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Revista de Folklore número

468



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Análisis del léxico entomológico en el poema épico burlesco «La Moschea» de José de Villaviciosa (1615)

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 468 - sumario >



1. Introducción

Una singular obra de nuestra literatura aurea, publicada el año 1615 en Cuenca, «La Moschea. Poética inventiva en octava rima»[1], por un autor nada prolífico, José de Villaviciosa, recrea en tono épico burlesco, un conflicto bélico entre hormigas y moscas con la participación de aliados del mismo jaez. El poema remeda al editado en Venecia el año 1521, «La Moscheae»[2], escrito en latín macarrónico por Teófilo Folengo (alias Merlín Cocayo), pero las inevitables coincidencias en nada empecen la originalidad creativa para encumbrarlo al grado de obra maestra del género.

Las dudas manifestadas por Crawford (1912) sobre la antedicha aseveración, se desvanecen ante un corpus compuesto por 8112 versos que septuplican los 1242 del macarrónico (González Palencia, 1928), en el que, entre otros detalles, descuella un exuberante léxico digno de todo encomio (Freixas Alás, 2004; Morreale, 2015; Luján Atienza, 2002). Así, en el relativo a los contendientes encontramos, junto a los sustantivos que los identifican, esto es, las denominaciones vulgares, voces derivadas de algunos de ellos que suponen una muy enriquecedora aportación léxica.

Estos nombres vernáculos fueron incorporados a la lengua romance, en un lapso multisecular, provenientes en su mayor parte del latín, también del griego, aunque son muy significativos, en general, carecen de precisión, no señalan a una especie determinada, si no a diversas pertenecientes a un único taxón o a varios, próximos o distanciados en la escala filogenética.

Por ello, el presente trabajo tiene como objetivo el reconocimiento de la fauna luchadora, con énfasis en las coincidencias que guarda con el poema macarrónico; para la precisión de los nombres científicos, nos atendremos al significado etimológico de cada vocablo, a la correspondiente historia en romance sin obviar el sentido que les atribuye el autor.

2. Léxico entomológico (s. l.)[3]

El número de voces alusivas a animales artrópodos, la línea zoológica más abundante y diversa del Reino Animal, registradas por nosotros en «La Moschea. Poética inventiva en octava rima», se eleva a 62 (Tabla, 1); treintaicinco son denominaciones uninominales, con la excepción de «alguacil de moscas» y «vaca de San Antón»; las veintisiete restantes, generadas por derivación, dispuestas al lado del nombre con el que comparten la raíz, amplían el respectivo campo léxico.

Tabla 1. Voces alusivas a animales artrópodos

abeja

abejón

○ abejonia

alguacil

aluda

arador

araña

○ arañicida

○ arañil

avispa

caballete

cénzalo

○ cenzala

○ cenzalino/a

chicharra

chinche

○ chinchón

○ chinchona

cigarra

○ cigarrina

escarabajo

escorpión

gorgojo

grana

grillo

gusano

hormiga

○ formígena

○ hormígena

○ hormiguesa

langosta

liendre

lucérniga

○ lucernigable

mirmilión

○ mirmiliona

○ mirmilionico

mosca

○ mosquil

○ mosquino/a

○ mosquita

moscón

mosquino

mosquito

nepa

piojo

○ piojesca

○ piojil

pulga

○ pulguesca

○ pulguino/a

pulgón

○ pulgona

tábano

○ tabana

○ tabanesco/a

○ tabanicida

○ tabanismo

tarántola

vaca

zángano

○ zángana

El inventario de nombres vernáculos allegado muestra elevada coincidencia con los correspondientes a las obras de la literatura áurea estudiadas con anterioridad (Santiago-Álvarez, 2017a, b, c y d; 2018a y b y 2019), así como con el que los engloba, el recogido en el acervo paremiológico, la cultura popular llegada a nosotros por transmisión oral (Santiago-Álvarez, 2012b y 2014); no obstante, apuntamos ocho nuevas incorporaciones: alguacil, caballete, cénzalo, lucérniga, mirmilión, mosquino, nepa y vaca.

3. Examen de los nombres vernáculos y las voces derivadas

Abeja, f. [Cant. I, vv. 265, 559, 563; Cant. IV, vv. 290, 297; Cant. VIII, vv. 499, 527, 543, 554, 567, 573, 583; Cant. IX, vv. 441, 485; Cant. XI, vv. 453, 631; Cant. XII, v. 226]

Esta voz patrimonial viene del lat. apicula (dim. de apis, is), documentada en romance desde épocas muy tempranas:

La fazienda de ultra mar (Almerich, s. xii): «e fallo en el cuerpo del león .i. ensanne d’abeias e myel. (pág. 209)»

Fuero Juzgo (1241): «Titol de las abeias, y del danno que facen. (Lib. VIII, Tit. VI.)»

Libro del caballero et del escudero (D. Juan Manuel, 1326): «Et ay otras que son entre manera de bestias et de aues, asi commo morçiellagos et mariposas et avejas et abispas et todas las maneras de las moscas. (Cap. XL: 62-64, pág. 89 en Vol I)»

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490): «Apes apis dende viene piarium que es el colmenar do las aueias fazen la miel y hic apiaster que es el colmenero maestro de las aueias (24d)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «abeja, apes, apis, ar. năhla, nahăl (II, lex. fol. 1r)»

Alude, casi de modo exclusivo, por ende, nombre común, al himenóptero, Apis melífera L. (Hymenoptera: Apidae), productor de la cera y la miel, organizado en sociedades perdurables donde a la reina, fecunda, acompañan cientos de hembras estériles, obreras, provistas de punzante aguijón caudal y algunos machos, zánganos, inermes. Villaviciosa concede a este insecto un curioso protagonismo en el enfrentamiento bélico, que le ha escatimado Folengo.

Abejón, m. [Cant. I, v. 562; Cant. IX, vv. 565, 571, 593, 596, 597, 600, 601, 603, 605, 607, 613, 617, 630; Cant. XI, v. 252]

La voz comparte antigüedad con la anterior, de la que deriva (aum. de abeja), pero tiene sentido polisémico, como descifraremos en secuencia cronológica. El vocablo fue acuñado para designar a himenópteros sociales de gran tamaño, Bombus hortorum L., B. terrestris L. etc. (Hymenoptera: Apidae), color obscuro, vellosos, machos inermes, hembras con punzante aguijón caudal,

Libro de Alexandre (1250): «Al que una vegada firién los abejones, (2173a)»,

vuelo muy sonoro:

El corbacho (Martínez de Toledo, 1438): «quasi el oyr fallesce paresce como que oye abejones en el oreja (1ª Parte, Cap. III)»,

carácter implícito en el nombre científico del género, Bombus, de βόμβος, -ου (bómbos, -ou, zumbido), relacionado con el verbo βομβέω (bombéo, zumbar).

Por el grandor corporal, el zángano de la colmena (v. infra) se hizo acreedor de este nombre:

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490): «Fucus. aueion que no obrando cosa alguna en las enjambres se mete ende para consumir la miel aiena. (171b)»

Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos de Dioscórides (Laguna, 1555): «Mezclados en los enxambres andan unos abejonazos, llamados zánganos, de los quales se sirven las abejas como d’esclavos (Lib. II, cáp. LXXVI)»

El «escarabajo sanjuanero», Melolontha melolonta L., M. paposa Ill., Amphimallon solsticialis (L.), etc. (Coleóptera: Scarabaeidae), recibe este apelativo, por asociación de corpulencia y ruidoso vuelo:

Sumario de la natural y general historia de las Indias (Fernández de Oviedo, 1525): «es una avecica que demás de su pequeñez tiene tanta velocidad e presteza en el volar que viéndola en el aire no se le pueden considerar las alas de otra manera que las de los escarabajos o abejones, e no hay persona que le vea volar que piense que es otra cosa sino abejón (Cap. XLVII)».

Por último, el nombre se aplica a otro himenóptero de gran tamaño, el véspido social, Vespa crabro L. (Hymenoptera: Vespidae), de abdomen amarillo anaranjado con bandas transversales marrón obscuro, hembras con punzante aguijón caudal, audaz cazador de abejas, así como de gruesos dípteros, los tabánidos, etc.:

Obra de Agricultura (Alonso de Herrera, 1513): «Hagan grandes rayas por amor delos fuegos pongan de noche algún fuego cerca como no reciban ellas daño y con ello se espantan mucho los ossos y siempre procuren matar las avispas porque matan mucho las abejas y también maten vnos abejones grandazos que las persiguen. (Lib. V, cap. VIII, fol. 133v)».

Este es el insecto al que presta su atención Villaviciosa:

«Hay hermosos y bravos animales

a quien llaman avispas y abejones

que a las abejas hurtan los panales

(Cant. I. vv. 561-563)»

señalado de un modo más explícito en el relato del duelo mantenido con el tábano, que principia así:

«Éste fue desde niño aficionado

al ejercicio militar de suerte

que con cuantos sus fuerzas ha probado

han probado con él su misma muerte.

Tal vez de un abejón desafiado

fue cuerpo a cuerpo el tabanesco fuerte,

en cuyo desafío hizo modo

que se dio a conocer al mundo todo (Cant. IX, vv. 561-568)» etc.

deleitosa escena de un enfrentamiento real en naturaleza, apenas esbozada por Folengo:

«Hic habuit quondam uno cum Vespone duellum

Qui tándem multo victor honore fuit.» (Lib. II, 125-126)

no obstante, nuestro autor desestima la traslación de vespone en avispón, se inclina por el equivalente, abejón. La elección quedó reafirmada dos lustros más tarde por el Lic. Gerónimo de Huerta (1624), traductor de Naturalis Historiae de Cayo Plinio Segundo, quien, al enfrentarse al Cap. XXI del Lib. XI:

«Vespae in sublimi e luto nidos faciunt, et in his ceras, crabrones in cavernis aut sub terra.( (Lib. XI, cap. XXI. T. sec. pag. 512)» [«Las avispas hacen su nido de lodo en parte alta, y en ellos hacen sus ceras. Los abejones en las cavernas y debajo de tierra (Tomo I, pág. 853)»]

en la ANOTACIÓN aclaratoria reafirma que «A los crabrones llaman los españoles abejones. (Tomo I, pág. 854)»

A pesar de tanta predisposición bélicosa, no forma parte de las fuerzas luchadoras, tan solo un elemento anatómico de las hembras, el temido aguijón caudal, figura entre las armas empleadas en el combate.

• Abejonia, adj. [Cant. IX, v. 610]

La voz deriva de abejón por aplicación del sufijo de adjetivos y sustantivos -io, a, que denota perteneciente al abejón; es una creación de Villaviciosa que tan sólo aparece una vez en el texto y en el Diccionario Histórico de la Lengua Española 1960-1996 (RAE).

Alguacil, m. [Cant. II, v. 312; Cant. VII, v. 405]

Esta voz procede del ár. wazir (ministro), tiene notable antigüedad:

Cantar de Mío Cid (1140): «acostós’ a un aguazil que tenié buen cavallo, (v. 749)»;

Las Partidas (Alfonso X, 1256-63): «Alguazil llaman en arábigo aquel que ha de prender e de ajusticiar los omes en la Corte del Rey por su mandado, o de los juezes que juzgan los pleitos; (Part. II, Título IX, Ley XX. T. II, pág. 75)»;

pronto se aplicó para el fenómeno natural de la depredación:

Historia general y natural de las Indias (Fernández de Oviedo, 1548): «no hay criatura tan libre a quien falte su alguacil (lib. XII, cap. XXI, pág. 410)» «el caso es que, como dixe de suso, para cada animal hay un alguacil (lib. XIII, cap. IX, pág. 436)»

por esta vía saltó al léxico entomológico (s.l.) con un determinativo en la primera mitad del siglo XVI:

Janua Vitae (Castro, 1526): «alguacil de moscas, especie de araña, ar. alfred, alfebdrn, albaguahani, guazir dubbin (II, lex. fol. 3r)»

Agonia del tránsito de la muerte (Venegas, 1537): «Y como argulloso sofista, presuma hazer del cielo cebolla, y buelva en blanco lo negro, como el alguazil de moscas, que con las barbas blancas que muestra de fuera encubre los hábitos negros que tiene de dentro, con que prende las mocas. (Punto 3º, Cap. 22, fol. LXXXIIv)»

en alusión a la araña, «Salticus scenicus (Clerk) (Aranei: Salticidae)», que, sin el concurso de la consabida telaraña, suspendida de un hilo de seda, sobre una pared u otra superficie, acecha con astucia a su presa, la mosca, para atraparla con brusquedad por medio del salto; algo observado por Villaviciosa en más de una ocasión y así lo plasma en su poema, aunque con notoria ausencia en el macarrónico.

Aluda, f. [Cant. IV, v. 208, Cant. VII, vv. 273, 427; Cant. XI, v. 604]

La voz está emparentada con el adjetivo aludo (de alas grandes), hace referencia a la casta de las hormigas con alas, individuos sexuados, machos y hembras, que, de forma natural, una vez por año, salen para llevar a cabo la expansión de la especie en el espacio. La tenemos documentada con alguna antelación a la aparición de La Moschea:

Tesoro de la medicina (Tesoro de los remedios). Sevilla, Colombina 5117 (1431): «Et de que serán mollidos los poluos echalos en la libra del ollio sobredicho. Et esso mesmo echar con ello mil formigas aludas. fol. 54r (Herrera y González de Fauve, 1997)»

Sumario de la natural y general historia de las Indias (Fernández de Oviedo, 1525): «En aquellas partes hay aludas, de la misma manera que las hay en España; y asi, se hacen cuando a las hormigas les nacen alas, y son algo menores que las aludas de acá. (Cap. LIII)»

Nuestro autor está advertido de la emergencia anual de estos individuos, pasto fácil de animales insectívoros y otras muchas adversidades por su torpeza para el vuelo, por eso la vena popular sentenció que «nacieronle alas a la hormiga por su mal (Vallés, 1549)»; pero aun con esto, olvidadas por Folengo, las involucra en la refriega en el gremio de las caballerías.

Arador, m. [Cant. I, v. 128; Cant. V, v. 423; Cant. XII, v. 185; Cant. XII, v. 363]

Este sustantivo masculino, dilógico, es voz patrimonial, del lat. arator, -oris, pero en su primera acepción:

Diccionario latino-español (Nebrija, 1492): «Arator,-oris, por el gañán que ara»,

Diccionario español-latino (Nebrija, 1495): «Arador el gañán que ara, arator, -oris»;

que resulta antigua como refleja la literatura medieval:

General Estoria. 2ª Parte (Alfonso X, 1272): «Et parauas el arador arrimado a su esteua. & el pastor a su cayado (fol. 326v)»

Libro de Agricultura (Paladio, 1385): «E deue guardar el labrador o arador que el surco non aya mas delante de cxx pies.(fol.44r)»

queda fuera de nuestro interés léxico; por el contrario, en la segunda:

Diccionario latino-español (Nebrija, 1492): «Acarus, i, por el arador de la mano»,

Diccionario español-latino (Nebrija, 1495): «Arador el de la mano, acarus, ari»;

entra plenamente en el campo entomológico (s.l.), señala a un diminuto arácnido, el ácaro Sarcoptes scabiei (L.) (Acaridei: Sarcoptidae), ectoparásito en el cuerpo del hombre y otros animales, causante de la dolencia dérmica denominada sarna. La irrupción de esta acepción tuvo lugar en el primer tercio del siglo xv:

Crónica del rey don Rodrigo (Corral, 1430), «e como las vio que jugavan, llamó a la Caba, e díxole que le sacase aradores de las manos. (1ª Parte, cáp. CLXV)»

El libro de las propiedades de las cosas (Burgos, 1494): la versión en romance del manuscrito De proprietatibus rerum (Anglicus, 1240), donde el traductor traslada la expresión «syrones in manibus (Lib. XVIII, Cap CXIII; fol. 291v)» por «los aradores que son en las manos (Lib. XVIII, Cap. CVIII)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «arador en la mano, cibîna, cibîn»

Retrato de la Lozana andaluza (Delicado, 1528): «Llegaos aquí al sol, y sacáme un arador, y contáme cómo os va con los galanes d’este tiempo (Mam. XXXVIII, pág. 163)» «[….]. Por eso, dadme un alfiler, que yo os quiero sacar diez aradores, (Mam. XXXVIII, pág. 164)»

El ácaro fue descubierto en el s. xii por el médico hispanoárabe Avenzoar (Martínez de Anguiano, 1884), estuvo considerado, ab initio, efecto de la dermatosis hasta mediado el siglo xix cuando quedó confirmada su condición de causa (Doby, 1998). La hembra, a semejanza del arado sobre la tierra, horada la capa córnea superficial de la piel; los infestados acudían a la extracción de aradores de los túneles dérmicos para calmar el prurito, acción sutil como refleja la sabiduría popular: «No se caza arador a pala de azadón (Vallés, 1549)». La accesibilidad al microscópico ectoparásito inspira a Villaviciosa para incluirlo en su discurso, en tono burlesco, sin participación directa en la contienda.

Araña, f. [Cant. I, v. 254; Cant. III, v. 276: Cant. IV, vv. 348, 349; Cant. VII, vv. 375, 418; Cant. VIII, vv. 338, 475; Cant. IX, vv. 373, 430; Cant. X, vv. 294, 343, 357, 482, 488; Cant. XI, vv. 446, 463, 622, 628, 629, 807; Cant. XII, vv. 231, 424, 445, 461, 464, 514, 621, 646, 767, 784, 787]

Voz patrimonial, del lat. aranea, -ae, a su vez del gr. ἀράχνη, ης, documentada desde mediado el s. xiii:

Lapidario (Alfonso X, 1250): «Et su uertud es contra todos los tossicos de los animales que non son mucho empozonados assi como arannas & biespas. & tauanos; fol. 25v»;

Libro de los estados (D. Juan Manuel, 1327): «dixol que la justiçia del rey que deuia seer commo red de omne, mas non commo red de aranna: ca la red del aranna, si pasa por y vn paxaro o otra ave mayor, quebrantala et vase, mas pasa por y vna mosca, non la puede quebrantar, por que la mosca es muy flaca et finca y presa; (Parte II, Cap. XXXIX: 11-19)»;

Libro del buen amor (J. Ruiz, Arcipreste de Hita, 1343): «todos fuyen d’él luego como si fuese araña. 1526d)»;

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490): «Aranea.es gusano dícho del ayre porque faze filos en el ayre: llama se bombiçe (27d)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «araña, arachnae, arab. rutelia, ratla, ăanquabŭta (II. lex. fol. 4v)»

refiere un complejo de especies conocidas del hombre desde antiguo, unas viven en su habitación, Tegenaria domestica (Clerk) (Aranei: Agelenidae) etc., sinantrópicas, otras en ambiente natural, Thomisus onustus Wlk. (Aranei: Thomisidae) etc., pero todas tienen hábito alimenticio depredador; la mayoría fabrican vistosas telas de seda para la captura de sus presas.

La araña forma parte de las fuerzas combatientes al lado de la hormiga en uno y otro poema.

• Arañicida, adj. [Cant. IV, v. 357]

Este neologismo, creado por Villaviciosa, derivado de araña y el sufijo -cida (de caedo, is, ere, cecidi, caesum, matar), significa que mata a la araña, matador de arañas; el calificativo aparece una sola vez en el texto. Con toda probabilidad plasma el fenómeno natural de la captura de arañas por hembras de Himenópteros Aculeados, no sociales, Esfécidos y Pompilidos.

• Arañil, adj. [Cant. X, v. 607; Cant. XII, v. 47]

Este adjetivo es otro neologismo generado por Villaviciosa, deriva de araña con el sufijo de adjetivos, -il, que significa propio de la araña o perteneciente a ella; aparece recogido en el DRAE.

Avispa, f. [Cant. I, v. 562; Cant. VII, v. 392; Cant. XI, vv. 304, 317; Cant. XII, v. 151]

La voz es patrimonial procede del lat. vespa -ae, la tenemos documentada desde el s. xiii:

Libro de Alexandre (h. 1250): «Más trae una biespa de cruda vedegambre (792a)»,

Libro del caballero et del escudero (D. Juan Manuel, 1326): «Et ay otras que son entre manera de bestias et de aues, asi commo morçiellagos et mariposas et avejas et abispas et todas las maneras de las moscas. (Cap. XL: 62-64, pág. 89 en Vol I)»

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490), «Vespa. auispa que es animal pequeño volatile con aguijón ponçonoso (523b)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «abispa, dabŏra, dabŏr»

Janua Vitae (Castro, 1526): «avispa, vespa, e, icnehumon, ar. dabŏra (II. lex. fol. 1r)»

alude a especies de himenópteros con librea variegada, de amarillo con negro, Polistes gallicus (L.), Vespa vulgaris L. (Hymenoptera: Vespidae), que viven en sociedades no perdurables, cuyas hembras están provistas de aguijón caudal con el que pican solo si se interfiere con ellas. Villaviciosa, a diferencia de Folengo, concede cierto grado de protagonismo a la avispa, la dispone entre las caballerías partícipes en la contienda.

Caballete, m. [Cant. XI, vv. 165, 169, 311; Cant. XII, vv. 187, 265, 288, 313]

Esta voz derivada, dim. de caballo, que tiene destacada antigüedad:

Libros del astrolabio llano (Rabí Zag, 1277): «Cauallete dizen al pedaço de laton o de otra cosa que meten en el forado de almihuar. Et este cauallete faze grand pro en el astrolabio. Capitolo. xxij. fol. 72r»

es nombre inanimado (v. Autoridades; DRAE), por ello no entraría dentro de nuestro interés, pero la atenta lectura de los vv. 165-172 del Cant. XI alumbra un nuevo sentido con desviación a nombre animado de connotación entomológica (s. str.):

«Sobre un alado y largo caballete

manda a la pulga que furiosa embista

y el caballo sin par alzando el vuelo,

lleva sobre su lomo al Caganielo. (vv. 165-168)»

aquí vemos al rey de las pulgas por el aire montado en su cabalgadura, un imago o adulto de cuerpo alargado, que no tiene igual,

«Es este caballete única y sola

bestia sin otra alguna semejante (vv. 169-170)»

no admite comparación, resulta único,

«con alas altas y poblada cola, (v. 171)»

pues, los elementos del vuelo sólo interesan la región torácica, una formación apendicular endurecida, los cercos, prolonga el extremo caudal del abdomen; con todo, la montura muestra,

«presencia y cuello erguido y arrogante. (v. 172)»

porque tanto la notoria separación entre la cabeza y el tórax como el desembarazo alar del abdomen facilitan la gran movilidad que exhiben uno y otro tagma.

Los caracteres detallados nos permiten identificar al insecto Forficula auricularia L. (Dermaptera: Forficulidae):

«Adulto de cuerpo alargado, cilíndrico; cabeza casi horizontal, muy movible; protórax libre, meso y metatórax soldados; élitros cortos y coriáceos, alas membranosas, plegadas en abanico. El abdomen, alargado; muy móvil, con los cercos o pinzas, uniarticulados, casi rectilíneos en la hembra, arqueados en el macho. (Fig. 1)»

insecto de costumbres nocturnas, escondido durante el día en lugares húmedos y obscuros, en el campo aun en las casas: bajo piedras, macetas, cortezas de los árboles o en cualquier resquebrajadura u oquedad; pero si por alguna causa queda al descubierto se agita con movimientos rápidos (Alfaro, 2005).

Villaviciosa tiene conocimiento directo de esta especie antropófila, muy abundante en jardines, motivo por el que realiza tan bella y precisa descripción, superior a la hallada en el poema macarrónico:

«Festucum foeni pro lanza primus aferrat,

Et forbesinam stricte speronat Equam

Ista bifurcatam gestat mala bestia caudam,

Ob cuius rapidam surgit arena fugam. (Lib. III: 281-284)»

además, crea tan singular neologismo a pesar del nombre vulgar en romance, tajamocos[4] (Alonso de Herrera, 1528) y de las posibilidades ofrecidas por el sustantivo, forbesina (Ratti, 1990), relacionado con el latín forfex, -icis (tijera) de donde surge el diminutivo forfícula (tijera pequeña).

Este ignorado neologismo precedió en varias decenas de años a los nombres vulgares, cortapicos y tijeretas[5] (Terreros y Pando, 1786; Boutelou y Boutelou, 1804; Boutelou, 1805), con los que hoy se conoce a F. auricularia, aunque no suplantaron al ancestral que mantuvo vigencia largo tiempo: taja-moco, (Esteban Collantes y Alfaro, 1855; Casas, 1857); tajamocos, (Mieg, 1818; Colmeiro, 1859; Peris y Pérez, 1883).

Cénzalo. m. [Cant. IV, v. 151; Cant. V, v. 659; Cant. VIII, v. 337; Cant. IX, vv. 657, 675; Cant. X, vv. 322, 352, 473; Cant. XI, vv. 103, 142, 154, 202, 206, 326, 384, 422; Cant. XII, vv. 157, 263, 267, 286, 290, 293, 303, 311, 335]

Este vocablo, de etimología no esclarecida aun, aparece definido en el Diccionario de Autoridades (1726) del siguiente modo:

«zénzalo. s. m. el mosquito, que llaman zancudo, u de trompetilla. Lat. culex, -icis.», Villaviciosa (1615) La Moschea (Cant. IV, Oct. XIX, v. 151),

pero según Corominas y Pascual (1987) podría tratarse de un préstamo tomado del poema de Folengo:

«At zenzalarum multa Carina nodat, (Lib. II, v. 30)»

«Sanguileo gaudet, zenzalis obuius ibat, (Lib. II, v. 35)», etc.

aunque no descartan la presencia ancestral en castellano tal como se desprende del:

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490): «culex, animal pequeño mosquito bolante assi dicho por su aguijón con que saca sangre este es zenzal. (100d)»;

y lo que nosotros ahora adjuntamos, hallado en otros textos:

Janua Vitae (Castro, 1526): «cicara .i. zenzala, uirts eius e q frangit lapidr hoc animal cantat usque ad decrepitus ut dicunt Ysidorus (I, fol. 151v)»; «culex. a ial parvum volatile ab aculeo dr que sanguine trahix .i. zenzala (I, fol. 180r)»

Historia general y natural de las Indias (Fernández de Oviedo, 1548): «¿dónde pudo colocar la Natura tanto sentido en el mosquito, dicho çançal (que es el que canta), puesto que hay otros menores? (Tomo I, Lib. XV, Proemio)»

La lengua italiana tiene la voz zanzara que viene del latín tardío zinzala, onomatopeya del sonido producido por vibración alar (Ratti, 1990) en la aproximación y asiento sobre el biotopo cutáneo de la victima para extraer por picadura la sangre; documentada a comienzos del s. xiv:

La divina commedia[6] (Dante Aligheri, 1304-1321): «come la mosca cede alla zanzara (Inf. XXVI, v. 28)»

donde se alude a especies de dípteros nematóceros (Melis, 1956), pertenecientes a los géneros Culex sp., Anopheles sp., Aedes sp. (Diptera: Culicidae), cuyas hembras están impelidas a la ingestión de sangre para madurar los ovarios.

El autor de la Moschea asume para cénzalo el sentido de zanzara por tanto solo hace referencia a los culícidos, mosquitos hematófagos; elementos muy activos en la contienda del lado de la mosca.

• Cénzala, adj. [Cant. XI, 138, 231, 438]

Voz derivada, de cénzalo con la que se alude a la población de los cénzalos o mosquitos hematófagos; adjetivo gentilicio creado por Villaviciosa.

