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1. El «profanador de la Santa Biblia»
El 18 de julio de 1887 publica Antonio Valbuena, en la revista La Ilustración Artística, el relato «La tía Javiera» (que después incluirá en la 1.ª edición de su libro Capullos de novela, 1891) y en sus primeros párrafos dice: «Ya se sabe que en esto de las celebridades, las hay de muy diversas especies. Desde la de aquel bárbaro de aquel Omar que puso fuego a la biblioteca de Alejandría, hasta la de José María Carulla, que puso toda la Biblia en verso». Igualmente, por esas fechas, inicia Valbuena el capítulo XX de Ripios vulgares (1891, 205):
¡Carulla!
No crean ustedes que es una interjección: es el apellido del casi célebre profanador de la Santa Biblia.
Y digo profanador, porque una verdadera profanación es el haberse metido a traducirla en verso.
Pero nada; el intrépido Carulla (don José María) se ha empeñado en poner en liras toda la Sagrada Escritura, y es de ver con qué frescura vence las dificultades.
No estaba mal informado Antonio Valbuena. Era verdad. Había un señor –José María Carulla– que a aquellas alturas estaba poniendo en verso –nada menos que en liras– toda la Biblia. ¡Qué acervo de cultura, de tradiciones, de referencias, de creencias populares, almacenadas en esos miles de versos!
2. ¿Toda la Biblia en verso?
La Biblia tiene 73 libros: 46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento. En la edición de la BAC, letra pequeña, a dos columnas, veo que son 1523 páginas. Poner todo eso en liras (7a-11B-7a-7b-11B) lleva su tiempo.
M. J. HAGERTY (1976, 5-6) dice: «Actualmente, la Biblia en Verso se encuentra en ocho cajas en la Abadía del Sacromonte, papel cuartilla, sin encuadernar».
Este estudioso –catedrático de la universidad de Granada, muerto en 2010, «ha sido de las pocas personas que le ha podido echar un vistazo a los folios de Carulla» (A. CÁRDENAS, 11/04/2021)– reseña lo que contienen cada una de esas cajas y dice: «La obra no está completa, ya que del Nuevo Testamento solo existe el Evangelio de san Mateo» (HAGERTY, 2).
Sin embargo, en una rectificación del mismo Carulla, en julio de 1908, a una noticia del periódico de Granada Gaceta del Sur, se lee (cf. MESA y GARZÓN 2015, 107):
Don José María Carulla nos hace saber que sus obras, incluyendo muchas que tradujo del italiano, del francés y del catalán, no forman más de 400 tomos. Pasan poco de 250, aun contando los 73 libros que componen La Biblia y los 60 tomos de 576 páginas de su revista La Civilización.
¿Quién mejor que el mismo Carulla para saber lo que había escrito? Lo confirma en el soneto «Voz del cielo», donde Dios le pide que traduzca en verso la Biblia y, en el último terceto, el poeta reconoce que ya la acabó:
Desde mi trono, al verte con fe pura,
alegrar resolví tu noble vida:
meditada queriendo o más leída
la Sagrada dulcísima Escritura
acordé, para darte gran ventura,
que en verso por ti fuera traducida.
A pesar de que turba corrompida
mi intento combatía con locura,
por el Padre amparado sin segundo,
no dejé la versión un solo día,
sin caso alguno hacer al torpe mundo.
Ya me alaba no poca gente pía;
porque acabada está, brama el inmundo
Lucifer, y es inmensa mi alegría.
(MESA y GARZÓN, 115).
El ánimo y coraje de Carulla, puesto a traducir la Biblia en verso, debieron de ser épicos: ¡6 000 cuartillas de su puño y letra!; ¡25 kg!; ¡53 642 liras!: ¡268 210 versos! Obra nunca publicada en su conjunto. Sí editó algunos libros del Antiguo Testamento (Génesis, Éxodo, Tobías, Judit, Levítico), los cuatro primeros en la revista de la que él era propietario y director, La Civilización, desde el 09/06/1883 hasta el año 1888.
