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Revista de Folklore número

473



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Nuestra Señora de Valdejimena, una advocacion de la dehesa salmantina

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 473 - sumario >



I

A poco menos de tres kilómetros de la localidad salmantina de Horcajo Medianero, rayana a la provincia de Ávila, se localiza el que ya Pascual Madoz, por los principios del siglo xix, calificaba como despoblado de Valdejimena. Y es en este espacio, en el que ya no quedan restos de primitivos habitáculos, donde se levanta un majestuoso santuario que se configura como el mayor centro de espiritualidad mariana de toda la comarca de la Tierra de Alba. Su advocación responde al del lugar en que se ubica: Nuestra Señora de Valdejimena. De su ubicación dan cuenta los versos recogidos en las llamadas «Coplas de los pueblos de Salamanca»:

Virgen de Valdejimena,

que entre monte estáis metida,

entre Valverde y Horcajo,

Sanchopedro y Chagarcía[1].

El templo que conocemos es una obra barroca que se levantó entre los años 1683 y 1698, según el proyecto que a instancias del prelado de Salamanca, Fray Pedro de Salazar, elaboró el maestro cántabro de cantería Juan Setién Güemes, que a la sazón se ocupaba de las obras de la catedral. Esta actuación de Juan Setién no era una excepción, ya que había hecho lo propio en otros edificios religiosos de la diócesis (Forfoleda, Valero o Aldeanueva de Figueroa)[2]. La ejecución del proyecto correría a cargo del arquitecto Manuel de Ávila por un montante de 35.000 reales. Este trabajaría en compañía de Simón García, Francisco Rodríguez de Espinosa y Manuel del Pino, calificados todos ellos como «maestros de arquitectura»[3]. Por lo que respecta a la decoración de las cubiertas, estas se concluyeron en el año 1703.

Para cubrir el montante del presupuesto fue necesario que junto a las aportaciones de la parroquia de Horcajo Medianero se unieran la de otras localidades más o menos cercanas, lo que evidencia el arraigo que a nivel comarcal ya tiene en esas fechas la Virgen de Valdejimena.

José María Quadrado recorre estos límites de la provincia de Salamanca sin encontrarse en la «ruta con rastro alguno ni de arte ni de historia», salvo «en arbolado valle la suntuosa ermita de Valdejimena, fabricada con crucero y cúpula, ante cuya efigie nada antigua de la Virgen, engastada en churrigueresco altar, vienen á postrarse tantos romeros»[4].

Nuestra Señora de Valdejimena, flanqueada por los santos Joaquín y José, ocupa la parte central de un retablo de tres calles, obra del escultor Lucas Carrera, de Salamanca, y del ensamblador Antonio de Nao, de Piedrahita, ejecutada hacia 1693. De la misma época son los retablos laterales que acogen las tallas de San Juan Bautista y de San Francisco de Asís. Si al primero lo acompañan San Amaro y San Antón, a San Francisco lo escoltan San Blas y San Roque. De menor interés, y fechados a mediados del xviii, son otros dos retablos dedicados a San Francisco Javier a Santa Teresa de Jesús.

Destacable es la imponente rejería que separa la zona de los retablos del resto de la nave. Fue obra del forjador Gregorio Rodríguez, realizada en el año 1706 por un importe de 5.000 reales. Y destacable igualmente es el camarín, superpuesto a la sacristía, señalado por Gómez Moreno como «lo más interesante que encierra» el santuario. Está rodeado por zócalos de azulejos talaveranos: «Fajas de grutescos, que rematan en pirámides, se distribuyen en tableros llenos de ampuloso follaje barroco, y en medio alegorías referente con sus lemas correspondientes; además, varios letreros conmemorativos de la obra y de quienes la erigieron», con datas del primer cuarto del siglo xviii[5]. Junto a los azulejos, a ambos lados del trono, se conservan unas interesantes pinturas. En la primera se ha representando al vaquero Juan Zaleos en el instante en que la Virgen se le aparece en el tronco de la encina. La otra muestra a Nuestra Señora de Valdejimena protegiendo a un niño que huye de un perro rabioso.

Por estas mimas fechas, concretamente entre los años 1720 y 1726 se le construyen al santuario unas dependencias complementarias, como son la bodega, el horno y los edificios conocidos por «Tinajero» y «Gallinero»[6].

No faltan quienes a tenor de los datos expuestos sobre la construcción de la ermita suponen que el culto a la Virgen de Valdejimena se inició a mediados del siglo xvii, fijando en la misma fecha el inicio de su culto y de la leyenda que le sirve de base. Sin embargo, aunque exigua, sí existe alguna documentación más antigua que nos informa de la existencia de un primitivo santuario sobre el que se construyó el que nos ocupa. En el manuscrito Libro de los lugares y aldeas del Obispado de Salamanca, elaborado entre los años 1604 y 1629, se cita este santuario como «hermita de Santa María la Blanca», ubicándola en término de Valverde y señalando sobre ella:

(...) está bien reparada, tiene de renta hasta dos fanegas de trigo, si la iglesia parrochial se undiere, como lo amenaça, podrá esta hermita servir de parrochia[7].

Igualmente encontramos, fechado el 30 de septiembre de 1621, el contrato con el ensamblador Antonio González Ramiro para hacer el retablo de Valdejimena, firmando como testigo el escultor placentino Pedro Bello[8]. Cabe reseñar igualmente una información del año 1627, correspondiente a la redacción de una memoria para ejecutar obras en la citada ermita. Por otro lado contamos con una bula promulgada por el pontífice Urbano VIII en 1643 mediante la que se conceden indulgencias a los peregrinos, similar a otra emitida por Inocencio X en 1649. En el trasfondo de ambas se adivina el interés de atraer devotos al santuario con una clara finalidad recaudatoria orientada a las obras que en él se ejecutan[9].

Pero este viejo santuario fue devorado por las llamas en el año 1682, reduciéndolo todo a cenizas. En consecuencias no se planteó una reconstrucción, sino el erigir una nueva fábrica desde los cimientos. Y así surgió el edificio que hemos referido. Según la tradición, lo único que se salvó «milagrosamente» fue la talla de la Virgen, que pasó a entronizarse en el nuevo retablo que se erigió a finales del siglo xvii.

A pesar de la inexistencia de pruebas fehacientes no faltan quienes lanzaron o defendieron la hipótesis de un tercer santuario. Supuestamente fue erigido en el momento de la invención de Nuestra Señora de Valdejimena, que, al decir de la leyenda, ocurrió a principios del siglo xii, en los tiempos en que Jerónimo de Perigord regía los destinos de la recién instaurada diócesis de Salamanca. Y quieren los relatos legendarios que este prelado, compañero de don Rodrigo en los tiempos que dominaba Valencia, tras la muerte del Cid tuteló a su esposa Doña Jimena y la trajo consigo a la vera del Tormes. De estas elucubraciones algún que otro apologista del santuario deduce que tal mujer conoció de primera mano la aparición de la Virgen, dio su nombre a la dehesa en la que se encuentra el enclave sagrado (Val de Jimena) y se convirtió en una de las primeras peregrinas y patrocinadora de su culto[10]. Pero hoy sabemos por los estudios lingüísticos que el topónimo Valdejimena es de procedencia vascona y que, al igual que otros que se recogen en la misma comarca, tienen su origen en la repoblación que se realiza en el Alfoz de Alba, entre finales del siglo xi y principios del xii, con gente procedente de la zona de las Cinco Villas, el área montañosa que une La Rioja con Castilla[11].

II

Existen deferentes hipótesis acerca del origen del culto a la Nuestra Señora de Valdejimena. Si se le aceptara, como mantiene la opinión más generalizada, una antigüedad de más de ocho siglos, cabría suponer que la llegada de la Virgen coincidió con la de los propios repobladores. Eso significaría que posiblemente trasladaran consigo una devoción que existía en sus lugares de origen. Es algo que se constata de manera generalizada en la historia de las migraciones: quienes se trasladan traen sus propias devociones e, incluso, advocaciones, que se «estrenan» en el nuevo espacio o suplantan elementos cultuales existentes.

Lógicamente no contamos con una base documental para apoyar tal opinión, aunque de ninguna manera se puede obviar la ingente cantidad de vírgenes que se contabilizan en las áreas de procedencia de los repobladores de este territorio. Y en algunas de ellas se descubren grandes paralelismos con la de Valdejimena en lo que respecta a sus orígenes, como son los casos de las vírgenes riojanas de Hermedaña o Armedaña, del Tajo, del Roble, de Valvanera, de Villa Rica, de Castejón, de Arizta, de los Parrales o del Vico[12].

En el caso de la Virgen de Valdejimena existe una tradición o leyenda centenaria acerca de su invención. Esta, junto con otros aspectos, fue reseñada en un romance de 1.300 versos por «Tío Lorenzo», un rimador de Horcajo Medianero. Como fuente documental del mismo se sirvió de las informaciones ofrecidas por su abuelo, que había ejercido como ermitaño en el santuario a lo largo de más de tres décadas.

Lo que no lograremos saber es si en el romance se recogió todo lo que el pueblo sabía de aquellos lejanos momentos y había transmitido por vía oral o si, por el contrario, el versificador, como en ocasiones sucede en el ámbito de lo popular, lo aderezó con sus propias aportaciones. Sin embargo, es evidente que cuanto el «tío Lorenzo» refleja en sus escritos se acaba convirtiendo en un corpus y aceptado como una verdad incuestionable.

Los hechos que recogen la leyenda se inscriben en la dehesa de Valdejimena, propiedad de un tal Don Diego, en un período indeterminado de la Edad Media, como rezan estos versos:

Que aquí se halló aparecida

el año ya no sé cuántos

como sabemos muy bien

por nuestros antepasados.

