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Revista de Folklore número

472



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Adivinanzas y juegos de palabras en el Banquete de los eruditos de Ateneo

PATON CORDERO, Óscar

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 472 - sumario >



1. Introducción general

En Grecia, como en otras culturas, las adivinanzas constituyen un fenómeno de la lengua hablada, pero pronto pasaron al ámbito literario. Por ejemplo, el famoso enigma de la esfinge está aludido ya en la obra de Homero. Podemos definir una adivinanza como un texto breve en prosa o en verso (normalmente en verso en el caso de la literatura griega) en el que se pregunta por una persona, un animal, un objeto o algo abstracto y normalmente se aportan características de ese ser con el objetivo de facilitar pistas para que el receptor lo adivine.

A pesar de que las adivinanzas pasaron pronto a la lengua escrita, sin embargo, como afirma Monda (2016, 133), nunca constituyeron un género en sí mismas en la tradición literaria greco-latina, y su transformación en género poético obedece a un proceso tardío, cuando se empezaron a realizar antologías y colecciones de ellas. Sin embargo, las adivinanzas desde el principio permearon los demás géneros literarios, y las detectamos en la épica, en la lírica, en la comedia, en el drama e incluso en la historiografía, lo que nos da una idea de la universalidad de este tipo de composición en la cultura griega. De hecho, las adivinanzas comparten algunos rasgos, como la moralidad y sabiduría, con otros tipos de textos como las fábulas o los proverbios que sufrieron a lo largo de su historia un proceso parecido al de los acertijos, pues se fueron realizando compilaciones de ellos hasta que se convirtieron en «verdaderos» géneros literarios.

Para conocer las adivinanzas en el mundo griego poseemos dos fuentes principales. Aunque parece que se hicieron compilaciones en la época helenística, la primera que se conserva es el libro 14 de la Antología Palatina, que pertenece a una fecha indeterminada, pues los acertijos que contiene abarcan desde el periodo arcaico hasta la época bizantina[1]. De hecho, la aparición de esta compilación se asocia con Constantino Céfalas, que vivió en el siglo x. Dentro de esta colección existe un grupo de unos ciento cincuenta epigramas, de los que aproximadamente un tercio son oráculos, algo menos de cincuenta son problemas matemáticos y el último tercio restante son las adivinanzas en sentido tradicional. Estas últimas se refieren a objetos de la vida cotidiana, como el humo, el espejo, vino; dentro de ellas, otro grupo concierne a figuras de la mitología.

La segunda fuente para las adivinanzas en el mundo griego constituye el objeto de estudio de este artículo. Ateneo de Náucratis, que vivió entre los siglos ii y iii d.C., realiza en un pasaje de su obra el Banquete de los eruditos una recopilación de adivinanzas y de juegos de palabras procedentes de obras de autores ya perdidos de la literatura griega, como cómicos, trágicos, etc. El objetivo de este artículo es localizar esas adivinanzas, analizar en qué tipo de género literario estaban insertas originariamente y establecer una tipología de las mismas.

2. Introducción al pasaje

El pasaje sobre las adivinanzas en la obra de Ateneo ocupa la parte final del libro 10 del Banquete de los eruditos. Tiene la palabra Ulpiano (Banquete de los eruditos 10.448B), que acaba de realizar un elogio del vino y anteriormente de otras bebidas, como la cerveza, cuando le interrumpe Emiliano bruscamente y decide cambiar de tema, argumentando que es hora de que hablen de las adivinanzas para mantenerse apartados de las copas. Esta última expresión podría ser real o metafórica: real, en el sentido de que pide hablar de otro tema para que sus compañeros se olviden de beber; o metafórica, porque aunque no estén bebiendo realmente, sí que están tratando sobre el vino y la cerveza y eso les recuerda a las copas.

Después añade Emiliano que deben ocuparse de las adivinanzas, pero no al modo de Calias, que ha compuesto una Tragedia del alfabeto. Sobre Calias hablaré en el apartado 4, junto a los otros autores a los que menciona Ateneo. Lo que resulta enigmático aquí es qué significa la expresión «no al modo de Calias». Se podría interpretar de dos maneras distintas: primero, se podría suponer que Calias no ha tratado realmente sobre las adivinanzas, y que su obra, tal vez por desconocimiento, se la ha vinculado con ese tema, aunque realmente no tiene nada que ver; la segunda posibilidad sería que Calias sí que ha escrito sobre las adivinanzas, pero de un modo poco ortodoxo o que no es del gusto de Ateneo. Es difícil inclinarse por una de las dos opciones, porque no conocemos lo suficiente la obra de Calias como para juzgarlo, aunque en mi opinión, por los fragmentos conservados, me inclino más por la primera opción, porque es una obra cómica en la que las adivinanzas no tienen demasiada relevancia. De todas formas, en el apartado 4 comento algo más a propósito de esta problemática.

A continuación comenta Emiliano que es mejor ocuparse del concepto de adivinanza. Entonces interviene otro personaje, Larensio, y cita la definición de adivinanza de Clearco de Solos[2]. A partir de aquí, hasta el final del libro 10 de Ateneo, el pasaje entero está sostenido por un único personaje que habla, que es Larensio. Se trata, por tanto, de un monólogo en el que los demás se dedican a escuchar sin interrumpir ninguna sola vez hasta que considera acabado su discurso[3].

Llama la atención en este punto que sea Emiliano el que proponga el nuevo tema y sin embargo sea otro personaje distinto, Larensio, el que lleve todo el peso de la conversación. Se habría esperado que al pretender Emiliano hablar de las adivinanzas, hubiera sido él el que hubiera llevado la voz cantante, y sin embargo no sucede así. Por este motivo, se puede pensar que el monólogo toma un derrotero distinto al que Emiliano tenía pensado al intervenir. De hecho, veremos que, llevándole la contraria a su compañero de banquete, Larensio sí que se dedica a hablar posteriormente de Calias y su obra, algo que Emiliano quería evitar a toda costa.

3. Términos para adivinanza

En primer lugar voy a estudiar los dos términos en griego que significan «adivinanza», que son griphos y ainigma. Si nos fijamos en el pasaje de Ateneo estudiado, el primero de ellos aparece treinta y dos veces, mientras que el segundo solo figura en cinco casos (sin contar los ejemplos de palabras derivadas). A partir de este análisis estadístico inicial se suscitan dos preguntas: ¿Por qué Ateneo utiliza mucho más el primer vocablo frente al otro que parece más habitual en la literatura griega? Y ¿existe alguna diferencia de significado entre ambos o se pueden usar indistintamente en los mismos contextos?

Para intentar responder a estas preguntas, voy a hacer un breve recorrido por la historia de las dos palabras.

Según el Oxford Etimological Dictionary (s.v. enigma) la palabra ainigma deriva de un verbo que significa «hablar oscuramente, hablar con enigmas» La primera vez que aparece en la literatura griega es en un verso de Píndaro (fr. 177c) en el que hace referencia a los enigmas de la Esfinge. Después figuran dos ejemplos en el Agamenón de Esquilo (vv. 1110 y 1181). En ambos casos se refiere los enigmas de los oráculos, principalmente el de Apolo. Como estos resultan difíciles de entender y descifrar, pronto la palabra adquiere el significado secundario de «dicho o palabra oscura que no resulta fácil de entender». Con este sentido se usa en otros dos pasajes del mismo autor (Coéforas 886 y Prometeo encadenado 610). En este último el Titán asegura que va a dejar de hablar con enigmas para pasar a expresarse claramente.

Posteriormente, en Sófocles (Edipo rey 1525) el término indica los enigmas que emitía la esfinge y que Edipo resolvió. Con relación a los enigmas de la esfinge aparece también en dos obras de Eurípides (Las suplicantes 1063; Fenicias 47, 1048, 1687,1758).