El periódico La Correspondencia de España (Madrid, 12/06/1883, 3) daba así la noticia del comienzo de la magna labor y preveía el tiempo aproximado de ejecución:
Nuestro querido amigo el Sr. Carulla ha comenzado a publicar, en La Civilización Cristiana, la Biblia en verso. Es digno el empeño del Sr. Carulla de su constancia y de su laboriosidad, y no dudamos que le dará cima feliz, pues son grandes las aptitudes para la versificación que distinguen a nuestro amigo y mucho su conocimiento de los libros sagrados. No abandonando sus tareas cotidianas, el Sr. Carulla podrá tardar en poner la Biblia en verso doce o catorce años.
En esos mismos meses de 1883, Antonio Valbuena, con 39 años, estaba también intentando consolidar su despegue y éxito como periodista y crítico, con sus artículos en El Progreso, bajo el título de Ripios aristocráticos. Acababa de tener –en julio y agosto de 1882 en Santander, desde su periódico La Verdad– una durísima pelea en la que el también periodista José Estrañi, del diario La Voz Montañesa, lo había retado a duelo (J. SERRANO 2024, 23-25). Y es ese el momento en que, lógicamente, Antonio Valbuena tuvo acceso a los primeros versos de la Biblia (las liras) de José María Carulla en la revista La Civilización. Ambos, además, habían colaborado en El Siglo Futuro. Valbuena tenía ganas de gresca, tenía necesidad de fama para ser leído, y busca los motivos más a propósito para llamar la atención y ser tenido en cuenta en los ambientes periodísticos y culturales.
3. ¿Quién era José María Carulla?
En algunos aspectos, Carulla tuvo paralelismos biográficos con Valbuena. Nacido en Igualada (Barcelona) el 18/10/1839, Carulla era cinco años mayor. Estudia las carreras de Filosofía y Letras, y de Derecho en Zaragoza; y Teología en Madrid. Ejerce algún tiempo la abogacía e inicia, después, su aventura en Italia, donde quiere, pero no logra, alistarse en la guardia del Papa (los zuavos pontificios, contra Garibaldi). Participa, también, como auditor en la tercera guerra carlista. Colabora en periódicos de Madrid y funda su revista, La Civilización, que mantiene casi dos decenios (1874-1892); y tiene varios intentos (más bien fallidos) con el teatro. Es amigo de polémicas y sufre algún pequeño destierro. Tiene, al igual que Valbuena, un hermano sacerdote, con alto cargo en Granada y allí es donde se va a vivir Carulla.
Peregrinó varias veces a Roma y visitó el Vaticano, donde, en alguna ocasión, fue recibido por el Papa. «Cuando José María Carulla terminó de versificar la Biblia, se la hizo llegar al papa León XIII, el cual lo condecoró con la Cruz «Pro Ecclesia et Pontifice» (MESA y GARZÓN, 66).
Con 58 años se casa –parece ser que por consejo o influjo de su hermano el cura– con una joven de 28 y tienen dos hijos. En los últimos años, integrado en las Conferencias de San Vicente de Paúl, se incrementó su afán caritativo por recaudar dinero para los pobres, pues no teniendo él suficiente para darles, hacía lecturas públicas de sus traducciones de la Biblia o de la Divina Comedia o del Kempis, pidiendo una pequeña colaboración a los asistentes, para poder entregar a los más necesitados. Y no faltó quien hasta intentara boicotear esos piadosos actos públicos burlándose de sus ripiosos versos; hasta el punto de que tuvo que salir en su defensa su hermano el influyente canónigo. En El Libro de Granada, de 1915, sus autores (C. RUIZ CARNERO y J. MORA GUARNIDO) reseñan así algunas lecturas privadas que Carulla hacía ante damas y caballeros de la buena sociedad de Granada:
De su boca van saliendo pausadamente los absurdos y pintorescos disparates con que ha ilustrado el Libro de los Sabios: son unos versos incomprensibles y caóticos, más cerca de lo tragicómico que de lo sublime; unos versos sin cuerpo y sin alma, sin forma y sin fondo (cit. por HAGERTY, 3).
