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Revista de Folklore número

470



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Puente Encarnado. Un pequeño puente con historia, sobre el río Esgueva en Valladolid

ALONSO DIEZ, Jesús

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 470 - sumario >



Resumen

El puente Encarnado forma parte de la historia del siglo xix en Valladolid, aunque siempre fuera un puente humilde, utilizado preferentemente por el gremio de labradores. Testigo de una batalla entre las fuerzas carlistas y absolutistas, no se pudo reconstruir totalmente de piedra, como se había previsto, en honor de los defensores de la ciudad. Sin embargo, sus pilares se terminaron construyendo con sillares procedentes de tres de los edificios más emblemáticos de la ciudad: la Casa de la Cebada, el convento de San Francisco y la Buena Moza de la Catedral, destruida tras el terremoto de Lisboa de 1755. Hoy en día permanece oculto, a la espera de que el descubrimiento de esta historia le haga merecedor de una mayor protección.

Palabras clave. Puente Encarnado, puente de la tiá Juliana, puente del Martinete, puente del Martillete.

El puente Encarnado cumplió un papel muy importante, especialmente para el gremio de labradores, que tenía que cruzarlo con sus carros para introducir los productos agrícolas procedentes del este de la ciudad. Este paso era arriesgado, puesto que hasta mediados del siglo xix era de madera y se encontraba en pésimas condiciones.

Aunque son muchos los legajos que hacen referencia a este puente y su situación, los habitantes del este de la ciudad tienden a confundirlo con el del ferrocarril, quizá por su proximidad, puesto que este último cruza el Esgueva, quinientos metros aguas abajo (fotos 1 y 2).

Para deshacer esta confusión, y para que el lector tenga un mejor conocimiento de la ubicación del puente Encarnado, incluimos unas fotografías de su entorno, en las que se puede ver, desde el puente, el nuevo barrio Los Santos-Pilarica (foto 3), y desde el camino del Martinete, el puente camuflado entre el carrizal y los arbustos del Esgueva (foto 4).

En este trabajo veremos varios documentos que dejarán suficientemente claro cual es el puente Encarnado. El primero de los documentos en que se menciona el puente Encarnado por este nombre, de los que se han consultado en el Archivo Municipal de Valladolid, data de 1829. Por lo tanto, si en este año ya existía el puente Encarnado, y el ferrocarril llegó en 1856, la única posibilidad de que el puente del ferrocarril sea el Encarnado es que, por la proximidad entre los dos, la Compañía de los Ferrocarriles del Norte hubiera asignado este nombre al suyo; pero como vamos a comprobar, esto no es así.

Ya que, como dicen, todo está en los libros, para aclarar esta situación fue necesario investigar en el Archivo y Museo del Ferrocarril en Madrid. En la respuesta del citado Archivo –al cual hay que agradecer su amabilidad– se puede comprobar, gracias a los documentos facilitados, que al citado puente ni siquiera le asignaron un nombre; simplemente figura como puente sobre el río Esgueva. Parece claro, por lo tanto, que el puente del ferrocarril no es el puente Encarnado.

Por otro lado, la abundante documentación del Archivo Municipal de Valladolid (en adelante AMVA) nos permite dejar bien clara la localización del puente:

En un documento de 1851[1] (documento 1) se trata la rectificación de línea del camino que va desde el Puente Encarnado hasta el enlace con la carretera de Burgos. Este camino, que posteriormente se llamó carretera de circunvalación, actualmente es el paseo de Juan Carlos I.

En otro documento del mismo legajo[2] (documento 2) podemos apreciar el presupuesto para la ejecución de la obra «del tramo que va desde el puente Encarnado hasta 298 pies mas allá del camino nuevo de Renedo en el camino alto».

Estos datos, y los planos que vamos a ver a continuación, confirman una vez más que el puente Encarnado era por el que pasaba el camino que en algún documento llaman de Madrid a Burgos, y que enlazaba con la carretera de Cabezón dirección Burgos.

Sobre el plano de Francisco Balaguer (plano 1), de 1879, se ha señalado en rojo el trazado del camino Madrid Burgos, tramo entre la actual calle Tórtola y el que fue paso a nivel de la carretera de Renedo; y sobre el plano de Montaner y Simón (plano 2), de 1897, se ha resaltado, en amarillo, el tramo comprendido entre la carretera de Madrid y la carretera de Renedo –aunque no aparece en el mapa el primer tramo–.

En estos dos planos[3] se observa el trazado del camino Madrid Burgos –después llamada carretera de circunvalación, y actualmente Paseo de Juan Carlos I–. Como se puede apreciar en las imágenes, hemos añadido los nombres de los lugares por donde pasaba el camino, entre ellos el puente Encarnado sobre el ramal sur del Esgueva, motivo de este trabajo.

En aquel momento, eran tres los caminos por los que se podía ir a Renedo: el camino alto y el camino bajo partían del mismo punto, la puerta o portillo del Prado, y solo al llegar a lo que fue el paso a nivel de la carretera de Renedo, –lugar donde se encuentra actualmente el apeadero de la Universidad– se partía en dos; el camino alto iba más o menos por lo que fue (y en parte sigue siendo porque se utiliza hasta el enlace con la Ronda Este) la antigua carretera de Renedo que va por el Tomillo; y el camino bajo, también llamado camino viejo, iba por la derecha, casi en paralelo con el camino alto hasta el que fue puente del Emperador, posteriormente llamado de la Reina. Y así figuran en el plano de Joseph Santos Calderón de 1788[4] (plano 3). Actualmente sigue existiendo la calle Camino Viejo de Renedo; situada sobre las trazas de lo que fue el viejo camino, parte de la glorieta situada en el Paseo de Juan Carlos I, a la altura del antiguo paso a nivel de la carretera de Renedo.

El tercero de estos caminos partía de la puerta de la segunda muralla en San Juan; de ahí salía por lo que hoy es la calle Renedo, cruzando el portillo de la Pólvora hacia el paso a nivel de la Pilarica, calle Puente la Reina, y según el plano de D. Joseph Santos de 1788, anteriormente citado, seguía en paralelo con el ramal sur hasta el puente de la Reina.

Una vez aclarada la confusión entre el puente Encarnado y el del ferrocarril, y concretada su ubicación, vamos a seguir los rastros documentales del AMVA, –al cual como siempre, doy las gracias por la documentación obtenida en el mismo– para demostrar que no es el puente del ferrocarril, pero sí el llamado vulgarmente de la tiá Juliana, recuperando algunos momentos de la historia de este pequeño puente de la ciudad.

1. Historia del puente Encarnado según los documentos del Archivo Municipal de Valladolid

El mal estado del puente se recoge ya en un documento del año 1829[5] (documento3) que dice lo siguiente:

El puente llamado el Encarnado padece alguna quiebra que alparecer (sic) podría remediarse apoco coste, redundando en beneficio delos labradores que están haciendo su recolecion de frutos ha acordado ponerlo en noticia de VSS…

Parece ser que en esta ocasión, como en otras, solo hubo buenas intenciones, y que no se llegó a reparar. Posteriormente, en 1838, hubo otro intento; sin embargo, aunque en este caso parecía ir más en serio, tampoco se llevó a cabo, ya que la construcción del nuevo puente no llegaría hasta 1842.

Para seguir con la interesante historia de su construcción, vamos a ver unos documentos que dejan bien clara la situación del puente.

2. Proyecto de construcción de un puente de piedra donde había uno de madera

En la página dos del expediente que instruye la Diputación de Valladolid entre los años 1837 y 1842 (documento 4)[6] se recoge la aprobación del proyecto de reforma de la Casa de la Cebada y de construcción del puente Encarnado. Si bien la reforma de la Casa de la Cebada se llevó a cabo en los primeros años, el puente no se construyó hasta 1842, aunque el primer proyecto era de 1838[7] (plano 4).

De hecho, en la página 45 de este legajo se dice que el puente «se realizó con el objeto de perpetuar la memoria del triunfo obtenido en aquel sitio por las armas Nacionales el 24 de septiembre de 1837…».

Dice el texto «que se realizó con el objeto de perpetuar la memoria… », lo cierto es que aunque daban por hecho que se iba realizar, no se llegó a construir.

Batalla carlista

El «triunfo» al que se refiere el expediente es una batalla que tuvo lugar entre las tropas absolutistas y carlistas en las proximidades del puente Encarnado, el 24 de septiembre de 1837. Este hecho aparece reflejado en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, de Pascual Madoz:

D. Juan Antonio Zariátegui, vino amenazándola. Valladolid indefensa, sin tropas, sin fortificación y sin esperanza de ser socorrida, le abrió las puertas el 18 de septiembre, y este prudente jefe trató al vecindario con benignidad y consideración. Era dueño de la c., excepto del fuerte a que puso sitio, cuando el 24 se presentó á la vista de ella el barón de Carondelet con su división, compuesta de 6.800 infantes y 150 caballos. La posición de Zariátegui era ventajosa, mucho más contando con fuerzas superiores a las de su enemigo, y ocupando una gran pobl. de que podía sacar recursos: más fiado en esta misma superioridad de fuerzas, convino a sus miras salir con su división, y cerca de los muros aceptó y sostuvo un obstinado combate, pero al fin evacuó la c. y cedió el campo, no sin alguna pérdida que también sufrieron las filas de la reina. Seis días estuvo sitiado el fuerte; más se salvó su guarnición, muchas familias que en el se metieron y con ellas 16 piezas de artillería y un repuesto considerable de efectos y pertrechos de guerra, que si hubieran caido en poder de los carlistas, acaso las tropas de la reina no hubieran alcanzado esta victoria.

Resumiendo el relato de Pascual Madoz, el general Carlista Juan Antonio Zariategui llegó a Valladolid con un gran ejercito y se adueñó de la ciudad desvalida. Enterado el barón de Carondelet de lo sucedido, se presentó en Valladolid con su división compuesta por 6.800 infantes y 150 caballos, muy inferior a las fuerzas de Zariategui. El barón de Carondelet acordó con el general Zariategui salir extramuros de la ciudad y allí combatir –en las proximidades del puente Encarnado–. El ejército de Carondelet, aun siendo inferior, venció a Zariátegui, motivo por el cual, cuando en 1838 proyectan el puente, se lo quieren dedicar a los valientes y bravos defensores de la ciudad[8].

Como se puede ver en el plano citado anteriormente, además del puente, quisieron levantar también una columna conmemorativa en homenaje a los bravos soldados que según reza en el documento, lucharon en ese lugar (plano 5, columna)[9].

En la página 55 del mismo expediente se puede apreciar que el coste del puente, que no llegó a construirse, era de 11 548 reales de vellón y la columna 1840. Esta se realizará «primeramente por una piedra para la caña de la columna de 2 pies en quadro (sic) y 14 de largo de las canteras del campo espero [Campo áspero-Campaspero]».

Tras la muerte de Fernando VII y los enfrentamientos entre los carlistas, seguidores de su hermano, y los absolutistas, partidarios de Isabel II y la regenta María Cristina de Borbón, España se encontraba en la ruina y no había dinero para nada, así es que la construcción del puente no se realizó hasta 1842.

3. Por fin se construye el puente –con historia–

Como ya hemos visto, la primera intención de construirlo fue en 1829, pero debido a la escasez de fondos se deja en suspenso. En 1838, como consecuencia de la batalla librada en 1837, el Ayuntamiento no tenía un real, aunque le sobraban buenas intenciones: después de realizar y presentar el proyecto, se vuelve a dejar en suspenso.

En 1842 al fin se construye el puente. Debido como siempre a los escasos fondos que tenía en sus arcas, el Ayuntamiento reunió al gremio de labradores –que según los responsables del Ayuntamiento eran los más beneficiados– y les propuso lo siguiente: nosotros ponemos la piedra y mano de obra y vosotros transportáis los materiales.

Los labradores, que no veían el día ni la hora en la que se construyera el puente –recordemos que era de madera y corrían el riesgo de caer al río porque se hallaba en pésimas condiciones– acceden, y gracias a esta especie de trueque llegan a un acuerdo y comienza la obra.

¿Por qué es un puente con historia?

Porque la piedra empleada en su construcción viene de tres edificios históricos en Valladolid. Como ya hemos visto en el proyecto de 1837, se estaba reconstruyendo la Casa de la Cebada; pues bien, las primera piedras que emplean en la construcción del puente fueron las que habían sobrado en la reforma de dicho edificio.

Pero el 16 de abril de 1842 dicen los responsables de la obra que, para continuar, además de la piedra que tienen ya labrada, son necesarios otros cuarenta carros más. (documento 5)[10].

No hay suficiente piedra. ¿Y ahora qué?

Aquí viene lo bueno de la historia. Ya hemos visto que necesitaban cuarenta carros más… ¿de dónde los van a sacar? Ordenan a los labradores que vayan a buscarla al convento de San Francisco, que como consecuencia de las ideas del señor Mendizábal había quedado en el abandono y fue finalmente derribado.

Carro va, carro viene, al convento de San Francisco, hasta que ocurre lo mismo que con la casa de la cebada; se acaba la piedra y no está terminado el puente.

¿Y ahora qué? Otra vez se acabó la piedra.

El 19 de abril de 1842, el Ayuntamiento acordó que se diera «comisión al Regidor González para que en unión del Arquitecto de Ciudad y con urgencia se acerquen a la Santa Iglesia Catedral y elijan las piedras bastantes para el objeto expresado, en el caso de no haberlas en aquellas porciones, de las canteras más inmediatas» (documento 6)[11].

¿Por qué a por piedras a la catedral?

Cuentan que, debido al terremoto de Lisboa de 1755, la torre de la catedral hoy desaparecida, y conocida como la Buena Moza entonces, se resintió y en el año 1841 se derrumbó.

Finalización de la obra del puente

Por fin se acabó la construcción del puente –de momento, porque en 1887 vuelven a la carga–. Hay que tener en cuenta que realmente en 1842 solo construyeron los cuatro pilares de sillería que siguen actualmente en pie (foto 5); el resto era de madera y por eso, en 1887, de nuevo los labradores se quejan porque los maderos que sujetaban la calzada estaban podridos y temían hundirse cuando pasaban con los carros.

Para este proyecto de 1842 no se tiene constancia de que haya plano del puente, o al menos un servidor no lo ha encontrado. Por ello, se ha realizado un fotomontaje (fotomontaje 1)[12] tomando como referencia la foto actual en la que se ven los pilares. Por lo que se aprecia en los documentos y la reforma que vamos a ver a continuación, solo construyeron de piedra los pilares; lo demás fue de madera como se puede apreciar en el fotomontaje y, por este motivo, en 1887 deciden colocar unos tableros metálicos a modo de pavimento para poder asegurar la circulación de los carros.

4. Reforma de 1887

Como se puede ver en la primera página de un legajo lleno de tachaduras (documento 7)[13], se trata del «expediente de subasta para la colocación de un tablero metálico con destino al puente de l[a Reina, tachado] Martinete». Como vemos, cada vez que levantaban acta lo llamaban de una forma.

Cuarenta y dos años después de construir los pilares de sillería, el deterioro se había apoderado del puente, y la madera podrida ponía en peligro la circulación, especialmente de los carros.

Siendo de la mayor necesidad reparar el Puente del Martinete cerrado hoy al paso por hallarse en estado de ruina y aceptada ya la idea de que el nuevo tablero sea de hierro, como quiera que los actuales estrivos y pilas (sic) han de aprovecharse…

Dice que los estribos y pilas han de aprovecharse porque se hallan en buen estado: ciento treinta años después siguen en pie. El problema no estaba en los estribos y pilares; el estado de ruina que dice el documento se debía a los atirantados y al tablero en general, ya que eran de madera.

El día nueve de noviembre de 1887, tuvo lugar la subasta para la instalación de un tablero metálico. El desgraciadito postor que se la llevó se llamaba Félix Valle y se hizo con ella presentando su propuesta con un céntimo a la baja, que no era nada para lo que se estilaba en aquella época, en la que llegaban hasta un 16 % a la baja.

¿Por qué decía que se llevó la subasta el desgraciadito Félix Valle? Por una razón muy sencilla, porque no sabía en que lío se metía, y seguro que si lo hubiera sabido, habría salido corriendo del Ayuntamiento sin mirar atrás, por si acaso le pasaba lo que a la mujer de Lot.

¿Por qué es un puente con historia?

Hasta aquí hemos visto que las piedras de los pilares que sujetan el puente procedían de edificios históricos de Valladolid. En sus inmediaciones se libró una batalla carlista, y en honor de los defensores de la ciudad quisieron construir un puente que se dejó suspendido en el aire porque no teníamos un real. Vamos a ver ahora una historia que podríamos enmarcar, y llamar chapuza nacional.

El 23 de noviembre de 1886, la comisión de obras se dirige al señor alcalde con estas palabras:

Las maderas se hallan pasadas de tal suerte que no es posible otra reparación que echar un tablero nuevo sobre los estribos que se hallan en buen estado, y este tablero dado que sus dimensiones son pequeñas sería más conveniente hacerlo de hierro[14].

Como los pilares y los estribos son de piedra, y se hallan en perfecto estado, deciden construir un tablero metálico de chapas combadas, o chapas de palastro.

En la página seis del proyecto que se redacta a tal efecto se dice que «la calzada habrá de formarse sobre chapas de hierro de palastro convadas (sic) y en esta hipotesis tendremos para la carga permanente por metro cuadrado». Se pueden ver el proyecto los cálculos de peso por metro cuadrado para un carro de dos ruedas de peso de 2000 kg, o un camión de peso de 4000 kg (documento 8 y 9)[15].

Es posible que alguien piense, ¿camión en aquella época? Pues sí; no es lo mismo «automóvil de transporte de mercancías», que es el concepto actual de camión, que, el significado que le daban entonces. Según la RAE, un camión era un vehículo de cuatro o más ruedas que se usaba para el transporte de grandes cargas; por lo tanto, en aquella época, aquellas carretas grandes de cuatro ruedas que se utilizaban en el transporte, se llamaban camiones. En el siguiente fotomontaje podemos ver un camión del siglo xix (Fotomontaje 2)[16].

Una vez aclarado este punto, vamos a seguir con los tableros metálicos y las peripecias del señor Félix Valle, con el pliego presentado a la subasta (documento 10)[17]. Anteriormente hemos visto que se la llevó porque lo hizo un céntimo por ciento a la baja, pero ¿por qué se lo adjudicaron a él? Sencillamente, porque fue el único postor.

En el pliego se ve que el tablero se construirá en el camino del Martinete. Se conoce que como de ahí partía el camino del Martillete, tomaron como referencia el nombre del camino, que no es Martinete, sino Martillete.

En la hoja diecinueve del proyecto se puede leer que «con objeto de llevar a cabo la subasta pública por pliegos cerrados para la construcción de un tablero metálico con destino al puente de la Reina…». Vemos que le han vuelto a cambiar el nombre al puente; ahora lo llaman de la Reina, aunque este último puente se encontraba a cuatro kilómetros. No tardando mucho veremos otro documento en el que lo llamarán de otra forma.

Se empiezan a complicar las cosas

En la hoja veinte del legajo se barrunta que el asunto del tablero metálico se complica. El 13 de diciembre de 1887 el señor Felix Valle presenta en el Excelentísimo Ayuntamiento el siguiente suplicatorio:

D. Felix Valle contratista de un tablero metálico para el puente del Martinete a V. E. espone (sic) que disponiendo una de las condiciones de contrata que el plazo para la ejecución de las obras ha de ser de dos meses y no habiendo medio de hacer en las fábricas de España las chapas de palastro que han de formar el piso del Puente por la forma especial de las mismas, he tenido previsión de recurrir a Bélgica de donde aunque el precio es doble que el de contrata me las remitirán pero necesitan un plazo de cincuenta días, por lo que a V. E. recurro.

Al día siguiente, el 14 de diciembre, la Comisión de Obras, enterada de la instancia presentada por el contratista, solicita al señor alcalde que conceda esa prorroga de cincuenta días.

Antes de continuar, cerramos los ojos y pensamos: año 1887, ¡comunicación con Bélgica!… las comunicaciones y el transporte no eran tan rápidos… ¿es posible solucionar este problema en cincuenta días?

El 19 de mayo de 1888, el señor Félix del Valle se dirige de nuevo al Excelentísimo Ayuntamiento exponiendo la delicada situación que se le presenta, y dice que, «habiendo contratado todo el material necesario para la referida construcción con la casa Aranar y Compañía de Bilbao, la que se encargó de adquirirlo de otra de Belgica á suspendido pagos declarándose en quiebra sin haber terminado el compromiso…» (página 38).

Con esta instancia el contratista solicita se le amplíe el plazo de terminación de la construcción. El 26 de mayo el Ayuntamiento acuerda la prórroga, y el 12 de junio se lo comunican. Como vemos, después de seis meses de la primera solicitud de prórroga vuelve a dirigirse al Ayuntamiento exponiendo el gran problema que tiene encima.

En la hoja 23 se pueden ver con detalle los hierros empleados y el peso de los mismos (Documento 11)[18]. Aquí ya lo vuelven a llamar puente Encarnado.

Se acabó la construcción de los tableros metálicos y reforma del puente

El día 7 de agosto de 1888 la Comisión de Obras se dirige al señor alcalde:

terminado el montaje del tablero metálico que se acordó colocar en el Puente Encarnado, procede el cumplimiento de los artículos 21 primer inciso del 22 del pliego de condiciones referente a las pruebas y recepción provisional del referido tablero. Lo que pongo en conocimiento de V.S. para los efectos que estime oportunos. Dios que á V. S.

Para enmarcar

Sin haber pasado los responsables del Ayuntamiento a reconocer la obra acabada para la recepción provisional, un ciudadano ansioso por ser el primero en estrenar el puente entra en el mismo con un carro cargado y…

sobre las seis ó seis y media de la tarde del día de ayer al pasar un carro cargado por el Puente Encarnado recién construido sobre la Esgueva a inmediaciones del Martinete, se rompió una parte del atirantado abriéndose un fuerte boquete que impide el tránsito público, sin que afortunadamente haya ocurrido desgracia alguna (documento 12)[19].

Sin estrenar se hunde

En vista de lo ocurrido, los técnicos del Ayuntamiento pasaron a reconocer la avería. Concluida la inspección ocular, el arquitecto del Ayuntamiento dice que el trabajo está bien hecho y que los materiales cumplen con las bases técnicas del proyecto.

Las piezas que componen el tablero son, á juzgar por lo que de su examen se deduce, de buena calidad y tienen las dimensiones que el pliego de condiciones señala, no pudiendo por tanto imputarse responsabilidad al contratista. La avería debe atribuirse al poco espesor de las planchas convadas (sic) que sustentan el pavimento, espesor que aun para las cargas establecidas en los cálculos es algo débil. Según en la memoria del Proyecto se manifiesta, el Puente ha de ser de tránsito de paso limitado puesto que su resistencia está determinada para carros de un eje y dos toneladas ó de dos ejes y cuatro toneladas. El carro que produjo la deformación y desprendimiento de las planchas pesaba seguramente cuatro toneladas.

Es curiosa la exposición de los responsables del proyecto en la que se dictamina sobre lo ocurrido. Para empezar, las chapas cumplen con las normas del proyecto, pero después se dice que el espesor para las cargas establecidas es algo débil, lo que quiere decir que reconocen que no se ha calculado bien la resistencia de las mismas.

Como suele ocurrir en estos casos, al final paga el pato el pobre inocente, en este caso el responsable del carro, que sin quererlo se vio envuelto en un lío; también hay que decir que si el transportista no hubiera pasado hasta que se realizasen las pruebas establecidas, el accidente no habría ocurrido… o sí, porque aunque el cálculo de los cuatro mil kilos estaba establecido para los carros de dos ejes, o cuatro o más ruedas, el accidentado solo tenía un eje o dos ruedas (Fotomontaje 3)[20].

En el artículo 21 de las condiciones facultativas se dice que

terminado el puente se procederá a las pruebas que consistirán;

1.ª En hacer transitar por el al paso ordinario dos camiones con un peso ordinario de cuatro toneladas cada uno.

2.ª En dejar durante dos horas sobre cada uno de los tramos de dimensiones diferentes uno de los camiones que hubiesen servido para la anterior.

En los planos (Plano 6 y 7)[21] se pueden apreciar las chapas de palastro y las viguetas mencionadas en el documento. Como las maderas anteriores estaban podridas, construyen el pavimento a base de hierro, viguetas y chapas de palastro; incluso las barandillas también eran metálicas.

4.-Última reparación realizada antes del plan de saneamiento de Recaredo Uhagón.

En 1902, catorce años después de este incidente, urge de nuevo reparar el puente. El arquitecto municipal del Ayuntamiento de Valladolid se dirige a la Comisión de Obras, diciendo que

diferentes veces, unas por escrito y otras de palabra, he dado aviso del mal estado en que se encuentra el tablero del puente titulado «el encarnado» sobre el brazo sur del Esgueva.

Llegada la época inmediata á la recolección todos los años ha habido que hacer reparaciones de alguna importancia en el tablero…

Al final de esta solicitud del arquitecto municipal, solicitando la urgente reparación, explica que ha «ordenado se prohíba el paso por dicho puente anunciándolo con postes indicadores».

Enterada la Comisión de Obras, lo pone en conocimiento del señor alcalde, que contesta en los siguientes términos:

dada cuenta del anterior dictamen el Ayuntamiento acordó se contrate el arreglo del puente Encarnado, con la Compañía Anónima del «hormigón armado» establecida en Bilbao, abonándola el importe de la obra. La mitad, terminado que sea el arreglo del citado tablero y la otra mitad al año siguiente (página 14).

El 26 de abril de 1900, la Compañía Anónima del Hormigón Armado de Bilbao presenta su compromiso para la construcción de un tablero de hormigón armado en el puente Encarnado, según proyecto del arquitecto municipal, don Juan Agapito y Revilla. Adjuntamos anuncio del proyecto del tablero de hormigón y planos (Documento 13)[22], (Plano 8)[23].

Con el plan de saneamiento del señor Uhagón, realizado entre los años 1907 y 1910, se dio un repaso al puente, y posteriormente lo volvieron a retocar en la última gran obra de remodelación del Esgueva, ya hace veintitrés años.

Una triste historia

Antes de dar fin a este trabajo, vamos a ver la triste historia de una desgraciada y desvalida familia, que sucedió en las inmediaciones del puente Encarnado[24].

En el año 1868 hicieron una gran obra de encauzamiento en el ramal sur, entre el puente de la Reina y el de Vadillos; el tramo de encauzamiento suponía una longitud de 4100 m. Al lado del puente Encarnado construyeron una casilla para que pudiera guarecerse el vigilante de la obra.

Cuando acabó la obra de encauzamiento, el contratista vendió la casilla a Ángel Pérez, el mencionado encargado de la vigilancia de las obras, que vivía en ella con su familia. Por lo que se puede ver en el documento, Ángel Pérez y su esposa fallecieron dejando seis descendientes huérfanos, la más pequeña de dieciocho meses… El drama estaba servido.

En marzo de 1874, el caminero Fermín, encargado de mantenimiento del tramo de carretera comprendido entre el portillo de la Pólvora y el puente Encarnado –hoy calles Gabriel y Galán y Puente la Reina– comunicó a la Alcaldía que habían cortado cuatro árboles en la ribera del Esgueva, en el tramo de su competencia.

El alcalde de las afueras de las puertas de Tudela, al cual le competía esta zona, da parte del suceso que le había comunicado el caminero Fermín. Poniéndose de acuerdo ambos, el alcalde mencionado y Fermín el caminero, se personaron en la casilla inmediata al puente referido, y allí se dice que encontraron el cuerpo del delito –los cuatro chopos–.

Debido a la situación de familia desestructurada, compuesta por seis huérfanos, se conoce que los chicos hacían algunas picias y como consecuencia de ello, rápido sospecharon que podían ser los culpables. Aunque la declaración del huérfano mayor, en su carta dirigida al señor alcalde suplicando clemencia, no coincide con lo declarado por el caminero Fermín, ya que explica que su hermano Francisco había roto un álamo.

Como consecuencia de estos sucesos, deciden derribar la caseta en la que vivían los seis huérfanos, y el mayor de los hermanos, Ángel Pérez, pide clemencia al señor alcalde[25]:

Sr. Alcalde Constitucional de esta Capital

Ángel Pérez, vecino de esta ciudad, domiciliado en la caseta sita al lado del puente Encarnado y márgenes del Rio Esgueva huérfano con seis hermanos, a V.S. con sumisión debida espero: que sus difuntos padres fueron empleados por V.S. en dicho puente para la guarda y conservación de la Esgueva y su arbolado el año de 1867 continuando sus servicios por dos años hasta que se le dio el empleo de cobranza de rodaje en el expresado puente a cuyo efecto edificó una caseta de adobe por cuenta del contratista del encauzamiento del rio Esgueva cuya caseta después de ejecutadas las obras se la vendió a sus difuntos padres continuando disfrutando la posesión hasta la fecha. En la actualidad se le ha hecho saber que se destruya dicha chavola, sobre la paga de 20 pesetas importe de un alamo que mi hermano Francisco ha roto. Sr.; el recurrente menor de edad, en unión de sus cinco hermanos, que se hallan a su cargo, si se lleva a cumplido y debido efecto de destrucción de la caseta se les coloca en la desgraciada suerte de tener que ir a implorar la caridad pública cuando arrastradamente por el mundo con su hermanita de edad de 18 meses la cual intervino el suplicante se dedica al trabajo para adquirir la subsistencia para ellos, la cuida una prima suya cuya circunstancia le impulsa a molestar la superior atención de V. S.

Suplicando: se digne disponer: que continúe dicha caseta en su ser y estado, previo abono de un canon ó censo anual que tenga a bien imponer por el solar y del árbol destruido cuando mejoren de fortuna. Gracias que desea merecer de su acreditada justificación y bondad y vivirán rogando que Dios en vida dilatados años para proteger a los desgraciados. Valladolid, marzo 12 de 1874.

Conclusión

En este trabajo hemos expuesto la historia de un pequeño e insignificante puente sobre el río Esgueva, situado extramuros, al este de la ciudad de Valladolid; historia que no tienen otros aparentemente más importantes a primera vista.

Junto a este lugar se libró una batalla carlista, y como consecuencia, quisieron hacer una reforma en el puente, e instalar una columna conmemorativa en honor a los bravos y heroicos soldados que allí lucharon, pero que desafortunadamente no se llegó a realizar.

El actual tablero de hormigón lo soportan unos pilares y sillares de hace ciento ochenta años, que antes formaron parte de tres edificios emblemáticos en Valladolid; y esto se lo debemos a la reconstrucción de la Casa de la Cebada, al señor Mendizábal, y al terremoto de Lisboa de 1755.

Cuarenta y seis años después de la construcción de estos pilares, como consecuencia del pésimo estado en el que se encontraba el maderamen del puente, instalaron un tablero de chapas metálicas combadas, y antes de su inauguración pasó un carro cargado y se abrió un boquete, quedando el carro colgado; y en 1888 lo vuelven a reconstruir echando un tablero de hormigón armado que duró hasta la gran obra realizada hace veintitrés años.

Esta es pues, la historia del puente Encarnado, que a unos les parecerá interesante y a otro no, pero que forma parte de un pasado que será mejor que no vuelva.

Este pequeño puente sobre el río Esgueva no está recogido en el Catálogo del patrimonio histórico fluvial, pero debería incluirse por la historia que cuentan sus pilares, ocultos bajo la actual calzada de asfalto. Puede que sea por su situación alejada del resto de los puentes catalogados sobre el Esgueva, pero esto no quiere decir que no se pueda catalogar si posteriormente se descubren elementos con méritos para ello, como los expuestos en este artículo.

Una vez más, gracias al Archivo Municipal de Valladolid y al personal que amablemente atiende a los que investigamos en el mismo; al Museo del Ferrocarril por su aportación documental; y a las demás entidades históricas por conservar el patrimonio de todos.




BIBLIOGRAFÍA

Madoz, Pascual, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, 1845-1850.

Montero Herrero, Emilio, «Luis Ángel Carondelet y Castaños», en Real Academia de la Historia, Diccionario biográfico electrónico (http://dbe.rah.es/biografias/10833/luis-angel-carondelet-y-castanos).




NOTAS

[1] AMVA, CH-379.

[2] AMVA, CH-379.

[3] AMVA, Cartografía de Valladolid, Planos históricos. Planos de Francisco Balaguer, 1879; Montaner y Simón, 1897.

[4] AMVA, Cartografía de Valladolid, Planos históricos. Plano de D. Joseph Santos Calderón, 1788.

[5] AMVA, CH-374-83.

[6] AMVA, CH-00375-110.

[7] AMVA, CH-00375-110. Plano del proyecto del puente Encarnado (Plano 4).

[8] En el Diccionario Biográfico Electrónico de la Real Academia de la Historia se puede leer la trayectoria militar de Luis Ángel Carondelet y Castaños, barón de Carondelet, y su participación en la batalla en Valladolid, el 24 de septiembre de 1837.

[9] AMVA, C-00375-110.

[10] AMVA, C-00375-110.

[11] AMVA, CH-375-110, p. 70.

[12] Jesús Alonso Diez, Puente Encarnado.

[13] AMVA, CH-318-27.

[14] AMVA, CH-318-027, hoja 2.

[15] AMVA, CH-318-027.

[16] Jesús Alonso Diez, Camión del siglo XIX.

[17] AMVA, CH-318-027, hoja 18.

[18] AMVA, CH-318-027.

[19] AMVA, CH-318-027.

[20] Jesús Alonso Diez, El carro sobrecargado se hunde.

[21] AMVA, CH-00318-027.

[22] AMVA, Anuncio del proyecto de construcción de un tablero de hormigón.

[23] AMVA, CH-00318- 027, Plano del puente y tablero hormigón.

[24] AMVA, CH-402-052.

[25] AMVA, CH-402-52.



Puente Encarnado. Un pequeño puente con historia, sobre el río Esgueva en Valladolid

ALONSO DIEZ, Jesús

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 470.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz