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Revista de Folklore número

464



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El conflicto semántico entre las voces vernáculas cigarra y chicharra

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2020 en la Revista de Folklore número 464 - sumario >



I. Introducción

Los sustantivos cigarra y chicharra, incorporados a la lengua romance de modo asincrónico en un lapso tricentenario, señalan especies de insectos muy diferentes, tanto en el aspecto morfológico como en el de la vida y costumbres, pertenecientes a dos órdenes alejados en la escala filogenética, Homópteros y Ortópteros respectivamente; comenzaron a gozar de popularidad desde los tiempos más remotos, no por colisión con los intereses económicos de la sociedad sino por su capacidad para la producción de sonido. Este modo para advertir de su presencia en la naturaleza recae en el estado adulto, en los machos, aunque en algunas chicharras participan ambos sexos; lo cual ocurre durante el estío, a plena luz del día, cuando más arrecia el calor.

La función del sonido está dirigida al encuentro de los dos sexos, en consecuencia, la actividad sonora de cigarras y chicharras es concertante; el estrépito forma parte del paisaje por donde se asientan, en espacios compartidos del área del mediterráneo o en aquellos más septentrionales donde solo encontramos chicharras.

Los timbres sonoros se manifiestan inconfundibles, el de las cigarras sale por vibración de un par de láminas flexibles (timbales) dispuestas en el primer segmento del abdomen de los machos, en cambio el de las chicharras por frotamiento de la base de un élitro con la del opuesto. De igual modo discriminan las peculiaridades morfológicas: las cigarras tienen antenas muy cortas, pico articulado chupador abatido en la parte ventral, dos pares de alas membranosas hialinas dispuestas en tejado al reposo; las chicharras antenas muy largas, superan la longitud del cuerpo, aparato bucal masticador, los élitros reducidos a modo de escamas, carecen de alas funcionales y en el abdomen de las hembras sobresale el oviscapto largo en forma de sable.

Estos insectos de metamorfosis sencilla confían su crecimiento al estado de ninfa, cuya transformación en adulto, con el que guarda semejanza, resulta de una sucesión de mudas que jalonan la progresión ascendente hasta la culminación. Pero la realizan con notable diferencia: en la cigarra, escapa a la observación ocular, transcurre en el suelo en un lapso trienal o cuadrienal, al final el último estadio emerge, se fija a un soporte vegetal firme donde muda para dar origen al imago; por el contrario, en la chicharra todo el proceso es epigeo y anual, el paulatino acrecentamiento hasta alcanzar la etapa final se manifiesta conspicuo.

La aparición de los adultos acaece avanzada la primavera, de inmediato comienzan a producir los sonidos, pero la localización de las cigarras se muestra difícil porque hincado el pico en el hospedante, árbol o arbusto, para extraer la savia, el mimetismo las enmascara; no ocurre lo mismo con las chicharras que se mueven por la superficie terrosa y el sustrato vegetal, a peón o por el salto, a la procura del alimento, unión de los sexos y puesta de huevos.

El conjunto de caracteres contrastados permite diferenciar en la naturaleza, cigarra de chicharra, a cualquier observador perspicaz; así fue como ab intio surgieron cada uno de los nombres. Por todo lo expuesto argüimos que estos términos no admiten confusión, en lo que respecta a su significado; sin embargo, desde el momento en el que entraron en confrontación, se ha generado un empleo erróneo de tal modo que a veces uno suplanta al otro y viceversa.

El presente trabajo es un estudio diacrónico que tiene por objetivo reafirmar el significado de cada uno de estos nombres.

2. El conflicto semántico

Una de las incoherencias encontrada con mayor frecuencia consiste en la consideración de los vocablos, cigarra y chicharra, equivalentes; el primer registro documental en este sentido lo hallamos en un manuscrito de la primera mitad del siglo xvi:

Janua Vitae (Castro, 1526): «chicharra o cigarra, ciccada, ae, acheta, ae; ar. beneguariden (II. lex. fol. 15v)»,

en este documento, por otro lado, recae la primacía de la voz chicharra en romance (v. infra).

El desacierto prosiguió de tal modo que ha perdurado hasta nuestros días como ilustran de manera fehaciente los siguientes registros allegados:

Vocabulario de las lenguas toscana y castellana (De las Casas, 1570): «cicada, cigarra o chicharra (1ª parte)».

Tesoro de la lengua castellana o española (Covarrubias, 1611): «chicharra. vide supra cigarra».

Traducción de Naturalis Historiae de Plinio (Huerta, 1624): «Tratemos aora de la chicharra, a quien llamaron los Griegos Tettix. del verbo Griego, Tetijo, que significa hazer ruido: los Latinos la llaman Cicada, como vnos dizen del sonido de fu voz, cig, cig, o quasi cito cadens, porque fe cae presto muerta, y no dura sino mientras dura el calor del estío, de quien es hieroglifico, y símbolo, y afsi dixo Virgilio: At mecum raucis, tua dum veftigia luftro, Sole sub ardenti refonant arbufta cicadis[1]. Los Franceses la llaman Cigale, los Italianos Cicala, los Alemanes Eintierlin, y los Españoles Cigarra o Chicharra. Es esta un animal infecto, que puesto en los arboles en el tiempo de mayor calor, canta tan prolixamente, que para significar a un hombre demasiadamente hablador, dezian: cicada vocalior, mas parlero que chicharra. (ANOTACIÓN: Lib. XI, caps. XXVI-XXVII. Tomo I, pág. 863)».

Esta es una aportación personal del licenciado Gerónimo de Huerta al dislate semántico, plasmada en la ANOTACIÓN a los dos capítulos indicados del Libro XI; no obstante, como veremos un poco más adelante, en la traducción directa del texto de Plinio muestra otro tipo de discrepancia.

Diccionario de Autoridades (1726): «chicharra, s. f. Lo mismo que cigarra. Véase. Lat. cicada».

Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes (Terreros y Pando, 1786): «chicharra, v. cigarra».

Paseo por el Gabinete de Historia Natural de Madrid (Mieg. 1818): «Observe vd. además esa porción de cigarras ó chicharras (2) que se encuentran aquí, y muchas de las cuales me parecen de un tamaño extraordinario (pág. 248)». (2), cicadae, les cigales.

Manual de Historia Natural (Galdo, 1849): «La cigarra o chicharra (Cicada orni L), los pulgones (Aphis L.) [….], son los insectos más interesantes entre los homópteros. (pág. 380)».

Diccionario general etimológico de la lengua española (Barcia, 1887): «chicharra, femenino. cigarra».

Nuevos elementos de historia natural (Aragón y Escacena, 1907): «Orden IV. Hemípteros. La chicharra común o cigarra, que se nutre de las partes tiernas de los vegetales y por su picadura produce sobre ciertas plantas líquidos dulces, que se endurecen, formando el maná usado en la farmacia. (pág. 226)».

Compendio de Historia Natural (Cazurro et al. 1925): «Por el contrario son Homópteros, o de alas homogéneas la cigarra o chicharra, nombres que para unos son sinónimos y para otros se refieren a animales distintos (Zoología, pág. 74)».

Historias de bichos (Laborde, 1960): «Aunque también, por esa razón, y por llamarse chicharra a la cigarra, podría dársele el divertido nombre de chicharrón, (pág. 186)».

Diccionario de uso del español (María Moliner, 1982): «chicharra. Cigarra: insecto hemíptero».

Consideraciones filológicas acerca de la cigarra, {…..} (Cantera Ortiz de Urbina, 1990): «Mayor interés presenta para nosotros la forma española cigarra, y sobre todo su sinónimo chicharra (pág. 113)».

Diccionario de la Lengua Española, (23ª edición. 2014): «chicharra, f. cigarra».

El Diccionario de la RAE, desde la publicación del llamado Diccionario de Autoridades, ha mantenido la sinonimia de ambos términos en todas sus ediciones, como se puede constatar si accedemos a cada una de ellas.

La relación expuesta, en modo alguno exhaustiva, recorre cinco siglos durante los cuales las voces cigarra y chicharra tienen la consideración de sinónimos, con alusión, de manera inequívoca, al insecto homóptero y consecuente omisión del ortóptero. El término cigarra, en general, prevalece sobre chicharra salvo en la aportación del licenciado Huerta (1624) que establece el viceversa pues obvia la voz latina cicada, en la cita de Virgilio y la frase «cicada vocalior» que traslada como «mas parlero que chicharra», cuando en nuestro acervo paremiológico coexisten «hablar como una cigarra» y «hablar como una chicharra» (Sbarbi, 1980).

Aunque la secular persistencia en el error invita a la aceptación sin ningún reproche, máxime cuando lo sostiene el diccionario de la Real Academia, otro sobresaliente contrasentido encontrado, la aplicación al contrario de cada uno de estos términos, tiene suficiente fuerza probatoria para el rechazo:

Consideraciones sobre los Evangelios de los domingos de Adviento (Cabrera, 1610) «Su comida eran langoftas, ora ayan sido rayzes de yervas ó hojas de árboles, como dizen algunos: ora, lo que es más cierto, sean esas medio cigarras, que llamamos langostas, que en aquellas partes eran manjar de pobres, como afirman los doctores Ambrofio, Orígenes, Gerónimo, (pág. 375-6)».

Aquí el orador sagrado alude por medio de la metáfora a ortópteros distintos de las langostas, pero de notable semejanza, las chicharras, «esas medio cigarras», que a cualquier persona no versada en entomología pueden conducir a la duda. Por otro lado éstas eran de más fácil captura y por su continua presencia en el área donde tienen su asiento no muestran periodos de carencia como las langostas que solo aparecen, en cantidad, cuando se desencadena la plaga.

Historia general de las aves (Funes, 1621) «Y también la Chicharra, aunque efta le fuele perfeguir tanto, que cafi le trae á morir; y efta fimpatia dizen algunos, que folo es en el tiempo de la Canicula, en el qual, como dize Virgilio: raucis• Sole fub ardenti refonant arbufta Cicadis.[2] Y en efte el Cuclillo también canta como ella: (cap. IV, pág. 37, PDF)».

El autor se refiere a la cigarra, lo cual se deduce de la cita clásica aducida, Virgilio (Egloga II:12-13), que no admite otra traducción más que la siguiente «entre los árboles que resuenan con el grito bronco de las cigarras (trad. del autor)», por tanto el empleo de la voz chicharra es una aplicación al contrario.

Traducción de Naturalis Historiae de Plinio (Huerta, 1624):

«cicadarum sono (Lib. XI, cap. III. T. sec. pag. 489)»↔«y el sonido de las chicharras (T. I, pág. 842)».

«similis cicadis vita (Lib. XI, cap. XXVI. T. sec. 522)»↔«Semejante es la vida de las chicharras (T. I, pág. 862)».

«cicadae non nascuntur in raritate arborum (Lib. XI, cap. XXVII. T. sec. pag. 523)»↔«Las chicharras no nacen adonde hay pocos árboles (T. I, pág. 863)».

«Alia cum tractu ftridorem, ut cicadas. (Lib. XI, cap. LI. T. sec. pág. 603)»↔«otras encogiendofe estruendo, como las chicharras (T. I, pág. 900)».

«(cuclillo) Dizefe, que efcupen estos cierta faliua, dela qual entienden algunos que fe engendran las chicharras. (ANOTACIÓN Lib. X, cap. IX. Tomo I, pág. 691)».

El licenciado Gerónimo de Huerta realiza dos aplicaciones al contrario, una cuando traduce cicadarum, cicadis, cicadae y cicadas del texto pliniano por chicharra en los capítulos III, XXVI, XXVII y LI del Lib. XI; la otra es la aportación personal plasmada en la ANOTACIÓN al cap. IX del Lib. X, dedicado al cuclillo, a quien hace participe en la generación de la chicharra por medio de un escupitazo, en conformidad con lo apuntado por San Isidoro, «Cicades ex ciculorum nascuntur sputo (Etim. XII 8, 10)» [«Las cigarras nacen del esputo de los cuclillos»]. El Santo habla de un fenómeno natural que se observa sobre plantas herbáceas o arbóreas donde las ninfas de Philaenus spumarius (L.) (Hemiptera-Homoptera: Aphrophoridae) producen una masa espumosa, que recuerda la saliva, inmersas en la cual completan su desarrollo[3].

Agricultura general y gobierno de la casa de campo (Valcárcel, 1770): «Cigarras. La cigarra, llamada también cicharra[4], y en latin cicada, es la mayor de todas las mofcas, que produce la Europa, y fe cuenta en el género de las que tienen quatro alas, y fierra. Se diftinguen tres efpecies, que fe diferencian por la magnitud, y color: hai entre ellas macho y hembra, aquel es el que canta, ó dá chillidos baftante defagradables; y de la hembra fe dice que pone hafta cerca de quatrocientos huevos, que depofita en la madera de una rama feca de árbol».

hasta aquí entendemos que habla de la cigarra, aunque magnifica la fecundidad de las hembras, no obstante, la deposición de huevos es la adecuada. En la frase que le sigue:

Por otoño nacen, y los gufanillos bajan á tierra, donde fe mantienen todo el invierno con el jugo de las raíces, y en llegando la primavera falen arriba, y defpues fe trasforman en mofca.

explica el desarrollo postembrionario con la eclosión de huevos en octubre, la caída de las ninfas al suelo, su alimentación en las raíces, pero la celeridad en la conclusión del proceso corresponde a la chicharra, dado que en la cigarra dura tres o cuatro años. A renglón seguido, en el párrafo final:

Es de los infectos mas perjudícales á las producciones, porqué quando las cigarras en numero fe echan en una cofecha, hacen en ella una efpantofa deftruccion; principalmente en los granos marciales, ó de Marzo, luego que empiezan á puntar les comen de modo que ya no brotan, y fe pudren en la tierra. (Tomo IV, pág. 358).

la inculpa de daños a los cultivos, cereales de invierno, pero la cigarra no ingiere tejidos sino savia de plantas arbustivas o leñosas, por tanto, a quien imputa tal destrucción es a la chicharra equipada de aparato bucal masticador.

Diccionario manual de agricultura y ganadería españolas (Casas, 1857): «cigarra. este insecto, con cuatro alas y parecido a la langosta, por lo común verdoso amarillento, el abdomen o vientre cónico abultado, y con placas que tapan el órgano por donde canta cuando hace mucho calor y están sobre las matas. Le gusta vivir en los olivos, cuyos frutos y aun ramas tiernas suele destruir. Si abunda mucho, es preciso perseguirlas y matarlas por cuantos medios sea dable».

La cigarra no guarda parecido alguno con la langosta, la chicharra sí, pero este detalle junto con el cromático los ha tomado del DRAE[5] en su 5ª edic. (1817), la primera en la que aparece tal comparación, en las anteriores se hacía con el tamaño. El resto de caracteres morfológicos corresponden a la cigarra, pero en lo que respecta a la destrucción de frutos y brotes tiernos del olivo estamos ante un empleo al contrario, solo la chicharra puede originarlos cuando se dispara su población. La utilización ocasional de brotes tiernos por la cigarra, para realizar la puesta, no revisten importancia alguna.

Manual de zoología (Bolívar y Calderón, 1885): «y los cicadidos, que tienen las alas superiores casi siempre membranosas, tres estemmas y el abdomen en los machos provisto en la base de un aparato recubierto al exterior por unos opérculos y destinado a producir ese ruido característico de este animal, que el vulgo designa con el nombre de chicharra: corresponden a este grupo la Cicada plebeja L. (pág. 187)».

La atenta lectura del párrafo no deja lugar a la duda, estamos ante una aplicación al contrario en toda regla, porque después de exponer los caracteres definitorios de los cicádidos, familia donde se integra la cigarra, señalar por su nombre científico una de las especies, se le acomoda, de manera inapropiada, el vulgar chicharra.

Insectos y criptógamas que invaden los cultivos en España (Ascárate y Fernández, 1893): «En las chinches y chicharras el labro es triangular (fig. 8ª), estrecho y largo, si bien no tanto como las mandíbulas y maxilas que forman cerdas rígidas y puntiagudas, a veces dentadas en el extremo; (pág. 28)».

El Ingeniero Agrónomo D. Casildo de Ascárate, quien desempeñó en primicia la Cátedra de Fitopatología Agrícola (Entomología Agrícola y Patología Vegetal) en la Escuela Central de Agricultura de La Florida (Madrid), en el primer libro español sobre la materia, hace una aplicación al contrario cuando, en las generalidades sobre insectos, describe el aparato bucal de hemípteros fundándose en chinches y chicharras, pero estas, en puridad, tienen aparato bucal masticador, son ortópteros.

Estudio y seguimiento de la fauna de Orthoptera de un entorno natural sometido a un programa de restauración ecológica en el sur de la Península Ibérica (Moyano Ayala, 2014): «Los Ortópteros son un grupo heterogéneo de especies conocidas como cigarras, grillos, saltamontes y langostas. pág. 8».

este trabajo monográfico de reciente factura dedicado a la fauna de ortópteros del sur peninsular todavía nos sorprende con esta aplicación al contrario: la suplantación de las chicharras por las cigarras.

Esta tergiversación de los campos semánticos, aunque también se extiende por cuatro centurias, pone de manifiesto la existencia de dos taxones, ambos productores de sonidos, pero con diferencias evidentes, en el aparto bucal, masticador, el de la chicharra, picador chupador, el de la cigarra; en el comportamiento, aquélla expuesta a la vista, deambula libre, ésta escondida, apenas se mueve, pegada a la planta hospedante.

La confusión generada no tiene explicación razonable, quizá todo se deba a que la chicharra se distribuye por un espacio de mayor amplitud que el ocupado por ambas en conjunto, así, cabe pensar que, por la mayor popularidad de la cigarra, allí donde no se la encuentra, al oír la estridulación, con inusitada ligereza en la respuesta, se aplica uno u otro nombre sin reparar quien es el emisor, el homóptero o el ortóptero.

El modo para disipar la duda exige el estudio de la etimología e historia de cada una de las voces, a fin de llegar al descubrimiento del significado que se les otorgó cuando fueron acuñadas.

3. Cigarra, f.

Un insecto oculto a los ojos, de modo inesperado, rompía el silencio en los ardores estivales, con un sonido estridente, del uno al otro confín del área mediterránea instalado sobre árboles o arbustos. El avistamiento ocurrió al oriente, de donde salieron sugerentes nombres (Beavis, 1988; Gil Fernández, 1957), el más habitual, τέττιξ, de origen onomatopéyico (Gil Fernández, 1959), con el epíteto, ἠχέτης (relacionado con el verbo, ἠχέω, resonar, retumbar) plasma la escena natural: Hesiódo[6]: Tr. y d. (582-583) «καὶ ἠχέτα τέττιξ δενδρέῳ ἐφεζόμενος» [«y la cigarra cantora asentada en el árbol (trad. del autor)»]; éste luego alcanzó el rango de sinónimo, aunque en la forma dórica ἀχέτας (achetas): Aristóteles[7]. H. A. (556a 21) «Καλοῦσι δὲ τοὺς μὲν μεγάλους καὶ ᾄδοντας ἀχέτας» [«Se llama a las grandes o cantoras, achetas (trad. del autor)»]. El nombre latino cicada, presente en los escritos de Virgilio, Plinio, San Isidoro, hay quien lo hace derivar del gr. κικκός (gallo) y ἄδω (= ἀείδω, cantar).

El conocimiento generado desde la antigüedad clásica sobre el insecto estridulador fue acogido por todos los rincones donde sonaba, de tal modo que en el devenir de la historia se produjo el tránsito de aquellos nombres a las lenguas romances, se originan los nombres vernáculos, herramienta de comunicación útil, aunque imprecisa, a la que se opuso la nomenclatura binomial, pero sin lograr su erradicación.

Por ese motivo la curiosidad nos lleva a dilucidar lo acaecido en nuestra lengua, para ello vamos a acudir en primer lugar al Léxico de Nebrija, donde están asentadas gran número de voces de uso corriente en la lengua hablada, desde los orígenes hasta la fecha de su publicación, finales del siglo xv. Las relativas a nuestro objetivo aparecen reflejadas en el siguiente cuadro:

Diccionario latino-español (Nebrija,1492)

Diccionario español-latino (Nebrija, 1495)

«cicada, ae. por la cigarra o chicharro».

«acheta, ae/ echeta, ae. por la cigarra que canta»

«cigarra, cicada, ae».

«chicarro, cigarra que canta, acheta, ae»

La primera entrada en el Diccionario latino-español traslada la voz latina cicada por cigarra, pero le acompaña un sinónimo, chicharro; en la segunda hace lo propio con otra voz latina, acheta/echeta, pero ahora a la voz cigarra le agrega el calificativo, que canta, reminiscencia del significado de la voz original ἀχέτας (gr. dór.), sonoro.

Por otro lado, la primera entrada del Diccionario español-latino insiste en la equivalencia ya marcada de las voces romance y latina, pero en la segunda hallamos una palabra nueva, chicarro, sinónimo de cigarra que lleva el calificativo susodicho, porque la equivalencia última es el vocablo latino acheta.

De lo anterior deducimos que el afamado insecto productor de sonido gozaba aquí, a finales del siglo xv, de dos nombres latinos acheta y cicada y tres en romance, chicarro, chicharro y cigarra considerados sinónimos. La voz latina acheta, que figura en la Naturalis Historiae de Plinio:

(Liber XI, cap. XXVI. t. sec. pag. 522 et pag. 523)

1. Quae canunt, vocantur achetae,

2. Pectus ipfum fiftulofum, hoc canunt achetae, ut diximus.

«Llamanse las que cantan achetas, (Hernández, 1576, fol. 222r)».

«Las que cantan, fe llaman achetas, (Huerta, 1624. I. pág. 862)»

«Es su pecho acanalado, y con este cantan las achetas, según que ya diximos, (Hernández, 1576, fol. 222v)».

«Tienen en el mismo pecho lleno de agujeros y con efte, como diximos, cantan las chicharras, llamadas áquetas, (Huerta 1624. I. pág. 863)»

fue incorporada al romance por los dos traductores de la obra, Hernández (1576) con idéntica grafía, acheta, y Huerta (1624) quien proporciona una nueva, áqueta. En consecuencia, contabilizamos cuatro voces para nombrar a la cigarra cada una de las cuales tuvo su propio rastro en la lengua hablada y escrita:

1). La voz acheta. El cultismo hace su aparición en el último cuarto del siglo xvi, ya hemos apuntado la primera documentación en la traducción de Naturalis Historiae de Plino realizada por Hernández (1576), luego la hallamos en la de Huerta (1624), su presencia en diccionarios alcanzó hasta 1918:

Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. (5ª edic. 1817); (6ª edic. 1822); (7ª edic. 1832); (8ª edic. 1837); (10ª edic. 1852); (11ª edic. 1869); (12ª edic. 1884): «acheta s. f. Insecto. Lo mismo que cigarra».

Diccionario general y técnico hispano-americano (Rodríguez Navas y Carrasco, 1918): «acheta, f. Ent. Insecto hemíptero de los países cálidos. Cigarra».

en la grafía áqueta, la primera documentación corresponde a Huerta (1624), se mantuvo en los diccionarios hasta 1984:

Suplemento al Diccionario nacional o Gran diccionario de la lengua española (Domínguez, 1853): «áqueta s. m. (en gr. ruidoso) Ent. Nombre dado por los griegos a los insectos estridulantes como las cigarras, los grillos, etc».

Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. (13ª edic. 1899): «áqueta f. (del lat. acheta, del gr. ἀχέτας) f. Cigarra».

Gran diccionario de la lengua castellana. Tomo I. (Pagés, 1902): «áqueta (del lat. acheta, del gr. ἀχέτας): f. Cigarra, insecto hemíptero de unos cuatro centímetros de largo, etc».

Diccionario general y técnico hispano-americano (Rodríguez Navas y Carrasco, 1918): «áqueta, f. Cigarra. Del gr. achetes, de igual significado».

Diccionario de uso del español (M. Moliner, 1981): «áqueta, cigarra, insecto hemíptero».

Diccionario ideológico de la lengua española (Casares, 1982): «áqueta, f. cigarra».

Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. (20ª edic. 1984): «áqueta f. (del lat. acheta, del gr. ἀχέτας) f. Cigarra, insecto».

Hasta donde se nos alcanza, este sustantivo, en una u otra grafía, no trascendió de las páginas de los diccionarios.

Las dos voces siguientes, chicarro y chicharro, parecen aportaciones léxicas provenientes del dialecto mozárabe donde cicada se traslada por chicala (Simonet, 1888), de lo que hallamos confirmación en los siguientes registros documentales:

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «cigarra, chicala, chical».

Janua Vitae (Castro, 1526): «cigarra, lat. cicada, e. ar. chicala, beneguariden, hercules[8] (II. lex. fol. 15r) (en el margen grande pone: estas se engendran de la saliva del cuclillo[9])».

Recopilación de algunos nombres arábigos (Guadix, 1593): «cigarra, llaman en España a cierta mosca campesina que cuando los grandes calores del verano, canta en los árboles. Véase el nombre de chicala».

«chicala, llaman en Italia a la suerte de mosca de que, en España, cigarra. Este nombre chicala, sin quitarle ni ponerle letra alguna, significa en arábigo esta dicha mosca, aunque en grandísima corrupción, porque dezimos cigarra; en menor corrupción dixeramos chigarra».

2). La voz chicharro. La ofrece Nebrija (1492) en primicia como sinónimo de cigarra, otro registro corresponde a comienzos del siglo xvi:

Vocabulista aravigo en letra castellana (Alcalá, 1505): «chicharro o cigarra que canta, chiquăla, chicăl».

se mantiene en los diccionarios hasta 1869 como sinónimo de cigarra:

Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, reducido a un tomo (1ª edic. 1780); (2ª edic.1783); (3ª edic. 1791); (4ª edic. 1803) «chicharro. s. m. ant. Lo mismo que cigarra».

Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. (6ª edic. 1822); (7ª edic. 1832); (8ª edic. 1837); (9ª edic. 1843); (10ª edic. 1852); (11ª edic. 1869): «chicharro m. ant. cigarra».

a partir de 1884 y hasta 1956 la encontramos como sinónimo de chicharra:

Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. (12ª edic. 1884); (13ª edic. 1899); (14ª edic. 1914); (15ª edic. 1925); (16ª edic. 1936); (17ª edic. 1947); (18ª edic. 1956): «chicharro m. ant. chicharra 1ª acep».

El seguimiento practicado para conocer el alcance de este sustantivo, nos hace concluir que tampoco trascendió de las páginas de los diccionarios.

3). La voz chicarro. Es una variante en el dialecto mozárabe de cigarra (Corominas y Pascual, 1987) cuya primera documentación la ofreció Nebrija (1495) quien la define como cigarra que canta, acheta; después aparece confirmada en:

Janua Vitae (Castro, 1526): «chicarro es lo mismo que chicharra que canta, acheta -e; ar. chicala (II. lex. fol. 15v)».

Origen y etimología de los vocablos originales de la lengua castellana (Rosal, 1601): «chicarro llamó el antiguo a la chicharra o cigarra».

Esta voz no llegó a los diccionarios ni tampoco la hemos encontrado en otros documentos pero tuvo importancia capital para la generación de la voz chicharra (v. infra).

4). La voz cigarra. Este sustantivo femenino, está relacionado con el lat. cicada, probablemente por intermediación de una variante cicara (Corominas y Pascual, 1987), la tenemos documentada desde el s. XIII:

Libro de Alexandre (1250): «cuando la çigarra non quiero olvidar. (2137d)».

prevaleció sobre todas las demás como prueban los registros que a continuación insertamos:

Libro de los azores (Anónimo, 1300): «Et toma la cigarra et ffazla polvos e dágela a comer con la carne. (Cap. VII; Fradejas Rueda, 1985)».

Tratado de plantar o enjerir árboles o de conservar el vino (Anónimo, 1385): «el vino o el mosto. Si ay han metida agua. Mete una pera dentro del vino. E sy nada el vino es puro & sin agua. Otros dizen que metas y una langosta o una çigarra. E sinon se ende entra semblant ment. (BN, mss/10211, fol 237v)».

Brevis grammatica in laudem reverendissimi……(Gutiérrez Cerezo, 1485): «cicada, la cigarra hispane (fol. 93v)».

Universal vocabulario en latín y romance (Palencia, 1490): «Cicade, nascen delo que escupen las aues llamadas cículos dan gran sonido enel estío (74b)»,

«Ciculi, son vnas aues assí dichas por su mesma boz de las quales diximos quando se fizo mençión de las çicadas o çigaras: buelue a buscar lo de suso (74b)»;

«Tuces, llaman los españoles cuclillos por la boz las saliuas destos engendran las çigarras (511d)».

este autor recoge la afirmación de San Isidoro (Etim. XII 8, 10) que hace surgir a la cigarra de la saliva del cuclillo, imposible biológico al que nos hemos acercado con anterioridad (v. supra, n. 3).

El libro de las propiedades de las cosas (Burgos, 1494): la versión en romance del manuscrito De proprietatibus rerum (Anglicus, 1240), vemos trasladada la voz latina:

«De cicada (Lib. XII, cap. XIII» por «De la çigarra (Lib. XII, cap. XIV)».

Vocabulario de las lenguas toscana y castellana (De las Casas, 1570): «cigarra, cigala, cicada (2ª parte)».

La traducción de Naturalis Historiae de Plinio (Hernández, 1576):

«cicadarum sono (Lib. XI, cap. III. T. sec. pag. 489)»↔«sonido de cigarras (Lib. XI, Cap. III, fol. 193v)».

«similis cicadis vita (Lib. XI, cap. XXVI. T. sec. 522)»↔«es su vida como la de las cigarras (Lib. XI, cap. XXVI, fol. 222r)».

«cicadae non nascuntur in raritate arborum (Lib. XI, cap. XXVII. T. sec. pag. 523)»↔«Nascen las cigarras donde hay pocos árboles[10] (Lib. XI, cap. XXVII, fol. 223v)».

«Alia cum tractu ftridorem, ut cicadas. (Lib. XI, cap. LI. T. sec. pág. 603)»↔«otros rechinan con su ludir, como las cigarras (Lib. XI, cap. LI, fol. 298v)».

Origen y etimología de los vocablos originales de la lengua castellana (Rosal, 1601): «cigarra, corrupta de cicada lat».

El empleo generalizado del término resulta indiscutible, no obstante, encontramos escritos, a partir del siglo xv, donde se desgranan detalles que permiten reconocer al animal señalado:

Esopete ystoriado (Anónimo, 1482): «Un ombre pobre andando a caça de langostas prendió & caço vna cigarra: la qual viendo que el caçador la quería matar: dize. non me quieras sin culpa matar: ca yo non dapño las espigas ni empezco a los fructos & granos. mas feriendo con mis alas et pies fago armonía & dulce canto con que alegro alos caminantes. & les quito su trabajo. en mi non fallaras saluo tan solamente la boz. & oyendo esto el caçador solto la cigarra. (fol 22v)».

La cigarra alardea de su inocuidad así como del fragoroso derroche para aliviar las fatigas de los viandantes que pasan por su territorio, pero nos confunde al apropiarse de un mecanismo sonoro privativo de ortópteros, frotamiento del élitro por el fémur posterior; porque el macho de la locuaz hace vibrar un par de membranas (timbales) dispuestas en la parte anterior del abdomen, apuntado desde antiguo:

Aristóteles. H. A. (535b 7-9): «τὰ δ› ᾄδειν λέγεται, οἷον οἱ τέττιγες. Πάντα δὲ ταῦτα ψοφεῖ τῷ ὑμένι τῷ ὑπὸ τὸ ὑπόζωμα,» [«otros se dice que cantan, como las cigarras. Todas estas suenan la membrana de abajo del tórax[11] (trad. del autor)»].

Plinio. N. H.: «Alia cum tractu ftridorem, ut cicadas. Recepto enim ut duobus fubpectore cavis fpiritu, mobili occurfante membrana intus, attritu ejus fonare. (Lib. XI, cap. LI. T. sec. pág. 603)» [«otros con el tracto estridulan, como las cigarras; en efecto dos cavidades bajo el pecho acogen aire, dentro choca con una membrana móvil que por el frotamiento suena (trad. del autor)»].

Estrabón. Geografía. (VI, 1,9): «{…} τέττιγας· οἱ μὲν γὰρ ἐν τῇ τῶv Λοκρῶv περαία φθέγγονται, τοῖς d› ἀφώνoiς εἶναι συμβαίνει·{….}, ὥστ› ἐνδρόσοuς ὄντας μὴ, διαστέλλειν τοὺς ὑμέvας» [«las cigarras, en la ribera locrense emiten sonido, las de la otra parte son mudas {….}, pues humedecidas de rocío no tensan las membranas (trad. del autor)»].

El yerro no es imputable al anónimo traductor, él se limitó a trasladar la versión latina de la Vida de Esopo de Rinuccio d’Arezzo (1474): «nam nec fpicas ledo, nec corimbis officio, fed plausu alarum pedum ne cantando harmoniam conficio qua uiantes delecto», calco de una redactada en griego[12], que no se corresponde con la de Máximo Planoudes[13] (1300) como sostiene Cavallero (1991), porque en esta se señala el mecanismo correcto: «motu uero qui me funt mémbranularum, fuauiter canto, delectas uiatores.» [«con el movimiento de las membranas hago un suave canto que deleita a los viandantes (trad. del autor)»].

Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos de Dioscórides (Laguna, 1555): «Las cigarras son unos animalejos que carecen de boca, en lugar de la qual tienen cierta lengüeta encima del pecho, cóncava, o acanalada, con que lamen el rocío de las plantas, para se sustentar. Sirveles también el tal instrumento para formar y organizar aquel canto, con el qual por todo el estío jamás cesan de cherriar. No se hallan las cigarras sino en tierras demasiadamente calientes: y ansi en Flandes, y en Alemania, no saben que bestias sean (Lib. II, cap. XLV)».

El doctor Laguna aporta, en su anotación a la traducción del Dioscórides, un carácter morfológico muy propio, carecen de apertura bucal, pero disponen de una lengüeta para la absorción de líquidos, el pico articulado chupador; en lo que respecta al sonido no acierta pero precisa el hábitat donde se desarrollan, en territorios con altas temperaturas.

Apuntes sueltos en torno a la reforma (San Juan Bautista de la Concepción, 1609): «La cigarra, que descansó y cantó el verano muere el invierno (cap. 27, 14. pág. 1011)».

El Santo reformador de los Trinitarios deja un dato importante, la desaparición de las cigarras después del verano, cumplida la función de la puesta de huevos, con esto se desaprueba a la fábula difamadora, no sería posible la postulación de alimentos en invierno a la casa de la hormiga.

Tesoro de la lengua castellana o española (Covarrubias, 1611): «Cigarra. Es un animalejo insecto, que se cría en los montes y parece en el tiempo del estío. Carece de boca, en lugar tiene una lengüeta encima del pecho, cóncava y acanalada, con que recoge el rocío, de que se sustenta. Con esta y la telilla afistolada del vientre forma un ruydo sonoro, moviendo las alas, que entretiene a los caminantes. En latín se llama cicada, quasi citocadens, hoc est evanescens, porque pasado el calor, no se oye mas ni se ve. […….], por quanto las cigarras no mudan región, sino que mueren a donde nacen, diferentes de los demás animales, que casi todos mudan estación y lugar».

El Gran Covarrubias recoge lo apuntado por el Dr. Laguna, pero añade otro detalle anatómico relevante, «la telilla afistolada del vientre» para la producción del sonido; también aspectos del comportamiento, «no mudan de región» además «mueren donde nacen».

Diccionario de Autoridades (1726): «Cigarra. f. f. Infecto con alas, del tamaño de una langofta, poco mas o menos: la cabeza unida íntimamente al cuerpo, porque no tiene cuello: los ojos mui grandes y resplandecientes. Carecen de boca, y en fu lugar tiene encima del pecho una como lengüeta cóncava o acanalada, con que atrahe el rocío de las plantas, y con ella y la telilla afiftolada del vientre, batiendo las alas al mifmo tiempo, forman los machos (porque las hembras fon mudas) aquel canto u fonido defapacible, que folo fe les oye en lo ardiente del verano. No fe crian fino en tierras calientes, Puede formarse de fu mismo fonido Cig, Cig por la figura Onomatopeya, y también puede venir del latino Cicada, quasi cito cadens, porque es de mui corta duración».

Este diccionario sigue en líneas generales a Covarrubias (1611), la compara en tamaño a la langosta, pero es inexacto, sigue aportando caracteres anatómicos que delinean la figura del insecto.

Las descripciones con fundamento científico que nos llevarán al reconocimiento de las especies señaladas, comienzan a aparecer en el siglo xix:

Compendio de historia natural, dividido en los tres ramos de mineralogía, botánica y zoología (Tornos, 1839): «Y si cuatro (alas), y la boca está construida de modo que solo sirve para chupar por medio de un pico, se llaman hemípteros, como la cigarra. (Zool. pág. 37)» «Las cigarras, cicada Olív. nacen en los países cálidos. En su estado perfecto viven sobre los árboles; cuando son larvas chupan su savia, y cuando ninfas cavan la tierra. Solo el macho produce el sonido monótono llamado canto, con la ayuda de dos instrumentos que tienen colocados debajo del vientre. Son dos membranas elásticas, frotadas por otras partes duras situadas en su cavidad. (Zool. pág. 53)».

El autor llega a una precisión encomiable en cuanto a la descripción, en todo es acertado menos que de los árboles «cuando son larvas chupan su savia», porque, desde que sale del huevo va a tierra para comenzar su desarrollo, vive picando en las raíces.

Elementos de Zoología (Pérez Arcas, 1861): «Orden 6º. Hemípteros. Sub-Orden 2º Homópteros. Familia de los cicádidos. […..] El género tipo de la familia es el de las cigarras, Cicada L. (κικκός, gallo), caracterizado por tener las antenas aleznadas y más cortas que la cabeza, tres ojos sencillos en el vértice de ésta, y las extremidades posteriores poco desarrolladas. Los machos presentan en la base del abdomen dos cavidades, en las que se ven unas membranas tensas y otras plegadas a manera de abanico, que se mueven mediante la contracción de ciertos músculos, a los que se deben los sonidos que producen: las hembras carecen de este aparato. Entre las especies más notables del género esta la C. plebeja Scop. la mayor de las que habitan en Europa, y común en el estío en casi toda España: los griegos y romanos colocaban estas especies entre los animales comestibles más exquisitos. La C. orni L., que habita en la parte meridional de Europa, produce por su picadura en el árbol cuyo nombre lleva, un líquido azucarado y purgante, conocido con el nombre de maná y usado en farmacia. (págs. 419-420)».

El primer catedrático de Zoología en la Universidad de Central de Madrid nos presenta a la cigarra enmarcada dentro del puesto que le corresponde en la Clasificación de los Insectos, además aporta unas pinceladas sobre su morfología que alcanzan al mecanismo sonoro «unas membranas tensas» (timbales) y su funcionamiento. Por otro lado nos da los nombres binomiales, científicos, de algunas especies.

Sobre la palabra Cigarra (Bolívar, 1905): «Cigarra (del latín cicada), insecto con pico articulado que pasa la mayor parte de su vida enterrado, chupando los jugos de las raíces de las plantas, y cuando adulto está provisto de cuatro alas y vive sobre arbustos y árboles en las épocas de mayor calor, cantando los machos por medio de unos aparatos que tienen en la base del abdomen y que están cubiertos por unos grandes opérculos redondeados de que carecen las hembras. (Los naturalistas los colocan entre los hemípteros homópteros y forman con ellos la familia de los cicádidos) pág. 92-93».

La concisa descripción de cigarra propuesta por el insigne entomólogo D. Ignacio Bolívar, discípulo de Pérez Arcas, es digna de todo elogio, además debo resaltar que la aportó para poner orden en la cuestión de la sinonimia.

Diccionario de la Lengua Española, (23ª edición. 2014): «cigarra. (del lat. vulg. cicāla, y este var. del lat. cicāda, con infl. onomat.) f. Insecto hemíptero, del suborden de los homópteros, de unos cuatro centímetros de largo, de color comúnmente verdoso amarillento, con cabeza gruesa, ojos salientes, antenas pequeñas, cuatro alas membranosas y abdomen cónico, en cuya base tienen los machos un aparato con el cual producen un ruido estridente y monótono».

La definición ofrecida por el DRAE es aceptable en términos generales, aunque lamentamos siga sosteniendo la consideración de sinónimo con chicharra.

En resumen, el término cigarra hace referencia, de modo exclusivo, a varias especies de una familia de hemípteros-homópteros: Tibicen plebejus (Scop.), Cicada orni L., Cicadetta brullei Fieb., etc. (O. Hemiptera, subor. Homoptera: fam. Cicadidae).

3. Chicharra, f.

En los parajes infestados por la oculta cigarra lanzaban sus estridencias otros insectos, visibles, los ortópteros, para los que la antigüedad clásica legó el término griego ἀκρίς (Beavis, 1988; Gil Fernández, 1959) de carácter onomatopéyico (ἀ- sufijo intensivo, o v. protética; κρίς de κρίζω, chirriar) (Gil Fernández, 1959); los latinos facilitaron el vocablo locusta. El complejo de especies, unas producen el sonido por frotamiento del fémur posterior sobre el élitro (suborden Caelífera), pero son afamadas por dañinas, originan plagas, langostas y saltamontes; otras por frotamiento de la base de un élitro con la del contiguo (suborden Ensifera), de popularidad pareja con la cigarra, apenas causan daños. Estas mantienen presencia en el área donde nacen, se reparten en dos grupos, uno de actividad nocturna, grillos; otro, en general, de actividad diurna, chicharras, cuya estridulación se deja sentir, además, por parajes donde aquélla está ausente.

La etimología de la voz chicharra plantea ligera controversia, hay quien la considera generada por onomatopeya (Bolívar, 1905), pero Corominas y Pascual (1987) sostienen que proviene de chicarra, femenino de la voz mozárabe chicarro, por una dilación consonántica favorecida por el efecto expresivo de la reduplicación; la primera documentación a este respecto la hallamos en el ya mencionado manuscrito del siglo XVI:

Janua Vitae (Castro, 1526): «chicarro es lo mismo que chicharra que canta, acheta -e; ar. chicala (II. lex. fol. 15v)».

con posterioridad aparece en el del médico cordobés Francisco del Rosal:

Origen y etimología de los vocablos originales de la lengua castellana (Rosal, 1601): «chicarro llamó el antiguo a la chicharra o cigarra (fol. 122r».

pero los dos autores incurren en el primer aspecto del conflicto semántico (v. supra), Castro porque realiza la equivalencia con las voces acheta, latina y chicala, arábiga que se refieren a la cigarra; Rosal lo declara con la disyuntiva, aunque también trae una aproximación a la onomatopeya: «chicharra por el canto que suena qual el de los chicharrones enla sarten (fol. 122v)».

En cualquier caso, nada invalida que la voz chicharra surge en la primera mitad del siglo xvi:

Segunda Celestina (Silva, 1534): «y junto venía cantando, que mal año para cuantas calandrias ni ruiseñores hay en el mundo que así retumbasen sus cantilenas; pues el gritillo de la boz, ni grillos ni chicharras que así lo empinen. (Argumento de la XXXIII Cena. Pág. 468)».

Poesías de Boscán (1543):

Mañana, cuando el sol esté bien alto,
y los ganados buscarán las sombras,
y cantarán apriessa las chicharras,
yo te quiero llevar do está este viejo.

(III. Libro III. I. Leandro. vv. 1301-1305).

en estas dos referencias se pone de manifiesto la actividad estriduladora del insecto, pero no encontramos ningún detalle que perfile su caracterización morfológica; las citas siguientes son más ilustrativas para aclarar a qué insecto trata de nombrar:

Poema, Consuelo de Cornudos (Figueroa 1536-1585):

Con ellos se aplaca el sol;
con ellos andan chicharras,
con ellos el caracol;
cantando el re, mi, fa, sol
los mosquitos y zigarras.

(Poema 290, vv. 111-115).

El poema pone el acento en los cuernos que exhiben las chicharras, esto es, las largas antenas que superan la longitud del cuerpo, carácter sobresaliente de los ortópteros ensíferos; por el contrario, en las cigarras son cortas y finas, apenas superan la anchura de la cabeza. El detalle confina al insecto portador dentro del orden Orthoptera en el suborden Ensifera.

Tragedia de la honra de Dido restaurada (Lobo Lasso de la Vega, 1587):

Sicheo: Mientras que el fiero jabalí cerdoso
los montes y collados abitare,
y mientras el rocío deleitoso
la cigarra solícita gustare,
y mientras que su canto disgustoso
en el estío la chicharra vsare,
y mientras que la aueja del tomillo
fabricare el sabroso panalcillo.

(Jor. I, pag. 99) (vv. 107-114).

El autor habla de dos taxones diferentes, de la cigarra señala que se alimenta de rocío tal como se nos ha dicho más arriba (Laguna, 1555; Covarrubias, 1611; Autoridades, 1726), de la chicharra que produce desagradable estridencia.

Diálogos Familiares de Agricultura Cristiana (Pineda, 1588): «Filaletes.-Acordaos con Ateneo de que Homero alaba mucho la virtud nutritiva del agua, cuando apunta la grandeza y lindeza de ciertas alamedas; y creedme que no sirve solamente de disponer la materia nutritiva, sino que también ella, como cuerpo, que tiene parte en nuestra compostura, la tiene también en nuestra nutrición; para cuya aprobación se aprovecha Atheneo del rocío, con que solamente se mantienen las cigarras, como dice Aristóteles, y que, cuando los hombres más sudan, cantan ellas más, pareciendo quererles poner esfuerzo; mas en caso que ellas más canten, es por ser mayor el calor, que las mueve a ello, también como a la chicharra. (Tomo II, Dialogo X, Cap. XXXII pág. 323)».

En este párrafo de Pineda, que fue considerado primera documentación para chicharra por Corominas y Pascual (1987), si de la última frase contrastamos el antecedente, «mas en caso que ellas (las cigarras) más canten, es por ser mayor el calor, que las mueve a ello», con el consecuente, «también como a la chicharra.», queda claro que se hace referencia a dos taxones distintos.

La Moschea. Poética inventiva en octava rima (Villaviciosa, 1615):

Al punto las chicharras se adelanten
a dar de mis intentos la noticia
y sin cesar con sus trompetas canten:
¡guerra, guerra! Con ánimo y codicia.
No cesen hasta tanto que levanten
de los montes la gente a la milicia
desde que pinta a Ceres el agosto
hasta que Baco dé maduro el mosto.

(Cant. III, 641-648).

Aquí se indica que las chicharras deambulan, caminan para anunciar por doquier la guerra que se avecina, las cigarras no podrían ser comisionadas a tales efectos, son sedentarias, permanecen sobre las plantas que las hospedan, árboles o arbustos.

La inequívoca caracterización de la chicharra dio comienzo en el siglo xix, vino de la mano de personas ilustradas con conocimientos entomológicos como se relata a continuación:

Ensayo de Zoología Agrícola y Forestal (Blanco Fernández, 1859): «Familia de los locustadios[14]. Tienen los élitros sin rebordes; abrazan el abdomen del insecto, cuando este permanece quieto; las antenas son muy largas (mas que el cuerpo) y setáceas; los tarsos tienen cuatro articulaciones; los ganchitos carecen de protuberancia distinta; el taladro de las hembras es muy saliente y ensiforme.

Estos insectos se alimentan de plantas. La longitud de sus patas posteriores les permite saltar mucho; en cambio, su vuelo es corto y pesado. […….]. Varios son los géneros que cuenta esta familia. Nos ocuparemos de dos: Ephippiger, y Locusta[15]».

El profesor de Cultivos especiales en la Escuela Central de Agricultura de La Florida (Madrid), D. Antonio Blanco Fernández, proporciona los caracteres de la familia que engloba a las chicharras, adelanta la nomenclatura binomial, en latín, establecida por Linneo:

«Género Ephippiger.- Características: Élitros en forma de escamas cortas, convexas, redondeadas en ambos sexos; el taladro es bastante estrecho, largo, puntiagudo, sin dentelleaduras perceptibles en su extremidad; protórax grande, arrugado; la cicatriz de las piernas anteriores es poco dilatada y opaca.

Especie principal:

Ephippiger vitium.-Chicharra de las viñas; langosta de las viñas locusta ephippiger, de algunos entomólogos.

La longitud de este insecto suele ser de una pulgada, poco mas ó menos; su color verde, pero que se torna moreno ó amarillento al secarse. Sobre la cabeza tiene dos tubérculos, uno encima de otro; el protorax es arrugado y como si formase un ribete á los élitros amarillentos; las antenas y las patas son del mismo color que el cuerpo».

La caracterización del género Ephippiger es muy precisa, así como la correspondiente a la especie señalada con su nombre científico, Ephippiger vitium Serv. que en vulgar denomina «chicharra de las viñas» porque en algunas circunstancias suele causar daños en el cultivo de la vid, tema del que se ocupó en otra de sus obras Tratado sobre el cultivo de la vid (Blanco Fernández,1863; I. pág. 280).

Sobre la palabra Cigarra (Bolívar, 1905): «Chicharra (por onomatopeya de su canto), voz que se aplica por algunos a las cigarras[16], y con más frecuencia a insectos masticadores con robustas mandíbulas, saltadores, que pasan toda su vida sobre los arbustos y otras plantas pequeñas y cantan haciendo frotar la base de un élitro con la del opuesto. Unos tienen los élitros y alas bien desarrollados y otros solo tienen élitros, pero reducidos a escamas convexas que constituyen los órganos del canto. (Corresponden a los géneros Locusta[17], Ephippigera y sus afines, y son para los naturalistas, ortópteros saltadores de la familia de los locústidos[18] (pág. 93)».

El eminente ortopterólogo, don Ignacio Bolívar, en su afán por deshacer la sinonimia, presentó esta definición del término chicharra, sencilla y clara, con lenguaje entomológico; la construye s. lato, porque engloba tanto a especies ápteras como aladas pertenecientes a la familia concernida. No obstante, Bolívar advierte en el escrito, quizá a modo de reparación, que «El nombre cigarrón se aplica en Andalucía para estos mismos insectos, así como para los saltamontes (pág. 92)»; vocablo al que prestaremos atención en la Addenda (v. infra).

Las Chicharras ibéricas (Morales Agacino, 1944). «Primera Parte: Generalidades y clave de géneros. Morfología externa de las chicharras: antenas más largas que el cuerpo; élitros cortos, en forma de escamas convexas; abdomen voluminoso, oviscapto en las hembras alargado en forma de sable. Segunda Parte: chicharras de la fauna ibérica. Familia Tettigonidae: Subfamilias Ephippigerinae y Pycnogasterinae».

El ortopterólogo D. Eugenio Morales Agacino, discípulo de Bolívar, en esta monografía dedicada a las chicharras de la fauna ibérica incluye únicamente a las especies ápteras de la familia Tettigoniidae que conforman las subfamilias arriba indicadas. En consecuencia, deja asentado el significado de la voz chicharra s. str.

Elementos de entomología general (Ceballos, 1945): «Fam. Phasgonuridae[19]. […..]; la mayoría son fitófagos, pero hay grupos carnívoros, como las Saga y géneros afines; son muy características las formas gruesas, rechonchas y ápteras, con largo oviscapto en forma de sable, de nuestras «chicharras», que producen un agudo canto estridente por medio del frotamiento de sus cortos élitros que entran en vibración; grupo magníficamente representado en España, donde existen muchos géneros exclusivos o casi exclusivos. […..]: gen. Ephippigera, Platycleis, Pygnogaster y Antaxius.

Especie bien conocida entre las de alas largas y aspecto parecido a los «saltamontes» es la Phasgonura viridisima[20] (antigua Locusta viridisima) de color verde, como indica su nombre; de colores pardos o amarillentos son las «chicharras», conocidísimos y populares insectos que llegan a tener gran tamaño, hasta 75 mm. con el oviscapto, y de las que hay muchas especies propias de España: Steropleurus stali y S. dilutus son de la Cordillera central, así como Platystolus martinezi, Callicrania miegi llega a tener los 75 mm. antes indicados (pág. 116)».

En este pequeño tratado de Entomología, texto tan valioso, hasta no hace mucho, para la iniciación en la materia, D. Gonzalo Ceballos aplica de modo exclusivo el término chicharra a las especies ápteras (s. str.) de la familia Tettigoniidae, aporta una pequeña relación de especies linneanas a las que corresponde el mentado nombre.

Plagas eventuales. Cigarrones y Chcharras (Cañizo, 1954): «Las chicharras de alas cortas, llamadas también cigarrones sin alas[21] no tienen nada que ver con la vulgar cigarra, calumniada por los fabulistas, y cuya laboriosidad fue reivindicada por el célebre naturalista Fabre. Son las chicharras gruesos saltamontes de largas antenas y cuyas hembras llevan un ovipositor en forma de sable, casi tan largo como el cuerpo. Sus alas están reducidas a dos escamas convexas, endurecidas, recubiertas parcialmente por una pieza (pronoto) que tiene forma de una silla de montar, esas alas atrofiadas sirven al animal, exclusivamente para cantar, frotando una con otra: la de la izquierda tiene, por abajo, una cremallera de 80 anchos dientes transversales, los cuales hacen vibrar un tímpano encuadrado en fuerte nervadura externa del élitro derecho. Aquí, por excepción, ambos sexos están dotados de aparato sonoro, si bien, el de la hembra es más rudimentario. Viven en los jarales, matorrales y montes de alcornoque etc., de donde no salen mientras no les falta alimento. Pero, al aumentar su número, después de haber devorado cuanto les conviene en montes y eriazos, invaden los campos inmediatos, donde ocasionan daños mayores, (pág. 7)».

El Ingeniero Agrónomo D. José del Cañizo, destacado Entomólogo Agrícola, aparta taxativamente de la calumniada cigarra a la chicharra que la describe (s. str.) con mucho detalle, ambos sexos producen sonido, resalta la proverbial permanencia en el hábitat del que solo salen si la población se eleva y la comida escasea.

Entomología Agraria. Los parásitos animales de las plantas cultivadas (Alfaro, 2005): «Fam. Tettigoniidae. Se asemejan por su aspecto a los acrídidos, pero son más esbeltos y llevan antenas largas y finas que sobrepasan en general la longitud del cuerpo. Las chicharras son ápteras y los cigarrones alados. Su interés agrícola es secundario, porque sólo producen daños ocasionales en las plantas cultivadas.

Chicharras

Las chicharras, como decimos, carecen de alas, y los élitros están reducidos a unas escamas convexas, con las que producen por frotamiento un sonido estridente, que es su canto. El pronoto o corselete tiene la parte posterior más elevada que la anterior y recuerda por su forma a una silla de montar. A ello alude el nombre de Ephippiger con que se designa a algunas especies, palabra derivada de dos griegas que significa «llevar silla de montar». El abdomen de la hembra termina en un largo oviscapto en forma de sable. Estos insectos viven sobre las plantas silvestres en los terrenos baldíos e incultos, y de ellos pasan a veces a los cultivos inmediatos, principalmente a la vid, olivo, frutales y aun ciertas plantas de vega (algodonero, tabaco, etc.) (pág. 89)».

El Ingeniero Agrónomo, D. Agustín Alfaro, Fitopatólogo Agrícola de reconocido prestigio, realiza la diagnosis de la familia Tettigoniidae de una manera sencilla a la vez que refuerza la aplicación del término chicharra (s. str.) para las especies ápteras con reserva del término cigarrón (v. infra) para las aladas.

La recapitulación permite aseverar que la voz chicharra tiene significación propia, alude de modo único a varias especies ápteras de una familia de ortópteros ensíferos: Ephippiger ephippiger (Fieb.), Platystolus martinezi (Bol.), Steropleurus brunneri (Bol.), S. perezi (Bol.) etc. (O. Orthoptera, subor. Ensifera: fam. Tettigoniidae).

4. Epílogo

El análisis de la información acumulada sobre las voces, cigarra y chicharra, desde que aparecen registradas en romance, siglos xiii y xvi, respectivamente, pone de manifiesto la independencia de cada una de ellas por lo que se desestima su condición de sinónimos.

El estudio reafirma la conclusión a la que había llegado el eminente ortopterólogo D. Ignacio Bolívar (1905), hace algo más de un siglo, cuando asistido por su autoridad en la materia, como naturalista y catedrático de la Universidad Central de Madrid, encaró el problema. La lección de D. Ignacio fue acogida por sus discípulos, D. Gonzalo Ceballos, D. Eugenio Morales, etc. también por otros prestigiosos entomólogos, mención especial del ámbito agronómico, D. José del Cañizo, D. Agustín Alfaro, etc., la sostuvieron y transmitieron con sus escritos y enseñanzas; aunque desafortunadamente no tuvo impacto en la Real Academia de la Lengua pues en el Diccionario se siguió y se sigue manteniendo la sinonimia.

Cigarra (del lat. vulg. cicāla, y este var. del lat. cicāda, con infl. onomat.) f.

«Insecto del Orden Hemiptera, suborden Homoptera, con cabeza gruesa, ojos salientes, antenas pequeñas, cuatro alas membranosas y abdomen cónico, en cuya base tienen los machos un aparato con el cual producen un ruido estridente y monótono. (Familia Cicadidae)».

Chicharra (de chicarra fem. de chicarro, voz mozárabe) f.

«Insecto del Orden Orthoptera, suborden Ensifera, forma gruesa, con cabeza globosa, antenas largas y finas que sobrepasan la longitud del cuerpo; pronoto grande, en forma de silla de montar; carente de alas, élitros reducidos a escamas con los que por frotamiento del uno con el otro producen sonido estridente; patas posteriores largas endebles poco adaptadas al salto; abdomen en la hembra prolongado por un largo oviscapto en forma de sable. (Familia Tettigoniidae)».

ADDENDA

5. Cigarrón (aum. de cigarra), m.

Este sustantivo masculino deriva de cigarra, quizá surge por asimilación en territorios donde comparten existencia, es un insecto de tamaño grande que estridula, por otro lado, causa impacto visual por salto y vuelo; la documentación comienza a finales del siglo xv:

Vocabulario eclesiástico (Fernández de Santaella 1499): «Locusta. te. Femenino genero langosta. Exodi .x. et joelis .j. longus. se compone con asta. Y dizese locusta porque tiene luengos pies como asta. E a esta causa ansi ala langosta del mar como dela tierra llaman en griego hastacon. Mathei .iij. Esca autem eius erat locuste. Algunos piensan que eran especie de yerua ansi llamada. Pero sant agostin .x xxxi.46 confessionum. dize. Johanem animalibus hoc est locustis in escam cedentibus non fuisse pollutum. es como cigarroncillo o grillo o otra especie semejante de que alguna vez usan los pobres en las partes orientales. (fol. 107r)».

El autor se decanta por la alimentación del Bautista en el desierto con cigarrones, porque figuran en la relación de especies puras (Levítico XI, 22)[22], además, están presentes de manera permanente en el área donde nacen por lo que la captura tiene cadencia anual, no así la de su semejante, la langosta, cuyas bandas de adultos irrumpen en el territorio con irregular ciclicidad.

Tratado llamado Fruto de todos los autos contra el mal serpentino (Díaz de Isla, 1542): «Segunda. Assi mismo se hacen dos maneras de estrechamiento de anelito. La vna es causada de vna apostema que se haze en el ysofago quasi eschirotica como esquinencia; la qual sino la curan dura allí por largos días hasta que se podrece y causa la muerte las señales dela tal apostema es grande acortamiento de anelito chillale el pecho a la contina que quando duerme paresce que cantan a par del cigarrones; & que se quiere ahogar & rescibe gran pena en el dormir & en el tragar & escupe alguna vez materia por la boca haze se le apostema por los lados del pescueço & en la parte delantera sobre la nuez de la garganta y vlceranse les, y sale les el ayre por alli. (folio 24v)».

La voz cigarrón está empleada aquí como término de comparación en atención a su actividad productora de sonido de la que el autor debía tener conocimiento de causa.

Historia general y natural de las Indias (Fernández de Oviedo, 1548): «Hay unos çigarrones de muy luengas piernas, e delgadas e verdes, que los niños en España llaman çervaticas. Estas langostas también las comen los indios e las han por muy buen manjar, en espeçial en la Tierra Firme, donde ninguna cosa viva perdonan ni niegan al gusto e paladar, como se dirá en su lugar, en la segunda parte desta Historia Natural de nuestras Indias. (Libro XV, cap. III)».

El historiador de las Indias se topa allá con un insecto, «de muy lenguas piernas», que le recuerda a los cigarrones de España; para reafirmar su descubrimiento no persiste en la inclusión de otros caracteres, inserta un sinónimo, otro nombre vernáculo, cervatica.

Crónica de los Reyes Católicos (Santa Cruz, 1551): «1508. En este año ubo en España mucha langosta y cigarrones, que echaron a perder muchos panes. Andava la manada dellos que cubría cuatro y cinco leguas de tierra, de manera que se comían lo verde y lo seco. (fol. 272r)» (Tomo II, Cap. XXVI. pág. 113).

El párrafo sorprende por la agudeza del autor en el diagnóstico de una plaga de langosta; sin titubeos reconoce que la especie causante, la langosta autóctona o mediterránea, está acompañada por cigarrones. Este ejercicio no alcanzó carta de naturalidad hasta la segunda mitad del siglo xix cuando comenzaron a aplicarse los criterios entomológicos (Vázquez Lesmes y Santiago-Álvarez, 1993; págs. 76-78).

Los cigarrones forman parte de la fauna entomológica en los territorios por donde aquélla se mueve, pero por mucho tiempo imperó el equívoco, los individuos con largo oviscapto eran considerados hembras de langosta, así, lo exponen: Ximenez Patón (1619), «estas engendran hincando el aguijón de la cola en la tierra (pág. 2)»; Quiñones (1620), «las hembras tienen en la cola una punta o tallo que no tienen los machos (fol. 3r)» quien además, en la portada de su memoria representa a un individuo con oviscapto exagerado; e incluso para el ponderado Bowles (1775) la hembra de la langosta «en la parte posterior de su cuerpo tiene un instrumento de unas ocho líneas de largo, redondo, liso, y en su nacimiento grueso como una pluma de escribir, y va disminuyendo hasta la punta, que es mui aguda y mui dura (pág. 242)».

Introducción del Símbolo de la Fe (Granada, 1583): «Él es el que está asentado sobre el cerco de la tierra, y los moradores della son como unos cigarrones en su presencia (cap. XXXVII pág. 330)».

Fray Luis de Granada traduce para su discurso el pasaje de Isaías XL, 12-30, en cuyo versículo 22 introduce el término cigarrón, aunque en plural, de manera inopinada según criterio de Ayala Manrique[23] (1693) quien asevera que en este texto bíblico aparece la voz latina locusta; no columbramos la versión del libro sagrado utilizada por el Padre Maestro pero opinamos que la elección del vocablo no fue un capricho.

El versículo 22 de Isaías XL así como el 33 de Números XIII expresan una imagen pareja[24] con exigencia de concordancia léxica, como plasma el rabino Mosé Arragel de Guadalfajara (1422-1433) en la versión castellana del Antiguo Testamento, realizada en el primer tercio del siglo XV: Ysayas XL: «El que esta sobre el çircuyto de la tierra, e los en ella habitantes son como lagustinos; (Arragel, vol. II, pág. 33)», Números XIII: «E ende viemos los Naphilim, fijos del gigante de los naphilym, e eramos en nuestros ojos como langostinos, e avn al tal fuemos en sus ojos. (Arragel, vol. I, pág. 344)»; resolución que desautoriza a Ayala Manrique porque en el original hebreo el traductor no halló la voz equivalente a langosta[25], en consecuencia Fray Luis no alteró el texto, a propósito se inclinó por cigarrón.

Por otro lado, el término langostino señala a un insecto ortóptero (Santiago-Álvarez, 2017, pág. 16), definido en Autoridades del siguiente modo: «efpecie de langofta, que fe cría normalmente en los campos. No vuela ni hace daño: y fe llama afsi, por la gran femejanza que tiene con la verdadera langofta. Lat. Pfeudolocufta.», con el refuerzo de una cita de autoridad:

Vida de San Jerónimo (Sigüenza. 1595): «Y escribiendo sobre Naun, comparó a los que se dan a solo el filosofar de los gentiles, a los saltones y langostinos que aquellas alillas que tienen no los pueden levantar mas altos que hasta las zarzas y espinas, ni puede durar mucho su vuelo sin venir a tierra. (lib.1, disc.2, pág. 40)».

Aquí, el padre Sigüenza da muestras de gran observador, expone una escena por él presenciada en multitud de ocasiones, el vuelo errático e inconsistente de los langostinos, que no es otro que el practicado por los cigarrones, como delata la sabiduría popular: «Hablar de trompón, saltar de cigarrón». «Es como el cigarrón que no sabe dónde ha de dar el salto» (Santiago-Álvarez, 2006).

Ítem más, Fr. Luis de Granda alberga un alto grado de conocimientos sobre la biodiversidad del espacio donde habita, sabe que el cigarrón es un compañero permanente, la langosta eventual, llega de manera imprevista en grandes bandas, cuando se ha generado la plaga; esto lo refiere de modo acertado en el capítulo XIV «Y a los egipcios castigó con langostas y moscardas y mosquitos (pág. 139)».

Relación de las cosas sucedidas en la corte de España desde 1599 hasta 1614 (Cabrera de Córdoba, 1626): «(De Valladolid 28 de diciembre 1604) [….] Escriben de Andalucía que han pasado de África gran cantidad de cigarrones de diferente grandeza que los ordinarios, los cuales se asientan sobre los ganados y matan muchos de ellos con la sangre que les sacan, de manera que con ella se vuelven de color morado, siendo blancos cuando pasaron la mar; lo cual se ha tenido por muy grande calamidad y prodigio en aquella tierra. (pág. 231)» (fol. 246v).

Los cigarrones no tienen comportamiento migrante por lo que el aserto carece de verosimilitud, no obstante, pudo haber ocurrido una explosión de las poblaciones locales que originaron la consiguiente alarma; ahora bien, la agresión al ganado es algo exagerado, aunque algunas especies, Decticus albifrons, D. verrucivorus, etc. son omnívoras y en determinadas circunstancias pueden causarles algún perjuicio. A este respecto, D. José del Cañizo (1954) refiere un caso insólito del que fue testigo en la Serena (Badajoz), la más extensa área española de reserva de la langosta autóctona o mediterránea, a cuyo estudio y control estuvo entregado durante gran parte de su vida profesional: «Hace unos años, en un lugar de La Serena, dejó un cazador dos conejos destripados colgados de una encina a la hora de la siesta, y, al despertar, los encontró devorados por los cigarrones, que cubrían toda la copa del árbol (pág. 3)».

Por otro lado, el autor de la relación pudo haber tenido un lapsus calami en el intento de plasmar lo sucedido el año 1605 según nos relata Ximenez Patón (1619):

Que paffan también los mares, es notorio a los que notaron lo del año 1605, que aunque en efta tierra fue efteril, lo fue mucho mas en Africa […..]. Efta efterilidad la caufo una langofta notable, que cada una tenia mas que cuatro de las que fe crian en nueftra tierra. Fue tanta la que fe apareció en Africa, que mucha della paffo a Efpaña, y aun llegó a efta Villa, y vino tarde, afsi no hizo mal en los frutos.

Las invasiones peninsulares de langostas procedentes del continente africano son hechos bastante insólitos, los casos documentados científicamente están lejos de alcanzar los dos dígitos (Vázquez Lesmes y Santiago-Álvarez, 1993; pág. 78), no obstante, validamos lo expuesto por Ximenez Patón porque la alusión al grandor de los ejemplares, refleja una observación directa.

El empleo generalizado del término cigarrón resulta patente, aunque pocos detalles nos ofrecen sobre su morfología salvo lo apuntado por Fernández de Oviedo; las descripciones con fundamento científico, que nos llevarán al reconocimiento de las especies señaladas, aparecieron algo más tarde:

Plagas eventuales. Cigarrones y Chcharras (Cañizo, 1954): «generalmente con el nombre de cigarrón, se conoce a un robusto saltamontes de color gris, con élitros y alas largas, designado por los entomólogos con el nombre de Dectius albifrons; cuyo nombre específico alude a su ancha frente, de color marfileño, y el genérico (derivado del griego decticos, que significa el mordedor) es alusivo a sus fuertes y aceradas mandíbulas, con las que muerde, hasta hacerle sangre, a quien le coge sin las debidas precaucionas. Es un insecto propio de la región del olivo, que habitualmente vive aislado, o en grupos poco numerosos, en los terrenos baldíos, pastizales y rocas soleadas. Generalmente sus desplazamientos, aun en estado adulto, son limitados (págs. 2-3)».

Entomología Agraria. Los parásitos animales de las plantas cultivadas (Alfaro, 2005): «Los cigarrones y chicharras voladoras[26] son insectos panzudos, con élitros y alas bien desarrolladas. Una de las especies más frecuentes es Decticus albifrons (F.), nombre que significa «mordedor de la frente blanca», aludiendo a la coloración blanco amarillenta de la parte anterior de la cabeza y a que con sus potentes mandíbulas produce una mordedura dolorosa y aun sangrante si se le coge sin precaución. Tiene una longitud de 32-40 mm. y es de color oliváceo o amarillento sembrado de manchas obscuras, con alas incoloras que pardean en el ápice, siendo del mismo color las nervaduras. Es especie que, si perjudicial por su actividad, no llega a causar daños estimables por su muy reducida multiplicación. Vive sobre plantas espontáneas, y pasa de ellas a las cultivadas, principalmente a los cereales, subiendo a las espigas para comerse el grano. Algunas veces se la encuentra también en la vid. (pág. 90)».

En resumen, la voz cigarrón alude a especies de una familia de ortópteros ensíferos que tienen élitros y alas más largas que el abdomen (Fig. 3): Decticus albifrons (F.), Tettigonia viridisima L., etc. (O. Orthoptera, subor. Ensifera: fam. Tettigoniidae).

Cigarrón (aum. de cigarra) m.

«Insecto del Orden Orthoptera, suborden Ensifera, tamaño grande; antenas más largas que el cuerpo; élitros y alas que cubren y rebasan el extremo del abdomen, producen sonido estridente por frotamiento de la base de un élitro con la del otro; patas postriores largas con femur engrosado en la base; abdomen en la hembra prolongado por un largo oviscapto en forma de sable. (familia Tettigoniidae)».

Agradecimientos:

El autor expresa su agradecimiento al Archivo y Biblioteca Capitulares de Toledo, en la persona del Técnico responsable, por la amabilidad y facilidades ofrecidas para la consulta del manuscrito Janua Vitae; así mismo, agradece los comentarios y sugerencias al texto del Catedrático de Entomología Agrícola, Dr. Enrique Quesada Moraga, de la Universidad de Córdoba.

Cándido Santiago Álvarez
Catedrático emérito de Entomología Agrícola
E. T. S. I. A. M. Universidad de Córdoba (España)



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NOTAS

[1]At mecum raucis, tua dum vestigia lustro, sole sub ardenti resonant arbusta cicadis. (Egloga II:12-13) «Yo, sigo la huella de tus pasos, expuesto a los abrasadores rayos del sol, entre los árboles que resuenan con el grito bronco de las cigarras (trad. del autor)»

[2] v. supra, n. 1; allí se encuentran los dos versos latinos y la correspondiente traducción castellana.

[3] Buffon (1779) a mediados del siglo xviii explica el fenómeno: «Quant à la salive du coucou, sait on que ce n’est autre chose que l’exudation écumeuse de la larve d’une certaine cigale appelée la bedaude; il est possible qu’on ait vu un coucou chercher cette larve dans son écume, & qu’on ait cru l’y voir déposer sa salive, ensuite on aura remarqué qu’il sortoit un insecte de pareilles écumes, & on se sera, cru fondé à dire qu’on avoit vu la salive du coucou engendrer la vermine. (pág. 312)» [«En cuanto a la saliva del cuclillo, se sabe que no es más que la exudación espumosa de la larva de cierta cigarra llamada bedaude (k); es posible que se haya visto un cuclillo buscar esta larva en su espuma, & que se haya creído ver depositar su saliva, luego se habrá observado que salía un insecto de espumas semejantes, & así, se creyó fundado decir que de la saliva del cuclillo se engendraba el gusano (trad. del autor)»] (k=C. spumarius, Geofroy, 1762, pág. 416)

[4] Probablemente esta voz sea un error tipográfico, solo la hemos encontrado en este registro, aunque el autor pudo tener en su mente el término chicarra del dialecto mozárabe (v. infra) o bien chicharra a la que de modo implícito menciona al final del párrafo.

[5] Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. 5ª edic. Madrid. 1817. «Cigarra. s. f. Insecto de cuatro alas, parecido a la langosta, de color comúnmente verdoso, amarillento, las antenas un poco más largas que la cabeza, el abdomen cónico, abultado y con dos placas que tapan el órgano por donde canta en tiempo de mucho calor encima de las retamas y otras plantas. Cicada plebeja».

[6]Ησίοδος, Έργα και ημέρες, Θεογονία, Η Ασπίδα του Ηρακλή. Εκδόσεις Ζήτρος. Θεσσαλονίκι. {Hesiódo, Trabajos y días, Teogonía, El escudo de Heracles} Edición bilingüe: Griego Clásico, Griego Moderno. Tesalónica, 2001

[7] Las citas textuales proceden de: Αριστοτέλης, Τῶν περὶ τὰ ζῷα ἱστοριῶν. Απαντα, τόμος 15, 16, 17, 18. ΚΑΚΤΟΣ. Αθήνα. {Aristóteles, Historia de los Animales, tomos 15, 16, 17, 18, Obras completas}. Edición bilingüe: Griego Clásico, Griego Moderno. Atenas, 1994

[8] «hercules .i. locusta magna non habeɵ alas, sino. anic (I. fol. 259v) (margen pequeño pone, cigarra)», en realidad nombra a la chicharra porque habla de una langosta grande y sin alas (v. infra).

[9] v. supra; n. 3.

[10] Hernández en su comentario, EL INTERPRETE, aclara la discrepancia de la traducción con el texto original: «(Nascen) porque leo nascuntur, no, como tiene el códice que sigo, non nascuntur, y quiere decir que las cigarras no quieren lugares del todo desiertos de arboledas, ni los muy sombríos y llenos de árboles, y ansi oygo llamar en Toledo cigarrales ciertos lugares que no llenan espesas arboledas por la sterilidad del suelo aunque para el desenfado y deleite les hacen llevar algunos, que son de grande gusto y contentamiento»

[11]ὑπόζωμα, el significado de esta voz no parece claro, para unos se trata de la membrana intersegmental que une tórax y abdomen y no de la timpanal; nosotros la consideramos perteneciente al abdomen “de abajo del tórax”. En cualquier caso Aristóteles no habla del mecanismo sonoro de ortópteros.

[12] Hay varias redacciones de la Vida de Esopo en griego como la variante llamada W: «συνθέσει δὲ πτερῶν καὶ ποδῶν ἁρμονίᾳ χρηστὰ φθέγγομαι ὁδοιποροῦντας τέρπουσα,» [en cambio, con la armonía musical de mis alas y mis patas canto bien y hago que disfruten los caminantes] (González Suarez, 2014)

[13] Máximo Planoudes (1300): «Τῇ κινήσει δέ τῶν ἐμοί ὑμένων ἡδύ φθέγγομαι,»

[14] Se atiene a una clasificación de insectos anticuada que no viene al caso insistir sobre ella, en la nueva actualización sistemática, se dice familia de los tetigónidos (Fam. Tettigoniidae)

[15] En este género engloba especies con los «élitros tan largos como el abdomen» pero las vicisitudes sistemáticas lo han invalidado para la familia, en su lugar se crearon dos, Decticus y Tettigonia, por lo que nosotros aquí no recogemos nada de lo que expone el autor al respecto.

[16] Así había sido aplicado en el Manual de zoología (Bolívar y Calderón, 1885).

[17] v. supra, n. 12.

[18] v. supra, n. 11.

[19] Ahora ha pasado a llamarse Fam. Tettigoniidae

[20] Ahora Tettigonia viridissima L.

[21] En nuestro acervo paremiológico encontramos un refrán «Convertirse en cigarrón sin alas» (Sbarbi, 1922) que nosotros hemos interpretado como convertirse en chicharra (Santiago-Álvarez, 2012)

[22] Las especies de ortópteros limpias, nombradas en el documento bíblico en hebreo por este orden: arbeh, solam, hargol y hagab (Aharoni, 1935), son de régimen alimenticio herbívoro, unas pertenecen a la familia Acrididae (antenas cortas, sin oviscapto), langostas y saltamontes; otras a la familia Tettigoniidae (antenas muy largas, hembras con oviscapto), chicharras y cigarrones; aunque la disparidad en las identificaciones es la norma en las distintas versiones del Libro. Una acertada aproximación ofrece la castellana del primer tercio del siglo XV: Lev. XI, 22. «Estos comeredes de ellos: la lagosta a su lynaje, el lagostino a su lynaje, e el lagosto a su lynaje, e la langosta a su linaje. (Arragel, vol. I, pág. 273)», que será objeto de estudio en otro momento.

[23] Tesoro de la lengua castellana ( Ayala Manrique, 1693): «cigarrones, el padre Fr. Luis de Granada [….] toma esta voz por langosta, pues el texto de Isaías, cap. 40 (de que allí trata) dize locusta, si no es que quiso explicar con aquella palabra cualquier animalillo pequeño (fol. 165v)»

[24] Is. XL, 22 «El esta sentado sobre el orbe terrestre, cuyos habitantes son como saltamontes;». Nm. XIII, 33 «Nosotros nos teníamos ante ellos como saltamontes, y eso mismo les parecíamos a ellos.» Biblia de Jerusalen.DDB. 1983. Bilbao.

[25] Los estudiosos de los insectos en la Biblia (Aharoni, 1935; Bruce, 1958; Montgomery, 1959; Tristram, 1883) señalan que la voz hebrea en ambos pasajes no hace alusión a langosta sino a saltamontes, término que aquí extiende su significación también para cigarrones y chicharras.

[26] chicharras voladoras, este nombre se aplica a los Tettigoniidae alados que se acogen al término chicharra s. l.



El conflicto semántico entre las voces vernáculas cigarra y chicharra

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2020 en la Revista de Folklore número 464.

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