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Revista de Folklore número

503



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Las piedras resbaladeras de Mata de Alcantara y su interpretación. El paraje arqueológico de la Canchera de la Azotea

RAMOS RUBIO, José Antonio / DURAN SANCHEZ, Alberto

Publicado en el año 2024 en la Revista de Folklore número 503 - sumario >



Extremadura ofrece abundantes paisajes de berrocales graníticos, algunos de extraordinario interés, que siempre han atraído al hombre, como debió suceder en tiempos prehistóricos, cuando las formas extrañas de esos berrocales y de otras peñas formarían parte de una visión animista del paisaje, que en algunos casos ha perdurado en el folklore hasta nuestros días, tema que suscita creciente atracción.

Ofrecemos en este análisis, un estudio de la «peña resbaladera» de la localidad cacereña de Mata de Alcántara, considerando que se trata de una peña sacra muy abundante en toda Extremadura, pues se conoce un centenar de ejemplares en muchos términos municipales. Esta zona es la Canchera de la Azotea, aunque también se la conoce como la del Pocito, porque ahí un pozo de piedra de sillería.

Existía otra peña resbaladera en la Fontanina, ya que algunos años fue grabada con arena y escombros. Cerca de ambas nos encontramos con grabados, restos de muralla. Junto a la resbaladera hay morteros y cazoletas. Una antigua mina, amontonamiento de piedras, cerámica en superficie del Calcolítico y de inicios del Campaniforme, además de abundante material lítico, pequeños morteros relacionados con la mina. En el territorio hay abrigos con grabados rupestres grabados representando la constelación de Cassiopeia y la de Taurus, Hydra, Cáncer. Es una zona desde la que se controla muchísimo terreno, hasta Portugal y la otra orilla del río Tajo, donde existen abundantes restos de poblamiento.

Muchas de ellas aún conserva su carácter ritual, consistente en el juego del resbaladero, que recibía distintos nombres según las localidades: rebaliza, resbaladera, revalaera, refalaera, etc.[1], ya que estas peñas pasaron a ser toboganes en los que jugaban niños y jóvenes, que en ocasiones usaban para resbalarse escobones y posteriormente, plásticos o chapas para evitar el deterioro de la ropa. Las «peñas resbaladeras» se relacionaron desde el siglo xix con ritos de fecundidad, por lo que fueron estudiadas junto a otras «peñas sacras «por los folkloristas y arqueólogos de la época dentro del interés de los anticuarios hacia los monumentos «celtas», entre los que se incluían las construcciones megalíticas y las peñas sacras asociadas a ritos ancestrales. Estos estudios fueron sintetizados por el etnólogo y folklorista francés Paul Sébillot[2] y por el arqueólogo Salomon Reinach[3], posteriormente seguidos por Pierre Santyvez[4]y recogidos desde entonces en obras generales[5].

En España estos estudios tuvieron seguidores, como Manuel de Assas en 1857[6] y años después Joaquín Costa[7],quien los recogió entre los cultos celtas de la Naturaleza, idea seguida por Marcelino Menéndez Pelayo[8]. De manera paralela fueron valorados en Portugal por José Leite de Vasconcelos[9], especialmente en su notable estudio sobre el Culto a las piedras, seguido de otros estudiosos, como Francisco Martins Sarmento y Teófilo Braga[10].

En el siglo xx estos estudios prácticamente se abandonaron al caer en creciente descrédito al no hacerse estos estudios con metodología adecuada, pues los arqueólogos no sabían cómo datarlos ni tenían seguridad para interpretar estos monumentos, ya que carecen de contexto arqueológico y cultural, mientras que etnólogos y antropólogos los recogían de pasada como elementos de la religiosidad popular, pero sin abordar nunca el un tema tan esencial el de su origen. En consecuencia, apenas se prosiguió su estudio, salvo algún caso aislado, como Julio Taboada[11].

Este panorama ha cambiado en los últimos 30 años. Los trabajos de Benito del Rey y Grande del Brío desde el decenio de 1990 valoraron los santuarios de la zona de Salamanca y Zamora en la línea tradicional[12], pero fue el altar rupestre de Lácara, situado junto al famoso dolmen de corredor, la primera «peña sacra» estudiada como monumento arqueológico[13].

A partir de entonces se han suscitado en el último decenio nuevos estudios y la publicación cada vez más abundante de las peñas que se descubren[14], lo que permite disponer de una documentación cada vez más sistemática de estos monumentos que se extienden por toda la Península Ibérica, aunque predominan en la Hispania silícea, por tierras de Portugal, Galicia, Zamora-Salamanca, Cáceres, Ávila y Toledo, y llegan a Ciudad Real y Andalucía Occidental, donde son menos frecuentes, pero también se documentan por Burgos, Soria, los Pirineos, Cataluña y el Levante.

En estos últimos años se ha realizado un gran esfuerzo por valorar estos monumentos y, en especial, por recoger y estudiar las tradiciones rituales a ellos vinculadas antes de que desaparezcan o de que su memoria se pierda para siempre[15]. En este contexto se inserta el presente análisis de las «peñas resbaladeras» de Extremadura, hasta ahora prácticamente inéditas en su mayoría, que constituyen una parte significativa de las «peñas sacras», por lo que deben considerarse, en consecuencia, como monumentos de verdadero interés de nuestro rico Patrimonio Cultural.

La «peña resbaladera» de Mata de Alcántara tiene una superficie lisa e inclinada. En esa superficie se observa una acanaladura, que mide entre 30 y 50 cm de ancho, que es la huella del desgaste por roce producida al haberse resbalado miles de veces por esa superficie de la peña. Esta acanaladura es el elemento que caracteriza las «peñas resbaladeras», pues permite identificar el rito practicado en ellas, para el que se aprovecha la altura y la inclinación de la pared, cuyo uso prolongado ha producido esa acanaladura. La longitud de la «resbaladera» o zona desgastada al resbalarse es de 3 m.

Estas peñas resbaladeras son características de las áreas graníticas, puesto que las rocas de granito parecen ser las más adecuadas para practicar este rito.

Las «peñas resbaladeras» ofrecen denominaciones diversas que tienen evidente interés, pues sus variaciones geográficas reflejan tradiciones dialectales consuetudinarias, que en algunos casos indican que la antigüedad de estas prácticas ancestrales ha quedado reflejada en la dialectología local, un tema a penas tratado en Extremadura[16], donde, como suele ser habitual en manifestaciones de la cultura popular tradicional, las peñas ofrecen denominaciones que tienen el interés de reflejar una estrecha relación con variantes comarcales del habla popular.

Piedras relacionadas con el rito de fecundidad que antiguamente practicaban las mujeres para casarse o para tener hijos[17]. Aunque, en localidades abulenses del Valle del río Corneja, como Hoyorredondo, Santa María del Berrocal, Villar de Corneja, etc., se considera que por las peñas esbaruzaderas o esbaraderas únicamente deben deslizarse las niñas, pues parece estar vetado a los varones, so pena de ser considerados «maricas», lo que evidencia que estos toboganes pétreo serán de uso femenino. Todavía resulta más evidente que estas peñas resbaladeras estaban relacionadas con ritos de fertilidad, conservándose en localidades extremeñas, como por ejemplo, en Valdeobispo (Cáceres), al pie de la ermita de la Virgen de Valverde, existe una resbaladera usada por los zagales y también por las mujeres estériles «en la creencia de que la fricción del vientre con la roca, acabaría con la esterilidad», por lo que «se utiliza para resbalar el día de la romería, que es el segundo domingo de Pascua», y por ella se tiran tanto hombres como mujeres. Otro caso es la Piedra Refaliza de Usagre, Badajoz, que tendría una función parecida, ya que «decían los antiguos que quien se resbalaba en esa piedra encontraba novio»[18]. Igualmente resulta bastante explícita la tradición conservada en la localidad pacense de Burguillos del Cerro de asociar las peñas resbaladeras con el embarazo, como indicaría el dicho popular «esta chica ha pasado por la piedra», con el sentido de que se ha quedado embarazada. Una idea parecida se sobreentiende en Hinojal, Cáceres, donde se asocia el dicho popular de «tener un resbalón» con la idea de quedarse embarazada, por lo que, ambos dichos, tan populares hasta hace poco en muchas zonas de España, se relacionarían con la tradición ritual de estas «peñas resbaladeras».

En ocasiones, la peña resbaladera se sitúa bajo una pileta u otro accidente natural o cerca de fuentes que se visitan sólo en determinadas ocasiones, generalmente en una romería o en el Lunes de Pascua o el Jueves Merendero, hecho que refuerza la idea de que estas peñas estaban vinculadas originariamente a ritos de fecundidad.

Con esta tradición ritual se relacionan algunas peñas situadas en el campo fuera de la población, tradición también conservada en Mata de Alcántara. Estas peñas eran el lugar al que se acudía en fechas determinadas, como el «Jueves Merendero» y el «Lunes de Aguas». El Jueves Merendero es el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, en el que finaliza el Carnaval. Era una fiesta típica de los quintos o mozos jóvenes, en la que, además de comer, los chicos mayores bebían vino por primera vez[19]. Esta tradición parece indicar un antiguo rito de paso, al admitir ya como «jóvenes» a los chicos antes considerados como niños, por lo que pudiera considerase un rito paralelo al de resbalarse las chicas por la piedra para encontrar novio y adquirir fertilidad, ya que en esa ocasión en algunos lugares también se efectuaba el sorteo por insaculación para emparejarse mozos y mozas, emparejamiento temporal que podía llegar a ser definitivo[20].

