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A Joaquín Díaz, entre el rabel y la wahha
1. Introducción
Afirma el celebérrimo verso de Gustavo Adolfo Bécquer tras preguntar qué cosa sea la poesía: «Poesía eres tú...». Y vaya por delante que escribo ahora sin ánimo de provocar polémicas filológicas o canónicas de ningún tipo, pero creo que uno de los momentos más «extraordinarios»[1] de la lírica contemporánea en español se dio cuando el dúo Wisin y Yandel, los autoproclamados «Reyes del nuevo milenio del regetón» –con la inestimable participación estelar de Romeo Santos–, rubricaron unos versos donde la poesía (que allí viene directamente interpelada) se reduce a la descripción explícita y animal del deseo del amante:
¿Hola, qué tal?
Soy el chico de las poesías,
tu fiel admirador,
y aunque no me conocías:
Hoy es noche de sexo.
Voy a devorarte, nena linda.
(…)
Quiero arrancarte la tela,
con cautela.
Mi piel canela enseguida pela.
Ella es la protagonista de mi novela;
mi Cinderella conmigo es que vuela...[2]
Lejos de la delicadeza de un Garcilaso de la Vega o de la sutileza metafórica de un Pedro Salinas, textos como estos parecen berrear la degeneración de la literatura y de gran parte de la música actual, la que habita en las listas de reproducción de los más jóvenes o en las memorias de sus ordenadores. Un grito que Matthew Arnold habría interpretado en su obra Cultura y anarquía[3] (de 1869) como signo de la pérdida de sensibilidad estética y marca de la decadencia de la cultura elevada. Por su parte, Adorno y Horkheimer, en su Dialéctica de la ilustración[4] (de 1944), argumentan que la industria cultural, masificadora y uniformadora, transforma el arte en «mera» mercancía: fórmulas repetitivas, consumo inmediato, un lenguaje que se limita a la satisfacción rápida y a la mecánica del deseo, despojando a la obra de su capacidad crítica y espiritual.
Aunque creo que no habría imaginado nunca tener sus nombres tan cerca de pensadores de la talla de Adorno o de Arnold, la lírica de Wisin y Yandel se convierte aquí en un ejemplo extremo de la tensión existente entre la creatividad y el mercado actual de la música, en un testimonio –creo que bastante veraz– de cómo la cultura popular puede, bajo la lógica del consumo masivo, devorar su propio potencial artístico[5].
Ahondando en este tema, pareciera que tras esta exhibición lírica sólo cupiera hablar de decadencia en las letras –que, como manifestación del sentir popular que son– se erigen como el lema de nuestra contemporaneidad. O tal vez no. Quizá el diagnóstico de la aludida degeneración sea demasiado apresurado o hecho por un outsider. Tal vez, tras el ruido y la apariencia de lo banal, siga latiendo un fondo de tradición que no ha desaparecido, sino que ha mutado. Hablando ahora en serio, y dejando a un lado estos breves desahogos –a la manera de las anotaciones expresivas de Erik Satie[6],– que me sirven como sarcástica introducción a un tema más profundo, quisiera centrarme en este artículo en cómo se manifiesta hoy el folclore entre los jóvenes cantantes y en qué modo nuestros jóvenes se relacionan con él. Hay razones aún para pensar, como veremos, que si nos asomamos a la fértil producción de algunos de los novísimos intérpretes españoles podremos comprobar que la llamada a la tradición popular sigue, todavía, plenamente vigente.
2. Me acuerdo ahora de lo que me dijeron y también de lo que me tendrán que decir
Quizás, tras la sorpresa inicial de ver a dos reguetoneros apelando al arte de Érato, también nos sorprenderá constatar que en jóvenes –pero ya reconocidos– cantantes, como Rosalía, C. Tangana u Omar Montes, la tradición y el folclore están más presentes de lo que pudiéramos imaginar. Quizá su estética y su pose hayan servido para prejuzgarlos, pero subyacen en algunas de sus canciones bastantes elementos del folclore musical más arraigado, en parte, como ellos mismos han declarado, transmitido por sus padres y abuelos o como parte natural de su formación, ya que estaba en sus vidas sin haberlo buscado ellos.
Sin ir más lejos, dejando a un lado las frivolidades que nos regalan las redes sociales sobre su persona, el cantante C. Tangana (1990- ) ha dirigido un muy notorio documental, La guitarra flamenca de Yerai Cortés (2024), ganador de dos Premios Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Cinematografía, centrado en la vida del guitarrista flamenco Yerai Cortés. «Flamenco, flamenco», como dirían los entendidos, y nada más. Sobre este estilo musical, C. Tangana ha dicho en una entrevista lo siguiente:
En España estamos viviendo un momento muy bonito y hay mucha gente joven acercándose al flamenco, pero creo que el problema no es del flamenco, es decir, el flamenco no tiene que hacer nada por gustarle a los jóvenes, más bien tenemos que educar a los jóvenes para que les gusten cosas como el flamenco[7].
En efecto, el flamenco está ahí, esperando ser descubierto, no sabe de generaciones. Por tanto, si lográsemos bajarnos del tráfago feroz y alienante, que se ha vuelto norma en nuestras vidas, si nos parásemos a escuchar alrededor, con más detalle, lo que está pasando ahora, descubriremos que nuestros jóvenes también llevan en sus listas de reproducción una parte representativa de nuestro folclore; tal vez no de forma explícita, pero sí a través de cantantes que beben directamente de las fuentes de la música tradicional. Es ya más que evidente que cantantes y grupos muy jóvenes están vivificando –in their own way– el folclore peninsular, mezclándolo con el hip-hop, el rap, el trap o regetón.
Por su parte, muy poco a poco, los críticos y los teóricos –tal vez no de forma extensa entre aquellos que realizan estas tareas desde las universidades, desde lo alto de las cátedras, pero sí aquellos que se expresan en blogs, foros o grupos de diferentes redes sociales– se están interesando cada vez más por este movimiento que va más allá de la música, que llega a la antropología y a la sociología contemporánea y que no deja de crecer[8]. Por ejemplo, en un artículo aparecido en el periódico digital El independiente de Granada, Jesús Martínez Sevilla escribe:
No es la primera vez que desde este blog hablo sobre la obsesión de la música española de los últimos años con combinar sonidos tradicionales del folklore patrio con el pop o la electrónica de corte más vanguardista. Pero es que esta tendencia no solo no para, sino que sigue dando frutos a todos los niveles. No hay más que observar los nuevos discos de tres artistas que han optado por este camino, lanzados todos ellos a lo largo del mes de septiembre. Cada uno tiene diferentes niveles de visibilidad y fama, y cada uno bebe en mayor o menor medida de la tradición, pero en todos los casos esta estrategia forma parte central de su sonido y su identidad artística[9].
No ha sido, pues, como dice el periodista, flor de un día, sino que esta práctica es constatable en la historia de nuestra música, en generaciones anteriores a la de nuestros jóvenes: ahí están Triana o Medina Azahara, que mezclaron el flamenco con la música psicodélica, música electrónica y el rock. O Ray Heredia, con una voz muy flamenca, a la que nada se le puede objetar, pero con un estilo nuevo, influenciado por en blues. Dejando a un lado la intachable «Alegría de vivir», hay una canción suya por la que el público no ha parado tanto, pero que ejemplifica lo que aquí queremos demostrar, «Dos hermanos». De flamenco tiene todo: la guitarra, las voces de las suplicantes que quiebran la composición desde el inicio y, sin embargo, también están el jazz y el blues, aun en ecos, en las melodías de la cuerda tras la guitarra o en las repeticiones obsesivas[10].
Moviéndonos por la geografía peninsular encontraremos a Os resentidos y su particular visión de la muñeira en «Galizia sitio distinto» (de 1988); o a los guipuzcoanos Negu Gorriak. Sobre este grupo vasco me permitirán que me pare unas líneas, ya que no es muy conocido que en su canción «Bertso–hop» (lanzada en 1990) aparecen sampleadas las estrofas (bertso) de dos grandes poetas de la tradición oral vasca: Andoni Egaña[11] y Anjel Mari Peñagarikano[12]. Además, otro famoso bertsolari, Jon Maia[13], también colaboró como letrista de la banda euskaldun. Y son estos unos pocos casos: Smash, Aguaviva, Pata negra, Celtas cortos, Kiko Veneno... así hasta llegar al mejor cantaor de todos los tiempos, José Monje Cruz, «Camarón», cuya voy debería ser estudiada por los antropólogos y no por los musicólogos.
En cualquier caso, más allá de la vitalidad con que los jóvenes artistas reinventan la tradición, la moldean y retuercen a su antojo, hasta límites insopechables en ocasiones, persiste y subyace –en mi opinión– una cuestión fundamental: ¿qué es música y qué no?/¿qué es poesía y qué no lo es? La pregunta, tan antigua como la voz en el hombre, ha atravesado épocas y estéticas y no deja de ser crucial, incluso, en un presente dominado por la lógica del mercado cultural de fast culture[14]. Llegados a este punto, resulta pertinente evocar las palabras de Eugenio Montale (1896-1981), que, con su habitual rigor reflexivo, nos enfrenta a la necesidad –y también a la dificultad– de distinguir entre poesía y no–poesía:
¿Existe todavía una crítica literaria? Cabe dudar de ello, mas por razones de comodidad, supongamos que sí, que continúa existiendo; y veamos, por tanto, de qué instrumentos puede servirse y qué fines persigue. En Italia se hallan críticos supervivientes que, puestos frente a un texto presumiblemente poético, se las ingenian para distinguir en él la poesía de la no–poesía. Es una distinción tan vieja como el hombre, porque también un incompetente que lea un libro dirá siempre burdamente. Esto me gusta y esto no me gusta. Una filosofía moderna ha dotado de una base seria a esta distinción, y después la ha hundido[15].
Intentemos distinguir ahora entre lo que es poesía y lo que no y, en ella, lo que de folclore le ha quedado y, a su vez, con valentía, decir si lo que hay en estas canciones puede ser considerado folclore o no. Avancemos con cautela, porque quizá ha adoptado otras formas y se ha adaptado, cual simbionte, a la perfección al siglo xxi, vive entre nosotros y actúa y no nos damos cuenta de ello. Porque el folclore español, lejos de ser un vestigio inmóvil, se reinventa constantemente en diálogo con la música contemporánea. Para demostrar que este fenómeno no ha sucedido sólo en nuestro país, sino que parece un fenómeno global; leamos, por ejemplo, una entrevista al cantante Devendra Banhart en la que afirma:
He leído que fuiste skater en tu adolescencia. La música de esa tribu urbana suele ser el hip-hop o el hardcore. ¿Cómo te inclinaste finalmente por el folk?
Todavía sigo patinando. Me metí en la música por culpa de montar en patín. Todos los vídeos de skate tenían música que no había oído y me gustaba, aunque no sabía quién era cada grupo. Cuando vivía en Caracas toda la música era merengue, salsa, cumbia y samba. Mis padres eran medio hippies y se pasaban el día escuchando a Nusrat Fateh Ali Khan, Ali Farká Toure, Bob Dylan o Neil Young. Cuando mi padre se compró una impresora yo ya sabía algo de hip-hop y pegué con pegamento en mi patín el logo de Wu–Tang Clan. Un día, viendo vídeos de skateboard sonó una canción de Desmond Dekker que se titula «007 Shanty Town». Inmediatamente me cambió la vida. Tenía 13 años y me metí de cabeza en el reggae y el ska. Luego salió otro vídeo de patinadores en el que sonaba «Quicksand» del Hunky Dory de David Bowie. También escuchaba mucho hardcore: Subhumans, Crass, Dead Kennedys... Por supuesto, era seguidor del hip-hop: Wu–Tang Clan, Del tha Funkee Homosapien, A Tribe Called Quest, Gang Starr… Me gustan todos los tipos de música…[16]
Si recapitulamos un momento antes de continuar con este artículo, comprobaremos que la historia de Banhart nos recuerda que el folclore ya no vive sólo en los pueblos, ni en los cantos transmitidos de generación en generación. Lo interesante para este estudio es mostrar que hoy puede nacer en una tabla de skate, en un vídeo de YouTube o en una playlist compartida. Lo importante no es de dónde venga la música, sino cómo nos atraviesa y qué hace luego con nosotros (como veremos en los autores de los que nos ocupamos aquí). En ese sentido, el folclore se ha vuelto algo más íntimo y, a la vez, más universal: una mezcla de raíces y hallazgos, de recuerdos y de descubrimientos que seguimos reinterpretando sin darnos cuenta cuando, por ejemplo, compartimos el enlace a una canción, cuando posteamos un comentario o damos un like. Todo esto porque, al final, quizá todos llevamos dentro una pequeña versión del folclore, hecha de lo que oímos, de lo que vivimos y de lo que amamos.
3. Nueve novísimo on point: pequeño catálogo de casos paradigmáticos
Haciendo un guiño al libro editado en 1970 por Josep Maria Castellet[17], en este apartado analizaremos algunas de las voces que más éxito han tenido o tienen entre los más jóvenes (y los no tanto), comenzando por Rosalía Vila Tobella, «La Rosalía» (1992- ), quien es una de las reinas indiscutibles en las listas de reproducción de Spotify o de YouTube y ha logrado también hacerse un lugar en el mercado americano. Rosalía ha afirmado en varias ocasiones que creció escuchando flamenco en casa; en numerosos medios ha dicho que a los trece años descubrió este tipo de música. No ha escondido esta influencia, es más, la ha llevado a gala. Además de sus éxitos más populares, como «Malamente» o «Motomami», podemos encontrar por Internet varios vídeos en donde la catalana se defiende bien con los palos del flamenco. Y, en su canción «Bulerías», incluso da una breve pero directa preceptiva sobre el cante y su persona, dirigida a todos aquellos que la han criticado, acusándola de pastiche flamenco. Además, deja un «recao» para todos los que han tenido que hacer lo que no querían en el difícil mundo de la música para llegar al éxito:
Yo no tuve que hacer naíta que yo no quisiera.
Y aunque ahora nadie lo ve (dale).
Yo no tuve que hacer nada que me arrepienta ni de que yo lamente ahora
para mantenerme en pie, yo me maté 24-7.
Eso e’lo que tuve que hacer (ole).
Soy igual de cantaora (dale, dale),
igual de cantaora con un chándal de Versace que vestíita de bailaora[18].
Con un chándal de Versace que vestiíta de bailaora.
Y aunque a mí me maldigan a mis espalda’,
de cada puñalaíta saco mi rabia.
Y aunque no tenga dinero, no tenga a nadie,
yo voy a seguir cantando, porque me nace[19].
En esta letra, Rosalía nos dice que se puede ser tan cantaora (léase: tan flamenca o, incluso, tan auténtica) con un chándal de Versace (uniforme casi para traperos/as) como con un vestido de flamenca. El hábito no hace al monje y lo moderno se une con la tradición en palabras de Rosalía. La propia artista ha dicho: «El flamenco ha estado en mi entorno durante diez años. Por decisión propia, sí, pero ha estado. No es un disfraz, es mi vida.»[20]
Y un poco más adelante, en la misma entrevista, dice:
Sé de dónde viene el flamenco, he estudiado una carrera entera sobre esto. Los flamencólogos se han esforzado por explicar su origen. Nace de la mezcla de culturas. Le debe mucho a la etnia gitana, pero la música no tiene dueño […].
El caso de Rosalía demuestra que muchos de estos jóvenes intérpretes poseen una clara conciencia de su labor artística y una clara visión de dónde vienen. No sólo comprenden bien de dónde procede su música, sino que también reconocen la importancia de vincularla con sus raíces y, al mismo tiempo, con el contexto cultural que habitan. De ahí que no resulte extraño que en sus referencias convivan Camarón, Manzanita, Mikel Laboa, Lluís Llach, las jotas o las coplas de pandero con Eminem, Drake o Daddy Yankee. En definitiva, el arte es siempre un proceso de diálogo en el que intervienen los hallazgos y aciertos de las generaciones anteriores y una reinvención constante de la tradición obrada en medio de la modernidad. Ambos se necesitan, por ello no hay evolución sin reflexión sobre lo hecho anteriormente y sólo los ignorantes no echarían la mirada atrás.
Siguiendo con nuestra lista, y dejando al margen cuestionables revisitaciones como la hecha por el grupo Los caramelos de la añeja canción cuartelaria «Quinto levanta», de autor anónimo, llegamos a Omar Montes (1988- ). Si bien, su propuesta no se distingue por la complejidad vocal o poética, la recepción social de su obra revela su capacidad para vehicular las prácticas de identidad colectiva. Muy sonado fue que durante la Feria de Abril de Sevilla de 2024 su canción «La sevillana» fue una de las más escuchadas y bailadas. Aunque molestó a los más puristas del flamenco, cumplió con ella la catarsis que obra el folclore: jóvenes, mayores, sevillanos y no sevillanos cantaban y bailaban juntos. En su canción, expresiones idiomáticas que emplean los más jóvenes (como «el cora»), se mezclan con elementos latinos y con la poética del trap. Todo eso sin ser sevillano, otro motivo de enfado para los más exquisitos[21]. Aunque, cuando se le preguntó por su afición por el flamenco, Montes respondió:
Lo fácil y con lo que normalmente gano dinero es con el reguetón. Tardo un par de horas en componer un tema, hago un videoclip rapidito, lo subo a Youtube, me llaman para actuar en los mejores festivales del mundo y todos felices. En cambio, el flamenco me gusta, aún sabiendo que tiene menos repercusión y dinero voy a ganar poco –hablando mal y pronto–. […] Cuando hago flamenco es de corazón. Por eso, me fastidia cuando vienen los puristas a molestar, porque no gano nada y solo intento regalar mi música[22].
Con el mismo afán de regalar su música, en el norte de España, asentado en la pequeña localidad de Vegarrionda, Rodrigo Cuevas (1985-) experimenta con distintos tipos de música sin dejar de poner en su centro de gravedad el folclore de la cornisa cantábrica. Él mismo estudió acordeón y danzas tradicionales asturianas y es aficionado a la gaita. Con bases electrónicas en sus composiciones palpamos el espíritu de las romerías asturianas y el ambiente findesemanero de un festival indie, y tanto hay en Cuevas de Freddie Mercury como del Ñeño de Mieres.
En una interesante entrevista (que yo recomiendo leer completa y que no puedo trasladar aquí por la falta de espacio), Cuevas reflexiona de forma muy inteligente sobre qué es el folclore, para él y en el siglo xxi, qué es la tradición y qué es la modernidad, cómo se acercan los jóvenes intérpretes al pasado y cuáles han sido –en su opinión– los resultados. En dicha entrevista, Cuevas afirma:
Con la tradición puedes jugar sin límites. Es lo que hacían los paisanos de antes. No se preguntaban si algo era fiel a la tradición. No había derechos de autor, por lo menos para el arte. Renegar, hoy, del folclore porque el folclore es machista es una tontería. No renegamos de óperas del siglo xviii porque sean machistas. ¡Es que era una sociedad machista! Se reflejaba lo que era normal en aquel momento. ¿Es normal la lapidación por adulterio? Pues los romances hablarán de lapidación por adulterio. Es difícil llevar hoy al escenario un romance, porque los romances son medievales, y son demasiado machistas. No es que tengan pequeños guiños. Es como si los escribieran unos talibanes ahora mismo; dicen cosas que nos parecen una aberración. Pero no juzgamos así, pues eso, las óperas del siglo xviii, que son igual de machistas muchas veces. (…) ¡Los puristas! Los puristas son los padres (risas). Muchas veces, es a nuestra parte más purista a la que nos referimos cuando hablamos de «los puristas». Y en la tradición, cuando haces algo tradicional, o cuando utilizas la música tradicional para subirte al escenario, es muy importante matar al padre. A mí siempre me dijeron «los puristas te van a crucificar», «los puristas te van a no sé qué», pero nunca me aparecieron, nunca vinieron, son como gamusinos, no existen. Puede haber un par de críticos en el ABC, no sé, habrá un par de ellos por ahí, gente que no entienda nada, pero no son puristas: son homófobos, son machistas… ¿Puristas? No sé quiénes son. No tengo ningún nombre o apellido para darles[23].
En las palabras de Cuevas hay una profunda reflexión. No hace música por hacerla, por mera diversión; sabe responder cuando se le pregunta por su manera de entender la música. Ante todo lo dicho, ante un panorama tan ancho, sólo queda decir que aún hay mucha teoría por hacer, pero en Internet, en las redes sociales, y tendremos que plantear incluso otra forma de hacer crítica literaria (si es que no se está haciendo ya), haciendo caso a los likes, tuits o posts, y quizá reconociendo que son ya parte inseparable de ella[24].
No en lengua española, sino en catalán, y para seguir con los jóvenes que se han acercado y adaptado el folclore en nuestro tiempo, en Cataluña la sardana ha entrado en el terreno urbano gracias a propuestas como «Coti x coti», del dúo de Mataró The Tyets, que mezcla buenas bases de trap con el sonido de dicha danza tradicional; todo al compás de la cobla (la agrupación musical catalana por antonomasia), acercando así el baile regional a las generaciones más jóvenes.
En la misma línea, antes que The Tyets, Roger Mas (1975-) había llevado su cancionero al encuentro con la Cobla Sant Jordi–Ciutat de Barcelona, demostrando así que la formación instrumental vinculada a la sardana puede dialogar, de tú a tú, con la canción de autor.
Aunque The Tyets tal vez tengan un público más reducido que Rosalía u Omar Montes, sus indagaciones en lo popular son igualmente significativas y acreditan lo dicho hasta ahora sobre cómo la tradición permea en la sociedad moderna. Al ser preguntados por la presencia de la música de sardana en «Coti x coti», respondieron:
Podríem dir que la idea va sortir una mica sense voler, com tot el que ens passa. No ben bé sense voler, però el fet és que la cançó no tenia sardana. En el moment en què vam fer la tornada, on ara mateix sí que hi ha la sardana, ens va venir el ritme de cobla al cap. Ens vam mirar i vam dir: posem una sardana. I vam decidir gravar-la, va venir en Jordi Montasell, que és de Mataró, i va portar un conegut seu de la Cobla Sant Jordi. I va ser gravar–ho i quedar super bé, estàvem molt contents. I després s’hi va sumar la creació del videoclip. Aquests són dos factors que quan es van ajuntar, van crear un producte global, que és molt guai. El videoclip combina la tradició catalana. A mi em recorda com si el poble on ho vam gravar fessin Pastorets, perquè era tot un poble implicat, en una mateixa cosa. Ells fan un Pessebre Vivent cada any, i a mi em va recordar als Pastorets que he vist sempre a Mataró. En definitiva, són moltes coses que passen a la cultura catalana i estem agafant les arrels també d’aquesta cultura per barrejar-les amb el reggaeton, que és el que sona ara mateix. És un còctel explosiu[25].
Eminentemente en euskera, pero no sólo, el colectivo pamplonica Chili Mafia es otro puntal en lo de mezclar tradición y modernidad. Hay quien le puso el marbete de rural-trap al grupo, aunque creo que tienen muy difícil categorización (por ejemplo, si incluimos a Doraemon en la ecuación). Influencias muy diversas y en constante transformación, poseían un estilo que iba desde el buen pop de los ochenta hasta el regetón o el corrido mexicano. Para la posteridad ha quedado su versión de la canción «Merezi Ote», de Mendibil, que, en mi opinión, llega a tratar de tú a tú al producto original. Otro de sus hallazgos es «Mus corrido», que serviría para escribir un buen artículo de teoría de la literatura. Allí vemos cómo la terminología de un juego de cartas tan arraigado en Euskadi se convierte en argumento y la retórica del juego cobra valor de historia.
En el centro de la Península Ibérica, en Madrid, el chotis también ha vivido un proceso de renovación, interesante y mestizo. La cantante Vera Noor viralizó en redes sociales una versión acústica del clásico «Madrid», modernizando su sonoridad, mientras que grupos como La La Love You, Marlena o Pignoise han lanzado versiones propias del mismo chotis con motivo de las fiestas de San Isidro. Pero, entre los más jóvenes, es la de Raúl Zalín (1997– ), Zalín, en el ámbito musical, la que más éxito ha tenido a la hora de versionar el «agarrao».La música del organillo casa con rimas audaces y nos lleva, aun con melodías populares, a un rap muy purista. Él mismo ha afirmado: «Nunca muestro referencias de una obra tal cual, siempre hago una reinterpretación»[26], confirmando así, una vez más, que tradición y modernidad pueden ir de la mano.
Parando en mi tierra, Extremadura, El Gato con Jotas, pseudónimo de Sergio Gómez (que, como Cuevas, tiene una voz verdaderamente hermosa para el folclore y es, es en muchos aspectos, un Cuevas castúo), ha creado la «electrojota», aunque yo diría que su música es mucho más que eso. Por ejemplo, ha versionado un bonito villancico extremeño y lo ha llevado hasta el siglo xxi. En Extremadura, otras agrupaciones habían intentado antes que El Gato con Jotas fusionar folclore y música moderna; para la historia queda la versión que Extremoduro hizo de la jota de Montehermoso «El pollo» (o «El pollu», en castúo); Acetre y con más arrojo Arroyo los cagaos (y luego su grupo secuela, Efecto verdolaga) también lo hicieron, llegando a poner en modo de jota «Maneras de vivir», de Rosendo. Y me sigue pareciendo genial, por lo elocuente, la definición que hace Gómez cuando se le pregunta por quién es El gato con jotas y si aún el folclore tiene razón de ser:
Es la revisión asombrosa del folclore extremeño, el revitalizar y el agitar nuestra música popular en los tiempos modernos para hacerla más posible y ubicarla en un mercado copado por el reggaetón y otras producciones. (...) Creo que es uno de los recorridos más bonitos de la música, es el sentir de un pueblo. Una región se construye de su arte, no de llevar una bandera; se hace labrando la tierra, bailando una jota o ayudando a las labores locales. No hay por qué avergonzarse de los vestidos o de los cantares de donde uno es[27].
El ya aludido C. Tangana, pseudónimo de Antón Álvarez Alfaro (1990- ), es uno de esos casos raros en los que puede escucharse con la misma atención tanto sus composiciones como sus propias reflexiones sobre ellas, pues su discurso estético y su pensamiento artístico mantienen una coherencia poco común en la música popular contemporánea. Como compositor, él mismo ha dicho que hace canciones de amor; hasta aquí, todo normal. Lo extraordinario es descubrir que en una misma pieza conviven las bases del trap con los acordes del pasodoble «Campanera», de los maestros Genaro Monreal, Camilo Murillo y Francisco Naranjo. Y en «Demasiadas mujeres» se entrelazan la introducción de una marcha de Semana Santa, los samples de «El amor brujo», de Manuel de Falla, y las estructuras del trap y el reguetón. Así, también desde la métrica, sus canciones revelan una fusión consciente sobre este aspecto. La cadencia popular se reconfigura dentro de las estructuras urbanas, recordándonos que la forma –como el folclore– nunca es estática, sino viva y en transformación.
Termino esta concisa nómina de autores con el grupo Delameseta, compuesto por Lucía López-Enrique y Santi Sierra. Si me piden una definición de su música, me parece que cuentan con más cerebro que El chaval de la peca y con más background que Ladilla rusa. Delameseta mezcla folclore castellano con música electrónica, panderos y sintetizadores a partes iguales y todo ello dominado por una voz potente, la de Lucía, que pone la carne de gallina. Los dos integrantes han confesado que trabajan con el patrimonio oral de su región y que son buenos conocedores de la extensa fonoteca de la Fundación Joaquín Díaz (la misma que auspicia esta revista). Al ser preguntados por su llegada a la música folclórica, responden así:
L: Yo vengo de una familia muy folklórica. De hecho, empecé a bailar porque estaba en el grupo de Coros y Danzas Pilarica, grupo en el que también estaban mis padres. También mi madre siempre me ha cantado mucho en casa o mi tía. Yo de pequeña escuchaba más a Candeal o a Eliseo Parra que a Estopa o el Canto del Loco, cuando ví que el resto de mis amigos del colegio escuchaban otras cosas pues me puse las pilas con lo moderno, pero bueno una es lo que es, folklórica de tradición.
S: Mi relación con la música tradicional es algo reciente. Siempre he hecho música y me han interesado de alguna u otra manera cosas de la tradición pero realmente fue hace unos pocos años a raíz de escuchar proyectos actuales que mezclan tradición con músicas actuales que me empezó a interesar mucho más. Luego me puse a estudiar la música tradicional a fondo y ahora me he convertido en un friki obsesionado con los cancioneros y los archivos etnográficos[28].
4. Coda
El pequeño canon que aquí hemos trazado –nueve voces que se mueven entre la jota y el auto-tune– no pretende más que prolongar el argüido guiño a aquel libro decisivo de Castellet y demostrar que el folclore español, lejos de extinguirse, ha encontrado nuevos cauces para sobrevivir. Rosalía, C. Tangana, Omar Montes, Rodrigo Cuevas, The Tyets, El Gato con Jotas o Delameseta no repiten la tradición: la hacen suya y la reinventan. Y, al hacerlo, devuelven a las nuevas generaciones (con sus nuevas formas de recepción) el eco de un pasado que parecía escondido, dormido o lejos de ellos.
Escuchar a Rosalía cantar una bulería o a El Gato con Jotas electrificar una jota extremeña nos provoca una sensación de extraña familiaridad, como cuando, sin saber por qué y sin quererlo, un aroma nos lleva a nuestra niñez. Lo que oímos es nuevo, pero su raíz nos pertenece, está en nosotros. Esa es la fuerza arrolladora del folclore: su capacidad de mutar sin perder su alma. Y, como la memoria, el folclore no se conserva, sino que se reinterpreta.
En el siglo xxi, la copla y la muñeira se transmiten por TikTok, el romance y el alejandrino conviven con el trap y el fandango dialoga con el regetón. Lo popular ya no pasa de boca en boca, sino de algoritmo en algoritmo. Pero el gesto, si observamos con atención, es el mismo: cantar lo que somos, ser lo que cantamos.
Si en Portugal la Banda do Casaco o en Italia Dante a tempo di rap abrieron caminos semejantes en sus tradiciones (por traer sólo dos pequeñísimos ejemplos del extranjero en el tiempo de descuento), tal vez haya llegado la hora de asumir que el folclore –ese espejo de la identidad colectiva– ya no necesita de un pueblo geográfico, sino de una comunidad emocional y digital.
Cierro el círculo y termino donde comencé. Decía Gustavo Adolfo Bécquer: «¿Qué es poesía? Poesía eres tú.» Así, hoy todos podríamos responder: «Poesía eres tú, aunque cantes con auto–tune.» Porque, a fin de cuentas, la tradición sigue viva, sólo que ahora baila al ritmo de la modernidad.
Fernando Cid Lucas
Università degli Studi di Macerata (Italia)
BIBLIOGRAFÍA
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MENDOZA, Vicente T., El corrido mexicano, México, F.C.E., 1954.
NOTAS
[1] Léase con atención la definición de este término en: https://dle.rae.es/extraordinario (última consulta: 24/10/2025).
[2] Video ilustrativo, con subtítutos, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=4WRudD1la6M&list=RD4WRudD1la6M&start_radio=1 (última consulta: 13/09/2025).