La gran vegetación y los abundantes pastos permiten el sustento de grandes manadas de vacas y toros bravos, bajo la vigilancia de un grupo de vaqueros, entre los que destaca por su conocimiento en el trato del ganado y por su responsabilidad Juan Zaleos, vecino de Horcajo Medianero. Una tarde se percata que el toro más fiero, al que conocen con el nombre de «Romo», ha desaparecido. Temiendo que haya escapado y en evitación de eminentes peligros sale en su busca. Al cabo de tres horas lo divisa acostado a la sombra de una encina. Desde la distancia le lanza una piedra y, aunque acierta a darle, el animal no se inmuta. Al suponerlo enfermo decide acercarse receloso y cuando llega a su lado surge del árbol un resplandor que ciega a Juan Zaleos por unos instantes. Al recobrar la visión contempla, totalmente estupefacto, en un hueco del tronco una radiante imagen del la Virgen.

De inmediato comprende que se halla en lugar sagrado, en presencia de Nuestra Señora, de modo que se arrodilla y reza. Al tiempo que el toro inicia la marcha hacia la vacada Juan corre a contar lo sucedido a los compañeros, conduciéndolos hasta la encina para que se cercioren de la veracidad del hallazgo. Seguidamente toma la decisión de acudir al pueblo a comunicarle el portento a las autoridades, paro antes de iniciar la marcha para referenciar el lugar rasga una carrasca próxima e introduce un guijarro en la horquilla.

Sin la mínima dificultad convence a las fuerzas vivas, que siguiendo sus pasos tienen la suerte de contemplar la resplandeciente imagen. En reverente procesión la Virgen, portada por Juan Zaleos, es llevada hasta la iglesia de Horcajo Medianero y entronizada en el altar mayor. Allí se lee un pergamino encontrado junto a la imagen en el que se especifica que esta Nuestra Señora quiere su propio santuario y que hará valer su abogacía contra la rabia.

Al amanecer, antes de volver a la dehesa, Juan acude a la iglesia a visitar a la Virgen, pero ha desaparecido. Una fuerza interior le dirige los pasos hacia la encina de la aparición, donde nuevamente encuentra la imagen. Y su divina voz traspasó los oídos de Juan Zaleos: la ermita debía levantarse en la soledad de aquellos campos. Posteriormente la Virgen hablará con los mismos ruegos al obispo de Salamanca, que hasta los campos de Valdejimena llegó atraído por la noticia. Las obras comenzaron sin tardanza y a marchas forzadas. Mas cuando se remataba la techumbre un misterioso fuego destruyó todo lo hecho.

Ante el inesperado contratiempo se trata de buscar la solución en el ya citado pergamino. Aunque está escrito en latín el cura se muestra incapaz de traducirlo y ha de ser el obispo el que proceda a su transcripción. La ermita se debe construir en el punto exacto de la aparición y la encina ha de convertirse en su peana. Así se hizo y el levantamiento del santuario no ofreció ningún contratiempo.

Al igual que no quedan huellas de la primitiva ermita aludida en la leyenda, tampoco hay rastros de la encina de la aparición. Y otro tanto cabe decirse de la efigie de la Virgen. De cuanto se refleja en el romance de «Tío Lorenzo» solo un testimonio de aquellos tiempos ha pervivido hasta época cercana. Se trataba de la encina, entonces una simple carrasca, que Juan Zaleos rasgó y en cuya hendidura introdujo un guijarro para que le sirviera de orientación. Se localizaba a trescientos metros del santuario en dirección a Horcajo Medianero y era tenida como «encina santa» y conocida con los nombres de «Encina de los Remiendos» y «Encina de Juan Zaleos».

III

Un análisis de esta leyenda nos evidencia que responde a un arquetipo común a múltiples narraciones marianas. Existe una coincidencia entre el relato de Valdejimena y los de otras vírgenes repartidas a lo largo y ancho de la geografía peninsular. La uniformidad es casi absoluta en la narración del hallazgo, con la intervención del personaje que encuentra la imagen en un lugar del que no es dueño y cuya presencia allí es ocasional. El hallazgo es inesperado, aunque se guie por una señal o motivo que lo conduce hacia ese punto concreto. De inmediato transmite la noticia a la comunidad, convirtiéndose en mensajero y testigo. Se traslada la imagen al pueblo y desaparece, reapareciendo en el sitio donde primeramente se manifestó. Y, por último, se construye un santuario, convirtiendo el sitio del hallazgo en el lugar donde se le rinde culto a esa imagen[13].

Aunque algunas tradiciones apuntan a que la entrada de los pueblos bárbaros obligó a la ocultación de imágenes sagradas en los lugares donde la presencia de los «Arabes y Moros» iba a ser menos duradera o casi testimonial (La Rioja y «Provincias Vizcaynas»)[14], un mayor número de leyendas incide sobre todo en que los soterramientos se producen con la llegada de los musulmanes. Los cristianos en su huida hacia el norte van escondiendo los objetos sagrados en lugares que consideran propicios con la idea de recuperarlos una vez que cese el peligro. Cuando después de siglos se reconquistan estos territorios no queda memoria de los antiguos escondites o se han perdido todas las referencias sobre ellos. Es entonces cuando la Virgen toma la decisión de manifestarse milagrosamente, como ocurre en Valdejimena.

Resulta lógico que estas imágenes que aparecen tras una larga ocultación por causas bélicas no sean objetos de una sacralización, puesto que ya lo fueron en su momento cuando se veneraron en los primeros tiempos del cristianismo en Hispania. Algunas, incluso, alcanzaron la virtud sacra por el hecho de esculpirse tomando como modelo a la propia Virgen María, cuales son las salidas de los cinceles de San Lucas o las que repartió el propio San Pedro a manos llenas. A tan dadivoso proceder del apóstol se refiere este curioso documento:

Muchos Autores graves escriven, que vino á España el Apostol San Pedro el año de 50 y que traxo á ella diferentes Imagenes Sagradas, especialmente de la Madre deDios: y que las fuè repartiendo, para consuelo de los fíeles, por las partes donde predicó; y á donde no llegò, embiò otras. (...) todavia se ignora quantas, y quales fueron dichas Imagenes. Porque aunque algunos Autores, hallan grande antigüedad en muchas, y pretenden probar ser de aquellas que repartiò el Santo Apostol: con todo esso (como han passado tantos siglos, y tribulaciones) es dificil la prueba; si bien ningùn piadoso se opondrà à ella, ni fuera razon. Destas Sagradas Imagenes tan antiguas, ay tradiciones en muchas partes, que fueron escondidas, y ocultadas en dos ocasiones por los fieles, para evitar el que los infieles las vltrajassen, como suelen hazerlo. Vna en la entrada de las Naciones barbaras, que conocemos comunmente con el nombre de Godos, despues del año de quatrocientos. Otra, en la de los Árabes, y Moros, que desde el año de 714 por muchos siglos dominaron à España[15].

Sin embargo, la práctica totalidad de las imágenes halladas milagrosamente a lo largo de la Edad Media suelen ser tallas creadas entre los siglos xiii y xv, por lo que de ninguna de las maneras se constituyen en testigos de una indemostrable devoción a María antes del siglo viii[16]. A dicho período correspondería la supuesta primitiva escultura de la Virgen de Valdejimena, siempre y cuando se aceptara la opinión de que la actual vino a sustituir a la que se veneró en la ermita fundacional. Más que la continuidad de un culto a la Virgen en estos espacios, su presencia debe verse como una consecuencia, ya en el siglo xiii, de la expansión de la devoción mariana, convertida en unos de los ejes del cristianismo.

Y en ocasiones viene a ocupar el especio que fue lugar de culto desde tiempos muy lejanos, como en su momento señalara William Christian[17]:

A partir del siglo xii, las estatuas de María fueron incorporadas como imágenes de devoción en lugares de la campiña que tenían una significación simbólica para la comunidad agrícola o pastoril, como, por ejemplo, las fuentes, las cimas de las montañas, los altos de caminos y las grutas y las cuevas. Se sabe que la cristianización del campo fue un proceso lento. El culto de las imágenes proveyó una manera de extender esta religión a los lugares de la campiña que eran considerados a través de creencias precristianas como puntos críticos de contacto con las fuerzas de la naturaleza más allá del control del individuo o de la comunidad rural. María, como imagen de madre con su niño, fue una figura particularmente apropiada para estas localidades, era la imagen cristiana que mejor pudo simbolizar la fertilidad y la protección maternal.

Con posterioridad, y Valdejimena no será una excepción, van a surgir las correspondientes leyendas que configurarán un corpus cuyo objetivo es explicar la existencia de una imagen en torno a la que gira la devoción, el que se haya erigido un santuario en determinado lugar o la pervivencia de un rito. Y estas leyendas no siempre significan una garantía, por mucho que se analicen, para descubrirnos cuales eran las creencias que latían antes de que las suplantara o asimilara la devoción a la Virgen María, sobre todo si tenemos en cuenta que algunas de las narraciones responden a una simple reubicación.

La leyenda del hallazgo o invención de Nuestra Señora de Valdejimena nos informa que fue en el hueco del tronco de una encina donde Juan Zaleos encontró la imagen. Ello puede inducirnos entrever una cristianización de un culto dendrolátrico, aunque al no disponer de restos materiales en sus proximidades nada cabe afirmar al respecto, a pesar de que la encina ya fuera considerada como árbol sagrado en la antigüedad. No obstante, la similitud de esta leyenda con otras semejantes en lugares donde se manifiestan lejanas formas cultuales hace factible considerar esta pervivencia.

