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Revista de Folklore número

487



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Sobre otras «apariciones» marianas

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2022 en la Revista de Folklore número 487 - sumario >



Arroyo de San Serván es un municipio extremeño de la provincia de Badajoz. Su nombre proviene del arroyo Tripero que baña el municipio y de Servando, legionario romano que, junto con Germán, también soldado, abandonaron la Legión VII, a la que pertenecían, para dedicarse a la vida contemplativa o eremítica en la sierra que lleva su nombre. Finalmente serían capturados y decapitados. En ese lugar y en su honor se construyó una ermita que acabaría derruyéndose. Siglos más tarde –año 1501– sobre sus cimientos, el fraile franciscano Juan de la Puebla administró la ermita de la Madre de Dios, más conocida como de La Soledad, construida mediante limosnas. La primera intención del franciscano fue crear un convento de la Descalcez, objetivo que no consiguió porque Arroyo pertenecía a la Orden de Santiago, que se mostraba reacia a que se instituyeran monasterios en sus territorios. Pero, aun así, en el recinto se instalaron varias mujeres para vivir en congregación, que fueron conocidas como «beatas».

Pasado el tiempo, el 25 de marzo comenzó a celebrarse una romería en honor a los mártires, a la que acudían gentes no sólo de Arroyo, sino también de los pueblos aledaños, hasta que en 1927 la techumbre se derrumbó y la ermita, que amenazaba una ruina total, fue cerrada al culto. Y así, poco a poco, hasta el estado en que hoy se encuentra.

Pero lo curioso es que a pesar de su ruinosa estampa y estando fuera de culto desde hacía ya muchos años –allá por 1992– el lugar se convirtió en un centro de peregrinación, pues según decían algunas personas del pueblo, no sólo se aparecía la Virgen, sino que también hablaba a través de una de sus vecinas. De esta forma la ermita se convirtió en un lugar de peregrinación, especialmente durante la madrugada, para intentar ver a la Virgen, acumulando en sus paredes exvotos, imágenes sagradas, cirios, paños, flores…

La noticia apareció en la prensa provincial en noviembre de ese año, informando que varios vecinos de Arroyo aseguraban haber visto continuas apariciones de la Virgen de la Soledad junto a la derruida ermita, apariciones que se venían producido desde el sábado 21 de dicho mes, cuando, según uno de los diarios, una mujer de la población se dirigía en compañía de sus dos hijos de 14 y 16 años hacia una localidad cordobesa, sin especificar, donde esperaban una manifestación mariana. «No es necesario que vayáis tan lejos para contemplar a la Virgen», oyeron. De ahí que los muchachos decidieran seguir el consejo de la voz y no hacer el viaje, dedicándose a rezar el rosario por las inmediaciones de la población. Y fue en uno de esos paseos cuando, cerca de la ermita de la Encarnación, se les apareció la Virgen. La noticia corrió y desde entonces el lugar comenzó a verse frecuentado por una multitud piadosa, deseosa de verla con sus propios ojos. Sin embargo, el suceso provocó un inesperado revuelo entre los arroyanos creían lo dicho por los jóvenes y quienes lo achacaban a su imaginación. Por este motivo y para evitar males mayores, la madre procuró tenerlos aislados en su casa.

Para la otra publicación, fueron tres jóvenes con edades entre 16 y 17 años los testigos de la aparición, promoviendo entre los vecinos opiniones y críticas de todos los gustos, algunos de los cuales confesaban no entender o no creer «nada de nada», mientras otros se lo tomaban a risa. Y muchos los que se volvían al pueblo sin haber visto aparición alguna, a pesar de haber ido hasta tres veces a la ermita. Igualmente informa que la Madre de Dios comenzó a parecerse en la localidad de Pedrera –de Sevilla, no de Córdoba– a tres niñas de entre 10 y 12 años, hacia donde se dirigían los muchachos arroyanos con sus padres y que fue la misma Virgen la que dijo a uno de los jóvenes, más tarde conocido como «el vidente», que no era necesario que se trasladaran a la localidad sevillana, pues el día 8 de diciembre, día de la Inmaculada, la verían en Arroyo.

El chico trasmitió el mensaje y junto con otros dos amigos salieron al campo y cuando estaban cerca de la ermita, se les apareció la Virgen.

Igualmente dice este periódico que una vecina, a la que, según ella, también se le había aparecido, vestida de blanco con un manto negro, aseguraba que no todos aquellos que acudían a la ermita podían ser testigos de su presencia y que un vecino había oído decir al párroco algo sobre la rehabilitación del templo y su culto, pero que eso había sido el año anterior al de las apariciones.

Según la prensa, el 27 de noviembre se congregaron en el lugar más de doscientas silenciosas personas, destacando en la oscuridad la llama de sus velas. Y cuando el silencio se rompió, una mujer aseguró que le Virgen le había dicho que debían rezar sesenta rosarios durante sesenta días, mientras el eco de cánticos religiosos se extendía por toda la sierra.

Al preguntarle a una señora mayor si había sido testigo de las apariciones, dudaba nerviosa, hasta que un muchacho joven la empujó e increpó para que dijera la verdad: Que todos la habían visto. Y la mujer al final dijo que sí, que sí la había visto. Y así otra, otra y otra… Aunque unas decían haberla visto a media tarde la mayoría aseguraban que era por la noche, cuando solía aparecer la figura blanca, resplandeciente, que Isidro Berrocal «el Vidente» de 27 años, dice que vio por vez primera haría una semana.

Dos niñas dijeron haber visto cómo la Virgen se les acercaba, con su traje negro y blanco. «Yo creo que iba a salir –aseguró una– pero entonces se les aproximaron unos hombres diciendo que la Soledad los había llamado y Ella desapareció» por el lugar donde habían puesto unas velitas cuando vieron allí a Santa Rita y a Santa Teresa. Y a una monja de carne y hueso rezando en aquel lugar. Incluso hay quienes aseguran haber visto a Jesucristo y un sol grande que parecía dar vueltas… como en Fátima.

Igualmente dicen que otra tarde se apareció también la Virgen, pero algunos mozos empezaron a hacer guasa asegurando que todo era cosa de los beatos y beatas del lugar y que la imagen desapareció. Sin embargo, otro muchacho afirmaba que la visión le había cambiado la vida y que al verla sintió una tranquilidad y una satisfacción increíbles, imposibles de explicar.

Con anterioridad a la anunciada aparición del 8 de noviembre, Isidro «el Vidente», que sufría ataques de epilepsia, apareció con tres cruces marcadas en la palma de la mano derecha, manchas que eran una revelación pues, según él, la Virgen le había dicho «que en la madrugada del día 8 ocurrirá una de estas cosas: habrá un mar de sangre, los santos de la iglesia caerán de las hornacinas o el pueblo quedará sin luz y no valdrán las linternas, solo se verá con velas».

Y cuando al fin llegó tan esperado día se congregó en el lugar una inmensa multitud venida de toda la comarca a pesar del intenso frío de la noche, ansiosa por presenciar la aparición mariana y los sucesos pronosticados por «el Vidente».

Los cánticos religiosos y los rezos no amortiguaban las revelaciones de algunos de los presentes, como el de una joven que señalaba un lugar en el fondo de la ermita donde ella creía estar viendo a la Virgen cubierta con un manto celeste. Quienes la rodeaban centraban sus miradas en el lugar indicado por la joven, pero nadie osaba afirmar o negar sus palabras. Entonces una mujer enfocó hacia allí su linterna y lo único que allí vieron fue los restos de una columna, derruida hacía años.

Otros aseguraban haberla visto la noche anterior, aunque advertían que sólo se aparece cuando ella quiere. También había testigos que aseguraban haber oído su voz o haberse visto rodeados de un halo con olor a rosas. Y si alguno ponía en duda las apariciones le decían: «Si no crees, ¿por qué estás aquí? ¿Por qué no te vas?».

Según una muchacha que se hirió en una pierna, cuando corría hacia la ermita porque la estaba llamando la Virgen para decirle que ya no se aparecería más, fue reprochada por Isidro al considerarla poseída por Satanás.

Incluso hobo un joven que dijo con guasa que iba a montar allí un chiringuito, como el de Pedrera, comentario que fue replicado por una joven de trece años convencida de haber visto a la Virgen flotando sobre el suelo de la ermita, como que el bromista estaba poseído por «el Maligno». Ambos fueron reprendidos por un hombre, que les indicó que allí se iba a rezar, y sentenció: «El que la ve, la ve; y el que no la ve, no la ve».

Lo sorprendente de esta noche fue que ni Isidro Barranco, el joven de 27 años que afirmó haber sido el primer testigo de la aparición cerca de la ermita, ni la mujer que creyó su historia estuvieron presentes la noche de la gran revelación. ¿Dónde estuvieron? ¿No creían realmente cuanto habían estado transmitiendo? Según algunos vecinos ambos habían ido a Pedrera, localidad que se había convertido desde hacía tiempo en un referente para los fieles por los numerosos y frecuentes testimonios de apariciones ocurridas en el lugar. Lo cierto es que ninguna de las predicciones hechas por Isidro se cumplió ni cerca ni lejos de la Encarnación, lo que motivó que se convirtiera en el centro de las críticas lugareñas, por lo que se sintió muy dolido. Igualmente, los rumores sobre sus posibles ataques epilépticos cuando decía tener alguna revelación habían molestado a la familia, hasta el punto que le llevó a someterse a exámenes neurológicos, que resultarían negativos. Actualmente vive en Badajoz, aunque su madre sigue en Arroyo.

Otra ausencia notable fue la del párroco de la localidad… quién desde el primer momento se mantuvo al margen de lo que estaba ocurriendo en la ermita.

En la relación de los hechos reseñados hasta ahora se han mencionado las localidades sevillanas de Pedrera, distante de la capital andaluza algo más de 109 kilómetros, y Arroyo, pasando por Sevilla algo más de 290, siendo la localidad de Pedrera la que algunos periódicos y comentaristas ubicaban erróneamente en la provincia de Córdoba.

Las primeras protagonistas de las apariciones en la sevillana localidad fueron tres niñas, Buen Suceso Escobar González y las hermanas María y Rosario Sánchez Guillén, de entre 10 y 12 años de edad, que el 3 de mayo de 1987 testificaron las primeras apariciones en el paraje pedreñero conocido como Veguetas de las Revueltas.

Al conocerse la noticia, el lugar se convirtió rápidamente en centro de peregrinación, no sólo del pueblo sino de toda la comarca –creyentes y no creyentes, vividores…–, congregados en torno a una piedra que, según la Virgen, era sagrada. Hasta que las niñas, que acudían diariamente a rezar y en vista del revuelo levantado, decidieron desvincularse del ambiente que se había creado y el domingo 31 de mayo dejaron de asistir al lugar a la vez que anunciaban que la Virgen no se aparecería ya más. Aunque no terminó aquí el asunto. Enseguida aparecieron nuevos videntes adultos, personas avispadas que vieron la posibilidad de hacerse con el negocio. Entre ellos una mujer de cuarenta y tres años de nombre Carmen López Hernández, natural de Estepa, Sevilla. Según testigos, Carmen se había acercado al lugar de las apariciones en compañía de su marido, Juan Antonio Bohórquez, atraída por las noticias que le habían llegado sobre las visiones de las niñas, y a los pocos días manifestó llena de gozo que había recibido la visita de la Virgen, que en una de sus apariciones la había bautizado como «Su Profeta» y poco a poco logró convencer de las apariciones a un mayor número de cuantos acudían al lugar, diciéndoles que veía a la Virgen y que sufría estigmas en los mismos lugares que los sufrió Jesús en el Calvario, estigmas que, curiosamente, recordaban las tres cruces marcadas en la palma de la mano de Isidro Barranco, el vidente de Arroyo.

Entre las plenamente convencidas de que la utrerana veía realmente a la Virgen estaba Carmen Borrego, que gozaba de una situación desahogada y de ahí que apoyara económicamente a cuanto pedía la Madre de Dios, aunque nada tuvieran que ver con lo espiritual pues se trataba de costosos viajes con buenos hoteles, ropas caras, etc., para la vidente, que la ingenua Sra. Borrego pagaba siempre que fuera para la Virgen. A ello se unió la petición celestial de una iglesia-ermita en Pedrera. Al no conseguir el terreno deseado y al rumorearse que Carmen era una estafadora, la vidente afirmó que la Virgen no volvería a aparecerse en Pedrera y decidió trasladar el lugar de las apariciones a su pueblo natal, donde no lograron encontrar un lugar donde edificar la ansiada ermita. De ahí que, tras mucho buscar, Carmen Borrego cedió un amplio terreno heredado de su padre y construyó allí una bonita vivienda para «la Vidente», aunque con anterioridad ésta había hecho firmar a la Sra. Borrego un documento según el cual renunciaba a todos sus derechos sobre aquel terreno y a lo edificado en él. Pero las peticiones no cesaron y Carmen «la Vidente», no tardó en pedir un solar de unos mil metros cuadrados junto a su vivienda para construir la ermita. Ya esto comenzó a molestar a Carmen Borrego y se descubrió finalmente la verdad de este caso. Al parecer todo estaba perpetrado por una disputa que «la Vidente» sostenía con su hermano por una casa familiar en Pedrera. Y la tal Carmen no vio otra forma de conseguir una casa mejor que mediante el engaño de las visiones. Finalmente, tras anunciar ésta una aparición de la Virgen, fue descubierta la superchería cuando las cámaras de Antena 3 TV pillan «in fraganti» a Carmen disfrazada de «Virgen» aparecida con el farol bajo en sus manos, entablándose una tremenda carrera de cámaras y vidente, «hasta que ésta tropieza y cae, momento en el cual la cámara recoge y atestigua con imparcialidad mecánica que todo en Pedrera es un fraude». (El Correo de Andalucía. Martes 5 de abril de 2022).

Pero la aparición que tuvo lugar en Pedrera el 3 de mayo inauguró un auténtico boom de apariciones por toda la geografía española. Por citar algunas, está la aparición a la niña de once años Alba Bermúdez Navarro en El Repilado, Huelva, el 13 de mayo de 1978. La noticia concentró a más de 20.000 personas, pues, según la vidente, había visto apariciones de la Virgen junto a un platanero de sombra existente delante de la cantina de la estación ferroviaria local, donde se produciría un milagro. Aquel día la niña llegó al lugar vestida de blanco y una vez en frente del platanero comenzó a rezar. Tras varios minutos, una vez concluidas sus oraciones, unos guardias civiles cogieron en volandas a la vidente para conducirla hasta la estación. La niña lloraba. Su madre, muy agitada, repetía gritando una y otra vez: «Mi niña no está loca. Mi niña dice que se ha hecho el milagro». Algunos de los asistentes se desmayaron, otros clamaban al cielo y suplicaban favores, y el resto se limitaba a contemplar cómo se desarrollaban los acontecimientos. Lo cierto es que se organizó tal revuelo en el lugar, entre los que querían tocar a la vidente y los que ansiaban llevarse un trozo del árbol, que la Guardia Civil tuvo que actuar.

Para cerrar las apariciones acaecidas en tierras andaluzas, haré referencia a la que tuvo lugar en la localidad gaditana de Benalup de Sidonias en 1986, donde, según cuentan, se apareció la Virgen de Lourdes a la vecina de la localidad Antonia Pérez Salcedo. Esta vidente dijo que la Señora se le había aparecido bajo una higuera. Según Antonia «una nube se me ha aparecido y me ha dicho que no necesitamos construir una ermita aquí, sólo con una ofrenda de flores quedará satisfecha». La noticia corrió como la pólvora y numerosos creyentes acudían al lugar para llevarse una hoja de la higuera como recuerdo sagrado.

Y, como suele suceder en estos casos, para unos fue un simple fraude, para otros la creencia de que la vidente estaba trastornada, porque siendo chica había visto muchas veces la película El milagro de Fátima en el cine de verano de la localidad, mientras para otros benalupenses los sucesos fueron reales.

Podría seguir con otras apariciones pero creo que de momento estas son suficientes. Quien quiera noticia de otras apariciones, que busque en la Wikipedia La España extraña, de Javier Sierra y Jesús Callejo.



Sobre otras «apariciones» marianas

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2022 en la Revista de Folklore número 487.

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