Por otra parte, apuntan igualmente al uso ritual las acanaladuras o surcos pulidos que ofrecen la mayoría de estas peñas, en algunos casos profundos, pues testimonian una utilización muy prolongada, sin duda durante siglos, que se explica mejor por la función ritual de resbalar por la superficie inclinada de la peña a lo largo de los siglos que por meros juegos infantiles. Peñas como la de Mata de Alcántara son monumentos de gran interés, aunque apenas habían sido estudiadas alno considerar entre las «peñas sacras». Estas peñas, integradas en el paisaje físico y humano de los berrocales extremeños, por su origen y por sus ritos originarios, permiten introducirse en una visión mágica y sobrenatural del mundo y del paisaje que ha perdurado en el folklore hasta nuestros días, ya que esta tradición popular, originaria de remotos tiempos prehistóricos, testimonia creencias animistas ancestrales, como hace más de 100 años señalara Marcelino Menéndez Pelayo, quien consideraba que «la litolatría es una de las formas más antiguas del culto naturalista»[21].




Notas

[1]Rodríguez Plasencia, J. L. «La matanza en Extremadura (estudio etno-folklórico), II», Revista de Folklore 407, 2016, p. 15.

[2]Sébillot, P. (1882, 1902, 1904, 335 s.,1906, 1908;ID. Les Littératures populaires de toutes les nations. Traditions et superstitions de la Haute-Bretagne, Maisonneuve, 1882; ID., «Le culte des pierres en France», Revue de l’École d’Anthropologie de Paris, 12, 1902, págs. 175-186 y 205-247; ID.«The Worship of Stones in France», American Anthropologist 4,1, n.s., 1902a, págs. 76-107 (http://www.jstor.org.bucm.idm.oclc.org/stable/658930; consultado 2.8.2018); ID. Le FolkLore de la France, I. Le ciel et la terre (1904), II, La mer et les eaux douces (1905), III, La faune et la flore (1906), Paris (reed. 2014) ; ID., Le paganisme contemporain chez les peuples celto-latins, Paris, 1908.

[3]Reinach, S. «Les monuments de pierre brute dans le langage et les croyances populaires», Revue Archéologique, série III, 21, 1893, págs. 195-226, 329-367 (reed. en Cultes, mythes et religions, III, Paris, 1913, págs. 364-448).

[4]SAINTYVES, P.Corpus du Folklore préhistorique (pierres à légendes), Nourry, 1934-1936.

[5]Lang, A.Myth, Ritual and Religion, I, London, 1887; Eliade, M. Tratado de Historia de las Religiones (reed.), México, 2007, p. 206 s; Sartori, P. s.v. «Gleiten», en E. Hoffmann-Krayer y H. Bachtold-Staubli(e.),Handwörtembuchdes deutsches Aberglaubens III, Berlin, 1987; etc.

[6]Assas, M. de.«Nociones fisionómico-históricas de la Arquitectura en España», Semanario Pintoresco Español, 22, Madrid, 1857.

[7]Costa, J. Poesía popular española y mitología y literatura celto-hispánicas2, Madrid, 1888, p. 258.

[8]Menéndez Pelayo, M. Historia de los Heterodoxos Españoles I2, Madrid, 1911, p. 120.

[9]Leite de Vasconcelos, J.Tradições populares de Portugal, Porto, 1882, p. 89 s.

[10]Martins Sarmento, F. «Materiães para a arqueologia do concillio de Guimarães», Revista Guimarães 1,4, 1884, p. 161-189; Braga, T. «Supertiçoes populares portuguesas», O pobo portugues nos seus costumes, crenças e tradiçoes, I-II, Lisboa, 1885.

[11]Taboada, X.O culto das pedra no noroeste Peninsular, Verín, 1965, p. 12 s.; ID. Ritos y creencias gallegas2, La Coruña, 1982.

[12]Benito del Rey, L. y Grande del Brío, R. Santuarios rupestres prehistóricos en las provincias de Zamora y Salamanca, Salamanca, 1992; ID., Santuarios rupestres prehistóricos en el centro-oeste de España, Salamanca, 2000; etc.

[13]Almagro-Gorbea, M. y Jiménez Ávila, J. op. cit., 2000.

[14]Correia Santos, J. 2014, págs. 89-128; ID., 2015.

[15]Almagro-Gorbea, M. y Gari, A.(eds.), op. cit. 2017.

[16] Rodríguez Plasencia,J. L. 2017, op. cit., p. 113, para quien ronchadera–resbalínes un sustantivo no recogido en el Diccionario de la Real Academia Española: «es un localismo que designa una roca inclinada y llana que sirve en ciertas localidades para que los jóvenes y menos jóvenes se deslizasen por ella como divertimento».

[17]Almagro-Gorbea, M. y Caballero, J. e.p.

[18]Espino, I. J.50 Lugares mágicos de Extremadura, Pontevedra, 2015, p. 149 s.

[19] Agradecemos a J. M. Sánchez Benito esta amable comunicación personal.

[20]Moya, P. R. Paleoetnología de la Hispania Céltica (Tesis Doctoral, Universidad Complutense), Madrid, 2012, págs. 270, 447.

[21]MENÉNDEZ PELAYO, M. 1911, I, p. 120.



Las piedras resbaladeras de Mata de Alcantara y su interpretación. El paraje arqueológico de la Canchera de la Azotea

RAMOS RUBIO, José Antonio / DURAN SANCHEZ, Alberto

Publicado en el año 2024 en la Revista de Folklore número 503.

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