Esas burlas persiguieron a Carulla durante toda su vida. Ya en 1867, y por tanto muy joven, cuando pretendió alistarse en el ejército pontificio como «zuavo», el periódico Gil Blas escribió: «¿Quieres que al mundo alborote / tu fama de adalid bravo? / Pues compra un borrico al zuavo / y cátate Don Quijote» (MESA y GARZÓN, 41). Clarín se guasea en el folleto Cánovas y su tiempo (1887, 26). Está Clarín echando en cara a Cánovas el hecho de querer saberlo todo y continúa: «Cánovas, en esto de libros viejos y de crítica, tiene salidas como las de Carulla en Teología». Poco después, Clarín insiste: «Del lado opuesto surgía la figura […] de Carulla, el cual debe de haber envejecido mucho con eso de la Biblia en verso; […] Y de los bolsillos de los pantalones sacaba Carulla un papel arrugado, que debía de ser breve o cosa así; y leía y dejaba bizco al preopinante» (ob. cit. de CLARÍN, 27). Y Menéndez Pelayo (en carta del 10/10/1889), a raíz de sus versos y traducciones, habla de «el mamarrachesco Carulla» (cf. MESA y GARZÓN, 256).
José María Carulla tuvo más dedicaciones que poner la Biblia en verso. Fue miembro de los Colegios de Abogados de Madrid y de Granada. Escribió muchos sonetos y otras composiciones. Tradujo en verso castellano La divina comedia de Dante, el Kempis, y también obras de Jacinto Verdaguer… Y tuvo problemas con su obra de teatro original La mujer rica, que sí logró estrenar, pero solo tuvo tres funciones.
Como anécdota sobre sus versos y convicciones, también se cuenta que cuando un amigo le preguntó cómo concebir una hija santa, sin la parte lasciva del acto, parece ser que Carulla le compuso esta cuarteta para tranquilizar la conciencia de tan santo matrimonio: «Voy a estar contigo / como los pies del Señor, / uno encima del otro / y un clavo entre los dos» (http://manuelblasmartinezmapes.blogspot.com).
El curioso y cuantioso versificador Carulla murió en Granada el 05/02/1919. Recogen la noticia los periódicos granadinos; y también en Madrid, donde El Sol (06/02/1919, 6) escribe:
Ayer falleció en Granada el poeta D. José Carulla. Su popularidad deriva principalmente del hecho de haber puesto en verso El Génesis, El éxodo, El libro de Tobías y El libro de Judit. Una vez gustados todos los géneros literarios, quiso paladear también las glorias de la escena, y el estreno de su comedia La mujer rica, celebrado hace unos años en el teatro de la Princesa, perdura en el recuerdo de todos. Descanse en paz el laborioso poeta (cit. por MESA y GARZÓN, 34).
4. Ripios atribuidos a Carulla y versos reales de Carulla
Dado el carácter ripioso de muchos de sus versos, se le han atribuido otros aún más pintorescos, ridículos y simplones, que no son suyos (cf. MESA y GARZÓN, 129-133):
«El Niño Jesús nació en un pesebre: / donde menos se piensa salta la liebre»; «Con traje de tertulia / salió Judit del pueblo de Betulia»; «Cristo entró en Jerusalén en un momento / porque en vez de pie usó un jumento»; «En Caná no hay que beber / y el agua se vuelve fino jerez» (cf. también A. CÁRDENAS, Granada Hoy, 11/04/2021).
Sin embargo, estos otros versos sí son de Carulla (HAGERTY, 98-99):
–Inicio del Génesis:
Cuando nada existía,
el cielo Dios crio como la tierra
que hallaba vacía
de todo cuanto encierra
en oscuridad hórrida, que aterra.
Sobre las aguas iba
del Señor el espíritu eminente,
así diciendo arriba:
–Luz haya –de repente
hecha la luz quedando sorprendente.
–Del inicio del libro de Rut:
En apartados días,
cuando a Israel los jueces gobernaban
según sus leyes pías,
por hambre que pasaban
las personas, no poco se quejaban.
Y también estos otros sobre el nacimiento de Jesús (MESA y GARZÓN, 177-178):
Por entonces reinaba
César Augusto, de poder ingente,
que empadronar mandaba,
en edicto excelente,
a todo el mundo. Fue seguramente
el empadronamiento
primer mandado por Cirino amable;
el cual después, contento
gobernó la admirable
Siria, gobernador siendo laudable.
A empadronarse todos
iban según dispuso el invencible
Señor de dignos modos,
cada uno a su apacible
población de su estirpe. Irreprensible
siempre José, el cual era
de la casa y familia sorprendente
de David, con fe austera,
vino de la creyente
Nazaret, población de la excelente
humilde Galilea,
a la del gran David, denominada
Betlehem, en Judea,
para con su admirada
esposa, que seguía embarazada,
empadronarse luego.
Sucedió que encontrándose María
allí, con gran sosiego,
del parto llegó el día
alumbrando la fiel, con alegría
un rubicundo Infante,
primogénito suyo, que alegrole:
en pañales la amante
madre pura envolviole,
y en un pesebre humilde recostole.
Porque para su parto
el noble matrimonio en la posada
no halló siquiera un cuarto,
no pudiendo la amada
dar a luz en alcoba ventilada.
Hallábanse velando
en aquellos contornos, sinsabores
poquísimos pasando, alegres
unos pobres pastores
de noche padeciendo los rigores.
O estos sobre las horas previas a la muerte del Salvador (MESA y GARZÓN, 179-180):
Se acercaba la fiesta
de los Ázimos dicha, de gran fama,
(Por el Señor dispuesta
que a los creyentes ama)
que de la Pascua se llamó y se llama.
Los príncipes injustos
de dichos sacerdotes detestables,
cual también los adustos
escribas reprobables,
andaban en conjuras formidables.
Combinando algún modo
de dar muerte a Jesús, que aborrecían
por lo que hacía todo;
mas al pueblo temían
y en falso ningún golpe dar querían.
Satanás, entretanto,
se apoderó de Judas, el renombre
viendo de Jesús Santo
que enalteció su nombre:
llevó de Iscariote el sobrenombre.
Aquel vil traidor, uno
de los doce discípulos queridos,
fue sin empacho alguno
a ver los ardidos
príncipes detestables corrompidos.
5. ¿Y quién era Valbuena?
Antonio Valbuena (Pedrosa del Rey, León, 1844-1929) hizo casi todos los estudios eclesiásticos en el seminario de León, estudios que abandona en 1865. Realiza en Madrid la carrera de Derecho, años en los cuales ocurre la Revolución de Setiembre de 1868, que destrona a Isabel II. De convicciones rígidamente carlistas, escribe contra dicha revolución el folleto Sursum corda, y multitud de versos y artículos. En 1873, con 28 años, se enrola voluntario en la Tercera Guerra Carlista, en la que llega a ser Auditor General del Ejército; y al final de la cual ha de irse al exilio.
Vuelto de Francia (octubre de 1876), se inicia como abogado en la zona de Riaño, pero pronto se va a Madrid a ampliar horizontes con la pluma. A finales de 1878, logra un sueldo fijo en el periódico representativo del carlismo, El Siglo Futuro. Allí escribe durante cinco años (1878-1883), y sin firmar, la sección Política menuda. Tras un sonado desencuentro –febrero 1883– con el director de El Siglo Futuro, Valbuena abandona dicho medio carlista y se va al republicano El Progreso, periódico donde inicia la publicación de su gran descubrimiento, los Ripios. Los ocho tomos que, a través de su vida, reúne bajo ese rótulo le traerán aplausos y críticas, fama e independencia, y también le ocasionan largas y duras polémicas (a menudo atizadas por él mismo) y le logran una enorme proyección, no solo nacional.
Un peldaño más (más ancho, más alto) sube Valbuena en sus críticas a partir de 1885 cuando inicia en Los Lunes de El Imparcial (11 de mayo) los artículos contra «El nuevo Diccionario», que irá compilando en cuatro libros con el título de Fe de erratas del diccionario de la Academia. La colaboración habitual en dicho medio daba actualidad permanente al crítico, lo consagraba, lo incluía entre los ‘grandes’ y dignos de ser tenidos en cuenta.
Como José María Carulla, también Antonio Valbuena fue cuantioso poeta[1], y asimismo quiso probar suerte con el teatro[2]. A diferencia de Carulla, Valbuena se mantuvo soltero toda su vida. Y murió con 85 años en su pueblo Pedrosa del Rey el 12 de marzo de 1929.
6. ¿Qué le critica Valbuena a Carulla?
