillería.
…
Una vieja muy revieja
más vieja que San Antón,
se echaba la teta al hombro
y le arrastraba el pezón.
…
Una vieja muy revieja
se lo miraba y decía,
que seco te estás quedando
saca perras de mi vida.
…
Una mujer y una burra
se apostaron a correr;
a correr ganó la burra,
la burra de la mujer.
…
De suegras
Mi suegra como es tan fea,
quiere operarse el rostro;
pero los doctores dicen
que no ‘tié’ remedio el monstruo.
…
Cuando se muera mi suegra
que la entierren boca abajo,
por si se quiere salir,
que se meta más abajo.
…
De viejas y viejos
Una vieja y un viejo
van p’Albacere
y en la mitad del camino
el viejo va y se la mete.
…
Una vieja, seca seca
seca seca se casó,
con un viejo seco, seco
y se secaron los dos.
…
Sobre jovencitas
Las chicas de este pueblo
(o de mi pueblo)
llevan bragas de hojalata,
pero sus madres no saben
que llevamos abrelatas. (o llevo)
…
Desde que vino la moda
de fugarse las artistas,
ha decidido mi padre
el no perderme de vista.
…
Desde que vino la moda
llevar polvos en la cara,
parecen las señoritas,
sardinas enharinadas.
…
Desde que vino la moda
de los polvos y el corsé,
con una caña de escoba
pronto hacen una mujer.
…
Las mocitas de este pueblo,
tienen el mear espeso,
y el médico les receta,
jarabe de rabo tieso.
…
Una niña muy bonita,
por muy bonita que sea,
Los pelos de su chumino,
se le mojan cuando mea.
…
Las chiquillas de mi pueblo,
ya no van a la piscina,
desde que dicen que han visto,
una polla submarina.
…
Si Jesús murió en la cruz,
con tres clavos solamente,
¿cómo no muere tu prima
si la clavan tantas veces?
…
De noviazgos y matrimonios
En tu puerta me cagué
creyendo que me querías
y ahora que ya no me quieres
dame la mierda que es mía.
…
En tu puerta me cagué
creyendo que me querías,
y ahora que ya no me quieres
dame la mierda que es mía.
…
En mi puerta planté un pino
creyendo que me querías,
y ahora que ya no me quieres
no puedo sacar el tractor.
…
Si quieres que nos casemos
ha de ser con condición:
que si al año no te mueres
te tiro por el balcón.
…
Si quieres que nos casemos
ha de ser con condición:
que lo tuyo será mío
y lo mío tuyo no.
…
El día que yo me case
me casaré con la churrera,
para estar todas las noches
churro dentro, churro fuera.
…
Si quieres que te la metan
que te la meta el peluquero,
que yo no meto la brocha
allí donde hay tanto pelo.
…
De pequeñitos
Cuando yo era pequeñito,
me limpiaban el culito,
ahora que soy grandecito,
me lo limpio yo solito.
…
Cuando era pequeñito,
me daban la leche en bote,
ahora soy mayorcito,
me la sacan del cipote.
…
Cuando yo era pequeñito
me daban la leche en teta
y ahora que soy mayorcito
me la dan en bicicleta.
…
De asuntos varios
La Tomasa y la Cirila
fueron a coger bellotas,
la Tomasa se agachó
y tenía las bragas rotas.
…
Veinticinco policías,
con veinticinco escopetas,
no pudieron dar alcance,
a un cojo con dos muletas.
…
Un albañil se cayó,
de lo alto de un andamio,
y en mitad del camino
(o y al pasar por el tercero)
se puso a escuchar la radio.
…
Un mañico se miraba
en un espejo y se decía:
«¡Qué cara de burro tiene
ese maño que me mira!»
…
Los ratones de mi casa
tienen la fea costumbre,
de rascarse los cojones
con el gancho de la lumbre.
…
Asómate a la ventana,
saca medio cuerpo fuera,
luego saca el otro medio
verás qué torta te pegas.
…
Yo conocí a un beato,
un beato sin igual,
que pa’ afeitarse lo hacía
con la Hoja Parroquial.
…
El día que yo nací,
nacieron todas las flores;
el día que naciste tú,
todos los alcornoques.
…
Cuando un hombre se emborracha
con un rico en compañía,
lo del pobre es borrachera,
lo del rico es alegría.
…
Con los dedos de la mano,
Con los dedos de los pies,
Con la picha y los cojones,
Todos suman veintitrés.