Las narraciones acerca de vírgenes cuyas apariciones o hallazgos presentan relación con el árbol son incontables en toda la geografía peninsular[18]. Si nos ceñimos al territorio castellanoleonés, en el que se ubica Valdejimena, nos topamos con 126 advocaciones vegetales, de las que un alto porcentaje corresponden a la provincia de Salamanca y Avila. A estas habría que unir aquellas otras que, aunque no tomen su nombre, mantienen una vinculación con plantas o árboles. En la diócesis abulense, concretamente en el pueblo de San Miguel de Serrezuela, a no más de dos leguas de Valdejimena, se levanta la ermita de Nuestra Señora de la Encina en el lugar donde se apareció sobre uno de estos árboles. También a un pastor llamado Finardo se apareció Nuestra Señora de Chilla, de Candeleda, «sobre un tronco vestido de verde hiedra»[19].

Como Nuestra Señora del Espino conocen a las vírgenes de Gallegos de Sobrino y de Hoyos del Espino. Ambas se aparecieron sobre la mata que luego sirvió para denominarla. De la de Gallego se dice que se le mostró a un pastor cuando buscaba entre las zarzas una oveja descarriada. Y de la de Hoyos del Espino, perfectamente documentada[20], refiere la leyenda que una doncella guardiana de vacas fue la que halló la talla de la Virgen sobre el consabido espino. Las repetidas fugas de la casa a la que se llevó y la posterior reaparición en el mismo árbol fueron interpretadas como el mensaje de que allí quería su santuario. Y en este santuario de finales del xv se venera la imagen esculpida dos siglos antes. Apuntan en el pueblo que de las raíces de aquel «espino santo» brotaba un aceite que se empleaba para la lámpara que alumbraba la virgen y para fines curativos.

En la zona más occidental, en la localidad de Aldeavieja, se venera a Nuestra Señora de Cubillo. El nombre le viene en razón a su aparición, hecho referido a principios del siglo xvi por el licenciado Francisco García, racionero en la catedral de Segovia, en su obra Historia del origen, antigüedad y fundación del lugar de Aldeavieja, de los milagros de Ntra. Sra. del Cubillo y Señor San Cristóbal sus Patrones. Un pastor había colgado de un álamo el cubo en el que ordeñaba las cabras, las ovejas y las vacas:

Pues como este pastor fuese a descolgar el cubillo, hallaba no una sino muchas veces a Nuestra Señora, como metida en él, y que no se le parecía sino desde la cintura arriba, y hablaba con él y le decía, que dijese a los del pueblo, hiciesen allí un santo templo a honor de la Virgen Santa María, porque en ello se serviría a Dios. De esto se dio cuenta al Abad y Cabildo de Párraces, y certificados de este aparecimiento y visiones, y solicitados con gran vehemencia de los vecinos del lugar, autorizando este milagro, y con su favor y ayuda se edificó aquel santuario, con invocación de Nuestra Señora del Cubillo, por haberse aparecido en el la Madre de Dios. (Cap. IX, págs. 20-21).

Este historiador daba como fecha de la aparición de la Virgen del Cubillo el año 1300 y existen documentos que señalan la existencia de la ermita desde 1434, si bien por los comienzos del siglo xvii fue reconstruida en su totalidad[21].

Una especial significación por su cercanía a Valdejimena presentan Nuestra Señora de la Vega, de Piedrahita, y Nuestra Señora de Fuentesanta, de Medinilla. La primera fue encontrada por una niña que pastoreaba un rebaño por las márgenes del Corneja. Estaba dentro de un zarzal en el que se escondió para escapar de un toro.

Los restos arqueológicos reutilizados en la ermita y en la casa del santero, así como los que salieron a la luz durante las excavaciones realizadas a comienzos del pasado siglo, catalogados como tardorromanos o visigodos, indican una habitabilidad de este espacio cuando menos en el siglo VI. Entre ellos destacamos un mosaico con símbolos cristianos que induce a pensar en aspectos cultuales que han hallado su continuidad en la devoción a la Virgen de la Vega[22].

Existen grandes paralelismos entre esta Virgen y la de Valdejimena, hasta el punto de que muchos devotos de ambas singuen considerándolas «hermanas». Todo apunta que es a ella, y no a la patrona de Salamanca, a la que se refiere una de las coplas recogidas en el «Romance del Peregrino»:

–Virgen de Valdejimena,

¿dónde tienes tus hermanas?

–Una la tengo en la Vega

y otra en la Peña de Francia.

Para el que tenga alguna duda, he aquí la variante que se recoge en la popular «Charrada de Piedrahita»:

–Virgen Santa de la Vega,

¿dónde tienes tus hermanas?

–La una está en Valdejimena

y la otra en la Peña de Francia[23].

Por lo que respecta a la Virgen de Fuente Santa, de Medinilla, existen varias versiones acerca de su hallazgo. La más antigua, referida en 1696, indica que «La Santa Imagen fue aparecida frente a una fuente a un pastor siglos ha»[24], lo que ha llegado a interpretarse como un claro sincretismo de un culto relacionado con las Ninfas Sagradas[25]. Otra leyenda cuenta cómo un toro que es perseguido por un jinete se detiene junto a un manantial y escarba hasta desenterrar la talla oculta junto a un espino. Pero aún existe otra variante del relato, que se supone más moderna: al jinete perseguidor del bruto se le aparece la Virgen sobre un árbol. Es cierto que esta última, que participa de la misma esencia de la de Valdejimena, se popularizó partir de mediados del siglo xix cuando se difundieron las estampas de la Virgen de Fuente Santa con esta escena, diseñada por el grabador Antonio Rodríguez Cabracán[26], tal vez tomando como modelo un cuadro exvoto que conforma la parte central del banco del retablo. Y todas estas difieren de una última versión, cual es la expresada en el Canto del Ramo que se entona en la ermita el día de la fiesta:

En un zarzal apareciste,

Virgen de la Fuente Santa.

Al igual que Nuestra Señora de Valdejimena, es trasladada a otro lugar, en este caso Becedas, y desaparece milagrosamente para reaparecer en el punto exacto donde se manifestó, que es donde quiere su ermita.

Indudablemente en la provincia de Salamanca, tanto en localidades de la diócesis helmántica como de la merobrigense o de la placentina, existen cuantiosas advocaciones del tipo de las referidas. Relativamente cercana a la ermita de Fuente Santa se ubica el santuario de Nuestra Señora del Castañar, en Béjar, localidad de la diócesis de Plasencia, la misma a la que hasta hace varias décadas estuvo adscrita Medinilla. Esta virgen, en el año 1446, se apareció sobre un castaño a Joaquín Gómez, un pastor vecino de Garganta, para indicarle que cavara a sus pies, donde encontraría una imagen, por cuya invocación finalizaría la peste que asolaba a la ciudad de Béjar[27].

En esta misma comarca nos topamos en Ledrada a Nuestra Señora de la Yedra, cuyo nombre devino del hecho de haberla encontrado un vecino de Sanchotello en una pared cubierta de este vegetal. Trató de llevarla a su pueblo, pero una fuerza misteriosa le impedía cruzar el arroyo Baíllo, por lo que comprendió que era voluntad de la Virgen permanecer en el lugar. Y de inmediato de le hizo la ermita donde se halló[28]

No muy alejado de Ledrada se alza la ermita de la Virgen del Carrascal, patrona de Valdefuentes de Sangusín. Apunta la leyenda que fue encontrada en el interior de un carrasco por un pastor que andaba a la búsqueda de una cabra extraviada.

En Mieza, por la comarca de las Arribes del Duero, su patrona responde a un apelativo genérico: Nuestra Señora del Árbol. Si bien la leyenda apunta que se encontró en el hueco de una encina que crecía en las proximidades de un yacimiento prerromano, lo que da pie a pensar que sea la heredera de antiguas formas cultuales[29]. En la cercana población de Guadramiro se le da culto a una virgen con el mismo título y que, según la leyenda, fue encontrada bajo un roble o una encina. La talla de Nuestra Señora del Árbol es románica, fechada entre los siglos xii-xiii, y la ermita que lleva su nombre, erigida en el lugar del hallazgo, fue construida en el siglo xvi, posiblemente reedificada sobre otro santuario anterior[30].

La Virgen del Robledo es venerada en Sequeros, población de la Sierra de Francia. Su imagen es una talla del románico tardío. Señala la tradición que se apareció, en siglo xiv, en un roble a una joven que buscaba leña por aquellos montes. La primitiva ermita se reconstruyó a partir de 1622, fecha en la que fue reducida a escombros por un incendio[31].

A tiempos anteriores atribuye la leyenda el hallazgo de Nuestra Señora de la Cuesta en la confluencia de los ríos Francia y San Benito, en las cercanías de Miranda del Castañar. Dos niñas que recogían fresas se vieron atraídas por el resplandor que surgía del hueco de un olivo. Al acercarse descubrieron en su interior la imagen de la Virgen, a la que dieron cobijo en una ermita que levantaron en aquel lugar, de la que decían que ocultaron con motivo de la invasión musulmana[32].

La zona ocupada por el santuario de Nuestra Señora del Mensegal[33], en Endrinal de la Sierra, acogió cultos prerromanos y hasta fue retiro de los monjes benitos en la Edad Media. Y aquí la tradición señala que la imagen de esta virgen fue encontrada en el tronco seco de un castaño que se ubica en las proximidades. No muy alejado de aquí, en otro lugar donde existió un santuario rupestre, ahora en términos de El Tornadizo, se halla el pago de Las Yegüerizas, donde en el siglo xv se levantó una ermita para acoger la imagen que un pastor descubriera en un bosque de castaños. Y fue conocida por el nombre de aquel sitio: Nuestra Señora de las Yegüerizas.

Un cabrero de La Horcajada, que alguna versión de la leyenda hace natural de Horcajo, fue el que encontró en tierras de Cespedosa de Tormes a la Virgen del Carrascal. Lo que vio fue una pequeña figura asomando por el tronco de un carrasco y la confundió con una muñeca. Cuantas veces le llevaba a casa para dársela a sus niños, ya fuera en el zurrón o dentro de la cuerna de asta, se le esfumaba, volviéndola a hallar al día siguiente en el mismo sitio. Una mañana le habló para indicarle que allí mismo quería una ermita. Cuando acudieron las autoridades y numerosos vecinos, a los que el cabrero les comunicó lo sucedido, la mañeca había aumentado de tamaño y nadie tuvo dudas de que se trataba de una imagen de Nuestra Señora. Y de manera inmediata le construyeron la ermita[34]. Hasta no hace mucho el tronco del carrasco se conservaba bajo el altar[35].

La Virgen de la Encina, de Macotera, tomó tal nombre del hecho de haberse aparecido a un pastor en uno de estos árboles. Se cuenta que estuvo oculta durante la dominación sarracena[36]. Poco tiene que ver la imagen actual con la que supuestamente apareció cuando la reconquista, ya que la que ahora se venera es de las llamadas vírgenes de candelero o de vestir, de las que sobre un armazón en forma de trípode se encaja un busto o parte de él y al que se engarzan las manos y la cabeza. Es muy posible que el cambio de la imagen propiciara la alteración de la primitiva leyenda para buscar el acomodo ante la nueva situación y de este modo surgiera la narrativa que ahora es más conocida. También la Virgen se aparece en la encina, pero, en lugar de a un pastor, a tres esclavas. Les comunica que marcha a luchar contra los moros y ellas le siguen. Los musulmanes apresan a Nuestra Señora y le cortan las manos y la cabeza. Las esclavas toman estas tres partes del cuerpo y las llevan al lugar donde la vieron por vez primera: la encina de Macotera. Y esas manos y esa cabeza cortadas a la Virgen son las que figuran en la imagen de candelero.

La Virgen del Cueto, en Matilla de los Caños del Río, fue levantada por los comienzos del siglo xvii, lo que ha hecho pensar que en esa fecha se produjo el hallazgo y comenzó su devoción. A pesar de que también la talla sea de época tardía, la estructura de las leyendas en torno a los orígenes de esta devoción entronca con otras del mismo tipo y muy anteriores, lo que nos hace suponer que el santuario y la imagen responden a la reposición de otras más antiguas. Incluso no se podría desechar la pervivencia de formas devocionales pretéritas, incluso precristianas, en el espacio que ocupa la ermita, el alto de un montículo o cueto, donde ya los antepasados desarrollaran algún culto a la naturaleza. Fue ahí donde unos pastores, seguramente vaqueros, encontraron la imagen de Nuestra Señora en la encina en la que se les había aparecido.

En otra versión de la leyenda se refiere que la ermita es consecuencia de un hecho que, sorprendentemente, nada tiene que ver con la Virgen. Un niño y su padre carean vacas y el muchacho va sediento y exhausto. De manera inexplicable brotó un manantial en el que apagó la sed y en agradecimiento se levantó el santuario. Es indudable que en esta leyenda los elementos esenciales (vacas, agua y virgen) aparecen distorsionados y sin ninguna relación entre ellos, algo que no ocurriría en la que debió ser su original narración.

IV

Un aspecto capital en el relato de Valdejimena es el que se refiere a la presencia del toro que posibilita el hallazgo de la imagen. Lo que le ocurre a Juan Zaleos es harto común en las leyendas marianas, en las que un animal determinado conduce al vaquero, al pastor, al cabrero, al leñador o a cualquier otra persona que merodea por el campo al encuentro con la divinidad. A este respecto es significativa, a modo de ejemplo, la presencia de este arquetipo en la zona pirenaica:

De más de ciento cincuenta imágenes de la Virgen se dice que fueron descubiertas con la intervención de un toro o una vaca, a lo largo de toda la cordillera y de sus dos vertientes.

El escenario de la Leyenda Áurea es inmutable: uno de los animales del rebaño tiene la costumbre de alejarse para aislarse o incluso arrodillarse delante de una cueva, un árbol, un arbusto o un arpente de tierra. El pastor descubre entonces la presencia de una estatua de la Virgen María, que se apresura a presentar al cura de la parroquia[37].

Cuanto ocurre en el norte se puede extrapolar a otras áreas peninsulares. Personalmente pude cuantificar gran número de relatos extremeños en los que el toro o la vaca posibilitaron estos tipos de descubrimientos como se constata en los casos de las vírgenes de los Santos (Aldeacentenera), de la Torre (Tejeda), del Cabezón (Cañaveral), de la Dehesa (Ahigal), de la Piedad (Almendralejo), de Argeme (Coria) o de Guadalupe[38].

Pero si nos centramos en este área, en las provincias de Avila y de Salamanca también observaremos la presencia de estos animales que van a propiciar que una determinada persona descubra la imagen de la virgen o sea testigo de su aparición en un lugar concreto. Al referirnos a la Virgen de Carrascal vimos cómo la encontró un pastor de Valdefuentes de Sangusín que andaba tras una cabra perdida. En Gallegos de Sobrino lo que buscaba era una oveja que se había alejado del rebaño. Esto mismo le sucederá a un pastor de Encinas de San Silvestre, que encontró, atraído por los balidos de la oveja extraviada, a la virgen entre unas peñas. Fue titulada como Nuestra Señora de la Peña del Castillo y se venera en la ermita que comparten entre Encinas y Villaseco de Gamitos.

Un animal guía, en este caso un toro, es el que «olfatea» y descubre la imagen del Nuestra Señora de los Remedios del Desierto, en una de las dehesas del Campo Charro del término de Buenamadre. El mayoral siguió a un toro que se alejaba de la manada. Sorprendentemente el animal se detuvo junto a unas rocas y se puso a escarbar con los hocicos. Ante sus ojos incrédulos desenterró una imagen de la virgen. De inmediato la llevó al pueblo y, luego de escuchar lo sucedido, las autoridades decidieron construir una ermita[39]. Esta se erigió en un lugar que en un momento anterior estuvo sacralizado. Donde la ermita se alza hubo un menhir fálico, que hoy sigue arrumbado en sus proximidades[40]. Indudablemente se vislumbra un paralelismo entre la relación del menhir con la Tierra y el toro de la leyenda con la Dea Mater, en lo que atañe a los aspectos simbólicos de la fertilidad.

Llama la atención que solo en unas pocas ocasiones en todo este área el toro se convierta en un animal guía que conduzca al hallazgo o la aparición de una virgen vinculada a un elemento vegetal. Junto a la de Valdejimena debemos citar a las ya mencionadas de Fuente Santa, de la Vega y, haciendo una interpretación más laxa, de los Remedios del Desierto y del Cueto. Resultando más extraño aún que gran parte de los santuarios se ubique en territorios adehesados desde antiguo, en los que el toro forma parte del paisaje.

La figura del toro como parte esencial en las celebraciones a estas vírgenes se ha querido ver como un recuerdo al hecho primordial de sus apariciones, como recogen las respectivas leyendas, en las que este animal cobró especial protagonismo. Ello explicaría la existencia de los festejos taurinos en los días de su fiesta, que en cierto modo condicionarían la construcción de cosos junto a sus ermitas, que aún se conservan con mayor o menor fortuna. Pero se da la circunstancia que son más numerosas las ermitas que acogen plazas de toros sin que estos hayan tenido algún tipo de protagonismo en los orígenes del culto. Tales son la vinculadas a las vírgenes del Castañar (Béjar), del Robledo (Sequeros), del Carrascal (Valdefuentes de Sangusín y Cespedosa), de Majadas Viejas (La Alberca), del Gozo (Los Santos), de Mensegal (Endrinal de la Sierra), de las Yegüerizas (El Tornadizo), de la Peña del Castillo (Encinas de San Silvestre), de la Peña (Encinas de Arriba), de la Chilla (Candeleda) o de las Fuentes (San Juan del Olmo). Por otro lado no es extraño encontrar plaza de toros vinculadas a ermitas sin advocaciones marianas, siendo el ejemplo más conocido la del Cristo de la Cabrera (Las Veguillas), edificada entre los años 1698 y 1705[41].

Sin negar que en algún momento las corridas se conformasen como parte de un «ritual» orientado a la exaltación del culto, partiendo de las aportaciones documentales no parece que las mismas tengan otros fines que el lúdico y el económico. Las corridas suponían un atractivo y atraían multitudes a las romerías, con lo que ello suponía de beneficio tanto por las limosnas como por la venta de la carne. Los toros, aunque había cofradías vinculadas al santuario y poseedoras de sus propias vacadas, solían ser regalos de devotos y, en mayor medida, de los ganaderos de los contornos. Es significativo que al citado Cristo de la Cabrera «en el siglo xviii le ofrendaron (sumando los años entonces transcurridos) 138 toros, 51 novillos y 90 vacas»[42] o que en el año 1721 en Valdejimena llegaran a sacrificarse dieciséis toros. Es indudable que en estas donaciones en muchos casos se deja ver una ostentación de los pudientes y una exhibición de quienes se mueven a su alrededor. Esta observación, plasmada en el siglo xix, sobre la fiesta en la ermita de Buenamadre resultaría extensible al resto de las romerías:

En medio del monte existe una ermita dedicada a la virgen de los Remedios, cuya festividad se celebra el primer lunes después de Pascua de Resurrección: esta fiesta es sostenida por la devoción de los hidalgos ricos del país; los que dan una corrida de novillos con toro de muerte, en una plaza de piedra con sus burladeros y correspondientes toriles: hasta el mediodía se halla en este sitio casi desierto; pero desde esta hora hasta que se inicia la corrida, son muchas las personas que concurren. Las charras ricas llevan en cofres y baúles sus joyas y galas; se visten debajo de los árboles, y salen a lucirse[43].

A pesar de que estas plazas estables reunían una mayor seguridad que las conformadas a base de carros, que se levantaban en la mayoría de las poblaciones, eran corrientes los graves accidentes por astas de toro y las muertes. El popular romance de «Los mozos de Monleón» recoge la tragedia que tuvo lugar en la plaza de la ermita del Mensegal[44] y el menos conocido «Romance de Cachucha» refiere el suceso acaecido en 1883 en la de Valdejimena, del que fue víctima un vecino de Diego Álvaro[45]. Si en el primero se cumple la maldición de una madre, la muerte de Cachucha responde al presentimiento de la esposa[46]:

Cachucha le dice al Tuerto, al Tuerto de Peñaranda:

esta mañana pegué y aquella prenda del alma.

Y aquella prenda del alma y también del corazón

porque no me dio el remudo para ir a la función.

–La ropa no te la doy ni te la tengo que dar

se me ha puesto en la cabeza, el toro te va a pillar.

Y Cachucha que pensaba, que los toros no pegaban

y eran toros de ocho años de renteros de Carabias.

Las almendras que llevaba Cachucha bajo la faja

todas llenitas de sangre derramadas por la plaza.

Y la mujer de Cachucha, estaba jugando al gallo

cuando le llegó la nueva que a Cachucha le han matado.

Cachucha ya no es Cachucha, Cachucha ya no es quien era,

Cachucha era el mejor mozo, toreando por la ribera

Y al pobrecito Cachucha, ya lo llevan para Horcajo

metido en un carro viejo, tapado con zarandajos.

Amén de los toros y bailes, y dejando a un lado otros elementos como misa, procesión, novenas, ofrendas o subastas, la programación de la fiesta no olvidaba los autos, las loas y otras manifestaciones teatrales. Aparte de las puestas en escenas por los devotos locales de representaciones tendentes a potenciar la devoción a la Nuestra Señora de Valdejimena y recrear aspectos de su leyenda o milagros, se tendió igualmente a contratar grupos del exterior, profesionales o aficionados, para con su presencia dar realce a la fiesta. De ello da cuenta, por citar un ejemplo, el contrato que se firma en Alba de Tormes, con fecha de junio de 1637, con un grupo local para poner en escena una comedía en Valdejimena el «día de Nuestra Señora de Septiembre», en el que los actores se comprometen «cada uno de ellos por lo que les toca a estudiar los papeles que cada uno tiene en dicha comedia, y la ensayarán y llegado el día la representarán»[47].

V

A tenor de la leyenda, desde el instante de la aparición la Virgen de Valdejimena anuncia su «especialidad»: será abogada contra la rabia. Esta virtud protectora se irá extendiendo a través de canciones, composiciones poéticas y relatos que refieren sus milagros, al tiempo que quedará reflejada en los correspondientes exvotos. He aquí los versos que en este sentido se recogen en el que Canto del Ramo:

Apareciste en un tronco

y a un vaquero, gran Señora,

y aquí te hicieron la ermita

para ser Saludadora.

Pongo la carta en mis manos

y la lengua se me para

leyendo el primer renglón:

Abogada de la rabia.

El cancionero popular recoge variantes del romance acerca de la muerte de la moza mordida por un perro rabioso, en puntos tan alejados como pueden ser las provincias de Segovia[48] u Orense[49]. Todos ellos comienzan con la consabida invocación:

Oh Santa Valdejimena,

oh, mi divina patrona,

Dios nos libre, soberana,

de un perro con hidrofobia.

Los pliegos de cordel deben considerarse como auténticos difusores de la virtud saludadora de la Virgen de Valdejimena y propagadores de los milagros que cuentan en su haber y que en ocasiones se amoldan o salen de la propia imaginación del versificador, incrementando con ello su devoción. Entre estos últimos cabe citar el titulado Milagro que esta Reina Soberana ha hecho con un niño y una niña por llevar éstos su estampa en este año.

Como es habitual, comienza con la correspondiente súplica y termina con la oportuna recomendación:

Virgen de Valdegimena

suplico que deis acierto,

para poder explicar

vuestro milagro portento.

... ... ...

Aquel que lleve esta estampa

está libre de estos riesgos.

Y es que efectivamente las estampas y medallas que despachaban buhoneros y ciegos, además de las que se adquirían en el propio santuario, actuaban como talismanes contra los perros y animales rabiosos. Tampoco hay que olvidar la enorme labor de difusión, sobre todo a nivel comarcal, que ejercían los «hermanos verederos» que, además de cumplir como ermitaños, recorrían las poblaciones tres veces al año (junio, septiembre y enero) recabando limosnas en dinero y en especie para el santuario[50].

Las más antiguas estampas, del siglo xix, responden a un grabado de la imagen de la Virgen y bajo ella la oportuna leyenda: Abogada contra horas menguantes, aires pestilentes (o corruptos) y mordeduras de perros rabiosos. Algunas de estas imágenes y las que aparecen en las medallas sirvieron de modelo para las representaciones de la virgen, especialmente pinturas sobre cristal, que aún conservan como herencia los devotos tanto de los pueblos de la comarca como de lugares más alejados[51] o se exhiben en el museo del santuario.

Se puede dar por válido que es a partir del siglo xvii cuando la devoción a Nuestra Señora de Valdejimena, que hasta esa fecha no había trascendido de la comarca, tiene una gran expansión a través de las cañadas. No hay que obviar que el santuario se ubica en uno de los cordeles que contacta con la Cañada Real Soriana y por ella llegó a las actuales provincias extremeñas. De su arraigo da cuenta el que el obispo de Badajoz firmara decretos e indulgencias a favor de los peregrinos a Valdejimena[52]. La rabia era el mal más temido por los pastores y a esta virgen confiaban su protección[53]. Semejante difusión debió tener también a través de la más alejada calzada de la Plata o Vizana, donde podemos observar como esta virgen comparte la virtud antirrábica, o incluso la suplanta, de otras advocaciones, cual es el caso de Santa Catalina por las tierras de Sayago[54].

Es lógico, puesto que en épocas pasadas nadie estaba exento de contraer la rabia, que muchas personas, fuesen o no pastores, como medida profiláctica se proveyeran de estampas y medallas de la Virgen de Valdejimena, que llevaban consigo y colocaban en sus establos. Y también, los que tenían posibilidad, acudían hasta el santuario para cumplir con el ritual de pasar con los perros bajo el manto de la imagen, hacer algún ofrecimiento o satisfacer limosnas[55]. Del comportamiento del perro en este ritual sacaban unos claros vaticinios:

Debajo del manto de la Virgen, se quedaban cao... Pero el que no tenía rabia se largaba... Pero el que tenía rabia se quedaba debajo del manto de la Virgen de Valdejimena...[56]

Pero a veces estas actuaciones no fueron suficientes para evitar la mordedura del perro y la afección de la hidrofobia. Cuando así sucedía, junto a unas medicinas totalmente agresivas o las salivas del saludador, no quedaba más remedio que recurrir a la Virgen de Valdejimena a la espera del milagro, como se desprende de esta información referente a la vecina comarca de Valdecorneja:

Hay saludadores que tienen una cruz en el velo del paladar y no se queman lengua ni manos si pasan por ella una barra malvando. Curan a personas y animales, especialmente a los perros rabiosos o sospechosos de rabia. Claro que para este mal aún van las gentes de todo Valdecorneja a la para ellos milagrosísima Virgen de Valdejimena, cuyo santuario está enclavado en tierra de Alba[57].

Pero algunas víctimas de las dentelladas de los cánidos acudieron a postrarse a sus pies y, no hallando cura a pesar de las muchas atenciones que recibían de los ermitaños, yacen enterrados bajo las losas del pavimento de la ermita[58]. Otros tuvieron mejor suerte y, puesto que Nuestra Señora le achacaron la sanación, su agradecimiento quedó reflejado en forma de donativos y de exvotos.

Por los que respecta a los exvotos de tipo pictórico en la sala adaptada para museo se conservan algunos que fueron ejecutados entre el siglo xvii y principios de xx. Aunque algunos carecen de leyendas, el mayor número de ellos, bajo la pintura del suceso, recoge la explicación del mismo y la fecha de la actuación milagrosa. De su lectura se coteja que los oferentes pertenecían a sitios tan dispares como Nava del Rey (Valladolid), Ortigosa del Monte (Segovia), Hoyorredondo (Avila), Salamanca y otras localidades de su provincia (Ciudad Rodrigo, Huerta, Alba de Tormes y Vitigudino).

El más antiguo de cuantos se conservan relacionados con la hidrofobia está fechado en el año 1736. El ofrecimiento no vino por la sanación de una mordedura, sino por curarse de la «aprehension» que sufrió luego de matar a un perro rabioso: «D. Juan Garcia y Sarraga V(ecin)o de Ziu(ad)d Rodrigo, saliendo de su Casa a la Yglesia de / S(a)n Juan de d(ic)ha Ciud(a)d con su Familia le salio un Perro Rabio/so i embistiendo con los referidos, saco el espadin i lo mató, i que/dandole una aprehension grande se ofrecio a la Birgen santi/sima n(uest)ra S(eñor)a de Valdejimena. i auiendola hido a bisitar a su san/tuario, quedo libre en un todo por intercesion de Maria / Santissima. Año de 1736».

Aunque es imposible su lectura completa, a esta misma época debe pertenecer el exvoto del vecino de Ortigosa del Monte, Manuel Herráez, mordido cuando fue «con otros en compañía a matar a un Lobo rravioso» en los pagos del Berrocal. Tampoco fue con ningún perro, sino con una vaca, el extraño percance del que salió ileso otro de sus rogadores: «Sebast(ia)n Hern(anande)z V(ecin)o de el Lugar de hoyo Redondo fue a rreconozer / una Baca Rabiosa metiendola el brazo por el posadero asta el / bientre, le saco lleno de Sangre, y ofreciendose a N(uest)ra S(eño)ra de / Baldeximena, no le rresulto daño halguno. sucedió Año 1791».

En el resto de los exvotos sí se ve el poder saludador de la Virgen de Valdejimena en relación con los cánidos rabiosos. Así sucede en el caso de Juan Agustín Moro, de Vitigudino, mordido en el hombro por un «perro rabioso grande de ganado» en el año 1742. E igualmente sucede con otros dos que registran la misma fecha del percance y el mismo lugar: 14 de febrero de 1769, en Salamanca. Los afectados son Matheo Benito Orte y Manuel Gallego, señalando este último que el perro «tirándose a mí mordiéndome los brazos y un muslo».

Contamos con dos exvotos más, ambos del siglo xix, en los que las víctimas son dos niños. El primero de ellos recoge esta inscripción: «En el Lugar de Huerta el Veinte y Seis de octubre de / 1829 Estando Paula Martin hija de Bartolome Martin / y de Josefa Garcia de Huerta, enredando con otras niñas, / fue acometida por un perro Rabioso y ofreciendola Su / Padre á Maria santisima de Badegimena y Sano / Felizmente». La imagen es idéntica a la del milagro reflejado en el fresco de camarín. El otro se refiere a un muchacho de once años, Atilano Sáchez Gil, del que hizo presa el correspondiente perro rabioso un 26 de enero de 1892, en Alba de Tormes[59].

Pero hay que hacer constar que en el siglo xviii, la época en que se producen los más conocidos milagros atribuidos a Nuestra Señora de Valdejimena, su culto y su nombre, salvo ligeras excepción y ceñidos a las áreas de influencia de las cañadas, apenas se extendía más allá de lo que hoy calificaríamos como ámbito regional. Por ello no es de extrañar que nada supiera de esta advocación el máximo representante de la primera ilustración, lo que no es óbice para que trate con cierto gracejo sus supuestos prodigios relacionados con la hidrofobia:

4 En orden á los dos Santuarios, que V. mrd. me especifica, no sé qué le diga. De el primero, que es el de Valdeximena, ni aún el nombre havía oído. Verdaderamente en el milagro continuado de sanar indefectiblemente de la Hydrophobia (ó mal de rabia) los que la padecen en tal estado; y morir infaliblemente los que en otro; si no se circunstancia más, es muy possible se incurra en una gran equivocación. Supongo, que los que padecen esta dolencia sin intervención de milagro, unos sanan, y otros mueren. Luego de los que llevan a Valdeximena, aunque Dios no quisiese obrar milagro alguno, unos sanarán, y otros morirán. Cómo, pues se puede saber, sí los que sanan en dicho Santuario, sanan por milagro? (...)

6 Añado, que la Hydrophobia (y es advertencia muy importante para el assumpto) frequentemente se supone, o sospecha, donde no la hay. Haviendo mordedura de Perro, se suele levantar al Perro, que rabia, y le cuesta la vida. En fee de esto el mordido vá al Santuario, ó al Saludador; y no resultando después daño alguno, se cree curado de la dolencia que no padeció, sino en la imaginación[60].

Aunque su «especialidad» sea la rabia, la Virgen de Valdejimena también tiene una buena mano para resolver las más variadas enfermedades y problemas de salud, al tiempo de propiciar la fertilidad, la feliz gestación, la exitosa crianza de los hijos y hasta los oportunos amoríos[61]. Algunos exvotos colgados en el santuario ilustran al respecto, especialmente los relacionados con curaciones del aparato locomotor (brazos y piernas de cera, muletas, ortesis...). En este apartado es de reseñar el más popular de los milagros acaecidos en Valdejimena. Una mujer tullida, Paula Jimez, de Arevalillo, en el año 1776, recobró la movilidad hallándose en el camarín de la Virgen.

En Nuestra Señora de Valdejimena encontraron los devotos, sobre todo los vecinos de Horcajo, una buena aliada a la hora del alistamiento de sus mozos, algo que le recuerdan en sus cantos de rogativa:

Virgen de Valdejimena,

te pedimos de rodillas

que los vecinos de Horcajo

no vayan para Melilla.

Indudablemente canciones de este tipo son comunes a toda la geografía hispana, al igual que las rogativas pro-pluvia o pro serenitate que en todos los pueblos es dirigen a sus cristo, vírgenes o santos:

Agua pedimos, Señora,

aunque no la merezcamos,

que si por merecer fuera,

ni la tierra que pisamos.

Virgen de Valdejimena,

te venimos a pedir

el agua para los campos

y tu gracia hasta el morir.

...

Virgen de Valdejimena,

tú que tienes el poder,

echa la llave a las nubes

pa que deje de llover[62].

VI

En la narración sobre los primeros momentos no se ha considerado lo suficiente un aspecto que puede descubrirnos ciertas prácticas médicas que pervivieron hasta principios del pasado siglo. Cuando el vaquero Juan Zaleos marchó a Horcajo Medianero a dar cuenta del hallazgo de la imagen rasgó un «encinajo» e introdujo una piedra entre ambas partes para formar una horquilla. Esta carrasca con el tiempo sería conocida como Encina de los Remiendos. Apunta la leyenda que actuó de tal manera con el objeto de tener una referencia para la posterior localización de la encina del milagro, por más que resulte impensable que un hombre montaraz en esta dehesa, como lo era el Zaleos, precisara de semejante ayuda. Lo que hace la leyenda es interpolar la manipulación de un árbol para fines médicos dentro del propio relato, cuando ya la propia Virgen de Valdejimena había asumido sus virtudes terapéuticas relacionadas, en este caso, con la hernia infantil. Esclarecedora puede resultar al respecto la cita del antropólogo Caro Baroja:

Entre las prácticas extendidas por todo el suelo europeo, propias de la noche de San Juan, se halla también en España el viejo rito médico de curar, o pretender curar, mejor dicho, las hernias de los niños pequeños, sobre todo, haciéndolos pasar por las ramas de un árbol que forma dos brazos, estén o no desgajadas, o por el tronco hendido. Esta operación la han de hacer un hombre llamado Juan y una mujer llamada María, dos o tres Juanes, etc., siendo el árbol un roble o una encina...

(...) Los ritos de paso en sí son variados, aunque en esencia consiste en que uno dé al otro, o a la otra, el niño a través del árbol diciendo a la vez unas palabras consagradas por el uso. Luego en el roble o árbol que sea se deja la camisa del enfermo[63].

La primera parte de la ritualización es la que lleva a cabo Juan Zaleos y el propio nombre que ha recibido el árbol viene a complementar esta hipótesis. La Encina de los Remiendos aludiría a los jirones o remiendos de las camisas de los pequeños herniados que de ella se colgaban. De ser así tal hecho nos reafirmaría en la vieja existencia de un santuario natural, de gran trascendencia en el aspecto de la salud que fue objeto de un sincretismo en la figura de la Virgen de Valdejimena.

Era lógico que a esta encina, al ser el único testigo tangible de la invención de Valdejimena, como ya se apuntó, gozara de la consideración de «encina santa». Pero hace décadas pudo más el interés material que la fe y el recuerdo: la encina fue convertida en leña y carbón. Aunque la continuidad sacra de aquel espacio se hizo patente cuando en el año 1981 se erigió una cruz de hierro en el lugar que ocupaba.

Sin embargo, ya tiempos antes de aquel «arboricidio» se había convertido casi en un recuerdo una curiosa costumbre. Los que acudían en peregrinación por primera vez al santuario depositaban a la vera de la encina una piedrecita y musitaban una oración por los difuntos. Y decían que era en recuerdo de aquella piedra que Juan Zaleos introdujo en la hendidura.

Este último hecho indudablemente responde a un ritual que participa del mismo simbolismo que cabe conferirle a los «amilladoiros» de noroeste hispano y a los majanos o montones de piedra que encontramos en el área más meridional. Son los casos de los salmantinos localizados en La Alberca (ermita de Majadas Viejas) o en la Sierra de Quilamas (La Bastida-Navarredonda de la Rinconada) y el que tuve la oportunidad de estudiar en la localidad cacereña de Alcántara[64]. Es evidente que alrededor de la Virgen de Valdejimena se sincretizó esta vieja práctica cultual que hunde sus raíces en época prerromana y que fue cristianizada, conformando su razón de ser con la correspondiente leyenda[65].

Atendiendo a este aspecto y a otros que hemos referido a lo largo de la exposición comparto el axioma del etnólogo Juan Francisco Blanco, gran estudioso de la religiosidad popular salmantina[66]:

Dado que la tierra y sus frutos estuvieron acogidos durante milenios (desde el principio de las religiones, según parece) al amparo de deidades femeninas, no es de extrañar que el cristianismo católico encontrase acomodo matriarcal para los rituales naturalistas, en las múltiples representaciones iconográficas de la Madre de Dios en santuarios y ermitas.




NOTAS

[1] LEDESMA, Dámaso: Folk-lore ó Cancionero Salmantino. Imprenta Alemana Fuencarral. Salamanca, 1907, pág. 175. MORÁN BARDÓN, P. César: Poesía popular salmantina (folklore). Establecimiento Tipográfico de Calatrava. Salamanca, 1924, pág. 86. SANCHEZ VAQUERO, José: Valdejimena. Historia, novena y cancionero. Salamanca, 1974. Lo incluye dentro de la canción que titula «Romance del peregrino», pág. 122.

[2] CASTRO SANTAMARÍA, Ana: «La catedral de Salamanca bajo la maestría de Juan de Setién Güemes (1667-1703)», en Las catedrales españolas: del Barroco a los Historicismos. Universidad de Murcia, 2003,  págs. 467-492

[3] RUPÉREZ ALMAJANO, María Nieves: «Anotaciones sobre la vida y la obra del arquitecto Simón García», en Archivo español de arte. Tomo 71, Nº 281, 1998, págs. 68-74.

[4]España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia. Salamanca, Ávila y Segovia Establecimiento tipográfico. Editorial de Daniel Cortezo, Barcelona, 1884, pág. 294.

[5] GÓMEZ-MORENO, Manuel: Catálogo Monumental de España. Provincia de Salamanca. Tom. I. Valencia, 1967, págs. 487-488. Una minuciosa descripción de los mismos puede verse en MORATINOS GARCÍA, Manuel: Estudio y catalogación de la azulejería de las provincias de León, Zamora y Salamanca. Junta de Castilla y León. Valladolid, 2019, págs. 263-268. MUÑOZ JIMÉNEZ, José Miguel: Arquitectura, urbanismo y paisaje en los santuarios españoles. Gea Patrimonio. S.L. Madrid, 2010, pág. 310.

[6] SÁNCHEZ VAQUERO, JOSÉ: Nuestra Señora de Valdejimena. Historia de un Santuario de Castilla en tierras salmantinas. Centro de Estudios Salmantinos. Salamanca, 1958, págs. 15-25.

[7] Fols. 115 v – 116 r. Introducción y transcripción: CASASECA CASASECA, Antonio y NIETO GONZALEZ, José Ramón. Ediciones Universidad de Salamanca, 1982, pág. 117.

[8] GARCÍA AGUADO, Pilar: Documentos para la historia del arte en la Provincia de Salamanca: Primera mitad del siglo xvii. Diputación Provincial. Salamanca, 1988, pág. 118.

[9] En 1725, con la mima intención, expide otra bula el Papa Benedicto XIII.

[10] SÁNCHEZ VAQUERO, JOSÉ: Nuestra Señora de Valdejimena. Historia de un Santuario de Castilla en tierras salmantinas. Centro de Estudios Salmantinos. Salamanca, 1958.

[11] LLORENTE MALDONADO DE GUEVARA, Antonio: Toponimia salmantina. (Edición de María del Rosario Llorente Pinto). Diputación Provincial. Salamanca, 2003, págs. 168, 179-180, 220.

[12] QUIJERA PEREZ, José Antonio: «El tema mítico de las apariciones de imágenes en La Rioja», en Revista de Folklore, núm. 84. (Valladolid, 1987), págs. 190-194. ANGUIANO, Fray Mateo de: Compendio historial de la provincia de La Rioja, de sus santos y milagrosos santuarios. Madrid (Por Antonio Gonçalez de Reyes), 1704. Libro III, págs. 540-613.

[13] VELASCO MAÍLLO, Honorio Manuel: «Las leyendas de hallazgos y de apariciones de imágenes. Un replanteamiento de la religiosidad popular como religiosidad local», en ÁLVAREZ y SANTALÓ, C. et alii. (coord.): La religiosidad popular II. Vida y muerte: la imaginación Religiosa. Anthropos. Barcelona, 1989, pp. 405-408

[14] ANGUIANO, Fray Mateo de: Compendio historial de la provincia de La Rioja, de sus santos y milagrosos santuarios., 543

[15] ANGUIANO, Fray Mateo de: Compendio historial de la provincia de La Rioja, de sus santos y milagrosos santuarios. págs. 542. Se queda corto si se compara con el “riego” de imágenes de la virgen por toda España, que cita el Padre Fray Antonio de Santa María en su España triunfante y la Iglesia laureada; en todo el globo del mundo, por el patrocinio de María Santissima en España. (En Madrid, por Iulian de Paredes, 1682). En el capítulo VI señala como epígrafe que «viene San Pedro, Pontifice Maximo a España. Trae Imagenes de MARIA Santissima. Predica el Misterio de la Concepcion Inmaculada de la Purissima Virgen...»

[16] RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: «Las leyendas de apariciones marianas y el imaginario colectivo», en Etnicex: revista de estudios etnográficos, 6 (2014), pág. 117.

[17] WILLIAM, Christian: «De los santos a María: Panorama de las devociones a santuarios españoles desde el principio de la Edad Media hasta nuestros días», en Temas de Antropología Española. Ed. Akal Madrid, 1976, págs. 65-66.

[18] GARCÍA PÉREZ, Guillermo: El árbol religioso en España. E.T.S.I. Diseño Industrial (UPM). Madrid, 2017. VIZUETE MENDOZA, José Carlos: «Flora y religiosidad popular: las advocaciones marianas en España». Cuadernos de la Sociedad Española de Ciencias Forestales, 30. Actas del Congreso de Historia Forestal. III Reunión sobre Historia Forestal, 2009, págs. 123-136. MORALES, Ramón y VILLAR, Luis: «Advocaciones de la virgen con referencia al mundo vegetal», en Revista de Folklore, 270 (Valladolid, 2013), págs. 212-216. VILLAFAÑE, Padre Juan de: Compendio historico, en que se da noticia de las milagrosas, y devotas imagenes de la Reyna de cielos, y tierra, Maria Santissima, que se veneran en los mas celebres santuarios de España... En Salamanca, en la imprenta de Eugenio Garcia de Honorato, 1726. José PALLÉS LLORDÉS-BERTRÁN, José: Año de María ó colección de noticias históricas, leyendas, ejemplos, meditaciones, exhortaciones y oraciones para honrar á la Virgen Santísima en todos los dias del año. 6 tomos. Imp. Heredero de D. Pablo Riera. Barcelona, 1875.

[19] NAZARITE: Avila, Arenas de San Pedro y su comarca. Sierra de Gredos. Editorial Gómez-Pamplona. Arenas de San Pedro, 1951, pág. 58.

[20]Ynformación de la aparición, antigüedad, milagros y devoción, de la Santa ymagen de Nuestra Señora de el Espino que está en la yglesia parroquial de el lugar de los Hoyos del Espino quees deel Obispado de Ávila jurisdicción de la Villa de Piedrahíta. (Manuscrito de 1615-1618). Archivo Diocesano de Avila. MARTÍN CHAMORRO, Andrés: «Nuestra Señora del Espino. Un santuario entre montañas», en Revista de arqueología, 366 (2011), págs. 26-35. «Devoción y pintura en el santuario de Nuestra Señora del Espino de Hoyos del Espino (Ávila)», en Advocaciones Marianas de Gloria. SIMPOSIUM (XXª Edición), San Lorenzo del Escorial, 6/9 de Septiembre de 2012, 2012, págs. 927-944.

[21] Para un mayor conocimiento de esta advocación ver: GOZALO CARRETERO, Justino: La Milagrosa imagen de la Virgen Santa María del Cubillo y su Santuario de Aldeavieja. Edición del autor. Ávila. 1956. CRISÓSTOMO JIMÉNEZ, Fabián: Aldeavieja y el Cubillo. Edición del autor. Ávila. 1987. DESCALZO LORENZO, Amalia: Aldeavieja y su Santuario de la Virgen del Cubillo. Institución Gran duque de Alba. Ávila. 1988.

[22] GREGORIO Y HERNÁNDEZ MOZO, Félix y GUITART TRULLS, Benito: «Los mosaicos me Piedrahita de la Sierra (Avila). Noticia Arqueológica», en Arquitectura. Revista mensual. Órgano oficial de la Sociedad Central de Arquitectos, 95 (Madrid, febrero, 1927), págs. 50-55.

[23] Una variante de la estrofa se canta con motivo de las rogativas a la Virgen de la Estrella, patrona de Martínez (Avila): –Virgen Santa de la Estrella, / ¿dónde tienes tus hermanas? / –Una está en Valdejimena / y otra en la Peña de Francia.

[24]Memorial de Diego García [provisor y vicario de Béjar (Salamanca)] solicitando a [Teresa de Silva Sarmiento de la Cerda, (IX) duquesa de Béjar, y María Alberta de Castro Portugal Borja, (X) duquesa] un auxilio para organizar una corrida de toros en el santuario de la virgen de Fuentesanta en Medinilla (Ávila). Archivo Histórico Nacional, Sección Nobleza (SNAHN), OSUNA, C. 256, D. 1287. Cit. AGUILERA DURÁN, Tomás y CUSAC SÁNCHEZ, Gabriel: Fuente Santa (Medinilla, Ávila). Estudio histórico-antropológico. Béjar, Centro de Estudios Bejaranos, 2010, pág. 54. VALENCIA GARCÍA, Ángeles: «Ecología, religiosidad e identidades a propósito del agua», en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, vol. LXIV, 1, enero-junio 2009, págs. 211-236.

[25] SENDÍN BLÁZQUEZ José: (1994) La Región Serrana. Caja de Salamanca y Soria. Gráficas Sanguino. Plasencia, 1994, págs. 203 ss.

[26]AGUILERA DURÁN, Tomás y CUSAC SÁNCHEZ, Gabriel: Fuente Santa..., págs. 68-69.

[27] YAGÜE, Francisco: Historia de la imagen del Castañar que se venera en la villa de Bejar, y exercicios utiles para excitarse á contricion por la intercesion de la Virgen. Salamanca, en la oficina de Toxar, 1795, págs. 14–23.

[28] PUERTO, José Luis: La Sierra de Béjar. Tradiciones, pueblos, paisajes y paseos. Edilesa. Trobajo del Camino, León, 2008, pág. 237.

[29] GRANDE DEL BRÍO, Ramón: Historia de Mieza. Diputación de Salamanca. Salamanca, 2005, pág. 66.

[30] Agradezco los valiosos datos que me proporcionó el guadramirense Albert Calderón. GRANDE DEL BRÍO, Ramón: Historia de Guadramiro. Imprenta José Ramón García. Vitigudino, 2005.

[31] LLAMAS, Enrique et alii: María en los pueblos de España. Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla-León. Encuentro Ed. Madrid, 1992, pág. 313. MARTIN RODRIGO, Ramón: Sequeros. Historia, arte y tradiciones. Imp. Calatrava.  Salamanca. 1978.

[32] La ermita donde se venera es una obra de los siglos xvi y xvii. ÁLVAREZ VILLAR, Julián: La villa condal de Miranda del Castañar. Centro de Estudios Salmantinos, Salamanca, 1972.

[33] El investigador local Ramón Grande documenta en diversas publicaciones que, en contra de lo aceptado comúnmente, a la que se venera en la ermita de Mensegal es a Santa Isabel.

[34] PUERTO, José Luis: La Sierra de Béjar, pág. 236.

[35] BLANCO CASTRO, Emilio: «Pinceladas de etnobotánica salmantina», en SALAMANCA, Revista de Estudios, 51, 2004, pág. 305.

[36] ECHEVARRÍA, Ana: «La transformación del espacio islámico (siglos xi-xiii)», en Annexes des Cahiers de linguistique et de civilisation hispaniques médiévales. N°15, 2003, pág. 64. MARTÍN, José Luis: «De cuevas, ermitas y otros lugares de recogimiento», en  Acta historica et archaeologica mediaevalia,  Nº 20-21, 1999-2000 (Homenatge al Dr. Manuel Riu i Riu, I), pág. 91.

[37] MARLIAVE, Oliver de: Pequeño Diccionario de Mitología Vasca y Pirenaica. Editorial Olañeta. Barcelona, 1995, pág. 163.

[38] DOMÍNGUEZ MORENO, José María: «Animales guía en Extremadura, I». Revista de Folklore, 330 (Valladolid, 2008), págs. 183 ss.

[39] Es indiscutible el parecido de esta leyenda con una de las versiones de Fuente Santa.

[40] BENITO DEL REY, Luis y GRANDE DEL BRÍO, Ramón: «Menhir fálico en el término de Buenamadre (Salamanca)», en Zephyrvs, XLV1I. (Universidad de Salamanca, 1994), págs. 365-366.

[41] TORMO, Elías: «El Cristo de Cabrera, y los Crucifijos Románicos y Góticos de la provincia de Salamanca», en Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, año LIII (cuarto trimestre, 1949), pág. 243.

[42] Ibidem.

[43] MADOZ, Pascual: Diccionario geográfico estadístico histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo, IV. Est. Literario-Tipográfico de P, Madoz y L. Sagasti. Madrid, 1846, págs. 473-474.

[44] DOMINGUEZ MORENO, José María: «Apuntes etnográficos de Endrinal de la Sierra (Salamanca)», en Revista de Folklore, 76 (Valladolid, 1987), pág. 137.

[45] SÁNCHEZ VAQUERO, José: Valdejimena: historia, novena, cancionero, pág. 57. JAEN CASTAÑO, María: Literatura de tradición oral y cultura popular de Aldealabad del Mirón y otros pueblos de la comarca de El Barco de Ávila-Piedrahíta (Ávila):etnotextos y estudio comparativo. Tesis Doctoral. Universidad de Alcalá de Henares, 2018, pág. 215.

[46] Una interpretación del mismo está incluida en: CALVO, Gabriel y DÍAZ, Joaquín: Trovadores y Juglares, Romances de Tradición Oral. 2016. Editado por Vaivén Producciones Discográficas.

[47] Archivo Histórico Provincial de Salamanca. Protocolo notarial 468, folio 88. MARTÍN RODRIGO, Ramón: «Dos comedias en la fiesta de la Santa Madre de 1678», en Alba de Tormes, Fiestas Patronales, 2013. Ayuntamiento de Alba de Tormes. Gráficas Lope. Salamanca, 2013, pág. 229.

[48] SIGUERO LLORENTE, Pedro Luis: «De la tradición oral», en Lazos. La Revista del Centro de Interpretación del Folklore y la Cultura Popular, 36. Ayuntamiento de San Pedro de Gaíllos (Segovia), 2012, pág. 2.

[49] CARPINTERO, Pablo y CASTRO, Cástor: Os sons da Limia. Museo da Limia y Difusora de Letras. Orense, 2005, pág. 35-36. FOXO, Xosé Lois: Cancioneiro da seitura de Manzaneda e Terras de Trives (Orense).  Deputación Provincial de Ourense, 2019, pág. 126.

[50] SÁNCHEZ VAQUERO, José: Valdejimena ayer y hoy. Salamanca, 2005, págs. 52-53.

[51] Un bello cuadro de estas características puede verse en el camarín de la Virgen del Bustar (Carbonero el Mayor, Segovia). MARTÍN CRIADO, Arturo: La religión votiva. Milagros y Exvotos en Castilla y León. Fundación Joaquín Díaz, 2020, pág. 142.

[52] A este se une otras indulgencias concedidas a los visitantes de Valdejimena por otros prelados, algunos muy alejados y sin relación con estas vías pecuarias: Salamanca, Avila, Zamora, Valladolid, Osma, Tuy, Santiago de Compostela, Mondoñedo, Lugo, Teruel, Jaca, Almería y Mallorca.

[53] FLORES DEL MANZANO, Fernando: «Trashumancia y pastoreo en Extremadura: Su influencia en la sociedad y cultura tradicionales», en Trashumancia y cultura pastoril en Extremadura. Mérida, 1992, pág. 315. BERNAL ESTÉVEZ, Ángel: «Tras la huella de la trashumancia»m en Jornadas de Historia de los Santos de Maimona y la Orden de Santiago. Asociación histórico-cultural Maimona, 2017, pág. 91.

[54] PANERO MARTÍN, Juan Antonio y SÁNCHEZ ALONSO, Carlos: Sayago, costumbres, creencias y tradiciones. Nayade Editorial. Medina del Campo, 2000, pág. Algo semejante ocurrió en el pueblo cacereño de Cabezabellosa en relación con San Lorenzo. Los ganaderos y sus animales comían roscas bendecidas en su fiesta para protegerse de los perros rabiosos (FLORES DEL MANZANO, Fernando: Los cabreros extremeños. Editora Regional de Extremadura. Merida, 1991, pág. 19). En Campo Arañuelo (Cáceres) se protegían del ataque del perro con una invocación a San Román: «Tente, can, que entre tú y yo está San Román» (DOMINGUEZ MORENO, José María: «Etnoveterinaria en Extremadura: El tratamiento del ganado lanar», en Revista de Folklore, 160. Valladolid, 1994, pág. 112.)

[55] DOMÍNGUEZ MORENO, José María: «Aspectos populares de la profilaxis y la curación del ganado ovino en Extremadura», en Actas del Simposio Trashumancia y Cultura Pastoril en Extremadura. Mérida, 1993, págs. pág. 350-351. CRUZ SÁNCHEZ Pedro Javier y ESCRIBANO VELASCO, Consuelo: Patrimonio material e inmaterial de las vías pecuarias en el entorno de la Cañada de la Plata. Una mirada a las manifestaciones culturales de la trashumancia tradicional. Junta de Castilla y León. Valladolid 2013, págs. 108-109.

[56] Aldealabad del Mirón. JAEN CASTAÑO, María: Literatura de tradición oral y cultura popular de Aldealabad del Mirón, pág. 438.

[57] SÁNCHEZ GÓMEZ, Julio César: Estudio geográfico-regional de Valdecorneja y valles superiores del Tormes. Publicaciones de la Sociedad Geográfica Nacional. Serie B Número 11. Madrid, 1932, págs. 90-91.

[58] «Los exvotos de la ermita del Santo Cristo de Hornillos (Arabayona de Mógica) y del Santuario de la Virgen de Valdejimena (Horcajo Medianero) (Salamanca)», en México y España, un océano de exvotos: gracias concebidas, gracias recibidas. Museo Etnográfico de Castilla, 2010, pág. 352.

[59] Para un mayor conocimiento de los exvotos de Valdejimena ver: HERNÁNDEZ JIMÉNEZ, Margarita: «Exvoto del santuario de Nuestra Señora de Valdejimena», en Memoria ecclesiae (Arte y Archivos de la Iglesia, Santoral Hispano-Mozárabe en las diócesis de España. Actas del XV Congreso de la Asociación. Segunda Parte, 19. Santiago de Compostela, 1999, págs. 127-142.

[60] FEYJOO Y MONTENEGRO, Fr. Benito Gerónimo: «Carta XXXI. Sobre la continuación de milagros en algunos Santuarios», en Cartas eruditas, y curiosas en que por la mayor parte se continúa el designio del Teatro critico universal, impugnando, ó reduciendo á dudosas varias opiniones comunes. Escritas por el muy ilustre señor... Tomo Primero. Segunda Impresión. En Madrid, en la Imprenta de los Herederos de Francisco del Hierro. Año 1748, págs. 278-281.

[61] DOMINGUEZ MORENO, Jose Maria: «Creencias y costumbres acerca de la fertilidad en la comarca de la Tierra de Alba», en SALAMANCA, Revista de Estudios, 51, 2004, pág. 284.

[62] Aldealabad del Mirón. JAEN CASTAÑO, María: Literatura de tradición oral y cultura popular de Aldealabad del Mirón, pág. 219.

[63] CARO BAROJA, Julio: La estación de amor. (Fiestas populares de mayo a San Juan). Taurus, Madrid, 1979, pág. 343.

[64] DOMÍNGUEZ MORENO, José Maria: «Microlitos y megalitos funerarios en Alcántara (Cáceres)», en Revista de Folklore, 125, (Valladolid, 1991), págs. 147-155.

[65] MOYA-MALENO, Pedro R.: «Majanos y difuntos: túmulos en la Hispania Céltica desde una perspectiva de larga duración», en Saxa. Creencias y mitos en piedras sagradas. (Martín Almagro-Gorbea y Ángel Gari Lacruz, Sacra, coord.), págs. 34-65. Analiza en profundidad el significado cultual de este tipo de prácticas.

[66] «Tiempo de romeros». Salamanca al día. (24 de mayo de 2015).



Nuestra Señora de Valdejimena, una advocacion de la dehesa salmantina

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 473.

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Fundación Joaquín Díaz