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Revista de Folklore número

467



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El toro en la representación andina

MURGUIA SANCHEZ, Luis Ernesto

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 467 - sumario >



Resumen
El presente aproxima al estudio de la figura del toro como motivo cultural en los andes peruanos, pretende demostrar la existencia de una relación estrecha entre los hombres y la bestia indómita en la representación popular la cerámica, cotejo y a partir de una colección de registros, destacan la mitología y cosmovisión.

Palabras clave
Toro, andes, hombre, cultura, imaginario, cosmovisión.


The bull in the andean representation

Abstract
The present approaches the study of the figure of the bull as a cultural motif in the Peruvian Andes, it aims to demostrate the existence of a close relationship between men and the untamed beast in the popular representation of ceramics, collation and from a collection of records, stand out mythology and worldview.

Keywords
Bull, andes, man, culture, imaginary, worldview.


Los hombres y el toro

Llama la atención que la imagen del toro en la etnografía andina haya sido objeto de marginal atención no obstante la capital importancia en la sociedad ganadera dado la amplia gama de manifestaciones, situaciones y contextos en el que aparece y descolla su figura como símbolo dominante. Visto los hechos pretendemos colmar el filón.

En las sociedades ganaderas de los altos andes la relación entre los hombres y el toro es hecho irrefutable, individuos y grupos se agolpan tras su figura; de un lado el toro es considerado símbolo dominante de la sociedad ganadera; del otro, resumen de lo aquilatado por la vivencia y experiencia individual y colectiva, fuente de instancias nuevas y novedosos modos de interrelación dado que está ligado a la producción de expresiones materiales e intersubjetivas.

En la sociedad ganadera del altipampa los hombres apelan a la figura del toro con insistencia en virtud que consideran fuente de la amalgama hispano indígena que deviene de los tiempos iniciales de la conquista, las cuáles a partir de una conjunción de transformaciones sociales y culturales han dado lugar a la configuración del rostro mestizo de los tiempos de hoy.

Del vínculo entre el hombre y el toro se desprende que a partir de su dilatada presencia en las praderas cordilleranas ha logrado convertirse en fuente de primer orden, provee riqueza material e inmaterial principalmente a través del recurso inagotable de expresiones de la cultura, canciones, mitos, historias, música, danza, arte plástico y una infinidad de posibilidades de creación, los cuáles en conjunto inspiran, sugieren y producen significado.

Visto así la sociedad ganadera considera al toro fuente inagotable de imaginación, creación y energía proveniente de las profundidades de la naturaleza y el agua; dado su corpulenta figura, bravura y acometividad representa la feracidad de las praderas y lo agreste de la configuración cordillerana, las filudas astas lo asemeja a lo inconmensurable de los picos nevados que conquistó con su presencia; más aún, el toro bravo o sallqa: salvaje, librado por su bravura, filudas astas y la ira de sus ojos logra transitar por el mundo de lo tangible e intangible, abrir caminos para que los hombres conquisten realidades nuevas, abran al mundo y nuevamente se reencuentren en mérito a frutos, producciones y memoria.

Dado el carácter polísémico del toro, a nivel ideológico simboliza poder, riqueza material y social; a cota de lo sensorial asocia a la potencia sexual, vigor físico de los músculos y fertilidad, a través de su figura señala que los hombres son capaces de transformar a los propios hombres para hacerlos más humanos, ordenen la experiencia, generen y perpetúen el proceso y constructo social de la sociedad ganadera.

La aproximación corre a partir de las diversas imágenes, mensajes y lenguajes que proyecta, los motivos explican su presencia en el imaginario, los mitos y expresiones de la cultura. Se da a conocer la dimensión que el toro adquirió en la tierra cordillerana, la transfiguración que sufrió como resultado de una serie de superposiciones y reinterpretaciones en el pensar desde la mítica serpiente el Amaru al toro que llevan a considerarlo como símbolo de las transformaciones cósmicas y sociales.

Se explora la propiedad de encantamiento, los poderes sobrenaturales del que está dotado, los términos en que establece relación con las profundidades del ambiente natural. y cómo configura en símbolo de riqueza, fertilidad, poder social, económico y medio para la clasificación social; la asociación con el poder masculino, en qué términos aparece en la cosmovisión, contenidos que explican que más allá de la imagen que proyecta, es el hombre quien toma como pretexto su figura para expresar las distintas dinámicas y facetas de la dimensión humana y de relación intercultural.

En el marco del ritual se indaga la relación con el fuego, canto, música y danza; la asociación con el fuego, el origen seminal y los grupos de poder local, de cómo las canciones expresan una diversidad de temáticas, cortejo, fenómenos naturales, los cuáles aluden a diferentes circunstancias, sin embargo marcan esencialmente la afinidad entre el ganado y los hombres. La música aparece como medio de expresión de la diversidad social, cultural denotando cercanías y distancias, variaciones locales, regionales, la danza se describe en sus detalles y composición. Finalmente, la aproximación al motivo iconográfico pretende demostrar la dimensión que adquirió el motivo táurico en el imaginario, el arte plástico, los contextos y motivos en que aparece su figura y de cómo los hombres aprovechan a nivel físico, social y cultural.

El toro en la mitología Andina

La importancia de la figura del toro en la mitología ayuda a la comprensión de los modos en que la cultura ordena y sistematiza información provista por su entorno natural y social. Anrup: (1990), el mismo lleva a indagar acerca de cómo la bestia indómita adquirió valor mítico y características totémicas en los altos andes y las sociedades ganderas.

Los animales en la cultura quechua tienen sentido metafórico y simbólico, condensan una gama de propiedades y valores, económicos, sociales, políticos y de diverso género, ayudan a explicar la trama de significaciones de los hechos y fenómenos que representan; así uno de los registros populares representativos se refiere al toro.

En la mitología es reconocida la presencia simbólica del Amaru o serpiente asociada con el agua deidad primigenia de la fecundidad; afirman que el Amaru o mítica serpiente en el agua se oculta, es la madre de las aguas, emerge y se dirige hacia el mundo de arriba el Hanan Pacha:cielo, luego de allí el Amaru regresa a la tierra representada en el zigzaguear del relámpago que acompaña la lluvia. Polia: (1994).

En Cajamarca se describe al Amaru como un monstruo horrible con cabeza de llama, dos pequeñas alas, cuerpo de batracio que termina en una gran cola de serpiente. Ortiz: (1973). «Camino Calderón en el diccionario Folklórico del Perú define al Amaru como un ser mitológico en forma de toro, su presencia precede a los huaycos (avenidas torrenciales), pasa sembrando la desolación y la muerte». Antonio Raimondi identifica al toro con el Amaru, anota que los indios tienen la creencia en un ser imaginario que llaman Amaru y que baja por la quebradas furioso, produciendo daño cuando hay avenidas. Arguedas en sus mitos dice: que al canto triste salen del agua toros de fuego o de oro arrastrando cadenas, suben a las alturas y cumbres y mugen en la helada, por ese motivo en el Perú los lagos están en la altura». Anrup: (1990). Otros relatos afirman que los toros se dispersaron, unos se internaron en las profundidades del agua para convertirse en serpientes, los otros huyen hacia a los cerros para luego asemejarse a las piedras. León: (1973).

Relatos contemporáneos correspondientes a Huanta Ayacucho confirman la vigencia de estas creencias a través del relato mítico, reiteran que el toro emerge de las lagunas; sin embargo describen algunas características distintivas, hermoso, corpulento, bravo, de color negro, cuando sale a la superficie causa estragos, grandes oleajes e inundaciones, para el caso de puneño la aparición del toro es de buen augurio para la ganadería. Beltrán: (1941), Sabogal: (1948).

En Moyobamba se encontró referencias en torno a una fiera con aspecto de vaca, con cachos largos y retorcidos y arrojaba fuego por la boca, amenaza con destruir el pueblo con el fuego que lanzaba a chorros; los pobladores le asignaron el nombre de Vaca Huillca: Vaca sagrada. Los atributos expuestos en similares términos son atribuidos al toro negro, viejo y alto con la diferencia que el demonio tomaba esa figura, tenía fuerte aliento y podía desplazarse en una litera de fuego, por lo que no resulta extraño que en las canciones se halle asociado con la tormenta de agua y de nieve. Sabogal: (1948), idea que se mantiene insistente a lo largo de los andes peruanos.

El toro en el sector norte de Tayacaja es un animal que vive en los puquiales y sale de allí esporádicamente por las madrugadas o por las tardes, con rocíos entre lluvias, neblinas, con truenos o cuando hay arco iris; puede copular a las vacas y sus hijos son los becerros con patas deformadas, cola o cuellos torcidos, o nacen sin cola; cuando es hallado por los afortunados se convierten en piedra, para unos es el cerro que anda en forma de animal, para otros es el hijo del wamani, cuando se ha convertido en estatuilla, al ser hallada por el hombre, le dan por comida, azúcar, pasas, maní, le ponen sal negra, los tienen adornados en su altar con flores propias el Santiago, los guardan en secreto, su posesión para hacer aumentar el ganado y dicen que muge en las noches de luna y cuando no son bien atendidos pueden morirse, trayendo consigo la muerte y disminución de la ganadería. Taipe: (1991).

En Huancavelica, Ayacucho y Puno se reitera la estrecha relación del toro con el agua, las referencias son persistentes con relación a su origen acuático, demuestran la serie de cuentos, poemas, adivinanzas, historias y una variedad de relatos del mundo mítico ancestral andino.

Para el caso de Ayabaca destaca la laguna de nombre toro, afirman que en él vive un toro gateado y encantado que anuncia la lluvia; siguiendo la línea acuática, las conchas marinas de tamaño grande y tipo Astrombus llamadas toro son usadas como como instrumento musical, bocinas de guerra dado que su el sonido que emiten asemeja al mugido de los toros.

Un nuevo filón de la transfiguración del Amaru en toro se halla asociado a la instauración de un nuevo orden social, espacial y temporal.

En el mundo andino, antes del período inca existieron cuatro tiempos o períodos: Tumi Rojo –Puka Amaru I y Tumi Rojo II o Puka Amaru II; de los cuáles Puka Turu Pacha I corresponde a Tumi Rojo– Puka Amaru I y Puka Turu Pacha II a Tumi Rojo II o Puka Amaru II. Puka Turu que a la vez es Puka Amaru en la actualidad se ha convertido en el toro a quién reconocen los atributos de guerrero, sanguinario e incendiario; además, divinidad de rostro humano, cuerpo de serpiente con cuatro extremidades, emerge de las aguas. Yaranga: (1984).

El Amaru en el cosmos andino se ubica en la zona del ukupacha, espacio interior, de preferencia en los lagos.dado que encierra las potencialidades de lo positivo y negativo del mundo ancestral y actual; así el Amaru al salir de los lagos se convierte en signo de alteración y cambio, anuncia y simboliza el cambio de una época a otra.

Muñoz: (1984), anota que la mención al Amaru no solo fue atributo de la cultura incaica, también fue de las culturas prehispánicas, en ambos casos aparece bajo diversas formas de animales, variando de acuerdo a cada región; para los cronistas españoles Bernabé Cobo el toro aparece en forma de demonio, serpiente, venado, para Cristóbal de Albornoz en figura de serpiente, jaguar y puma.

Informaciones contemporáneas siguen la misma línea. Arguedas: (1941) en relación a la aparición del toro Misitu lo asocia con el Amaru y con el agua en movimiento; para Palomino: (1984) comunidad de Sarhua, Ayacucho, el Amaru guarda relación con las serpientes, ríos, cerros y es visto como un elemento movible, parte de las entrañas de los cerros y sube a las cumbre, luego baja para desplazarse hacia la pachamama y fecundarla.

Visto el recorrido, la transfiguración de Amaru en toro implica en primer término el cambio del orden material, la entrada al ambiente social y cultural; así, el volumen físico, la ferocidad y fácil adaptabilidad a un medio hostil como las punas a través de la conquista explicaría el cambio, la alteración e instauración de un nuevo orden social. Muñoz: (1984).

En este curso, la simbología del toro hispánico que reemplaza al Amaru incaico vendría a ser el resultado de un largo proceso de superposiciones culturales, por tal, no debe extrañar que la función adjudicada al Amaru en tiempos prehispánicos en tiempos contemporáneos fuese transferida al toro para luego ser interpretado como tótem victorioso del conquistador español, a la vez ampliamente celebrado en la fiesta taurina.

El universo mítico ancestral revela una nueva asociación, wamani y el toro, afirman que el wamani es uno de los dioses principales en el mundo mítico ancestral, identifica con los cerros y es venerado en el área andina, tiene una serie de nombres locales, en Huamanga y Puno, Apu, Aukillo, Huánuco, Jirca, en el área Aymara, Achachila; en todos los casos presenta dimensiones humanas, actúa como persona, dispone de ojos, boca, conversan entre ellos, otorgan regalos y beneficios mutuos, también lo hacen con quienes siguen las reglas de reciprocidad, son protectores de la comunidad, dueños del ganado silvestre y domestico, los animales están dados en préstamo a los pastores. Muñoz: (1984), Taipe: (1991), Ochoa: (1976).

De lo anotado desprende una serie de asociaciones, serpiente – toro; agua – tierra; desolación – fiesta; vida – muerte; orden social tradicional – nuevo orden social; local – foráneo; no social – social; colectivo – individual, denotando la continuidad de la matriz dual y oposición binaria predominante en los andes.

Finalmente, la transformación de Amaru en toro remite a una verdad establecido en el lenguaje metafórico de la sociedad ganadera, permite acceder a las fuentes de registro y memoria, comprender los términos en que están entretejidas las fuerzas cósmicas y sociales.

El hecho que las oposiciones sean lo suficientemente claras abre camino a la comprensibilidad, posibilita el reconocimiento de las tradiciones populares, por último, describe la experiencia vivida con relación a las fuerzas invisibles e indomables.

El Toro encantado

En la tradición oral andina existe una colección de ideas sobre fuerzas y potencias que tienen poder más allá del poder de los hombres, lo demuestra la existencia de gestos, rituales y relatos en torno a los encantos; se entiende por encanto al espíritu inmaterial dotado de poder, el cual puede ser poseído por el hombre, las plantas, animales, lagunas, fuentes de agua, cuevas, peñas, rocas; estos encantos pueden ser buenos o malos, tener poder positivo o negativo, pero a menudo, son ambivalentes. Polia: (1994)

En los pueblos ganaderos los rituales, las ofrendas con fines propiciatorios son persistentes, están a la vista durante los meses de febrero con motivo de puqllay: carnaval signo de alegría, juego y diversión del hombre y el ganado; en agosto por el retorno de los espíritus para que insuflen poder benéfico sobre el ganado; elemento importante de los ritos es el enqaycho: encanto, alma protectora de los animales que aparece en las conjunciones lunares y vive en los manantiales, humedales y peñascos, su presencia alienta al ganado a multiplicarse. Beltrán: (1941), Vivanco: (1988), de esta forma que está asociado al principio fertilizador del ganado. También existen lugares asociados con estos fines, tienen por nombre Henqhayllo, Henqhaychuyoq puqjioy, en él se hallan piedras y rocas de mármol blanco, negro, piedrecillas con características zoomorfas (carneros, llamas y vacas) conocidas con el nombre de illas, conopas además de médium o intermediarios entre los hombres y divinidades. Quijada: (1944), Miskin: (1960), Flores: (1977), Vivanco: (1988), Polia: (1994).

En Puno se hallaron nuevas asociaciones. La aparición de toros bravos en el hato ganadero llamados salq’a: salvajes, cerreros o cuneros son atribuidos a la injerencia del poder impersonal que se resume en la expresión siguiente: «Yanqhallamanta turuy Lloqsipuan p´iña enqhaycho qhaqthin hallpaspi: De por sí noma resulta mi ganado bravo, será porque tengo un enqhaycho en mi propiedad».

En la exégesis indígena el poder del encantamiento del toro emerge de las lagunas, constituye la generadora de poderes, fuente de las lluvias, salud, reproducción de los seres vivientes y el género humano, por esta razón las sociedades ganaderas ofrecen ofrendas a las lagunas, objetos, especies, incluso humanos.

Si bien el médium aparece inscrito en cuentos, mitos, leyendas y relatos, las descripciones etnográficas revelan nuevas relaciones, el toro y los tesoros; los cuentos señalan que los toros son dueños de minas de plata. León: (1973), existen pueblos sumergidos en el que los toros lloran y salen los días de luna llena, otros hablan de toros de oro encontrados en los entierros de los antiguos. Flores: (1977); es más, en el atado ritual ofrecido al apóstol Santiago patrón del ganado aparecen trozos de oro y plata. Quijada: (1944), en Ayacucho, Junín y Huancavelica a los toros adornan con enjalmas en cuyos extremos se amarraban monedas, frecuentemente de oro. Arguedas (1968). En Cajamarca paraje de la hacienda Shultin, se dice que en las noches de luna llena sale un torito de oro con un lucero en la frente el cual brilla intensamente, los campesinos que transitan por las noches pueden observarlo, no pocos han intentado agarrarlo, se afirma que el que llegue a hacerlo se volverá rico. Iberico: (1997).

En las noches claras de luna sale del cerro alto (Contumazá), un toro de plata refulgente de una cueva honda y comienza a recorrer las faldas del cerro hasta una parte plana en donde se encuentra con otro toro refulgente que sale del cerro Pan de Azúcar, se trataban en una feroz pelea, rodándose entre las peñas, desangrándose por todas partes del cuerpo y haciendo temblar a los cerros con sus fuertes mugidos.

La luna cansada de presenciar tanta ferocidad, se oculta y en esos momentos dejan de brillar los animales y cansados se retiran a sus respectivos cerros. Dice la gente que cuando está por salir la luna llena se pueden escuchar lastimeros mugidos que labran el alma de tan tristes y melancólicas que son, suponiéndose que ello obedece a que los toros salen a restañar sus heridas y a llorar su destino, pues dicen que son personas encantadas en forma de animales.

Se considera que estos toros bravíos fueron unos caciques principales de los lugares ahora denominados Molle y Canazun, los mismo que se disputaron fieramente el amor de la hija de un hechicero, el mismo que al saber de las pretensiones de los caciques, usando sus malas artes los transformó en toro, uno de oro y otro de plata, condenándolos a que siempre que se encontraran debían trabarse en feroz pelea que solo terminaría con el ocultamiento de la luna.

Estos toros encantados aparecen una vez al año entre las manadas de ganado vacuno que pastan en los cerros, en donde los sorprendidos pastores los pueden ver en su extraña belleza. Esta creencia está presente en la gente del lugar, cuando aparece el toro de plata entre la manada el año será bueno, los animales se reproducirán en abundancia, pero cuando aparece el torito de oro, el año será malo, habría sequía y pestes. Iberico: (1977).

Se narra que en el pueblo de Santa Rosa del departamento de Pasco, la presencia de tres toros salvajes hacían imposible que el pasto brotara por esas zonas, eran el azote de la población y del ganado, de las personas que se acercasen a pastar por esas zonas, hasta que los principales de la región decidieron darles caza a estos tres toros, uno de color anaranjado, otro blanco nieve y el tercero de color negro carbón; al tratar de cazarlos, en unos peñascos el de color rojo se introdujo en una cueva, al penetrarla los cazadores la encontraron vacía y solo vieron el polvillo rojo con chispitas brillantes, el toro negro se dirigió a la laguna de Goyllari y el blanco hacia Coljirca, tomando la dirección de la laguna de Yanacante; ya transcurridos los años, fueron descubiertas las grandes vetas de oro y cobre en el cerro de Santa Rosa, como las de plata en Coljirca y el de carbón de piedra de Goyllur, correspondiendo a las tres almas de los toros que se escaparon de la caza. Muñoz: (1984).

Hasta este punto las recurrencias demuestran la existencia de una relación estrecha entre el toro, los tesoros y las riquezas minerales.

De otro lado existen historias que asignan atributos nefastos, peligrosos:

Se afirma que una vez pasaba un campesino, quién entre sus vecinos y familiares tenía fama de ser guapo y de mucho ánimo, este hombre divisó al torito y sin tenerle miedo llegó a agarrarlo, el torito se le escapó de las manos y el hombre al poco tiempo murió botando sangre por la nariz y el cuerpo sin que nada le hiciera bien, ni siquiera los remedios que le dio un brujo. Iberico: (1997).

El Toro en la Interpretación Andina

El mundo de los toros en los Andes se inaugura con la llegada de los españoles, con el transcurso del tiempo se ha integrado hasta transformarse en un símbolo dominante y ha adquirido características totémicas en tanto provee un modelo para la clasificación social.

En la localidad de Ayaviri del altiplano de Puno a la persona, representantes de unidades corporativas encargado de organizar la corrida de toros llaman «Torero». «Torerazgo», en Ayacucho, Lucanas, Parinacochas. Montoya: (1987). Carguyoq de los toros, los ceramistas del torito de Pucará, comprensión de la provincia de Lampa en el departamento de Puno, tienen la referida clasificación. Cuentas: (1995). En la zona de Chumbivilcas, Provincia de Santo Tomás tienen la denominación de misti turus o alqho turus: corrida de perros, cuando los organizadores son mestizos del pueblo o autoridades políticas y runa turus: corrida de gente (parodia), cuando las corrida de toros es organizado por indígenas. Villena: (1987). En Ocongate, provincia de Quispicanchis, llaman waka mayor a los responsables del toro y cóndor mayor al responsable del cóndor. Harvey: (1997).

La asociación con del hombre y el toro está presente en la alfarería cual artefacto cultural que perdura en el tiempo y la historia, el ceramio Torito de Pucará constituye el máximo exponente; su presencia tiene larga data desde la llegada al altiplano, sin embargo el ceramio con la figura del toro comienza a difundirse en la década de 1930. Cuentas: (1995). Cátedra de Investigación de Folklore: (1966). Las condiciones sociales que posibilitaron su difusión se hallaría en la feria de ganado que cada año se realiza en el pueblo de Pucará con motivo de la fiesta patronal de la Virgen del Carmen en fecha 16 de julio de cada año, todo indica que la feria deviene de tiempos coloniales dado que la iglesia fue construida por los jesuitas el año 1767. Trancurrido los años en tiempos de la república fue considerado la más importante del Sur del Perú, a ella confluían hacendados para vender reses a precios atractivos, comerciantes de ganado provenientes de Arequipa, Sicuani, con el fin de satisfacer los exigentes mercados de Lima y del Cusco, los criadores de ganado de la zona acudían al pueblo de Pucará para aprovisionarse de mercadería, muchos de ellos controlaban los circuitos mercantiles a nivel local y regional.

Las razones que explican la presencia la persistencia del toro se hallan inscritas en las costumbres, rituales y creencias religiosas. Los fieles de la Virgen del pueblo compran toritos de cerámica, visitan a la patrona, acompañan la procesión, al interior de la iglesia elevan oraciones, ruegan bendiciones para la familia y el hato de ganado, los ceramios con figura de toro son llevados a la misa para ser bendecidos por el cura; a partir de ese momento los toritos son considerados médium de la fertilidad del ganado; las personas que se dedican a la actividad ganadera en sus hogares reservan un lugar preferencial para erigir un pequeño altar.

En la interpretación indígena y mestiza el peñón que se divisa en la cúspide de la montaña de nombre Pucara en el pueblo de Pucará, comprensión de la provincia de Lampa departamento de Puno, es considerado una de las deidades tutelares más importantes de esta parte del altiplano. Afirman que el peñón presenta la figura de un puma el cual puede ser divisado a relativa distancia; esta figura denota el espíritu aguerrido, fiero manifiesto en la iconografía de la cultura Pucará, el cual pasa por «contagio» al toro que se asienta en las tierras del altiplano.

En otros casos remiten al pasado auroral prehispánico de la cultura Tiahuanaco periodo clásico siglo vi d.C. donde hallaron ceramios, vasos sahumadores con figura de puma, y, en otros casos, incorpora rasgos físicos de camélidos, las cuáles tendrían relación con otras tempranas de origen Chavín, por lo tanto hablan del mismo fondo mítico ancestral; transcurrido el tiempo tras la inrrupción del horizonte Huari que logró extender su influencia, el vaso sahumador sale al encuentro convertido en figura de llama o alpaca estilizada que toma el nombre de conopa o ullti, especie de deidad tutelar representado en piedra cuya misión es asegurar la fertilidad del ganado y las praderas; sin embargo, en el fondo sigue siendo sahumador.

Se afirma que a principios del siglo xix las conopas toman la forma de toro dado la extensa presencia en la pradera altiplánica, importancia material y simbólica en los andes, los primeros toritos son de factura rústica no tan bien definidos, luego con el tiempo se yerguen y hechan a correr, no sin antes haber pasado por una serie de transformaciones de manso a bravo y enjaezado para el festejo taurino; al respecto véase la interesante recopilación llevado a cabo por MINCETUR: (2010), el cual incluye artículos desde la arqueología, arte popular y artistas plásticos Spahni: (2010), Klarich y Flores: (2010), Sabogal: (1948).

En el ceramio torito de Pucará persisten líneas de continuidad con la otrora alta cultura de Pucará de tres mil años a. C. cuya presencia en el valle del Vilcanota y en Ayaviri dejó su impronta. Mujica: (1978), Pucará alcanzó un destacado desarrollo en la escultura de piedra con representaciones antropomorfas, zoomorfas y alfarería de magnífico acabado, valor artístico que tipifican una serie de reinos y señoríos, tienen como común denominador diseños geométricos y el empleo de tintes de color blanco, naranja, crema y/o negro sobre fondo rojo, llamado por los especialistas estilo tricolor. Amat: (1977), Mujica: (1978). Este hecho hace suponer que la técnica y los colores empleados expresen persistencias que siguen vigentes en la cerámica decorativa y que, al combinarse con la iconografía hispana del toro, el arte barroco logre elevado grado de sincretismo.

Llama la atención los colores de la cerámica del torito de Pucará: blanco, matices crema, naranja y la técnica aplicada, inclusión de líneas de pintura, formas espirales, ovoides, rayas horizontales. Cuentas: (1995). Se asemeja a la cerámica de Pucará que presenta decoración policroma hechas sobre superficies bien pulidas y con engobe rojo, en donde los diseños negros y amarillos están delineados con incisiones, los cuales tienden a ser más superficiales y delgadas. De la Vega: (1996).

La cerámica del torito tiene varios estilos de representación: decorativa, lidia, sin adorno, los cuáles están asociados a distintas funciones y significados; se afirma que los primeros fueron llanos, sin ninguna clase de decorado plástico y/o pintado; además la competencia entre ceramistas del pueblos de Pucará y los Ch’eja Pupuja de donde son originales, modificaron el aspecto del decorado, introdujeron enjalmas, rosones y variaron en tamaño. Cátedra de Investigación de Folklore: (1966). En cambio el torito decorativo presenta características peculiares, como signo distintivo en el cuerpo llevan rosetas, el alfarero luego de confeccionarlo a la imagen otorga un trato de dimensiones humanas, viste (decora), con variedad de adornos taurinos.

En el lomo lleva un vasón o abertura circular, enjalma en la cola, frente, anca y pecho, alrededor del morrillo rosones, que en la interpretación indígena es visto como crisantemos, margaritas, claveles o rosas. En cuanto a su aspecto físico, muestra aparatosos pitones, cola sobre la grupa y lengua doblada hacia la fosa nasal. Cátedra de Investigación de Folklore: (1966), Cuentas: (1985), en clara alusión a la disposición del toro cuando muge, embravece y se muestre fiero; representación que tiene un carácter descriptivo de la psicología de los toros bravos llamados cerreros o puneros, que viven en los pajonales de las tierras altas en ambiente «salvaje», quienes son llevados a los pueblos para las corridas de toros.

Entre los alfareros contemporáneos de Pucará, los ceramios con imágenes de toro de lidia son una tradición reciente, al igual que la cría de ganado bravo como actividad económica en el altipampa, los inicios remiten a la década del veinte en la provincia de Lampa hacienda Qheto de propiedad de don Pirulo Romero y a las condiciones materiales y sociales que inspiraron un nuevo estilo de la imagen que se expresa en las características siguientes: negro el íntegro del cuerpo, en el morrillo lleva orificios para las banderillas, ojos vivaces, lengua hacia fuera denotando el esfuerzo desplegado en la arena taurina y en clara actitud de arranque para embestir. Otra forma de representación son los toritos de pelea, presentan figura robusta, destacan el poder físico de los músculos en clara referencia a la actividad agrícola, tienen la cabeza en actitud de enfrentamiento, no obstante carecen de decoración.

Llama la atención la variación presente en la superficie de los ceramios, el torito decorativo presenta una superficie pulida, el de lidia rugosa y de pelea vidriada, denotando distancias sociales; así los ceramios constituyen medios que expresan status, jerarquías, poder, estados de ánimo y una variedad de relaciones sociales, por tal ayudan a conocer las ideas que fluyen e inspiran las obras de arte.

Los ceramios en sus distintas versiones y composiciones son adquiridos en la feria que se realiza en el distrito de Pucará en fecha 16 de julio con ocasión de la fiesta patronal de la Virgen del Carmen que data desde el siglo xviii. Tapia: (1970) y otras fiestas patronales en la región, Ayaviri, Lampa, Sicuani, Cusco, en la actualidad han trascendido la frontera regional y se hallan en ferias y escaparates de souvenir en las ciudades más importantes de país.

Los toritos de Pucará son adquiridos por pares en clara referencia a la matriz dual del pensar cordillerano y a la imagen objetiva de la yunta de toros, ambos conforman una duada y expresión de la relación de oposición, duplicación, y complementariedad indisoluble de la matriz de oposiciones binarias existente en los Andes y que el toro adquirió en las tierras cordilleranas.

Los compradores en gran parte de los casos son personas que mantienen vivos vínculos con la actividad ganadera o, al menos, se identifican con ella, en su mayoría conformado por indígenas, pequeños y medianos propietarios de haciendas ganaderas, hoy convertidos en pequeños productores de lácteos. Otros consumidores son los turistas que los adquieren como souvenir; los criadores de ganado los adquieren con fines rituales, propiciatorios y para el intercambio de dones; las gentes de procedencia urbana los para otorgar fin decorativo y signo de preservación de la memoria colectiva.

En los hogares de los propietarios de haciendas ganaderas el torito de Pucará tiene lugar preferencial, su presencia adorna el salón principal de la casa, en algunos casos tiene lugar reservado en la mesa de centro o una mesa llamada esquinero junto a una colección de divisas taurinas, enjalmas, banderillas, rosones, lazos, monturas, todos de miniatura a semejanza de un pequeño altar, por lo general al pie de la Virgen del pueblo.

En otros casos los toritos de cerámica son adquiridos con fines propiciatorios, aumenten la fertilidad y producción del ganado, imagen que trasladado al orden práctico se expresa en la preferencia de los ganderos en criar toros para conformar la yunta y contar con fuente de energía para el trabajo agrícola, la labranza de los campos; de otro lado por constituir el ahorro del hogar campesino, fuente disponible para la disposición de recursos monetarios[1]; en otros casos atribuyen propiedades terapéuticas[2]; en el orden social confiere prestigio a sus dueños y a quien cría.

En la sociedad ganadera del altipampa puneño la imagen del toro ocupa lugar destacado, se halla dispuesto en los pillos: parte superior de la casa como símbolo de abundancia y riqueza de la familia. Carpio: (2001). También se encuentran en el espacio que media entre el techo y la pared de la habitación del hogar campesino; conforme transcurre los años el número de toritos incrementa hasta conformar un rebaño el cual constituye imagen objetivo del criador de ganado.

La presencia del toro caló hondo en el alma andina, logró trascender la frontera del ambiente natural y penetrar con vitalidad en espacios citadinos; en tijerales y cornisas de los techos de las casas tradicionales del Cusco dos toritos ornamentales de Pucará descollan; se dice que son celosos guardianes del hogar, ahuyentan ladrones, espantan las enfermedades y a los espíritus malos. Cátedra de Investigación de Folklore: (1966). En consecuencia son fieles testigos del paso del tiempo y la historia.

El nivel de sincretismo alcanzado por el toro resulta irrefutable, en la actualidad su imagen logró constituir parte importante del paisaje cultural andino, atestiguan rituales, pagos, ofrendas, danzas, canciones, cuentos, historias, formas ornamentales que dan cuenta de la potencia de su figura.

En el área quechua y ayamara del altiplano puneño los rituales relacionados con la fertilidad del ganado se hallan extendidos, destaca el señalakuy: marcación del ganado, del cual existen varias modalidades que van de invasivas a decorativas, pintarlos con recina roja o agujerear la oreja con el instrumento de nombre sacaboca; dado el segundo caso, las señales del ganado son ofrecidas como ofrenda a las deidades tutelares colocándolas en las cuatro esquinas del corral para evitar enfermedades, proteger a los animales de desgracias, en otros casos una cabeza de toro es enterrado en el corral. Iberico: (1980). También su figura es amarrada en los arcos del matrimonio, los cuáles se cubren con ramas de arbustos, flores, monedas de plata antigua en evidente signo de bienestar y futura felicidad de los contrayentes. Cátedra de Investigación de Folklore: (1966).

También está presente la parodia de corridas de toros que se presenta con ocasión del matrimonio y durante el día de qari wawa: hijo varón que ofrece el desposado al día subsiguiente a la fecha principal de la boda, el cual se lleva a cabo en la casa del progenitor y/o parientes por línea paterna dado que el matrimonio es un proceso y no un mero acto sacramental y social. Murguía: (1994).

De modo análogo en la fiesta de los carnavales el día de compadres los ahijados de matrimonio honran a los padrinos con el obsequio de un toro vivo adornado con serpentina, mixtura y pétalos de uchuqhaspa[3], por haberlos encaminado en la vida marital y orientarlos, acompañarlos para llegar al orden social pleno, en otros términos, convertirse en persona social con derechos y deberes que la sociedad reconoce y estipula.

En tiempos contempoáneos al interior de las comunidades campesinas la figura del toro juega rol integrador, motiva la participación de los miembros del grupo, aviva la actividad lúdica; entre los quechuas de la provincia de Melgar del departamento de Puno el toro taurina está presente como trofeo en competencias deportivas, concursos de danzas, campeonatos...

En los andes el deporte del fútbol ha logrado imponerse como una de las mayores diversiones, organizan campeonatos en todas partes y con finalidades diversas; en este curso la bestia indómita aparece como el premio mayor, no se trata de cualquier toro, sino de uno que tiene atributos mayores, semental de raza el cual no se resume al pedigree sino que, a través de este, logra movilizar la acción social y capacidad creadora del grupo. Finalmente, poner en juego el prestigio de la comunidad.

Para la ocasión los toros en su generalidad son donados por una entidad gubernamental o privada, en otros casos el toro constituye el medio para recaudar fondos; así los equipos de futbol que participan del campeonato abonan un monto determinado de dinero por derechos de inscripción y participación, la diferencia del monto toral del costo del toro puede ser cubierto por los participantes o estar a cargo de un benefefactor público o privado.

Los registro donde la figura del toro descolla son innumerables, en la localidad de Ayaviri tras la culminación de las corridas de toros con motivo de la fiesta patronal de la Virgen de Altagracia moviliza la acción lúdica de niños que asisten a la escuela, en horario de recreo o descanso imponen el toro puqllay: juego de los toros, reproducen escenas de la fiesta brava; unos hacen de «fieras», otros de capeadores, fantoches, banderilleros y diestros del arte del toreo.Los toreros algunas veces llevan la peor parte a semejanza de la corrida verdadera, se dan «cornadas, imponen banderillas, estocadas» motivo por el cual algunos niños resultan, heridos hechos y escenas que no son vistos con buenos ojos por las autoridad educativa; sin embargo lo importante son los términos en que los niños viven, sientes y reproducen la relación entre los hombres y el toro.

De otro lado en Arequipa se ha logrado observar que la figura del toro cobra nuevo sentido, está presente en el cotejo o pelea de toros, el cual tiene lugar con motivo de las ferias agropecuaria que simboliza el agrarismo de la campiña mistiana; la afición viene a través de la vía española; las primeras referencias datan de la colonia, afirman que formaba parte de las diversiones. Al respecto, Mota: (1988), señala que la pelea de toros muestra contenidos vinculados a usos, nivel social, económico y en todo lo que hacen y exteriorizan lo que son, lo que tienen, lo que anhelan. Añade, que el toro en tanto objeto de apuestas en los cotejos, las peleas contienen un razonamiento económico, por lo tanto, el movimiento dado por el dinero no es lo más importante, sino aquello que es usado por el dinero y es allí donde se encuentra el sentido de profundidad.

El toro comprende una forma dramática y dimensión metafórica, descubre a los propios hombres en la figura del toro; de modo que a través de su figura los símbolos pueden mostrar significados que están más allá de la figura simbólica; así un cotejo nos muestra no solo que los hombres pelean a través de la figura del toro, sino que han empezado a pelear mucho antes que los toros ingresen al escenario; en consecuencia, en la cosmovisión la figura del toro sirve como elemento cognostivo para comprender al hombre y vincularlo con las actividades ganaderas.

Finalmente tras el largo camino recorrido por el toro a través de los hombres, los nuevos cambios que impone los signos de hoy, el mercado, la tecnología, referentes que han empezado a desdibujar la figura del toro; así la bestia indómita viene dejando de ser la primera fuente de recursos, ahorro y energía dado que en parte es reemplazado por la tecnología de inseminación artificial, transplante de embriones; hoy en vez de generar ganancias ocasiona pérdidas a través de la manutención en comparación a la vaca que ha logrado convertirse en fuente de primer orden para generar recursos en razón que provee recursos sostenibles a lo largo del tiempo: leche y crías que se extienden a lo largo del espacio y el tiempo.

Luis Ernesto Murguía Sánchez

Dr. Magister en Antropología por la Pontificia Universidad Católica del Perú PUCP

Docente universitario




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NOTAS

[1] Los recursos monetarios que se obtienen como consecuencia de la venta de toros deben ser utilizados para afrontar nuevos emprendimientos, negocios, capital de trabajo o para solventar acontecimientos importantes en la esfera de la vida social: matrimonios, defunción, salud, pleitos judiciales; se ha logrado constatar que el toro sirve como medio de pago por la honra de la agraviada cuando esta es abusada sexualmente y a fin que el caso no pase a la justicia ordinaria.

[2] La sangre del toro negro recién sacrificado se toma junto a una copa de vino en ayunas. En Cajamarca, cuando un joven siente astenia, le dan sangre caliente de toro colorado o de lidia (Iberico: 1980). Su carne es considerada una comida cálida por las parturientas y consumida en caldo y sin sal. La panza es preparada sin ser raspada por contener nutrientes, es administrado a los niños desnutridos y cuando son atacados por espíritus que producen susto, pachura, agarrada del gentil, arco iris.

[3] Flor silvestre iridiscente de color rojo, naranja, crece en la puna, utilizada para adornar los sombreros de las autoridades tradicionales y el rito del señalakuy arrojándola al ganado con fines propiaciatorios.



El toro en la representación andina

MURGUIA SANCHEZ, Luis Ernesto

Publicado en el año 2021 en la Revista de Folklore número 467.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz