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Revista de Folklore número

472



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El cocherito leré

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 472 - sumario >



No cabe duda de que existen canciones infantiles –como El Cocherito– que a pesar del tiempo transcurrido siguen perviviendo entre los recuerdos de nuestra infancia, pues han ido pasando de padres a hijos, aunque hoy día la electrónica y sus derivados hayan relegado al olvido parte de estas canciones que parecían inmortales por su excelencia, así como aquellos juegos que hicieron las delicias de nuestra infancia. Si bien es de esperar que sigan escuchándose y formando parte de nuestra memoria colectiva al igual que El Señor Don Gato, Al pasar la barca, Mambrú se fue a la guerra, Soy capitán de un barco inglés y algunas otras, como Duérmete niño, que se susurraban a los pequeños que tardaban en dormirse.

Existen diversas versiones u opiniones sobre el origen de nuestro infantil Cocherito, aunque la más popular y que más adeptos has tenido es la que designa como autor al compositor vizcaíno Carmelo Bernaola –miembro de la conocida como Generación del 51, creador que a mediados del siglo xx abarcó diversos géneros tanto sinfónicos o de cámara como composiciones para el cine o la televisión (Recuérdese la serie Verano Azul o el programa La Clave y la canción Mambrú se fue a la guerra también a él debida)–, que Ricardo López Aranda y Ángel Fernández Montesinos incluyeron en una obra musical llamada El Cocherito leré, estrenada en 1966, en el teatro María Guerrero, de Madrid, que tiene escenas basadas en canciones y cuentos infantiles, como nuestro Cocherito, que por ser una melodía muy pegadiza –como otras antes señaladas– era apropiada para formar parte de juegos colectivos acompasando sus movimientos, algunos de los cuales precisaban destreza física, como el salto de la comba, por ejemplo; o el mismo Cocherito, que se ejecutaba del modo siguiente: Dos niñas daban la comba, mientras entra otra y salta a ritmo, agachándose mientras las dos que mueven la cuerda la levantan por encima de la cabeza de la que salta, cuantas veces se diga ‘leré’.

La versión más conocida es:

El cocherito leré
me dijo anoche, leré
que si quería, leré
montar en coche, leré.
Y yo le dije, leré,
con gran salero, leré:
No quiero coche, leré
que me mareo, leré.

Sin embargo, otras versiones –como la que tienen en Don Benito– la finalizan añadiendo:

El nombre de María
que cinco letras tiene
La M, la A, la R
La I, la A: MARÍA.

Versos que en otros pueblos –como el salmantino Monterrubio de la Sierra– los desligan del resto del Cocherito y los representan:

El nombre de María,
que cinco letras tiene:
La M,
la A,
la R,
la I,
la A.
MA-RI-A

Aunque no son las únicas versiones de la canción. En algunos pueblos de Extremadura, después del «me mareo, leré», se añade:

Si te mareas, leré,
toma jarabe, leré,
que en la botica, leré
lo dan de balde, leré.

Versos que tienen su variante en las también salmantina Macotera:

Si te mareas, leré,
irás a la botica, leré,
que el boticario, leré,
te da pastillas, leré.

Aunque tal vez la menos conocida de las versiones sea es la que tras decir la niña que se marea, continúa:

Niña bonita leré,
si te mareas leré
irás solita leré,
hasta tu aldea leré
Ay, cocherito leré,
sí quiero coche leré
paso a pasito leré,
hasta mi aldea leré.
Y al hablar del nombre de María, pregunta: ¿qué cinco letras tiene?, concluyendo:
La M, la A, la R, la I, la A
M-A-R-Í-A

Esta canción –al igual que otras infantiles– se han tenido y se siguen teniendo como alegres y divertidas, destinadas especialmente a servir de entretenimiento y diversión de los jóvenes de tiempos pasados, cuando no tenían las posibilidades que hoy tienen los actuales. Sin embargo, hay un estudio –HOLA.com– de este tipo de juegos infantiles donde el autor o autora cree ver «un lado oscuro» en las letras de algunas de aquellas canciones, que hay amenazas veladas y que si se analizan con detalle sus letras «no son realmente muy infantiles y que en vez de divertir parece que incitaran a otra cosa». Entre estas letras con amenazas veladas y poco infantiles estaría la Nana que se cantaba en nuestros pueblos

Duérmete, niño,
que viene el coco,
y se come a los niños
que duermen poco…

que tiene como variante:

Duérmete, niño,
duérmete ya,
que viene el coco
y te comerá.

El mismo autor o autora del mencionado artículo añade que en otras canciones infantiles harto conocidas no se aprecia el «lado oscuro» antes mencionado, sino que en sus letras se incluyen algunas frases o alusiones que pueden considerarse «machistas». Tal sería el caso de El Cocherito leré –sobre el que volveré más adelante–; Al pasar la barca –donde la oferta hecha a la niña por parte del barquero llevaría implícito un intento de ligar o aprovecharse de ella llamándola «bonita», piropo que es rechazado por ella cuando dice que no es bonita ni lo quiere ser–; el capitán del barco inglés –Soy capitán– que es considerado un machista y redomado Don Juan al decir que en cada puerto tenía una mujer; Así planchaba así, así / así planchaba que yo la vi y que por ello «no podía nunca ir a jugar por tener que estar haciendo todas las labores domésticas»; entre otras.

Y volviendo atrás cabe reseñarse que la canción del título de este artículo hace mención a un «Cocherito» –conductor de un coche o chófer– y no a un «Cochecito» –vehículo de tracción mecánica o animal–, como el Cocherito Lerén, un pequeño carro «tirado por un borrico o mulito que por un par de gordas o un real hacía gozar a los pequeños en las soleadas tardes de otoño e invierno, los luminosos días de primavera, o los atardeceres del caluroso verano» –«El Cochecito Lerén». Sabor Añejo-blogger– en numerosas ciudades españolas, como Sevilla, donde en Triana había «uno de estos ‘Cochecito Lerén’, propiedad de Arturo Torres, de la familia conocida como la de los ‘jueces’ de la Cava de los Gitanos, un apodo que les vino de su abuelo ‘porque era muy serio’».

No cabe la menor duda de que es «Cocherito» y no «Cochecito» el término correcto, que es más acorde con el resto de la letra de la canción, porque a pesar de ser una cantilena infantil –donde a veces se personifica a seres inanimados– en ésta se aprecia claramente que es una persona y no un vehículo quien se dirige a la muchacha, tal vez con intenciones deshonestas, de ahí que autor o autora del trabajo mencionado crea apreciar en ella algo de machismo, por supuesto visto desde su punto de vista actual. Aunque, en mi opinión, no creo que fuera ésta la intención que guió a Carmelo Bernaola cuando la compuso.



El cocherito leré

RODRIGUEZ PLASENCIA, José Luis

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 472.

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