El primer ejemplo en que el vocablo ainigma significa simplemente «adivinanza, acertijo» se encuentra en la obra de Platón. En la República 479b se habla de la adivinanza del eunuco y del tiro del murciélago. No sabemos el proceso concreto por el que se produjo la evolución en el término de significar las palabras reveladas por un oráculo a pasar a ser un simple acertijo. Posiblemente tiene que ver con su uso fuera del contexto mítico-religioso en el que estaba inserto en la obra de los trágicos. En estos, como ya se ha señalado, casi siempre se refiere a los oráculos de Febo o los de la esfinge, es decir, un dios o un ser monstruoso de la mitología.

En el texto de Platón se utiliza por primera vez el vocablo fuera de un contexto mítico-religioso y, además, se afirma que estas adivinanzas se recitaban en los banquetes[4]. Seguramente sea en este contexto más profano donde se produce el desplazamiento de significado. En las épocas posteriores ainigma se usa ya en un sentido, ya en otro, por los autores literarios. Por poner dos ejemplos, Diodoro Sículo (Biblioteca histórica 4.64.3) presenta el mismo significado que los trágicos, refiriéndose al enigma de la esfinge, mientras que Luciano (La venta de las vidas 14) recoge el significado de «adivinanza».

Respecto al otro término, griphos, no remite a una etimología clara, aunque algunos investigadores han tratado de relacionarlo con el medio alto alemán krebe «cesta» y con el antiguo nórdico kiarf, kerfi «guirnalda, haz» (Berra 2008, 236). Según Liddel Scott (s.v. griphos), significaba originariamente «cesta para pescar», y por metáfora, «algo intrincado, un enigma», seguramente porque la gente queda «atrapada» en ellos igual que los peces en la cesta[5]. La primera vez que aparece en la literatura ocurre en la obra de Aristófanes (Avispas 19) y ya significa «adivinanza» y se bromea con Cleónimo, al afirmarse que se planteará a los comensales el acertijo: «¿Qué animal es el que perdió en la tierra, el cielo, y el mar el escudo?» Porque Cleónimo perdió el escudo en una batalla.

El término es mucho menos frecuente que ainigma en los autores griegos[6], y más que aparecer en textos literarios, advertimos su presencia en escolios, léxicos, comentarios, etc., lo que nos induce a pensar que se trataba un vocablo de poco uso o anticuado cuyo significado necesitaba explicación. Este hallazgo nos lleva a dar respuesta a la primera pregunta que se planteaba arriba, la de por qué Ateneo lo usa más. Si Ateneo tiene preferencia por griphos es por su gusto de anticuario y por su afán de rescatar términos que ya estaban desusados, lo que se comprueba a lo largo de su obra.

En cuanto a la segunda cuestión, la de si existe alguna diferencia de significado entre los dos términos algunos autores tanto antiguos como contemporáneos se han empeñado en buscarla. Plutarco (Charlas de sobremesa 673A) habla de ambos en una enumeración, no como si uno fuera la aclaración del otro, lo que hace suponer que para él existía una diferencia entre los dos, pero no la explica. Posteriormente, Julio Pólux (Onomástico 6.107) afirma que el ainigma tiene entretenimiento, mientras que el griphos tiene seriedad, pero no sabemos exactamente a qué se refiere. Esta noticia se contradice con el texto de Aristófanes, donde el griphos se da claramente en un contexto burlesco.

Un texto muy interesante para este asunto son los escolios a Luciano 27.12, que, por su importancia para este asunto, he incluido aquí entero:

Se diferencian el griphos y el ainigma en que nadie reconoce que desconoce el ainigma, pero el griphos lo desconoce aun pareciendo saberlo. Por ejemplo, un ainigma es: ¿Cuál es el animal de dos patas? ¿De tres? ¿De cuatro? Entonces es evidente la respuesta[7]. Pero un griphos es «El hombre de Diomede mató a Héctor, el hijo de Príamo». Entonces parece que conoce lo que se ha dicho, pero desconoce que el hombre de Diomede era Aquiles. Pues la tuvo a esta después de Briseida.

Por este texto, parecería que la diferencia radica en que el griphos es similar al ainigma, pero más difícil de resolver, porque todos caen en la resolución de uno, pero casi nadie en la del otro.

Modernamente, sobre todo el siglo xix, han aparecido otros autores que han reivindicado con mayor o menor fortuna la diferencia entre los dos vocablos. Uno de ellos, Ehlers (1867, 11), suponía que el ainigma se basa en la oscuridad de la expresión mientras que el griphos nace de la ambigüedad del discurso.

Unos años después, Ohlert (1886, 80) establecía una diferenciación formal para caracterizar el ainigma frente al griphos. Pensaba que mientras que el primero se hacía en forma de preguntas, el segundo se planteaba mediante expresiones enigmáticas o palabras con dobles sentidos. Es verdad que esto sucede, sin ir más lejos, en los ejemplos aducidos por el escoliasta de Luciano, pero, sin embargo, el acertijo que ya vimos de Aristófanes está formulado en forma de pregunta, y sin embargo se lo define como griphos.

Franks (2018, 117) recuperó la distinción que establecía el escoliasta de Luciano entre las dos palabras, aseverando que el ainigma plantea una pregunta directa, mientras que el griphos es una afirmación que hay que descubrir mediante la investigación. Pero después reconoce que fuera de ese texto, la distinción no es tan clara, hasta que el punto de que uno de los tipos de griphos descritos por Clearco (Banquete de los eruditos 10.448B) coincide con la descripción que hace Aristóteles del ainigma (Retórica 3.1405a).

A pesar de los intentos de estos autores de establecer una diferencia entre ambos términos, en mi opinión no existe ninguna distinción de significado entre ellos[8], y de hecho Ateneo los usa indistintamente en su obra[9]. La única oposición que se podría señalar es de frecuencia de uso, ya que, como ya adelante al principio, ainigma ha quedado como el término más habitual para «adivinanza» en la literatura griega, mientras que griphos se ha constituido como el vocablo más desusado y raro. Aunque ya ha quedado demostrado que si Ateneo usa más el segundo es por su gusto por las palabras anticuadas.

4. Autores

Se enumeran varios autores en relación con las adivinanzas en la obra de Ateneo, aunque vamos a comprobar que no todos tienen la misma relevancia. Adelanté sucintamente en el apartado 2 que se mencionaba (Banquete de los eruditos 10.448B) a Calias de Atenas y su Tragedia del alfabeto y se aclaraba que no se iba a tratar de las adivinanzas siguiendo esta obra[10]. Más adelante (Banquete de los eruditos 10.453C), sin embargo, sí que se habla de ella y se hace un resumen de su contenido. Al final, incluso se cita un acertijo de Calias, pero no tengo claro si estaba dentro de la Tragedia del alfabeto, la cual es más realmente una comedia y no un drama, como el título podría sugerirnos pensar.

De Calias solo nos explica Ateneo que fue un poco anterior en el tiempo a Estratis, cuya actividad profesional se desarrolló entre los años 412 y 380 a.C. Parece, por lo tanto, que este Calias estuvo activo profesionalmente al menos entre los años 446 a.C. y el 420 a.C. En la obra de Ateneo se nos comenta que su obra influyó en la Medea de Eurípides. Si para esta se calcula como año de representación el 431 a.C., la de Calias debe de haber sido redactada anteriormente, en torno al 435 a.C.[11]

Respecto a la obra el Espectáculo del alfabeto (antes hemos visto que Ateneo la denominaba Tragedia del alfabeto, aunque parece que no existen dudas a la hora de identificarlas), nuestro autor nos la describe diciendo que el prólogo está compuesto a partir de las letras del alfabeto y que hay que leerlo dividiéndolo conforme a las grafías completas. Según Ruijgh (2001, 287), esto significa que las letras estaban escritas de forma abreviada, pero que era necesario pronunciarlas alfa, beta, etc., según las grafías completas de sus nombres.

Continúa la exposición Ateneo (Banquete de los eruditos 10.453D) explicando que el coro lo conformaban mujeres, que el autor ha compuesto agrupando las letras de dos en dos, combinando una consonante con cada una de las vocales (ejemplo: beta alfa, beta épsilon, etc.) y en la antistrofa lo mismo, pero con la gamma. Otra vez sigo a Ruijgh (2001, 293), el cual apunta que en el caso de otras silabas de la misma forma (suponemos, formadas con otro consonante distinta) las antistrofas tienen todas la misma estructura métrica y la misma melodía.

Después del coro, hay un nuevo parlamento sobre las vocales (Banquete de los eruditos 10.453F) en el que intervienen dos personajes, que Ruijgh (2001, 321) identifica con una institutriz y su alumna, y, como en el prólogo, hay que leer completas las grafías de las letras.

Finalmente aparece la adivinanza de Calias en trímetros yámbicos de la que yo expresé anteriormente mis dudas que perteneciera a la obra del Espectáculo de las letras, aunque Ruijgh (2001, 326) sí que la incluye en ella y afirma que estaría recitada por una alumna que ha puesto en práctica lo que ha aprendido de su institutriz. En dicho acertijo se describen las letras que forman la palabra que en griego significa «pedo»[12]. Por eso reconoce Ateneo que el contenido de la adivinanza es bastante vulgar.

Dejando de lado a Calias, a continuación (Banquete de los eruditos 10.448B) se cita a Cleobulina de Lindo, que compuso unos Enigmas. Aunque algunos han dudado de que se trate de un personaje real, las fuentes nos testimonian su existencia histórica. Por la Suda (s.v. Kleobulínē) sabemos que era hija de Cleobulo, uno de los siete sabios, y que escribió versos épicos y adivinanzas, una de las cuales es la del año, que empieza así: uno es el padre, los hijos son doce y cada uno de estos tiene treinta hijos a su vez[13]. De su padre comenta la Suda (s.v. Kleóboulos) que también compuso adivinanzas, por lo que Cleobulina estaría siguiendo una tradición familiar.

Pocas noticias más aparte de estas se nos han transmitido de Cleobulina en el mundo antiguo. Diógenes Laercio (Vidas de los filósofos 1.89) comenta que el cómico Cratino escribió una obra de teatro con el nombre de la poeta en plural, Cleobulinas[14].

Para establecer la cronología de Cleobulina, podemos tomar como referencia la de su padre, aunque la de este tampoco está clara. Por Diógenes Laercio sabemos que Cleobulo fue contemporáneo de Solón y que redactó una carta dirigida a este (Vidas de los filósofos 1.93). Si Solón vivió entre los años 640 y 560 a.C. aproximadamente, las mismas fechas valdrían para Cleobulo, del que tenemos la noticia que murió a los setenta años (Vidas de los filósofos 1.93). Esto significaría que Cleobulina habría nacido en torno al año 600 a.C. o quizá unos pocos años antes y que su actividad literaria se habría desarrollado en la primera mitad del siglo vi a.C.[15].

Garella y Juliá (2018, 25) creen que como Cleobulo era rey de Lindos, su hija pasó la mayor parte del tiempo de su vida allí y remiten al testimonio de Plutarco (Charlas de sobremesa 148E), según el cual ayudó a su padre en sus tareas de gobierno.

En cuanto a su obra, Ateneo nos informa de que Cleobulina compuso unos Enigmas y que un tal Diótimo de Olimpene habló suficientemente de ella, por eso no van a comentar más de la autora. Es la única referencia que se ha hallado en la literatura griega a ese tal Diótimo. Respecto a los Enigmas, Kwapisz (2013, 152) sugiere que esa colección no se hizo en vida de la propia Cleobulina, sino en época bastante posterior, y que los poemas estuvieron circulando libremente durante mucho tiempo[16], ya que Aristóteles (Política 1458A26) cita las adivinanzas de Cleobulina pero sin mencionarla a ella.

Se conservan cuatro adivinanzas atribuidas a Cleobulina (la de la ventosa, la del ladrón, la de la flauta y la del año), de las cuales la primera de ellas aparece en la obra de Ateneo (Banquete de los eruditos 10.452B), aunque no cita a la autora. Plutarco, sin embargo, sí que menciona a Cleobulina en otro pasaje (Charlas de sobremesa 154B).

Alguna información más nos aporta Ateneo sobre Clearco de Solos, el otro autor que cita en la introducción al pasaje. Primero (Banquete de los eruditos 10.448C) nos comenta que Clearco ha definido el concepto de adivinanza: un problema planteado en broma para cuya resolución hace falta recurrir a la reflexión, y que se propone a cambio de un premio o un castigo.

En primer lugar, este Clearco fue un filósofo discípulo de Aristóteles que nació en Solos. Existieron en el mundo antiguo dos ciudades con este nombre, una en Chipre y otra en Cilicia. Merkelbach y Stauber (2005, 13) recogen la teoría de que nació en Cilicia, mientras que Tsitstiridis (2013, 2) opina que nació en Chipre, y añade la noticia de que Clearco apoyó en sus escritos la forma de vivir de los griegos y combatió el lujo oriental, algo que carecería de sentido si fuera originario de Cilicia. Además, parece que la ciudad de Solos de Chipre apoyó la cultura griega en su propio entorno, lo que cuadraría con la ideología de Clearco. Bar-kochva (2010, 41) y Tsitsiridis (2013, 4) suponen que nació en torno al año 340 a.C. Fue alumno de Aristóteles en el Perípato en los últimos años de la vida del maestro. Se cree que llevó a la India unos proverbios que había compilado en Delfos, por una inscripción hallada en Ai Khanum (actual Afganistán). Clearco fue autor de numerosas obras, a juzgar por los testimonios de otros autores y por los fragmentos propios que se conservan: obras sobre Platón, sobre la educación, etc. Se intuye que al menos vivió hasta el año 270 a.C. porque en esa época seguía componiendo obras. Tsitsiridis (2013, 4) recoge el testimonio de que llegó a vivir hasta noventa y cinco años.

Conocemos el título de dieciséis obras de Clearco, entre las que destaca un Elogio de Platón, un tratado Sobre la educación, y otro Sobre las formas de vida[17]. Ateneo cita dos tratados de Clearco de Solos: Sobre las adivinanzas y Sobre los proverbios. En el primero de ellos, se contiene la afirmación de que existen siete tipos de adivinanzas. Sobre ellos trataré en el apartado 5.1. de este artículo. En el segundo, Sobre los proverbios, se especifican cuáles son los son premios y castigos para quien acierta o no las adivinanzas: para quien acierta es un beso y quien falla contrae como castigo la obligación de beber vino puro[18]. Otros autores mencionan estos u otros premios y castigos diferentes. Antífanes (Banquete de los eruditos 10.458F) cuenta que el que no acertaba la adivinanza debía beber una copa de salmuera mezclada con vino y debían tomarla sin respirar. Por su parte, Pólux (Onomástico 6.107) dice que el que resuelve el acertijo tiene como premio un trozo extra de carne, mientras que el que no acierta tiene que beber una copa de salmuera. Hesiquio (s.v. griphos) habla de la sanción de beber vino puro, pero ha podido extraer la noticia del texto de Ateneo.

Guichard (2010, 285) dedica un artículo al tratado Sobre los adivinanzas de Clearco. Afirma que el libro fue muy poco conocido en la Antigüedad y que se perdió muy pronto. A juzgar por los ejemplos citados por Ateneo, Guichard cree que en esta obra de Clearco se oscila entre el juego y la erudición, entre la frivolidad y el talento. En resumen, vendría a ser la reelaboración literaria de un fenómeno popular como era la adivinanza.

Como resumen de este apartado, opino que, aunque Ateneo nos presenta a varios autores relacionados con la composición de adivinanzas, solo realmente Clearco resulta relevante. La obra de Calias El espectáculo de las letras es una comedia y su contenido es ajeno a las adivinanzas, y los escritos de Cleobulina, aunque esta sí es escritora de acertijos, no debieron de ser fácilmente accesibles para Ateneo, porque si no, no se entiende que solo nos cite una adivinanza de ella y además sin identificar a la autora. El tratado de Clearco, aparte de que Ateneo sí ha podido consultarlo, constituye una obra más rigurosa y específica sobre las adivinanzas.

5. Clasificación de las adivinanzas

Se han propuesto algunas clasificaciones de las adivinanzas a lo largo de la historia. Una reciente, y que es relevante para este artículo, porque utiliza como corpus las adivinanzas presentes en el texto de Ateneo y en la Antología Palatina, es la de Berra (2008, 678). Esta clasificación se divide en dos grandes grupos, si en la adivinanza se describe el significado o el significante. El primer grupo, a su vez, consta de varios subgrupos: si la descripción es de un ser animado, de un ser inanimado, si se describe la relación entre un ser animado y otro inanimado y los llamados griphoi lógicos, que consisten en adivinanzas que constan de una pregunta. El segundo grupo, el de las que describen el significante, se refiere a enigmas que reflejan transformación de palabras, o describen letras o sílabas. La mayoría de estos, en realidad, son juegos de palabras que yo he analizado en el apartado 7.

Voy a examinar a continuación la clasificación de Clearco de Solos y después expondré mi propia propuesta de clasificación.

5.1. La clasificación de Clearco de Solos

Ateneo (Banquete de los eruditos 10.448C), siguiendo el libro de Clearco Sobre las adivinanzas que se acaba de citar en el apartado 4, propone una división de estas en siete tipos, de los que solo cita tres[19]. Pero vamos a comprobar que los ejemplos con los que ilustra su clasificación no son propiamente adivinanzas, sino más bien juegos de palabras, porque en ellos no se trata de acertar algo oculto sino de procedimientos lingüísticos que alteran las formas de las palabras con intención de demostrar ingenio o habilidad verbal.

El primer tipo se llama «de letra», que ocurre cuando tenemos que decir una palabra que comienza por una determinada letra (en el texto se pone el ejemplo de la alfa) o cuando se pide una palabra que contenga o no una letra, como por ejemplo la sigma. Se cita como ejemplo a Píndaro, que escribió una oda sin utilizar la sigma. Al analizar este texto, Guichard (2010, 287) recuerda que este procedimiento de no usar una letra se llama lipograma, cuya forma más común es el asigmatismo, que es el que utiliza Píndaro.

El segundo tipo se denomina «de sílaba» y consiste en encontrar un verso que empiece o que acabe por una determinada sílaba.

El tercer tipo se llama «de nombre» y consiste en mencionar antropónimos que sean portadores del nombre de un dios, como, por ejemplo Dionisio, o no lo sean, como Cleónimo. En el caso de que lleven el nombre de un dios, a veces pueden ser dos, como Hermafrodito. Estamos simplemente ante ejemplos de composición y derivación nominal.

5.2. Mi propuesta de clasificación

He analizado las adivinanzas que aparecen en el texto de Ateneo tratando de encontrar una clasificación que resultara lo bastante clara y definitoria y que no dejara ninguna fuera. Al principio, he pensando en una tipología basada en aspectos externos, por la forma en la que estaban redactados los textos, ya fuera en prosa o en verso, pero pronto he descubierto que esta división me parecía poco efectiva, ya que la mayoría de las adivinanzas están compuestas en verso, y creaba grupos demasiado desiguales y heterogéneos. Por eso, he preferido una clasificación atendiendo más bien a la estructura interna de los textos y a su contenido. Como toda tipología, no pretende ser definitiva y presenta alguna imperfección, como que una adivinanza puede entrar dentro de más de un categoría, pero creo que es la que más se ajusta a los objetivos de este artículo. He hecho una categorización en tres tipos:

a) Las adivinanzas que constan de una pregunta.

b) Las que constan de una descripción de un objeto, persona o animal.

c) Las que describen las letras que componen la propia solución.

5.2.1. Las adivinanzas que constan de una pregunta

Según Ateneo (Banquete de los eruditos 10.453B), este tipo es antiguo y es el más acorde con la auténtica naturaleza del acertijo, ya que realmente la forma más básica de intentar adivinar algo es mediante la formulación de una pregunta directa a la otra persona sobre el animal, objeto o realidad en la que se está pensando. Esta pregunta no suele ser de larga extensión y suele estar formulada en prosa. Entre los cinco ejemplos que he encontrado de este tipo en el texto de nuestro autor, cuatro responden a ese esquema, y solo hay uno que está en verso y la pregunta es de mayor duración.

En Ateneo 10.451B aparece la primera de este tipo. Dífilo cuenta que durante las fiestas de Adonis[20] tres muchachas jugaban a las adivinanzas y una persona les preguntó: «¿Qué es lo más fuerte del mundo?» Y una de ellas respondió que el hierro, otra que el herrero y la última que el miembro viril y cada una aducía sus razones para sus respuestas.

En 10.451F encontramos la única adivinanza en verso de este estilo, y, por tanto, la única de autor conocido, del poeta trágico Teodectes. Comparte algunos rasgos con las del segundo tipo, como veremos en 5.2.2., como la elaboración literaria, que se advierte en la presencia de figuras retóricas, como paralelismos («en su nacimiento…grandísimo»; «en su plenitud… pequeña»; «en la vejez… la más grande de todas»)[21].

¿Qué es una cosa que no pertenece ni a cuantas produce la tierra nutricia ni el mar,

ni tiene un crecimiento de sus miembros similar a los morrales,

sino que en su primigenio nacimiento es grandísima,

en mitad de su plenitud, pequeña, y en la vejez, en su

forma y tamaño es otra vez la más grande de todas?

En 10.452B Ateneo recoge una serie de breves adivinanzas no acompañadas de nombre de autor, como: ¿qué enseñamos todos sin saberlo?, ¿qué es lo mismo en todas partes y en ninguna? y ¿qué es lo mismo en el cielo, sobre la tierra y en el mar? Después aporta la solución de cada una: de la primera es el aliento, de la segunda el tiempo y la tercera hay varias posibles soluciones: el león, el perro.

Tras analizar los ejemplos de este primer tipo, se comprueba que todas las adivinanzas poseen los siguientes elementos en común: proceden de un ámbito popular, son breves y en prosa y no tienen autor conocido, excepto la que he citado de Teodectes, y, por tanto, no tienen elaboración literaria.

5.2.2. Las que constan de una descripción de un objeto, persona o animal

Este tipo constituye el más frecuente en la obra de Ateneo, pues de las veinticinco adivinanzas localizadas en el Banquete de los eruditos[22], quince responden a este esquema. En general, en la literatura griega, este parece el modo más habitual de formular la adivinanza y de hecho, colecciones como la el libro 14 de la Antología Palatina, citada en la introducción general, se basan mayoritariamente en este formato.

Las de este modelo tienen en común que están todas redactadas en verso y la composición varía entre dos y cinco líneas. Normalmente tienen autor conocido y por tanto, a diferencia de las del tipo anterior, no remontan a un origen popular (al menos la formulación escrita; la idea sí que ha podido nacer en ámbito popular). Poseen, por tanto, elaboración literaria y algunas presentan figuras retóricas: abundan la personificación, la paradoja, la antítesis o el paralelismo. En ellas se describen características físicas y/o morales de la persona, animal, objeto o realidad que se pretende que el otro adivine.

De las quince localizadas en Ateneo, más de la mitad, ocho, pertenecen a obras de cómicos (Alexis, Eubulo, Antífanes y Platón); dos de ellas a historiadores (Teucro y Asclepiades); una a la tragedia (Teodectes); una también a la lírica (Teognis); y una solo se atribuye a la escritora de acertijos, Cleobulina; las otras dos restantes son anónimas.

Que el lugar donde se hallen más adivinanzas es la comedia no es casual, ya que siendo los acertijos propios de un ámbito distendido como el banquete, parece que el género literario que más permite recrear la relajación y diversión de los festines es la comedia[23].

Respecto a la métrica, más de la mitad de los poemas, nueve, está redactada en verso hexámetro, tres en dístico elegiaco, y tres en trímetros yámbicos. Está claro que los hexámetros predominan en los textos trágicos, en la historiografía, y en la comedia cuando se quiere imitar la solemnidad de la tragedia; los trímetros yámbicos pertenecen exclusivamente a la comedia; y los dísticos, a la lírica (Teognis), a Cleobulina y a los anónimos. Para explicar la mayor presencia de hexámetros se puede recordar, como veíamos en el apartado 3, que las adivinanzas derivaban en última instancia de los oráculos de los dioses y estos se redactaban en hexámetros.

No voy a examinar aquí ningún ejemplo, ya que algunas de las adivinanzas de este tipo serán de objeto de análisis en el apartado 6.

5.2.3. Las que describen letras que componen la propia solución

Este tercer tipo podría constituir un subgrupo dentro del modelo previo, porque comparte muchas características con él, pero he decidido establecerlo aparte porque presenta una diferencia fundamental con el precedente, y es que mientras ese describe rasgos físicos y/o morales de lo que se pretende adivinar, en este tipo se describen las letras de la palabra que componen la solución de la adivinanza, es decir, sería una especie de «autorreferencia». Por lo demás, como digo, hallamos características asimilables al tipo anterior: todos los acertijos están compuestos en verso (entre dos y trece líneas) y son obra de autores conocidos, por lo tanto presentan rasgos propios del lenguaje literario.

De esta clase de adivinanzas he encontrado cinco ejemplos entre los recogidos por Ateneo, de los que tres pertenecen a autores trágicos (Eurípides, Agatón y Teodectes), uno a la comedia (Calias) y otro al epigrama (Neoptólemo de Paria)[24]. Parece haber una clara predominancia de los textos trágicos, aunque estamos hablando de unas cantidades muy exiguas como para extraer conclusiones demasiado generales.

Respecto a la métrica, aquí si encontramos una gran uniformidad, ya que cuatro de los cinco ejemplos están redactados en trímetros yámbicos (los de la comedia y tragedia) mientras que el restante corresponde a un dístico elegiaco (el epigrama).

De todos estos voy a citar el texto de Eurípides (Banquete de los eruditos 10.454B), ya que los otros son muy similares entre sí:

Yo no estoy versado en letras,
mas diré sus formas, testimonio fiable.
Un círculo como trazado a compas;
este tiene en medio una marca clara,
En cuanto a la segunda, hay primero dos líneas,
y las separa otra puesta entre medias.
La tercera, una especie de rizo enroscado.
Respecto a la cuarta, a su vez, consiste en una línea vertical,
y hay tres oblicuas apoyadas en ella.
La quinta no es fácil de describir,
pues contiene dos líneas divergentes,
pero que se reúnen en un único sostén.

Por lo que se refiere a la última, es parecida a la tercera.

De esta larga adivinanza, la más extensa de las que presenta Ateneo (trece versos), ya sabemos que está redactada en trímetros yámbicos. Pertenece a la tragedia perdida Teseo de Eurípides, y en ella un pastor cuenta este acertijo en el que describe las letras que conforman el nombre de Teseo en griego: un círculo trazado a compás con una línea en medio es la theta con la comienza el nombre; dos líneas separadas por otra entre medias es la eta que es la segunda letra; una especie de rizo enroscado forma la sigma; un línea vertical con tres oblicuas apoyadas en ella constituye la épsilon; la quinta, que describe como dos líneas divergentes que se reúnen en un único sostén es la ípsilon; y la sexta y última se escribe igual a la tercera, por tanto otra sigma.

6. Análisis más exhaustivo de algunas adivinanzas

En este apartado me propongo analizar algo más detenidamente algunas adivinanzas pertenecientes al segundo grupo, para estudiar su estructura general, la métrica y los recursos literarios que utilizan y aclarar algunos aspectos que puedan resultar oscuros o difíciles de comprender.

En 10.449D Ateneo presenta una adivinanza contenida en la obra del poeta cómico Alexis, titulada El sueño:

Ni mortal ni inmortal, sino con cierta
mezcla, de manera que ni vive en papel de hombre
ni de dios, sino que continuamente se desarrolla
de nuevo y vuelve morir su esencia,
invisible de aspecto, pero bien conocido por todos.

Es un acertijo que consta de cinco versos, que son trímetros yámbicos. Aparecen en esta primera una serie de recursos literarios que se van a repetir en las otras analizadas posteriormente, como son las personificación («se desarrolla», «vuelve a morir su esencia»), las paradojas («ni mortal, ni inmortal sino con cierta mezcla»; «invisible de aspecto, pero bien conocido por todos»).

Estos recursos son importantes para aumentar la dificultad de acertar la solución, ya que como veremos en otros casos, la personificación sirve para presentar un objeto o algo abstracto como si se tratara de un ser vivo que no es tal, y las paradojas contribuyen a aumentar la confusión sobre la posible solución.

Es esta escena las protagonistas son dos mujeres: la que plantea la adivinanza, que es de mayor edad, pues se la llama «mujer»; y la que intenta resolverla, que es más joven, pues se la califica de «muchacha». Esta última disculpa su ignorancia de la solución diciéndole a la mujer que siempre le habla en enigmas: aquí habría un juego de palabras con el término ainigma que vimos cuando estudiábamos la evolución del vocablo en el apartado 3: significaría aquí tanto «me hablas mediante adivinanzas» como «me hablas oscuramente». Parece haber un cierto reproche de la joven hacia la más adulta, por la forma enigmática en la que se le dirige habitualmente.

La que plantea la adivinanza afirma que la respuesta es sencilla. Como la otra sigue sin descubrirla, le revela que es el sueño, que es una criatura que pone fin a las fatigas mortales. La propia forma de responder encierra en sí una paradoja, porque el sueño es una criatura, pero no es mortal, y sin embargo actúa sobre los mortales.

En el Banquete de los eruditos 10.450C encontramos una adivinanza contenida en la obra del cómico Antífanes, en su obra llamada precisamente El enigma[25]:

Un hombre que esperaba lanzar la red a muchos peces
sacó con gran esfuerzo un único serrano
y, defraudado por él, un mújol le llevó otro[26]
igual a aquel. Mas de buena gana sigue el serrano a la oblada.

Es una adivinanza que consta de consta de cuatro versos hexámetros. Encontramos una expresión antitética («un hombre que esperaba lanzar la red a muchos peces, sacó con gran esfuerzo un único serrano»). Hallamos también una personificación: «defraudado por él, un mújol le llevó otro igual a aquel».

Los interlocutores de esta escena no aparecen nombrados. El que recibe la adivinanza increpa al que la ha emitido, porque piensa que está diciendo tonterías. Entonces el que la ha emitido reconoce que va a hablar claro y le da la solución: es alguien que da sus bienes, pero no sabe que los ha dado, ni a quién y que ha recibido algo que no necesita. Es como el mújol, que otorga sus bienes al hombre (en este caso un serrano), pero ignora que se los entregado y a quién. Tampoco se da cuenta de que ha recibido algo que no necesita (otro serrano). Lo que no queda muy claro es la presencia del refrán «más de buena gana sigue el serrano a la oblada» en la adivinanza. Este proverbio, que aparece en Ateneo (Banquete de los eruditos 7.319C), tiene el significado como en castellano «dios los cría y ellos se juntan», pero con connotación siempre negativa[27]. Digo que no se entiende su inserción aquí porque el hecho de que el serrano siga al mújol en la adivinanza no es algo negativo[28], ya que el mújol en este caso es un benefactor del pescador, aunque sea de manera involuntaria.

Como la solución es poco clara, se esperaría que entonces el que la ha emitido diera alguna explicación, pero en cambio no la lleva a cabo. Su interlocutor le pide a su vez proponer él otra adivinanza y la formula, con lo que la primera queda sin resolver. El propio Konstantakos (2000, 192) reconoce que este hecho es poco habitual en una obra cómica como esta. Normalmente la solución se habría dado al final de la escena, para dar tiempo a los espectadores a resolver por sí mismos el acertijo. Konstantakos continúa diciendo que hay dos posibilidades: o la solución estaba delante de los ojos de los espectadores en el escenario, con lo cual no podemos suponer lo que era; o la adivinanza no tiene solución, sino que son una serie de contradicciones que no llevan a ninguna parte. Piensa que simplemente no es una adivinanza real, sino una parodia, con la intención de burlarse de la presencia exagerada de acertijos en la comedia de la época.

La tercera y última adivinanza que analizo aquí pertenece también a Antífanes, en este caso a su obra titulada Safo[29]. En el fragmento que recoge Ateneo (Banquete de los eruditos 10.450F), la protagonista, que es la propia poeta Safo, plantea una acertijo a un interlocutor cuyo nombre no se menciona, aunque Margaret Williamson (1995, 15) interpreta que se puede identificar con el padre de Safo, porque ella le llama «padre»; sin embargo, Konstantakos (2015, 163) supone que se trata de Alceo (que a menudo aparece en las obras como acompañante de Safo) o un hombre anciano de Atenas (tal vez Solón o un conciudadano mayor) y que la manera en que se le dirige ella es respetuosa. La misma opinión vienen a expresar también Currie y Rutherford (2019, 353):

Es una criatura femenina que protege a su prole en su seno y
pese a no tener voz alza un grito sonoro a través del oleaje,
marino y de toda la tierra firme para quienes quiere
de los mortales, y en cambio, a quienes están a su lado no les es
posible oírlo, sino que tienen el sentido del oído embotado.

El texto está compuesto por cinco versos hexámetros. Tiene recursos que ya hemos hallado en las adivinanzas anteriores, como son la personificación[30] («es una criatura», «protege a la prole en su seno»), la paradoja («pese a no tener voz, alza un grito sonoro», «a quienes están a su lado es imposible oírlo»).

El interlocutor aporta una solución que no es la correcta, pues supone que la criatura femenina es la ciudad y su prole son los oradores. Esta respuesta contribuye al humor en dos sentidos: primero, porque se da una solución que no es la esperada; y segundo porque la solución alternativa le permite hacer una crítica social[31], al afirmar que los oradores son los que gritan y el pueblo el que está sentado sin oír nada[32]. La clave del humor de este pasaje radica en que la solución alternativa es más divertida que la solución real. Es la ambigüedad de ciertos términos la que permite aportar esa otra solución.

Finalmente Safo, pensado que su contertulio se está burlando de ella, aporta la solución auténtica a la adivinanza: la madre es la carta, que es femenina, porque en griego la palabra tiene ese mismo género, y los hijos son las letras. Estas, como componen palabras, transmiten un mensaje a quien quiera leerlo, pero es un mensaje que no puede oír el que no esté leyendo la carta.

7. Otros tipos: juegos de palabras

Incluyo en este apartado algunos textos que cita Ateneo y que no entrarían dentro de ninguna de las categorías que establecí en el apartado 5 y que, según nuestro punto de vista actual, ni siquiera englobaríamos dentro del concepto de adivinanza. Se trata de ciertos juegos de palabras que utilizan diversos procedimientos, como elaborar versos que empiecen y acaben con la misma letra, etc.

En 10.455B Ateneo reproduce el siguiente poema.

La medida explícame de los metros, tras calcular su medida;

tras calcular su medida, la medida de los metros explícame,

porque no quiero calcular la medida de los metros,

porque calcular la medida de los metros no quiero.

El poema está redactado en trímetros yámbicos. En el original griego todas las palabras empiezan y acaban dentro del mismo yambo, por lo que podría alterarse su orden sin que la medida del verso se viera afectada. Esto evidentemente no puede reflejarse del todo en la traducción, porque el orden de palabras en nuestro idioma es algo más rígido que en griego, y cierta colocación demasiado libre violentaría la sintaxis castellana.

En 10.458B Ateneo recoge versos que empiezan y acaban por la misma letra. Evidentemente, como ocurre con el juego de palabras anterior, tampoco es posible reproducirlo literalmente en la traducción. De la Ilíada existen varios versos, como 4.92, 5.226 y 5.4453 que empiezan y terminan por la letra alfa. Para no resultar demasiado repetitivo, incluyo solo el primero de ellos:

A su lado le dirigió aladas palabras.

Después Ateneo cita versos homéricos que empiezan y acaban por épsilon, por eta, por iota, por sigma y por omega. Como en griego existe una ley que impone una gran restricción a las letras que se admiten al final de palabra, no encontramos en esta lista versos que acaben y empiecen por beta, delta, etc. Sí que podríamos encontrar, y no los hallamos, versos que empiecen y acaben por ni, o por ro, que sí se admiten a final de palabra, pero si Ateneo no los ha incluido es porque o no los ha detectado en la Ilíada o la Odisea, que es de donde obtiene los ejemplos, o considera que ya son suficientes con los que ha expuesto.

Otro tipo de juego consiste en recordar un verso en el que no aparece una letra que suele ser muy frecuente en un determinado idioma, lo cual constituye toda una prueba de ingenio. Es como si en castellano alguien citara un verso en el que no apareciera la letra a. En 10.458D Ateneo incluye un verso de la Ilíada (8.364) en el que no está presente la letra sigma (equivalente a nuestra ese), que es muy habitual en griego. Evidentemente el efecto no se puede lograr en la traducción con facilidad, ya que en este contexto resulta imposible prescindir de la letra ese.

Todos quiero entregarlos.

Poco después Ateneo enumera otro fenómeno, que consiste en formar un nombre propio con la primera y la ultima silaba de un verso (es parecido a lo que llamamos acronimia, solo que nosotros lo llevamos a cabo con palabras o expresiones de varias palabras, no con versos enteros). Este procedimiento tampoco puede reflejarse siempre en la traducción. Por ejemplos, el verso homérico líada 2.557 es:

Áyax trajo de Salamina doce naves.

Si en griego juntamos la primera sílaba del verso y la última resulta la palabra Aias, que es en castellano Áyax.

Pero no solo se pueden obtener nombres propios con este juego de palabras, sino también nombres de objetos o utensilios de uso habitual. Por escoger un ejemplo de todos los que enumera Ateneo, tenemos el siguiente verso (Ilíada 1.538):

Tetis de pies de plata, hija del anciano del mar.

Si unimos la primera sílaba del verso con la última resulta la palabra ártos, que en griego significa «pan».

Como acabamos de comprobar, ninguno de estos juegos tienen que ver exactamente con las adivinanzas desde nuestro punto de vista, aunque si Ateneo los ha incluido en ese momento es porque comparten con ellas ciertos aspectos, como es el hecho de que sirven para mostrar el ingenio, tanto por parte de quien los ha elaborado como de quien los recibe. También coinciden con las adivinanzas en el hecho de estar escritos en verso y en jugar con la forma de las palabras contenidas en ellos.

8. Conclusiones

En este artículo he estudiado las adivinanzas que aparecen en el texto de Ateneo. Uno de los aspectos destacados, y que ha traído de cabeza a los especialistas, es el del aclarar cuál es el propio término para definir adivinanza, pues existen dos (ainigma y griphos), y qué relación de significado existe entre ellos. Hemos visto que Ateneo utiliza más el segundo término que el primero, mientras que en la literatura griega ha sucedido lo contrario. Por ejemplo, en época clásica domina casi exclusivamente ainigma, mientras que griphos solo aparece una vez, en un texto de Aristófanes. En época helenística e imperial, con la consolidación de la adivinanza como género literario, ha aumentado algo la frecuencia el término griphos, aunque muchas veces en escolios, glosas, diccionarios, etc., lo que indica que no era una palabra del todo habitual y que era necesario explicar.

Parece que, por los contextos localizados, ambos vocablos son sinónimos e intercambiables. Quizá griphos tenga un carácter ligeramente más técnico y de hecho uno de los que más lo utiliza es Clearco, que ha escrito un tratado con ese título y que luego ha servido a Ateneo como fuente. Si Ateneo ha sentido preferencia por utilizar esa palabra es porque le ha llamado la atención ese carácter más técnico y porque se trata de un término menos utilizado en la lengua corriente.

Otro asunto destacado es el de los autores que han influido en Ateneo a la hora de enfocar el tema de las adivinanzas. Este ha citado a varios autores: Calias, Cleobulina y Clearco, citado en la párrafo anterior. De Calias se ha mencionado su obra el Espectáculo de las letras y se ha llegado a la conclusión de que esta obra cómica, aun siendo bastante original, no ha impactado demasiado en nuestro autor, porque no trataba de adivinanzas sino más bien de juegos de palabras. De Cleobulina sabemos a ciencia cierta que era autora de acertijos. El problema es que posiblemente Ateneo no ha tenido acceso a su obra entera, ya que solo cita una composición suya, y la influencia que ha ejercido en él ha sido más bien reducida. Finalmente, llegamos a Clearco, del que ya se dijo que había compuesto un tratado sobre las adivinanzas, del que Ateneo reproduce varias partes. Este autor sí que ha influido más que los otros dos en el de Náucratis, sobre todo en la definición del concepto de adivinanza y en el intento de clasificación de estas.

Un último punto que quiero tratar aquí ha sido precisamente el de la clasificación de las adivinanzas. Acabo de afirmar que Clearco hizo una categorización en siete tipos, pero luego Ateneo solo enumera tres. El problema de que esta división es que, precisamente por quedarse incompleta, acaba careciendo de bastante valor. Además, los ejemplos que emplea son de juegos de palabras y no precisamente de adivinanzas. Hace pocos años otros investigadores han realizado otros intentos de sistematización, como Berra, quien ha dividido las adivinanzas según se refieran al significante o al significado de lo que se quiere adivinar. Aun reconociendo el mérito e interés de esta clasificación, se ha observado que también Berra ha incluido juegos de palabras y que, además, su fuente no ha consistido solo en el texto de Ateneo, sino que también ha utilizado la Antología Palatina.

Mi propuesta de clasificación se ha circunscrito solo en la obra de Ateneo y me he limitado exclusivamente a las adivinanzas. Los juegos de palabras, aunque comparten rasgos con ellas, los he abordado en un apartado distinto. De esta forma, me la resultado una división tripartita, en la que por un lado figuran las adivinanzas que están redactadas en forma de pregunta, que son las más tradicionales y de origen popular; luego aparecen aquellas que describen rasgos físicos y/o morales, que tienen un autor conocido y tratamiento literario; y finalmente contamos con aquellas que describen las letras que componen la propia solución, que también tienen autores conocidos y presentan rasgos propios del lenguaje literario.




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NOTAS

[1] Sobre el libro 14 de la Antología Palatina se pueden consultar los estudios de Aurélien Berra, Théorie et practique de l’énigma en Grèce ancienne (París: École des hautes études en Sciences sociales, 2008), 631-674 y de Christine Luz. «What has it got in its pocketses? Or, what makes a Riddle a Riddle?» en The Muse at Play. Riddles and Wordplay in Greek and Latin Poetry (Berlín-Boston: Walter de Gruyter, 2013), 83-99.

[2] Sobre Clearco se tratará en el apartado 4.

[3] Que Larensio es el único personaje que interviene prácticamente en todo el pasaje ya lo había mencionado Aurélien Berra, Théorie et practique de l’énigma en Grèce ancienne (París: École des hautes études en Sciences sociales, 2008), 620.

[4] Aparte de este texto de Platón hay otros ejemplos en los que se pone de relieve la estrecha relación entre los banquetes y las adivinanzas. En la literatura griega tenemos las Charlas de Sobremesa de Plutarco 673B y en el mundo romano un pasaje (18.2) de las Noches áticas de Aulo Gelio, en el que cuenta que durante los banquetes de las Saturnales se planteaban enigmas y a quien acertase se le daba una corona y un premio que consistía en un libro de un autor antiguo, griego o romano.

[5] Esta idea la expresa también Brian Tucker, Reading Riddles. Rhetorics of Obscurity from Romanticism to Freud (Plymouth: Bucknell University Press, 2011), 87.

[6] De hecho, Aurélien Berra, Théorie et practique de l’énigma en Grèce ancienne (París: École des hautes études en Sciences sociales, 2008), 95 ha demostrado tras un riguroso análisis estadístico de los datos contenidos en los textos literarios griegos, que la palabra ainigma aparece nueve veces más que griphos, y que los derivados de ainigma se utilizan casi veinticinco veces más que la familia del sustantivo griphos.

[7] Se refiere al famoso enigma que la esfinge planteaba a Edipo y que aquí está abreviado, ya que era de sobra conocido: ¿qué animal es el que por la mañana va a cuatro patas, por el mediodía a dos y por la tarde a tres? El ser humano, porque por la mañana gatea (va a cuatro patas), por el mediodía camina erguido (a dos patas) y por la tarde se apoya en un bastón (a tres patas).

[8] Que ainigma y griphos son sinónimos ya lo han señalado antes Aurélien Berra, Théorie et practique de l’énigma en Grèce ancienne (París: École des hautes études en Sciences sociales, 2008), 734; Christine Luz, Technopaignia. Formspiele in der griechischen Dichtung (Leiden-Boston: Brill, 2010), 144; Salvatore Monda, Ainigma e griphos. Gli antichi e l’oscurità della parola (Pisa: Edizioni ETS, 2012), 10; y posteriormente Mariana Gardella y Victoria Juliá, El enigma de Cleobulina. Traducción de testimonios, acompañada de estudio preliminar, notas y apéndice (Buenos Aires: Teseo, 2018), 52. Ioannis Konstantakos, «Trial by Riddle. The Testing of the Counsellor and the Constest of Kings in the Legend of Amasis and Bias», Classica et Mediaevalia 55 (2004): 120 coincide en principio con los otros autores al reconocer que se trata de términos intercambiables, pero luego se separa de ellos al señalar que hay una diferencia fundamental entre las palabras: ainigma sería lo que llamamos «adivinanza» en sentido estricto, mientras que griphos sería un término más amplio, que abarcaría no solo adivinanzas, sino también juegos de palabras, juegos aritméticos, juegos para probar la memoria, charadas. Es decir, que para Konstantakos no sería propiamente sinónimos, sino que griphos sería un hiperónimo de ainigma. Anna Potamiti, «Γρίφους παίζειν. Playing at Riddles in Greek», Greek, Roman and Byzantine Studies 55 (2015): 135 no ve clara esta diferencia que establece Konstsantakos y piensa que tanto uno como el otro se usan indiscriminadamente para cubrir los conceptos de adivinanza, charada, juegos de palabras, etc.

[9] Esto ya lo señaló Wilhelm Becker, Charicles. Illustrations of the Private Llife of the Ancient Greeks. (Londres: West Strand, 1854), 348.

[10] Esta expresión de Ateneo ha sido motivo de discusión por su poca claridad. Cornelis J. Ruijgh, «Le spectacle des lettres. Comédie de Callias», Mnemosyne 54.3 (2001): 284 sugiere que lo que se pretende decir es que los eruditos piensan seguir el modelo de las adivinanzas de Cleobulina, y que aún no ha llegado el momento de explicar el modelo que establece Calias.

[11] Esta es la fecha que proponen Ralph M. Rosen, «Comedy and Confusion in Callias’ Letter Tragedy», Classical Philology 94 (1999): 148 y Cornelis J. Ruijgh «Le spectacle des lettres. Comédie de Callias», Mnemosyne 54.3 (2001): 269.

[12] Las adivinanzas que describen letras las analizo en el apartado 5.2.3.

[13] Otras fuentes antiguas (Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos 1.91; y Estobeo, Florilegio 1.8.37) atribuyen esta adivinanza a Cleobulo, el padre de Cleobulina.

[14] Según Elisabetta Matelli, «Sulle tracce di Cleobulina», Aevum 71 (1997): 30 no es posible, a partir de los fragmentos conservados, averiguar el argumento de la obra, aunque es posible que fuera de tipo político y no faltaran elementos de sátira literaria. El título en plural haría referencia a las mujeres del coro, que compartirían con Cleobulina algún rasgo supuesto de su personalidad. Por su parte, Mariana Gardella y Victoria Juliá, El enigma de Cleobulina. Traducción de testimonios, acompañada de estudio preliminar, notas y apéndice (Buenos Aires: Teseo, 2018), 71 suponen que la obra podría haber sido representada entre los años 435 y 420 a.C. Coinciden con Matelli en que el titulo de la obra hace pensar que el coro serían compañeras de Cleobulina o mujeres que como ella se dedicaban a la composición de acertijos. Es posible que en la obra se recitaran adivinanzas con el objetivo de parodiar las composiciones de Cleobulina, quien habría sido retratada en la obra como una mujer impúdica y lujuriosa.

[15] Esta fecha es la que aportan también Ian Michael Plant, Women Writers of Ancient Greece and Rome. An Anthology (Norman: University of Oklahoma Press, 2004), 29 y Mariana Gardella y Victoria Juliá, El enigma de Cleobulina. Traducción de testimonios, acompañada de estudio preliminar, notas y apéndice (Buenos Aires: Teseo, 2018), 24.

[16] De hecho, Mariana Gardella y Victoria Juliá, El enigma de Cleobulina. Traducción de testimonios, acompañada de estudio preliminar, notas y apéndice. (Buenos Aires: Teseo, 2018), 62 llegan a afirmar que Cleobulina tal vez compuso sus acertijos de forma oral.

[17] Para ver el listado completo de las obras de Clearco, cf. Stavros Tsitstiridis, Beitrage zu den Fragmenten des Klearchos von Soloi (Berlin-Boston: De Gruyter, 2013), 8.

[18] Anna Potamiti, «Γρίφους παίζειν. Playing at Riddles in Greek», Greek, Roman and Byzantine Studies 55 (2015): 148.

opina que el que acierta el enigma obtiene una posición preeminente entre los miembros del banquete y mejora su estatus entre ellos. Los besos como recompensa cuadran bien con el ambiente del banquete, en el que los participantes compiten por el favor del ἐρόμενος, ya sea una cortesana o un muchacho joven. Por su parte, los que no son capaces de aceptarlo son considerados marginados, al menos simbólicamente, del grupo de amigos y los castigos que sufren, como beber vino puro, que en la cultura griega se considera de bárbaros, muestran la separación que sufren del resto de miembros del banquete.

[19] Sobre la clasificación de Clearco, cf. Luis Arturo Guichard, «Acerca del tratado Peri Griphon de Clearco de Solos», en Dic mihi, musa, virum. Homenaje al profesor Antonio López Eire (Salamanca: Universidad de Salamanca, 2010), 285-291. y Christine Luz, Technopaignia. Formspiele in der griechischen Dichtung (Leiden-Boston: Brill, 2010), 141-146.

[20] En las Adonias o fiestas de Adonis solo participaban mujeres. Sobre ellas, cf. Matthew Dillon, Girls and Women in Classical Greek Religion (Londres-Nueva York: Routledge, 2003), 162-169.

[21] La traducción de todas las adivinanzas que presento en este artículo es la de Lourdes Rodríguez-Noriega Guillen, Ateneo. Banquete de los eruditos, Libros VIII-X (Madrid: Gredos, 2006), 346-381.

[22] Aurélien Berra Théorie et practique de l’énigma en Grèce ancienne (París: École des hautes études en Sciences sociales, 2008), 626 elabora un listado de treinta y nueve adivinanzas, catorce más de las que yo afirmo. La discrepancia numérica se debe a que él ha incluido algunas que yo he considerado propiamente como juegos de palabras y que estudio en el apartado 7.

[23] Salvatore Monda «Beyond the Boundary of the Poetic Language. Enigmas and Riddles in Greek and Roman Culture». En Submerged Literature in Ancient Greek Culture, Vol. 3. The Comparative Perpective (Berlín-Boston: Walter de Gruyter, 2016), 141, cree que el hecho de que aparezcan más adivinanzas en textos cómicos en la obra de Ateneo no es algo objetivo, sino que se debe a la preferencia de dicho autor por ese género, lo que no nos proporciona una idea exacta de cuál es la distribución de las adivinanzas en los distintos géneros literarios. Aunque la objeción de Monda me parece razonable, insisto sin embargo que la comedia es por sus propias características el género que más semejanza tiene con un banquete en el que se cuentan acertijos.

[24] De este autor sabemos muy poco. Vivió en el siglo iii a.C., algo antes que Aristófanes de Bizancio, y escribió obras sobre crítica literaria, tratados filológicos y poemas. Filodemo de Gádara (Poemas 5, coll. XI 23-XII 26) lo cita y parece que no de forma no elogiosa, porque le critica que situara al poeta a la misma altura que el poema y la creación poética. Sobre este asunto cf. James D. Williams (ed.), An Introduction to Classical Rhetoric. Essential Readings (Chichester: John Wiley and Sons, 2009), 381.

[25] Un análisis de esta adivinanza la encontramos en Ioannis Konstantakos, A Commentary on the Fragments of Eight Plays of Antiphanes (Cambridge: University of Cambridge, 2000), 186-201.

[26] Ioannis Konstantakos, A Commentary on the Fragments of Eight Plays of Antiphanes (Cambridge: University of Cambridge, 2000), 190 reconoce que el verso 3 presenta problemas lingüísticos y de comprensión. El propone una enmienda al texto y una traducción como: «y defraudado por los otros (peces), se lo llevó como un mújol a casa».

[27] Ioannis Konstantakos, A Commentary on the Fragments of Eight Plays of Antiphanes (Cambridge: University of Cambridge, 2000), 193 afirma que el proverbio se refiere a la asociación o amistad de personas malvadas o sin valor y añade otros refranes que tienen un significado parecido. Y piensa que es porque tanto el serrano como la oblada tienen una parte de su cuerpo de color negro que podría ser asociado con las almas «negras» de las personas.

[28] Ioannis Konstantakos, A Commentary on the Fragments of Eight Plays of Antiphanes (Cambridge: University of Cambridge, 2000), 195 señala que el participio referido al serrano indica aquí una antífrasis cómica, ya que evidentemente el serrano no tiene deseo «voluntario» de seguir al mújol.

[29] Un análisis de esta adivinanza lo encontramos en Ioannis Konstantakos, A Commentary on the Fragments of Eight Plays of Antiphanes (Cambridge: University of Cambridge, 2000), 161-180.

[30] Ioannis Konstantakos, A Commentary on the Fragments of Eight Plays of Antiphanes (Cambridge: University of Cambridge, 2000), 166 habla de metáfora en este caso, porque se compara a la carta con otro ser con el que comparte algunos rasgos, con una madre y sus hijos. Yo prefiero hablar de personificación porque los rasgos que se le atribuyen a la carta son los de un ser animado.

[31] Ioannis Konstantakos, A Commentary on the Fragments of Eight Plays of Antiphanes (Cambridge: University of Cambridge, 2000), 173 cree que lo que se está criticando aquí son a los oradores que hablan bien ante el pueblo de los intereses de los políticos corruptos y a cambio reciben sobornos de ellos procedentes de Tracia y Asia Menor.

[32] Esta respuesta del hombre ha sido interpretada por varios autores en clave de género: Margaret Williamson, Sappho’s Inmortal Daughters (Cambridge-Londres: Harvard University Press, 1995), 15 interpreta que el padre de Safo aporta esta solución porque es varón y saca la solución de un mundo enteramente masculino como era la vida pública en Grecia. Lo mismo dice Dimitrios Yatromanolakis, Sappho in the Making. The Early Reception (Washington: Center for Hellenic Studies, 2008), 300-305, quien afirma que la reacción del anciano es la típica de un ciudadano en la clásica Atenas: se exponen legalismo, corrupción, apatía pública y androcentrismo, mientras que la escritura de la carta se representa como femenina. Paola Ceccarelli, Ancient Greek Letter Writing (Oxford: Oxford University Press, 2013), 244 opina que una solución masculina, que conduce a la preeminencia de la actividad de los oradores en la ciudad; en cambio, la solución verdadera muestra la familiaridad de la poeta con la escritura, en concreto con la escritura epistolar.



Adivinanzas y juegos de palabras en el Banquete de los eruditos de Ateneo

PATON CORDERO, Óscar

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 472.

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