• Cenzalino, a. adj. [Cant. VIII, 433; Cant. IX, 681; Cant. XII, 346]a; [Cant. X, 456; Cant. XI, 698; Cant. XII, 226]

El DRAE incluye este vocablo derivado de cénzalo y el sufijo de adjetivos -ino/a, neologismo creación de Villaviciosa como aparece recogido en el Diccionario de Autoridades:

«zenzalino, na. adj. Lo que pertenece, o es propio del mosquito de trompetilla, o zancudo. Es voz inventada. Lat. Ad culicem pertinens. Villaviciosa, La Moschea, Cant. VIII, Oct. LV» «La plaga cenzlina, que persigue/con inaudito género de enojos (vv. 433-434)»

Chicharra, f. [Cant. III, v. 641; Cant. IV, vv. 87, 212; Cant. X, vv. 689, 706; Cant. XII, v. 224]

Este sustantivo femenino está relacionado con la voz chicarro, del dialecto mozárabe (Santiago-Álvarez, 2020), documentado en la primera mitad del siglo XVI:

Janua Vitae (Castro, 1526): «chicarro es lo mismo que chicharra que canta; ar. chicala (II. lex. fol. 15v)»

Origen y etimología de los vocablos originales de la lengua castellana (Rosal, 1601): «chicarro llamó el antiguo a la chicharra o cigarra»

Poema, Consuelo de Cornudos (Figueroa 1536-1585):

«Con ellos se aplaca el sol;

con ellos andan chicharras,

con ellos el caracol;

cantando el re, mi, fa, sol

los mosquitos y zigarras. (poema 290, vv. 111-115)»

Diálogos Familiares de Agricultura Cristiana (Pineda, 1588): «para cuya aprobación se aprovecha Atheneo del rocío, con que solamente se mantienen las cigarras, como dice Aristóteles, y que, cuando los hombres más sudan, cantan ellas más, pareciendo quererles poner esfuerzo; mas en caso que ellas más canten, es por ser mayor el calor, que las mueve a ello, también como a la chicharra. (Tomo II, Dialogo X, Cap. XXXII pág. 323)»

hace mención, de modo exclusivo (Bolívar, 1905; Santiago-Álvarez, 2020), a varias especies de la familia tetigónidos: Ephippiger ephippiger (Fieb.), Platystolus martinezi (Bol.), Steropleurus brunneri (Bol.), S. perezi (Bol.) etc. (Orthoptera-Ensifera: Tettigoniidae), con antenas muy largas, aparato bucal masticador, estridulación por frotamiento de un élitro con el opuesto, oviscapto largo y desarrollo conspicuo.

Estos sonoros insectos habitan terrenos baldíos e incultos, aunque de cuando en cuando, a peón o por el salto, invaden la vid y otros cultivos en busca de su alimento, actividad de la que está advertido nuestro autor; por eso, les impone el cometido de «heraldos» (González Palencia, 1928) del atribulado rey de las moscas.

Chinche, f. [Cant. I, v. 536; Cant. VII, vv. 355, 418; Cant. VIII, vv. 337, 450, 462; Cant. IX, vv. 374, 688; Cant. X, vv. 343, 353, 482, 488, 593; Cant. XI, vv. 342, 394, 430, 571, 620, 623, 725, 758; Cant. XII, vv. 205, 231, 251, 321, 329, 339, 554, 632, 808, 823]

Voz patrimonial, del lat. cimex, -icis, documentada desde el s. xiii:

Lapidario (Alfonso X, 1250): «El .xxvi. pora fazer foyr las chinches & las pulgas. (fol. 4v)»;

Libro de Agricultura (Paladio, 1385): «toma fezes de olio & mezclanse con fiel de brufol o de buey e vnta hombre el lecho & el lugar do son & tan tost morran las chinches (fol 32v)»; pág 35

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490): «cimex, -icis. es chinche vn gusano de semeiança en el fedor de vna yerva que en ello le semeia (75d)»;

Janua vitae (Castro 1526): «chinche o chisme, cimex -icis (II, lex. fol. 15v)»; «chisme lo mismo que chinche (II, lex. fol. 15v)»

Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos de Dioscórides (Laguna, 1555): «Entre todos los enemigos nocturnos, que rompen su dulce sueño y reposo al hombre, ninguno se halla tan cruel, tan pernicioso, ni tan pestifero, como es la chinche (Lib. II, cáp. XXXIV)»

alude, casi en sentido único, a la especie hematófaga Cimex lectularius (L.) (Hemiptera-Heteroptera: Cimicidae), en asociación con el hombre desde los más remotos tiempos (Doby, 1998), sinantrópica, lucífuga, de comportamiento gregario, refugiada durante el día en resquebrajaduras, grietas de paredes, catres, rodapiés, etc.

Villaviciosa, al igual que Folengo, concede gran protagonismo en la contienda, al lado de la hormiga, al molesto insecto que en la obscuridad de la noche y en lo más apacible del sueño desasosiega con sus picaduras; además, equipada de glándulas odoríferas produce un olor nauseabundo en las estancias infestadas.

• Chinchón, m. [Cant. VII, vv. 346, 350]

La voz deriva de chinche, con el sufijo de sustantivos y adjetivos -ón, de valor aumentativo, es una libertad de Villaviciosa por la que concede al término una nueva acepción al sugerir que se trata de una chinche grande.

• Chinchona, adj. [Cant. X, v. 608]

Voz generada del mismo modo que la anterior por Villaviciosa, con el sufijo de sustantivos y adjetivos, -ón, na, de valor aumentativo, para significar la lengua de las chinches.

Cigarra, f. [Cant. XI, vv. 135, 265; Cant. XII, v. 199]

Este vocablo patrimonial del lat. cicada, -ae, está documentado desde mediado el siglo xiii:

Libro de Alexandre (1250): «cüando la çigarra non quiero olvidar. (2137d)»

Libro de los azores (Anónimo, 1300): «Et toma la cigarra et ffazla polvos e dágela a comer con la carne. Cap. VII; Fradejas Rueda, 1985)»

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490): «cicade, nasce delo que escupen las aues llamadas cículos dan gran sonido enel estío (74b)», «Ciculi, son vnas aues assí dichas porque su mesma boz de las quales diximos quando se fizo mençión de las çicadas o çigaras: buelue a buscar lo de suso (74b)»;

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «cigarra, chicăla, chicăl»

Janua Vitae (Castro, 1526): «cigarra, lat. cicada e. ar. chicala (lex. fol. 15r)»

Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos de Dioscórides (Laguna, 1555): «Las cigarras son unos animalejos que carecen de boca, en lugar de la qual tienen cierta lengüeta encima del pecho, cóncava, o acanalada, con que lamen el rocío de las plantas, para se sustentar. (Lib. II, cáp. XLV)»

hace referencia, de modo exclusivo (Bolívar, 1905; Santiago-Álvarez, 2020), a varias especies de la familia cicádidos: Cicada orni L., Cicadetta brullei Fieb., Tibicen plebejus (Scop.), etc. (Hemiptera-Homoptera: Cicadidae), cuyas ninfas cumplen su desarrollo enterradas en el suelo, los adultos en hábitat aéreo, son arborícolas, con aparato bucal picador chupador, los machos estridulan por vibración de un par de membranas (timbales) dispuestas en la parte anterior del abdomen.

Villaviciosa sabe que a la cigarra se la siente más que se la ve, porque hincado el pico en el hospedante, árbol o arbusto, para extraer la savia, el mimetismo la enmascara; además, apenas alza el vuelo, por todo ello no le concede protagonismo en su poema pues se lo ha llevado la deambulante chicharra; tan solo una parte de su anatómica, la zanca, es empleada como arma de combate.

• Cigarrina, adj. [Cant. XI, 223]

Voz derivada de cigarra y el sufijo de sustantivos y adjetivos, -in, -ina, de valor diminutivo; no figura en los diccionarios.

Escarabajo, m. [Cant. III, v. 248; Cant. XI, v. 273; Cant. XII, v. 145]

Voz patrimonial, del lat. vulg. scarafaius variante del lat. scarabaeus, la documentación da comienzo en el siglo xiii:

General Estoria. 1ª Parte. (Alfonso X, 1272): «Aun dizen otros que scrabones son escarauaios, (lib. XV, cap. XXXI, pág. 428)»

More Nebuchin o Guía de descarriados Maimónides (Pedro de Toledo, 1419): «fallaras en sus libros que al sol dios grande suyo aplegauan siete mill & siete rratones & siete escarauajos & siete aues & abonda esta aborresçion contra la naturaleza vmana (fol. 112v)»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «cicindela, es una manera de escarauaios que vuelan de noche y volando reluzen (74b)» «Scarabeo escaruaio que nasçe delos cauallos como las langostas delos mulos es pequeño animal que vuela i tiene los oíos enla çima dela cabeça. (437b)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «escarabajo, abufacǐç, abufacicǐt»

Janua Vitae (Castro, 1526), «escarabajo, lat. scarabeus, -i, fullo, -onis ar. abufacir (II. lex. fol. 23v)»

El término hace alusión a las especies de coleópteros escarabeidos (Coleoptera: Scarabaeidae) de gran tamaño, con antenas mazudas y lameliformes, vuelo ruidoso, unas especies participan en la descomposición de la materia orgánica, las coprófagas, Scarabaeus sacer L., etc. (Scarabaeinae) otras son fitófagas, Melolontha melolonta L., M. paposa Ill., Amphimallon solsticialis (L.), etc. (Melolonthinae). Villaviciosa los dispone como animales de carga, al igual que Folengo; además, acude al despojo tegumentario que resta después de muertos como elemento para protección de guerreros.

Escorpión, m. [Cant. III, 296; 483]

El término proviene del lat. scorpio, -onis que a su vez procede del gr. σκορπίος, ου, documentado desde muy pronto:

La fazienda de Ultra Mar (Almerich, s. XII): «Enbio el Nuestro Sennor en el pueblo culuebros e escorpiones. (pág 88)»; «si myo padre vos maio con verdugos, yo vos batré con escorpiones (pág. 152)»;

Los signos que aparecerán antes del juicio final (Berceo, 1220-1250): «39 Comerlos han las sierpes e los escorpiones, que han amargos dientes, agudos aguijones»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia 1490): «scorpio, alacrán que es gusano con aguijon assi dicho del griego porque finca la cola y feriendo echa ponçoña en la llaga.» «Scorpio es saeta emponçoñada que echan con arco o con pertrecho lo qual en feriendo a los ombres dexa la ponçoña en la llaga; ….la que llamamos ballesta los antiguos llamauan scorpion que lança saetas. Dizen scorpiones un linaie de açote doblado o son scorpiones grandes maderos puestos en pertrecho, assi que scorpio es cosa adaptada a pertrechos de guerra (440b)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «escorpión, animal venenoso, ar. acrab, lat. scorpius -ii, scorpio -onis, nepa -e (II, lex. fol. 23v)» «escorpión, signo (II, lex. fol. 23v)»

muestra sentido polisémico, alude a un instrumento de guerra, un signo zodiacal y al temido arácnido; pero Villaviciosa se ha decantado por el signo zodiacal.

Gorgojo, m. [Cant. IV, v. 53]

Voz patrimonial, del lat. vulg. gurgulio, -onis, lat. curculio, -onis, remonta su antigüedad en romance al siglo xiv:

Libro de Agricultura (Paladio, 1385): «el qual por las cosas de suso dichas es conseruado de gorgojo et de papalones et de todas otras bestias que y pueden nozer. (fol 21v, pág. 22)» «E después puedes las alzar, et no avras miedo de gorgojo. (fol. 147r, pág. 160)»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «curculio es el gusano del trigo que dizen gorgoio (101d)» «gurgulio es un animal que es quasi todo garguero: el gorgojo (186d)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «gorgojo que come trigo, çŭce, çuç,»

Obra de Agricultura (Alonso de Herrera, 1513): «porque efte viento es muy humedo y haze prefto corromper qualquier cofa de eftas que fon para guardar, y haze que el pan crie gorgojo (Lib. I cap. X fol. XIIv)» «Si gorgojo nafce dize Columella que no trafpalen el trigo lo qual algunos hazen penfando que aprovechan, por que el dize que el gorgojo no fe cria fino en la sobrehaz del monton, y no cala en hondo mas de un palmo (Lib. I cap. XI, fol. XIVr)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «gorgojo que come trigo, lat. gurgulio, -onis, midas (II. lex. fol. 29r)»

alude a los curculionidos Sitophilus granrius (L.), S. oryzae (L.) (Coleoptera: Curculionidae) que atacan a los granos de cereales, trigo, arroz, etc.; Villaviciosa realiza una alusión erudita de este insecto dañino en graneros sin ninguna trascendencia para la trama bélica.

Grana, f. [Cant. II, v. 197]

El término viene del lat. granum, -i, (grano, pepita), documentado desde mediado el s. XIII:

Poema de Fernán González (Anónimo, 1250): «a en syerras e valles mucha de buena mata, todas llenas de grana por afer escarlata (copla, 150)»; «Ayuntaron se en uno en un fuerte Vallejo…, cojen y mucha grana con que tinnen de bermejo, (copla 746)»

Libro del caballero et del escudero (D. Juan Manuel, 1326): «Et en estos coscojos ay en algunas tierras en que naçe grana, que es cosa muy provechosa (Cap. XLV: 41-42, en Vol I)»;

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia 1490): «et rosada la saya que otros dizen phenicea y nosotros coccínea por de grana. Rosa de color quermesi muy vistosa i fermosa. (422d)», «rubrum enbermegezido color de grana (423d)», «rubrun dizimos al granillo de la grana que los griegos llaman coccum (423d)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «grana, color, cărmeç »

Janua Vitae (Castro, 1526): «grana, karmes, chermes (II. lex. fol. 29r)»

designa al insecto parásito sedentario de la coscoja, Kermes vermilio (Planch.) (Hemiptera-Homoptera: Kermesidae), un cóccido o cochinilla, cuyas hembras adquieren forma esférica de las que se extrae un preciado colorante, el carmín. La presencia en la obra de Villaviciosa es puramente anecdótica, deja entrever el posible tráfico comercial entre los dos continentes bañados por el Mediterráneo.

Grillo, m. [Cant. III, v. 216; Cant. IX, vv. 227, 529; Cant. X, vv. 89, 97, 100, 102, 105, 111, 136; Cant. XI, vv. 399, 417; Cant. XII, vv. 528, 724]

Voz patrimonial, del lat gryllus, -i, documentada en la literatura medieval desde el siglo xiii:

Ms. bíblico escurialense I.j.8 (s. xiii). «El vocabulario. I. El Universo. 3. La fauna, f) Insectos. grillo. (Oroz, 1946; pág. 314)»

Biblia de Alba (Arragel, 1422-1433): «quanto a la verdat de la fe dixo don Pedro, arçobispo de Seuilla, boz de grillo, quanto a la verdat de la fe non se muda ninguna cosa que assy en los doze como en los catorze se falla, (I, cap. VII, pág. 7)» «segund que dicho he, en aquel dicho conpendio del dicho don Pedro, voz de grillo, arçobispo de Seuilla, el qual es a mi asas enformaçion (I, cap. X, pág. 9)»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia 1490): «Grilus, grillo es animal assi nombrado por el son de la boz, este forada la tierra y anda en apartado y chilla de noche. (185d)»

alude a ortópteros de color obscuro, Gryllus campestris L., Melanogryllus desertus (Pall.), Acheta domesticus L. etc. (Orthoptera-Ensifera: Gryllidae), antenas largas, fémures de las patas posteriores engrosados para el salto, no suelen volar, fototropismo negativo, el macho produce en la obscuridad una estridulación monótona y molesta.

El grillo es uno de los insectos más conocidos, vive en áreas antropizadas e incluso una especie ha invadido las dependencias del hombre, A. domesticus, sinantrópica; en ambos poemas aparece incluido en el gremio de las caballerías.

Gusano. m. [Cant. VII, v. 43; Cant. X, v. 545]

Vocablo de origen incierto cuya antigüedad en romance resulta notable:

La fazienda de Ultra Mar (Almerich, s. xii): «E otro dya enbyo Nuestro Sennor un gusano e firio en la yedra e secos (págs. 119; 203)»

Libro de Alexandre (1250): «nunca crían en ellas nin gusanos nin ranas;(1493c)»

Conde Lucanor (D. Juan Manuel 1335): «Et estaba lleno de gusanos et olia peor que ninguna cosa por mala ni por podrida que fuese (50-51, Exemplo XIIII, pág. 120, vol.II)»;

Biblia de Alba (Arragel, 1422-1433): «E non escucharon a Moysen, e algunos dexaron dello fasta la mañana, e crio gusanos e olio mal; e ensañase contra ellos Moysen. (Exo. XXVIII. I, pág. 186)» «Viñas plantaras e labraras e vino non beueras nin cogeras, que se lo comera el gusano. (Deu. XXVIII. I, pág. 456)» «E apareio el Señor vn gusano por la mañana, e firio la yedra e secose. (Jonas, IV. II, pág.380) »

El Libro de las propiedades de las cosas (Burgos, 1494): «ay muchas maneras de gusanos. Ca algunos son de agua otros son de tierra y otros son de las yerbas [...] E otros son de animales que se engendran quando son muertos y aun quando biven (Lib. XVIII, cap. CVIII)»;

Obra de Agricultura (Alonso de Herrera, 1513): «y si tovieren gufanos los mançanos, efcavenlos muy bien en el invierno y echen en el efcava eftiercol de cabras (Lib. III, cap. XXX, fol. LXXXIV)»

tiene sentido genérico, señala a las larvas vermiformes de los insectos holometábolos, también a los anélidos, acuáticos, sanguijuela, o terrícolas, lombriz de tierra, etc. y otros. La presencia en la Moschea parece un recurso retórico, aunque colegimos que Villaviciosa hace referencia al artrópodo Quilópodo, Scolopendra cingulatta (Latraille) (Scolopendromorpha: Scolopendridae), el ciempiés; así lo intuimos en los versos:

«De la piel de un gusano el Mosquifuro

soberbio armado va de punta en verde,

por ser reparo tan terrible y duro

que nunca falta ni su fuerza pierde.

Y aunque iba sin las armas bien seguro,

quiere que en los cien pies se le recuerde

aun a Jupiter santo y soberano

el miedo que le puso Centimano. (Cant. X, 545-552)»

«Lleva la piel vestida de manera

desde la zanca larga hasta la cara

y todos los cien pies saliendo fuera

que aun a los dioses pienso que espantara. (Cant. X, vv. 553-556)»

además, su participación en la batalla tiene carácter anecdótico.

Hormiga, f. [Cant. I, v. 333; Cant. II, v. 433; Cant. III, v. 174; Cant. IV, vv. 218, 231, 496, 166, 368, 599; Cant. VII, vv. 123, 135, 144, 148, 152, 175, 190, 224, 231, 236, 247, 262, 268, 310, 360, 504, 514, 556, 570; Cant. VIII, vv. 337, 401, 405, 414; Cant. IX, vv. 376, 400, 452, 711, 717, 721; Cant. X, vv. 277, 328, 340, 353, 396, 449, 481, 488, 492, 506, 528, 543, 563, 582, 657, 666, 677, 697; Cant. XI, vv. 344, 485, 602, 649, 666, 723, 757, 809; Cant. XII, vv. 261, 376, 420, 424, 446, 454, 659, 661, 665, 681, 714, 772, 814, 823, 841]

Esta voz patrimonial, del lat. formica, ae, la encontramos documentada en los comienzos, mediado el siglo xiii, con la grafía, formiga:

Libro de los animales que cazan (Moamín, 1250): «tomen de las formigas chicas peso de medio diño de plata emuélanlas, (fol. 140v)» «tomen tres formigas grandes e de los uevos de las formigas, (fol. 186v)»

Conde Lucanor (D. Juan Manuel 1335): «placer me ya que sopiesedes lo que face la formiga para mantenimiento de su vida. (14, Exemplo XXIII, pág. 176, vol.II)»;

Libro de Agricultura (Paladio, 1385): «Contra formigas, sy han forado dentro del huerto aue el coraçon dela oliua & metelo sobre el forado & moriran (pág. 34, fol. 32r)» «Contra formigas toma de la orenga que es yerua & mezclala, mojandola con sufre, (pág 36, fol. 33v)» «E por miedo que formigas nonlas coman emboluer las en lana. (pág. 60, fol. 56r)»

Biblia de Alba (Arragel, 1422-1433): «Ve a la formiga, perezoso; considera las sus vias, e sabio seras.(II, Prov. VI, pág. 748)» «Las formigas veemos que non son pueblo fuerte nin tragon, e con todo esto, adereçan en el verano el su pan (II, Prov. XXX, pág. 767)».

El libro de las propiedades de las cosas (Burgos, 1494): «Formiga es dicha quasi trayente migas [….] La formiga es muy fotil e haze fu prouision en el eftío para el ynuierno (Lib. XVIII, cap. XLVIII)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «hormiga, nẽmle, nẽmel»

Janua Vitae (Castro, 1526): «hormiga, formica (II, lex., fol. 32v)»

denota un conjunto de especies de sin igual semejanza, Lasius niger (L.), Messor barbarus L., Tapinoma erraticum Latr., Crematogaster scutellaris (Olivier) etc. (Hymen.: Formicidae), organizadas en sociedades subterráneas, cuyos efectivos salen y a peón, en grandes filas, marchan en busca del alimento que transportan asido por las potentes mandíbulas. Este insecto ocupa un destacado lugar en el enfrentamiento bélico, tanto en este poema como en el macarrónico.

• Formígena, adj. [Cant. VII, 265]

Este cultismo es un préstamo tomado por Villaviciosa del poema de Folengo:

Inter formigenas nemo robustior illo (II, v. 225)

deriva de formiga con el sufijo de adjetivos -eno, a, que indica, procedencia, pertenencia o relación; adjetivo gentilicio.

• Hormígena, adj. [Cant. III, v.571; Cant. IV, v. 388; Cant. VII, vv. 186, 252; Cant. VIII, v. 380; Cant. IX, v. 750; Cant. XI, v. 461; Cant. XII, vv. 66, 203, 231]

El neologismo deriva de hormiga, y el sufijo de adjetivos -eno, a, es la traslación a la lengua romance de la voz anterior, adjetivo gentilicio.

• Hormiguesa, adj. [Cant. X, 607]

Voz generada del mismo modo que la anterior, de hormiga, y el sufijo de gentilicios, -és, sa, con la cual nuestro autor caracteriza la lengua de las hormigas.

Langosta, f. [Cant. II, v. 279; Cant. III, v. 633; Cant. IV, vv. 87, 211; Cant. VII, v. 110; Cant. X, v. 586; Cant. XI. vv. 100; 222, 256; Cant. XII, v. 193]

El sustantivo femenino langosta es patrimonial, deriva del latín locusta, ae, está documentado en romance desde muy pronto:

La fazienda de Ultra Mar (Almerich, s. XII): «Vino Moysen e Aaron a Pharaon e dixieronle:»Assi diz el Sennor de los Ebreos, dexa mio pueblo e servirme a, e si non dexares, cras aduzré la langosta en to termino e cobrira la faz de la tierra que non la podrán ver, e combra todo lo que remaso al pedrisco, e enplirse an las casas de los Egipcios que non vieron tantas tos parientes nin verán ja más (págs. 68; 146; 186)»

Libro de Alexandre (1250): «nol valió su imperio cuanto una langosta; (1812c)»

Libro del Buen Amor (J. Ruiz, Arcipreste de Hita 1343): «De Sant Ander vinieron las bermejas langostas (1111a)» (1ª cita del crustáceo marino),

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «locusta por langosta, assi de la mar como de la tierra por tener los pies que la fazen luenga. La langosta terrestre destruye los frutos y las miesses (251d)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «lagosta de tierra, jarăda, jarăd»

Janua Vitae (Castro, 1526): «locuste (I, fol. 316v) = lagostas» «lagosta de tierra, lat. locusta -e, aldra locustis, ar. jarada (II, lex. fol. 35r)»

se aplica para nombrar tanto a un insecto como a un crustáceo (Santiago-Álvarez, 2012b). Villaviciosa, al igual que Folengo, hace referencia al temible insecto, muy en particular a la langosta mediterránea o marroquí, Dociostaurus maroccanus (Thunberg) (Orthoptera: Acrididae), especie autóctona, causante de las seculares plagas ocurridas en nuestro territorio (Vázquez Lesmes y Santiago-Álvarez, 1993) de las que tenía sobrados conocimientos. La implica en la guerra incluida, como en el macarrónico, en el conjunto de las caballerías.

Liendre, f. [Cant. VI, vv. 284, 328, 351, 495, 534, 542; Cant. X, v. 32; Cant. XII, vv. 73, 80]

Esta voz patrimonial viene del lat. lens, lendis, documentada en romance con anterioridad a la aparición de la Moschea:

Tesoro de la medicina (Tesoro de los remedios). Sevilla, Colombina 5117 (1431): «Jtem esta agua mata todas las maneras de los vermes que son en los cabellos asi como pioios o liendres. o otros uermes. fol. 1r (Herrera y González de Fauve, 1997)»;

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «lens, lendis, es liendre, gusanillo que algunas vezes sale de los pioios (240d)»;

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «liendre de los cabellos, cibǐna, cibǐn»

Obra de Agricultura (Alonso de Herrera, 1513): «si con miel vntan la cabeça mata los piojos y liendres, y no se crian mas (fol. CXXXIVv)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «liendre, lens, lendis (II, lex. fol. 36r)»

señala al diminuto huevo del piojo, que aparece pegado al pelo del hospedante infestado. Villaviciosa dedica el Cant. VI para recrear a maravilla esas escenas del macarrónico (Lib. III, 1-85), donde tiene la consideración de exquisito manjar.

Lucérniga, f. [Cant. I, 201, 239; Cant. XI, 803]

Este sustantivo femenino es un cultismo (del lat. lucerna, -ae, lámpara, candil) documentado a finales del siglo xvi:

Dictionario de vocablos castellanos, aplicados a la propiedad latina (Sánchez de la Ballesta, 1587): «lucerniga, nitedula[7], ae. pro Sextio»

hace referencia a coleópteros que en lo obscuro de la noche desprenden luz fosforescente de color blanco azulado: Lampyris nocticula L., Luciola lusitanica Charp. etc. (Coleoptera: Lampyridae). El autor se adhiere a esta denominación sin tener en cuenta ninguna de las adjudicadas por Folengo:

«Hi cincidellas[8] equitant, quæ nocte vagantur,

Ad codamque ferunt ignemicante faces.

Limpyrides græci vocitant fed nos cagafocos.

Nam parent fcura nocte cagare focum. (Lib. II, 153-156)»

ni la más antigua en romance, luciérnaga, documentada desde el siglo xiii:

Calila e Dimna (1251): «e vieron en una noche una luziernaga e cuidaron que era fuego e ayuntaron mucha leña (Manuscrito A, Döhla, 2009)»

Villaviciosa conoce al insecto cuyas larvas e imagos producen luz, pero fija su atención en el adulto alado, el macho, para que sirva de luminaria desde el aire; también lo dispone en el gremio de las caballerías, como Folengo.

• Lucernigable, adj. [Cant. I, 285]

Voz derivada de lucérniga con sufijo de adjetivos casi siempre verbales, -ble, que significa posibilidad pasiva, es decir, capacidad o aptitud para recibir la acción del verbo, se trata de un neologismo creado por Villaviciosa.

Mirmilión, m. [Cant. IV, vv. 186, 256; Cant. VII, vv. 434, 440; Cant. VIII, vv. 338, 465); Cant. IX, vv. 372, 451; Cant. X, vv. 153, 584; Cant. XI, vv. 175, 178, 195, 201, 218, 567, 576, 624, 634, 639, 646; Cant. XII, vv. 162, 207, 226, 374, 463, 476, 487]

Este sustantivo es un helenismo formado por composición, de μύρμηξ, -ηκος (mýrmex, -ekos, hormiga) y λέων, -οντος (léon, -ontos, león) que nuestro autor tomó prestado del poema macarrónico:

«Partibus ex aliis venerunt Mirmiliones, (Lib. II, 69)», etc.

aunque con anterioridad a la aparición de éste (1521) registramos en romance un vocablo equivalente:

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «mirmicoleon es animal mayor que formiga dicho formiga y león o león de las hormigas. Ascondese en el polvo para saltear y comer a los que vienen por aquel su camino (283b)»,

Janua Vitae (Castro, 1526): «mirmicoleon est aial maiɾ formica. dictum quasi formica ./ et leo. vel formicaleo. abscondit euim se in pulvere ut venientes devoret (I, fol. 348v)»

pero aquí se emplea el genitivo μύρμηκος (mýrmekos) para el primer componente.

La voz alude al estado de larva de un insecto holometábolo, de color marrón obscuro, cabeza cuadrilonga, mandíbulas alargadas, huecas, con las que agarra y succiona a otros insectos, vive semiescondida en el terreno o en el fondo de un embudo excavado en suelos arenosos, o ligeros, de hábito alimenticio depredador; la presa principal son hormigas de ahí el nombre: hormigaleón o león de hormiga (Fig. 2). Ahora sabemos que corresponde a los neurópteros, Myrmeleon formicarius L., M. inconspicuus Rambur, etc. (Neuroptera: Myrmeleontidae), pero el género Myrmeleon fue erigido por Linneo (1767) en la 12ª edición del Systema Naturae; dispuesto como Tipo para la Fam. Myrmeleontidae.

La implicación bélica, en alianza con la mosca, está acomodada a la vida y comportamiento de la larva en el medio, de sobra conocidos por nuestro autor; por otro lado se desentendió a propósito del sinónimo latino formigaleón y su correspondiente en romance, hormigaleón, con presencia en un considerable número de obras a su alcance:

Etimologias (San Isidoro): «Formicoleon ob hoc vocatus, quia est vel formicarum leo vel certe formica pariter et leo. (XII, 3, 10)» «La hormiga-león tiene semejante nombre porque es el león de las hormigas, o bien porque es a un tiempo hormiga y león.»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «formicoleon. es un animal pequeño my enemigo a las hormigas (166b)»

Libro de las Propiedades de las cosas (Burgos, 1494): «formigaleon toma su nombre de formiga y de león como Isidoro dice en el libro XII. Es un animal pequeño que enoja mucho las otras hormigas: ca el entra en sus cuevas ascondidamente y come sus granos. (Lib. XVIII, cap. XLIX)»

quizá para evitar la posible cacofonía, así como la confusión al lector ante un engañoso canibalismo, hormigas contra hormigas.

• Mirmiliona, adj. [Cant. V, v. 488; Cant. VII, 470; Cant. X, 192; Cant. XI, 231, 582, 619; Cant. XII, 481]

Voz derivada de mirmilión con el sufijo de sustantivos y adjetivos, -ón, na, de valor aumentativo, intensivo o expresivo, probable préstamo del poema macarrónico:

«Miscetur cimicis mirmiliona cohors. (III, 246)»

«Zenzalae, muscae, mirmiliona cohors. (III, 338)»

es un adjetivo gentilicio.

• Mirmiliónico, adj. [Cant. X, 500; Cant. XI, 164]

Voz derivada de mirmilión con el sufijo de adjetivos, -ico, que indica relación con la base derivativa; adjetivo que significa lo relativo al mirmilión.

Mosca, f. [Cant. I, vv. 160, 425, 433, 442 459, 460, 471, 482, 488, 495, 505, 509, 515; Cant. II, vv. 154, 176, 183, 187, 192, 208, 211, 216, 217, 236, 322, 330, 336, 382, 441, 483, 487, 545; Cant. III, vv. 133, 175, 257, 310, 327, 369, 395, 514; Cant. IV, vv. 84, 180, 183, 272, 276, 352, 410, 428-440, 441-464, 490, 496, 504; Cant. V, v. 207; Cant. VI, vv. 113, 119, 368; Cant. VII, vv. 100, 155, 209, 214, 232, 234, 255, 260, 397, 405, 456; Cant. VIII, vv. 337, 391, 412, 414, 492; Cant. IX, vv. 386, 400, 439, 450, 485, 487, 551, 722, 727; Cant. X, vv. 199, 279, 283, 528, 650, 663, 679; Cant. XI, vv. 287, 482, 757, 805; Cant. XII, vv. 25, 205, 225, 233, 403, 405, 413, 436, 459, 659, 661, 700, 716, 826]

Esta voz patrimonial, del lat. musca -ae, la tenemos documentada desde mediado el siglo XIII:

Calila e Dimna (1251): «es tal commo la mosca que non se tiene por pagada de los árboles et de las flores fasta que va buscar el agua que corre del oreja del elefante joven (Manuscrito B, Döhla, 2009)»

Libro de los estados (D. Juan Manuel, 1327): «dixol que la justiçia del rey que deuia seer commo red de omne, mas non commo red de aranna: ca la red del aranna, si pasa por y vn paxaro o otra ave mayor, quebrantala et vase, mas pasa por y vna mosca, non la puede quebrantar, por que la mosca es muy flaca et finca y presa; (Parte II, Cap. XXXIX: 11-19)»;

Libro del buen amor (J. Ruiz, Arcipreste de Hita 1343): «la mosca mordedor faz traer las narizes / a las bestias por tierra e abaxar las cervices (1293c-d)»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «Musca. mosca. animal que buela: y es sucio y enoíoso a los ombres y a las bestias: (29d3d)»

Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Guevara, 1539): «las moscas nos importunan, (cap. XX)»

pero tiene sentido genérico, señala especies de dípteros ciclorrafos, asociadas al hombre desde los más remotos tiempos, unas importunan, como la sinantrópica (Doby, 1998), Musca domestica L., y sus próximas, M. autumnalis De Geer, etc. (Diptera: Muscidae); otras exasperan con su picadura: Stomoxys calcitrans (L), Haematobia irritans (L), Haematobosca stimulans (Meig.), Hydrotaea irritans Fallen (Diptera: Muscidae); Hippobosca equina L (Diptera: Hippoboscidae).

Villaviciosa se halla desbordado ante el revoloteo por doquiera de tantos adultos que considera pertenecientes a un imperio de inabarcable extensión; no obstante, nos descubre la gran diversidad comentada cuando describe los particulares modos de alimentación.

• Mosquil. adj. [Cant. IV, v. 526; Cant. IX, v. 747]

Este adjetivo recogido por el DRAE es término derivado de mosca y el sufijo de adjetivos y sustantivos, -il; aparece definido en el Diccionario de Autoridades del siguiente modo:

«Moschil. adj. de una terminación. Lo que toca o pertenece a la mofca. Pronunciese la ch como k. Es voz inventada. Lat. Mufcae proprius. Villav. Mofch. Cant. 4 Oct. 66.» v. 525-528

• Mosquino, na. adj. [Cant. I, v. 339; ]o [Cant. IV, v. 222; Cant. V, v. 488; Cant. IX, v. 763; Cant. XII, v. 66]a

Otro término derivado de mosca definido de manera sencilla en el Diccionario de Autoridades:

«Moschino, na. adj. Lo mismo que mofchil.» para apoyo documental acude a: «Villav. Mofch. Cant. I Oct. 43.»

«Después de honradamente recebidos

fueron con gran largueza regalados,

al género mosquino preferidos

y entre todas sus gentes señalados (Cant. I, vv. 337-340)»

de donde colegimos se trata de un adjetivo gentilicio; en el DRAE señala p. us. mosquil.

• Mosquita, adj. [Cant. I, v. 64; Cant. II, v. 64; Cant. X, vv. 191-192]

Voz derivada, diminutivo de mosca, con el sufijo -ita, que de modo principal da adjetivos gentilicios y otros que expresan pertenencia. Villaviciosa lo emplea con el sentido gentilicio.

Moscón, m. [Cant. I, vv. 185, 204, 309, 424, 564, 581; Cant. II, vv. 317, 548, 556; Cant. III, vv. 330, 377, 534, 540; Cant. IV, v. 500; Cant. XII, v. 672] taxón//extra[Cant. I, vv. 564, 581; Cant. II, v. 556; Cant. IV, vv. 251, 295; Cant. VI, vv. 208, 566, 592; Cant. IX, vv. 639, 715, 761; Cant. X, vv. 22, 25, 40, 233; Cant. XI, vv. 182; 192, 197, 279, 346, 535, 721; Cant. XII, vv. 721, 794, 799, 824]

Esta voz derivada, aum. de mosca, también aparece definida en el Diccionario de Autoridades:

«Moscón. f. m. Mosca grande. Lat. Ingent musca.» Villaviciosa. Mofchea. Cant. I, Oct. XXXIX.

«ya de un fuerte moscón miran la zanca

en la profunda gruta del infierno (vv. 309-310)»

no obstante, con anterioridad a la publicación del poema épico ya era de uso corriente:

Breve tratado de peste (Pérez,1598): «destemplança/ se crian muchas inmundicias de la tierra/ y animalejos insectiles/ asquerosos/ y ponçoñosos/ que son ratones/ sapos/ culebras/ lagartijas/ salamanquesas/ muchas suertes de arañas/ moscas/ moscones/ renacuajos/ y otras mil suertes de sabandijas.(fol. 4v)»

Guzmán de Alfarache apócrifo (Luján de Saavedra, 1602): «Lo que es conservar el estado, buscar la vida, beneficiar el individuo, apegarse como moscón, nadie con la destreza que el que ha profesado vida bribonesca, porque no mira en puntillos,» (I. cap. II. pág. 139);

Libro de entretenimiento de la Pícara Justina (López de Úbeda, 1605): «¿[.....], llamado por otro nombre el moscón celibato, que fue su marido?» (I, cap. 1º, nº 1, pag. 140) «y sepan todos cómo mi marido Santolaja, si fue moscón, le picó en las mataduras, y (aunque celibato) le bregó a coces la barriga al muy lebrón.» (I, cap. 1º, nº 2, pag. 157) «Acabada esta razón, dijo el moscón: Marchad luego,» (II, cap. 2º, nº 2, pag. 310) «Algunos de estos moscones se me pegaron a título de que en un portal mío que yo tenía en Mansilla,» (II, 2ª parte, cap. 2º, nº 1, pag. 396)

El término alude a especies de tamaño grande, Calliphora vomitaria L. etc. (Diptera: Calliphoridae), colores metálicos, de ambiente natural, pero con frecuencia entran en las casas y al volar producen un zumbido característico; las larvas son sarcófagas. Villaviciosa lo situa junto a la mosca, pero mantiene la separación específica (taxón//); no obstante, algunas citas no corresponden con el taxón señalado (//extra).

Mosquino, m. [Cant. I, v. 339; Cant. IV, vv. 281, 293; Cant. V, v. 555; Cant. VIII, vv. 380, 427; Cant. X, vv. 45, 321, 627; Cant. XI, vv. 336, 350, 441, 667; Cant. XII, vv. 225, 261, 262, 495, 598, 693]

Este sustantivo masculino es un neologismo tomado en préstamo del poema de Folengo:

«Heu moschinorum descendit tanta brigata

Tanta quod aetherius non habet astra sinus,» (Lib. II, 45-46)

«Sunt moschinorum populi, gens apta batais,

Rexque suus nomen Siccaboronus habet» (Lib. II, 49-50), etc.

así, en el Cant. IV leemos:

«El rey Sicaborón, a cuyo mando

está la gran Buta en la Tartaria,

viene las fieras ondas navegando

contra la gente al mosca rey contraria.

Éste juntó, a la voz de solo un bando,

una caterva fuerte y temeraria

de forajidos de admirable talle,

hijos de Buta y Barriliense valle (Cant. IV, vv. 273-280)»

por eso, de resultas de la recluta:

«Quinientos mil y más mosquinos lleva

en una valerosa infantería,

que tienen hecha de sus fuerzas prueba

en cuanto el valle Barriliense cría.

Es gente tal que se sustenta y ceba

en sangre de enemiga compañía,

y porque tanto el vino le parece,

por eso esta canalla le apetece. (Cant. IV, vv. 281-288)»

se trata de una milicia mixta, compuesta por pequeños dípteros, unos hematófagos, de picadura acerba y silenciosa, los nematóceros: Phlebotomus papatasi (Sc.), Ph. perniciosus Newst. etc. (Diptera: Phlebotomidae); otros inofensivos, gustan del vino, los ciclorrafos: Drosopila melanogaster Meig, D. funebris (F.), etc. (Diptera: Drosophilidae), por otro nombre «moscas del vinagre».

El neologismo reafirma el elevado conocimiento que tiene Villaviciosa sobre la biodiversidad que le rodea; dispone la leva entre botas y barriles, porque estos insectos, aunque son de ambiente natural, también encuentran las condiciones para su desarrollo, de humedad, temperatura e iluminación, en el interior de las casas, cuevas, bodegas, bodegones, tabernas, etc. Los mosquinos vienen en auxilio de la mosca como en el poema macarrónico.

Mosquito, m. [Cant. I, v. 170; Cant. IX, vv. 372, 491, 500, 679; Cant. X, vv. 269, 345, 360, 437, 453, 464, 471, 477; Cant. XI, vv. 101, 121, 126, 134, 144, 336, 634, 759; Cant. XII, vv. 300, 305, 348, 483, 489]

La derivación del término aparece expuesta en el:

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «y de la mosca se nombran los mosquitos: por diminucion los quales se dicen bibiones (293d.)»,

aunque la formación de la misma necesita aclaración (Corominas y Pascual, 1987); no obstante, la antigüedad del vocablo es incuestionable:

General Estoria. 1ª Parte. (Alfonso X, 1272): «La tercera la de los mosquitos que an nombre en latín culices (Libr. XIII, cap. IX; pág. 364; PDF 479)»

Libro de Agricultura (Paladio, 1385): «Contra los mosquitos et moscallons, faz quemar galuano et sufre et todos fuyran (fol. 33v)»

El libro de las propiedades de las cosas (Burgos, 1494):«De las propiedades de los mofquitos que beuen fangre (Lib. XII, cap. XIII»

Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Guevara, 1539). «los mosquitos nos pican, (cap. XX)»

Vocabulario de las lenguas toscana y castellana (De las Casas, 1570): «mofcione, mofquito (1ª parte)» «mofquito, mofcione, zanna, zanzala, zanzara. (2ª parte)»

La voz es propia de la lengua castellana, en italiano no existe, resulta, ab initio, ambigua, porque con ella se alude a especies muy diversas:

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «y son los mosquitos de muchos linaíes: unos andan en el vino: y otros en los sumideros y en los pozos y otros iuntos a las riberas de los ríos: y otros golpeando con agijon sacan sangre: con que se mantienen: estos tienen diuersos nombres: es a saber: culices: zenzales: y cínifes (293d.)»,

sin embargo, Villaviciosa restringe el sentido a la última parte de la sentencia del Universal vocabulario:

«y otros golpeando con agijon sacan sangre: con que se mantienen: estos tienen diuersos nombres: es a saber: culices: zenzales: y cínifes (293d.)»

en consecuencia, se aviene con el de cénzalo (v. supra) por ende resultan sinónimos, designan a los culícidos, Culex sp., Anopheles sp. (Diptera: Culicidae), los mosquitos hematófagos, los de trompetilla; por tanto las especies apuntadas en la primera parte de la sentencia:

«: unos andan en el vino: y otros en los sumideros y en los pozos y otros iuntos a las riberas de los ríos: (293d.)»

pasan al dominio del neologismo mosquino (v. supra).

Nepa, f. [Cant. VIII, 190; 192]

Esta voz es un cultismo (del lat. nepa -ae) que hace referencia al escorpión o alacrán, recogida por Nebrija:

Diccionario latino-español (Nebrija, 1492): «nepa, ae. por el escorpión o alacrán»

Diccionario español-latino (Nebrija, 1495): «escorpión. nepa, ae»

otras alusiones se encuentran en:

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «Nepas es scorpion que mata los fijos saluo al que esta iunto a su espinazo (300b)» «Nepa en el lenguaie delos africanos: es el signo de cançer: o segund otros quieren de escorpio. Plauto dixo: Dabo me ad parietem imitabor nepam. Nepus quiere decir no puro (300b)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «nepas, .i. scorpius: qui natos consunmit: nisi cue(t) qui dorso cinɵ inheserit rursus ipse que servant (°) consumit patrem (II, fol. 363r) (en margen pequeño aparece anotado: alacrán)»

Villaviciosa emplea el término en una imagen poética, deja claro que se refiere al alacrán o escorpión, «con gesto y zancas de espantable Nepa, (Cant. VIII, v. 190)», Buthus occitanus (Amoreux) (Scorpiones, Buthidae), el temido arácnido, pero no lo implica en la batalla.

Este vocablo fue elevado al rango de nombre científico, género Nepa, en la 10ª edición del Systema Naturae de Linneo (1758), para designar al insecto llamado vulgarmente «escorpión de agua» Nepa cinerea L. (Hemiptera-Heteroptera: Nepidae), cuyo parecido con el arácnido se halla en el primer par de patas raptoras que asemejan a los pedipalpos del alacrán.

Piojo, m. [Cant. I, v. 63; Cant. III, v. 588; Cant. V, vv. 327, 406; Cant. VII, vv. 309, 418, 512, 546; Cant. VIII, vv. 338, 482; Cant. IX, vv. 374, 433; Cant. X, vv. 59, 331, 353, 385, 387, 394, 399, 482, 488, 587, 656; Cant. XI, vv. 102, 128, 137, 156, 163, 198, 202, 206, 220, 229, 240, 242, 249, 250, 292, 299, 313, 352, 360, 373, 382, 421, 545, 806; Cant. XII, vv. 81, 87, 519, 527, 554, 632, 823]

Este sustantivo masculino deriva del lat. vg. peduculus, en lat. cl. pediculus, i, dimin, de pes, pediís, la documentación comienza en época muy temprana:

La fazienda de Ultra Mar (Almerich, s. XII): «Di a Aaron: tiende to blago e fier en el polvo de la tierra e serán pioios en toda tierra de Egipto (pág. 66)»

Calila e Dimna (1251): «Et guardate, non te avenga por el lo que avino al piojo por ospedar a la pulga (Manuscritos, A y B, Döhla, 2009)».

Libro del caballero y del escudero (D. Juan Manuel, 1326): «Et otrosi ay otra manera de bestias que son muy enojosas, et sennalada mente a los caualleros quando acaecen que andan armados en las guerras, asi commo los piojos et las pulgas,(59-66, Cap. XL pág. 89 en Vol I)»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «pedo onís. es su dímínutiuo pedunculus, pioio íunto al cuero que tiene muchos píes. Dende se dizen pediculofi los píogentos: que fíeruen dee pioios en el cuerpo, o en los cabellos. (350d)»;

Obra de Agricultura (Alonso de Herrera, 1513): «si con miel vntan la cabeça mata los piojos y liendres, y no se crian mas (fol. CXXXIVv)»

hace referencia al insecto anopluro, Pediculus humanus L. (Anoplura: Pediculidae), en asociación ectoparasitaria en el cuerpo humano, desde los tiempos más remotos, sinantrópico (Doby, 1998); también en el de otros mamíferos: cerdo Haematopinus suis (L.), buey H. eurysternus (Nit.), caballo y asno H. asini L. (Anoplura: Haematopinidae). El piojo forma parte de las tropas enfrentadas en ambos poemas, aliado de la hormiga.

• Piojesca, adj. [Cant. X, 607]

Es voz derivada de piojo y el sufijo de sustantivos y adjetivos, -sco, sca, que en los adjetivos suele denotar relación o pertenencia y a veces matiz despectivo.

• Piojil. adj. [Cant. XI, 551]

Es voz derivada de piojo y el sufijo de adjetivos y sustantivos, -il, los adjetivos suelen significar relación o pertenencia.

Pulga, f. [Cant. III, v. 580; Cant. V, v. 416; Cant. VI, vv. 282, 288, 324, 360, 376, 398, 401, 418, 441, 445, 448, 456, 491, 499, 505, 530; Cant. VII, vv. 281, 418, 457; Cant. VIII, v. 417; Cant. IX, vv. 374, 437, 440; Cant. X, vv. 31, 96, 341, 353, 401, 482, 488, 649, 656; Cant. XI, vv. 166, 174, 175, 181, 185, 193, 201, 206, 226, 246, 305, 313, 375, 391, 396, 410, 418, 807; Cant. XII, vv. 191, 231, 249, 259, 268, 273, 290, 297, 306, 345, 354, 519, 527, 554, 569, 575, 632, 756, 823]

El término es patrimonial, del lat. pulex, -icis, documentado en romance desde el siglo XIII:

Calila e Dimna (1251): «E salto la pulga e estorçio a una parte (Manuscritos A y B, Döhla, 2009)»;

Libro del caballero y del escudero (Juan Manuel, 1326): «Et otrosi ay otra manera de bestias que son muy enojosas, et sennalada mente a los caualleros quando acaecen que andan armados en las guerras, asi commo los piojos et las pulgas, (59-66, Cap. XL pág. 89 en Vol I)»

Libro de Agricultura (Paladio, 1385): «Contra las pulgas sy lançaras muchas vezes en el suelo de la casa morques de olio de trigo mata las pulgas (fol. 33v)» «E sy quieres confonder las pulgas, lança olio común de oliuas enla camara & morran (fol. 33r)»

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «pulices. son pulgas que se crian del polvo (396b)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «pulga, pulex, -icis (II. lex. fol. 59r)»

Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Guevara, 1539): «las pulgas nos despiertan, (cap. XX)»

hace referencia a una especie de pequeñas dimensiones, Pulex irritans L. (Siphonaptera: Pulicidae), incluida entre los compañeros inseparables del hombre, sinantrópica (Doby, 1998), que se alimenta de sangre e inflige molestias por picadura. También forman parte del contingente bélico tanto en uno como en otro poema aliada con la hormiga.

• Pulguesca, adj. [Cant. X, 608]

Es voz derivada de pulga y el sufijo de sustantivos y adjetivos, -sco, sca, en los adjetivos suele denotar relación o pertenencia y a veces matiz despectivo.

• Pulguino/a. [Cant. VI, vv. 502; 522]o [Cant. XI, 330]a

La voz es derivada de pulga y el sufijo de adjetivo, -ino, pertenencia o relación; a veces forma también numerosos gentilicios.

Pulgón, m. [Cant. II, v. 356; Cant. IV, v. 175; Cant. V, v. 431; Cant. IX, v. 689; Cant. X, vv. 454, 459; Cant. XI, v. 98; Cant. XII, vv. 154, 270, 287, 317, 338, 343]

Esta voz derivada, aum. de pulga, aparece documentada muy pronto en la literatura medieval:

General Estoria. 1ª Parte. (Alfonso X, 1272): «Labraras tu uinna, e non beuras dend nin codras della nada, ca la destroyran pulgón e gusanos. (Lib. XXVII, cap. VII, pág. 738)»;

Libro de Agricultura (Paladio, 1385): «Si quieres que el pulgon njin otros anjmales njn papalones non puedan criar entre las verças njn entre ortaliza del huerto, tu faras secar las simientes que querras sembrar sobre cuero de tartuga o galapago (fol. 32v)» pág. 35

Biblia de Alba (Arragel, 1422-1433): «Dixo que viniese langosta e brucus (pulgón) que numerado non fuese. (II. Salmos CIV, pág. 613)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «pulgón que roe las viñas, bruchus, -i, ar. vuruca (II. lex., fol. 59r)»

Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Guevara, 1539): «a las viñas taza el pulgón, (cap. XX)»

Tesoro de la Lengua Castellana o Española (Covarrubias, 1611): «Pulgón, un gusanillo que come las vides y las roe, latine bruchus»

señala al coleóptero halticino, Haltica lythri var. ampelophaga Guér. (Coleoptera: Chrisomelidae), pequeño, de cuerpo oval, color verde azulado metálico, patas posteriores adaptadas para el salto, erosiona las hojas de la vid con resultado de pérdidas irrecuperables; también se ha insinuado daña de modo similar a las habas, como aparece recogido en Autoridades:

Diccionario de Autoridades (1726): «pulgon. f. m. Infecto pequeño, negro, que roe y enferma las plantas tiernas: efpecialmente los habares y viñas. Es parecido a la pulga de que tomó el nombre»

pero esta creencia carece de todo fundamento (Ruíz Castro, 1965, pág. 86) por eso lo apuntado por Villaviciosa en el Canto II:

«En vano, rey, acompañado sales

a cazar de las habas los pulgones, (Cant. II, vv. 355-356)»

requiere un detallado estudio. Nuestro autor parte de la admonición del poema macarrónico:

«heu, male zaninos itis cazzare fabarum (I, v. 101)»,

que traduce en su literalidad, emplea pulgón para el término zanino («tonchio della fava»), «gorgojo de las habas» (Cherubini, 1827; Ratti, 1990), Bruchus rufimanus Boh. (Coleoptera: Bruchidae), pequeño coleóptero, ovoide, roe el tallo, mordisquea la vaina sobre la que pone los huevos, la larva se desarrolla en la semilla. Este insecto tiene el mismo protagonismo en uno y otro poema, forma parte de las caballerías.

Por otro lado, conviene aclarar que en el último tercio del siglo xviii el vocablo comenzó a aplicarse para nombrar a los áfidos (Terreros y Pando, 1788), insectos de aparato bucal picador chupador (Hemípteros-Homópteros: Aphididae), parásitos sedentarios sobre sus plantas hospedantes; en realidad se trata de un galicismo, traducción de la voz francesa puceron (de puce, pulga), introducido por Valcárcel (1786) en Agricultura general y gobierno de la casa de campo:

«La otra efpecie de meleta fue defcubierta cafualmente por el citado Abad[9] en las hojas de un chaparro encina y de un faúco, examinando diferentes arboles enmelados. Notó pues en el chaparro gran concurrencia de abejas, que le movió la curiofidad de averiguar fu caufa; obfervó el centro de la mata todo bañado de meleta, y que de arriba caían gotas; y alzando la vista defcubrió que las gotas fe defprendian de unas ramas fuperiores plagadas de pulgón, y advirtió que este mifmo las defpedía; de las que procuró recoger unas quantas en la mano, y probadas reconoció fer miel o meleta. (Vol. VII, lib. XII, cap. V. pág. 270)».

sin embargo, el gran naturalista Reaumur (1737) objetó inadecuada la acepción:

«Le nom de puceron n’auroit dû être donné, ce semble qu’à des insects vifs, sautan avec agilité comme les puces. Nos pucerons sont cependant des insectes très tranquilles: ils ne marchent que rarement, et leur démarche, pour l’ordinaire, est lente et pesant. (IXem. Mem. Tome III. pag. 283» [«El nombre de pulgón no debería haberse dado, mas que a insectos activos, saltando con agilidad como las pulgas. Nuestros pulgones son sin embargo insectos muy tranquilos; rara vez caminan, y su paso, por lo ordinario, es lento y pesado (trad. del autor)»]

pero ni allí ni aquí se dieron por enterados de modo que este inapropiado sentido quedó establecido en ambas lenguas. El DRAE aplica el término, de manera exclusiva e ininterrumpida, para las especies de áfidos, desde la 5ª edición (1817); decisión refutada poco tiempo después por D. Sebastián López Ramos (1835), en coincidencia con el sabio francés, pero que no ha alcanzado respuesta:

«Yo ignoro las razones que tendría la Academia para esta aplicación, á no ser que la hubiese tomado del francés, en cuya lengua se llama Puceron á todos los insectos del género Aphis; pero así como tengo una satisfacción en poder remitir a mis lectores a la descripción é historia que se halla en el Diccionario por su verdad y exactitud, no puedo conformarme con la aplicación de la voz, que ciertamente le viene más adecuada á la Altica-Pulgón, de que hablare mas adelante con la detención que merece este insecto devorador; porque sin salir de la etimología, de la que quizá han hecho uso las gentes del campo, la facultad de saltar como la pulga, de que está dotado este insecto, no se halla en el piojuelo, que apenas se mueve del lugar donde se fijó una vez, chupando continuamente el jugo de la planta que le sirve á la par de, habitación y de alimento. (Historia natural de los insectos que atacan la Viña, págs. 27-28)»

• Pulgona, adj. [Cant. V, v. 660; Cant. X, v. 351]

La voz es derivada de pulgón y el sufijo de sustantivos y adjetivos -on, na, de valor aumentativo, intensivo o expresivo; adjetivo gentilicio

Tábano, m. [Cant. III, vv. 158, 312, 315, 394, 521, 529, 652; Cant. IV, vv. 180, 482, 498, 501; Cant. VII, v. 469; Cant. VIII, v. 338; Cant. IX, vv. 372, 480, 555, 570, 581, 585, 594, 595, 598, 599, 601, 603, 605, 607, 615, 624, 644, 648, 654; Cant. X, v. 321; Cant. XI, vv. 233, 258, 281, 313, 314, 324, 355, 422, 437; Cant. XII, vv. 146, 151, 227, 264, 350, 357, 440, 495, 501, 513, 523, 702]

Esta voz patrimonial, del lat. tabanus, i, registrada en romance desde mediados del siglo xiii:

Libro de Alexandre (1250): «los tavanos que muerden no son aun venidos» (1954c); «tanto dava por ello como por un tavano» (2023d);

Libro del buen amor (J. Ruiz, Arcipreste de Hita 1343): «el távano al asno ívalo malmordiendo» (1292d);

Universal vocabulario en latín y en romance (Palencia, 1490): «asilum dixeron al que los griegos llaman oestro y los rusticos tabano (35b)» «oestrum es animal con agijon que molesta los bueyes y los cauallos. En latin se dize asilus, y vulgarmente le llaman tauano y afirma festo que oestrum en griego quiere decir furor: por segund diximos es oestrum vn linaie como de moscas que se dize tauano (322b)» «tauanum dizen a un animal pequeño que con su aguijon es muy enoioso a los bueys y a los iumentos este se llama oestro y vulgarmente asilo (485b)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): tavano, tabăna, tabăn

Agricultura General (Alonso de Herrera, 1513): A eftos eftablos es bien traer el ganado a dormir en invierno quando haze tiempo afpero y darles algo de comer y en verano quando ay muchas mofcas y tavanos que los destruyen para que alli fefteen. (Lib. V, cáp. XLII, fol. CLXIIr)

Janua Vitae (Castro, 1526): «tabano, tabanus -i (II, lex., fol. 64r)»

Recopilación de algunos nombres arábigos (Guadix, 1593): «Tábano llaman en España a cierta suerte de mosca o moscón, que en el tiempo de verano, fatiga a las vestias y ganados. Es tabana, que, en arábigo, significa esta dicha mosca o moscón, y corrompido dizen tábano.»

alude a especies de dípteros braquíceros, Tabanus bovinus L., T. autumnalis L. Haematopota pluvialis L. etc. (Diptera Tabanidae), cuyas hembras requieren sangre para la maduración de los ovarios, pican repetidamente a los animales e incluso pueden hacerlo al hombre.

Este insecto es tratado por Villaviciosa con idéntico protagonismo que Folengo, hueste aliada de la mosca.

• Tabana, f. [Cant. III, vv. 152, 157, 164, 353; Cant. IV, v. 477; Cant. V, v. 286; Cant. IX, v. 639; Cant. X, v. 192; Cant. XI, vv. 237, 334, 411]

Es voz derivada de tábano con el sufijo de sustantivos y adjetivos, -an, na, que a veces generan gentilicios como es este caso.

«La Tabana se llama, que contiene

tábanos de grandísima excelencia,

que siempre en las ciudades se coligen

del nombre sus principios y su origen. (Cant. III, vv. 157-160)»

• Tabanesco/a, adj. [Cant. III, vv. 178, 265, 544, 669; Cant. IV, v. 89; Cant. V, v. 409; Cant. IX, v. 566; Cant. XI, vv. 266, 302; Cant. XII, vv. 250, 682]o; [Cant. IX, vv. 609, 619; Cant. XI, v. 310]a

Voz derivada de tábano con el sufijo de sustantivos y adjetivos, -sco, sca, en los adjetivos suele denotar relación o pertenencia y a veces matiz despectivo; neologismo creado por Villaviciosa que significa lo concerniente o relativo al susodicho insecto.

• Tabanicida, adj. [Cant. XII, v. 356]

Este neologismo, creado por Villaviciosa, derivado de tábano y el sufijo -cida (de caedo, is, ere, cecidi, caesum, matar) significa que mata al tábano, matador de tábanos; el calificativo aparece una sola vez en alusión al rey de las pulgas:

«Violo el Matacaballo y no consiente

de la atrevida pulga la proeza,

y volviendo riendas prestamente

para el tabanicida se endereza. (Cant. XII, vv. 353-356)»

aunque creemos que es fruto de una observación personal, la depredación natural que ejercen los himenópteros aculeados, especies del género Bembix sp. (Hymenoptera: Sphecidae), como ya hemos expuesto en un trabjo anterior (Santiago-Álvarez, 2012a, pág. 53)

• Tabanismo, m. [Cant. V, v. 485; Cant. VIII, v. 494; Cant. XI, v. 306]

Voz derivada de tábano con el sufijo -ismo, neologismo creado por Villaviciosa que significa actitud para hacer daño.

Tarántola, f. [Cant. I, 264]

El término está tomado del italiano, derivado de Taranto «Tarento», nombre dado a una araña de ambiente libre, Lycosa tarentula (Rossi) (Aranei: Lycosidae), muy abundante en la Pullia y en los alrededores de dicha ciudad, refugiada en galerías tubulares excavadas en tierra que causa daño de modo inadvertido o por imprudencia. La voz está presente en romance con anterioridad a la publicación de La Moschea:

Libro del caballero y del escudero (D. Juan Manuel, 1326): «Et otrosi alacranes et samalaquesas et lazartos; pero los lagartos, commo quiere que muerden mal, non son muy enconados; et arannas et çentipeas et tarentelas, que son manera de arannas. (59-66, Cap. XL pág. 89 en Vol I)»

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «tarantola, animal ponçoñoso. tarăntola, tarantolǐt»

Janua Vitae (Castro, 1526): «tarántola, animal ponzoñoso (II, lex., fol. 63v)»

Silva de varia lección (Mexia, 1540): «de un género de arañas que se cría en la Pulla, en el Reyno de Napoles, a quien los de la tierra llaman tarántula (Silva III, cap. XII. II, pág. 86)»; «Y el alacrán, a la tarántula, cuya mordedura hallamos se sana con música (Silva III, cap. IV. II, pág. 31)»

Villaviciosa emplea el término de forma testimonial en modo alguno implica a esta araña en la contienda ni tampoco realiza descripción o alusión a su peligrosidad.

Vaca de San Antón. f. [Cant. I, 352]

Se trata de un coleóptero cocinelido, Coccinela septempunctata L. (Coleoptera: Coccinelidae) de colores vivos, llamado por otro nombre «mariquita» depredador de áfidos por lo que abunda en cultivos infestados.

Autoridades: Insecto pequeño volátil, colorado con manchas negras en el lomo, con que se semeja algo el Tau de San Antón, por lo que las llamaron así. Lat. Blatta quadam T insignita. Villanueva, Moschea, Cant. I. Oct. 44

«Es de las que los campos adelante

caminan en ejército formado,

a quien, por su fiereza tan extraña,

Vacas de San Antón las llama España. (Cant. I, vv. 349-352)»

La presencia en la Moschea tiene carácter anecdótico, no participa en la batalla.

Zángano, m. [Cant. I, vv. 272, 560; Cant. XI, vv. 161, 173, 577; Cant. XII, vv. 165, 469, 472]

Este término es de origen incierto, probablemente de zang, onomatopeya del zumbido ruidoso (Corominas y Pascual, 1984) que produce en vuelo o parado si algo le molesta; a Guadix (1593) debemos la siguiente explicación:

«Consta de zan, que continuado y repetido muy apriesa, representa y significa aquel ruydo que haze esta dicha aveja con las alas, y de ganu, que significa su riqueza; assi que todo junto zanganu significa zan es su riqueza, .i., aquel ruydo que haze con las alas es su riqueza; llamaron assi a este ape, aveja o moxcon, porque vive de hazer ruydo con las alas, .i., no tiene otra renta, officio, ni grangeria sino solo hazar ruydo; y, corrompido dizen zangano».

La documentación del vocablo da comienzo a finales del siglo xv:

Diccionario latino-español (Nebrija, 1492): «phucus, i. por el zángano de la colmena»

Diccionario español-latino (Nebrija, 1495): «zángano de colmena: phucus, i»

Vocabulario eclesiástico (Fernández de Santaella, 1499): «Fucus tanbien se llama el zángano que se cria con las abejas. E es mayor que ellas en cuerpo y menor que escabron. (fol. LXXVIIIv)»

Obra de Agricultura (Alonso de Herrera, 1513): «y alo que dizen que todo lo empolla la maestra, y que por ser unos agujeritos chicos salen abejas, y siendo otros grandes salen maestras y siendo otros medianos salen zánganos. (Lib. V, cáp. VII. fol. CXXXIIr)»

Janua Vitae (Castro, 1526): «zangano, lat. fucus, -i, (II, lex., fol. 70v»

Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Guevara, 1539): «a las colmenas yerman los zánganos y aun a los hombres matan los enojos. (cap. XX)»

Origen, y etymologías, de todos los vocablos originales de la lengua castellana (Rosal, 1601): «zángano, corrupto de cephen (κηφήν, ῆνος. zángano), que así se llama en griego»

Discurso contra la ociosidad (Pedro de Valencia, 1608): (Serrano Sanz, 1910): «Crianse en las colmenas unos abejones mayores que las abejas i que an menester más para comer; que les llaman en latín fucos, i en castellano çanganos; estos no hacen más que comer, i asi las abejas, á ciertos tiempos, deve ser por orden y mandado de su rey, los matan i los echan fuera de la colmena.»

alude al macho de la abeja, A. mellifera L. (Hymenoptera: Apidae), del cual en aquellas fechas no se conocía la función que realiza en la colmena, fertilizar a la reina; se consideraba improductivo y que además se aprovechaba de la miel producida por las abejas. Villaviciosa le concede cierto grado de protagonismo en la Moschea al incluirlo en el grueso de caballerías.

• Zángana, adj. (de zángano) [Cant. XI, 224])

Es voz derivada de zángano con el sufijo de sustantivos y adjetivos, -an, na, que a veces generan gentilicios como es este caso.

4. Recapitulación

El léxico entomológico (s. l.) registrado en «La Moschea. Poética inventiva en octava rima» nos depara treintaicinco nombres vernáculos de artrópodos y veintisiete palabras derivadas de alguno de ellos. Aquéllos, en su mayor parte, son términos antiguos en romance, de uso popular y general: diecinueve de raíz latina, patrimoniales, dos de raíz arábiga, cuatro derivados y dos de origen incierto; a ellos se agregan: un helenismo, tres cultismos, dos italianismos y dos neologismos (Tabla, 2). Por otro lado, el autor convierte en sinónimos cénzalo y mosquito, al mismo tiempo que desdobla de manera acertada la recurrida sinonimia de chichara y cigarra (Santiago-Álvarez, 2020).

Los veintisiete vocablos generados por derivación son neologismos creados por nuestro autor, adjetivos de carácter gentilicio que, en su mayor parte, enriquecen el léxico entomológico, aunque pocos han logrado su puesto en las páginas del DRAE.

Tabla 2. Léxico entomológico

Patrimoniales

Arabismos

Derivación

O. incierto

Helenismo

Cultismos

Italianismos

Neologismos

abeja

arador

araña,

○ arañicida

○ arañil

avispa

chinche

○ chinchón

○ chinchona

cigarra

○ cigarrina

escarabajo

escorpión,

gorgojo

grana

grillo

hormiga

○ formígena

○ hormígena

○ hormiguesa

langosta

liendre

mosca

○ mosquil

○ mosquino/a

○ mosquita

piojo

○ piojesca

○ piojil

pulga

○ pulguesca

○ pulguino/a

tábano

○ tabana

○ tabanesco/a

○ tabanicida

○ tabanismo

vaca

alguacil

chicharra

abejón

○ abejonia

moscón

mosquito

pulgón

○ pulgona

gusano

zángano

○ zángana

mirmilión

○ mirmiliona

○ mirmilionico

aluda

lucérniga

○ lucernigable

nepa

cénzalo

○ cenzala

○ cenzalino/a

tarántola

caballete

mosquino

El detenido examen de las denominaciones uninominales permite reconocer insectos, en su mayor parte imagos, porque liendre y mirmilión señalan a los estados de huevo y larva respectivamente; también arácnidos, excluido el término escorpión ajustado al signo zodiacal y, por último, de la voz genérica gusano, que iría destinada a incerta sedis, en el texto trasciende el quilópodo ciempiés. En consecuencia, los artrópodos reconocidos quedan asignados a tres Clases de la Escala Zoológica, pero en desigual representación, hegemónica para Insectos (28), moderada para Arácnidos (6) y testimonial para Quilópodos (1), reflejo exacto de la relativa abundancia natural de cada uno de estos taxones (Tabla 3).

Tabla, 3. Distribución en el primer nivel, taxón Clase

Clase Insectos

Clase Arácnidos

Clase Quilópodos

abeja

abejón

aluda

avispa

caballete

cénzalo

chicharra

chinche

cigarra

escarabajo

gorgojo

grana

grillo

hormiga

langosta

liendre

lucérniga

mirmilión

mosca

moscón

mosquino

mosquito

piojo

pulga

pulgón

tábano

vaca

zángano

alguacil

arador

araña

nepa

tarántola

gusano, (ciempiés)

Villaviciosa extrae una muestra de la biodiversidad acompañante en la que abundan causantes de perjuicios: los insidiosos piojo y arador sedentarios en el biotopo cutáneo; chinche, cénzalo/mosquito, mosquino y pulga, se allegan para procurarse alimento por picadura; abeja, abejón, avispa, araña, nepa, tarántola, ocasionan indeseables dolencias de modo fortuito; caballete, chicharra, escarabajo, gorgojo, hormiga/aluda, langosta, pulgón, menoscaban las producciones agrícola; mosca, tábano, atormentan al ganado; cigarra, grillo, molestan por ruidosos; pero abeja, escarabajo, grana, mirmilión, moscón, vaca de San Antón, proporcionan beneficios; por último lucérniga, zángano, resultan indiferentes.

La ubicación de los términos, dentro de cada clase, en el siguiente taxón obligatorio, Orden, pone de manifiesto la gran diversidad morfológica presente; así lo expresan los nueve descubiertos en insectos, de los cuales cuatro corresponden a Heterometábolos (ἕτεροϛ, otro; μεταβολή, cambio), de metamorfosis sencilla, cinco a Holometábolos (ὅλοϛ, completo; μεταβολή, cambio), de metamorfosis completa; los tres en arácnidos y el único de quilópodos (Tabla, 4).

Tabla 4. Distribución en el segundo nivel, taxón Orden

CLASE INSECTOS

CLASE ARÁCNIDOS

CLASE QILÓPODOS

División Heterometábolos

División Holometábolos

Orden

nombre

Orden

nombre

Orden

nombre

Orden

nombre

Ortópteros

chicharra

Neuróptera

mirmilión

Ácaros

arador

Scolopendromorpha

ciempiés

grillo

Dípteros

cénzalo/mosquito

Arañas

alguacil

langosta

mosca

araña

Dermapteros

caballete

moscón

tarántola

Ptirápteros

piojo/liendre

mosquino

Escorpiones

nepa

Hemípteros

chinche

tábano

cigarra

Sifonápteros

pulga

grana

Coleópteros

escarabajo

gorgojo

lucérniga

pulgón

vaca

Himenópteros

abeja/zángano

abejón

avispa

hormiga/aluda

Pero del conjunto, apenas superan la veintena los participantes en el enfrentamiento bélico repartidos entre los dos bandos de luchadores directos, el de la mosca y el de la hormiga, así como en el de las caballerías (Tabla, 5), más el pequeño número implicado de modo marginal o anecdótico.

Tabla 5. El contingente bélico

A. - Aliados de la mosca

B. - Aliados de la hormiga

C. - Caballerías

Orden

nombre

Orden

nombre

Orden

nombre

Neurópteros

mirmilión*

Arañas

araña*/alguacil

Ortópteros

chicharra

Dípteros

cénzalo*/mosquito

Ptirápteros

piojo*/liendre*

grillo*

mosca* ( moscón)

Hemípteros

chinche*

langosta*

mosquino*

Sifonápteros

pulga*

Dermápteros

caballete*

tábano*

Himenópteros

hormiga*

Coleópteros

escarabajo*

Himenópteros

abeja*

lucérniga*

pulgón*

Himenópteros

aluda

avispa

zángano

La mosca, con el inseparable moscón, tiene por aliados: a cénzalo/mosquito, mosquino y tábano, dípteros adultos, buenos voladores y mirmilión, neuróptero, aun sin alas, larva; además, como tropa bajo mandato va el himenóptero abeja (Tabla, 5A). La hormiga lleva en su compañía: a chinche, piojo/liendre y pulga, insectos adultos, ápteros como ella y la araña/alguacil (Tabla, 5B). El gremio de las caballerías, monturas o recuas, todo él corresponde a insectos adultos alados (Tabla, 5C). La implicación de manera marginal o anecdótica corresponde a dos arácnidos: tarántola y arador; dos insectos: cigarra* y abejón*; el quilópodo: ciempiés y un molusco gasterópodo, el caracol*.

En el poema macarrónico aparecen tan solo los nombres alusivos a los beligerantes, en número parejo a nuestro poema, donde resultan notorias las coincidencias(*) semánticas, en su mayor parte con idéntica raíz léxica, salvo abejón («vespone»), caballete («forbesina»), escarabajo («cariazzi/scaravazzos»), lucérniga («cicindela») y pulgón («zanino»); no obstante, Villaviciosa dejó fuera, cantarelli/pampogna («maggiolino»), «escarabajo sanjuanero», panarotto («scarafaggio»), «cucaracha», parpaion («farfala»), «mariposa» (Cherubini, 1827; Ratti, 1990), de los que nos ocuparemos en un próximo trabajo.

El advertido solapamiento no podemos considerarlo apropiación indecorosa por parte de nuestro autor, de los protagonistas del enfrentamiento bélico, no obstante, todos los animales referidos pertenecen a la fauna mediterránea que en alto grado comparten ambas penínsulas, de la que aquél tenía sobrados conocimientos. Estos fueron adquiridos por observación, las aportaciones de la literatura aurea y el acervo paremiológico. Por tal motivo, Villaviciosa imprime su impronta personal sobre la rica fauna alumbrada en «La Moschea. Poética inventiva en octava rima», con minuciosos y abundantes detalles, ausentes en el poema de Folengo, todo lo cual redunda en pro de la originalidad de la obra, como tendremos ocasión de corroborar en breve.

La traslación de cada denominación uninominal en binomial, en conformidad con el texto, descubre la realidad biológica subyacente, la especie o especies designadas, a la vez que se completa el cuadro zoológico con otro taxón obligado, Familia (Tabla 6).

Tabla, 6. Denominaciones binomiales

Orden

nombre

familia

especie

CLASE INSECTOS

A. División Heterometábolos

Ortópteros

chicharra

Tettigoniidae

Ephippiger ephippiger (Fieb.), Platystolus martinezi (Bol.) etc.

grillo

Gryllidae

Gryllus campestris L. etc.

langosta

Acridiidae

Dociostaurus maroccanus (Thunb.)

Dermapteros

caballete

Forficulidae

Forficula auricularia L.

Ptirápteros

piojo/liendre

Pediculidae

Pediculus humanus L., Haematopinus asini L., etc.

Hemípteros

chinche

Cimicidae

Cimex lectularius (L)

cigarra

Cicadidae

Tibicen plebejus (Scop.), Cicada orni L., etc.

grana

Kermesidae

Kermes vermilio (Planch.)

B. División Holometábolos

Neuróptera

mirmilión

Myrmeleontidae

Myrmeleon formicarius L. M. inconspicuus Rambur, etc.

Dípteros

cénzalo/mosquito

Culicidae

Culex pipiens L. etc.

mosca

Muscidae

Musca domestica L., Stomoxys calcitrans (L), etc.

moscón

Calliphoridae

Calliphora vomitaria L. etc.

mosquino

Drosophilidae

Drosophila melanogaster Meig. etc.

Phlebotomidae

Phlebotomus papatasi (Sc.) etc.

tábano

Tabanidae

Tabanus bovinus L., Haematopota pluvialis L., etc.

Sifonápteros

pulga

Pulicidae

Pulex irritans L.

Coleópteros

escarabajo

Scarabaeidae

Scarabaeus sacer L., Amphimallon solsticialis (L.), etc.

gorgojo

Curculionidae

Sitophilus granarius (L.)

lucérniga

Lampyridae

Lampyris nocticula L., Luciola lusitanica Charp., etc.

pulgón

Brucidae

Bruchus rufimanus Boh. etc.

vaca

Coccinelidae

Coccinella septempunctata L.

Himenópteros

abeja/zángano

Apidae

Apis mellifera L

abejón

Vespidae

Vespa crabro L

avispa

Vespidae

Polistes gallicus (L.), Vespula germanica (Fabr.), etc.

hormiga/aluda

Formicidae

Messor barbarus L. Crematogaster scutellaris (Oli.), etc.

CLASE ARÁCNIDOS

Ácaros

arador

Sarcoptidae

Sarcoptes scabiei (L.)

Arañas

alguacil

Salticidae

Salticus scenicus (Clerk), etc.

araña

Agelenidae;

Tegenaria domestica (Clerk);

Thomisidae

Thomisus onustus Wlk., etc

tarántola

Lycosidae

Lycosa tarantula (Rossi)

Escorpiones

nepa

Buthidae

Buthus occitanus (Amoreux)

CLASE QILÓPODOS

Scolopendromorpha

ciempiés

Scolopendridae

Scolopendra cingulatta (Latraille)

El conjunto de especies señaladas son de vida libre, pertenecen sin excepción a nuestra diversa fauna que sin lugar a dudas las tuvo ante sus ojos nuestro autor.

Agradecimientos:

El autor expresa su agradecimiento al Archivo y Biblioteca Capitulares de Toledo, en la persona del Técnico responsable, D. Alfredo Rodríguez González, por la amabilidad y facilidades ofrecidas para la consulta del manuscrito Janua Vitae; así mismo, agradece los comentarios y sugerencias al texto de los Profesores, Titular de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dr. Ángel Luis Luján Atienza, de la Universidad de Castilla-La Mancha; Catedrático de Entomología Agrícola, Dr. Enrique Quesada Moraga, de la Universidad de Córdoba.

Cándido Santiago Álvarez

Catedrático emérito de Entomología Agrícola

E. T. S. I. A. M. Universidad de Córdoba (España)




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NOTAS

[1] Para todo el estudio nos valemos de la edición del año 2002: «La Moschea. Poética inventiva en octava rima», preparada por Ángel Luis Luján Atienza. Cuenca. Citamos por canto, seguido de número de verso, entre paréntesis.

[2] Para el estudio comparativo recurrimos al texto de Folengo que sirvió de inspiración a José de Villaviciosa: (Moscheae, 1ª edi. Venecia, 1521) el cual aparece en «Opus Merlini Cocaii poetae Mantuani Macaronicorum (MOSCHEAE Facetus liber in tribus partibus diuifus, & tractans de cruento certamine Mufcarum & Formicarum. pp. 494-531)». Venecia, 1581 (BN. U/5877. Madrid). Cuando procede citamos por Liber y verso en numeración romana y decimal respectivamente, entre paréntesis.

[3] Entomología (del gr, έντομον, partido, cortado y λόγος, tratado), s. f. alude s. str. a la ciencia que trata del estudio de los insectos (DRAE), pero si lo consideramos s.l. engloba a los restantes artrópodos.

[4] Obra de Agricultura (edición de 1528 ss): «Otras savandijuelas ay que comunmente llaman los labradores tajamocos/ otros los llaman muerde y huye/crianse en las cortezas de la madera y en los encañados roen mucho los cogollos de los arboles quando estan ternezitos mayormente de los cidros/ procuren los de matar que no quede ninguno o impedir que no suban a los arboles: acojense a los encañados y allí los pueden matar. (Lib. III, cap. VII, folio LXVr).»

[5] Esta voz es antigua, aunque, ab initio, fue término botánico de modo exclusivo: «En las vides son unas puntillas largas y redondas, como cordelillos, y se van retorciendo y se assen y revuelven a lo que topan. Dixeronse tixereta porque hazia la mitad comúnmente se dividen en dos puntas. (Covarrubias, 1611)»

[6] Ed. de Vandelli, G. Milano, 1989. 21ª Edizione. Ulrico Hoepli editore.

[7] Diccionario latino-español (Nebrija, 1492): «nitedula, ae, por la luziernaga».

[8] Creemos que por un error tipográfico la ‘n’ no ocupa el lugar correcto: cicindela.

Diccionario latino-español (Nebrija, 1492): «lampyris, idos, por la luziernaga, gr»

Diccionario español-latino (Nebrija, 1495): «Luziernaga, cicindela e lampyris.»

[9] Mr l’Abbé Boissier de Sauvages, del opúsculo: Observations sur l’origine du miel (Sauvages de la Croix, 1763). «L’origine de cette seconde Miélée n’est rien moins que céleste, étant produite immédiatement par un Insecte vil & hideux, ou qui nous paroît tel; c’est, puisqu’il faut le nommer, d’un chetif Puceron qu’elle vient; & ce n’est encore que la déjection qu’il rend par le derrière & cette déjection fait cependant partie du Miel le plus délicat dont on se régale; (pag. 13)» [«El origen de esta segunda mieleta es nada menos que celestial, siendo producida inmediatamente por un insecto vil & horrible, o que nos parece tal; esto es, como debe ser nombrado, viene de un pequeño Pulgón; & no es otra cosa que la deyección que el emite por detrás & tal deyección no obstante forma parte de la Miel más delicada que se disfruta (trad. del autor)»]



Análisis del léxico entomológico en el poema épico burlesco «La Moschea» de José de Villaviciosa (1615)

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 468.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz