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Revista de Folklore número

517



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El culto a (san) Diego Armando Maradona en Nápoles: el meteórico proceso de santificación popular de «el pibe de oro»

CID LUCAS, Fernando

Publicado en el año 2025 en la Revista de Folklore número 517 - sumario >



Para Maximiliano Cid Lucas y Orazio Ferro, maradonianos de pro

Y todo el pueblo cantó:
Nació la mano de Dios...
De la canción La mano de Dios.

¡Maradona, Maradona é il dio di Napoli!
Clamor popular en Nápoles tras la muerte de Diego Armando Maradona.

Introducción. El marco religioso[1]

De Nápoles, capital histórica del Mezzogiorno italiano, se ha dicho que fluctúa entre lo sacro y lo profano, entre el arte más excelso y las manifestaciones artísticas populares; no en vano, fue la ciudad que acogió a dos de los mayores poetas de la Península Itálica de todos los tiempos: Publio Virgilio Marón y Giacomo Leopardi, y, a la vez, es la patria de Ferdinando Russo, cantor de los niños callejeros[2], y del Príncipe de Rione Sanità, «Totò». Nápoles es la ciudad que guarda el imponente Cristo velato y en donde aún hoy podemos comprar (a poco precio, si sabemos buscar bien) estatuillas y exvotos de un encantador y único estilo naíf. En lo personal, después de algunos años viviendo allí, puedo dar fe de que Nápoles sigue siendo tan pagana como fue en tiempos de Virgilio, tan conspicua como los poemas del autor de L´nfinito, tan naif como las figurillas de San Gregorio Armeno y tan cristiana como el milagro recurrente de la sangre licuada de san Gennaro.

Ahora bien, discernir, racionalizar todos y cada uno de los ingredientes que componen la compleja identidad actual de Nápoles sería imposible en tan pocas páginas. Para entender cómo es en realidad la urbe habría que alejarse y aproximarse a ella, descansar sin darnos un atracón al principio, pero sin olvidarla jamás. Sólo así uno puede ir comprendiendo, poco a poco, la naturaleza de la ciudad y también la de sus habitantes. Tal vez, una de las definiciones más conocidas sobre Nápoles sea la que realizara, no un napolitano, sino un boloñés universal, Pier Paolo Pasolini (1922-1975):

Napoli è una sacca storica: i napoletani hanno deciso di restare quello che erano e, così lasciarsi morire: come certe tribù dell’Africa […] che non vogliono avere rapporti con la nuova storia, e si lasciano estinguere[3].

Aunque comprendo –hasta cierto punto– la intención catártica de las palabras de Pasolini, creo que Nápoles vivirá por siempre, sobrevivirá a otras ciudades porque sobrevivir es su oficio. Nápoles es la ciudad que se reinventa cada día, que surge, nueva y remota, cada amanecer. El napolitano es, por naturaleza, rebelde, no acepta las normas, tampoco que le digan en qué debe creer o en qué no. Ingenioso como pocos pueblos de los que he visto, no en vano, el dramaturgo Eduardo De Filippo afirmaba que: «Napule è ‘nu paese curioso: è ‘nu teatro antico, sempre apierto. Ce nasce gente ca’ senza cuncierto scenne p’ ‘e strate e sape recità[4]». Desde un punto de vista más prosaico, sin ahondar en la poesía que habita de forma natural en el corazón de los napolitanos, arquitectos, economistas o antropólogos han pensado también en la Nápoles del futuro, alejando cualquier duda de crepúsculo:

Da almeno tre decenni Napoli è alla ricerca di una nuova idea di città. E di un nuovo «visionario». Uno, forse, lo ha allevato. Ancora una volta è un fisico, si chiama Vittorio Silvestrini e ha realizzato – proprio a Bagnoli, sede del sogno dorato di Young e del sogno d’acciaio di Nitti e ora ridotto a deserto postindustriale – una «città della scienza» che è qualcosa di più di una pregnante metafora. È il prototipo di una nuova anima urbana. La «Città della Scienza» di Silvestrini è un museo scientifico così come lo aveva immaginato il filosofo e matematico Gottfried Leibniz nel xvii secolo. Un «museo totale»: dove si produce (si fa ricerca), si diffonde (si fa formazione) e si utilizza (si incubano nuove imprese del settore hi-tech) nuova conoscenza scientifica. Il visionario Silvestrini ha pensato (visioning) già a partire dagli anni ’80 del secolo scorso e ha realizzato (planning) a partire dagli anni ’90 un museo come modello culturale, sociale e produttivo per Napoli. E non solo per Napoli. Viviamo, dice Silvestrini, in una nuova era, fondata su una risorsa che chiamiamo conoscenza[5].

En tanto, para saber qué es lo que sucederá en Nápoles y qué no, tendremos que esperar. Pero, pase lo que pase, no creemos que Nápoles continué sin su elemento folclórico, ni siquiera aunque la «capital del sur» llegara a transformarse en una ciudad futurista, semejante a la Neo-Tokyo de Katsuhiro Ōtomo. Y si esto sucediera Nápoles no perdería su esencia (lo que puede traducirse por: «Nápoles nunca olvidará su/s pasado/s»).

Además, el napolitano es ya de por sí, por definición, folclórico; no hablo de que cante o toque la mandolina ante la más mínima ocasión, pero se muestra así, orgulloso de su tradición, en algunos de sus actos cotidianos. Por ejemplo, tomar un café con un napolitano, algo tan trivial en España (incluso en el centro o en el norte de Italia), se torna folclore. Él/ella te llevará siempre al mejor bar de la ciudad, en donde –en su opinión– sirven el mejor café y donde el barista sigue aún el rito antiguo del café, «come Dio comanda», donde la taza está a la temperatura justa y donde el café no está ni quemado ni crudo. Beberlo durará unos pocos segundo; luego llegará un trago de agua, la propina y quizás dejar un cafè suspiso para atenuar las fatiguitas de alguien[6]. Toda esta memoria centenaria del pueblo napolitano es folclore, hermoso, bello, útil... que no debiera desaparecer. Aunque no me guste su sabor, tomar un café en Nápoles me evoca cómo sería el acto pagano de realizar alguna libación ante algún altar del pasado. Quizá para la mayoría de los napolitanos esto del paganismo es algo atávico, colorista y vital, inserto en su subconsciente, que pone en marcha los mecanismos que hacen que sus casas no se queden sin estampas bendecidas de la Madonna dell´Arco, sin su Benino (el pastor que guarda un significado iniciático) en sus belenes o sin su curniciello tras las puertas.

(San) Diego Armando Maradona en los altares de Nápoles

No hace falta decir ahora que desde su llegada a Nápoles Diego Armando Maradona fue querido y admirado por todos los tifosi de la ciudad. Cualquier aficionado al fútbol, partenopeo o no, lo sabe (anécdotas sobre cómo fue recibido, en loor de multitudes, el argentinos me las han referido en primera persona en Nápoles, Senigallia, Bologna o Roma). Es más, cualquier napolitano lo sabe aún, por muchos años que hayan pasado desde aquel mítico 5 de julio de 1984 de su presentación. Se cuenta que por decenas los napolitanos ofrecían lo que tenían si podía servir a Diego: coches, comida, todo tipo de presentes... No había jugado aún un solo partido con la camiseta celeste y ya tenía a su favor a toda la afición, ya tenía súbditos, ya tenía fieles. De su presentación en el entonces Estadio San Paolo, hoy Estadio Diego Armando Maradona, ante más de 75.000 espectadores, se ha dicho lo siguiente:

Ese día, la afición ya estaba rendida a los pies de Maradona, que ni siquiera jugó. Fue solo su presentación, la anticipación de la alegría que desataría a su paso por Nápoles[7].

Esta peregrinación para contemplar al ídolo era una manera sincera de expresar el agradecimiento al argentino desde que puso su pie en la ciudad, por lo que hacía por el club y –lo que creo que es más importante– por los habitantes de Nápoles. Su nombre dignificaba a quien lo pronunciaba, allá por donde pisaba el suelo se volvía terreno sagrado; cada domingo, después de cada partido, sus botas, su camiseta o el balón que había tocado se trasformaban, milagrosamente, en reliquias, objetos por los que cualquier aficionado habría dado todo. Tal y como ha explicado la profesora Laura Rodríguez Peinado sobre este elemento religioso:

Las reliquias se definen a través del reconocimiento por parte de la audiencia de un poder que puede ser representado por milagros o simplemente ser reconocido por afirmación institucional. Lo más importante es que sin alguna forma de reconocimiento, una reliquia es simplemente un hueso, polvo o un objeto intrascendente. La audiencia es esencial porque su atención autentifica las reliquias, que actúan como memoria y poseen la virtus del santo, materializando lo invisible a partir de los restos de un cuerpo santo al cual se rinde veneración. También adquirieron categoría de reliquias aquellos objetos que estuvieron en contacto con los santos o que les pertenecieron[8].