…
Son mis huevos dos maracas,
y mis manos dos pezuñas,
anda y ponte a cuatro patas,
que te pongo a veinte uñas.
…
Si quieres ver lotería
bájame los pantalones,
y verás salir al gordo,
con dos aproximaciones.
…
Una monja iba corriendo,
por la puerta de un convento,
y un cura estaba detrás,
con un palmo de instrumento.
…
Si tienes el pito malo,
úntatelo con aceite.
si no se te pone bueno,
se te pone reluciente.
…
Que es aquello que reluce,
en lo alto del castillo,
son los huevos de tu padre,
que le están sacando brillo.
…
En Extremadura, sin embargo, las canciones populares como sátiras sociales humorísticas o como letras con doble sentido, existen o han existido, pero sin utilizar ‘carrascal, carrascal’ como estribillo, o al menos no han llegado al pueblo extremeño con ese sonsonete. Así, según analiza José M.ª Domínguez Moreno («El retrato erótico femenino en el cancionero extremeño». Revista de Folklore, número 307, pg. 3 y siguientes), existen canciones populares en la comunidad «que utilizan la metáfora del regar o de la albahaca –o del jardín– para aludir al contacto íntimo» o acto sexual. Por ejemplo, en Malpartida de Plasencia cantan:
Todas las quinceañeras
llevan una linda flor,
que cuando un hombre la riega
se convierte en coliflor.
O en Navalmoral de la Mata:
Una moza me pidió
regarle la clavelera.
Y yo, como un buen mandao,
le vacié la regaera.
Igualmente existen en Extremadura otros piques de temática crítica o de contenido socioeconómico carentes del consabido carrascal. Por ejemplo, en Cilleros aún se sigue haciendo referencia al villamelano Torcuato… que el año de su mayordomía con San Blas no quiso hacer función, es decir se negó a ofrecer el convite al pueblo, obligación que iba adscrita al cargo, así como atender a cuantos mozos acudían a su casa buscando un refrigerio cualquier día u hora del año. Por ello los mozos sentenciaron: «¡Silencio y no digo más! Por la puerta (de la casa) de Torcuato no vuelve a pasar San Blas», rechazo popular que aún subsiste hoy día.
Otro tipo de pique hace referencia a las distintas clases sociales, como puede apreciarse a la popular jota cacereña de El Redoble:
Los señores de levita
se mueren por las del moño,
por eso a las señoritas
se las llevan los demonios.
O:
Vale más una jerteña
con una cintita al pelo
que toda la serranía
vestida de terciopelo.
También las hay del típico humor extremeño de diversa catadura:
Mi amor me pidió la mano
y yo no se la negué
como estaba en la cocina
le di la del almirez.
…
Un pastor me da voces,
qué querrá el tío bruto:
Que se le ha muerto un chivo,
p’a que me ponga de luto.
…
En mi vida he visto yo
lo que vi esta mañana:
Una gallina en la torre
repicando las campanas.
…
Los ratones de mi casa
han cogido la costumbre
de bajarse por los llares
a calentarse a la lumbre.
En El Testamentu de Calzadilla de Coria sigue ese humor:
Apúntelu usté, señor escribano…
Le deju a mi hiju
un gran colchón,
que por cá agujeru
le cabi un melón.
…
Le deju de a mi hiju
un gran olivar
que no s`a plantau
ni se plantará.
Otros versos picarescos –picantes– aluden discretamente a la sexualidad humana. Así, en Piornal:
Qué contenta está la novia
porque tiene cama nueva!
¡Más contento está el novio
porque va a dormir en ella!
En El Torno en las rondas nocturnas:
Tu madre tuvo la culpa
por dejar la puerta abierta,
yo, por meterme p’a dentro
y tú por estalti quieta.
Y como era de esperar no podían faltar las referentes a las suegras:
Si me caso y tengo suegra
ha de ser a condición
que si al año no se muere
el tiro por el balcón.
…
Mi suegra p’a que la quiera
me ha regalado un rosario,
teniendo yo con su hija (hijo)
corona, cruz y calvario.
…
A mi suegra la llevé
a la feria de Trujillo
y no la pude vender
por faltarle un colmillo.
…
A mi suegra la maté
y la enterré en la cocina
y de lástima que me dio
me puse a bailar encima.
Y ya fuera de contexto y a modo de conclusión:
Tener una hija traviesa,
el colmo de un carpintero;
tener un hijo «soldao»
es el del hojalatero.