[3] Léase: SUPER, Robert H. (editor), The Complete Prose Works of Matthew Arnold. Volume V: Culture and Anarchy with Friendship’s Garland and Some Literary Essays, Ann Arbor, The University of Michigan Press, 1965.
[4] Léase: ADORNO, Theodor & HORKHEIMER, Max, Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos (Introducción y traducción de Juan José Sánchez), Madrid, Trotta. 1998.
[5] Véase para esto el artículo de: O´MATHÚNA, Donald P., «La enseñanza de la ética a través de canciones populares: Afecto y pensamiento», Aesthethika, vol. 14, nº 1, 2018, pp. 61–75.
[6] Véase para esto: VALDEBENITO CARRASCO, Lorena, «La subversión musical de Erik Satie por medio del pensamiento cínico», Revista Musical Chilena, vol. 73, nº 231, pp. 98–119.
[7] En: https://www.telemundo.com/entretenimiento/telemundo–entretenimiento/famosos/c–tangana–hablo–del–flamenco–y–su–influencia–en–los–jovenes–rcna212476 (última consulta: 16/10/2025).
[8] Véanse, sin embargo, por ejemplo, los artículos de: BUCKLEY, Nicolás, «La insercción del hip–hop en los estudios culturales. Análisis desde la metodología de la historia oral», Historia Actual Online, nº 66, vol. 1, 2025, pp. 9–26.; o SHUSTERMAN, Richard, «El arte del rap», Estética pragmatista. Viciendo la belleza, repensando el arte, Barcelona, Idea Book, 2002, pp. 267–318.
[9] En: https://elindependientedegranada.es/blog/musica-espanola-folklore-vanguardia (última consulta: 01/09/2025).
[10] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=CjiGzw3dirE&list=RDCjiGzw3dirE&start_radio=1 (última consulta: 26/10/2025).
[11]Véase: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/egana-makazaga-andoni/ar-27006/ (última consulta: 20/1072025).
[12] Véase: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/penagarikano-labaka-anjel-mari/ar-117254/ (última consulta: 20/10/2025).
[13] Véase: https://www.elsaltodiario.com/culturas/entrevista-bertsolari-jon-maia (última consulta: 24/10/2025).
[14] Véase para esto el interesante trabajo de: BLASER, Mary Alexandra, «El movimiento slowResistencia a la cultura acelerada y la necesidad de bienestar urbano», Revista de antropología experimental, nº 23, 2023, pp. 15-29.
[15] En: MONTALE, Eugenio, Auto de fe, Barcelona, Argos Vergara, 1977, p. 281.
[16] En: LENORE, Víctor (entrevistador), «Folk en el siglo xxi. Entrevista con Devendra Banhart», Minerva, 2010, p.71.
[17] CASTELLET, Josep Maria, Nueve novísimos poetas españoles, Barcelona, Barral Editores, 1970.
[18] El subrayado es nuestro.
[19] En: https://genius.com/Rosalia–bulerias–lyrics (última consulta: 22/10/2025).
[20] En: https://elpais.com/elpais/2018/09/06/eps/1536246627_030346.html (última consulta: 21/09/2025).
[21] Léase: https://www.lavanguardia.com/gente/20240424/9601931/omar–montes–ferrari–mola–verdad–quitar–madre–fregar–escaleras.html (última consulta: 26/09/2025).
[22] En: https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/Omar–Montes–inteligente–dinero–Espana–video_0_1894012645.html (última consulta: 26/09/2025).
[23] En: https://www.jotdown.es/2023/05/rodrigo-cuevas-entrevista/ (última consulta: 22/1072025).
[24] Véanse para esto algunas de las aseveraciones que apuntan hacia estas ideas recogidas en el libro de: LEITCH, Vincent B., Literary Criticism in the 21st Century, Dublin, Bloomsbury, 2014 (en especial, la introducción y las premisas que se presentan en el primer capítulo, titulado What I believe and why).
[25] En. https://www.tresdeu.com/2023/04/entrevista-the-tyets/ (última consulta: 22/10/2025).
[26] En: https://www.facebook.com/elcofresuena/videos/entrevista-a-zalin-por-el-lanzamiento-de-prêt–à–porter/716549305879837/ (última consulta: 23/10/2025).
[27] En: https://www.elperiodicoextremadura.com/extremadura/2025/01/12/gato-jotas-region-construye-arte-113314501.html (última consulta: 23/10/2025).
[28] En https://laperdizroja.com/al-baile-por-ver-amores-entrevista-con-delameseta/ (última consulta: 25/10/2025).