Y es que, en ocasiones, olvidamos que, además de los éxitos en el ámbito futbolístico, Diego Armando Maradona fue –para bien o para mal– el abanderado de Nápoles y de los napolitanos en Italia, una especie de héroe, a manera del Cid o de Roldán, con sus vicios (muchos y sabidos) y sus virtudes (también de sobra conocidas), enfrentado a los grandes clubes del norte del país, que dominaban hasta entonces la Serie A. En cierta manera, fue así. Diego Armando Maradona recorrió el fatigoso «camino del héroe» descrito en las teorías de Joseph Campbell[9] o de Vladímir Propp[10]. Su historia es bastante semejante a la de los protagonistas de mitos y fábulas de cualquier país. El niño Diego, nacido en un lugar humilde (él mismo bromeaba así sobre sus orígenes: «crecí en un barrio privado de Buenos Aires... privado de luz, de agua, de teléfono...»); al que la vida le pone a prueba, es quien, poco a poco, debe afrontar nuevos retos, cada vez mayores, y, finalmente, quien adquiere la condición de héroe, para, con su muerte –culmen de su apoteosis–, ser divinizado, como Asclepio, Hércules o, incluso Augusto[11].

Para los napolitanos, Maradona es uno más de ellos; no se siente en la ciudad que Diego fuese argentino. Es curioso comprobar cómo muchos de los napolitanos con los que he hablado afirmen que, en efecto, Diego Armando Maradona es argentino, pero napolitano también. Maradona no fue nunca un extraño en Nápoles. Muchos afirman incluso que si se hubiese presentado a las elecciones para alcalde de la ciudad habría ganado por mayoría (o por goleada, sería mejor decir); si allí se hubiese proclamado la monarquía él habría sido el rey. Así, creo que lo que auguró el futbolista sobre la ciudad y sus habitantes se cumplió con creces: «Voglio diventare l´idolo dei ragazzi poveri di Napoli, perché loro sono come ero io a Buenos Aires». Y así se hizo. Nápoles fue Maradona y Maradona fue Nápoles. Como dice un entrevistado en un documental sobre el deportista:

Hasta cierto punto, creo que Nápoles fue como estar en lugar que le vio nacer. Y con está unión a través del fútbol, Nápoles y Maradona, Maradona y Nápoles fueron uno. La ruidosa y caótica Nápoles sólo se detiene cuando se cita un nombre, el de Diego Armando Maradona[12].

Y, como los héroes, como los santos, Maradona tiene entre los napolitanos los actos por los que reconocieron los mortales que él era un enviado del Cielo, de hecho, muchos partenopeos pensaron que fue la mismísima Madonna dell´Arco la que había intercedido para que Maradona llegase a Nápoles. Y, es que:

Tatuada en la piel de miles de aficionados aparece la reproducción de su cara, de una jugada suya, de un autógrafo o del número que desde siempre lo ha distinguido, el diez, y que aparece también en el centro del lema con el que lo designan muchos de sus aficionados: D10S. Porque lo de Maradona es un verdadero culto[13].

Uno de sus milagros más conocido ocurrió el tres de noviembre de 1985. Penalti a favor del Nápoles contra la Juventus. Un gol que nadie podía realizar, sólo Diego. Nápoles enloquece y durante semanas no se habla de otra cosa. Hay quien aún cree que un gol así no lo pudo marcar un mortal, que era la obra de un héroe[14]. A tanto llegó su fama que si hoy escribimos esta fecha en Google sólo tendremos resultados sobre el penalti «divino» de San Diego Maradona.

En otro documental, disponible igualmente en Internet, un humilde pescador napolitano dice así al entrevistador: «De Maradona no se puede hablar mal, del mismo modo que no se puede hablar mal de Dios. Hablar mal de Maradona es hablar mal de Dios, ya que es algo superior.[15]»[16]

Quizá decir que Maradona es un dios resulta excesivo, pero sí podría ser un espíritu o genio, tal y cómo entendían estos vocablos los antiguos romanos. Recordemos ahora las palabras de Servio Mario Onorato (s. IV d. C.) comentando las Geórgicas de Virgilio: «Gli antichi chiamavano Genio il dio naturale di ogni luogo, di ogni cosa o di ogni uomo.»[17]

Así, siguiendo esta teogonía, Diego Armando Maradona sería el «genio» de la ciudad de Nápoles, del fútbol, de los napolitanos; el «ángel de la guarda» a quien dirigir sus plegarias y ruegos. Ya lo dice la canción:

Y once apóstoles de Cristo,

con sus oídos al cielo,

consultándole al Señor.

Y Jesús dijo:

«Me voy, de tácticas ya no hablo,

pero un consejo les doy,

la pelota siempre al diez,

que ocurrirá otro milagro.»[18]

Religiosidad napolitana. Los altares populares y el dios que vino de Argentina

En apartados anteriores hemos hablado del impacto cultural de Maradona en Nápoles y en sus habitantes; también acerca de la necesidad de sentir al jugador cercano a ellos. Además de los altares, en la ciudad hay murales, fotos, cuadros de Maradona por las calles, en las asociaciones de vecinos y en muchas casas de los napolitanos. Pareciera la expresión de su interior, uno de los elementos de esta devoción hacia el argentino. Recordemos que, según Catherine Bell, en un texto que glosa, a su vez, a Émile Durkheim, la religión está compuesta de:

[...] beliefs and rites[19]: beliefs consist of representations of the sacred; rites are determined modes of action that can be characterized only in terms of the representations of the sacred that are their object[20].

Desde luego que no es este el lugar para hablar en profundidad de la relación entre el hombre y la religión; pero sí vale la pena dar unas pocas pinceladas sobre el papel que ocupa en el ser humano, aunque recurramos a textos bastante conocidos. Por ejemplo, me parece apropiado decir ahora que los napolitanos son un pueblo creyente, de una u otra forma. Las creencias acompañan su día a día. Tal y como ha dicho Giacomo Arrigo:

Nella cultura napoletana la presenza del Sacro è continua, quotidiana, incessante, non c’è nulla che non sia inteso come donato dal Sacro. Lo si respira passeggiando per le vie del centro storico, dove predominano rappresentazioni di piccoli altari con al centro la statua della Madonna, Gesù Bambino, o altri miti della religione cattolica, circondati da foto di persone che hanno abban– donato vita terrena per essere accolti dal Regno dei Cieli.

Accanto a questa profonda devozione prende il suo spazio il Profano, delineato da storie prive di fondamento sacro, pura rappresentazione della superstizione e della magia. Il corno, che ogni napoletano tiene in tasca, ti protegge dal malocchio. Basta strofinarlo più volte per rimandare indietro la sfortuna ricevuta da un nemico attraverso l’uso di riti di magia nera. Napoli, affascinante e ammaliante, contraddittoria per natura[21].

Y, sí, Nápoles es la ciudad contradictoria por antonomasia. La casa es importante y cada casa tiene un espacio para las fotos de familiares junto a los santos más queridos, pero Nápoles no se entiende sin su vida en las calles, desde la mañana a la noche, y para esta vida externa los altares populares suplen las necesidades religiosas de los habitantes. Aunque parezcan numerosos, además de los que podemos ver hoy tendríamos que contar una gran cantidad de pequeños, medianos y grandes altares que han desaparecido tras las constantes rehabilitaciones de edificios, tanto en Nápoles capital como en su provincia.

Hasta donde yo sé, los altares construidos en Nápoles surgen de la voluntad del pueblo. Ningún gobernante los mandó construir. Es la manifestación del arte popular dedicado a la religión. Así, junto a la fotografía o la estatua de «El pibe de oro» encontramos santos, fotografía de familiares, flores, rosarios, envases de agua bendita, etc. Caminando por las calles de Forcella es normal que, parado ante un mural de Maradona, alguien se nos acerque para hablar, para preguntarnos de dónde venimos... y luego habrá quien dirá que siente a Maradona como si fuese alguien de su familia, o que saben que Maradona ama a Nápoles y que por eso les protege desde el Cielo.

En cuanto a los altares maradonianos, en algunos casos se han reutilizado viejos altares de barrio que se encontraban en bastante mal estado. Sin duda, lo sucedido con Maradona no nace de la nada. Al contrario, es muy fuerte aún la unión de los napolitanos para con la tradición romana del culto a los genius familiaris o a los genius loci, cuyos altares (los denominados lararios) eran parte fundamental de cualquier gran villa o del barrio más humilde, ubicados en espacios públicos, como sucede, por ejemplo, en la Casa de los Vettii de Pompeya, que posee un pequeño altar privado para el uso de la familia y otro más grande, de uso común, en sus exteriores.

La profesora Elena Manzo, que ha escrito una muy interesante historia de los altares populares napolitanos, ha dicho al respecto de estos lugares de culto:

Le edicole sono donque rappresentative microstrutture effimere che, fino ad oggi, hanno conservato il loro valore simbolico-evocativo all´interno della cittá stratificata, instaurando precise connessioni con il sistema urbano e con le sue architetture, al punto che la fanzaghiana Chiesa delle Anime del Purgatorio a via dei Tribunali, con la sua facciata dall´esuberante registro ornamentale esplicitamente allegorico, può essere letta come un tabernacolo dalle dimensioni inusuali. Pensata con la logica dell´efimero, traduce il suo paramento in un fondale scenico e, al tempo stesso, qualifica quella porzione di spazio della città secondo un´accezione tutta profana[22], poiché include la realtà sacra della morte, interpretandola con pagana vitalità[23].

Aunque son parte inherente a la naturaleza de la ciudad, también son muchos los altares en la capital y en las poblaciones aledañas abandonados o –lo que tal vez sea peor– arruinados por restauraciones catastróficas a manos de aficionados del lugar, al más puro estilo del Ecce Homo de Borja[24].

Entre las personas de más edad es aún relativamente normal limpiar o adornar estos lugares con rosarios, velas o fotografías de sus seres queridos (vivos o fallecidos). Sin embargo, entre los jóvenes es una práctica caída en desuso. No obstante, tras la muerte de Maradona, algunos jóvenes napolitanos han recuperado estos viejos altares, los han pintado de azul (el color de su equipo), incluso han dibujado la silueta de la camiseta del jugador y han tomado una nueva vida.

Folclore o no, los altares en honor a Maradona son una realidad. Seguramente la mayor parte de sus artífices no creen en la divinidad de «El pibe», pero les gustaría que así fuera. Los napolitanos saben que no hay un espíritu habitando en estas pequeñas estructuras populares, pero son el medio para expresar su respeto hacia el jugador.

El fenómeno del sincretismo religioso en Nápoles

En una emocionada esquela, colgada por las calles del centro histórico de Nápoles el día después de la muerte de Diego Armando Maradona, podía leerse:

Nótese que en el obituario la palabra «DIO» (dios) está escrita con letras mayúsculas, recalcando la categoría del difunto en un oximorón delicioso: ante nuestros ojos tenemos el recordatorio de la muerte de un dios, de un ser inmortal. Arriba, en las esquinas de la esquela, una pelota comparte espacio con Jesús. Más allá de la exageración, incluso del «juego» con el turista que transitase por esas calles, se palpa un respeto hacia Maradona, hacia el jugador habilidoso. Porque son muchos los que recuerdan a la perfección las jugadas del argentino que terminaron en gol, el equipo contrario, el estadio, el resultado final... como si fueran las hazañas de un héroe clásico.

Tomando como referente las fuentes griegas y latinas, podemos ver que la relación de los napolitanos con el futbolista argentino se asemeja a la vieja tradición de los dioses manes, que protegían el hogar y la familia, entendiéndose aquí el hogar como la entera ciudad y la familia como los seguidores del jugador:

Pero no me serás arrebatado por entero ni enviaré a lo lejos tus cenizas: retendré aquí tus manes, aquí, en casa: tú serás el custodio y el dueño del hogar y te estarán sumisos todos los tuyos; yo, como es justo, te estaré sometido y, siempre en pos de ti, ofreceré constantes manjares y bebidas a tus sagrados manes, y honraré tus imágenes: los mármoles brillantes y el trazo de los cuadros magistrales me traerán tu semblanza; el marfil y el oro amarillen to imitarán tus rasgos desde ahora. Buscaré ahí la senda de la honradez y la experiencia de tu larga vida y tus píos consejos y los sueños aleccionadores[25].

Aún hoy, si preguntamos a cualquier aficionado de las diferentes peñas diseminadas por la ciudad y por las poblaciones vecinas, o en los aledaños del templo mayor de la religión maradoniana: el Estadio Diego Armando Maradona de Nápoles, podremos escuchar frases como: «Diego sigue entre nosotros» o «Diego nos protege», como entre los antiguos romanos estaban los manes y de igual modo en que estos dioses protegían a sus devotos.

En estas páginas creo que hemos demostrado que Maradona en Nápoles es alguien más que un simple hombre. El pueblo lo ha llevado a hombros a los altares. Dichos, oraciones[26] y canciones han ayudado en el proceso de divinización. Esta theosis viene asumida por los napolitanos sin dificultades, es más, ha sido materializada por ellos mismos, por clamor popular, y se mantiene en las nuevas generaciones. Son decena los niños que se llaman Diego por el ídolo futbolístico. En Forcella, hablando con un padre que había puesto ese nombre a su recién nacido, me confesó que así estaría siempre protegido. Maradona, pues, ha adquirido el mismo rango que San Gennaro, el patrón de la ciudad, por el que muchos varones se llaman así.

Como podía suceder en los altares populares romanos, y como yo he visto en las casas japonesas, donde alguna imagen de Buda comparte espacio con las fotografías de los difuntos, todos reciben por igual incienso, velas y pequeños frutos como mandarinas a manera de ofrendas. En los altares dedicados a Maradona hay velas encendidas y pequeños objetos votivos, fotografías de niños y papeles con alguna petición o plegaria en su interior. Todo ello resulta la más sincera constatación de la religiosidad popular napolitana y su vigente unión con su pasado pagano.

No está de más recordar ahora que dicha religiosidad popular fue definida por el profesor Samuel Hernández Vázquez (quien parafrasea, a su vez, las palabras de Shadow y Rodríguez) como las:

(...) prácticas culturales-religiosas propias de los grupos rurales y subalternos» (...). Emplea dos perspectivas metodológicas: la semiótica, orientada al descubrimiento y reflexión sobre los significados de la práctica religiosa popular; y la sociológica, considerando a las representaciones sociales como instituciones simbólicas determinadas por la situación social y la posición del grupo practicante dentro de su estructura. La religiosidad popular, desde un marco marxista, es «alienación y conciencia de sí, aspiración de libertad y sujeción a los poderes míticos[27].

Es de destacar que esta presencia del «nuevo dios» se palpa en la ciudad. No se trata de un dios lejano o esquivo, sino que la comunidad siente que está con ellos. En relación a esto, leamos ahora lo que J.B. Jevons dice sobre la idea y el ser de Dios.

(…) i rituali, per quanto diversi nei particolari, tutti sono però sempre rituali: sempre atti di culto, sempre un culto reso dalla comunità ai suoi dei. E non ci poù essere dubbio intorno al loro motivo o allo scopo, per cui la comunità li pratica: esso è, in ogni caso, quello di portare la comunità alla presenza del suo Signore. Noi possiamo dire con sicurezza che non ci può essere culto, dove non ci sia una comunità adorante ed un essere adorato[28].

Ha quedado claro, pues, que en Nápoles existe tanto la comunidad como el ser adorado. Tanto es así que hasta los iconos más respetados, intocables y enclavados en el corazón de los napolitanos, han sido trastocados tas la muerte del argentino. No escapa a nadie que san Gennaro y la imponente escultura del Cristo velato son tan admirados como respetados por los napolitanos, que nadie ose decir media palabra contra ellos. Pues bien, tras la muerte de Maradona el argentino se ha fundido con ellos en cuanto a iconografía y a funciones se refiere.

El «templo» al aire libre de un «dios nuevo»

Con el fallecimiento de Diego Armando Maradona se produjo en Nápoles, en concreto, en los denominados Quartieri Spagnoli (Barrios españoles), una respuesta de reconocimiento y de veneración popular hacia el futbolista. Instintivamente la ciudad hizo lo que mejor sabe hacer, honrar a sus héroes (igual que hicieron antes con «Toto», Pino Daniele o Massimo Troisi). Lamentablemente, aquello que surgió como un sentido homenaje a Diego, hoy, a finales de 2024, parece más una atracción turística (colorista, casi sacada de una novela de García Márquez, eso sí) que un monumento a la memoria del argentino. Las paredes están decoradas con murales y en los tendederos cuelgan camisetas con el número diez, por cierto, junto a las camisetas del que parece que está llamado a ser su sucesor (con permiso de Lorenzo Insigne, «Il magnifico»), el georgiano Khvicha K’varatskhelia.

Como decía, para alguien que ha vivido en Nápoles, que tiene familia napolitana, es sorprendente comprobar que Maradona se haya fundido con dos de sus iconos: San Gennaro y el Cristo Velato, obra de Giuseppe Sanmartino. Con este ejercicio pareciera que el pueblo quisiera transmitir los atributos del santo y del redentor en la figura del argentino. ¿Cebo turístico? Posiblemente sí, pero no hay que apresurarse a desterrar el componente religioso de un plumazo. A veces la ciudad más feliz del mundo se pone nostálgica, se siente sola. Nápoles también tiene esa faceta que desconocen los miles de turistas que circulan como zombis por sus calles; es la Nápoles que Pino Daniele retrató en su canción Napule è (verdadero código genético cantado de los napolitanos), justo esa. Porque, cuando nadie mira, Nápoles entera se toca el corazón, mira a lo alto y se encomienda a Cristo, a san Gennaro y a (san) Diego Armando Maradona.

Coda

Nápoles, a mediados de los 80 del pasado siglo, necesitaba con urgencia de un ídolo, quizá de alguien en quien creer y que les hiciera soñar[29]. Los oprimidos, los que viven en el mito o en la realidad, siempre se encuentran en estado de espera. Aguardan atentos a que llegue un salvador que les libere del mal que les acecha. Ahí están Perseo, San Jorge, Susanoo... La memoria popular los crea, los moldea y los necesita. Maradona fue esa esperanza de cambio, tras su muerte, es el protector y quien auspicia ese cambio. Muchos lo creen así. Y no tardarán en llegar, estoy seguro, las noticias –tal vez en un susurro de niño– de que, ciertas noches, bajo la lluvia, alguien ha visto a un hombrecillo de cabellos rizados tocar el balón con magia en los pies; sonreía y marchaba por entre las callejuelas de Forcella, San Gregorio Armeno, La Sanità, Vía Nilo... y entonces todo en la ciudad era suave y mejor.

Fernando Cid Lucas
Università degli Studi di Macerata




BIBLIOGRAFÍA

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LORDA IÑARRA, Juan Luis & ÁLVAREZ LACRUZ, Alfredo, Antropología teológica, Pamplona, EUNSA, D.L., 2016.

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PATTERSON, Barry, The Art of Conversation with the Genius Loci, London, Cappall Bann Books, 2005.

TRIFONAS, Peter Pericles, Umberto Eco and Football, London, Icon Books, 2011.




NOTAS

[1] Agradezco los comentarios y las sugerencias de Alessandro Spiezia, Rosario D´Angelo, Carmen Sigillo y Enzo Vitale; y la hospitalidad de los habitantes de Napoli y Frattamaggiore, sin todo esto este artículo no habria sido posible.

[2] Véase para esto: RUSSO, Ferdinando, Chaborrillos (edición, traducción y notas de Fernando Cid Lucas), Senigallia, Ventura, 2022.

[3] En: PASOLINI, Pier Paolo, Trilogia della vita. Le sceneggiature originali de Il Decameron, I racconti di Canterbury, Il Fiore delle Mille e una notte, Milano, Garzanti, 1996, p. 251.

[4] En: https://www.poesiedautore.it/eduardo-de-filippo/napule-e-nu-paese-curioso (última consulta: 16/06/2024).

[5] En: GRECO, Pietro, «La città ha bisogno di visionari», Micron/ecologia, scienza, conoscenza, nº 20, 2012, p. 29.

[6] Véase para esto el libro de: PAZZAGLIA, Riccardo, Odore di caffè, Napoli, Alfredo Guida Editore, 2004.

[7] En: https://www.eltiempo.com/deportes/futbol-internacional/muerte-diego-maradona-la-historia-de-napoles-la-ciudad-en-la-que-brillo-74882 (última consulta: 24/06/2024).

[8] En: RODRÍGUEZ PEINADO, Laura, «El toque de lo sagrado: los tejidos como reliquias», Imago & mirabilia: les formes del prodigi a la Mediterrània medieval (Anna Orriols i Alsina, Jordi Cerdà Subirachs & Joan Duran Porta eds.), Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona, 2020, p. 248.

[9] Ver: CAMPBELL, Joseph, El héroe de las mil caras (Carlos Jiménez Arribas trad.), Vilaür, Atalanta, 2020.

[10] Ver: PROPP, Vladimir, Morfologia della fiaba. Le radici storiche dei racconti di magia (Salvatore Arcella trad.), Roma, Newton Compton, 2009 (con especial atención a los capítulos III, IV y VI).

[11] Véase para esto: ALARCÓN HERNÁNDEZ, Carmen, «Culto imperial y Romanidad. Una Aproximación a la construcción de la divinidad de la familia imperial durante el periodo julio-claudio en Hispania», Espacio, tiempo y forma. Serie II. Historia Antigua, nº 31, 2018, pp. 11-30.

[12] En: https://www.youtube.com/watch?v=_AcNa10q35A (última consulta: 25/06/2024).

[13] En: SERRA, Marcello, «Maradona entre la tierra y el cielo», CIC. Cuadernos de Información y Comunicación, vol. 20, 2015, p. 13.

[14] Véase para esto: https://www.fanpage.it/sport/calcio/il-mistero-irrisolto-della-punizione-di-maradona-in-napoli-juventus/ (última consulta: 26/10/2024).

[15] El subrayado es mío.

[16] En: https://www.youtube.com/watch?v=97OoxMSXJHA (última consulta: 28/10/2024).

[17] En: SERVIO, Mario Onorato, Commento alle Georgiche (G. Thilo ed.), Lipsia, s/e, 1887, p. 302.

[18] En: https://acordes.lacuerda.net/pastillas_del_abuelo/que_es_dios (última consulta: 26/10/2024).

[19] El subrayado es nuestro.

[20] En: BELL, Catherine, Ritual Theory, Ritual Practice, Oxford, Oxford University Press, 1992, p. 20.

[21] En: https://perimetro.eu/gennaio-2023-gennaio-2023/napoli-tra-sacro-e-profano/ (última consulta: 25/10/2024).

[22] El subrayado es mío.

[23] En: MANZO, Elena, «Le edicole sacre a Napoli. Architettura e simboli nella cultura del Mediterraneo», Edicole sacre. Percorsi napoletani tra architetture effimere (a cura di Elena Manzo), Napoli, Clean, 2007, p. 14.

[24] MANZANERA, Laura, «Ecce Homo. Más allá de lo grotesco», Clío. Revista de Historia, nº 132, 2012, p. 98.

[25] ESTACIO, Publio Papino, Silvas (III, vv. 191-201). (Francisco Torrent Rodríguez trad), Barcelona, Biblioteca Clásica Gredos, p. 2918.

[26] Aquí: https://www.youtube.com/watch?v=1hO0xsW593Y podremos ver la oración que los seguidores del Nápoles han compuesto para su ídolo.

[27] En: HERNÁNDEZ VÁZQUEZ, Samuel, «La religiosidad popular en los marcos políticos contemporáneos: una aproximación crítica», Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XIX, nº 57, 2023, p. 83.

[28] En: JEVONS, Frank Byron, L´idea di Dio nelle religioni primitive (Uberto Pestalozza trad,), Milano, Cisalpino-Goliardica, 1987, p. 64.

[29] Véase: https://www.agi.it/sport/news/2020-11-25/maradona-napoli-anni-ottanta-sogno-10436456/ (última consulta: 29/10/2029).



El culto a (san) Diego Armando Maradona en Nápoles: el meteórico proceso de santificación popular de «el pibe de oro»

CID LUCAS, Fernando

Publicado en el año 2025 en la Revista de Folklore número 517.

Revista de Folklore

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