Como en tantos otros casos, Antonio VALBUENA (Ripios vulgares) censura los ripios, lo que él cree ripios en los versos de Carulla. Leemos a Valbuena:
¿Tiene que decir que Jacob estaba en la Mesopotamia? Pues dice que estaba sin infamia. ¿Tiene que decir que el patriarca viajaba solo? Pues dice que iba sin dolo; y así por este estilo. […]
Concluyamos la estrofa:
«Muerta Sara en Cetura
a Zamran y a Jecsan el viudo tuvo;
a Madam de alma pura,
y a Madian luego obtuvo;
a Sué y Jesboc también, en fin, mantuvo».
Aquí tienen ustedes un modo sencillo y fácil de hacer liras.
Se habla de Abran y se dice que tuvo hijos… Pues bueno; con decir que unos los tuvo, otros los obtuvo y otros los mantuvo, se sale del paso (Ripios vulgares, 205-206).
Continúa Valbuena triturando la obra de Carulla:
Verdad es que a los que tuvo y obtuvo también los mantendría; pero no le hagan ustedes esta objeción a Carulla, porque es capaz de decir que no, que los echó al hospicio, haciéndoles en ello un beneficio, por apartarlos del precipicio (ob. cit., 206-207).
Más críticas de Valbuena a Carulla:
«Los días de su vida
fueron ciento setenta y cinco años;
y con gloria obtenida,
sin pérfidos amaños,
murió, no conociendo desengaños».
Ya, ya lo suponíamos. Desde que leímos lo de los años, esperábamos que la gloria había de ser sin pérfidos amaños y no conociendo desengaños (ib., 208).
A veces, logra Valbuena más chispa en sus críticas a Carulla:
«Estos son los linajes
que el hijo de Agar tuvo, o descendientes;
en diversos parajes
con dichas evidentes
a los hijos les dio el Señor siguientes».
¿Sí, eh? ¿Quién es el señor Siguientes?... ¡Vaya con Carulla y qué barullos arma! (ib., 209).
Seguimos con la reacción de Valbuena a los versos de Carulla en su Biblia en verso:
«A los años cuarenta
a Rebeca tomó de Batuel hija,
que ciertamente afrenta…»
¡Yo lo creo que afrenta a la poesía y al sentido común el que usted disparate así!
¡A Rebeca tomó!
Es claro: como «por esposa» no le cupo en el verso, no lo dijo.
«Que ciertamente afrenta
causábale prolija,
por prole no obtener que regocija».
Y sigue arreciando el temporal:
«Al Dios Omnipotente,
suplicó, por estéril ser su esposa,
y el Señor fue clemente…».
Y lo sigue siendo, cuando permite que siga usted poniendo en ridículo el texto sagrado (ib., 210-211).
Estos son los versos de José María Carulla y la reacción de Antonio Valbuena ante esas liras tan prosaicas, enrevesadas y ripiosas.
No faltan, sin embargo, opiniones que indican que Carulla era muy consciente de lo que hacía:
Carulla, que también era Bachiller en Teología, probablemente pretendía simplificar la lectura de la Biblia, haciendo de ella una especie de Vulgata para atraer al pueblo a su partido (HAGERTY, 4).
Autor este que, de alguna manera, defiende la magna labor del poeta: «La obra en conjunto no puede ser condenada como mero disparate de un abogado sobradamente aficionado de la literatura» (ob. cit., 98).
También Ricardo Palma quiere dejar bien a Carulla. Y aunque dice que sus versos son «singulares por la atrocidad», también escribe:
Carulla es un buen prosador, y como latinista y helenista pocos habrá en España que lo igualen. ¿Cómo diablos un caballero, verdaderamente ilustrado y que discurre con claridad de inteligencia, pudo caer en la tentación de escribir versos tan sin coteja por lo malos? Flaquezas humanas o picardigüelas del demonio […] El señor Carulla, literariamente, vale más que su reputación y que don Francisco Commelerán y Gómez (R. PALMA 1899, 219-222).
7. Otras críticas a Carulla y su Biblia en verso
La obra de Carulla –poner en verso ripioso toda la Biblia– era muy fácil de ridiculizar. Y así fue. No solo entre los de ideología contraria sino también entre sus mismos ‘compañeros de viaje’. Es significativo, en este sentido, el comportamiento de El Siglo Futuro, periódico por excelencia del carlismo, tan carlista como Carulla, que siempre militó en esa tendencia y que incluso llegó a ser auditor del ejército carlista, a las órdenes del general D. Rafael Tristany. Cuando José María Carulla viaja a Roma para entregar su traducción de la Biblia al Papa León XIII, en El Siglo Futuro (29/07/1896, 3), con la firma de «Don Lope de Sosa» se publican, entre otros, estos versos:
Era verdad innegable
y hoy es de Roma el tormento.
Carulla, el tierno Carulla,
el Carulla de estos reinos,
(que inmensos fueron un día
y hoy son merienda de negros).
El Carulla colosal
que puso la Biblia en verso,
salió ha poco de Madrid
para la patria de Remo,
y de Rómulo y de Numa
y de Tarquino el Soberbio:
a besar el pie del Papa
y ganar el jubileo.
Pero, en vez de presentarse
devoto, humilde, modesto,
cual conviene a un penitente
que espera tan alto premio,
se acompaña en el viaje
de treinta tomos inmensos,
fruto de toda una vida
de desenfrenos poéticos (MESA y GARZÓN, 212).
Periódico, El Siglo Futuro, donde colaboró asiduamente, y donde ya en 1891 había publicado Carulla este soneto: «Al director de El Siglo Futuro para que no siga pecando contra mí»:
Ambición no sintiendo malhadada,
contándome que obrabas en mi daño,
a pesar de que en ella eres extraño,
no quise hacerte guerra en Igualada.
¿Qué hiciste por mi patria? Poco o nada.
Es lo mismo que harás, y no me engaño,
al final del presente infeliz año,
si Azpeitia a ser por ti llega engañada.
Entretanto me pagas los favores…
con el ataque audaz y con la injuria,
que castiga el Señor de los señores,
arregla, hombre, tus cuentas con la curia,
obra tal te aconsejan los mejores
y no sigas conmigo hecho una furia (cf. MESA y GARZÓN, 206).
Si así reaccionaba un periódico de su cuerda, imaginemos un periódico de ideología diferente, como puede ser El Imparcial. Entre otros comentarios en prosa, el 12 de junio de 1883 se guasea este periódico, parodiando los versos de Carulla:
Figurémonos el Génesis en versos Carulla:
En principio esto era el caos,
no había ni aún empleaos.
Y Dios sacó de la nada
la tierra confeccionada.
Formó la luna y el sol
en territorio español.
Construyó al hombre después,
por un error, en dos pies.
Y le dio una compañera
que le salió zalamera.
Y el demonio la tentó
y a su hombre comprometió.
Y Dios le dijo al pobrete:
toma a la parienta y vete.
Viendo Adán que era preciso,
desocupó el Paraíso.
Sin maleta ni equipaje,
salió a buscar pupilaje.
Para ganarse la vida,
sudaba en cada comida.
Y por recomendaciones
cosía Eva pantalones
Tras de afanes muy prolijos
le nacieron varios hijos (MESA y GARZÓN, 117).
8. Otros intentos de poner la Biblia en verso
No fue José María Carulla el único al que se le ocurrió poner la Biblia en verso. En realidad, ya había habido otros trabajos con esa finalidad. En su tan citado libro, MESA y GARZÓN (2015, 111-112) comentan dos obras medievales y otras más recientes. «En siglo xiii, el flamenco Jacob Van Maerlant escribió Rijmbijbel, primera versión escrita en holandés de una Biblia rimada, de la que tuvo que responder ante el mismo Papa en persona». Igualmente «En el siglo xiii, el dominico mallorquín padre Romero Sabrugeda, también tradujo la Biblia bajo el prolijo título de Biblia en Catalán, en copla, y en Salterio, traducido en catalán por Fray Romero Sabrugeda, del Orden de Santo Domingo. Está escrita en pergamino y se conserva en la Real Biblioteca de El Escorial». Y como producto reciente, los citados autores (2015, 112) resumen: «Entre nuestros contemporáneos la versificación de la magna obra sigue despertando interés: Así, Carlos Herrero Muñoz –maestro nacional afincado en Barcelona– ha escrito, sobre el tema que nos ocupa, 40 000 cuartillas que contienen más de 15 millones de versos».
Otra seria tentativa –a la que brevemente aluden también MESA y GARZÓN (ob. cit., 111-112)–, se produjo en el siglo xviii. Ignacio de Luzán y Claramunt, «en Zaragoza y en 1708», hizo una traducción en verso de un original latino de Christoph Weigel. La traducción de Luzán tiene 257 octavas, en total 2056 versos. En ellos leemos una especie de resumen de toda la Biblia, desde el «Pecado de Adán» (la 1.ª octava) hasta «La Jerusalén celeste» (octava CCLVII). Dicha obra ha sido estudiada por Guillermo Carnero (1988, 109-168), donde reproduce las 257 octavas, es decir, toda esta ‘Biblia en verso’. De dicha Biblia, leemos algunos versos:
Octava I: Pecado de Adán
En medio del Paraíso
la astuta serpiente engaña
a Eva, y ella cariñosa
su esposo con la manzana.
Con el ierro de tus padres
primeros aprender trata,
o posteridad, que no hai
lugar libre de asechanzas (CARNERO, 114).
Octava II: Castigo de Adán
Assí del Paraíso arroxa
un ángel vibrando fuego
a los que quisieron ser
iguales a Dios immenso.
Ya la vergüenza i pobreza
a su desnudez ha abierto
los ojos, y ven entrambos
lo que son y lo que fueron (ib., 115).
Octava VII: Torre de Babel
Quando a los aires se eleva
la torre, Dios enojado
de los hombres el lenguaje
confunde en sonidos varios.
Nuestro nombre, decían ellos,
pongamos sobre los astros;
pecó su soberbia lengua
pero pagó su pecado (ib., 115).
Octava XI: Loth
Loth y sus hijas caminan
sin volver atrás la cara
a las perversas ciudades
que Dios con su fuego acaba.
Pero su mujer, que mira,
de sal se vuelve en estatua.
¡O, si su fragilidad
con esta sal se enmendara! (ib., 116).
Octava CLII: Adoración de los Reyes Magos a Christo N. S.
Mira cómo ofrece dones
la trinidad de los reyes,
a quien una estrella guía
i a Dios muestra en un pesebre.
¡O, si más veces siguieran
la luz del cielo los reyes,
cómo conocer pudieran
héroes que les aprovechen! (ib., 144).
Octava CXCI: Prisión del Huerto
Antes le vendió, i ahora
ósculos piadosos finge
Iscarioth, y a su Dios
entrega por señas viles.
No ai cosa más vergonzosa
que la amistad que se finge:
la que a tal maldad se atreve.
No avrá alguna a que no aspire (ib., 149).
Octava CCLVII (última): La Jerusalén celeste
Ves la admirable ciudad
de Jerusalem Celeste,
que toda de piedras finas
más que el cristal resplandece.
El que es piadoso no aquí
llore el mundo que perece,
que casas solo de lodo
la caduca tierra tiene (ib., 160).
9. Valbuena también versificó pasajes de la Biblia
De hecho, Valbuena no era ajeno a ‘versificar’ escenas bíblicas. Por ejemplo:
–Leemos en la Biblia (LUC 2, 2 y ss.):
Aconteció, pues, en los días aquellos que salió un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo. […] E iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad. José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
–Y leemos en VALBUENA (Odas y suspiros, 42):
Oriundos de Belén, José y María,
de David descendientes,
emprenden la penosa travesía,
al mandado del César obedientes.
Y tras largo viaje
llegaron de Belén a los confines
la Virgen y su esposo: de esta suerte,
lo que el orgullo decretó del suelo,
por admirable ordenación del cielo
sirve de Dios para altos fines.
–Leemos en la Biblia (LUC 2, 8-14):
Había en la región unos pastores que pernoctaban al raso, y de noche se turnaban velando sobre su rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvía con su luz, quedando ellos sobrecogidos de gran temor. Díjoles el ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo, pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías Señor, en la ciudad de David. Esto tendréis por señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.
Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad».
–Y versifica VALBUENA (Odas y suspiros, 45):
Y los pastores de Belén dichosos,
que duermen al sereno,
oyen los cantos de placer gozosos;
y allá en su corazón sencillo y bueno
al cielo piden que sus pasos guíe
al sitio venturoso y los enseña
dónde adorar al Dios recién nacido.
Escuchó su oración; bajó una estrella
de luz divina y bella,
y un ángel bajó en ella
que en voz más dulce que cantar de amores
les dijo a los pastores:
¡Eterna gloria a Dios! Alzad mortales,
himnos de gozo y gratitud al cielo.
La divina piedad brota raudales
de paz y de consuelo.
Se cumplen las promesas celestiales.
–Leemos en la Biblia (LUC 2, 22):
Así que se cumplieron los días de la purificación conforme a la Ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor.
–Y versifica Valbuena (J. SERRANO 2012, 568-569):
Al amanecer de un día
después de larga jornada,
la Virgen Inmaculada
llegaba a Jerusalén […]
Ante las gradas del templo
la Madre de Dios hermosa
llevó la ofrenda preciosa
del Niño Dios, nuestro bien.
10. Conclusión
A Carulla, muerto en 1919, le acompaña la fama de ser el autor de ‘La Biblia en verso’. Desde el punto de vista literario, acaso no previó el olvido o sombra que se cierne sobre sus miles de versos; pero desde el punto de vista lingüístico, ha legado a la posteridad (a nosotros) nada menos que una locución, un dicho que conoce todo el mundo, «la Biblia en verso».
Según la RAE, es una expresión coloquial que se usa como remate exagerado de una enumeración; y según J. M.ª Iribarren (2002, 534), es una «Expresión que se ha hecho proverbial para indicar toda obra cuyas considerables dimensiones corren parejas con lo farragoso de su estilo».
Estar en la mente de todos y poder ser utilizada en el momento oportuno, convierte a esta frase o giro en uno de tantos tesoros que los hablantes acumulamos. No será muy esperable que vayamos a buscar y leer los miles de liras y los múltiples tomos manuscritos que conforman ‘la biblia en verso’ de José María Carulla; pero sí será mucho más factible que en repetidas ocasiones acabemos algunos de nuestros diálogos con eso de «sí, hombre, sí; y además la biblia en verso».
Las liras de Carulla están aparcadas, la mayoría, aún sin desempolvar, sin conocer –manuscritas– en una serie de cajas en Granada (Abadía del Sacromonte y Seminario). Que merezca la pena editar, convertir en libros al alcance de los lectores, esas 6000 cuartillas, esos 268 210 versos… El lector puede opinar. Mismo lector que sabe que todo ello será difícil, complicado, farragoso, es decir, «la biblia en verso».
Valbuena, además de las censuras que ya hemos recogido, hizo referencia a menudo a Carulla, en sus libros de crítica, citándolo siempre, en plan despectivo, como escritor muy ripioso. En aquel capítulo XX de los Ripios vulgares, con el que habíamos comenzado este artículo, dice Valbuena, ya hacia el final:
Lo que no me explico yo es cómo Carulla no está ya en la Academia.
¡Si escribe tan mal como cualquier Cheste o cualquier Comelerán de aquellos!
A no ser que sea por haber escrito un soneto contra Cánovas […]
¡Ay!, ¡ay, ¡ay!, don José,
¡qué cosas hace usté! (ob. cit., 214-216).
En todo caso, en la faceta de lo literario y en la faceta de lo lingüístico, la labor de Carulla viene a ser un verdadero fenómeno de manifestación popular de acercamiento al libro sagrado –¡la biblia en verso!–; genuino acerbo y depósito de las más consabidas y antiguas tradiciones de lo religioso depositadas en palabras, en expresiones y en versos accesibles al pueblo. Todo un arsenal y acopio de saber popular, de folklore.
BIBLIOGRAFÍA
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SERRANO SERRANO, Joaquín. «El secreto teatral que hizo público Antonio Valbuena». León: Diario de León, 20/11/2023: 34.
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NOTAS
[1]Cf. Joaquín SERRANO, 2012: Obra poética de Antonio de Valbuena (1844-1929), 612 páginas en las que se recogen los diez mil versos del poeta, más el estudio y notas que los acompañan.
[2]Cf. Joaquín SERRANO, «El secreto teatral que hizo público Antonio Valbuena», Diario de León, 20/11/2023: 34.